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INSTRUCCIÓN             

DE LA SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES


VENITE SEORSUM

SOBRE LA VIDA CONTEMPLATIVA Y  SOBRE LA CLAUSURA DE LAS MONJAS

Oraciones

Liturgia de las Horas

Lectio Divina

Adoración

 

INTRODUCCIÓN

I - MISTERIO PASCUAL Y NUEVO ÉXODO

II - ENCUENTRO CON DIOS EN LA SOLEDAD

III - AL SERVICIO DE LA IGLESIA Y DE LA HUMANIDAD

IV - LA MUJER EN EL MISTERIO DE LA VIDA CONTEMPLATIVA

V - VIDA DE SIGNO Y TESTIMONIO

VI - SELECCIÓN Y VARIEDAD DE LAS VOCACIONES CONTEMPLATIVAS

VII - CONFIRMACIÓN Y RENOVACIÓN DE LA CLAUSURA DE LAS MONJAS

 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

“Venid aparte a un lugar solitario” ( Mc. , 6, 31). Muchos han oído esta invitación y han seguido a Cristo, retirándose a la soledad, para adorar en ella al Padre.

 

Movidos por este impulso del Espíritu 1, fundaron institutos consagrados a la sola vida contemplativa, entre los cuales ocupan un lugar destacado los monasterios de monjas.

 

La Iglesia reservó siempre atenciones solícitas y maternas para ésta que San Cipriano llamó “ilustre porción del rebaño de Cristo” 2, especialmente tutelando su separación de los asuntos del mundo con numerosas prescripciones relativas a la clausura 3. De ello se ocupó también el Concilio Vaticano II 4, y la presente Instrucción se propone proseguir su obra, dictando las normas que regirán en lo sucesivo la clausura de las monjas enteramente dedicadas a la contemplación, exponiendo previamente algunos de los aspectos más importantes de la clausura misma.

 

 

 

I - MISTERIO PASCUAL Y NUEVO ÉXODO

 

La separación del mundo, para vivir en soledad una más intensa vida de oración, no es otra cosa que un modo peculiar de vivir y expresar el misterio pascual de Cristo, que murió para resucitar.

 

El éxodo en la historia del pueblo de Dios

 

Ahora bien, este misterio se presenta en la Sagrada Escritura como un tránsito o éxodo; es decir, el tránsito es el hecho principal de la historia de Israel, fundamento de su fe 5 y de su vida de estrecha unión con Dios 6; y en él ve la Iglesia una prefiguración del misterio cristiano de salvación 7.

 

Efectivamente, todos saben hasta qué punto la Liturgia y la tradición de los Padres han utilizado el tema bíblico del Éxodo para enunciar y penetrar el misterio cristiano, como a su vez lo habían hecho los apóstoles y evangelistas 8. Ya en los albores de la historia del Pueblo de Dios se nos presenta a Abrahán invitado a salir de su tierra y a dejar su parentela (cfr. Gén. , 12, 1), y el Apóstol enseña cómo esa invitación fue el comienzo de un largo camino místico hacia la patria que no es terrena 9.

 

Misterio y realidad del nuevo éxodo

 

Lo que así fue figurado en el Antiguo Testamento, es realidad en el Nuevo. El Verbo de Dios, saliendo del Padre y viniendo a este mundo (cfr. Jn. , 16, 28) para elevar al pueblo “que caminaba en las tinieblas” ( Is. , 9, 2; cfr. Mt. , 4, 16), nos arrancó a ese poder de las tinieblas (cfr. Col. , 1, 13), o sea, al pecado, y con su muerte (cfr. Jn. , 13, 1; 16, 28 y Hebr. , 9, 11-12; 10, 19-20), nos atrajo a un movimiento de retorno al Padre, el cual “nos resucitó en Cristo y nos hizo sentar con El en los cielos” ( Ef. , 2, 6; cfr. Col. , 2, 12-13; 3, 1); en esto consiste real y propiamente el misterio pascual de Cristo y de la Iglesia.

 

Esta muerte de Cristo importa una verdadera soledad, como han afirmado algunos Padres y Doctores de la Iglesia 10 , de acuerdo con el Apóstol 11 . Y ese mismo significado han atribuido a ciertos hechos de la vida de Cristo, al contemplarlo retirado en la soledad o en el desierto para luchar “con el príncipe de este mundo” (cfr. Mt. , 4, 1; Jn. , 12, 31; 14, 30) 12 , y sobre todo para orar al Padre, a cuya voluntad El se sometía plenamente 13 . De este modo prefiguró la soledad de su Pasión 14 , presentada por los Evangelistas como un nuevo Exodo 15 .

 

Por eso, para el cristiano retirarse al desierto equivale a unirse más profundamente a la Pasión de Cristo y participar en manera especial del misterios pascual y del tránsito del Señor de este mundo a la patria celeste. Por esta razón fueron fundados los monasterios, radicados en el corazón mismo del misterio cristiano.

 

Retiro y contemplación en el misterio de la Iglesia

 

Es cierto que el cristiano es llamado también a seguir a Cristo en la predicación del Evangelio de salvación, y que a la par tiene que colaborar en la edificación de la ciudad terrena para ser en ella como el fermento que la transforme en familia de Dios 16 ; en ese sentido se dice que el cristiano permanece en el mundo (cfr. Jn. , 17, 15). Sin embargo, esta función no expresa íntegramente todo el misterio de la Iglesia, ya que la Iglesia, fundada para el servicio de Dios y de los hombres 17 , es a la vez y sobre todo, la comunidad de los redimidos, o sea, de quienes por el Bautismo y los otros Sacramentos, han sido ya trasladados de este mundo al Padre 18 . “Entregada a la acción”, vive a la vez “dedicada a la contemplación”; pero esto de tal suerte que en ella “lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación” 19 . Por eso es justo y conveniente que algunos cristianos expresen con una típica forma de vida esta nota contemplativa de la Iglesia, apartándose de hecho a la soledad, en cuanto ellos han sido incitados por esta gracia del Espíritu Santo 20 a “consagrarse a Dios solo, en asidua oración y ferviente penitencia” ( Perfectae caritatis , 7) 21 .

 

Por lo demás, téngase en cuenta que cierta separación del mundo y asimismo cierta contemplación tienen que existir necesariamente en cualquier forma de vida cristiana, como afirmó el Concilio Vaticano II, hablando de los sacerdotes y religiosos dedicados a las actividades apostólicas 22 . De hecho, aun fuera de los monasterios no faltan quienes, movidos por la gracia del Espíritu Santo, son elevados a la contemplación; una cierta llamada en este sentido es dirigida a todo cristiano, así como a todos los fieles es necesaria una cierta separación del mundo (cfr. Lc. , 14, 25-27 y 33), aun cuando no todos vayan al desierto de igual manera. Los monjes y las monjas, retirándose al claustro, no hacen otra cosa que realizar, de una manera más absoluta y ejemplar, una dimensión esencial de toda vida cristiana: “Por lo demás, que... los que usan de este mundo, se conduzcan como si no usasen; porque pasa la figura de este mundo” ( 1 Cor. , 7, 29-31) 23 .

 

 

II - ENCUENTRO CON DIOS EN LA SOLEDAD

 

A estas razones que se fundan en el misterio pascual de Cristo, en cuanto es participado por la Iglesia, hay que añadir la importancia que tienen el recogimiento y el silencio para tutelar y facilitar el encuentro con Dios en la oración 24 .

 

Pureza de la mente

 

El estilo de vida de quienes se dedican totalmente a la contemplación, tendiendo a eliminar todo lo que de algún modo podría dividir el espíritu, los hace más aptos para conseguir la plenitud de la personalidad, cuya nota característica es la unidad, y les hace posible el dedicarse totalmente a la búsqueda de Dios 25 y el consagrarse a El más perfectamente.

 

Para escuchar la palabra de Dios

 

Esa búsqueda de Dios, en virtud de la cual el hombre ha de renunciar a todo cuanto posee (cfr. Lc. , 14, 33), se efectúa ante todo por la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras (cfr. Perfectae caritatis , 6). De ahí que la lectura de los Libros Sagrados debe acompañar a la oración para que se realice el coloquio entre Dios y el hombre, pues “le hablamos cuando oramos, le oímos cuando leemos los oráculos divinos” (cfr. Const. Dei Verbum , 25; Ambrosio, De Officiis ministrorum , I, 20, 88: ML 16, 50).

 

Con el estudio de la Sagrada Escritura, que es “como un espejo... en el que la Iglesia, peregrina sobre la tierra, contempla a Dios de quien todo lo ha recibido” (Const. Dei Verbum , 7), cada uno “se enciende en amor de Dios y en el deseo de contemplar su belleza” (II-II, q. 180, art. 1, in corpore).

 

Amor y contemplación

 

Así el amor y la contemplación se ayudan mutuamente: “pues amar a Dios es realmente entender a Dios; ya que El sólo siendo amado es entendido, y sólo siendo entendido es amado, y tanto se le entenderá cuanto se le ame, y tanto se le amará cuanto se le entienda” (Guillermo Abad de San Teodorico, Expositio in Cant. , c. 1; ML 180, 499, C).

 

De esta manera, en el silencio y la soledad “los hombres valientes pueden dedicarse al recogimiento a medida de su deseo, establecer en sí mismos su morada, cultivar asiduamente los gérmenes de las virtudes, y nutrirse deleitosamente de los frutos del paraíso. Aquí se consiguen los ojos aquellos cuya serena mirada vulnera de amor al Esposo y cuya pureza hace posible ver a Dios. Aquí se festeja el ocio hacendoso y se vive el sosiego de una inquieta actividad. Aquí recompensa Dios a sus atletas, en paga de los sudores de la lucha, con el premio deseado, a saber, con la paz que el mundo no conoce y el gozo en el Espíritu Santo. Esta es la “parte mejor” elegida por María y que nadie podrá arrebatarle” 26 .

 

 

III - AL SERVICIO DE LA IGLESIA Y DE LA HUMANIDAD

 

Sin embargo, no porque los monjes y las monjas estén separados de los demás hombres deberán ser mirados como aislados y excluidos del mundo y de la Iglesia; antes al contrario, están presentes a ellos “de manera más profunda en las entrañas de Cristo” 27 , ya que en El todos somos uno (cfr. 1 Cor. , 10, 17; Jn. , 17, 20-22) 28 .

 

Amor a los hermanos

 

Aparte de la función desempeñada por los monasterios desde la antigüedad en el campo de la cultura civil y social, consta por testimonios certísimos con cuánto amor estos hombres entregados a la contemplación llevan en sus corazones las ansiedades y los dolores de toda la humanidad.

 

Por lo demás, el desierto y los montes retirados fueron los lugares escogidos por Dios para revelar a los hombres sus secretos (cfr. Gén. , 32, 25-31; Ex. , 3, 1; 24, 1-8; 34, 5-9; 1 Reg. , 19, 8-13; Lc. , 2, 7-9; Mt. , 17, 1-8). Son lugares donde el cielo y la tierra parecen casi encontrarse; donde, merced a la presencia de Cristo, el mundo cesa de ser árida tierra para volverse paraíso (cfr. Mc. , 1, 13) 29 . ¿Cómo, pues, podrán considerarse excluidos de la humanidad aquellos en quienes la humanidad alcanza su plenitud? 

 

En el corazón de la Iglesia y del mundo

 

Pues bien, si los contemplativos están en el corazón del mundo, con mayor razón están en el corazón de la Iglesia 30 . Su oración, en especial la participación en el Sacrificio de Cristo en  la Eucaristía y la celebración del Oficio divino, realiza la más noble tarea de la comunidad de orantes que es la Iglesia, es decir, la glorificación de Dios. Esta oración es el culto con que se tributa al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo “un eximio sacrificio de alabanza” 31 ; culto que en verdad introduce, a los que a él se entregan, en el misterio del coloquio inefable que Cristo Señor continuamente mantiene con el Padre celestial, en cuyo seno le expresa su amor infinito. Esa plegaria es, en fin, el punto a que tiende como a su cima toda la acción de la Iglesia 32 . Así, puesto que los contemplativos manifiestan la vida más íntima de la Iglesia, son requeridos para que se realice plenamente su presencia 33

 

Además, elevan el nivel espiritual de la Iglesia, al vivificar con el fervor de su caridad todo el Cuerpo Místico, promoviendo toda clase de iniciativas apostólicas, que nada serían sin la caridad (cfr. 1 Cor. , 13, 1-3). “En el corazón de mi Madre la Iglesia, yo seré el amor”: así exclamó aquella que sin haber salido jamás de su monasterio, fue, sin embargo, proclamada por Pío XI Patrona de todas las Misiones 34 . ¿No es verdad que Dios libró a los hombres del pecado por su amor, manifestado en la entrega de su Hijo hasta la muerte en la cruz? Por eso, quien penetra en este misterio pascual del supremo amor de Dios y de los hombres (cfr. Jn. , 13, 1; 15, 13), necesariamente toma parte en la obra salvífica de la pasión de Cristo, principio de todo apostolado 35 .

 

Colaboración en la obra misionera de la Iglesia

 

Finalmente, los religiosos dedicados a la contemplación, ayudan con su oración a la obra misional de la Iglesia “porque es Dios quien, por la oración, envía obreros a su mies, abre las almas de los no cristianos para que reciban el Evangelio y fecunda la palabra de salvación en sus corazones” 36 . En la soledad, donde se entregan a la oración, en modo alguno se olvidan de sus hermanos. Si se alejan de un frecuente trato con ellos, no lo hacen para buscar el descanso por propia comodidad, sino con el fin de participar de un modo más universal en sus trabajos, dolores y esperanzas 37 .

 

 

 

IV - LA MUJER EN EL MISTERIO DE LA VIDA CONTEMPLATIVA

 

Muy elevado es, pues, el misterio de la vida contemplativa. Si de todo lo expuesto resulta evidente el lugar preeminente que ocupa en la economía de la salvación, este misterio brilla con especial esplendor en las monjas de clausura.

 

Ellas, por su condición de mujeres, expresan más eficazmente el misterio de la Iglesia, “Esposa inmaculada del Cordero inmaculado” 38 , y, sentadas a los pies del Señor para escuchar su palabra (cfr. Lc. , 10, 39) en silencio y soledad, gustan y buscan las cosas de arriba, donde está su vida escondida con Cristo en Dios, hasta que sean glorificadas junto con su Esposo 39 . Es propio de la mujer acoger la palabra, más bien que llevarla a los remotos confines de la tierra, aunque pueda también ser llamada a esta función con feliz resultado; es propio de ella escrutar a fondo en su interior la palabra y hacerla fructífera de manera vital, clara y conforme a su propia índole. Llegada a su plena madurez, la mujer percibe y siente más finamente lo que a los otros hace falta, y experimenta sus necesidades; demuestra más claramente la fidelidad de la Iglesia a su Esposo 40 , y a la vez posee un sentido más hondo de la fecundidad de la vida contemplativa. Por esta razón, la Iglesia -como atestigua la Liturgia 41 - ha dado siempre a las vírgenes cristianas un rango singular. Refrendando el amor celoso de Dios por ellas 42 , la Iglesia ha protegido con gran solicitud su separación del mundo y la clausura de sus monasterios 43 .

 

La Virgen Santísima, modelo de contemplativas

 

No es posible omitir aquí el recuerdo de la Bienaventurada Virgen María, que acogió en sí misma al Verbo de Dios “llena de fe, concibiendo a Cristo antes en la mente que en las entrañas” 44 ; huerto cercado, fuente sellada, puerta cerrada (cfr. Cant. , 4, 12; Ez. , 44, 1-3), “por su fe y caridad es prototipo y modelo destacadísimo” de la Iglesia 45 . La Virgen Santísima es ejemplar preclaro de vida contemplativa; justamente se le aplican en la Sagrada Liturgia, según una venerable tradición, tanto en Oriente como en Occidente, aquellas palabras del Evangelio: “María ha escogido la mejor parte” ( Lc. , 10, 38-42) 46 .

 

 

V - VIDA DE SIGNO Y TESTIMONIO

 

En este misterio de la vida contemplativa, es preciso subrayar el valor de signo y testimonio, en virtud del cual los contemplativos llamados por Dios a una especial vida de oración, no quedan excluidos de un cierto “ministerio de la palabra” 47 , aun cuando no sea el ministerio de la predicación directa.

 

Ser testigos de la existencia y de la presencia de Dios

 

En la actual sociedad humana, que tan fácilmente rechaza a Dios y lo niega, la vida de hombres y mujeres, dados a la contemplación de las cosas divinas, proclama abiertamente la existencia de Dios y su presencia, ya que esa vida entraña un trato de amistad con Dios, que “da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” ( Rom. , 8, 16). Por eso, los que así viven pueden confirmar a quienes están tentados en la fe y que, por error, llegan a negar la facultad dada a todo hombre de entablar coloquio con el Dios inefable 48 .

 

Para los hombres y la sociedad de hoy

 

Con ese maravilloso coloquio, en la soledad y el silencio, los hombres y mujeres consagrados a la contemplación y a la práctica de la caridad y de las demás virtudes cristianas, anuncian la muerte del Señor hasta que El venga. Y, en verdad, tanto más la anuncian, cuanto que su vida entera, vivida en la búsqueda de Dios solo, no es otra cosa que un viaje a la Jerusalén celestial y una anticipación de la Iglesia escatológica, abismada en la posesión y contemplación de Dios. Los contemplativos no sólo pregonan al mundo esa meta, o sea, la vida del cielo, sino que muestran el camino que a él conduce. Si el espíritu de las bienaventuranzas que vivifica el seguimiento de Cristo, debe animar toda forma de vida cristiana 49 , la vida de los contemplativos testifica que esto puede realizarse ya en esta vida terrena. Y ese testimonio no puede dejar de afectar vivamente a los hombres de nuestra época, dado que reviste forma colectiva o, mejor dicho, social. Los hombres de hoy, en efecto, no se sienten atraídos tanto por el testimonio individual cuanto por el comunitario; y más aún los atraerá el testimonio de una sociedad bien organizada, que con su continuidad y su vigor garantice la validez de los principios en que se basa. Tal es el testimonio de la comunidad contemplativa, como la bosquejó Pablo VI en Montecassino , cuando habló de “una pequeña sociedad ideal, donde reina el amor, la obediencia, la inocencia, la libertad de la tiranía de las cosas creadas, el arte de usarlas bien, el predominio del espíritu, la paz, en una palabra, el Evangelio” 50 .

 

 

 

VI - SELECCIÓN Y VARIEDAD DE LAS VOCACIONES CONTEMPLATIVAS

 

Madurez humana y vocación

 

Sin embargo, se comprende fácilmente que la obligación precisa y bien determinada de la vida claustral a que uno se somete, no puede nacer ni consistir en un fervor pasajero, sino que debe provenir de una sólida y estable madurez, en virtud de la cual la persona sea capaz de renunciar a ciertos bienes sociales, aun teniéndolos de hecho en grande estima, para elegir con plena libertad de espíritu una forma de vida que le permita dedicarse únicamente a Cristo y a las cosas de arriba. Por este motivo las vocaciones que se presenten a los monasterios de monjas han de ser sometidas a prolongado y cuidadoso examen, con el fin de discernir los motivos que las impulsan y alejar oportunamente a las que, quizás sin advertirlo, estén movidas por razones no tan sobrenaturales y claras, que podrían impedir el pleno desarrollo espiritual y humano 51 . Las precauciones útiles, establecidas por las leyes de cada Instituto, deben tenerse muy en cuenta, no sólo antes del ingreso de las postulantes en el monasterio, sino también antes de la admisión a los votos perpetuos.

 

Unidad y variedad de las familias contemplativas

 

Lo expuesto en la presente Instrucción se refiere a todos los Institutos íntegramente consagrados a la contemplación. Sin embargo, cada familia religiosa tiene índole y fisonomía propias, a menudo precisadas por el Fundador, que deberán conservarse fielmente. No se excluye que la inspiración del Espíritu Santo pueda suscitar en la Iglesia nuevas formas de vida contemplativa.

 

Con esto, se reconocen como legítimos los elementos que diferencian a los Institutos entre sí, con admirable variedad: variedad que depende principalmente de la diversa importancia que se da a la oración individual o a la oración litúrgica, a los factores de vida común o de vida eremítica, en la configuración de cada Instituto. Esto, indudablemente, tiene también valor en cuanto al modo en que cada Instituto entiende y realiza la separación material del mundo por medio de la clausura.

 

 

 

VII - CONFIRMACIÓN Y RENOVACIÓN DE LA CLAUSURA DE LAS MONJAS

 

Por tanto, a la vez que se confirman las prescripciones del Concilio Vaticano II, relativas al mantenimiento y renovación de la clausura, por ser ésta una ayuda segurísima de la vida contemplativa, la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos Seculares ha estimado oportuno publicar las siguientes normas, aprobadas por Su Santidad Pablo VI el 12 de julio de 1969, para los monasterios de monjas de vida puramente contemplativa.

 

Normas para la clausura papal de las monjas

 

“La clausura papal de los monasterios ha de considerarse una institución ascética particularmente conforme a la vocación propia de las monjas, ya que ella es realmente signo, protección y expresión peculiar de su separación del mundo” (Motu proprio Ecclesiae Sanctae , II, 30 ).

 

1.   La clausura reservada a las monjas de sola vida contemplativa ( Perfectae caritatis , 16) se llama papal, porque las normas que la rigen deben estar sancionadas por la autoridad apostólica, aun cuando se trate de normas establecidas, en el pasado o en el porvenir, por el derecho particular, para determinar la índole propia de cada Instituto.

 

2. A la ley de la clausura papal está sujeta toda la casa que habitan las monjas, con los huertos y jardines reservados al uso de éstas.

 

3. El recinto del monasterio sujeto a la ley de la clausura debe fijarse de modo que constituya una separación material (“Motu proprio” Ecclesiae Sanctae , II, 31 ), esto es, que impida la entrada y la salida (v. gr., con un muro, o de otra forma efectiva, por ejemplo, con cercos de madera, redes metálicas o un cercado sólido y consistente). Las entradas y salidas se harán pon puertas cerradas con llave.

 

4. El modo de establecer esta eficaz separación, especialmente en cuanto al coro y al locutorio, ha de quedar precisado en las Constituciones y en los códigos adicionales, teniendo en cuenta tanto la diversidad de tradiciones de cada Instituto, como las modalidades de tiempos y lugares (por ejemplo, con rejas, verjas, una mesa fija, etc.). A norma del artículo 1, esta forma de separación propóngase previamente a la aprobación de la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos seculares.

 

5. En fuerza de la ley de la clausura, las monjas, novicias y postulantes, deberán vivir dentro del recinto monástico circunscripto por 1a clausura, y no podrán salir de él, exceptuados los casos fijados por el derecho (cfr. art. 7).

 

6. Asimismo, la ley de la clausura prohibe entrar en el recinto monástico sujeto a clausura, a toda persona de cualquier condición, sexo y edad, exceptuados los casos señalados por el derecho (cfr. art. 8 y 9).

 

7. Salvo indultos particulares de la Santa Sede, se permite la salida de la clausura a las personas mencionadas en el artículo 5:

 

a) en caso de peligro gravísimo e inminente;

 

b) en los casos siguientes, con licencia de la Superiora y con el consentimiento -al menos habitual- del Ordinario del lugar y del Superior regular, si lo hubiere;

 

1) para consultar al médico o para la cura de la propia salud, mientras sea en la misma ciudad o en las cercanías;

 

2) para acompañar a otra monja enferma, si lo exige una verdadera necesidad;

 

3) para ejecutar trabajos manuales o mantener la debida vigilancia en los lugares situados fuera de clausura pero dentro del monasterio;

 

4) para el ejercicio de los derechos civiles;

 

5) para ejercer las funciones administrativas que no puedan ser desempeñadas de otra manera.

 

A excepción de los motivos de salud, si la permanencia fuera de clausura ha de durar más de una semana, la Superiora tendrá que obtener previamente el consentimiento del Ordinario del lugar y del Superior regular, si lo hubiere.

 

c) Aparte de los casos indicados en la letra b), la Superiora deberá pedir la licencia del Ordinario del lugar y la del Superior regular, si lo hubiere, quienes no podrán concederla sino por causa verdaderamente grave y por el tiempo realmente necesario.

 

d) Ninguna de las salidas concedidas a tenor de las cláusulas a, b, c, de este artículo, podrá prolongarse más de tres meses, sin licencia de la Santa Sede.

 

8. Aparte de los casos de indulto particular de la Santa Sede, se permite el ingreso en la clausura:

 

a) a los Cardenales de la S. I. R., quienes podrán llevar consigo algunos acompañantes; a los Nuncios y Delegados Apostólicos en el territorio de su jurisdicción;

 

b) a los que actualmente ocupan el puesto supremo en el gobierno de la nación, a sus esposas y comitiva;

 

c) al Ordinario del lugar y al Superior regular, por justa causa;

 

d) a los Visitadores canónicos durante la visita, solamente para la inspección, quienes deberán entrar acompañados por un socio;

 

e) al sacerdote, juntamente con los ministros, para administrar los sacramentos a las enfermas o para los funerales. Se permite también la entrada del sacerdote para prestar asistencia a las religiosas probadas por larga o grave enfermedad;

 

f) igualmente al sacerdote, juntamente con los ministros, para celebrar las procesiones litúrgicas, a petición de la Superiora;

 

g) a los médicos y a todos aquellos cuya ayuda o competencia técnica es necesaria para proveer a los menesteres del monasterio, con la licencia de la Superiora y bajo la vigilancia del Ordinario y del Superior regular, si hubiere;

 

h) a las hermanas asignadas al servicio externo del monasterio, a tenor de los propios estatutos.

 

9. El derecho particular, aprobado por la Santa Sede a tenor del artículo 1, de acuerdo con el espíritu y la índole de cada Instituto, puede establecer normas de clausura más severas, o bien determinar otros casos legítimos de entrada y salida, con que proveer a las necesidades del monasterio o al bien de las monjas.

 

10. En los monasterios de monjas de vida exclusivamente contemplativa, el uso de 1a radio y del televisor sólo podrá permitirse en circunstancias especiales que revistan carácter religioso.

 

11. Es conveniente que los periódicos, revistas y demás medios de comunicación no sean demasiado numerosos ni se los admita indistintamente (cfr. Inter mirifica , 4), ya que por medio de ellos puede infiltrarse el espíritu mundano y turbar incluso las mejores comunidades.

 

12. Los congresos y reuniones de cualquier índole, por ser difícilmente conciliables o francamente incompatibles con la vida claustral, han de ser prudentemente evitados. Con todo, si las circunstancias concretas lo aconsejan, después de obtener los debidos permisos, podrá autorizarse alguna vez a las monjas asistir a reuniones que realmente promuevan la vida claustral, a condición de que las salidas de esta clase no se repitan con excesiva frecuencia. Tengan presente los Superiores que la pureza y el fervor de la vida claustral dependen grandemente de la estricta observancia de la clausura. Por eso, la salida del monasterio debe ser una excepción.

 

13. La ley de la clausura impone obligación grave en conciencia, tanto a las monjas como a los extraños.

 

14. En la Visita canónica, el Visitador debe inspeccionar la clausura material del monasterio; la Superiora, a su vez, le rendirá cuenta de la observancia de las leyes de la clausura, y someterá a su inspección el registro en que se hallarán cuidadosamente anotadas las entradas y salidas de la clausura.

 

15. La Iglesia, que tanto estima la vida contemplativa claustral, alaba grandemente a las monjas que, adaptando en el mejor modo posible la clausura a dicha vida contemplativa, mantienen fidelísimamente la separación del mundo (cfr. Perfectae caritatis , 7), y a la vez exhorta encarecidamente a quienes tienen el derecho y la obligación de vigilar la custodia de la clausura -a saber, al Ordinario del lugar y al Superior regular, si lo hubiere- a que la protejan con todo cuidado, y asimismo ayuden eficazmente, según su cargo, a la Superiora, a la cual está confiada la custodia inmediata de la clausura.

 

16. Las penas establecidas contra los violadores de la clausura de las monjas quedan suspendidas hasta la promulgación del nuevo Código de derecho canónico.

 

17. En esta renovación de la clausura, obsérvese fielmente el modo de proceder prescrito en los Nos. 9,10 y11 del “Motu proprio” Ecclesiae Sanctae, II . De acuerdo con el N° 6 del mismo documento, sin previa licencia de la Santa Sede, no podrán hacerse experimentos contra lo establecido en las presentes normas, que constituyen en adelante el derecho común.

 

Los monasterios que en la revisión de la clausura papal hayan introducido ya algunas innovaciones, quedan obligados a someterlas al juicio de la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos seculares, dentro de seis meses a partir de la fecha de publicación de la presente Instrucción.

 

Roma, 15 de agosto de 1969, fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María.

 

HILDEBRANDO ANTONIUTTI

Cardenal

 

EDUARDO HESTON, C.S.C.

Secretario

 

 

[1] Cfr. Pachomius, Vies coptes, Cod. Bo. n. 17 (Lefort, p. 91). Const. past. de Eccl. in mundo huius temporis Gaudium et spes, n. 38, et Mt. 4, 1.  

[2] Cyprianus, De habitu virginum 3, ML 4, 455.

[3] Iam inde a saec. cfr. Caesarius Arel., Reg. ad Virg. (approb. ab Hormisda Pp.) 1, ML 67, 1107; Conc. Epaonen. (a. 517), c. 38, CC ser. Lat. 148 A, p. 34. Cfr. et Bonifatius VIII, Const. Periculoso (1298); Concil. Trident., sess. 25, decr. de Regularibus, c. 5; C.I.C. cc. 597-603; 2342; Pius XII, Const. Apost. Sponsa Christi; S. Congr. de Relig., Instructiones Inter praeclara et Inter cetera.

[4] Decr. de accomm. renov. vitae religiosae Perfectae caritatis, n. 16; « Clausura papalis pro monialibus vitae unice contemplativae firma maneat sed iuxta temporum locorumque condiciones, iisque usibus sublatis qui obsoleti sint, accommodetur, auditis ipsorum monasteriorum votis ».

[5] Cfr. Decalogus: « Ego sum Dominus Deus tuus, qui eduxi te de terra Aegypti, de domo servitutis. Non habebis deos alienos coram me . . . » (Ex. 20, 2-3). Quoad pactum autem Sichimis initum: « Absit a nobis ut relinquamus Dominum et serviamus diis alienis! Dominus Deus noster ipse eduxit nos et patres nostros de terra Aegypti, de domo servitutis, fecitque videntibus nobis signa ingentia, et custodivit nos in omni via, per quam ambulavimus et in cunctis populis per quos transivimus » (Ios. 24, 16-17). Idololatria secus in eo consistit quod dicatur: « Hi sunt dii tui, Israël, qui te eduxerunt de terra Aegypti » (Ex. 32, 4), quo sensu crebro enuntiantur formulae.

[6 ] Ita in Israëlis oratione, ut ex Psalmis colligitur. Etiam sollemnitates liturgicae festa anniversaria eventuum Exodi factae sunt. Pactum seu Testamentum in deserto, cum fieret Exodus, initum est. Inter aerumnas etiam peccatis promeritas, Israël recordabatur mirabilium a Deo peractorum, suamque spem in eis collocabat, quia Deus, qui non mutat, potens est semper eadem mirabilia renovare. Cfr. Deut. 20, 1; Is. 43, 16-21; 63, 10-14; Bar. 2, 11; Ecl. 36, 5. Sed per desertum purificans iterum transeundum erit (Os. 2, 16-25): tunc tamen non agetur amplius de inimicis populis externis, sed potius de peccatorum mancipatu: vera exodus, cordis conversio est.

[7] Conc. Vat. II, Decl. de Eccl. hab. ad Relig. non-christ. Nostra aetate, n. 4: (Ecclesia) confitetur omnes Christifideles Abrahae filios secundum fidem, in eiusdem Patriarchae vocatione includi et salutem Ecclesiae in populi electi exitu de terra servitutis mystice praesignari ». Cfr. 1 Cor. 10, 11: « Haec omnia in figura contingebant illis; scripta sunt autem ad correptionem nostram, in quos fines saeculorum devenerunt ». Et Irenaeus: « Universa enim quae ex Aegypto profectito fiebat populi a Deo, typus et imago fuit profectionis Ecclesiae quae erat futura ex gentibus » (Adv. haer. 4, 30. - Sources chrét. 100, p. 784).

[8] Iuxta Novum Testamentum: A) Christus ad effectum deducit novam exodum: Mt. 2, 15; 4, 4 (cfr. Ex. 16); 4, 7 (cfr. Ex. 17); 4, 10 (cfr. Deut, 32, 48-53); 5, 21-22 ss.; 11, 10 (cfr. Mal. 3, 1-2 et Ex. 23, 20); 26, 28 (cfr. Mc. 10, 38; Ex. 24, 8; Hebr. 9, 18-28). - Lc. 9, 31; 12, 50 (Mc. 10, 38; cfr. 1 Cor. 10, 2). - Io. 1, 17; 3, 14; 6, 31-33, 49-50, 58; 7, 37-39 (cfr. Ex. 17, 1-7); 19, 36. B) Vita christiana quatenus nova exodus: 1 Cor. 10, 1-11; 2 Cor. 3, 6-18; Hebr. 4, 1-9; 8, 1-13; 9; 12, 18-24; 1 Pt. 1, 16; 2, 9; Apoc. 1, 6; 2, 17; 15, 3; 21, 2-3 (cfr. Os. 2, 16-25; Ex. 25, 8). Pro testimoniis Patrum et Liturgiae cfr. R. Le Deaut et J. Lecuyer, Exode, in Dict. de spirit. 4, 1973-1995.

[9] Hebr. 11, 13-16: « Iuxta fidem defuncti sunt omnes isti, non acceptis repromissionibus, sed a longe eas aspicientes et salutantes et confitentes quia peregrini et hospites sunt super terram. Qui enim haec dicunt, significant se patriam inquirere. Et si quidem ipsius meminissent de qua exierunt, habebant utique tempus revertendi; nunc autem meliorem appetunt, id est coelestem ».

[10] Hebr. 13, 12-14: « Iesus  . . . extra portam passus est. Exeamus igitur ad eum extra castra, improperium ipsius portantes. Non enim habemus hic manentem civitatem, sed futuram inquirimus ».

[11]  «Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquisti me»? (Mt. 27, 46). «Vere Crux Christi dicitur eremus, quia a paucis habitatur, et verus eremita Christus Deus a quo erux baiulatur» (Auctor saec. XIII ineuntis, in Arch. d'hist. doct. et litt. du Moyen Age 31 [1964] 41).

[12] Cfr. Origenes, In Matth. 12, 8-9, CGS 10, 200.

[13] Cfr. Mt. 14, 23 (Mc. 6, 46); Mc. 1, 35; Lc. 5, 16; 6, 12; 9, 18. 28 (Mt. 17, 1); 11, 1; praesertim Lc. 22, 41-44: « Et ipse avulsus est ab eis quantum lactus est lapidis; et positis genibus, orabat dicens: Pater, si vis, transfer calicem istum a me; verumtamen non mea voluntas, sed tua fiat . . . Et factus in agonia, prolixius orabat ». - Oratio Moysis in monte, seiuncti a pugna quae in planitie fiebat (Ex. 17, 8-13), est, iuxta Patres, imago Christi in Cruce, extra portas Ierusalem. Cfr. Epist. Barnabae 12, 2-4 (Hemmer 74); Iustinus, Dial. cum Triph. 90, 4-5; 91, 3; 97, 1; 111, 1-2; 112, 2; Irenaeus, Demonstrat. 46.

[14] Cfr. Hilarius: «Quod vespere solus est, solitudinem suam in tempore passionis ostendit», In Matth. 14, 23, ML 9, 1001.

[15] Cfr. supra ad n. 8.

[16] Conc. Vat. II, Const. past. de Eccl. in mundo huius temporis Gaudium et spes, n. 40: « Ecclesia tamquam fermentum et veluti anima societatis humanae in Christo renovandae et in familiam Dei transformandae exsistit » (cfr. et n. 3).

[17]  In servitium hominum in suis terrestribus muneribus: Conc. Vat. II, Const past. de Eccl. in mundo huius temporis Gaudium et spes, nn. 3 et 40-45; Decr. de aetiv. mission. Ecelesiae Ad gentes divinitus, n. 12: « Nullam aliam auctoritatem sibi vindicat nisi ut, Deo adiuvante, caritate et fideli servitio hominibus ministret ». - Sed praesertim in servitium salutis aeternae: Cfr. Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, n. 48: « Christus. . . Corpus suum quod est Ecclesia ut universale salutis sacramentum constituit ». Cfr. n. 5.

[18] Cfr. Conc. Vat. II Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, nn. 2, 7, etc.

[19] Cfr. Conc. Vat. II, Const. de Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 2.

[20] Cfr. Conc. Vat. II. Const. past. de Eccl. in mundo huius temporis Gaudium et spes, n. 38: «Diversa autem sunt Spiritus dona: dum alios vocat ut coelestis habitationis desiderio manifestum testimonium reddant illudque in humana familia vividum conservent . . .».

[21] Secundum traditionem Patrum, vita contemplativa peculiariter Iesu orationem solitariam vel in monte factam manifestat, quae vitam contemplativam praefigurabat. Cfr. Cassianus: « Secessit tamen solus in monte orare, per hoc scilicet nos instruens suae secessionis exemplo ut secedamus » (Conlat. 6, 4, 49, 826); Hieronymus: « Et Christum quaeras in solitudine et ores solus in monte cum Iesu (Ep. ad Paulinum, 58, 4, 2, CSEL 54, 532) ; Isidorus: «Quod vero in monte orationis studio pernoctabat, vitam contemplationis significabat» (Different. lib. 2, 2, 34, ML, 83, 91); Ps. Hieronymus: «Quando orabat, ostendit theoricam vitam; quando sedebat, ostendit actualem vitam Exivit in monte orare et exivit ad turbas, ostendit theoricam et actualem in unum» (ML 30, 571); Valafridus Strabo :«Quando ascendebat in montem, significabat theorica, id est contemplativa » (Expos. in IV Evang., ML 114, S72); Paschasius Radbertus:«Ut soli Deo in theoria, id est in monte vacemus » (Expos. in Matth., ML 120, 522); Guillelmus Abbas S. Theodorici: « (Vita solitaria) ab ipso Domino familiarissime celebrata, ab eius discipulis ipso praesente concupita: cuius transfigurationis gloriam cum vidissent qui cum eo in monte sancto erant, continuo Petrus. . .  optimum sibi iudicavit in hoc semper esse» (Ad fratres de Monte Dei, I, 1, ML 184, 310); Amadeus Lausannensis: « Statuens nobis speculam in monte cum Moyse et Elia, quatenus quod quaerimus revelata facie contemplari possimus » (Hom. 3; Ed. Bavaud, Sourees chrét, 72, 90-92); Conc. Vat. II, Const. dogm. de Eccl.esia Lumen gentium, n. 46: « Sollicite attendant religiosi, ut per ipsos Ecclesia revera Christum in dies, sive fidelibus, sive infidelibus, melius commonstret, vel in monte contemplantem, semper autem voluntati Patris qui eum misit oboedientem ».

Exodi argumenta monasticae vitae pariter accommodata sunt a S. Ioanne Climaco pro Oriente (Scala Paradisi, gr. 1, MG SS, 632-644) et inde a S. Ambrosio pro Occidente (Ep. 27, 1-3, et 28, 1. 8, ML 16, 1047, 1051, 1053). Cfr. et Hieronymus ad Eustochium: « Moysen sequaris in eremo et terram repromissionis introeas » (Ep. 22, 24, ML 22, 410, CSEL 54, 177). 

[22]  Cfr. Conc. Vat. II, Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, n. 41: « (Presbyteri) nedum apostolicis curis, periculis et aerumnis impediantur, per ea potius ad altiorem sanctitatem ascendant, ex abundantia contemplationis actionem suam nutriendo et fovendo »; Decr. de accomm. renov. vitae religiosae Perfectae caritatis, n. 5: « Quapropter cuiuslibet instituti sodales, Deum prae omnibus et unice quaerentes, contemplationem, qua ei mente et corde adhaereant, cum amore apostolico coniungant oportet ».

[23] Locus affertur in Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, n. 42. Cfr. ibid., n. 44: «Cum enim populus Dei hic manentem civitatem non habeat, sed futuram inquirat . . . »; n.6: «Dum vero his in terris Ecclesia peregrinatur a Domino, tamquam exsulem se habet ».

[24] Cfr. Os. 2, 10: « Ducam eam in solitudinem et loquar ad cor eius ». - Augustinus: « Difficile est in turba videre Christum: solitudo quaedam necessaria est menti nostrae; quadam solitudine intentionis videtur Deus. Turba strepitum habet; visio ista secretum desiderat » (In Io. Tract. 17, 5, ML 35, 1533); Guigo Cart.: « Qui et imminentis iam tempore passionis apostolos reliquit solus exoraturus, isto vel maxime insinuans exemplo quantum solitudo prosit orationi, quando comitibus, licet apostolis, non vult mixtus orare » (Consuetudines, 8O, 10, ML 153, 758). Juan de la Cruz: « [Para la oración] es bueno lugar solitario, y aun áspero, para que el espíritu sólida y derechamente suba a Dios, no impedido ni detenido en las cosas visibles. . . Por lo cual nuestra Salvador escogía lugares solitarios para orar y aquellos que no ocupasen mucho los sentidos (para dar nos ejemplo), sino que lévantasen el alma, como eran los montes que se levantaban de la tierra (Subida III, ;39, 2; cf. Cántico B, 35, 1).

[25] Cfr. Paulus VI, All. cl. 24 oet. 1064: « San Benedetto ritorni per aiutarci a recuperare la vita personale, di cui oggi abbiamo brama e affanno, e che lo sviluppo della vita moderna, a cui si deve il desiderio esasperato dell'essere noi stessi, soffoca mentre lo risveglia, delude mentre lo fa cosciente L'eccitazione, il frastuono, la febbrilità, l'esteriorità, la moltitudine minacciano l'interiorità dell'uomo; gli manca il silenzio con la sua genuina parola interiore, gli manca l'ordine, gli manca la preghiera, gli manca la pace, gli manca se stesso » (A. A. S. 56 [1964], p. 987).

[26] Bruno, Ad Radulphum 6 (Sources chrét. 85. pp. 70-72).

[27] Conc. Vat. II, Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, n. 46. - Cfr. Evagrius: « Monachus est qui ab omnibus est seiunctus et cum omnibus coniunctus » (De oratione 124, text. gall. ap. I. Hausherr, Les leçons d'un contemplatif, p. 155); Petrus Damianus: « Licet remoti procul ab Ecclesia videamur per solitudinem corporum, in ea tamen praesentissimi semper assistimus per unitatis inviolabile sacramentum » (Opusc. XI, L. qui appellatur Dominus vobiscum, 10, ML 145, 239). Teresa de Jesús: «Oh hermanas mías en Christo! ayudadme a suplicar esto al Señor, que para esto os juntó aquí [orar por la paz de las naciones y las necesidades de la Iglesia]! éste es vuestro llamamiento; éstos han de ser vuestros negocios, éstos han de ser vuestros deseos: aquí vuestras lágrimas; éstas vuestras peticiones . . .» (Camino 1, 5).

[28] Cfr. Petrus Damianus: « Si ergo credentes in Christo unum sunt, ubicumque videatur esse per corporalem speciem membrum, ibi etiam per sacramenti mysterium totum est corpus . . .Si ergo onmes unum Christi corpus sumus, et licet per corporalem speciem videamur abiungi, spiritu tamen ab invicem separari non possumus, qui in eo manemus» (Opusc. XI, L. qui appellatur Dominus vobiscum 6, ML, 6, ML 145, 236-28S); Paulus PP. VI: «Non siete separate dalla grande comunione della famiglia di Cristo, siete specializzate; e la vostra specialitità di oggi, non meno di ieri, provvida e edificante per tutta la Chiesa, anzi per tutta la società » (All. ad sacrarum virginum Benedictinarum Antistitas, 28-X-1966, A. A. S. 58 [1966 ], pp. 1159-1160.

[29] Cfr. Is. 11, 6-9: contra Gen. 9, 2. - Quoad claustrum-paradisum, cfr. Hieronymus: « Habeto cellulam pro paradiso, varia Scripturarum poma decerpe» (Ep. 125 ad Rusticum 7, ML 22, 1075; CSEL 56, 125); Anselmus, Ep. 3 102, 311, 159, 140; Petrus Damianus, Ep. 6, 3, ML 144, 374; Willelmus Malmesburiensis, De gestis Pont. Angliae 4, ML 179, 1612-1613; Bernardus, Sermo de diver. 42, 4, ML 183, 663; Guillemuus Abbas S. Theodorici, De natura, et dignitate amoris 25, ML 184, 896; Petrus Cellensis, Ep. 75, ML 202, 522. Cfr. J. Leclerq, La vie parfaite, Turnhout 1948; G. M. Colombás, Paraíso y vida angélica, Montserrat 1958.

[30] Cfr. Paulus VI: « Vogliamo che queste isole di nascondimento, di penitenza e meditazione sappiano che esse non sono né dimenticate, né staccate dalla comunione della Chiesa di Dio, che anzi ne costituiscono il cuore, ne alimentano la ricchezza spirituale, ne sublimano la preghiera, ne sostengono la carità, ne condividono le sofferenze, le fatiche, l'apostolato, le speranze, ne accrescono i meriti » (All. d. 2-2-1966, Insegnamenti di Paolo VI, VI [1966], p. 56).

[31] Conc Vat. II, Decr. de accom. renov. vitae religiosae Perfectae caritatis, n. 7. Juan de la Cruz: «Es más precioso delante de El y del alma un poquito de este amor puro y más provecho hace a la Iglesia que todas esas obras juntas. Que por eso Maria Magdalena se escondió en el desierto 30 años para entregarse de veras e este amor. . .  por lo mucho que aprovecha e importa a la Iglesia un poquito de este amor. . . al fin, para este fin de amor fuimos criados » (Cántico B, 28, 2-3).

[32] Cfr. Conc. Vat. II, Constitutio de S. Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 10: « Dei glorificatio, ad quam, uti ad finem, omnia alia Ecclesiae opera contendunt »; cfr. et Const. past. de Ecclesia in mundo huius temporis Gaudium et spes, n. 76; Decr. de apostolatu laicorum Apostolicam actuositatem, n. 2.

[33] Cfr. Conc. Vat. II, Decr. de activ. mission. Ecclesiae Ad gentes divinitus, n. 1S: « Cum enim vita contemplativa ad plenitudinem praesentiae Ecclesiae pertineat, ubique instauretur ». Cfr. Ioannes XXIII: « La vie contemplative! . . . Elle constitue une des structures fondamentales de la Sainte Eglise, elle a été présente à toutes les phases de son histoire bimillénaire » (All. ad Cisterc. strict. obs. 20-X-1960, A. A. S. 52 [1960], p. 896).

[34] «La Charité me donna la clef de ma vocation. Je compris que si l'Eglise avait un corps, composé de différents membres, le plus nécessaire, le plus noble de tous ne lui manquait pas, je compris que l'Eglise avait un Cœur et ce Cœur était brûlant d'Amour. Je compris que l'amour seul faisait agir les membres de l'Eglise, que si l'Amour venait à s'éteindre, les Apôtres n'annonceraient plus l'Evangile, les Martyrs refuseraient de verser leur sang. . . Oui j'ai trouvé ma place dans l'Eglise . . . dans le Cœur de l'Eglise, ma Mère, je serai l'Amour » (Manuscrits autobiographigues, ms B, Lisieux 1957, p. 229).

[35] Cfr. Ioannes XXIII: « Apostolatus enim, qui vere proprieque dicitur, in eo positus est, ut quis salutiferum opus Christi participet, quod fieri nequit nisi precandi seseque devovendi studio; siquidem Salvator praecipue preces ad Patrem fundendo seseque immolando genus humanum noxiis vinctum et oppressum redemit. Unde fit ut qui intimam hanc rationem salvifici muneris Christi sequi conetur, etiamsi externa abstineat actione, praecellenti tamen ratione apostolatum exercet » (Ep. Causa praeclara, 16-VII-1962, A. A. S. 54 [1962], p. 568).

[36] Conc. Vat. II, Decr. de activ. mission. Ecclesiae Ad gentes divinitus, n. 40. Cfr Const. Umbratilem (A. A. S. 16 [1924], p. 389), et Decr. S. R. C. super tuto pro canoniz. b. Teresiae Margaritae Redi, 18-II-1934: «. . .  supremo cordis martyrio anima vere cum Christo confixa cruci, sibi ceterisque uberiores redemptionis fructus acquirit. Porro hae sunt purissimae atque altissimae in Ecclesia animae, quae patiendo, amando atque orando, tacito apostolatu omnibus prae primis prosunt » (A. A. S. 26 [1934], p. 106).

[37] Cfr. Paulus VI: « Questa reclusione materiale, esteriore, sociale, vi separa dalla Chiesa? Io vengo a dirvi: guardate che la Chiesa pensa a voi, non siete dimenticate, e quindi la separazione che sarebbe la più grave (quella spirituale) non esiste. Perché? perché siete oggetto di una particolare attenzione, d'un ricordo, vogliamo dire di più? La Chiesa guarda voi, che vi siete date a questo genere di vita per essere a continuo colloquio col Signore, per essere idonee a capire di più la sua voce, a esprimere questa vostra povera voce umana con maggior purezza e con maggior intensità: avete fatto di questo rapporto fra cielo e terra l'unico programma della vostra vita. Voi contemplative vi siete dedicate a questo assorbimento di Dio sopra la vostra anima. Ebbene, la Chiesa vede in voi l'espressione la più alta di se stessa: voi siete, in una certa maniera, al vertice » (All. ad moniales Camaldulenses Aventini, 23-II-1966, in Vita monastica, n. 85, p. 68); « Non solo un posto vi è concesso nella Chiesa cattolica, ma una funzione, come dice il Concillo; non siete separate dalla grande comunione della famiglia di Cristo, siete specializzate » (All. ad virginum Benedictinarum Antistitas, 28-X-1966, A. A. S. 58 [1966], pp. 1159-1160). Et Concilium Vat. II alte asseruit: « Nec quisquam aestimet religiosos consecratione sua aut ab hominibus alienos aut inutiles in civitate terrestri fieri. Nam etsi quandoque coaetaneis suis non directe adsistunt, profundiore tamen modo eos in visceribus Christi praesentes habent atque cum eis spiritualiter cooperantur, ut aedificatio terrenae civitatis semper in Domino fundetur ad ipsumque dirigatur, ne forte in vanum laboraverint qui aedificant eam » (Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, n. 46). Teresa de Jesús: « Persuade a las Hermanas a que se ocupen siempre en suplicar a Dios favorezca a los que trabajan por la Iglesia » (Camino, titulo del c. 3). « Si en esto podemos algo con Dios, estando encerradas, peleamos por El. . .  Y cuando vuestras oraciones y deseos y disciplinas y ayunos no se emplearen por esto que he dicho, pensad que no hacéis ni cumplís el fin para que aquí os juntó el Señor » (ibid., nn. 5.10).

[38] Conc. Vat. II, Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, n. 6

[39] Ibid.

[40] Cfr. Conc. Vat. II, Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, n. 6: «Ecclesia . . . quam (Christus) sibi foedere indissolubili sociavit et quam mundatam sibi voluit coniunctam et in dilectione ac fidelitate subditam »

[41] Liturgia occidentalis solum sanctis feminis imagines nuptiales accommodat et applicat, earum commostrans sanctitatem veluti effusionem earum nuptiarum spiritualium quas cum suo Sponso et Domino inierunt. E contra numquam pro illis — ut pro viris facit — argumentis utitur novi hominis vel aliis rationem communicandi cum Christo Sacerdote, Pontifice, Propheta significantibus. Item, inde a saec. tv, feminarum religiosa professio caeremonia habetur specialis, ab ea quae a monachis peragitur distincta: velatio virginalis, enim, quae translata esse putanda est a velatione coniugali puellarum, quae ad nuptias transibant, formam praebet cuiusdam matrimonii.

[42] Cfr. Deut. 4, 24; 2 Cor. 11, 2: « Aemulor enim vos Dei aemulatione; despondi enim vos uni viro virginem castam exhibere Christo ».

[43] Cfr. locos n. 3 allatos.

[44] Cfr. Augustinus, Serm. 215, 4, ML 8S, 1074. 

[45] Conc. Vat. II, Const. dogm. de Ecclesia Lumen gentium, n. 53.

[46] Huiusmodi pericopa evangelica ut textus evangelii pro quibusdam sollemnitatibus B. Mariae Virginis adhibetur inde a saec. VI, V. g. pro festo Dormitionis vel Assumptionis, sive in Oriente, sive in Occidente (cfr. B. Capelle, La féte de l'Assomption dans l'histoire liturgigue, in Ephemer. theol. Lovan. 3 [1996], pp. 33-45).

[47] Cfr. Act. 6, 2.4: « Non est aequum nos derelinquere verbum Dei et ministrare mensis Nos vero orationi et ministerio verbi instantes erimus ».

[48] Cfr. Message des moines contemplatifs primae Episcoporum Synodo, L'Osservatore Romano, 12-X-1967.

[49] Cfr. Conc. Vat. II, Const past. de Eccl. in mundo huius temporis Gaudium et spes, n. 72.

[50]  « Una piccola società ideale, dove finalmente regna Pamore, l'obbedienza, l'innocenza, la 1ibertà dalle cose e l'arte di bene usarle, la prevalenza dello spirito, la pace, in una parola, il Vangelo » (A. A. S. 56 [1664], p. 987).

[51] Cfr. Conc. Vat. II, Const. dogm. de Ecelesia Lumen gentium, n. 46: « Omnes tandem perspectum habeant, consiliorum evangelicorum professionem, quamvis renuntiationem secumferat bonorum quae indubie magni aestimanda veniunt, tamen personae humanae vero profectui non obstare, sed natura sua ei summopere prodesse ». Cfr. et Decr. de accomm. renov. vitae religiosae Perfectae caritatis, n. 12.