El
cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas
celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este
destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia
situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas
del día -Liturgia de las horas- y todos los días del
año -Lectio Divina-
Día
1
Jueves de la semana XVII del
Tiempo ordinario o 1 de agosto,
San Alfonso María de
Ligorio
Alfonso
nació en Nápoles el año 1696 y murió
en Nocera dei Pagani (Salerno) el 1 de agosto de 1787. Era abogado
del foro de Nápoles, pero dejó la toga para abrazar
la vida eclesiástica.
Fue
obispo de S. Ágata dei Goti (entre 1762 y 1775) y fundador
de los redentoristas (1732); atendió con gran celo a las
misiones populares y se dedicó a los pobres y a los
enfermos. Es maestro de las ciencias morales, a las que inspira
criterios de prudencia pastoral, basada en la búsqueda
sincera y objetiva de la verdad, aunque también se muestra
sensible a las necesidades y a las situaciones de la conciencia.
Compuso escritos ascéticos de gran resonancia. Como apóstol
del culto a la eucaristía y a la Virgen, guió a los
fieles a la meditación de los novísimos, a la
oración y a la vida sacramental.
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 18,1-6
1
El
Señor dirigió esta palabra a Jeremías:
2
-Baja
en seguida a casa del alfarero; allí te comunicaré
mi palabra.
3
Bajé
a casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno.
4
Si
se estropeaba la vasija que estaba haciendo mientras moldeaba la
arcilla con sus manos, volvía a hacer otra a su gusto.
5
Entonces
el Señor me dijo:
6
-Acaso
no puedo yo hacer con vosotros, pueblo de Israel, igual que hace
el alfarero? Oráculo del Señor. Como está la
arcilla en manos del alfarero, así estáis vosotros
en mis manos, pueblo de Israel.
*••
La Palabra del Señor cita a Jeremías en casa del
alfarero. La actividad cotidiana del artesano aparece como símbolo
del modo de obrar de Dios. El profeta, instruido por la Palabra
del Señor, comprende el mensaje que deberá anunciar
al pueblo, verdadero destinatario de esta acción simbólica.
Como el alfarero, al modelar los utensilios, deshace los que no
salen bien y amasa de nuevo la arcilla para hacer otros, así
YHWH, que es el Creador y Señor de todos los pueblos, puede
eliminar al que no vive según su voluntad. Su juicio es
inapelable y no se trata de un gesto autoritario, sino pedagógico:
el castigo es una ayuda para comprender el propio error y
convertirse. Como la arcilla está en manos del alfarero,
así está Israel en manos de Dios. La imagen, además
de evocar la idea de la potestad absoluta de Dios respecto
al pueblo, sugiere la de su atento cuidado, a fin de que el
pueblo viva con rectitud, de modo semejante al del artista, que,
al modelar un objeto, pone todo su cuidado para que salga bien.
Salmo Responsorial
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob
Salmo
145
Alaba,
alma mía, al Señor: alabaré
al Señor mientras viva, tañeré
para mi Dios mientras exista. R/.
Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob
No
confiéis en los príncipes, seres
de polvo que no pueden salvar; exhalan
el espíritu y vuelven al polvo, ese
día perecen sus planes. R/.
Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob
Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob, el
que espera en el Señor, su Dios, que
hizo el cielo y la tierra, el
mar y cuanto hay en él. R/.
Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob
Evangelio:
Mateo 13,47-53
En
aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
47
También
sucede con el Reino de los Cielos lo que con una red que echan al
mar y recoge toda clase de peces;
48
una
vez llena, los pescadores la sacan a la playa, se sientan,
seleccionan los buenos en cestos y tiran los malos.
49
Así
será el fin del mundo. Saldrán los ángeles a
separar a los malos de los buenos
50
y
los echarán al horno de fuego; allí llorarán
y les rechinarán los dientes.
51
Jesús
preguntó a sus discípulos: -Habéis entendido
todo esto? Ellos le contestaron: -Sí.
52
Y
Jesús les dijo: -Todo maestro de la Ley que se ha hecho
discípulo del Reino de los Cielos es como un padre de
familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.
53
Cuando
Jesús acabó de contar estas parábolas, se
marchó de allí.
""
La parábola de la red que, echada al mar, recoge peces
comestibles y no comestibles ahonda en el significado de la
parábola de la cizaña. Así como en la red se
encuentran peces buenos y malos, también en la comunidad de
los discípulos de Jesús hay quien acoge y vive su
Palabra, primicia del Reino, y quien la rechaza o se muestra
indiferente. La distinción tendrá lugar al fin de
los tiempos y corresponde a Dios realizarla (w. 47-50).
Es
importante para los discípulos comprender el misterio del
Reino que Jesús les ha revelado mediante las parábolas,
o bien entender con la mente y con el corazón la Palabra y
vivirla a través de la obediencia de la fe.
Es
preciso el asentimiento personal del discípulo (v. 51), a
fin de que siguiendo a Jesús y a ejemplo suyo pueda ser un
comunicador y un testigo de toda la voluntad salvífica del
Padre, tal como la manifestó en la antigua y en la nueva
alianza (v. 52).
MEDITATIO
La
Palabra de Dios encontró una respuesta decidida en san
Alfonso. Éste se sintió elegido, llamado, y siguió
su vocación humana y cristiana con una disponibilidad plena
y constante. Disponibilidad que expresaba con las frases típicas
de su ascética: "Hacer la voluntad de Dios";
"Concordancia con la voluntad de Dios". La voluntad de
Dios, "el mandamiento nuevo", es el amor al
prójimo. Aquí se encuentra el secreto de todas las
opciones de Alfonso: fue abogado para defender a los otros, se
hizo sacerdote para salvar a las almas, fundó la
Congregación de los Redentoristas para anunciar el
Evangelio a los abandonados; como obispo, sintió la
solicitud pastoral por su Iglesia local y por todas las Iglesias.
Hizo
una amplia exposición del mandamiento nuevo en su mejor
libro: Práctica del amor a Jesucristo. Del amor
brotaba su alegría, una cualidad característica de
Alfonso; es la alegría de sentirse amado por Dios, con lo
que se vencen todas las adversidades. "Alegremente" es
la palabra que se repite en su epistolario. Existe en Alfonso un
humor a lo Tomás Moro, templado por el sentido común
del napolitano. La alegría procede asimismo de la certeza
de que no hay condena alguna para los que han sido salvados por
Jesucristo. Aquí se pone de relieve el compromiso
fundamental de Alfonso, teólogo y moralista: se sintió
llamado a defender el amor misericordioso de Dios contra las
nefastas teorías de los jansenistas y de los rigoristas,
los cuales, negando la universalidad de la redención y
acentuando las exigencias de la justicia de Dios, sumergían
a los hombres en la angustia y la desesperación. A ellos
opuso Ligorio el mensaje salvífico del Evangelio y la
presencia activa del Espíritu Santo, que nos arranca de la
esclavitud de la Ley y nos lleva a la libertad de los hijos de
Dios.
ORATIO
Cristiano,
levanta los ojos y mira a Jesús muerto sobre ese patíbulo,
con el cuerpo lleno de llagas que todavía manan sangre. La
fe te enseña que él es el Creador, tu salvador, tu
vida, tu liberador. Es alguien que te ama más que nadie, es
alguien que sólo puede hacerte feliz.
Sí,
Jesús mío, lo creo: tú eres alguien que me ha
amado desde la eternidad, sin ningún mérito por mi
parte; es más, previendo mi ingratitud, sólo por tu
bondad me diste el ser. Tú eres mi salvador, y con tu
muerte me has liberado del infierno que tantas veces he merecido.
Tú eres mi vida por la gracia que me has dado, sin la cual
yo estaría muerto para siempre. Tú eres mi padre y
mi padre amoroso; perdonándome con tanta misericordia las
injurias que te he hecho. Tú eres mi tesoro y me enriqueces
con muchas luces y favores en vez de los castigos que he merecido.
Tú eres mi esperanza, pues fuera de ti no puedo esperar
ningún bien de otros. Tú eres mi verdadero y único
amador; basta con decir que has llegado a morir por mí. Tú,
en suma, eres mi Dios, mi sumo bien, mi todo (Alfonso María
de Ligorio, Meditaciones sobre la pasión).
CONTEMPLATIO
Ésta
es, por tanto, la meta a la que deben tender nuestros deseos,
nuestros suspiros, todos los pensamientos y todas nuestras
esperanzas: ir a gozar de Dios en el paraíso para amarlo
con todas las fuerzas y gozar del gozo de Dios. Gozan, a buen
seguro, de su felicidad los bienaventurados en aquel Reino de
delicias, mas su gozo principal, el que absorbe todos los otros
defectos, será el de conocer la felicidad infinita de que
goza su amado Señor, mientras ellos aman a Dios
inmensamente más que a sí mismos. Todo
bienaventurado, en virtud del amor que tiene a Dios, seguiría
estando contento aunque perdiera todos sus goces, y padecería
toda pena con tal de que no le faltara a Dios -si es que pudiera
faltarle- una mínima parte de la felicidad de que goza. Por
eso, en ver que Dios es infinitamente feliz y que esta felicidad
nunca puede faltarle, en esto consiste su paraíso. Así
se entiende lo que dice el Señor a toda alma al darle
posesión de la gloria: "Toma parte en la alegría
de tu señor" (Mt 25,21).
No
es ya el gozo el que entra en el bienaventurado, sino que éste
entra en el gozo de Dios, mientras que el gozo de Dios es objeto
del gozo del bienaventurado. De modo que el bien de Dios será
el bien del bienaventurado, la riqueza de Dios será la
riqueza del bienaventurado y la felicidad de Dios será la
felicidad del bienaventurado (Alfonso María de Ligorio,
Práctica del amor a Jesucristo).
ACTIO
Repite
y medita a menudo durante el día este pensamiento de san
Alfonso: "Quien
ora se salva ciertamente, quien no ora ciertamente se condena".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
San
Alfonso es un napolitano maravilloso, y tanto en su vida como en
su ingenio aflora más de una vez, e incluso con gran
frecuencia, su llaneza con una frescura y una jovialidad
increíbles.
Quien
le convierte en un santo pedante, petulante, aburrido, cruel, no
le conoce ni de vista. Quien le convierte, en virtud de su moral,
en una especie de casuista monomaniaco y sin aliento, no conoce a
san Alfonso.
Fue músico, pintor,
poeta, un hombre de espíritu y de garbo, capaz de resolver
una cuestión con una salida y de enderezar un mundo
invertido con una sonrisa; tuvo algo de la dolorida profundidad de
Vico y algo de la vivacidad profunda de Galian!.
En
sus acciones y en sus obras aparece siempre superior a lo que hace
y a lo que dice, dueño de sí y de lo que trata.
Entre las muchas vías abiertas que se presentan a quien
actúa y escribe, toma siempre la suya propia, una que se
abre a él por vez primera. Despierto, despejado, resuelto y
resolutivo, sigue su camino sin la mínima vacilación,
y este camino se abre a muchos.
Por
lo que respecta a la moral, sabido es que la Iglesia camina
justamente por el camino abierto por san Alfonso. Por lo que
respecta a la devoción, durante ciento cincuenta años
cientos de miles de almas se han puesto a caminar por el camino
trazado por Alfonso.
Esta
agilidad, gracia y sencillez hacen de él alguien
cordialísimo, alguien al que se trata con placer. Habría
que verlo. Habría que saber verlo y hacerlo ver entre los
recuerdos que de él nos quedan, entre sus libros, en su
correspondencia: hallaríamos gestos bellísimos y
originales, reflexiones agudas y divertidas, fragmentos cálidos
y brillantes, salidas de una milagrosa bonhomía y
profundidad, tomaduras de pelo caritativas pero tremendas,
réplicas vivaces y repentinas, como se da una bofetada a un
bribón.
Día
2
Viernes de la semana XVII del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 26,1-9
1
Al
comienzo del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey
de Judá, el Señor me dirigió esta palabra:
2
"Así
dice el Señor: Ponte en el atrio del templo del Señor
y proclama, sin omitir nada, todo lo que yo te mando decir a los
que vienen de las ciudades de Judá para dar culto en el
templo.
3
Tal
vez te hagan caso y se conviertan de su mala conducta. Si lo
hacen, yo me arrepentiré del mal que pensaba hacerles para
castigar sus malas acciones.
4
Les
dirás: Así dice el Señor: Si no me obedecéis;
si no cumplís la Ley que os he prescrito;
5
si
no escucháis las palabras de mis siervos los profetas, a
quienes yo os envío sin cesar y vosotros no hacéis
caso,
6
trataré
a este templo como al santuario de Silo, y todas las naciones
citarán el nombre de esta ciudad en sus maldiciones.
7
Los
sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías
pronunciar estas palabras en el templo del Señor.
8
Y
cuando Jeremías acabó de decir lo que el Señor
le había mandado decir a todo el pueblo, los sacerdotes,
los profetas y todo el pueblo le apresaron, diciendo: -Morirás
por esto.
9
Por
qué profetizas en nombre del Señor diciendo que este
templo correrá la suerte del santuario de Silo y que esta
ciudad será devastada y despoblada? Entonces todo el pueblo
se abalanzó sobre Jeremías en el templo del Señor.
*+•
Este
fragmento abre una nueva sección del libro de Jeremías
(capítulos 26-29), que se distingue de la precedente
(capítulos 1-25). En la que ahora comienza, se narran en
prosa las circunstancias relativas a los mensajes del profeta.
Concretamente, el capítulo 26 presenta el contexto de las
palabras pronunciadas por el profeta en la entrada del templo y
recogidas en el capítulo 7. Durante el reinado del impío
Joaquín, que había frustrado las esperanzas de
reforma religiosa suscitadas por su padre, Josías,
pronuncia Jeremías el duro discurso del que aquí se
nos ofrece una síntesis. El Señor envía al
profeta al templo, presumiblemente con ocasión de una
fiesta religiosa que atrae a muchas personas a Jerusalén
(v. 2), a proclamar unas palabras importantes, unas palabras que
deberá pronunciar sin omitir nada: está en juego la
conversión del pueblo o su castigo (v. 3). Jeremías
llama a todos a la responsabilidad respecto a la Palabra del
Señor, cuya escucha constituye el punto de partida para
convertirse. Precisamente con este fin ha ido enviando Dios, a lo
largo de toda la historia de Israel, a los profetas, hombres de la
Palabra (v. 5).
Ahora
bien, quien no sigue las advertencias de los profetas y no se
comporta en conformidad con la Palabra del Señor no puede
pretender encontrar la salvación sólo por el hecho
de frecuentar el templo. La actitud asumida respecto a la Palabra
es discriminadora: si escucharla y obedecerla es vivir, no
escucharla y no obedecerla es morir. En este caso, el pueblo
depositario de la bendición será maldito en virtud
de su elección (v. 6).
Salmo Responsorial
Escúchame, Señor, el día
de tu favor
Salmo
68
Arráncame
del cieno, que no me hunda; líbrame
de los que me aborrecen, y
de las aguas sin fondo. Que
no me arrastre la corriente, que
no me trague el torbellino, que
no se cierre la poza sobre mí. R/.Escúchame,
Señor, el día de tu favor
Yo
soy un pobre malherido; Dios
mío, tu salvación me levante. Alabaré
el nombre de Dios con cantos, proclamaré
su grandeza con acción de gracias. R/.
Escúchame,
Señor, el día de tu favor
Miradlo,
los humildes, y alegraos, buscad
al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que
el Señor escucha a sus pobres, no
desprecia a sus cautivos. R/.
Escúchame,
Señor, el día de tu favor
Evangelio:
Mateo 13,54-58
En
aquel tiempo,
54
fue
Jesús a su pueblo y se puso a enseñarles en su
sinagoga. La gente, admirada, decía: -De dónde le
vienen a éste esa sabiduría y esos poderes
milagrosos?
55
No
es éste el hijo del carpintero? No se llama su madre María,
y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? 56 No
están todas sus hermanas entre nosotros? De dónde,
pues, le viene todo esto?
57
Y
los tenía desconcertados. Pero Jesús les dijo: -Un
profeta sólo es despreciado en su pueblo y en su casa.
58
Y
no hizo allí muchos milagros por su falta de fe.
*••
Terminado el "sermón en parábolas", recoge
Mateo otro material narrativo, cuyo variado contenido marca la
progresiva separación entre Jesús e Israel y
manifiesta la formación específica dada al grupo de
los discípulos {cf. Mt 13,54-17,27).
El
episodio que abre la sección, y que constituye el fragmento
litúrgico de hoy, narra el rechazo que opusieron a Jesús
sus paisanos. Del estupor inicial producido por su enseñanza
(v. 54) se pasa a la pregunta fundamental sobre la identidad del
Nazareno. Los fariseos habían respondido a ella
declarándolo afiliado al bando del príncipe de los
demonios, por cuya autoridad habría hecho los milagros {cf
12,24). Los habitantes de Nazaret, sin embargo, no dan
respuesta alguna. El conocimiento que tienen de su paisano y de su
familia se convierte en un obstáculo para creer que sea él
el Mesías: no es posible que un hombre de la condición
de Jesús tenga "esa sabiduría y esos poderes
milagrosos" (v. 55ss).
Jesús
constata a través de su propia experiencia la verdad del
dicho proverbial que reza: "Nadie es profeta en su tierra"
{cf v. 57). La suerte de su mensaje y de su misma persona
no es diferente a la reservada a los profetas del Antiguo
Testamento y de todos los tiempos: rechazo, burla, desprecio,
persecución; a menudo, también muerte violenta. Y
dado que los milagros suponen la fe, que es lo único que
permite comprender su verdadero significado, la incredulidad de
los habitantes de Nazaret se convierte en un impedimento para que
Jesús pueda hacerlos (v. 58).
MEDITATIO
La
fe es acogida y adhesión total a la persona de Jesús.
No es posible aceptar a Jesús en parte, sólo en
aquellos aspectos que puedan parecemos más agradables y
comprensibles. Si aceptar a Jesús y la Palabra del Padre
que él nos comunica lanza por los aires nuestras ideas y
proyectos, incluso religiosos, si descubrimos que Jesús es
diferente de la imagen que nos habíamos hecho de él,
entonces se nos presenta la ocasión de convertirnos, es
decir, de abandonar nuestros puntos de vista y dirigir nuestra
mirada sobre Jesús tal como es, disuadiéndonos de
nuestros razonamientos. Si esto nos incomoda demasiado y nos
mofamos de quien nos invita a no camuflar el rostro de Dios,
difícilmente podremos ver los signos de su presencia
vivificante entre nosotros.
La
invitación a escuchar a los profetas va rebotando a lo
largo de los siglos y llega hasta nosotros. En Jesús se ha
pronunciado la Palabra de Dios de manera total, y desde hace dos
mil años nunca han faltado en la Iglesia hombres y mujeres
que con su vida, sus escritos y su predicación han
reavivado entre sus contemporáneos la conciencia de la
belleza y las exigencias del Evangelio. También hoy están
presentes entre nosotros, pero los escuchamos?
ORATIO
!Haz
Que te conozca, Señor! No
quiero quedar encerrado en las angustias de mis ideas sobre ti,
unas ideas tan mezquinas, tan limitadas... Haz que te conozca como
eres, en tu belleza, en tu verdad, en tu sencillez.
Haz
que te conozca. Y para ello, Señor, libérame de los
sucedáneos de los que me rodeo, de las falsas certezas en
las que me apoyo. Deseo, quiero declarar mi fe en ti,
Señor
siempre sorprendente, que remueves mis certezas construidas a la
medida de mi tranquilo vivir. Oh Dios, a quien tengo miedo de
entregarme y cuya falta me consume; Dios de mi mediocridad y de mi
nostalgia del absoluto; Dios que caminaste en Jesús entre
nosotros y exaltaste nuestra vida, haz que te conozca, porque, oh
Señor de mi vida, creo en ti.
CONTEMPLATIO
Bajó
de los cielos a la tierra por causa de la humanidad que sufre; se
revistió de nuestra humanidad en el seno de la Virgen y
nació como hombre. Él fue quien nos sacó de
la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la
muerte a la vida, de la tiranía al Reino eterno.
Fue
perseguido en David y deshonrado en los profetas. Fue él
quien se encarnó en el seno de la Virgen, fue colgado en la
cruz, sepultado en la tierra y, resucitado de entre los muertos,
subió a las alturas de los cielos (Melitón de
Sardes, "Homilía sobre la Pascua" 65-67, en SC
123,95-101).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que
yo te escuche, Señor, y me convierta a ti"(cf.
Jr
26,3).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Decir
en veinte renglones quién es Jesucristo? Para los
cristianos, Jesús es Dios. -Aunque no para todos: la
divinidad de Cristo ha dividido desde siempre a la cristiandad. -
Pocos dogmas como éste han sido defendidos o combatidos con
tanta fogosidad. - La imagen de Cristo se refleja siempre en la
conciencia de cada uno según sus propios conocimientos.
Para
los judíos, durante los siglos de su exilio, el Crucificado
ha sido también e! Crucificador. En nombre de Cristo se han
promulgado leyes antisemitas, en nombre de Cristo ha sido
discriminado, perseguido, expulsado, asesinado con excesiva
frecuencia Israel a ruegos de muchas Inquisiciones. Jesús:
un vínculo de unión entre Israel y los
gentiles, que une y separa en igual medida. Justo, sabio, profeta:
un "loco" entre los "locos" de Israel, en la
medida en que toda verdadera profecía confina con la locura
que condena nuestra sensatez. Un judío "central",
decía Martin Buber. Un judío único, como
todos y cada uno podemos constatar. Único por su esplendor
y por la contradicción que ha introducido -como una
levadura- en el corazón de las naciones. Un misterio -así
prefieren definirlo los teólogos cristianos, a los que
responden con el silencio los teólogos judíos-.
Pero
veinte líneas son incluso demasiadas para hablar de un
misterio. O bien, en ese caso, es que el que lo intenta no sabe de
lo que está hablando (André Chouraqui, en A.-M.
Carré [ed.], Per leí, chi é Gesü
Cristo?, Roma 1 973 [edición española: Para
ti, quién es Jesucristo, Narcea, Madrid 1972]).
Día
3
Sábado de la semana
XVII del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 26,11-16.24
En
aquellos días,
11
los
sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y a todo el pueblo:
-Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta
ciudad, como habéis escuchado con vuestros propios oídos.
12
Pero
Jeremías dijo a todos los jefes y al pueblo: -El Señor
me ha enviado a profetizar contra este templo y contra esta ciudad
todo lo que habéis oído.
13
Así
que enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, obedeced al
Señor, vuestro Dios, y el Señor se arrepentirá
del castigo con el que os ha amenazado.
14
En
cuanto a mí, estoy en vuestras manos; haced de mí lo
que os parezca bueno y justo,
15
pero
sabed que, si me matáis, seréis responsables de la
muerte de un inocente, vosotros, esta ciudad y sus habitantes,
porque es verdad que el Señor me ha mandado a que os
anuncie todas estas cosas.
16
Los
jefes y el pueblo entero dijeron a los sacerdotes y a los
profetas:
-Este
hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del
Señor, nuestro Dios.
24
A
Jeremías lo protegió Ajicán, hijo de Safan, y
por eso no lo entregaron en manos del pueblo para que lo mataran.
^
Este fragmento es continuación del leído ayer y
presenta la reacción a la vigorosa advertencia pronunciada
por el profeta en la entrada del templo. Las autoridades
religiosas denuncian a Jeremías ante los jefes y ante el
pueblo, acusándole de profetizar la destrucción del
templo y de Jerusalén, "santos" ambos por ser
morada de Dios. Anunciar su final era pronunciar una blasfemia que
merecía la sentencia de muerte (v. 11). Jeremías
reivindica en su defensa el mandato recibido del Señor (v.
12). Con todo, precisa que el centro de su mensaje no es la
destrucción de Jerusalén y de su templo, sino la
conversión del pueblo: eso es lo que desea el Señor,
y a su obtención se dirige la amenaza del castigo que, sin
embargo, si la advertencia consigue el efecto esperado, no será
llevado a cabo (v. 13). Jeremías sabe que es, en verdad,
profeta de YHWH: los jefes religiosos y políticos se
abstienen de condenar a muerte a un inocente, cuya sangre pesaría
sobre su conciencia como una culpa ulterior que, ciertamente, no
quedaría sin castigo (w. 14ss). El fragmento litúrgico
concluye con el v. 24, en el que se indica que Jeremías
salvó la vida gracias a la protección que le otorgó
un personaje dotado de autoridad frente a los jefes del pueblo.
Salmo Responsorial
Escúchame, Señor, el día
de tu favor
Salmo
68
Arráncame
del cieno, que no me hunda; líbrame
de los que me aborrecen, y
de las aguas sin fondo. Que
no me arrastre la corriente, que
no me trague el torbellino, que
no se cierre la poza sobre mí. R/.
Escúchame,
Señor, el día de tu favor
Yo
soy un pobre malherido; Dios
mío, tu salvación me levante. Alabaré
el nombre de Dios con cantos, proclamaré
su grandeza con acción de gracias. R/.
Escúchame,
Señor, el día de tu favor
Miradlo,
los humildes, y alegraos, buscad
al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que
el Señor escucha a sus pobres, no
desprecia a sus cautivos. R/.Escúchame,
Señor, el día de tu favor
Evangelio:
Mateo 14,1-12
1
Por
entonces, el tetrarca Herodes oyó hablar de Jesús,
2
y
dijo a sus cortesanos: -Es Juan el Bautista, que ha resucitado de
entre los muertos; por eso actúan en él los poderes
milagrosos.
3
Es
que Herodes había detenido a Juan, lo había
encadenado y lo había metido en la cárcel, por causa
de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.
4
Pues
Juan le decía: -No te es lícito tenerla por mujer.
5
Y,
aunque quería matarlo, tuvo miedo al pueblo, que lo tenía
por profeta.
6
Un
día que se celebraba el cumpleaños de Herodes, la
hija de Herodías danzó en público y agradó
tanto a Herodes
7
que
éste juró darle lo que pidiese.
8
Ella,
azuzada por su madre, le dijo: -Dame ahora mismo en una bandeja la
cabeza de Juan el Bautista.
9
El
rey se entristeció, pero por no romper el juramento que
había hecho ante los comensales, mandó que se la
dieran,
10
después
de enviar emisarios para que cortaran la cabeza a Juan en la
cárcel.
11
Trajeron
la cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, la cual a
su vez se la llevó a su madre.
12
Después
vinieron sus discípulos, recogieron el cadáver, lo
sepultaron y fueron a contárselo a Jesús.
**•
Después de contar cómo rechazaron a Jesús sus
paisanos, inserta el evangelista el relato del martirio de Juan el
Bautista, tomando como motivo la reacción de Herodes
Antipas al oír hablar de Jesús y de sus obras (w.
lss). Herodes, a quien los romanos le habían reconocido la
jurisdicción sobre Galilea y Perea, había decretado
el arresto y la posterior decapitación del Bautista a causa
de la fuerte denuncia por parte de este último del pecado
del tetrarca. Este había repudiado a su consorte y tomado
como mujer a la esposa de su hermano (w. 3-5).
La
intransigente llamada del Bautista a la observancia de la ley
moral se había vuelto insoportable para la pareja adúltera.
Si bien la voluntad homicida de Herodes estaba frenada por el
temor de una sublevación popular -y, añade el
evangelista Marcos, por cierta estima que el tetrarca alimentaba
por el Bautista (cf. Me 6,20)-, no ocurría lo mismo
con Herodías. Por eso, cuando Herodes le juró a la
hija de ésta darle lo que le pidiera, "Herodías
consiguió que le entregara la cabeza de Juan (w. 6-11). La
muerte del Bautista, cuya noticia llevaron a Jesús los
discípulos de aquél (v. 12), es el último
eslabón de una cadena de acontecimientos a través de
los cuales ha llevado Juan a término su propia misión
de precursor. Jesús comprende que está llamado a
recorrer el mismo camino.
MEDITATIO
En
los discursos de despedida que siguieron a la Última cena,
Jesús declaró: "Yo soy el camino, la verdad
y la vida" (Jn 14,6). Jesús es la verdad
desconocida y combatida por los que se dejan instigar por aquel
que es "mentiroso y padre de la mentira" (Jn
8,44). Ahora bien, el que sigue a éste no llega a la vida,
sino a la muerte.
Sin
embargo, tiene tantos seguidores porque en este mundo el éxito
de la elección parece producir un efecto contrario: los
testigos de la verdad son aplastados, hechos callar, muertos en
los lager (campos de concentración) de ayer y de hoy
Es una constante de la historia que estallan persecuciones allí
donde hay alguien que dice de modo claro y comprensible, con su
vida y con sus palabras, la verdad de Dios. La verdad es incómoda,
del mismo modo que es incómodo el amor, porque implica la
renuncia a nuestros propios intereses egoístas y pide la
apertura al otro.
La
Palabra del Señor, una vez más, nos sirve de espejo.
En qué rostro nos reconocemos? En el de Jeremías y
en el de Juan el Bautista? O en el de los sacerdotes y en el de
los profetas corruptos, o en los de Herodes y Herodías?...
Escuchemos, hoy, la voz del Señor, que es la voz de la
verdad.
ORATIO
Perdona,
Señor, mi poco coraje. Me siento muy semejante a tu apóstol
Pedro, que, cuando le preguntaron si era de los tuyos, negó
incluso conocerte. El miedo a perder la compañía de
alguien o un mal entendido respeto humano me frenan a la hora de
pronunciar las palabras, de realizar acciones coherentes con ese
Evangelio que, sin embargo, deseo vivir. En ciertos lugares es
motivo de vergüenza declararse cristiano.
Concédeme
tu Espíritu de fortaleza: que yo me deje calentar el
corazón y encuentre en ti una alegría más
fuerte que cualquier miedo. Haz de mí también un
testigo de la verdad que tú eres.
CONTEMPLATIO
Dichosos
los que han sufrido como los profetas. A alguien que, viviendo con
pleno celo y censurando a los que pecan, tuviera que comprender
que ha de ser odiado y estar expuesto a insidias, así como
perseguido y escarnecido a causa de la justicia, no sólo no
le disgustarán estas cosas, sino que se alegrará y
exultará con ellas, porque está convencido de que
recibirá a cambio una gran recompensa en los cielos de
manos de aquel que lo ha comparado a los profetas, por haber
padecido los mismos sufrimientos. Es preciso, por consiguiente,
que aquel que vive con celo la vida profética y ha sido
capaz de acoger al Espíritu que había en los
profetas, reciba desprecio en el mundo y entre los pecadores, a
quienes resulta embarazosa la vida del justo (Orígenes,
Comentario al evangelio de Mateo, Roma 1998, I, pp. 141ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Siguen
enviando, Señor, profeta a tu Iglesia".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Para
los que se han especializado en el arte de descubrir el lado bueno
en cada criatura, ninguna es sólo maldad. Para los que se
han especializado en el arte de descubrir el alma de verdad que
hay en cada ideología, la inteligencia no es capaz de
adherirse aferrar total.
No
has de temer a la verdad, porque, aunque pueda parecerte dura y
herirte de muerte, es auténtica. Has nacido para ella. Si
intentas encontrarla, si dialogas con ella, si la amas, no hay
mejor amiga ni hermana mejor.
Hasta
el fondo, no te detengas. Es una gracia divina empezar bien. Pero
es una gracia mayor aún continuar por el buen camino,
mantener el ritmo... Ahora bien, la gracia de las gracias es no
perderse y, resistiendo aún o dejando ya de hacerlo, a
jirones, a pedazos, ir hasta el fondo (H. Cámara, //
deserto é fecondo, Asís 1982 [edición
española: El desierto es fértil, Sígueme,
Salamanca 1986]).
Día
4
Domingo XVIII del tiempo
ordinario
San
Juan María Vianney.-
Juan
María Vianney nació cerca de Lyon (Francia) el 8 de
mayo de 1786. Descubrió pronto su vocación para el
sacerdocio, pero fue excluido del seminario por falta de aptitud
para los estudios. Le ayudó el párroco de Ecully y,
cuando ya estaba casi en los treinta años, fue ordenado
sacerdote en Grenoble. En 1819 fue destinado a la parroquia de
Ars, a la que transformó con su bondad, abnegación
pastoral y santidad de vida. Murió el 4 de agosto de 1859.
Es patrono de los párrocos desde 1929.
LECTIO
Primera
lectura: Éxodo 16,2-4.12-15
En
aquellos días,
2
la
comunidad de los israelitas comenzó a murmurar contra
Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
3
-!Ojalá
el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos
sentábamos junto a las ollas de carne y nos hartábamos
de pan! Pero vosotros nos habéis traído a este
desierto para hacer morir de hambre a toda esta muchedumbre.
4
El
Señor dijo a Moisés: -Mira, voy a hacer llover del
cielo pan para vosotros. El pueblo saldrá todos los días
a recoger la ración diaria; así los pondré a
prueba, a ver si actúan o no según mi ley.
12
-He
oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: Por la
tarde comeréis carne y, por la mañana, os hartaréis
de pan, y así sabréis que yo soy el Señor,
vuestro Dios.
13
Por
la tarde, en efecto, cayeron tantas codornices que cubrieron el
campamento, y por la mañana había en torno a él
una capa de rocío.
14
Cuando
se evaporó el rocío, observaron sobre la superficie
del desierto una cosa menuda, granulada y fina, parecida a la
escarcha.
15
Al
verlo, se dijeron unos a otros: -Manhu? (es decir, qué es
esto?). Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo:
-Éste es el pan que os da el Señor como alimento.
*"
El pueblo judío fue liberado de la esclavitud egipcia
gracias a la intervención de Dios por medio de Moisés
(Ex 13,17-15,21). Tras el paso del mar Rojo, empieza el camino por
el desierto, que al principio se hizo difícil a causa de
tres problemas: la falta de agua potable, la falta de alimento y
la presencia de pueblos adversarios que salían a combatir
contra Israel. Cuando llega la dificultad, el pueblo parece echar
la culpa a Moisés y a Aarón: sólo a causa de
los frágiles sueños de libertad de estas dos
personas habían abandonado la seguridad de la esclavitud
egipcia y habían emprendido el peligroso camino de la
liberación: "!Ojalá el Señor nos hubiera
hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las
ollas de carne y nos hartábamos de pan!" (v. 3).
Parece
una rebelión contra los jefes. Moisés comprende que,
en realidad, "no van contra nosotros vuestras murmuraciones,
sino contra el Señor" (v. 8). En el fondo, el
verdadero problema no es la falta de alimento o de agua, sino la
duda: "Está el Señor en medio de nosotros o
no?" (Ex 17,7). A pesar de todo, Dios provee: con las fuentes
de Elín (Ex 15,22-27) y con el agua que mana de la roca (Ex
17); llegan del cielo el maná y las codornices (Ex 16); los
amalecitas son derrotados (Ex 17,8-16). En la relectura practicada
por el salmista, el maná es un don del Dios fiel a "una
generación rebelde y obstinada, una generación de
corazón inconstante y espíritu infiel" (Sal
78,8).
El
maná es una sustancia natural que tiene el aspecto de
granos blancos dulces: se trata de la linfa que cae de la corteza
de las ramas de una especie de tamarisco picadas por ciertos
insectos que se alimentan de ella. El alimento del desierto "sabía
como a torta de miel" (Ex 16,31). La dulzura de la que se
habla aquí no es "culinaria", sino teológica,
según el libro de la Sabiduría: "Aquel sustento
manifestaba a tus hijos tu dulzura, ya que se acomodaba al gusto
de quienes lo tomaban y se transformaba según los deseos de
cada uno" (Sab 16,21).
Salmo
responsorial El
Señor les dio pan del cielo
Salmo 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54
Lo que oímos
y aprendimos, lo que
nuestros padres nos contaron, lo
contaremos a la futura generación: las
alabanzas del Señor, su poder.
Pero dio
orden a las altas nubes, abrió
las compuertas del cielo: hizo
llover sobre ellos maná, les
dio pan del cielo.
El hombre comió
pan de ángeles, les
mandó provisiones hasta la hartura. Los
hizo entrar por las santas fronteras, hasta
el monte que su diestra había adquirido.
Segunda
lectura: Efesios 4,17.20-24
Hermanos:
17
Os
digo, pues, y os recomiendo encarecidamente en el nombre del
Señor, que no viváis como viven los no creyentes:
vacíos de pensamiento. 20
!No
es eso lo que vosotros habéis aprendido sobre Cristo!
21
Porque
supongo que habéis oído hablar de él y que,
en conformidad con la auténtica doctrina de Jesús,
se os enseñó como cristianos
22
a
renunciar a vuestra conducta anterior y al hombre viejo,
corrompido por apetencias engañosas.
23
De
este modo os renováis espiritualmente
24
y
os revestís del hombre nuevo creado a imagen de Dios, para
llevar una vida verdaderamente recta y santa.
*"•
El apóstol prosigue su exhortación a vivir en la
verdad, conservando la unidad del espíritu en el cuerpo de
Cristo (Ef 4,1-6, cf. 17° domingo, ciclo B) y acogiendo la
acción de la cabeza, que edifica su cuerpo, la Iglesia (Ef
4,7-16). El texto analiza la tarea del cristiano, contraponiendo
la situación pagana con la cristiana (vv. 17-24): "Si
un tiempo estabais muertos por vuestras culpas, sin esperanza,
alejados, extranjeros, huéspedes, tiniebla [...], ahora
sois luz en el Señor, cercanos, conciudadanos de los santos
y familia de Dios (cf. Ef 2,1.12-13.19-22; 5,8).
Abandonar
la vida pagana significa rechazar la propia autosuficiencia, la
mala voluntad que mantiene prisionera la verdad, o sea, la
vaciedad de pensamiento (cf. v. 17). Significa liberarse de todo
lo que aleja la vida de la realidad humana, pensada y querida por
el Creador; volver a encontrar como don un corazón sensible
a todas las llamadas del bien, de la verdad, de la belleza (v.
18). De otro modo, el hombre queda consumido por una "avidez,
insaciable" (v. 19), por la codicia de la posesión,
con la que el hombre espera colmar su vacío. La vida
cristiana, en cambio, consiste en "aprender sobre Cristo"
(v. 20), poniendo su persona en el centro de la vida. Se trata de
"aprender" y de ponerse en camino. No se trata de
limitarse a los gestos materiales, sino de adoptar una conducta de
vida conforme con el proyecto de Dios y con su voluntad (cf. Ef
1,10). Los cristianos ya han sido revestidos en el bautismo del
"hombre nuevo" (v. 24). Ahora se trata de hacer
aparecer, de una manera personal y concreta, este ser y esta vida,
de un modo que corresponda a la realidad divina que han recibido:
"Y eso no procede de vosotros, sino que es don de Dios"
(Ef 2,8).
"Cristo,
que es nuestro cordero pascual, ha sido ya inmolado. Así
que celebremos fiesta, pero no con levadura vieja, que es la de la
maldad y la perversidad, sino con los panes pascuales de la
sinceridad y la verdad" (1 Cor 5,7-8).
Evangelio:
Juan 6,24-35
En
aquel tiempo,
24
cuando
se dieron cuenta de que ni
Jesús
ni sus discípulos estaban allí, subieron a las
barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús.
25
Lo
encontraron al otro lado y le dijeron: -Maestro, cuándo has
llegado aquí?
26
Jesús
les contestó: -Os aseguro que no me buscáis por los
signos que habéis visto, sino porque comisteis pan hasta
saciaros.
27
Esforzaos
no por conseguir el alimento transitorio, sino el permanente, el
que da la vida eterna. Este alimento os lo dará el Hijo del
hombre, porque Dios, el Padre, le ha acreditado con su sello.
28
Entonces
ellos le preguntaron: -Qué debemos hacer para actuar como
Dios quiere?
29
Jesús
respondió: -Lo que Dios espera de vosotros es que creáis
en aquel que él ha enviado.
30
Ellos
replicaron: -Qué señal puedes ofrecernos para que,
al verla, te creamos? Cuál es tu obra?
31
Nuestros
antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la
Escritura: Les dio a comer pan del cielo.
32
Jesús
les respondió: -Os aseguro que no fue Moisés quien
os dio el pan del cielo. Es mi Padre quien os da el verdadero pan
del cielo.
33
El
pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo.
34
Entonces
le dijeron: -Señor, danos siempre de ese pan.
35
Jesús
les contestó: -Yo soy el pan de vida. El que viene a mí
no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca
tendrá sed.
*+•
Tras la multiplicación de los panes, el evangelista Juan
alude a la búsqueda de Jesús por parte de la
muchedumbre. Lo encuentran junto a Cafarnaún y le dirigen
esta pregunta: "Maestro, cuándo has llegado aquí?"
(v. 25). Jesús no responde a lo que le preguntan, pero
revela las verdaderas intenciones que han impulsado a la gente a
buscarle, desenmascarando una mentalidad demasiado material (v.
26). Todos siguen a Jesús por el pan material, sin
comprender la señal hecha por el profeta.
Buscan
más las ventajas materiales y pasajeras que las ocasiones
de adhesión y de amor. Ante esta ceguera espiritual, Jesús
proclama la diversidad que existe entre el pan material y
corruptible y ese otro "que da la vida eterna" (v. 27).
Invita a la gente a superar el estrecho horizonte en el que vive,
para pasar a la fe. Los interlocutores de Jesús le
preguntan entonces: "Qué debemos hacer para actuar
como Dios quiere?" (v. 28). Jesús exige una sola cosa:
la adhesión al plan de Dios, es decir, "lo que Dios
espera de vosotros es que creáis en aquel que él ha
enviado" (v. 29).
La
muchedumbre no está satisfecha (v. 30). El milagro de los
panes no es suficiente; quieren un signo particular y más
estrepitoso, el nuevo milagro del maná (cf. Sal 78,24),
para reconocer al profeta de los tiempos mesiánicos.
Jesús,
en realidad, da verdaderamente el nuevo maná, porque su
alimento es muy superior al que comieron los padres en el
desierto: él da a todos la vida eterna. Pero sólo el
que tiene fe puede recibir ese don. El verdadero alimento no está
en el don de Moisés ni en la ley, sino en el don del Hijo,
que el Padre ofrece a los hombres, porque él es "el
verdadero pan del cielo" (v. 33). La muchedumbre parece haber
comprendido: "Señor, danos siempre de ese pan"
(v. 34). Pero, en realidad, no comprende el valor de lo que pide y
anda lejos de la verdadera fe. Entonces Jesús, evitando
todo equívoco, precisa: " Yo soy el pan de vida. El
que viene a mí no volverá a tener hambre" (v.
35). Él es el don amoroso hecho por el Padre a cada hombre.
Él es la Palabra que han de creer: quien se adhiere a él
da un sentido a su propia vida y consigue su propia felicidad.
MEDITATIO
Es
menester ponerse en el lugar de los interlocutores de Moisés,
de Aarón y de Jesús y comprender sus dificultades,
unas dificultades reales. Los israelitas estaban cargados de
razones para murmurar: qué vida es esta que nos hacéis
llevar en el desierto? Valía la pena? No estábamos
mejor cuando estábamos peor? Quién podría
decir que están equivocados? Se trata de una vida de
miseria y sin perspectivas, de una vida que se desarrolla en una
inseguridad total. Una vida en la que se juegan la supervivencia.
También
los interlocutores de Jesús tenían más de un
motivo para mostrarse perplejos, dado que un hombre, aunque fuera
prestigioso, se autoproclama "el pan de la vida". No es
un poco demasiado? No se está exaltando? No está
exagerando, visto el éxito del milagro? Es cierto que es
capaz de dar pan para comer; ahora bien, para llegar a
considerarse el "pan bajado del cielo", el pan
definitivo, queda todavía mucho trecho. Es preciso
reconocer que los que murmuraban o se mostraban perplejos tenían
sus buenas razones para hacerlo.
Y
debo reconocer que también yo, si me hubiera encontrado en
las mismas circunstancias, habría tenido más o menos
las mismas reacciones, precisamente porque pienso normalmente que
es necesario ser concretos, mantenerse con los pies en el suelo,
no dejarse fascinar ni arrastrar por fáciles entusiasmos
que, después, se revelan ilusorios. Y conmigo, también
la gente de hoy, quizás la gran mayoría, habría
tenido las mismas reacciones razonables, sensatas, casi
obvias. Y tanto más por el hecho de que nuestra sociedad
nos ha educado para prever, calcular, usar la razón.
Sin
embargo...
ORATIO
Fíjate,
Señor, cómo ciertos pasos resultan difíciles.
Y tú lo sabes bien, porque has puesto en nosotros el
instinto de conservación, que es una de las fuerzas más
poderosas que rigen la vida. Hoy te pido que hagas más
poderoso aún este instinto, a saber: que lo extiendas a la
Vida, a la vida que tú prometes, a la vida que debe durar
para siempre, de suerte que pueda sentir dentro de mí las
razones del corazón, las razones de la Vida, la pregunta
sobre el cómo alimentarla.
Te
pido que me hagas percibir este instinto vital superior al menos
con la misma fuerza que el natural, para que mis decisiones sean
prudentes y sabias, no ligadas sólo al sentido común,
y tampoco estén dictadas por la facilidad para creer
cualquier propuesta milagrera.
Otra
cosa te pido aún: concédeme el espíritu de
discernimiento, para que sepa distinguir entre la verdadera fe y
las ilusiones, el carácter razonable de mi modo de pensar y
la apertura a tu posible acción en el mundo.
Haz,
oh Señor, que no desista nunca de ser un hombre bien
arraigado en la realidad y, al mismo tiempo, abierto también
a tu Realidad, a ti, que puedes sorprenderme y venir a mi
encuentro en cualquier momento; a ti, que puedes dar la vuelta en
un instante a la marcha normal de las cosas, para plantearme la
pregunta radical sobre en qué pongo mi confianza.
CONTEMPLATIO
"Descarga
en el Señor tus inquietudes y él te sostendrá"
(Sal 55,23). Qué es lo que te preocupa? Por qué
andas afligido? El que te ha hecho se ocupa de ti. El que ya
cuidaba de ti antes de que existieras no cuidará de ti
ahora que eres lo que él quiso que fueras? No cuidará
de ti el que "hace salir el sol sobre buenos y malos y manda
la lluvia sobre justos e injustos" (Mt 5,45). Se
desentenderá, te abandonará, te dejará solo a
ti, que eres justo y vives en la fe? Al contrario, te colma de
beneficios, te ayuda, te da aquí lo que es necesario, te
defiende de las adversidades.
Concediéndote
dones te consuela para que perseveres, quitándotelos te
corrige para que no perezcas. El Señor cuida de ti, puedes
estar tranquilo; te sostiene aquel que te ha hecho: no caerás
de la mano de tu Creador (Agustín, Comentarios sobre los
salmos, 38,18).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor,
!ayúdame a creer!".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Cada
día trae consigo una sorpresa, pero sólo podemos
verla, oírla, sentirla cuando llega, si la esperamos. No
debemos tener miedo de acoger la sorpresa de cada día,
tanto si llega como un dolor o como una alegría. Ella
abrirá un nuevo espacio en nuestro corazón, un lugar
en el que podremos acoger nuevos amigos y celebrar de un modo más
pleno nuestra humanidad compartida.
Con
todo, el optimismo y la esperanza son dos actitudes radicalmente
diferentes. El optimismo significa esperar que las cosas -el
tiempo, las relaciones humanas, la economía, la situación
política y otras cosas como éstas- mejoren. La
esperanza es la verdadera confianza en que Dios cumplirá
las promesas que nos ha hecho de conducirnos a la verdadera
libertad. El optimista habla de cambios concretos en el futuro. La
persona de esperanza vive en el momento presente sabiendo que en
la vida todo está en buenas manos. Todos los grandes de la
historia han sido personas de esperanza. Abrahán, Moisés,
Rut, María, Jesús, Rumi, Gandhi..., todos ellos
vivieron guardando en su corazón la promesa que les guiaba
hacia el futuro, sin necesidad de saber exactamente cómo
habría de ser (H. J. M. Nouwen, Pane per !I viaggio,
Brescia 1997, pp. 10.25 [edición española: Pan para
el viaje: una guía de sabiduría y de fe para cada
día del año, Ediciones Obelisco, Barcelona 2001]).
Día
5
Lunes de la semana XVIII del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 28,1-17
1
Ese
mismo año, al comienzo del reinado de Sedecías, rey
de Judá, el quinto mes del año cuarto de su reinado,
el profeta Jananías, hijo de Azur, natural de Gabaón,
me dijo en el templo del Señor, en presencia de los
sacerdotes y de todo el pueblo:
2
-Así
dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Yo he roto el
yugo del rey de Babilonia.
3
Dentro
de dos años haré volver a este lugar todos los
enseres del templo del Señor que Nabucodonosor, rey de
Babilonia, se llevó a Babilonia.
4
También
haré volver a Jeconías, hijo de Joaquín, rey
de Judá, y a todos los judíos que fueron deportados
a Babilonia, oráculo del Señor. Sí, yo
romperé el yugo del rey de Babilonia.
5
El
profeta Jeremías dijo al profeta Jananías en
presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo que estaba en el
templo del Señor:
6
-!Así
sea! !Ojalá el Señor cumpla tu profecía y
haga volver desde Babilonia a este lugar todos los enseres del
templo del Señor y a todos los desterrados!
7
Sin
embargo, escucha bien la palabra que pronuncio ante ti y ante todo
el pueblo:
8
Los
profetas anteriores a ti y a mí profetizaron ya desde
antiguo a muchos países y a reinos poderosos guerra, hambre
y peste.
9
El
profeta que anuncia la paz sólo será reconocido como
profeta verdadero, enviado por el Señor, cuando se cumpla
su palabra.
10
Entonces
Jananías quitó el yugo del cuello de Jeremías
y lo rompió.
11
Y
dijo en presencia de todo el pueblo: -Así dice el Señor:
Así romperé yo dentro de dos años el yugo de
Nabucodonosor, rey de Babilonia, quitándolo del cuello de
todas las naciones. Y el profeta Jeremías se fue.
12
Algún
tiempo después de que Jananías rompiera el yugo, el
Señor habló así a Jeremías:
13
-Vete
a decir a Jananías: Así dice el Señor: Has
roto un yugo de madera, pero yo lo sustituiré por uno de
hierro.
14
Pues
así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Voy
a poner un yugo de hierro al cuello de todas estas naciones para
someterlas a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y quedarán
sometidas a él; y también le entrego las bestias del
campo.
15
Entonces
el profeta Jeremías dijo al profeta Jananías:
-Escucha, Jananías: el Señor no te ha enviado, y has
hecho que este pueblo se apoye en la mentira.
16
Por
eso, así dice el Señor: Te haré desaparecer
de la faz de la tierra; este mismo año morirás, por
haber predicado la rebelión contra el Señor.
17
Y
aquel año, en el mes séptimo, murió el
profeta Jananías.
*"-
El episodio que se narra en este fragmento tomado de Jeremías,
que probablemente tengamos que situar hacia el año 594-593
a. de C, plantea la cuestión del discernimiento entre la
verdadera y la falsa profecía. Nabucodonosor había
exiliado a un grupo de judíos, junto con su rey
Jeconías-Joaquín, a Babilonia y había
saqueado el templo {cf 2 Re 24,10ss): el profeta Jananías
predice la liberación de los deportados y también la
restitución de los enseres del templo. Para apoyar su
profecía, lleva a cabo una acción simbólica:
rompe el yugo que Jeremías se había puesto en el
cuello como signo de la pesada dominación a la que
Babilonia había sometido a Judá (w. lOss; cf. Jr
27). Jeremías recuerda a Jananías y a todos los
presentes que una profecía sólo es auténtica
cuando se cumple (w. 7-9; cf. Dt 18,21ss; Jr 23,16-18). Por
su parte, espera que Dios le hable. A pesar de que también
él desea un futuro de libertad y de paz (v. 6), no puede
dejar de ser fiel a aquella palabra que le ha seducido, que le
hace arder por dentro con una fuerza irresistible y que anuncia
desventuras y castigos (cf. Jr 20,7-9).
Jeremías,
dócil instrumento en manos de YHWH, proclama la Palabra
verdadera, aunque resulte impopular: Babilonia hará aún
más pesado su propio dominio, sin que Judá tenga la
posibilidad de sustraerse del mismo (w. 12-14). El castigo que le
espera al falso profeta Jananías será inexorable e
inminente (w. 15ss; cf. Dt 18,20): su muerte atestiguará
la autenticidad de la profecía de Jeremías (v. 17).
Salmo Responsorial
Instrúyeme, Señor, en tus
leyes
Sal
118,29.43.79.80.95.102
Apártame
del camino falso, y
dame la gracia de tu voluntad. R/.
Instrúyeme,
Señor, en tus leyes
No
quites de mi boca las palabras sinceras, porque
yo espero en tus mandamientos. R/.
Instrúyeme,
Señor, en tus leyes
Vuelvan
a mi tus fieles que
hacen caso de tus preceptos. R/.
Instrúyeme,
Señor, en tus leyes
Sea
mi corazón perfecto en tus leyes, así
no quedaré avergonzado. R/.Instrúyeme,
Señor, en tus leyes
Los
malvados me esperaban para perderme, pero
yo meditaba tus preceptos. R/.Instrúyeme,
Señor, en tus leyes
No
me aparto de tus mandamientos, porque
tú me has instruido. R/.
Instrúyeme,
Señor, en tus leyes
Evangelio:
Mateo 14,13-21
En
aquel tiempo,
13
Jesús,
al enterarse de lo sucedido, se retiró de allí en
una barca a un lugar tranquilo para estar a solas. La gente se dio
cuenta y lo siguió a pie desde los pueblos.
14
Cuando
Jesús desembarcó y vio aquel gran gentío,
sintió compasión de ellos y curó a los
enfermos que traían.
15
Al
anochecer, sus discípulos se acercaron a decirle: -El lugar
está despoblado y es ya tarde; despide a la gente para que
vayan a las aldeas y se compren comida.
16
Pero
Jesús les dijo: -No necesitan marcharse; dadles vosotros de
comer.
17
Le
dijeron: -No tenemos aquí más que cinco panes y dos
peces.
18
Él
les dijo: -Traédmelos aquí.
19
Y
después de mandar que la gente se sentase en la hierba,
tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los
ojos al cielo, pronunció la bendición, partió
los panes, se los dio a los discípulos y éstos a la
gente.
20
Comieron
todos hasta hartarse, y recogieron doce canastos llenos de los
trozos sobrantes.
21
Los
que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y
niños.
**•
La noticia de la decapitación de Juan el Bautista sugiere a
Jesús alejarse de la gente (v. 13a) para huir del
presumible intento de matarle a él también, que ya
era objeto de conjura por parte de los fariseos (cf. Mt
12,14).
Sin
embargo, Jesús no abandona la misión que el Padre le
ha confiado (cf. Jn 10,10) y atiende amorosamente la
petición de gestos de salvación por parte de la
muchedumbre (w. 13b-14). El amor de Jesús cura la
enfermedad y sacia el hambre. Con todo, quiere tener necesidad de
la disponibilidad de los discípulos para entregarse a sí
mismos y todo lo que poseen (w. 16ss).
El
relato de los cinco panes que, después de haber sido
bendecidos y partidos, calma el hambre de una multitud de persona
(v. 21) anticipa, en la intención del evangelista, el de la
institución de la eucaristía (cf. Mt 26,26).
Los discípulos serán sus ministros y distribuirán
a los otros el pan que Jesús les ha dado a ellos (v. 19).
Del mismo modo que, por la oración de Eliseo, con veinte
panes fue saciada el hambre de cien personas y aún sobró
(2 Re 4,42-44), así también, y de un modo aún
más significativo, aparecen aquí doce cestas
repletas con las sobras de la comida milagrosa (v. 20).
MEDITATIO
Jeremías
habla de verdaderos y falsos profetas. Dado que todos debemos ser
profetas verdaderos, puesto que todos pertenecemos a un
pueblo profético, cómo hemos de proceder para llegar
a ser verdaderos profetas? No resulta fácil, en efecto, ser
profetas verdaderos, entre otras cosas porque es preciso decir no
las palabras que agradan, sino las palabras que salvan. Y las
palabras que salvan pueden molestar, ser consideradas como
anacrónicas o apocalípticas, inoportunas o
exageradas u otras cosas, de suerte que, por lo general, son
descalificadas en virtud de un mecanismo instintivo de defensa.
El
verdadero profeta es una persona libre, interiormente libre. Es
una persona a la que no le preocupan las audiencias, sino
la fidelidad a Dios. Es una persona que se construye a diario
sobre Dios, que se compara de manera prioritaria con su Palabra y
está preocupada por no traicionarla.
El
profeta -y todo cristiano lo es- se va construyendo lentamente,
porque él mismo debe pasar de los condicionamientos de este
mundo a la fidelidad a Dios. Debe realizar en sí mismo ese
trabajoso camino que le lleva a ver las cosas con los ojos de
Dios. Siempre "con gran temor y temblor", porque
sabe que su manera de pensar puede sobreponerse o hacer de
pantalla al modo de pensar de Dios.
Con
todo, Dios necesita un pueblo profético para hacer oír
su Palabra en la historia siempre complicada de este mundo,
atareado en perderse por senderos que no llevan a ninguna parte.
ORATIO
!Cuántas
palabras, Dios mío! Me quedo trastornado en medio de tanto
rebote de voces que me alcanzan e intentan imponerse. A veces ni
siquiera consigo distinguir las palabras llenas de significado de
las que están vacías, envolturas aparentes de la
nada. Cómo reconocer las palabras que engendran vida y cómo
distinguirlas con claridad de aquellas que la extinguen? Dentro de
mí mismo, Señor, tu Palabra se me presenta como una
entre tantas, y la confundo, y no capto su sonido y su eco
profundo...
Qué
palabras digo, entonces, Dios mío? Jirones de "cosas
ya oídas". Y llego a sentirme sólo un repetidor
de cosas que se dan por descontado, de frases hechas, según
lo que esté de moda.
Me
detengo un momento, Señor: tú me hablas para que yo
hable de ti. Tú te hiciste Palabra por nosotros y yo estoy
llamado a hacerme palabra por los otros: no una
palabra-conjunto-de-sonidos, sino una palabra-vida, una
palabra-persona, una palabra-entrega-de-sí-mismo.
Que
yo obtenga de ti el coraje de ser para mis hermanos, para mis
hermanas, esa palabra que los alimenta, que sacia su deseo de
verdad y de sentido.
CONTEMPLATIO
!Oh
Dios mío, dulzura inefable! Conviérteme en amargura
todo consuelo carnal que me aparta del amor de las cosas eternas,
lisonjeándome torpemente con la vista de bienes temporales
que deleitan.
No
me venza, Dios mío, no me venza la carne y la sangre; no me
engañe el mundo y su breve gloria; no me derribe el demonio
y su astucia.
Dame
fortaleza para resistir, paciencia para sufrir, constancia para
perseverar.
Dame,
en lugar de todas las consolaciones del mundo, la suavísima
unción de tu espíritu, y, en lugar del amor carnal,
infúndeme el amor de tu nombre.
Hijo,
conviene que lo des todo por el todo, y no ser nada de ti mismo.
Sabe
que el amor de ti mismo te daña más que ninguna cosa
del mundo. Según fuere el amor y afición que tienes
a las cosas, estarás más o menos ligado a ellas. Si
tu amor fuere puro, sencillo y bien ordenado, no serás
esclavo de ninguna. No codicies lo que no te conviene tener. No
quieras tener lo que te puede impedir y quitar la libertad
interior
(Tomás
de Kempis, Imitación de Cristo, III, 26,3; 27,1; San
Pablo, Madrid 1997, pp. 181-183).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Habla,
Señor: anunciaré tu Palabra"{cf.
Jr
28,12).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
camino de la experiencia gradual de Dios fue también, para
'la Iglesia de los orígenes, el camino de una libertad cada
vez mayor. Para mí, la vía de la mística es
el auténtico camino hacia la libertad.
Por
el camino místico nos tropezamos, en primer lugar, con
nuestra verdad personal. Y sólo la verdad nos hará
libres. Descubrimos aquí los modelos de vida de los que
somos prisioneros, nuestros modos de ver ilusorios que
distorsionan la realidad y a causa de los cuales nos hacemos mal.
Cuanto más nos acercamos a Dios, con mayor claridad
reconocemos nuestra verdad. Cuanto más unidos estamos a
Dios, más libres nos volvemos.
Todos
anhelamos la libertad, pero la verdadera libertad no consiste en
la liberación con respecto a una soberanía externa a
nosotros mismos, sino que consiste en la libertad interior, en la
libertad respecto al dominio del mundo, en la libertad respecto al
poder de los otros hombres y mujeres, y respecto a la libertad de
las constricciones interiores y exteriores.
Debe
quedar claro que la libertad constituye un aspecto esencial del
mensaje cristiano y que todo camino espiritual auténtico
conduce al final a la libertad interior. Y esto es así
porque la experiencia de Dios y la experiencia de la libertad
están intrínsecamente conectadas (Anselm Grün,
Non farti del male, Brescia 1999, pp. 9ss [edición
española: Portarse bien con uno mismo, Sígueme,
Salamanca 1999]).
Día
6
Transfiguración
del Señor
Del
mismo modo que el episodio de la transfiguración prepara en
el evangelio a los apóstoles para entrar en la comprensión
del misterio de la pasión-muerte de Jesús, así
también en la Iglesia, casi con el mismo propósito,
se celebra la fiesta de la Transfiguración cuarenta días
antes de la correspondiente a la Exaltación de la Cruz. La
fiesta de la Transfiguración ya aparece desde el siglo V en
el calendario de la liturgia oriental para recordar la subida de
Jesús al monte Tabor con Pedro, Santiago y Juan, testigos
privilegiados de su gloria. El episodio está atestiguado de
manera concorde por los evangelios sinópticos. La fiesta se
difundió rápidamente también en la Iglesia
romana, pero no fue introducida oficialmente hasta el año
1457, con ocasión de una victoria obtenida contra los
turcos.
LECTIO
Primera
lectura: Daniel 7,9-10.13ss
9
Mientras
yo continuaba observando, alguien colocó unos tronos y un
anciano se sentó. Sus vestiduras eran blancas como la nieve
y sus cabellos como lana pura; su trono eran llamas; sus ruedas,
un fuego ardiente;
10
fluía
un río de fuego que salía de delante de él;
miles de millares lo servían y miríadas de miríadas
estaban de pie ante él. El tribunal se sentó y se
abrieron los libros.
13
Seguía
yo contemplando estas visiones nocturnas y ví venir sobre
las nubes alguien semejante a un hijo de hombre; se dirigió
hacia el anciano y fue conducido por él.
14
Se
le dio poder, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y
lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará,
y su Reino jamás será destruido.
*••
Al profeta se le revela, en una visión nocturna, el
designio de Dios sobre la historia. Ve la sucesión de los
grandes imperios y de sus violentos dominadores (7,2-8), mas este
espectáculo de la altivez humana se interrumpe: a Daniel se
le ha concedido contemplar los acontecimientos desde el punto de
vista del Señor de la historia. Él es el Juez
omnipotente {cf. v. 10), que conoce y valorará
definitivamente la obra de los hombres, pero es también
alguien que interviene en el tiempo para rescatarlo: en
efecto, a los reinos terrenos se contrapone el Reino que el
"Anciano" confía a la obra de un
misterioso "Hijo de hombre" que viene sobre las
nubes (vv. 13ss). El autor sagrado indica así que este
personaje es un hombre, aunque es de origen divino, celeste.
Ya
no se trata del Mesías davídico esperado para
restaurar con poder el Reino de Israel, sino de su transfiguración
sobrenatural: el Hijo del hombre inaugurará un Reino que,
aunque se inserta en el tiempo, "no es de este
mundo" (Jn 18,36).
Éste
triunfará al final sobre los imperialismos mundanos,
llevando la historia a su cumplimiento escatológico.
Entonces "los santos del Altísimo"
participarán plenamente en la soberanía del Hijo
del hombre y constituirán una sola cosa con él y en
él (Dn 7,18.22.27). Con esta figura bíblica se
identificará Jesús a menudo en su predicación
y, en particular, en la hora decisiva del proceso ante el Sanedrín
que le condenará a morir en la cruz.
Salmo Responsorial
El Señor reina, Altísimo
sobre toda la tierra.
Salmo 96.
El
Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas
innumerables. Tiniebla y nube lo rodea, justicia
y derecho sostienen su trono.
R.
El
Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.
Los montes
se derriten como cera ante el dueño de toda la
tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos
los pueblos contemplan su gloria.
R.
El
Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.
porque Tú
eres, Señor, altísimo sobre toda la
tierra, encumbrado sobre todos los dioses.
R.
El
Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.
El Señor
ama al que aborrece el mal, protege la vida de sus
fieles y los libra de los malvados.
R. El Señor
reina, Altísimo sobre toda la tierra.
Segunda
lectura: 2 Pedro 1,16-19
Queridos:
16
Cuando
os dimos a conocer la venida en poder de nuestro Señor
Jesucristo, no lo hicimos inspirados por fantásticas
leyendas, sino porque fuimos testigos oculares de su grandeza.
17
Él
recibió, en efecto, honor y gloria de Dios Padre cuando se
escuchó sobre él aquella sublime voz de Dios: "Éste
es mi Hijo amado, en quien me complazco".
18
Y
ésta es la voz, venida del cielo, que nosotros escuchamos
cuando estábamos con él en el monte santo.
19
Tenemos
también la palabra de los profetas, que es firmísima,
y hacéis bien en dejaros iluminar por ella, pues es como
una lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte
el día y el lucero matutino se alce en vuestros corazones.
**•
Pedro y sus compañeros han contemplado la grandeza de
Jesús, han oído la voz celestial que le proclamaba
Hijo predilecto, por eso se reconocen portadores de una gracia
mayor que la de los profetas. En efecto, pueden confirmar por
experiencia personal la veracidad de las profecías a las
que Jesús da cumplimiento. La palabra del Antiguo
Testamento, sin embargo, no ha agotado su tarea de "lámpara
que alumbra en la oscuridad" (v. 19): deberá
seguir siempre alumbrando los pasos de los creyentes que avanzan
en medio de las tinieblas de la historia hasta el día sin
ocaso de la venida de Cristo en la gloria {cf. v. 19). En
este camino, la visión radiante de Jesús
transfigurado, que los apóstoles nos atestiguan, sostiene
nuestra fe y enciende de deseo nuestra esperanza: el "lucero
de la mañana" se alza ya en el corazón de
quien vela expectante.
Evangelio:
Marcos 9,2-10
En
aquel tiempo,
2
Jesús
tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, los llevó
a solas a un monte alto y se transfiguró ante ellos.
3
Sus
vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como ningún
batanero del mundo podría blanquearlos.
4
Se
les aparecieron también Elías y Moisés, que
conversaban con Jesús.
5
Pedro
tomó la palabra y dijo a Jesús: -Maestro, !que bien
estamos aquí! Vamos a hacer tres tiendas: una para ti, otra
para Moisés y otra para Elías.
6
Estaban
tan asustados que no sabía lo que decía.
7
Vino
entonces una nube que los cubrió y se oyó una voz
desde la nube:
-Éste
es mi Hijo amado; escuchadlo.
8
De
pronto, cuando miraron alrededor, vieron sólo a Jesús
con ellos.
9
Al
bajar del monte, les ordenó que no contaran a nadie lo que
habían visto hasta que el Hijo del hombre hubiera
resucitado de entre los muertos.
10
Ellos
guardaron el secreto, pero discutían entre sí sobre
lo que significaría aquello de resucitar de entre los
muertos.
*••
El relato de Marcos tiene una connotación particular de
absolutidad que no admite matices de componendas. Absoluta es la
exigencia de soledad, de separación del contexto habitual
(v. 2b); absoluto es el contraste entre el aspecto de Jesús,
contemplado por los tres apóstoles, y la experiencia común
(v. 3). Las figuras de Moisés y Elías evocan
asimismo una decisión neta y radical: en virtud de su
excepcional experiencia en el Horeb/Sinaí y de la fe vivida
integralmente, eran esperados, respectivamente, como el profeta
(Moisés) que viene a introducir al Profeta definitivo, y
como el precursor del Mesías (Elias, cf. v. 11).
El
discípulo se da cuenta de su propia inadecuación.
Las palabras de Pedro no son disparatadas: probablemente, el
acontecimiento tuvo lugar el séptimo día de la
fiesta de las Chozas, durante la cual vivía la gente en
tiendas hechas con ramas; aunque, a buen seguro, la realidad de
que es testigo la supera infinitamente. El Maestro aparece como el
cumplimiento de las expectativas de Israel, y mucho más: es
el Hijo amado, como declara la voz que sale de la nube de la
Presencia de YHWH. Y la invitación que sigue no deja lugar
a la duda: "Escuchadlo" (v. 7). La palabra de
Jesús tenía, por consiguiente, el peso de la
autoridad divina cuando, pocos días antes, había
predicho de manera abierta su crucifixión y la había
propuesto a los discípulos como camino necesario
(8,31.34-37). Ahora bien, si esta exigencia de adhesión
absoluta a la palabra y a la misma persona de Jesús trae
consigo la perdición de nosotros mismos, ofrece también
la promesa de la vida verdadera en el Reino de Dios (8,35). La
promesa de algo cuya realización se entrevé en el
monte de la transfiguración y de lo que Pedro, Santiago y
Juan pregustan el cumplimiento en la belleza que irradia del
rostro de Jesús.
MEDITATIO
Existe
una llama interior que arde en las criaturas y canta su
pertenencia a Dios, y gime por el deseo de él.
Existe
un hilo de oro sutil que une los acontecimientos de la historia en
la mano del Señor, a fin de que no caigan en la nada, y los
conectará finalmente en un bordado maravilloso. El rostro
de Cristo está impreso en el corazón de cada hombre
y le constituye en amado de Dios desde la eternidad. Y están,
a continuación, nuestros pobres ojos ofuscados...,
acostumbrados a dispersarse en la curiosidad epidérmica e
insaciable, trastornados por múltiples impresiones;
nosotros no sabemos ya orientar la mirada al centro de cada
realidad, a su fuente. Nos volvemos incapaces de asumir la mirada
de Dios sobre las cosas, porque nuestra lógica y nuestra
práctica se orientan en dirección opuesta a la suya,
en su esfuerzo por no perder nuestra vida, por no tomar nuestra
cruz. Sólo cuando Jesús nos deja entrever algo de su
fulgurante misterio nos damos cuenta de nuestra habitual ceguera.
La
luz de la transfiguración viene a hendir hoy, si lo
queremos, nuestras tinieblas. Ahora bien, debemos acoger la
invitación a retirarnos a un lugar apartado con Jesús
subiendo a un monte elevado, es decir, aceptar la fatiga que
supone dar los pasos concretos que nos alejan de un ritmo de vida
agitado y nos obligan a prescindir de los fardos inútiles.
Si fuéramos capaces de permanecer un poco en el silencio,
percibiríamos su radiante Presencia. La luz de Jesús
en el Tabor nos hace intuir que el dolor no tiene la última
palabra. La última y única Palabra es este Hijo
predilecto, hecho Siervo de YHWH por amor. Escuchémoslo
mientras nos indica el camino de la vida: vida resucitada en
cuanto dada. Escuchémoslo mientras nos indica
con una claridad absoluta los pasos diarios. Escuchémoslo
mientras nos invita a bajar con él hacia los hermanos.
Entonces el lucero de la mañana se alzará en
nuestros corazones e, iluminando nuestra mirada interior, nos hará
vislumbrar -en la opacidad de las cosas, en la oscuridad de los
acontecimientos, en el rostro de cada nombre- a Dios "todo
en todos", eterna meta de nuestra peregrinación en
el tiempo.
ORATIO
Jesús,
tú eres Dios de Dios, luz de luz. Nosotros lo creemos, pero
nuestros ojos son incapaces de reconocer tu belleza en las
humildes apariencias de que te revistes.
Purifica,
oh Señor, nuestros corazones, porque sólo a los
limpios de corazón has prometido la visión de Dios.
Concédenos
la pobreza interior que nos hace atentos a su Presencia en la vida
diaria, capaces de percibir un rayo de tu luz hasta en los lugares
donde todo aparece oscuro e incomprensible. Haznos silenciosos y
orantes, porque tú eres la Palabra salida del silencio que
el Padre nos pide que escuchemos. Ayúdanos a ser tus
verdaderos discípulos, dispuestos a perder la vida cada día
por ti, por el Evangelio; haz crecer tu amor en nosotros para ser
contigo siervos de los hermanos y ver en cada hombre la luz de tu
rostro.
CONTEMPLATIO
Antes
de tu cruz preciosa, antes de tu pasión, tomando contigo a
los que habías elegido entre tus sagrados discípulos,
subiste al monte Tabor, oh Soberano, queriendo mostrarles tu
gloria. Y ellos, al verte transfigurado y más
resplandeciente que el sol, caídos rostro en tierra, se
quedaron atónitos frente a la soberanía, y
aclamaban: "Tú eres, oh Cristo, la luz sin tiempo y la
irradiación del Padre, aunque, voluntariamente, te hagas
ver en la carne, permaneciendo inmutable".
Tú,
Dios Verbo, que existes antes de los siglos, tú que te
revistes de luz como de un manto, transfigurándote delante
de tus discípulos, oh Verbo, refulgiste más que el
sol. Estaban junto a ti Moisés y Elías, para indicar
que eres el Señor de vivos y de muertos y para dar gloria a
tu economía inefable, a tu misericordia y a tu gran
condescendencia, por la que salvaste al mundo, que se perdía
por el pecado.
Nacido
de nube virginal y hecho carne, transfigurado en el monte Tabor,
Señor, y envuelto por la nube luminosa, mientras
estaban contigo tus discípulos, la voz del Padre te
manifestó distintamente como Hijo amado, consustancial y
reinante con él. De ahí que Pedro, lleno de estupor,
exclamara: "!Qué bien estamos aquí!", sin
saber lo que decía, oh misericordiosísimo Benefactor
(Anthologhion di tutto l'anno, Roma 2000, IV, pp. 871ss).
ACTIO
Repite
a menudo y vive hoy la Palabra: "A
tu luz vemos la luz"(Sal
35,10).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Si
supiéramos reconocer el don de Dios, si supiéramos
experimentar estupor, como el pastor Moisés, ante todas las
zarzas que arden en los bordes de nuestros caminos,
comprenderíamos entonces que la transfiguración del
Señor -la nuestra- empieza con un cierto cambio de nuestra
mirada. Fue la mirada de los apóstoles la que fue
transfigurada; el Señor permanece el mismo.
La
cotidianidad de nuestra vida, trivial y extraordinaria, debería
revelar entonces su deslumbrante profundidad. El mundo entero es
una zarza ardiente, todo ser humano -sea cual sea la impresión
que suscita en nosotros- es esta profundidad de Dios.
Todo
acontecimiento lleva en él un rayo de su luz. Nosotros, que
hemos aprendido a mirar hoy tantas cosas, hemos aprendido los
datos elementales de nuestro oficio de hombres? Se vive, en
efecto, a la medida del amor, pero se ama a la medida de lo que se
ve. Ahora, en la transfiguración, nuestra visión
participa en el misterio, de ahí que el amor esté en
condiciones de brotar de nuestros corazones como fuego que arde
sin consumir, y así puede enseñarnos a vivir.
Debemos
pasar de la somnolencia de la que habla el evangelio a la
auténtica vela, a la vigilancia del corazón. Cuando
despertemos se nos dará la alegría inagotable de la
cruz. Al ver, por fin, en la fe, al hombre en Dios y a Dios en el
hombre -Cristo- nos volveremos capaces de amar y el amor saldrá
victorioso sobre toda muerte.
El
Señor se transfiguró orando; también nosotros
seremos transfigurados únicamente en la oración. Sin
una oración continua, nuestra vida queda desfigurada. Ser
transfigurados es aprender a ver la realidad, es decir, a nuestro
Dios, a Cristo, con los ojos abiertos de par en par. Ciertamente,
en este mundo de locos, siempre tendremos necesidad de cerrar los
ojos y los oídos para recuperar un cierto silencio. Es
necesario, es como una especie de ejercicio para la vida
espiritual. Sin embargo, la vida, la que brota, la vida del Dios
vivo, es contemplarlo con los ojos abiertos. Él está
en el hombre, nosotros estamos en él. Toda la creación
es la zarza ardiente de su parusía. Si nosotros
"esperásemos con amor su venida" (2 Tim
4,8), daríamos un impulso muy diferente a nuestro servicio
en este mundo (J. Corbon, La gioia del Padre, Magnano
1997).
Día
7
Miércoles de la semana
XVIII del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 31,1-7
1
En
aquel tiempo, oráculo del Señor, yo seré el
Dios de todas las familias de Israel y ellas serán mi
pueblo.
2
Así
dice el Señor: Me apiado en el desierto de los que
escaparon de la espada; Israel marcha hacia su reposo.
3
El
Señor se manifiesta de lejos. Con amor eterno te amo, por
eso te mantengo mi favor;
4
te
edificaré de nuevo y serás reedificada, doncella de
Israel; de nuevo tomarás tus panderos y saldrás a
bailar alegremente.
5
De
nuevo plantarás viñas en los montes de Samaría,
y quienes las planten las vendimiarán.
6
Llegará
un día en que los centinelas gritarán en la montaña
de Efraín: "!Venid, subamos a Sión, hacia el
Señor, nuestro Dios!".
7
Así
dice el Señor: !Gritad de alegría por Jacob!
!Ensalzad a la capitana de las naciones! !Que se escuche vuestra
alabanza! Decid: "El Señor ha salvado a su pueblo, al
resto de Israel"!
*••
El oráculo que constituye el fragmento litúrgico de
hoy describe el retorno de los exiliados a la patria. Se trata de
un anuncio dirigido a todo Israel, que, sin estar dividido ya en
dos reinos, vivirá de la única soberanía de
YHWH (V. 1). La iniciativa del retorno corresponde al amor
gratuito y fiel de Dios, que sale al encuentro del pueblo
manifestándole la superabundancia de su ternura (w. 2ss).
Como en tiempos del Éxodo de Egipto, aunque ahora de un
modo todavía más glorioso, YHWH forma la identidad
del pueblo, le da la ciudad donde habitar, la tierra para cultivar
y conseguir su propio sustento (w. 4a.5; cf. Jos 24,13; Sal
107,35-37). El efecto que produce un don tan grande es la alegría,
expresada aquí con el sonido de los instrumentos y las
danzas (v. 4bc).
La
alegría rebosante de Israel contagiará a las
naciones vecinas, las cuales, convergiendo hacia Jerusalén,
restablecida como centro del culto yahvista, alabarán a
Dios por haber llevado a cabo de modo admirable la salvación
-inesperada- del pequeño grupo de los supervivientes de la
deportación (w. 6ss; cf. Sal 105,12-15.43-45; Is
52,7-10).
Salmo Responsorial
El Señor nos guardará como
pastor a su rebaño
Jr
31,10-13
Escuchen,
pueblos, la palabra del Señor, anunciadla
en las islas remotas: <<El
que dispersó a Israel lo reunirá, lo
guardará como pastor a su rebaño.>> R/.El Señor
nos guardará como pastor a su rebaño
Porque
el Señor redimió a Jacob, lo
rescató de una mano más fuerte. Vendrán
con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán
hacia los bienes del Señor. R/.El Señor
nos guardará como pastor a su rebaño
Entonces
se alegrará la doncella en la danza, gozarán
los jóvenes y los viejos; convertiré
su tristeza en gozo, los
alegraré y aliviaré sus penas. R/.
El
Señor nos guardará como pastor a su rebaño
Evangelio:
Mateo 15,21-28
En
aquel tiempo,
21
Jesús
se marchó de Genesaret y se retiró a la región
de Tiro y Sidón.
22
En
esto, una mujer cananea venida de aquellos contornos se puso a
gritar: -Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David; mi
hija vive maltratada por un demonio.
21
Jesús
no le respondió nada. Pero sus discípulos se
acercaron y le decían: -Atiéndela, porque viene
gritando detrás de nosotros.
24
Él
respondió: -Dios me ha enviado sólo a las ovejas
perdidas del pueblo de Israel.
25
Pero
ella fue, se postró ante Jesús y le suplicó:
-!Señor, socórreme!
26
Él
respondió: -No está bien tomar el pan de los hijos
para echárselo a los perrillos. Ella replicó:
27
-Eso
es cierto, Señor, pero también los perrillos comen
las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28
Entonces
Jesús le dijo: -!Mujer, qué grande es tu fe! Que te
suceda lo que pides. Y desde aquel momento quedó curada su
hija.ç
**•
Jesús había dispensado una enseñanza
religiosa que parecía revolucionaria a sus contemporáneos.
Afirmaba que el origen de toda impureza se encuentra en el corazón
del hombre y es consecuencia del uso equivocado de la libertad
(cf. Mt 15,10-20). Esto desquiciaba la instalación
legalista del judaísmo fariseo, introduciendo como criterio
de religiosidad auténtica la actitud interior del hombre;
una actitud que se condensa en la fe, esto es, en la confianza en
Dios y en su amor preveniente.
Precisamente,
eso es lo que la mujer extranjera y pagana vive (v. 28) invocando
con perseverancia a Jesús, al que reconoce como Mesías
y Salvador (w. 22.23b.25).
El
encuentro entre Jesús y la mujer cananea anuncia y realiza
ya el encuentro entre la salvación y el paganismo.
Sin
negar la elección preferencial de Israel, "hijo
primogénito " (v. 24; cf. Os 11,1; Mt 10,5ss),
la misión salvífica de Jesús se dirige a todo
el mundo. Ésa será asimismo la característica
de la acción de la Iglesia, por mandato específico
de su Señor y Maestro (cf. Mt 28,18-20).
MEDITATIO
La
relación del creyente con Dios no es una relación
económica, una relación que pueda medirse en
términos de dar y recibir. Es, más bien, la
respuesta a una sorpresa: Dios me ama, y lo hace con un amor
"excesivo", un amor que se sitúa fuera de las
medidas del espacio y del tiempo. Eterno, por todas partes, para
todos, por libre iniciativa, suya no condicionada por mi
respuesta.
Dios
se muestra incansablemente oferente. En algunas ocasiones, cierto
lenguaje parece subentender que soy yo quien complace a Dios
prestando atención a sus palabras. Pero no es así:
Dios me precede siempre y de manera superabundante; al mismo
tiempo, me deja la alegría de pedir, preludio del estupor
que produce recibir. Puedo entrar en este dinamismo vital del amor
si me fío de él, que me habla de la historia que
quiere escribir conmigo. Quienquiera que yo sea, puedo suscitar en
mi corazón el deseo de que muestre su amor en mí. No
existe el menor impedimento para nadie: la vía de la
relación vital y fecunda con Dios está abierta de
par en par para todos.
ORATIO
Estaba
lejos de ti
y
tú viniste a buscarme.
Estaba
en peligro de muerte
y
tú viniste a salvarme.
Estaba
sin esperanza
y
viniste a serenar mi vida.
Estaba
cansado de tanto gritar
y
tú me respondiste
y
me escuchaste...
Ahora
sé que me amas desde siempre,
y
por siempre, Dios mío, cantaré tu amor.
CONTEMPLATIO
Jesús
es médico de las almas y de los cuerpos: si tienes una
herida, te llevaré a él y le suplicaré que te
cure, si tú lo quieres también; puesto que es él
quien da todos los dones buenos, te concederá no sólo
lo que le pidas, sino infinitamente más de lo que pidas. Me
acercaré a él con mucha audacia en favor tuyo, pero,
si no te acercas tú también, será una gran
vergüenza. Jesús no rechaza a nadie. Nuestro Dios y
salvador quiere que nos salvemos, pero nos corresponde a nosotros
gritar incesantemente: "!Sálvame, Señor!".
Y él te salva (Barsanufio y Juan de Gaza, Epistolario,
Roma 1991, pp. 240ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Con
amor eterno te amo"(Jr
31,3b).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Toda
la naturaleza es caridad, pero sólo el místico
vive este amor de una manera experimental. El amor de Dios nos
rodea por todas partes. Su amor es el agua que bebemos, el aire
que respiramos y la luz que vemos. Toaos los fenómenos
naturales no son más que formas materiales diferentes del
amor de Dios. Nos movemos dentro de su amor como el pez en el
agua. Y estamos tan cerca de él, tan embebidos de su amor y
de sus dones (nosotros mismos somos don suyo), que no nos damos
cuenta de ello por falta de perspectiva. Su amor nos rodea por
todas partes y no lo sentimos, como tampoco sentimos la presión
atmosférica.
Dios
ha provisto a la tierra durante cuatro mil millones de años
y se ha preocupado de los pájaros y de los insectos durante
cientos de millones de años; pero tú te sientes sólo
y abandonado en el universo y caminas preocupado por tus asuntos
como si nadie se preocupara de ti. Olvidas que alguien se preocupa
a cada instante de todos tus trabajos, regula el movimiento de tu
sangre y el funcionamiento de todas tus glándulas. Y crees
que los pequeños problemas de tu vida práctica sólo
tú, en todo el universo, puedes resolverlos.
El
escucha el grito del ciervo en el arroyo que le pide una compañera
y se la da. Se preocupa del cuclillo aue pide su comida. Guía
a las cigüeñas en su emigración. Vela sobre la
comadreja y el tejón cuando duermen en sus madrigueras. La
rana, el escarabajo y el cuervo encuentran el alimento cada día
a la hora debida. "Todos, Señor, están
pendientes de ti, y esperan que les des la comida a su tiempo. Tú
se la das y ellos la toman, bres tu mano y quedan saciados"
(Sal 103) (É. Cardenal, Canto all'amore, Asís
1982, pp. 53ss).
Día
8
Jueves de la semana XVIII del
Tiempo ordinario o 8 de agosto,
Santo Domingo
Nació
en Caleruega (Burgos), en España, en 1172. Hacia 1196 se
convirtió en canónigo del capítulo de la
catedral de El Burgo de Osma (Soria). Acompañó al
obispo Diego en una importante misión por el norte de Europa.
Al pasar por el sur de Francia, vio claramente el daño que la
herejía cátara estaba haciendo entre los fieles y
maduró el designio de reunir a algunas personas que se
dedicaran a la evangelización a través de la
predicación pobre, estable y organizada del Evangelio.
Este
proyecto, aprobado por vez primera por Inocencio III, fue reconocido
definitivamente por Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Este
último llamó "Hermanos Predicadores" a sus
miembros. Domingo diseminó de inmediato a los hermanos que le
siguieron por las regiones más remotas de Europa. Solía
decir: "No es bueno que el grano se amontone y se pudra".
Precisó
en dos congregaciones generales los fundamentos y los elementos
arquitectónicos de su familia religiosa: vida en común
pobre y obediente, la oración litúrgica, el estudio
asiduo de la Verdad ordenado a la predicación, entendida como
contemplación en voz alta, participación en la misión
propia de la Iglesia, sobre todo en las tierras todavía no
evangelizadas.
Hombre
genial, sabio, misericordioso, era "tierno como una madre y
fuerte como el diamante" (Lacordaire). Murió en Bolonia
el 6 de agosto de 1221. Gregorio IX lo canonizó el 3 de julio
de 1234.
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 31,31-34
31
Vienen
días, oráculo del Señor, en que yo sellaré
con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá una alianza
nueva.
32
No
como la alianza que sellé con sus antepasados el día en
que los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Entonces
ellos violaron la alianza, a pesar de que yo era su dueño,
oráculo del Señor.
33
Ésta
será la alianza que haré con el pueblo de Israel
después de aquellos días, oráculo del Señor:
Pondré mi Ley en su interior; la escribiré en su
corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi
pueblo.
34
Para
instruirse no necesitarán animarse unos a otros diciendo:
"!Conoced al Señor!", porque me conocerán
todos, desde el más pequeño hasta el mayor, oráculo
del Señor. Yo perdonaré su maldad y no me acordaré
más de sus pecados.
**•
El retorno de todo Israel a su territorio y el restablecimiento de
una vida libre y armoniosa alcanza su cima en la estipulación
de la "alianza nueva" (v. 31). Este anuncio, punto
culminante de la profecía de Jeremías y, tal vez, de
toda la literatura profética, declara que la intervención
de YHWH marca un cambio en el curso de la historia. Él es el
Señor, que, inclinándose sobre Israel, lo ha llevado
sobre sus alas (cf. Dt 32,11; Os 11,4) y, con la alianza del
Sinaí lo ha constituido en propiedad suya (cf. Dt
32,9). Sin embargo, la infidelidad ha sido constante a lo largo de la
vida del pueblo (v. 32): Israel se ha mostrado incapaz de observar
los mandamientos -leyes de vida-, faltando al compromiso asumido (cf.
Ex 24,3; Jos 24,24).
He
aquí, pues, la novedad de la intervención de YHWH: la
Ley no volverá a ser exterior al hombre, no volverá a
estar escrita en tablas de piedra, sino que será interior,
estará escrita "en su corazón" (v.
33). La fidelidad a esa Ley se lleva a cabo no tanto a través
de observancias rituales formales como a través de la
interiorización de valores, como la obediencia y el amor, y su
actuación. Eso es algo que será posible para todo el
mundo, sin distinción: YHWH crea la condición necesaria
para ello perdonando el pecado. Se trata de una renovación
radical de la persona, de suerte que cada uno se encuentre en
condiciones de conocer la voluntad de Dios impresa en lo más
íntimo de sí mismo y de ponerla en práctica (v.
34a): de este modo, se lleva a cabo la recíproca pertenencia
entre Dios y el hombre (v. 33c), don de la infinita misericordia
divina.
Salmo Responsorial
Oh Dios, crea en mí un corazón
puro
Salmo
50
Oh
Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame
por dentro con espíritu firme; no
me arrojes lejos de tu rostro, no
me quites tu santo espíritu. R/.Oh Dios,
crea en mí un corazón puro
Devuélveme
la alegría de tu salvación, afiánzame
con espíritu generoso: enseñaré
a los malvados tus caminos, los
pecadores volverán a ti. R/.Oh Dios,
crea en mí un corazón puro
Los
sacrificios no te satisfacen: si
te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi
sacrificio es un espíritu quebrantado; un
corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.
R/.Oh Dios,
crea en mí un corazón puro
Evangelio:
Mateo 16,13-23
En
aquel tiempo,
13
de
camino hacia la región de Cesárea de Filipo, Jesús
preguntó a sus discípulos: -Quién dice la gente
que es el Hijo del hombre?
14
Ellos
le contestaron: -Unos que Juan el Bautista; otros, que Elías;
otros, que Jeremías o uno de los profetas.
15
Jesús
les preguntó: -Y vosotros, quién decís que soy
yo?
16
Simón
Pedro respondió: -Tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios vivo.
17
Jesús
le dijo: -Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso
no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está
en los cielos.
18
Yo
te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia, y el poder del abismo no la hará perecer.
19
Te
daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la
tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la
tierra quedará desatado en el cielo.
20
Entonces
mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él
era el Mesías.
21
Desde
entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos
que tenía que ir a Jerusalén y que tenía que
sufrir mucho por causa de los ancianos, los jefes de los sacerdotes y
los maestros de la Ley; que lo matarían y al tercer día
resucitaría.
22
Entonces
Pedro, tomándolo aparte, se puso a recriminarle: -Dios no lo
quiera, Señor; no te ocurrirá eso.
23
Pero
Jesús, volviéndose, dijo a Pedro: -!Ponte detrás
de mí, Satanás! Eres para mí un obstáculo,
porque tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los
hombres.
*"
El evangelio de Mateo marca un giro decisivo a partir del episodio
narrado en el fragmento de la liturgia de hoy, en el que Jesús
comprueba la comprensión que tienen los discípulos de
su identidad (v. 15). Si las obras y las palabras de Jesús de
Nazaret habían manifestado su misión mesiánica
de un modo comprensible a la gente, que reacciona creyendo en él
(w. 13ss), a excepción de los habitantes de Nazaret (cf.
13,53-58), los discípulos, por boca de Pedro, reconocen
asimismo su naturaleza divina (v. 16).
En
esta escena cobra un gran relieve la persona de Pedro. Éste, a
la profesión de fe en el Hijo de Dios, le opone, a renglón
seguido, el rechazo al Siervo de YHWH (w. 21ss). Primero recibe de
Jesús una autoridad plena respecto a la comunidad de los
discípulos (w. 18ss; cf. los símbolos de las
llaves y de las acciones de atar y desatar) y, poco después se
le llama "Satanás", puesto que su modo de ver
resulta antitético con respecto al de
Dios
y representa un obstáculo para Jesús en el cumplimiento
de la voluntad del Padre (v. 23).
Las
contradicciones que marcan el discipulado de Pedro (cf. Me
14,26-31.66-72) otorgan un relieve particular a la obra de la gracia
divina en la fragilidad humana: en eso consiste el misterio de la
Iglesia, cuyo "jefe" es tal no por méritos
personales, sino porque Dios le confía el servicio que lo
constituye en punto de referencia para los hermanos. Es Dios quien
garantiza la firmeza de la comunidad en la lucha que desarrollan el
mal y la muerte contra el amor y la vida (v. 18). La confianza
respecto a Pedro es plena: sus decisiones las hará suyas Dios
(v. 19). Pero el mesianismo sufriente encarnado por Jesús ha
sido elegido libremente y es imposible detenerlo: la salvación
y la gloria pasan inequívocamente por la cruz (v. 21).
MEDITATIO
Domingo,
fiel a la consigna del Señor, exigía que la predicación
de sus hermanos brotara de la comunión en la verdad y de la
contemplación. Pedía realizar la verdad, configurarse a
ella en la vida y en el anuncio, no como se acostumbra a hacerlo en
un lugar o en otro, sino como lo exige la Palabra de Dios transmitida
por la Iglesia. Quería que antepusieran la verdad a la
oportunidad, de modo que la verdad amada, contemplada, celebrada,
estudiada, anunciada, alabada, constituyera el marco de su vida.
La
verdad tiene sus exigencias imprescindibles. Se abre camino por
convencimiento, no por constricción, y por eso exige una
profunda comunión de vida, celebración ferviente de su
belleza, asiduo estudio de sus expectativas, vida ejemplar. La
convicción es fruto de una inteligencia amorosa y desemboca en
el obrar por el deseo de semejanza con el ser amado. No pasa de una
persona a otra; se engendra en cada persona que llega a ella bajo el
estímulo de la palabra y del ejemplo. Esto hace, ciertamente,
que el mensajero del Evangelio sea un mendicante de verdad, con todo
el rigor del término.
La
verdad que anuncia no es suya, no puede hacer lo que quiera con ella;
implora que le sea dada, la admira, la estudia, la contempla, hace
todo para que sea amada, realizada. Ora e implora a fin de que los
corazones humanos no se cierren a la escucha, aunque sabe que esto
deriva preponderantemente del consentimiento de la persona a la
gracia. Cuando lo ha hecho todo se siente un siervo inútil y,
junto a la persona que cree, alaba al Dios de la misericordia y de la
luz. Esta orientación de vida ha sido traicionada con
frecuencia. Los resultados negativos de esta omisión agudizan
la nostalgia de que el anuncio del Evangelio se inspire siempre en el
ejemplo de los apóstoles vivificados por el Espíritu y
vaya acompañado por la imploración del perdón y
de la misericordia.
ORATIO
En
tu Providencia, oh Dios, enviaste a la humanidad sedienta a santo
Domingo, heraldo de tu verdad, tomada de la fuente del Salvador.
Sostenido siempre por la Madre de tu Hijo y abrasado de celo por las
almas, asumió para sí y para sus discípulos,
recogidos por el Espíritu Santo, el ministerio del Verbo,
llevando a Cristo con la doctrina y con el ejemplo a innumerables
hermanos.
Atento
a hablar contigo y de ti, creció en la sabiduría y,
haciendo brotar el apostolado de la contemplación, se consagró
totalmente a la renovación de la Iglesia...
Para
el esplendor y la defensa de la misma, quisiste que restableciera la
vida de los apóstoles. Él, siguiendo las huellas del
Cristo pobre, con la predicación volvió a llamar a los
errantes a la verdad evangélica y conquistó para Cristo
a innumerables hermanos; reunió con sabiduría en torno
a sí a otros discípulos, a fin de que sostenidos por la
luz de la ciencia se consagraran a la salvación de la
humanidad (de los dos Prefacios del rito dominicano, que
celebran la gloria de santo Domingo).
CONTEMPLATIO
[Habla
Dios Padre:] Y si miras la barquilla de tu padre Domingo, hijito mío
amado, él la ordenó con un orden perfecto y quiso que
atendiera sólo a mi honor y a la salvación de las almas
con la luz de la ciencia. Sobre esta luz quiso constituir su
principio, sin estar privada, no obstante, de la pobreza verdadera y
voluntaria. Incluso la tuvo, y en señal de que la tenía
y le disgustaba lo contrario, dejó en testamento a los suyos
como herencia su maldición, si poseían o tomaban
posesión alguna, en particular o en general, como señal
de que había elegido como esposa a la reina de la pobreza.
Sin
embargo, como su objeto más propio tomó la luz de la
ciencia, a fin de extirpar los errores que se habían levantado
en aquel tiempo. Tomó el ministerio de mi Hijito el Verbo
unigénito. Aparecía directamente en el mundo un apóstol
que con mucha verdad y luz sembraba mi palabra, levantando las
tinieblas y dando la luz. Fue una luz que se puso en el mundo por
medio de María, puesto en el cuerpo místico de la santa
Iglesia como extirpador de las herejías. Por qué dije
"por medio de María"? Porque le dio el hábito,
el ministerio de mi bondad encomendado a ella... Hizo que su
barquilla estuviera atada con estas tres cuerdas: la obediencia, la
continencia y la verdadera pobreza; la hizo completamente generosa,
alegre, olorosa: un jardín repleto de todo deleite en sí
mismo (Catalina de Siena, Diálogo, Siena 1995, pp.
539ss [edición española: El diálogo,
Ediciones Rialp, Madrid 1956]).
ACTIO
Repite
y medita a menudo durante el día esta expresión
gemidora de santo Domingo: "Ten
piedad, Señor, de tu pueblo; si no, qué será de
los pecadores?".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
primer modo de orar consistía en humillarse ante el altar como
si Cristo, representado en él, estuviera allí real y
personalmente, y no sólo a través del símbolo.
Se comportaba así en conformidad al siguiente fragmento del
libro de Judit: Te ha agradado siempre la oración de los
mansos y humildes (Jdt 9,1 ó). Por la humildad obtuvo la
cananea cuanto deseaba (Mt 15,21-28), y lo mismo el hijo pródigo
(Le 15,11-32). También se inspiraba en estas palabras: Yo no
soy digno de que entres en mi casa (Mt 8,8); Señor, ante ti me
he humillado siempre (Sal 146,61). Y así, nuestro Padre,
manteniendo el cuerpo erguido, inclinaba la cabeza y, mirando
humildemente a Cristo, le reverenciaba con todo su ser, considerando
su condición de siervo y la excelencia de Cristo. Enseñaba
a hacerlo así a los frailes cuando pasaban delante del
crucifijo, para que Cristo, humillado por nosotros hasta el extremo,
nos viera humillados ante su majestad.
Mandaba
también a los frailes que se humillaran de este modo ante el
misterio de la Santísima Trinidad, cuando se cantara el Gloria
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. [...]
Después
de esto, santo Domingo, ante el altar de la iglesia o en la sala
capitular, se volvía hacia el crucifijo, lo miraba con suma
atención y se arrodillaba una y otra vez; hacía muchas
genuflexiones, a veces, tras el rezo de completas y hasta la media
noche, ora se levantaba, ora se arrodillaba, como hacía el
apóstol Santiago, o el leproso del evangelio que decía,
hincado de rodillas: Señor, si quieres, puedes curarme (Mt
8,2); o como Esteban, que, arrodillado, clamaba con fuerte voz: No
les tengas en cuenta este pecado (Hcfi7,60). El padre santo Domingo
tenía una gran confianza en l a misericordia de Dios, en favor
suyo, en bien de todos los pecadores y en el amparo de los
frailes jóvenes que enviaba a predicar. [...] Enseñaba
a los frailes a orar de esta misma manera, más con el ejemplo
que con las palabras (I. Taurisano, Il nove modi di pregare di san
Dominico, ASOP 1922, pp. 96ss).
Día
9
Viernes de la semana XVIII del
Tiempo ordinario,
Santa Teresa Benedicta de la
Cruz, virgen y mártir, patrona de Europa
Nació de padres
judíos en Breslau el año 1891. Estudió
filosofía en Breslau y Gottinga, se hizo discípula
de Husserl y al clasificar los escritos de A. Reinach conoció
a su viuda, fervorosa cristiana. En 1921 leyó la biografía
de santa Teresa de Ávila. Tras haber buscado durante largo
tiempo la verdad, recibió el don de la fe y se convirtió
a la Iglesia católica. Recibió el Bautismo el día
1 de enero de 1922. Desde ese momento, sirvió a Dios
ejerciendo su oficio de profesora y publicando obras filosóficas.
En 1933 ingresó en las Carmelitas Descalzas de Colonia y
cambió de nombre. Impelida a ausentarse de su patria a
causa de la persecución de los judíos, fue acogida
en el convento de las Carmelitas de Echt (Holanda) en diciembre de
1938. Fue detenida por la Gestapo el 2 de agosto de 1942 y
deportada al campo de concentración de Auschwitz (Polonia).
Allí murió el 9 de agosto de 1942 en la cámara
de gas. Juan Pablo II la canonizó en 1998, y la nombró
copatrona de Europa en 1999.- Oración:
Dios de nuestros padres, que guiaste a tu mártir santa
Teresa Benedicta al conocimiento de tu Hijo crucificado y a
imitarle hasta la muerte, concédenos por su intercesión
que todos los hombres reconozcan en Cristo a su Salvador y, por
medio de Él, puedan contemplarte para siempre. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Primera Lectura:
Oseas 2, 16b 17de. 21-22
16
Por
eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré
a su corazón. 17
Allí
le daré sus viñas, el valle de Akor lo haré
puerta de esperanza; y ella responderá allí como en
los días de su juventud, como el día en que subía
del país de Egipto. 18
Y
sucederá aquel día - oráculo de Yahveh - que
ella me llamará: "Marido mío", y no me
llamará más: "Baal mío." 19
Yo
quitaré de su boca los nombres de los Baales, y no se
mentarán más por su nombre. 20
Haré
en su favor un pacto el día aquel con la bestia del campo,
con el ave del cielo, con el reptil del suelo; arco, espada y
guerra los quebraré lejos de esta tierra, y haré que
ellos reposen en seguro. 21
Yo
te desposaré conmigo para siempre; te desposaré
conmigo en justicia y en derecho en amor y en compasión,
22
te
desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás
a Yahveh.
Salmo Responsorial
Escucha, hija, mira: inclina el
oído.
Salmo 44,11. 12ab. 16
11Escucha,
hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa
paterna; 12prendado
está el rey de tu belleza: póstrate ante él,
que él es tu señor.
16las
traen entre alegría y algazara, van entrando en el
palacio real.
Evangelio: Mateo 25,
1-13
1
"Entonces
el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes,
que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del
novio.
2 Cinco
de ellas eran necias, y cinco prudentes.
3 Las
necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron
de aceite;
4 las
prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite
en las alcuzas.
5 Como
el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron.
6 Mas
a media noche se oyó un grito: "!Ya está aquí
el novio! !Salid a su encuentro!"
7
Entonces
todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus
lámparas.
8 Y
las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro
aceite, que nuestras lámparas se apagan."
9 Pero
las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para
nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los
vendedores y os lo compréis."
10
Mientras
iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban
preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró
la puerta.
11 Más
tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: "!Señor,
señor, ábrenos!"
12 Pero
él respondió: "En verdad os digo que no os
conozco."
13
Velad,
pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.
++** El tema principal de
esta parábola es la necesidad de estar preparados en todo
tiempo como hijos de Dios para la llegada del Señor
Jesucristo desde los cielos, para traer el juicio a las naciones,
y la entrada culminante al reino eterno. La identificación
de las diez vírgenes, cinco de ellas prudente y cinco
insensatas, es clave para ir aclarando el propósito de la
parábola. Las cinco prudentes representan aquellos que
hacen la voluntad de Dios esperando el novio, acorde al
mandamiento dado por el Señor Jesucristo, y las cinco
insensatas son los que no están preparados para la venida
del Señor, pues se quedan estancados en no hacer la
voluntad de Dios.
El Señor Jesucristo
en el episodio de la tentación que vivió en el
desierto, nos enseña que la fortaleza espiritual, viene por
el pan diario, la palabra de Dios, pero si pensamos que fuimos a
la iglesia el domingo, y lo que recibimos nos sostendrá
hasta el próximo, entonces nuestra mente y corazón
no se prepara para los días de la semana, y no soportamos
la tentación; aunque todas las vírgenes se durmieron
en la parábola, lo que se enfatiza en su preparación
para la boda; es exactamente lo que nuestro Salvador nos llama a
que comamos diariamente del pan de vida, para poder resistir,
soportar, aguardar con paciencia hasta la venida de nuestro Señor
y Salvador desde el cielo, con sus ángeles en llama de
fuego.
**•
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, su nombre como monja carmelita,
siempre buscó, siempre esperó con ansia al Esposo,
del que nos habla el evangelio de hoy. Desde su fe judía,
poco a poco, se fue acercando al catolicismo. En el verano de
1921, cayó en sus manos la autobiografía de Teresa
de Ávila. Después de leerla durante toda la noche,
afirmó: “Cuando cerré el libro, me dije: esta
es la verdad”. Y después de un cierto tiempo, ingresó
en las carmelitas contemplativas.
Cómo podemos leer
los cristianos de hoy esta parábola del reino de Dios y las
diez doncellas? Hace tiempo que el Esposo, que Cristo Jesús
ha llegado a nuestra vida, nos ha seducido, nos ha invitado a
seguirle, hemos prometido seguirle donde quiera que vaya. Lo
nuestro, cada mañana, al despertar la aurora, es
mantenernos en contacto con él, agudizar nuestro oído
para escuchar sus palabras de vida, es abrirle, más y más,
nuestro corazón, para que se apodere de él, y sea el
rey y señor de nuestra vida, el que rija y dirija nuestro
pasos.
Edith Stein,
posteriormente Teresa Benedicta de la Cruz, nació en la
ciudad alemana de Breslavia el 12 de octubre de 1891. Falleció
en Auschwiitz el 9 de agosto de 1942. Juan Pablo II la canonizó
el 11 de octubre de 1998. Es copatrona de Europa
MEDITATIO
Jesús
no buscó para sí, durante su vida, cargos públicos
ni puestos de prestigio, tampoco se dejó impresionar por
los títulos honoríficos de la gente que tenía
delante, ni por su experiencia, ni por los años, ni por las
canas: miraba a cada hombre a los ojos sin ninguna timidez, leía
hasta el fondo sus pensamientos e intenciones.
Jesús,
para liberarnos de todo desvarío de grandeza y permitirnos
construir verdaderas comunidades, nos indicó el camino del
hacernos niños, la vía de la infancia espiritual
recorrida sabiamente por santa Teresa del Niño Jesús.
Lo que une no es la habilidad real o presunta, sino la "pequeñez"
acogida en el Hijo, el hacerse como niños los unos ante los
otros y ante Dios. Hacerse como niños no es poner en marcha
un proceso de involución, sino llevar a cabo un cambio
radical, una conversión radical, en nuestro modo de ser
ante Dios y ante los otros. Hacerse como un niño es hacer
sitio a la confianza que el pequeño muestra frente a sus
padres, a la serenidad y al optimismo con que mira al futuro. El
niño se abre cada día, con una disponibilidad
siempre fresca, a las nuevas experiencias. Hacerse como un niño
es fiarse, no temer "enredos", no hacer cálculos,
no preguntarse si y cuánto ganaremos. Hacerse como un niño
es olvidar lo que hemos hecho y lo que hemos sufrido, no
encerrarnos en nosotros mismos con resentimiento o malhumorados
por las amarguras que hemos pasado. Lo que mantiene la unión
no es el acuerdo impecable y perfecto, sino el perdón
recibido y otorgado de manera constante.
Conseguir
el corazón, la mente y los ojos de un niño se
convierte realmente en una conquista. Y está fuera
de duda que la vive de un modo más consciente y pleno
precisamente quien ha vivido más, quien más se ha
entregado, quien más ha sufrido. La comunidad se construye
sobre todo cuando tiene en su centro, como valor absoluto, a aquel
que se hizo el último y siervo de todos: al Señor
crucificado, revelación del Dios amor que se hizo pequeño
para acoger a los pequeños. Llegar a ser niños es
una espiritualidad que puede crecer con los años.
ORATIO
Señor,
debo ser como un niño del evangelio? Yo, Señor, a
quien tanto gusta mandar y hacer que los otros se plieguen a mi
voluntad? Yo, que deseo ser el más grande? Yo, que deseo
tener siempre razón y obligar a los otros a callar para
hacerme escuchar el primero?
Yo,
que estallo de cólera para conseguir imponer mis caprichos?
Precisamente yo, Señor?
Tómame,
Señor, como aprendiz, para llegar a ser un niño del
evangelio. Enséñame tu mandamiento: a amar a Dios
sobre todas las cosas y a servir al prójimo en primer
lugar. Enséñame a estar atento a tu Palabra, que
cambia la vida. Llévame lejos del orgullo y de la mentira.
Instruye mi espíritu para que pueda buscarte y seguirte con
todo el corazón. !Oh Señor, me gustaría tanto
llegar a ser un niño del evangelio! (Ch. Singer - A. Hari,
Incontrare Gesú Cristo oggi, Bolonia 1994 [edición
española: Encontrar a Jesucristo hoy, Editorial
Verbo Divino, Estella 1993]).
CONTEMPLATIO
Oh
Dios, Padre, gracias por habernos revelado lo más profundo
de tu ser, por habernos dicho que en ti no hay sólo
potencia, soberanía, ciencia y majestad, sino también
inocencia, infancia y ternura infinitas. Sí, porque eres
Padre, infinitamente Padre.
Nosotros
no lo sabíamos antes, no podíamos-saberlo; ha sido
necesario que nos enviases a tu Hijo para que lo
descubriéramos. Él se hizo niño y así
pudo decirnos que nos hiciéramos como niños para
formar parte de tu Reino.
Él,
que era Dios, con una grandeza infinita, se hizo tan pequeño,
tan humilde ante nosotros que sólo los ojos de la fe y los
ojos de los sencillos lo pueden reconocer.
Vino
como niño para hacer desaparecer todos nuestros miedos y
poner dentro de nosotros tanto amor y confianza que pudiéramos
abandonarnos felices como niños en tus manos.
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tus
preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi
corazón"(del
salmo responsorial).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Creo
cada vez más en el Evangelio, en su sencillez, y comprendo
la preocupación con que hablaba Jesús a sus íntimos:
"Si no os hacéis como los niños no entraréis
en el Reino de los Cielos". Hacerse niños no es
una cosa fácil para hombres minados por el orgullo como
nosotros. Y por eso nos advirtió Jesús con tanta
dureza: "No entraréis".
Sé
que no seré creído, pero afirmo sin el menor asomo
de duda que el comienzo en serio de la vida espiritual tiene lugar
cuando el hombre lleva a cabo un auténtico acto de
humildad, v, con frecuencia, la propedéutica de la fe en la
mayoría de los nombres, o la maduración de la misma
en otros, queda bloqueada, envenenada, torturada, prolongada al
infinito por la incapacidad para llegar a ser niños y
echarse en los brazos del misterio de Dios con un alma de
chiquillo... Sí, hacerse pequeños, más
pequeños aún, lo más pequeños posible:
ése es el gran secreto de la vida mística.
Y
cuando quedamos reducidos a un punto, sin más consistencia
que la del alma que mira, o la del corazón que ama,
entonces hemos de acostumbrarnos a invertir la posición, la
eterna posición del orgullo, la difícil posición
del yo que se cree siempre el centro del universo (C. Carretto, Al
ai lá delle cose, Asís 251998 [edición
española: Más allá de las cosas, Ediciones
San Pablo, Madrid 1995]).
Día
10
Sábado de la semana
XVIII del Tiempo ordinario o 10 de agosto,
San Lorenzo
Lorenzo
nació en Huesca (España). El papa Sixto II le
recibió en Roma. Fue archidiácono al servicio de la
Iglesia en tiempos de persecución. Cuando el 6 de agosto
del año 258 fue llevado el papa al suplicio, le recomendó
que distribuyera entre los pobres los bienes de la Iglesia y le
profetizó el martirio, lo que tuvo lugar el 10 de agosto.
El emperador Valeriano le condenó a morir en una parrilla.
Sus reliquias se encuentran en San Lorenzo Extramuros.
LECTIO
Primera
lectura: 2 Corintios 9,6-10
Hermanos:
6
Tened
esto presente: el que siembra con miseria, miseria cosecha; el que
siembra generosamente, generosamente cosecha.
7
Que
cada uno dé según su conciencia, no de mala gana ni
como obligado, porque Dios ama al que da con alegría.
8
Dios,
por su parte, puede colmaros de dones, de modo que teniendo
siempre y en todas las cosas lo suficiente, os sobre incluso para
hacer toda clase de obras buenas.
9
Así
lo dice la Escritura: Distribuyó
con largueza sus bienes a los pobres, su generosidad permanece
para siempre.
10
El
que proporciona simiente al que siembra y pan para que se
alimente, os proporcionará y os multiplicará la
simiente y hará crecer los frutos de vuestra generosidad.
*"•
Son muchas las pobrezas humanas: espirituales, materiales,
culturales, morales. Mas no hay ninguna a la que no pueda llegar y
colmar la caridad. Dios mismo se muestra siempre espléndido,
como fuente de su seno trinitario, en todo impulso dinámico
y consiguiente fecundidad de frutos. La criatura se convierte en
su instrumento.
Cuanto
más da, más goza del amor divino, porque éste
se trasvasará aún en mayor cantidad y se verterá
en ella al encontrar una plena consonancia. Por eso recogerá
con largueza: Dios mismo cultivará cuanto siembra y hará
fructificar la obra del justo realizada con su amor.
Salmo Responsorial
Dichoso el que se apiada y presta.
Salmo 111, 1-2. 3-4. 5-7ª.
7bc-8. 9
Dichoso quien teme al Señor y
ama de corazón sus mandatos. Su linaje será
poderoso en la tierra, la descendencia del justo será
bendita. R. Dichoso el que se apiada y presta.
En su casa habrá riquezas y
abundancia, su caridad es constante, sin falta. En las
tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y
compasivo. R. Dichoso el que se apiada y
presta.
Dichoso el que se apiada y presta, y
administra rectamente sus asuntos. El justo jamás
vacilará, su recuerde será perpetuo.
R. Dichoso el que se
apiada y presta.
No temerá las malas noticias, su
corazón está firme en el Señor. Su corazón
está seguro, sin temor, hasta ver derrotados a sus
enemigos.
R. Dichoso el que se
apiada y presta.
Evangelio:
Juan 12,24-26
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
24
Yo
os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único
grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo
entonces producirá fruto abundante.
25
Quien
vive preocupado por su vida, la perderá; en cambio, quien
no se aferré excesivamente a ella en este mundo, la
conservará para la vida eterna.
26
Si
alguien quiere servirme, que me siga; correrá la misma
suerte que yo. Todo aquel que me sirva será honrado por mi
Padre.
**•
Unirse al Hijo es entrar en la dinámica de amor que le hace
una sola cosa con el Padre. "Servir" al Hijo significa
"reinar" en él y con él en el corazón
del Padre, y constituirá la complacencia de su paternidad
divina.
Servir
al Hijo es asociarse a él y a su obra redentora. Jesús
no deja sobrentendidos a la exigencia de tal seguimiento: por amor
al Padre y al hombre, el Hijo se entrega por completo, da su
propia vida en una muerte destinada al misterio de una fecundidad
que inserta la inmediatez histórica en un horizonte
trascendente. También el discípulo se ve llamado así
a perpetuar en el tiempo un acto de amor de valor eterno y divino.
MEDITATIO
Cuando
el emperador le ordenó entregar las riquezas de la Iglesia,
el diácono Lorenzo se presentó al juez con los
pobres de Roma, declarando: "!Aquí están los
tesoros de la Iglesia!". De inmediato dio la orden de
torturarle hasta la muerte. La Passio cuenta que, invitado
aún a sacrificar a los dioses, respondió: "Me
ofrezco a Dios como sacrificio de suave olor, porque un espíritu
contrito es un sacrificio a Dios". El papa Dámaso
(384) escribió en la inscripción que hizo poner en
la basílica dedicada al mártir: "Sólo la
fe de Lorenzo pudo vencer los azotes del verdugo, las llamas, los
tormentos, las cadenas. Por la súplica de Dámaso,
colma de dones estos altares, admirando el mérito del
glorioso mártir".
El
papa Juan Pablo II, en la memoria jubilar de los mártires
del siglo XX, dijo en el Coliseo comentando el texto de Jn 12,25:
"Se trata de una verdad que frecuentemente el mundo
contemporáneo rechaza y desprecia, haciendo del amor hacia
sí mismo el criterio supremo de la existencia. Pero los
testigos de la fe, que también esta tarde nos hablan con su
ejemplo, no buscaron su propio interés, su propio
bienestar, la propia supervivencia, como valores más
grandes que la fidelidad al Evangelio. Incluso en su debilidad,
ellos opusieron firme resistencia al mal. En su fragilidad
resplandeció la fuerza de la fe y de la gracia del Señor"
(Juan Pablo II, Homilía, 7 de mayo de 2000).
ORATIO
El
Soberano y Señor te ha dado, oh mártir, como ayuda
el carbón ardiente: quemado por él, dejaste pronto
la tienda de barro y heredaste la vida y el Reino inmortales. Por
eso celebramos nosotros, con gozo, tu fiesta, oh bienaventurado
Lorenzo coronado.
Resplandeciendo
por el Espíritu divino como carbón encendido,
Lorenzo victorioso, archidiácono de Cristo, quemaste la
espina del engaño: por eso fuiste ofrecido en holocausto
como incienso racional a aquel que te exaltó, llegando a la
perfección con el fuego. Protege, por tanto, de toda
amenaza a cuantos te honran, oh hombre de mente divina {de un
antiguo texto de la Iglesia bizantina).
CONTEMPLATIO
[San
Lorenzo], como ya se os ha explicado más de una vez, era
diácono de aquella Iglesia [la de Roma]. En ella administró
la sangre sagrada de Cristo; en ella, también, derramó
su propia sangre por el nombre de Cristo. [...] Amó a
Cristo durante su vida, lo imitó en su muerte.
También
nosotros, hermanos, si amarnos de verdad a Cristo, debemos
imitarlo. La mejor prueba que podemos dar de nuestro amor es
imitar su ejemplo, porque Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. [...]
Entendamos,
pues, de qué modo el cristiano ha de seguir a Cristo,
además del derramamiento de sangre, además del
martirio. [...] Cristo se rebajó: esto es,
cristiano, lo que debes tú procurar (Agustín de
Hipona, Sermón 304).
ACTIO
Repite
a menudo y medita durante el día la Palabra: "A
los pobres los tenéis siempre con vosotros" (Jn
12,8).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
perfume agradable corresponde, tanto en el Antiguo como en el
Nuevo Testamento, a la dimensión estrictamente constitutiva
de la teología del sacrificio. En Pablo, es expresión
de una vida que se ha vuelto pura, de la que no se desprende ya el
mal olor de la mentira y de la corrupción, de la
descomposición de la muerte, sino el soplo refrescante de
la vida y del amor, la atmósfera que es conforme a Dios y
sana a los hombres. La imagen del perfume agradable está
unida también a la del hacerse pan: el mártir se ha
vuelto como Cristo; su vida se ha convertido en don. De él
no procede el veneno de la descomposición del ser vivo por
el poder de la muerte; de él emana la fuerza de la vida:
edifica vida, del mismo modo que el buen pan nos hace vivir. Su
entrega en el cuerpo de Cristo ha vencido el poder de la muerte:
el mártir vive y da vida precisamente con su muerte y, de
este modo, entra él mismo en el misterio eucarístico.
El mártir es fuente de fe.
La
representación más popular de esta teología
eucarística del martirio la encontramos en el relato de san
Lorenzo sobre la parrilla, que ya desde tiempos remotos fue
considerado como la imagen de la existencia cristiana: las
angustias y las penas de la vida pueden convertirse en ese fuego
purificador que lentamente nos va transformando, de suerte que
nuestra vida llegue a ser don para Dios y para los hombres (J.
Ratzinger, Conferenza per !I XXIII Congresso eucarístico
nazionale, Bolonia 1997).
.
Día
11
Domingo XIX del tiempo
ordinario
Santa
Clara de Asís.- Clara
nació en Asís el año 1193 (o 1194). Hija de
noble familia, fue educada por su madre en la fe cristiana, pero
al escuchar y ver a su conciudadano Francisco en la nueva vida
evangélica que éste había emprendido
comprendió que quería llevar la misma forma de
seguimiento de Jesús. Con su hermana, que la seguirá
quince días después de su huida del palacio, vive en
el monasterio de San Damián, situado fuera de los muros de
Asís, "según la forma del santo Evangelio",
obteniendo de los papas el singular "privilegio de la
pobreza". Fueron muchas las compañeras que la
imitaron. Juntas constituyeron la primera comunidad de "Hermanas
pobres", para las cuales, y ya en sus últimos años,
escribió Clara -primera mujer que lo hizo en la historia de
la Iglesia- una Regla.
Esta
fue aprobada por Inocencio IV en 1254, pocos días antes de
la muerte de Clara. Se conserva el Proceso de su canonización,
que tuvo lugar en 1255. Es un documento de excepcional valor para
conocer la experiencia de la "plantita de Francisco".
LECTIO
Primera
lectura: 1 Reyes 19,4-8
En
aquel tiempo,
4
Elías
se adentró por el desierto un día de camino, se
sentó bajo una retama y, deseándose la muerte,
decía: -!Basta, Señor! Quítame la vida, que
no soy mejor que mis antepasados.
5
Se
tumbó y se quedó dormido, pero un ángel le
tocó y le dijo: -Levántate y come.
6
Elías
miró y vio a su cabecera una hogaza cocida, todavía
caliente, y un vaso de agua. Comió, bebió y se
volvió a dormir.
7
De
nuevo, el ángel del Señor le tocó y le dijo:
-Levántate y come, pues te queda todavía un camino
muy largo.
8
Él
se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de
aquel alimento anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta
el monte de Dios, el Horeb.
*"
En tiempos de Elías reinaba Ajab en Israel: el soberano
"ofendió con su conducta al Señor más
que todos sus predecesores. No contento con imitar los pecados
Jeroboán, hijo de Nabat, se casó con Jezabel, hija
de Etbaal -un sacerdote de Astarté-, rey de los sidonios, y
dio culto a Baal, adorándolo" (1 Re 16,30ss). A causa
de la idolatría que se había extendido en el pueblo,
Dios, por boca de Elías, anuncia y envía tres años
de sequía.
La
lluvia vuelve sólo después de que Elías haya
avergonzado a los profetas de Baal, mostrando que hay realmente un
solo Dios. Jezabel jura vengarse de Elías y le amenaza de
muerte: "Elias se llenó de miedo y huyó para
salvar su vida" (1 Re 19,3).
Como
hiciera Moisés, tras la enésima lamentación
del pueblo, se desahoga con el Señor: "Por qué
tratas mal a tu siervo? Por qué me has retirado tu
confianza y echas sobre mí la carga de todo este pueblo?
Acaso lo he concebido yo [...]? Yo solo no puedo soportar a este
pueblo; es demasiada carga para mí. Si me vas a tratar así,
prefiero morir" (Nm 11,11-12.14-15). Elías acaba de
comer y pide quedarse solo, alejado también de su criado (1
Re 19,3): no le queda otra cosa más que la invocación
desesperada de la plegaria. Huye al desierto del sur para salvar
su propia vida; sin embargo, una vez llegado allí, ora,
paradójicamente, pidiendo la muerte: en su comportamiento
se puede vislumbrar una particular ambivalencia.
La
intervención del ángel produce un vuelco de la
situación: el enviado de Dios no le habla de huida o de
muerte, sino de "levantarse, comer y caminar" (vv. 5.7).
Elias continúa huyendo (en efecto, Dios le preguntará:
"Qué haces aquí, Elias?", deberías
encontrarte en Israel), pero la hogaza que recibe es "pan del
cielo" (Sal 104,40); el agua recuerda a la recibida como don
por Israel cuando acababa de salir de Egipto (Ex 15; 17); los
cuarenta días y las cuarenta noches recuerdan el tiempo
transcurrido en el desierto antes del don de la tierra prometida;
"el monte de Dios, el Horeb" (v. 8), hacia el que Elías
se pone a caminar, es el lugar de las teofanías
experimentadas por Moisés pero ahora ya no se trata de una
fuga, sino de un éxodo que le conducirá al encuentro
con Dios (1 Re 19,9-18).
Salmo
responsorial Gustad
y ved qué bueno es el Señor
Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9
Bendigo
al Señor en todo momento, su alabanza está
siempreen mi
boca; mi alma se gloría en el Señor: que los
humildes lo escuchen y se alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor,
y me respondió, me libró de todas mis ansias.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará. El afligido
invocó al Señor, él lo escuchó y
lo salvó de sus angustias.
El ángel del Señor acampa en
torno a quienes lo temen y los protege. Gustad y ved qué
bueno, es el Señor, dichoso el que se acoge a él.
Segunda
lectura: Efesios 4,30-5,2
Hermanos:
30
no
causéis tristeza al Espíritu Santo de Dios, que es
como un sello impreso en vosotros para distinguiros el día
de la liberación.
31
Que
desaparezca de entre vosotros toda agresividad, rencor, ira,
indignación, injurias y toda suerte de maldad.
32
Sed
más bien bondadosos y compasivos los unos con los otros y
perdonaos mutuamente, como Dios os ha perdonado por medio de
Cristo.
5,1
Sed,
pues, imitadores de Dios como hijos suyos muy queridos.
2
Y
haced del amor la norma de vuestra vida, a imitación de
Cristo, que nos amó y se entregó a sí mismo
por nosotros como ofrenda y sacrificio de suave olor a Dios.
*"•
Le es posible a un hombre "hacer del amor la norma de su
vida" {cf v. 2)? Sí, gracias al hecho de haber
recibido como don en el bautismo el sello del Espíritu
Santo que había sido prometido (cf. Ef 1,13; 4,30): es ésta
una "idea fija" de la carta a los Efesios. El Espíritu
se hace presente de un modo tan personal y respetuoso de la
libertad que las decisiones del cristiano pueden "causarle
tristeza" (v. 30). En el orden concreto, las cosas que
disgustan al Espíritu enumeradas en el pasaje son aspectos
que podemos encontrar en otros pasajes del Nuevo Testamento (por
ejemplo, en Rom 1,29-31; Gal 5,19-21) o incluso en las obras
helenísticas de tema moral. La "maldad" es la
raíz que provoca toda división y todo mal; vibra
interiormente en la "agresividad, rencor, ira"; se
precipita contra los hermanos con la "indignación "
y las "injurias" (v. 31). En este contexto se refiere
Pablo, de modo particular, a los vicios que resquebrajan la vida
comunitaria.
El
crecimiento de la caridad pasa de la "bondad" a la
"compasión" y a la cumbre del "perdón
mutuo" (v. 32). Entre las quince características
de la caridad citadas en el "Himno a la caridad" (1 Cor
13,4-7), hay ocho negativas (lo que no hace la caridad: "No
tiene envidia, ni orgullo, ni jactancia") y otras seis que
tienen que ver con la caridad en acción: "Todo lo
aguanta" ("es paciente y bondadosa [...] Todo lo excusa,
todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta"). Qué
es lo específico del perdón cristiano, dónde
está el límite ante el que podríamos
pretender detenernos? "A cada uno de nosotros, sin embargo,
se le ha dado la gracia según la medida [literalmente, el
metro] del don de Cristo" (Ef 4,7); "Los amó
hasta el extremo" (Jn 13,1).
Y
vosotros "sed misericordiosos como también es
misericordioso vuestro Padre" (Lc 6,36; cf. Mt 5,48). Así
es para Juan (cf. 1 Jn 3,16), para Pablo (cf. Gal 2,20), para cada
cristiano que quiera ser causa de alegría para el Espíritu
Santo.
Evangelio:
Juan 6,41-51
En
aquel tiempo,
41
los
judíos comenzaron a murmurar de él porque había
dicho: "Yo soy el pan que ha bajado del cielo".
42
Decían:
-Éste es Jesús, el hijo de José. Conocemos a
su padre y a su madre. Cómo se atreve a decir que ha bajado
del cielo?
43
Jesús
replicó: -No sigáis murmurando.
44
Nadie
puede aceptarme si el Padre, que me envió, no se lo
concede, y yo lo resucitaré el último día.
45
Está
escrito en los profetas: Y serán todos instruidos por Dios.
Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza me
acepta a mí.
46
Esto
no significa que alguien haya visto al Padre. Solamente aquel que
ha venido de Dios ha visto al Padre.
47
Os
aseguro que el que cree tiene vida eterna.
48
Yo
soy el pan de la vida.
49
Vuestros
padres comieron el maná en el desierto y, sin embargo,
murieron.
50
Éste
es el pan del cielo, y ha bajado para que quien lo coma no muera.
51
Jesús
añadió: -Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que
come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré
es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo.
**•
Las precedentes revelaciones de Jesús sobre su origen
divino -"Yo soy el pan de vida" (v. 35) y "yo he
bajado del cielo" (v. 38)- habían provocado el
disentimiento y la protesta entre la muchedumbre, que empieza a
murmurar y se muestra hostil. Es demasiado duro superar el
obstáculo del origen humano de Cristo y reconocerle como
Dios (v. 42). Jesús evita entonces una discusión
inútil con los judíos y les ayuda a reflexionar
sobre su dureza de corazón, enunciando las condiciones
necesarias para creer en él.
La
primera es ser atraídos por el Padre (v. 44), don y
manifestación del amor de Dios a la humanidad. Nadie puede
ir a Jesús si no es atraído por el Padre. La segunda
condición es la docilidad a Dios (v. 45a). Los hombres
deben darse cuenta de la acción salvífica de Dios
respecto al mundo. La tercera condición es la escucha del
Padre (v. 45b). Estamos frente a la enseñanza interior del
Padre y a la de la vida de Jesús, que brota de la fe
obediente del creyente a la Palabra del Padre y del Hijo.
Escuchar
a Jesús significa ser instruidos por el mismo Padre. Con la
venida de Jesús, la salvación está abierta a
todos, pero la condición esencial que se requiere es la de
dejarse atraer por él escuchando con docilidad su Palabra
de vida. Aquí es donde precisa el evangelista la relación
entre fe y vida eterna, principio que resume toda regla para
acceder a Jesús. Sólo el hombre que vive en comunión
con Jesús se realiza y se abre a una vida duradera y feliz.
Sólo "el que come" de Jesús-pan no muere.
Es Jesús, pan de vida, el que dará la inmortalidad a
quien se alimente de él, a quien interiorice su Palabra y
asimile su vida en la fe.
MEDITATIO
No
es raro oír la expresión: "!Basta, no puedo
más!". La vida, en determinados momentos, es
verdaderamente dura. Y quién la siente difícil,
desagradable, insoportable durante años y años? La
experiencia de Elías está presente como nunca en la
condición humana, especialmente en los que se toman en
serio la tarea a favor o en apoyo de los otros que les ha sido
confiada: "!Basta, Señor! Quítame la vida, que
no soy mejor que mis antepasados".
Esta
experiencia, típica de la condición humana, marcada
por el límite y por la precariedad, por la vulnerabilidad y
por la fragilidad, puede ser el comienzo de una invocación
que se abre al misterio de Dios. Dios quiere que sus hijos tomen
conciencia de que él está presente en sus vidas.
Elías le mandó un ángel con un pan; a
nosotros nos envía a su Hijo, que se hace pan de vida, pan
para nuestra vida, pan para sostenernos en el camino, pan para no
dejarnos solos en las misiones difíciles.
El
pan que nos ofrece contiene todas las atenciones que tiene con
nosotros. Es el punto de llegada de la acción creadora del
Padre, de la obra de reconstrucción llevada a cabo por el
Hijo; es pan siempre tierno por la obra del Espíritu. Ese
pan es memorial de una historia infinita de amor: con él
también nos sostiene, nos alienta, nos invita a reemprender
el camino, con el mismo corazón y la misma audacia
recordada y encerrada en el pan de vida.
ORATIO
Ilumina,
Señor, mi mente para que pueda comprender que la eucaristía
es "memorial de la muerte del Señor". En ese pan
has puesto "todo deleite", porque en él has
puesto toda tu historia de amor conmigo y con el mundo. Con ese
pan quieres recordarme todo el amor que sientes por mí, un
amor que ha llegado a su cumbre insuperable en la muerte y
resurrección de tu Hijo, de suerte que yo no pueda dudar ya
nunca.
Oh
Señor, ese pan que recibo con tanta ligereza contiene
verdaderamente todo tu amor por mí, contiene el recuerdo de
tus maravillas y la cumbre de las maravillas de tu amor. Y
contiene asimismo el recuerdo de que este amor tuyo te ha costado
mucho y me sugiere que, si deseo amarte a ti y a mis hermanos, no
debo reparar en costes.
Refuerza
mi pequeño corazón, demasiado pequeño para
comprender; ilumínale sobre los costes del amor, para que
no se desanime, para que se reanime, reemprenda el camino, no se
achique y esté seguro de que contigo y por ti vale la pena
caminar y sudar aún un poco, especialmente cuando tenemos
que desarrollar tareas delicadas. !Todavía un poco, que la
meta no está lejos!
CONTEMPLATIO
Los
que, cayendo en las insidias que les tienden, han tomado el veneno
extinguen su poder mortífero con otro fármaco. Así
también, del mismo modo que ha entrado en las vísceras
del hombre el principio mortal, debe entrar asimismo en ellas el
principio saludable, a fin de que se distribuya por todas las
partes de su cuerpo la virtud salvífica. Dado que habíamos
probado el alimento disgregador de nuestra naturaleza, tuvimos
necesidad de otro alimento que reúna lo que está
disgregado, para que, entrado en nosotros, obre este medicamento
de salvación como antídoto contra la fuerza
destructora presente en nuestro cuerpo. Y qué es este
alimento? Ninguna otra cosa que aquel cuerpo que se reveló
más potente que la muerte y fue el comienzo de nuestra vida
(Gregorio de Nisa, La gran catequesis, 37, passim).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Levántate y come, pues te queda todavía un
camino muy largo"
(1
Re 19,7).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
vida vivida eucarísticamente es siempre una vida de misión.
Vivimos en un mundo que gime bajo el peso de sus pérdidas:
las guerras despiadadas que destruyen pueblos y países, el
hambre y la muerte de hambre que diezman poblaciones enteras, el
crimen y la violencia que ponen en peligro la vida de millones de
personas, el cáncer y el sida, el cólera y otras
muchas enfermedades que devastan los cuerpos de incontables
personas; terremotos, aluviones y desastres del tráfico...
es la historia de la vida de cada día que llena los
periódicos y las pantallas de los televisores [...]. Este
es el mundo al que hemos sido enviados a vivir eucarísticamente,
esto es, a vivir con el corazón ardiente y con los ojos y
los oídos abiertos. Parece una tarea imposible.
Qué
puede hacer este reducido grupo de personas que lo han encontrado
por el camino [...] en un mundo tan oscuro y violento? El misterio
del amor de Dios consiste en que nuestros corazones ardientes y
nuestros oídos receptivos estarán en condiciones de
descubrir que aquel a quien habíamos encontrado en la
intimidad continúa revelándose a nosotros entre los
pobres, los enfermos, los hambrientos, los prisioneros, los
refugiados y entre todos los que viven en medio del peligro y del
miedo (H. J. M. Nouwen, La forza delta sua presenza, Brescia
52000, pp. 82ss).
Día
12
Lunes de la semana XIX del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 1,2-5.24-28
2
Era
el año quinto de la deportación del rey Joaquín.
3
Ezequiel,
hijo del sacerdote Buzí, recibió la Palabra del
Señor en el país de los caldeos, junto al río
Quebar. Y allí lo invadió la fuerza del Señor.
4
Vi
un viento huracanado que venía del norte, una gran nube
rodeada de resplandores, un fuego resplandeciente y, en el centro
del fuego, como el fulgor de un relámpago.
5
En
medio del fuego vi la figura de cuatro seres animados, cuyo
aspecto era humano.
24
Oí
el ruido de sus alas; era como el de las aguas caudalosas, como la
voz del Poderoso, como el estruendo tumultuoso de un ejército.
Y cuando se paraban, replegaban sus alas.
25
En
la plataforma que había sobre sus cabezas se produjo un
gran estrépito.
26
Encima
de la plataforma apareció una especie de zafiro en forma de
trono, y sobre esta especie de trono apareció una figura de
aspecto humano.
27
Desde
lo que parecían sus caderas para arriba era semejante a un
metal brillante, y desde sus caderas para abajo tenía
aspecto de fuego.
28
El
resplandor que rodeaba esta figura era semejante al arco iris que
aparece en las nubes en un día de lluvia. Era la apariencia
visible de la gloria del Señor. Cuando la vi, caí
rostro en tierra
**•
El libro de Ezequiel se abre con una "teofanía"
(= manifestación de Dios): el incognoscible Dios se revela
a sí mismo, su "gloria" (v. 28). Ezequiel,
por medio de imágenes remotas a nuestro modo de decir y de
pensar, nos comunica su experiencia de Dios. El profeta ve la
"gloria" que se desplaza desde el templo al lugar
donde se encuentran los deportados: Dios no es propiedad de ningún
pueblo, no está atado para siempre ni al templo ni a la
tierra prometida, como tal vez pensaba el pueblo de Israel. Dios
se manifiesta como fuerza, como luz... Los "seres
animados" (w. 5ss) que el profeta distingue en el centro
de la nube rodeada de resplandores, que recuerda ciertas
representaciones mesopotámicas, pretenden significar
algunas prerrogativas divinas: la inteligencia, la fuerza, la
potencia, la rapidez. Estos símbolos, recogidos en el
Apocalipsis, serán identificados por la tradición
cristiana medieval con los cuatro evangelistas (Ap 4,7ss).
Dios
se manifiesta en el lugar de la deportación: es el
que se revela allí donde el hombre se encuentra exiliado,
allí donde el pueblo se encuentra sumergido en males. Se
manifiesta "una figura de aspecto humano" (v.
26), como para significar que es cercano a los hombres; tiene un
rostro, un corazón...
Si
tuviéramos que resumir en pocas palabras el mensaje,
podríamos decir que Ezequiel, a través de esta
descripción, invita a "ver" la presencia y la
acción de Dios en los acontecimientos de la historia: donde
todo parece ruina, allí trabaja él para salvar, para
liberar al hombre hasta el fondo. Ezequiel cae "rostro en
tierra" (v. 28) cuando aparece la gloria de Dios: con
este gesto da a entender el profeta que se encuentra en presencia
de Dios. Un Dios cognoscible e incognoscible, trascendente y, sin
embargo, cercano, comprometedor; unDios que hemos de adorar allí
donde nos salga al encuentro.
Salmo Responsorial
Llenos están el cielo y la tierra
de tu gloria
Salmo
148,1-2.11-12.13.14
Alabad
al Señor en el cielo, alabad
al Señor en lo alto. Alabadlo,
todos sus ángeles; alabadlo,
todos sus ejércitos. R/.Llenos están el
cielo y la tierra de tu gloria
Reyes
y pueblos del orbe, príncipes
y jefes del mundo, los
jóvenes y también las doncellas, los
viejos junto con los niños. R/.
Llenos
están el cielo y la tierra de tu gloria
Alaben
el nombre del Señor, el
único nombre sublime. Su
majestad sobre el cielo y la tierra. R/.
Llenos
están el cielo y la tierra de tu gloria
Él
acrece el vigor de su pueblo. Alabanza
de todos sus fieles, de
Israel, su pueblo escogido. R/.
Llenos
están el cielo y la tierra de tu gloria
Evangelio:
Mateo 17,22-27
En
aquel tiempo,
22
un
día que estaban juntos en Galilea, les dijo Jesús:
-El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres,
23
y
le darán muerte, pero al tercer día resucitará.
Y se entristecieron mucho.
24
Cuando
llegaron a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los que cobraban
el impuesto del templo y le dijeron: -No paga vuestro maestro el
impuesto?
25
Pedro
contestó: -Sí. Al entrar en la casa, se anticipó
Jesús a preguntarle: -Qué te parece, Simón?
Los reyes de la tierra a quiénes cobran los impuestos y
contribuciones: a sus hijos o a los extraños?
26
Pedro
contestó: -A los extraños. Jesús le dijo -Por
tanto, los hijos están exentos.
27
Con
todo, para que no se escandalicen, vete al lago, echa el anzuelo y
saca el primer pez que pique; ábrele la boca y encontrarás
en ella una moneda de plata. Tómala y dásela por mí
y por ti.
**•
El fragmento evangélico que hemos leído se compone
de dos partes. La primera (w. 22ss), que tiene su paralelo en
Marcos y Lucas, es el segundo de los tres grandes anuncios de la
pasión. Aquí aparece un solo verbo en voz activa e
indica el obrar pecaminoso de los hombres: "Le darán
muerte". Todo lo demás está en pasiva; con
ello se significa que todo esto no es una "casualidad",
sino que forma parte del proyecto amoroso y salvífico de
Dios. "Va a ser entregado " remite a Is 53. Mateo
lo emplea a menudo referido a Jesús (cf. 10,4;
26,15.16.23, etc.; 27,2), también lo hace Pablo (Rom 4,25;
8,32; 1 Cor 11,23; Gal 2,20; Kl S,2).
La
primera predicción de la pasión habla de entregar a
Jesús "en manos de los ancianos y de los
sacerdotes" {cf. Mt 6,21), o sea, de las instituciones
religiosas judías; aquí, sin embargo, es entregado
"en manos de los hombres " en general.
"Resucitará" (aunque tal vez fuera mejor
traducir "será resucitado") expresa la
esperanza de Jesús en la acción del Padre.
La
enseñanza global de esta primera parte de la lectura de hoy
es que Jesús sabe a dónde va. Lee que su destino
está ya en las antiguas profecías. Habla de sí
mismo como del "Hijo del hombre", el
representante del pueblo de los santos que recibirán,
después de la persecución, todo poder (Dn 7). El
Jesús resucitado afirmará que ha recibido "autoridad
plena sobre cielo y tierra" (Mt 28,18). La pasión,
que es la historia de una "entrega" en manos de todos
los hombres, se convierte en entrega en manos del Padre, en
manifestación de su glorificación, en historia de
salvación.
Los
w. 24-27 -segunda parte de la perícopa de hoy son propios
de Mateo. El problema de los impuestos que debían pagar los
judíos a los ocupantes paganos era un problema que agitaba
a los judíos de aquel tiempo {cf. 22,15-22) y había
sido objeto de debate en el interior de la primitiva comunidad
cristiana (cf. Rom 13,6ss). Aquí, sin embargo, lo
que está en discusión es el impuesto del templo.
Dado que Jesús es "más importante que el
templo" (Mt 12,6) y, tal como ha dicho Pedro, "el
Hijo de Dios vivo" (16,16), es lógico que no esté
obligado a pagar el impuesto del templo. Si lo hace es para no
escandalizar, para no irritar: su hora (la de reedificar el nuevo
templo) no ha llegado todavía.
MEDITATIO
"El
Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres."
En
el primer anuncio de la pasión, Jesús decía
que "tenía
que" suceder
(16,21); ahora que "va
a ser", empieza
el camino hacia Jerusalén. El Hijo del hombre es entregado
(por Judas, por los jefes, por el Padre): todos pueden recoger el
don que el Señor hace de sí mismo.
"Ponerse
en manos de otro es el acto de confianza y de amor más
grande que alguien pueda realizar. El Hijo se entrega en manos de
los hermanos con el mismo amor con el que se entrega en las del
Padre. Esta entrega de sí mismo que nos hace a nosotros es
nuestra salvación. Aunque nosotros lo rechacemos y le
quitemos la vida, él la entrega por nosotros. El gran
misterio de Dios es que él tiene fe en el hombre: se fía
de él y se confía a él, hasta ponerse en sus
manos, haga lo que haga" (san Fausto).
Jesús
es consciente de lo que va a suceder y no se echa atrás. Él
es el Hijo exento, pero acepta pagar el tributo del esclavo. Sabe
que de este modo nos libera de nuestra "extranjería"
respecto a Dios, nos hace hijos suyos, "exentos" también
de "deber nada" a nadie, tanto si se trata de una
autoridad religiosa como civil. La nueva situación de
libertad en que venimos a encontrarnos como discípulos del
Hijo del hombre no nos aparta de la vida ni de nuestras
obligaciones con los otros. Si debemos sentirnos en cierto modo
deudores es con los deberes de la caridad y en virtud de la misma,
"para que no se escandalicen".
ORATIO
Oh
Dios, tus juegos son infinitos; sólo quien posee la
sutileza de tu Espíritu puede comprenderlos. Tú
provees a tus hijos de lo que tienen necesidad, desbaratando todos
los cálculos humanos. En el pez pescado en el mar,
inesperadamente, hiciste encontrar la moneda, tributo con el que
pagar al templo por tu Hijo y por Pedro, primicia de todo
discípulo.
En
tu Hijo, pescado del abismo de la muerte, nos has hecho encontrar
el verdadero precio de nuestro rescate. En él, entregado en
nuestras manos, encontramos nuestra verdadera libertad, nos
convertimos en tus hijos y podemos gritarte: tú eres en
verdad nuestro único Abbá.
Gracias,
Padre, por el día del domingo, día en que entregas
en nuestras manos a tu Hijo para que encontremos en él el
precio de nuestro rescate: la Palabra que nos libera y el pan que
nos fortifica en el camino.
CONTEMPLATIO
Jesús,
Hijo del hombre, has usado tus manos sólo para hacer el
bien, para ponerlas en los oídos del sordo y darle la
capacidad de oír, en los labios del mudo para hacerle
hablar, en los ojos del ciego para darle la vista, sobre el
leproso para sanarlo de su enfermedad. Con tu mano volviste a
levantar a quien había caído en los brazos de la
muerte. Al hombre tullido le mandaste extender la mano para
reemprender su trabajo. Cuando fuiste entregado en manos de los
hombres, sin oponerte, extendiste tus manos en un gesto solemne de
abrazo universal y te abandonaste en manos del Padre, el único
que te acogió de verdad. Al resucitar, invitaste a ver y a
tocar aquellas manos que llevaban impreso el sello de tu amor y
atestiguaban que se había pagado el tributo por nuestra
liberación.
Si
miramos nuestras manos habremos de enrojecer. Deberíamos
emplearlas para trabajar, para ayudar y sanar, levantarlas para
bendecir y orar. Sin embargo, con excesiva frecuencia las usamos
para golpear y para abatir, para aferrar con avidez y robar. Señor
Jesús, haz de nosotros lo que quieras: sé tú
quien nos entregue en manos de los hombres y en manos del Padre.
Sólo de este modo nos convertiremos en el pez pescado que
lleva el tributo del rescate por nosotros, por todos.
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dios
nos ha llamado a compartir la pasión y la gloria del Señor
Jesús"(cf.
2
Tes 2,14).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Del
cuaderno de notas de un joven !efe scout, estudiante de
agronomía, muerto de leucemia:"En ocasiones quisiera
irme a vivir a un lugar solitario, silencioso, donde no haya
confusión, distracción, donde pudiera dedicarle a
Él, sólo a Él, mi tiempo, todo mi tiempo. Me
doy cuenta de que todo lo que hay a mi alrededor me distrae, me
lleva a donde no quiero ir: a la envidia, a la maldad, al pecado
corporal. Debo prepararme para aquel momento, debo estar preparado
para cuando me llame a Él. No puedo dejar pasar los días.
Cada segundo es importante, esencial, indispensable, y no debo
malgastar de este modo mi tiempo.
Cuando
me preguntan sobre mi enfermedad, rara vez soy yo quien empieza a
hablar de ella y, al oír lo que pienso y cómo hablo
de ella, me dicen que soy pesimista. !No! Soy realista.
Sé
lo que me sucederá, cómo moriré; he visto
morir a otros, apagarse lentamente, día tras día. Sé
de qué modo, en qué hospital y cómo. He visto
llorar a un hombre. Me decía: "Tengo que morir...
Moriré". Sé que esto también me sucederá
a mí. Ahora bien, cómo decirle a alguien: "Sí,
tengo miedo, pero no veo la hora"? Tú me llamas, yo
responderé: "Aquí estoy". No lo diré
a nadie, lo sabes Tú, lo sabe Él.
Ni
siquiera puedo extrañarme de todo lo que me rodea: deben
ponerme las inyecciones, darme las pastillas. !Todo esto sirve!
Sirve para prepararme mejor, para recuperar el tiempo que he
perdido y que perderé. !Ayúdame, Dios! Ayúdame
a no ser hipócrita, a confiar sólo en ti. Continuaré
fingiendo estudiar, actuando como si todo fuera normal, como si no
hubiera pasado nada? Dios, indícame el camino. Es de noche,
no veo a dónde quieres que vaya. !Ilumíname el
camino! Está oscuro, sé luz para mí. No me
siento mártir. Muy diferentes y más duros son los
sufrimientos de quienes han muerto por ti, de quienes han elegido
morir por ti, Señor. !Qué valor, qué fuerza!
Todo esto me hace sentirme pequeño e inútil, pero,
Señor, tengo mi esperanza en ti" (Michelle
Chinellato).
Día
13
Martes de la semana XIX del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 2,8-3,4
Así
dice el Señor:
2,8
Pero
tú, hijo de hombre, escucha lo que te digo; no seas rebelde
como este pueblo; abre la boca y come lo que te doy.
9
Entonces
vi una mano extendida hacia mí con un libro enrollado.
10
Lo
desenrolló ante mí; estaba escrito por el anverso y
por el reverso, y contenía lamentaciones, gemidos y
amenazas.
3,1
Y
me dijo: -Hijo de hombre, come este libro y ve luego a hablar al
pueblo de Israel.
2
Yo
abrí la boca y él me hizo comer el libro,
3
diciéndome:
-Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas
con este libro que yo te doy. Yo lo comí y me supo dulce
como la miel.
4
Entonces
me dijo: -Hijo de hombre, ve al pueblo de Israel y comunícales
mis palabras.
*••
La visión del libro pertenece al primer cuaderno de las
profecías de Ezequiel, donde relata la llamada a la misión
profética. A Ezequiel se le llama repetidamente "hijo
de hombre" (cf. 2,8; 3,1.3.4). Este título está
cargado del sentido de la trascendencia divina, una trascendencia
que siente Ezequiel con una extrema agudeza. El profeta es una
nulidad, como todos los hombres; es uno de tantos, frágil,
caduco; el carisma profético le ha sido dado sólo
porque Dios lo ha querido así por un don gratuito. Jesús
hará suyo este título para indicar al mismo tiempo
su modo de ser con nosotros y su modo de ser ante el Padre.
La
vocación de Ezequiel, como la de los grandes profetas, se
sitúa en una acción simbólica. Se trata
siempre de mostrar que la Palabra de Dios se encuentra en labios
de un hombre. Un ángel purificó los labios de Isaías
con fuego (cf. Is 6,3-7), Dios mismo introdujo sus palabras
en la garganta de Jeremías (cf. Jr 1,9), pero
Ezequiel vive ya en una época marcada por la civilización
escrita: no recibe de Dios una palabra, sino un libro.
Desde
este punto de vista, es el antepasado de los escribas y de los
rabinos. Mientras que Jeremías e Isaías reciben
pasivamente la Palabra de Dios, Ezequiel come, digiere y asimila
la voluntad divina. Ésta no se manifestará más
que a través de su visión de las cosas; no habrá
Palabra de Dios sino donde haya al mismo tiempo palabra de hombre.
Ezequiel debe alimentarse de la Palabra de Dios (3,3). Sólo
de este modo es posible comunicar a los otros el pensamiento de
Dios o, dicho con mayor precisión, hablar de él.
Con
Ezequiel se da un paso adelante en el profetismo: no ha sido
llamado a "repetir" la Palabra de Dios, sino a "volver
a proponer" lo que ha recibido de él. Podríamos
decir: a "repensar" y a "traducir" a su propia
palabra la Palabra de Dios, puesto que Dios quiere que su mensaje
llegue a los hombres en su "lenguaje" común, como
palabra que un hombre dirige a otro. Dios no dispone de un
superlenguaje reservado a unos pocos iniciados, sino que se
inserta en el lenguaje del hombre y en las comunicaciones que este
lenguaje establece entre los hombres. En la cima de este proceso
encontraremos a Jesús, "hombre enviado a los hombres,
que habla palabras de Dios" (Dei Verbum, 4).
El
anuncio que Ezequiel está llamado a llevar de parte de Dios
no sólo es amplísimo (el rollo está escrito
por ambas partes: cf. 2,9b), sino que también es
bastante doloroso: "lamentaciones, gemidos y amenazas"
(cf. Ap 10,8-11). Acaba con las últimas ilusiones de
los que aún confiaban en que Jerusalén, aunque
debilitada por las primeras derrotas y deportaciones, habría
de resistir al invasor caldeo. Sin embargo, es, al mismo tiempo,
un mensaje de esperanza. Más allá de la cólera
de Dios, se manifestará su inmensa misericordia. Por
terrible que sea, se trata, en último extremo, de una
fuente de auténtica esperanza.
Salmo Responsorial
!Qué dulce al paladar tu promesa,
Señor!
Salmo
118,14.24.72.103.111.131
Mi
alegría es el camino de tus preceptos, más
que todas las riquezas. R/.!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
Tus
preceptos son mi delicia, tus
decretos son mis consejeros. R/.
!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
Más
estimo yo los preceptos de tu boca que
miles de monedas de oro y plata. R/.
!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
¡Qué
dulce al paladar tu promesa: más
que miel en la boca! R/.!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
Tus
preceptos son mi herencia perpetua, la
alegría de mi corazón. R/.
!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
Abro
la boca y respiro, ansiando
tus mandamientos. R/.
!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
Evangelio:
Mateo 18,1-5.10.12-14
1
En
aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús y
le dijeron: -Quién es el más importante en el Reino
de los Cielos?
2
Él
llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
3
y
dijo: -Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis
como los niños no entraréis en el Reino de los
Cielos.
4
El
que se haga pequeño como este niño, ése es el
mayor en el Reino de los Cielos.
5
El
que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí
me acoge.
10
Cuidado
con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que
sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de
mi Padre celestial.
12
Qué
os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía
una de ellas, no dejará en el monte las noventa y nueve e
irá a buscar la descarriada?
13
Y
si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará por ella
más que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
14
Del
mismo modo, vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno
solo de estos pequeños.
**•
Nos
encontramos en el que ha sido definido como discurso sobre "la
vida en la comunidad cristiana" (Mt 18): Jesús traza
las características fundamentales de la misma. Los
discípulos dan muestras de participar en la mentalidad
corriente, la del hombre que ve en la sociedad un continuo
progresar, imponerse, codiciar los puestos preeminentes. En este
contexto, plantean a Jesús una pregunta: "Quién
es el más importante...? (v.
1). Jesús invierte las posiciones: muestra lo que tiene más
valor ante Dios y con ello enseña un nuevo camino de
convivencia comunitaria. Lo hace, al modo de los antiguos
profetas, llevando a cabo primero un gesto (pone a un niño
en el centro: v. 2) y revelando, después, el sentido.
Recogiendo
y dando mayor profundidad a una idea madurada ya en el rabinismo,
la de la inversión de la suerte en el Reino futuro, Jesús
pone en el centro no a un adulto o a una persona considerada
importante, sino a un niño. El niño es
lo desprovisto y olvidado por los mayores, alguien necesitado de
todo, pobre, de humilde condición; es la "oveja
perdida" que busca el pastor y de la que se ocupa más
que de "las noventa y nueve que no se extraviaron"
(v. 13). Jesús extrae las consecuencias de ese gesto.
El discípulo debe hacerse como los niños. Este
hacerse no es un "retorno" a la condición
infantil, sino una "conversión", un cambio de
ruta en nuestra conducta.
No
se trata tanto de ser niño en el sentido de la simplicidad,
del candor, de la docilidad, sino de convertirse a un modo de ser
diferente del que domina en la comunidad mundana; el modelo de la
humillación es preferible al de una vida basada en la
búsqueda de los primeros puestos (cf. 20,20-28).
El
discípulo debe acoger a los pequeños, no
despreciarlos, descubrir que tienen la dignidad del Señor,
que son un sacramento de él (v. 5). El discípulo se
pone en estado de búsqueda para que no se pierda
ninguno de los pequeños.
MEDITATIO
Jesús
no buscó para sí, durante su vida, cargos públicos
ni puestos de prestigio, tampoco se dejó impresionar por
los títulos honoríficos de la gente que tenía
delante, ni por su experiencia, ni por los años, ni por las
canas: miraba a cada hombre a los ojos sin ninguna timidez, leía
hasta el fondo sus pensamientos e intenciones.
Jesús,
para liberarnos de todo desvarío de grandeza y permitirnos
construir verdaderas comunidades, nos indicó el camino del
hacernos niños, la vía de la infancia espiritual
recorrida sabiamente por santa Teresa del Niño Jesús.
Lo que une no es la habilidad real o presunta, sino la "pequenez"
acogida en el Hijo, el hacerse como niños los unos ante los
otros y ante Dios. Hacerse como niños no es poner en marcha
un proceso de involución, sino llevar a cabo un cambio
radical, una conversión radical, en nuestro modo de ser
ante Dios y ante los otros. Hacerse como un niño es hacer
sitio a la confianza que el pequeño muestra frente a sus
padres, a la serenidad y al optimismo con que mira al futuro. El
niño se abre cada día, con una disponibilidad
siempre fresca, a las nuevas experiencias. Hacerse como un niño
es fiarse, no temer "enredos", no hacer cálculos,
no preguntarse si y cuánto ganaremos. Hacerse como un niño
es olvidar lo que hemos hecho y lo que hemos sufrido, no
encerrarnos en nosotros mismos con resentimiento o malhumorados
por las amarguras que hemos pasado. Lo que mantiene la unión
no es el acuerdo impecable y perfecto, sino el perdón
recibido y otorgado de manera constante.
Conseguir
el corazón, la mente y los ojos de un niño se
convierte realmente en una conquista. Y está fuera
de duda que la vive de un modo más consciente y pleno
precisamente quien ha vivido más, quien más se ha
entregado, quien más ha sufrido. La comunidad se construye
sobre todo cuando tiene en su centro, como valor absoluto, a aquel
que se hizo el último y siervo de todos: al Señor
crucificado, revelación del Dios amor que se hizo pequeño
para acoger a los pequeños. Llegar a ser niños es
una espiritualidad que puede crecer con los años.
ORATIO
Señor,
debo ser como un niño del evangelio? Yo, Señor, a
quien tanto gusta mandar y hacer que los otros se plieguen a mi
voluntad? Yo, que deseo ser el más grande? Yo, que deseo
tener siempre razón y obligar a los otros a callar para
hacerme escuchar el primero?
Yo,
que estallo de cólera para conseguir imponer mis caprichos?
Precisamente yo, Señor?
Tómame,
Señor, como aprendiz, para llegar a ser un niño del
evangelio. Enséñame tu mandamiento: a amar a Dios
sobre todas las cosas y a servir al prójimo en primer
lugar. Enséñame a estar atento a tu Palabra, que
cambia la vida. Llévame lejos del orgullo y de la mentira.
Instruye mi espíritu para que pueda buscarte y seguirte con
todo el corazón. !Oh Señor, me gustaría tanto
llegar a ser un niño del evangelio! (Ch. Singer - A. Hari,
Incontrare Gesú Cristo oggi, Bolonia 1994 [edición
española: Encontrar a Jesucristo hoy, Editorial
Verbo Divino, Estella 1993]).
CONTEMPLATIO
Oh
Dios, Padre, gracias por habernos revelado lo más profundo
de tu ser, por habernos dicho que en ti no hay sólo
potencia, soberanía, ciencia y majestad, sino también
inocencia, infancia y ternura infinitas. Sí, porque eres
Padre, infinitamente Padre.
Nosotros
no lo sabíamos antes, no podíamos-saberlo; ha sido
necesario que nos enviases a tu Hijo para que lo
descubriéramos. Él se hizo niño y así
pudo decirnos que nos hiciéramos como niños para
formar parte de tu Reino.
Él,
que era Dios, con una grandeza infinita, se hizo tan pequeño,
tan humilde ante nosotros que sólo los ojos de la fe y los
ojos de los sencillos lo pueden reconocer.
Vino
como niño para hacer desaparecer todos nuestros miedos y
poner dentro de nosotros tanto amor y confianza que pudiéramos
abandonarnos felices como niños en tus manos.
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tus
preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi
corazón"(del
salmo responsorial).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Creo
cada vez más en el Evangelio, en su sencillez, y comprendo
la preocupación con que hablaba Jesús a sus íntimos:
"Si no os hacéis como los niños no entraréis
en el Reino de los Cielos". Hacerse niños no es
una cosa fácil para hombres minados por el orgullo como
nosotros. Y por eso nos advirtió Jesús con tanta
dureza: "No entraréis".
Sé
que no seré creído, pero afirmo sin el menor asomo
de duda que el comienzo en serio de la vida espiritual tiene lugar
cuando el hombre lleva a cabo un auténtico acto de
humildad, v, con frecuencia, la propedéutica de la fe en la
mayoría de los nombres, o la maduración de la misma
en otros, queda bloqueada, envenenada, torturada, prolongada al
infinito por la incapacidad para llegar a ser niños y
echarse en los brazos del misterio de Dios con un alma de
chiquillo... Sí, hacerse pequeños, más
pequeños aún, lo más pequeños posible:
ése es el gran secreto de la vida mística.
Y
cuando quedamos reducidos a un punto, sin más consistencia
que la del alma que mira, o la del corazón que ama,
entonces hemos de acostumbrarnos a invertir la posición, la
eterna posición del orgullo, la difícil posición
del yo que se cree siempre el centro del universo (C. Carretto, Al
ai lá delle cose, Asís 251998 [edición
española: Más allá de las cosas, Ediciones
San Pablo, Madrid 1995]).
Día
14
Miércoles de la semana
XIX del Tiempo ordinario o 14 de agosto.
San Maximiliano María
Kolbe
Nació
en Polonia en 1894. A los 13 años entró en los
menores conventuales. Una vez terminados sus estudios filosóficos
y teológicos en Roma, instituyó en ella la "Milicia
de la Inmaculada", en 1917. Tras ser ordenado sacerdote en
1927, fundó en su patria la "Ciudad de la Inmaculada",
centro de vida espiritual y de actividad editorial. Ejerció
como misionero en Japón y volvió a Polonia en 1936,
donde prosiguió su intensa obra de apostolado. Durante la
Segunda Guerra Mundial fue deportado al campo de concentración
de Auschwitz, donde murió al ofrecer su vida por la de un
compañero de prisión, el 14 de agosto de 1941. Fue
beatificado por Pablo VI en 1971 y canonizado con el título
de mártir por Juan Pablo II en 1 982.
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 9,1-7; 10,18-22
9
Después
le oí gritar con voz potente: -!Que se acerquen los que van
a castigar a la ciudad; cada uno con su arma destructora!
2
Y
por la calle de la puerta alta que mira al norte llegaron seis
hombres, cada uno con su arma destructora. En medio de ellos había
un hombre vestido de lino, con la cartera de escribano a la
cintura. Entraron y se pusieron junto al altar de bronce.
3
La
gloria del Dios de Israel se había levantado encima de los
querubines y se dirigía hacia el umbral del templo.
Entonces llamó al hombre vestido de lino que llevaba a la
cintura la cartera de escribano,
4
y
le dijo: -Pasa por la ciudad, recorre Jerusalén y pon una
señal en la frente de los hombres que gimen y lloran por
todas las abominaciones que se cometen dentro de ella.
5
Y
pude oír lo que dijo a los otros: -Recorred la ciudad
detrás de él, matando sin compasión y sin
piedad.
6
Matad
a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres, hasta
exterminarlos. Pero no os acerquéis a los que tengan la
señal en la frente. Empezad por mi santuario. Y empezaron
por los ancianos que estaban delante del templo.
7
Luego
les dijo: -Contaminad el templo y llenad de cadáveres los
atrios. Y salieron a matar por la ciudad.
10,18
La
gloria del Señor salió levantándose del
umbral del templo y se colocó sobre los querubines.
19
Los
querubines desplegaron sus alas, se elevaron sobre la tierra ante
mis ojos y remontaron el vuelo junto con las ruedas. Se pararon a
la entrada de la puerta oriental del templo del Señor, y la
gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos.
20
Eran
los mismos seres que yo había visto debajo del Dios de
Israel junto al río Quebar, y reconocí que eran
querubines.
21
Cada
uno tenía cuatro caras y cuatro alas y, bajo las alas, una
especie de manos de hombre.
22
Sus
caras eran las mismas que yo había visto junto al río
Quebar. Todos ellos caminaban de frente.
"*•
La Palabra del Señor se dirige a los exiliados que no
conseguían creer que el Señor pudiera aceptar la
destrucción de Jerusalén y del templo en el que se
había establecido. En una gran visión -que se
extiende del capítulo 8 al 11-, el profeta es llamado, en
un primer momento, como testigo de los crímenes y de las
profanaciones que se cometen en el mismo templo y, a continuación,
de la condena a que es sometida la ciudad y de la salvación
de los que han permanecido fieles.
El
castigo empieza con los siete seres misteriosos que recorren la
ciudad para exterminar a todos los pecadores, empezando por los
ancianos del templo. Las graves culpas (infidelidad a Dios,
idolatría en el templo, violencias en la ciudad,
desconfianza en Dios) atraen el tremendo castigo: "Pues yo
tampoco los miraré con compasión ni tendré
piedad, daré a cada uno su merecido".
Cada
uno recibe el trato merecido por lo que es y por lo que hace
("retribución personal": cf. el capítulo
18). No es Dios quien castiga. Los acontecimientos humanos recaen
sobre quienes los provocan, y éstos no obtienen la
intervención salvífica de Dios por su propia
infidelidad, maldad, desconfianza.
Dios
salva a los que han permanecido fieles a la Ley (Tora), a los que
gimen por la maldad, la violencia, la injusticia, la mentira, la
infidelidad del mundo; están marcados por una "T"
(tau), la primera letra de la palabra Tora, y han
sido preservados de la desventura. El exterminio es tan completo
que los cadáveres contaminan incluso el interior del templo
y obligan a la gloria de Dios a retirarse de un lugar que se ha
vuelto impuro. En esta escena, Dios se revela como el salvador de
los que escuchan la Palabra y llevan impreso sobre sí
mismos el sello de los hombres que escuchan: la "T" de
la Tora.
Salmo Responsorial
La gloria del Señor se eleva sobre
el cielo
Salmo
112,1-2.3-4.5-6
Alabad,
siervos del Señor, alabad
el nombre del Señor. Bendito
sea el nombre del Señor, ahora
y por siempre. R/.
La
gloria del Señor se eleva sobre el cielo
De
la salida del sol hasta su ocaso, alabado
sea el nombre del Señor. El
Señor se eleva sobre todos los pueblos, su
gloria sobre el cielo. R/.
La
gloria del Señor se eleva sobre el cielo
¿Quién
como el Señor, Dios nuestro, que
se eleva en su trono y
se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R/.
La
gloria del Señor se eleva sobre el cielo
Evangelio:
Mateo 18,15-20
15
Por
eso, si tu hermano comete una falta, ve y repréndelo a
solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
16
Si
no te escucha, toma contigo uno o dos, para que cualquier asunto
se resuelva en presencia de dos o tres testigos.
17
Si
no les hace caso, díselo a la comunidad; y si tampoco hace
caso a la comunidad, considéralo un pagano o un publicano.
18
Os
aseguro que lo que atéis en la tierra quedará atado
en el cielo, y lo que desatéis en la tierra quedará
desatado en el cielo.
19
También
os aseguro que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la
tierra para pedir cualquier cosa, la obtendrán de mi Padre
celestial.
20
Porque
donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí
estoy yo en medio de ellos.
*••
Seguimos estando en el contexto de las relaciones que deben
establecerse en el interior de la comunidad: con los hermanos -los
pequeños, los pecadores, los colaboradores-.
El
tema de hoy es éste: qué actitud debe adoptar una
comunidad cristiana ante el pecado y ante el escándalo
(18,3-11)?, qué actitud debe tomar ante el pecador? Tras
haber invitado a la misericordia contando la parábola de la
oveja extraviada (18,12-14), Mateo describe el itinerario que
conduce al perdón: acercarse al pecador a solas (obsérvese
que la fórmula "contra ti" no se encuentra
en el texto original, que habla del pecador como tal: v. 13),
reprenderle delante de dos o tres testigos (v. 16) y, por último,
interpelarle en medio de la asamblea (v. 17). A fin de que se
observe esta pedagogía, Cristo confiere a sus apóstoles
un poder particular (v. 18).
La
condena del hermano sólo es posible cuando persevera en el
mal y rechaza toda corrección y todo perdón (w.
15-17). En este caso, Dios ratifica lo que lleva a cabo su
Iglesia. Los w. 19ss. indican que el acto de la corrección
fraterna debe realizarse en la unión y en la plegaria, que
aseguran la presencia del Resucitado. Estas palabras, tomadas en
su conjunto, quieren decirnos que todo debe desarrollarse en un
clima de extrema delicadeza y fraternidad. Está la
preocupación por no llamar "pecadores" a los
otros. Jesús nos hace decir: "Si tu hermano comete
una falta". No debemos movernos para condenar y alejar,
sino para acercar, para sacar del mal, a fin de volver a ganar al
hermano para la comunidad y para Dios. Y para él mismo.
Sólo si persiste en su actitud, deberá tomar nota la
comunidad de que se ha "alejado" de ella y no se
comporta ya como hermano. En la comunidad cristiana existe una
ilimitada capacidad de perdón: los términos atar
y desatar empleados en el v. 18 son un hebraísmo e
indican el inmenso poder de perdón otorgado por Jesús
a la Iglesia.
Los
vv. 19ss, aparentemente desligados del contexto, con la mención
de la oración y de la presencia de Cristo en la comunidad,
hacen pensar en una disciplina eclesial ejercida de manera
"cultual", en la oración y con conciencia de la
presencia de Jesucristo en su propio desarrollo.
MEDITATIO
Dar
la vida es manifestar la cumbre del amor, dijo Jesús. Eso
es lo que hizo él, y a eso mismo nos llama a nosotros.
Aparecen los vértigos, como si estuviéramos al borde
de un abismo. Estamos así instintivamente aferrados a
nuestra vida, una vida que sentimos muy breve y frágil...
La retenemos de una manera tenaz entre nuestras manos. De la
vida como posesión a la vida como don: ése es el
gran desafío, que revela - a nosotros mismos antes que a
los otros- "quiénes somos" y "quiénes
queremos ser".
"Podríamos
decir que el banco de prueba del valor y, por consiguiente, del
significado de una persona es, para el hombre contemporáneo,
la "cotidianidad". En el caso del padre Kolbe, cuántos
son capaces de pensar, frente a una experiencia tan
extraordinaria, que ésta estuvo preparada por toda una vida
llevada bajo la enseña de una "cotidianidad
extraordinaria", que, tal vez, sea la única que está
en condiciones de madurar para los grandes momentos?" (G.
Barra). Dar la vida no es cuestión de un momento, sino una
opción fundamental repetida cada día: la de decir
"sí" a la oferta de amistad que Dios nos propone.
No es cuestión de un impulso del corazón en algún
momento especial, sino de gestos concretos ordinarios que saben de
calor, de compartir con los demás, de entrega verdadera.
Esto es posible para todos, para cada uno que acoja la llamada del
Señor y le responda con el amor a los hermanos. Es "en
el marco de una vida entregada y empleada realmente por un ideal
tan arrollador donde puede madurar y donde se puede comprender el
acto sublime que coronó la existencia del padre
Maximiliano, la consumación cruenta de una oblación
constante realizada a lo largo de toda una vida, el sello a una
fidelidad indefectible a lo "terrible cotidiano""
(G. Barra).
ORATIO
( Algunas
invocaciones de san Maximiliano María Kolbe )
"Reina
en mí, oh Dios mío, y permíteme difundir en
todos tu Reino a través de la Inmaculada".
"Oh
María, concebida sin pecado, ora por nosotros, los que
recurrimos a ti, y por cuantos no lo hacen; en particular, por los
enemigos de la santa Iglesia y por aquellos que te han sido
encomendados".
"!Gloria
a la Inmaculada por todo!"
"!Oh
Inmaculada, soy tuyo!"
"Virgen
Inmaculada, Madre mía, María, te renuevo, hoy y para
siempre, la consagración de toda mi persona, a fin de que
dispongas de mí para el bien de las almas. Sólo te
pido, oh Reina mía y Madre de la Iglesia, cooperar
fielmente en tu misión para la venida de Jesús al
mundo. Te ofrezco, por tanto, oh Corazón Inmaculado de
María, las oraciones, las acciones y los sacrificios de
este día" (Consagración
cotidiana a María de la Milicia de la Inmaculada).
CONTEMPLATIO
(Algunos
dichos de san Maximiliano María Kolbe:)
"Lo
primero que tenemos que hacer es trabajar en nuestro propio
perfeccionamiento".
"La
humildad es lo más difícil de conquistar en el
trabajo por nuestra propia santificación".
"La
oración es una condición indispensable para la
regeneración y para la vida de toda alma".
"Todo
lo puedo en Aquel que me da fuerza a través de la
Inmaculada".
"Sin
un espíritu de penitencia y de renuncia de nosotros mismos
no se puede ser amor".
"Sin
amor, no puede haber virtud alguna; con amor, todas".
"Busca
sólo la gloria de Dios, con serenidad".
"El
amor mutuo es lo principal".
"Trabaja,
a través de la Inmaculada, por la salvación de las
almas".
ACTIO
Repite
con frecuencia y medita durante el día esta expresión
típica de Maximiliano María Kolbe: "Sólo
el amor crea".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
En
todos los continentes, o casi, es conocida y notoria la figura de
san Maximiliano María Kolbe. Y quien ha recibido el don de
acercarse a él, queda profundamente conquistado por el
santo. Porque se quedará tan presente en su propia vida,
que sentirá la necesidad de invocarlo, imitarlo y
enamorarse de su poliédrica figura de hombre, sacerdote,
religioso, apóstol y mártir.
"Sólo
el amor crea", había repetido miles y miles de veces
el padre Kolbe durante su vida. "Sólo el amor crea",
cantaban las obras que iba ideando y concretando una tras otra, a
fin de llevar la vida de la verdad a cada hombre con la imprenta;
para llevar las ondas de la vida a cada casa por medio de la
radio; para dar un signo de la vida eterna a través de las
esculturas y las pinturas délos hermanos. Y en sus largos
viajes no perdía la ocasión de acercarse al ateo, al
masón, al judío, al incrédulo, al cristiano
adormecido en su fe, para que el nuevo destello de la vida
iluminara el camino que lleva a la salvación.
"Sólo
el amor crea", ha ido repitiendo el papa "venido de
lejos ", cada vez que se detiene a hablar de este hombre: el
hombre de nuestro tiempo, el hombre de la magna y profunda
herencia. La herencia espiritual de san Maximiliano María
Kolbe no tiene límites. La consagración total a la
Inmaculada con propósitos apostólicos, que él
vivía y promovía, es y debe ser una verdadera
espiritualidad. Indudablemente, es una herencia muy
comprometedora, porque se trata de imitar a aquel que nos la ha
dejado. A saber: se trata no de tener "algo" de él
(posibles reliquias, algún autógrafo, su biografía,
etc.), sino de poseer su espíritu, porque de los santos
queda sobre todo lo que han hecho, actuando según la
voluntad de Dios. Recoger su herencia significa permitir a Dios
que obre en nosotros como obró en ellos. Como obró
en san Maximiliano María Kolbe y en muchos de sus
seguidores (L. Faccenda [ed.], "Un cuore donato. San
Massimiliano María Kolbe", suplemento a Milizia
Mariana 4 [1994] 11; 51ss; 75).
Día
15
Asunción de la Virgen
María
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 11,19a; 12,1-6a.10a-b
11
Se
abrió entonces en el cielo el templo de Dios y dentro de él
apareció el arca de su alianza.
12,1
Una
gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida
del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas
sobre su cabeza.
2
Estaba
encinta y las angustias del parto le arrancaban gemidos de dolor.
3
Entonces
apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón
de color rojo con siete cabezas y diez cuernos y una diadema en
cada una de sus siete cabezas.
4
Con
su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo
y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se puso al
acecho delante de la mujer que iba a dar a luz, con ánimo
de devorar al hijo en cuanto naciera.
5
La
mujer dio a luz un hijo varón, destinado a regir todas las
naciones con vara de hierro, el cual fue puesto a salvo junto al
trono de Dios,
6
mientras
la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado
por Dios.
10
Y
en el cielo se oyó una voz potente que decía: Ya
está aquí la salvación y el poder y el
reinado de nuestro Dios. Ya está aquí la potestad de
su Cristo.
**• El drama de la
historia humana está representado aquí, como en
otros lugares del Apocalipsis, con imágenes cósmicas.
Esta historia -la de la lucha continua entre el bien el mal- lleva
en sí misma la semilla de un niño, de una vida
nueva, esto es, de la vida encarnada en Jesús y vivida para
siempre junto a Dios. El arca de esta nueva alianza, que la
perícopa de hoy conecta con la figura de una mujer encinta
que está a punto de dar a luz, aparece en el cielo junto
con los signos que describen la experiencia de lo divino: "En
medio de relámpagos, de retumbar de truenos, de temblores
de tierra y de fuerte granizada" (11,19).
La mujer, cargada con el
niño divino, anuncio y promesa de salvación, se
encuentra de la parte de Dios. Tiene "la luna bajo sus pies y
una corona de doce estrellas sobre su cabeza" (12,1): estos
signos nos permiten identificarla como figura de la nueva
creación, del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia. Frente a
ella se encuentra al acecho "un enorme dragón de color
rojo", que representa a los que contrastan con el anuncio del
Evangelio, a todos los que dieron comienzo a las persecuciones de
los primeros tiempos de la Iglesia. El tiempo de la persecución
(los "mil doscientos sesenta días" son la
duración de la persecución apocalíptica: cf.
11,3; Dn 7,25) contemplará aún a la mujer-Iglesia
viviendo en el desierto, donde, paradójicamente, encuentra
refugio y alimento.
El himno final anuncia la
derrota definitiva del dragón ("el diablo y Satanás":
12,9) por parte de Miguel y de sus ángeles: de ahora en
adelante nadie podrá encontrar ya una culpa, "acusar"
(cf. 12,10) a los creyentes ante Dios.
Salmo
responsorial De
pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir
Salmo 44, 10. 11-12. 16
Hijas de reyes salen a tu
encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada
con oro de Ofir.
Escucha , hija, mira: inclina el
oído, olvida tu pueblo y la casa paterna.
Prendado está el rey de tu
belleza: póstrate ante él, que él es tu
señor.
Les traen entre alegría y
algazara, van entrando en el palacio real.
Segunda
lectura: 1 Corintios 15,20-26
Hermanos:
20
Cristo
ha resucitado de entre los muertos, como anticipo de quienes
duermen el sueño de la muerte.
21
Porque
lo mismo que por un hombre vino la muerte, también por un
hombre ha venido la resurrección de los muertos.
22
Y
como por su unión con Adán todos los hombres mueren,
así también por su unión con Cristo todos
retornarán a la vida.
23
Pero
cada uno en su puesto: como primer fruto, Cristo; luego, el día
de su gloriosa manifestación, los que pertenezcan a Cristo.
24
Después
tendrá lugar el fin, cuando, destruido todo principado,
toda potestad y todo poder, Cristo entregue el Reino a Dios Padre.
25
Pues
es necesario que Cristo reine hasta que Dios ponga a todos sus
enemigos bajo sus pies.
26
El
último enemigo a destruir será la muerte.
*• El capítulo
15 de la primera carta a los Corintios pretende responder a
algunas objeciones respecto a la resurrección planteadas
tanto por ciertas actitudes de miembros de la comunidad como de
procedencia exterior.
La
primera afirmación de Pablo se basa en un dato de hecho: la
resurrección de Jesús, cuyo anuncio forma parte del
núcleo originario del anuncio cristiano (cf 15,3ss).
La segunda afirmación
parte, a continuación, de un dato de fe: sin la
resurrección, el credo cristiano perdería su
sentido. Dejaría de ser un anuncio de salvación,
porque el "último enemigo" (v. 26), la muerte, no
sería vencido y con él seguiría en vida el
miedo que nos ata y nos hace esclavos de nuestra historia y de
nuestros modelos de comportamiento.
La dialéctica
Adán-Cristo le sirve a Pablo para subrayar el modo de la
resurrección, esto es, cómo la vida de la
resurrección comporta un cambio real en la naturaleza de
nuestro cuerpo: ya no es un cuerpo que lleva en sí la
muerte, sino un cuerpo colmado de vida y capaz de darla (cf.
15,20-21.42ss), un cuerpo "espiritual" (capítulos
44ss); ya no es un cuerpo a imagen "del hombre terreno",
sino uno a imagen "del hombre de los cielos" (v. 49),
una humanidad que se encuentra de parte de Dios.
Evangelio:
Lucas 1,39-56
39
Por
aquellos días, María se puso en camino y se fue de
prisa a la montaña, a una ciudad de Judá.
40
Entró
en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41
Y
cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño
empezó a dar saltos en su seno. Entonces Isabel, llena del
Espíritu Santo,
42
exclamó
a grandes voces: -Bendita tú entre las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre.
43
Pero
cómo es posible que la madre de mi Señor venga a
visitarme?
44
Porque
en cuanto oí tu saludo, el niño empezó a dar
saltos de alegría en mi seno.
45
!Dichosa
tú, que has creído! Porque lo que te ha dicho el
Señor se cumplirá.
46
Entonces
María dijo:
47
Mi
alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en
Dios, mi Salvador,
48
porque
ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán
dichosa todas las generaciones,
49
porque
ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso. Su nombre es
santo,
50
y
es misericordioso siempre con aquellos que le honran.
51
Desplegó
la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón
soberbio.
52
Derribó
de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes.
53
Colmó
de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin
nada.
54
Tomó
de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su
misericordia,
55
como
lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de
Abrahán y de sus descendientes para siempre.
56
María
estuvo con Isabel unos tres meses; después volvió a
su casa.
**• El encuentro
entre Isabel y María, dos mujeres encintas y cargadas de
vida, se vuelve un verdadero anuncio evangélico, es decir,
el anuncio de la Buena Nueva para el mundo. La exultación
del niño en el seno de Isabel (cf. vv. 41.44) corresponde
por eso al cántico que el evangelista pone en labios de
María (cf. vv. 46ss).
La historia emprende ya
desde ahora un nuevo curso: los pobres y los oprimidos de todos
los tiempos y de todos los ámbitos tienen derecho a la
palabra frente a los ricos y los poderosos (cf. vv. 5 lss), puesto
que las promesas de Dios ya se han cumplido (cf. vv. 54ss).
Justamente la
bienaventuranza proclamada por Isabel (v. 45) nos proporciona la
clave de lectura de todo el Magníficat, que no es una
simple plegaria de liberación, ni una simple exaltación
personal de María, "madre del Señor" (v.
43). La "humildad" (v. 48) de María se convierte,
sin embargo, en la capacidad de ver los acontecimientos con unos
ojos nuevos, con unos ojos que saben ver la realidad de la
historia y la mano de Dios que obra en ella, con los ojos de la
fe.
MEDITATIO
Los ojos de la fe nos
ayudan a ver nuestra historia y la de los otros con una mirada
especial, desde Dios, casi sub specie aeternitatis. Para esta
mirada, las experiencias de luto y de dolor -la desaparición
de un ser querido, el final de una relación, el alejamiento
de una amistad-, así como las de amor y alegría,
pueden constituir otros tantos momentos de una vida vivida en el
amor a Dios, de un tiempo de "desierto" o de
"visitación", momentos que son transformados por
la vida de Dios que nuestra fe encuentra en ellos.
La Asunción de
María al cielo constituye, a buen seguro, un privilegio
personal y absolutamente particular concedido a María por
la gracia de Dios; sin embargo, está de acuerdo con el
anuncio evangélico de la derrota definitiva, escatológica,
de la muerte. La mirada de fe de María ayuda a la joven de
Nazaret a levantar los ojos al cielo mientras contempla la
realidad de la tierra, la eleva en medio de la alabanza
entretejida por las generaciones de la historia, que ven en ella
las grandes obras que realiza Dios; la introduce ya en su tiempo
terreno para vivir en la humildad de la vida eterna; la dispone
para recibir también en su propia muerte el poder de Dios
en ella, que de esta forma participa en la resurrección del
Hijo.
Nuestra vida -como también
nuestra muerte- está llamada a conseguir esta mirada de fe.
La resurrección y el anticipo que la fe nos comunica en la
Asunción de María nos anuncian la transformación
definitiva, la última de toda nuestra humanidad. Conseguir
vivir de esto es hacer también nuestro el cántico de
alabanza que María ha proclamado con su vida.
ORATIO
Señor, Padre santo,
tú nos has dado la vida, haz que, con fe, veamos en nuestro
cuerpo, en nuestra alma y en nuestro espíritu la semilla
que tú has plantado, el designio que tú elaboraste
cuando nos formaste.
Señor, Jesucristo,
primicia de nuestra resurrección, aumenta en nosotros el
deseo de vivir junto al Padre y a nuestro prójimo la vida
de cada día, mirando nuestra historia con los ojos de los
puros de corazón.
Señor, Espíritu
que da vida, ayuda a nuestro corazón a vivir en la vida
eterna y transforma nuestro cuerpo con la luz de la resurrección,
para que junto a María podamos cantar por siempre el
cántico de nuestra esperanza.
CONTEMPLATIO
Tú, María,
partiste de las realidades terrenas para que se viera reforzado el
misterio de la tremenda encarnación, para que se creyera
que el Dios nacido de ti había sido también hombre
completo, hijo de una verdadera madre. Ya que tú participas
de nuestros cuerpos y por eso no habrías podido escapar del
encuentro con la muerte común a todos, como asimismo tu
Hijo y Dios de todos "gustó la muerte" (Heb 2,9):
no hay duda de que el sepulcro de tu dormición, así
como el sepulcro vivificador, es objeto de maravillas, puesto que
ambos acogieron realmente vuestros cuerpos, aunque no obraron
ruina alguna en ellos.
No era admisible que tú,
por ser vaso continente de Dios, fueras disuelta en el polvo.
Puesto que aquel que se despojó en ti era Dios desde el
principio y Vida más antigua que todos los siglos, era
también necesario que la madre de la Vida habitara junto a
la Vida. En efecto, así como un hijo busca y desea a su
propia madre y a la madre le gusta vivir con el hijo, también
fue justo que tú volvieras a él y que Dios te
hiciera partícipe de la comunión de vida con él
mismo (Germán de Constantinopla, Omelia IV, en Omelie
mariologiche, Roma 1985, pp. 110ss, passim).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El
Poderoso ha hecho grandes cosas en mí"
(Lc
1,49).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El evangelio de la mañana
de pascua describe la resurrección como la capacidad de ver
abiertas las tumbas y de divisar la vida en el lugar de la muerte.
Se trata de una experiencia tan antigua y tan profundamente
arraigada en los seres humanos que, probablemente, nuestra misma
conciencia, nuestra misma humanidad, nunca hubiera podido madurar
y realizarse a sí misma si, al mismo tiempo, no hubiéramos
desarrollado la capacidad de ver el mundo también de una
manera diferente de como lo vemos sólo con los ojos
terrenos. Si nos consideramos únicamente hijos de este
mundo, estamos perdidos. Si la última palabra sobre nuestra
existencia fuera que somos sólo lo que vemos, es decir, un
mecanismo de breve duración, una envoltura sombría,
los pocos años que estamos aquí no serían
otra cosa más que un sueño fugaz, algo irreal,
incomprensible, nada más que un capricho y un juego de la
naturaleza.
Las primeras fórmulas
interpretaron unánimemente la resurrección de Jesús
como una transformación de nuestra vida ya aquí en
la tierra. No es que Jesús haya fundado la fe en una
prosecución de la vida o en una continuación de la
existencia.
Es mucho más
importante el hecho de que Jesús vivió la vida
contra la muerte y que no quería, ciertamente, que nosotros
empezáramos a vivir sólo después de haber
muerto físicamente.
Las mujeres que la mañana
de pascua van al sepulcro advierten la gran cantidad de energía
que emana de Jesús. Jesús tuvo dentro de él
este poder gracias a su confianza en la vida, hasta tal punto que
la resurrección de la muerte puede empezar en este momento
(E. Drewermann, La rícchezza della vita, Brescia 1998, pp.
268-270, passim).
Día
16
Viernes de la semana XIX del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 16,1-15.60.63
1
Recibí
esta palabra del Señor:
2
-Hijo
de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones y di:
3
Esto
dice el Señor a Jerusalén: Por tu origen y
nacimiento eres cananea; tu padre fue un amorreo y tu madre una
hitita.
4
El
día en que naciste no te cortaron el cordón, no te
lavaron con agua, no te hicieron las fricciones de sal ni te
envolvieron en pañales.
5
Nadie
se apiadó de ti ni hizo por compasión nada de esto,
sino que te arrojaron al campo como un ser despreciable el día
que naciste.
6
Yo
pasé junto a ti, te vi revolviéndote en tu sangre y
te dije: Sigue viviendo 7
y
crece como la hierba de los campos. Y tú creciste, te
hiciste mayor y llegaste a la flor de tu juventud; se formaron tus
senos y te brotó el vello, pero seguías desnuda.
8
Yo
pasé junto a ti y te vi; estabas ya en la edad del amor;
extendí mi manto sobre ti y cubrí tu desnudez; me
uní a ti con juramento, hice alianza contigo, oráculo
del Señor, y fuiste mía.
9
Te
lavé con agua, te limpié la sangre y te ungí
con aceite;
10
te
vestí con bordados, te puse zapatos de cuero fino, te ceñí
de lino y te cubrí de seda;
11
te
adorné con joyas, coloqué pulseras en tus brazos, un
collar en tu cuello,
12
un
anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas y una magnífica
corona en tu cabeza.
13
Estabas
adornada de oro y plata, vestida de lino fino, de seda y bordado;
comías flor de harina, miel y aceite. Te hiciste cada vez
más hermosa y llegaste a ser como una reina.
14
La
fama de tu belleza se difundió entre las naciones paganas,
porque era perfecta la hermosura que yo te había dado.
Oráculo del Señor.
15
Pero
tú, confiada en tu belleza y valiéndote de tu fama,
te prostituiste y te ofreciste a todo el que pasaba, entregándote
a él.
60
Pero
yo me acordaré de la alianza que hice contigo en los días
de tu juventud y estableceré contigo una alianza eterna,
61
para
que te acuerdes y te avergüences y no te atrevas a abrir más
la boca, cuando te haya perdonado todo lo que has hecho.
*+•
El
profeta, a través de un procedimiento de tipo midrásico,
nos ofrece una profunda y sintética meditación sobre
la historia de Jerusalén y su visión de la
instauración del Reino de Dios en el mundo. Para hacerlo
recurre al simbolismo matrimonial, un simbolismo bastante
difundido entre los profetas para expresar la relación
entre Dios e Israel.
En
su origen, Jerusalén fue como una niña abandonada
por sus padres y privada de todo: estaba excluida de la
confederación cananea (Melquisedec, rey de Salem, no tiene
ni padre ni madre: Heb 7,3, y, bastante antes de la era judía,
el rey Ponti-Hefer escribía al faraón para
lamentarse de su aislamiento); pasa sin daño a través
de la historia de Canaán (w. 3-5). Cuando los judíos
ocupan la región, no se preocupan de Jerusalén: la
dejan vivir por su cuenta. Sólo con David entró el
Señor en relación con la ciudad, la convirtió
en su esposa (w. 8-13) y la hizo beneficiaría de la gloria
inaudita del reinado de Salomón: "Era perfecta la
hermosura que yo te había dado. Oráculo del Señor"
(v. 14).
Ahora
bien, prendada de sí misma, Jerusalén rompe el pacto
de amor con Dios y se convierte en una prostituta, ofreciendo sus
favores "a todo el que pasaba", a todos los
dioses de la región (v. 15). Su infidelidad fue
particularmente grave. Las otras ciudades del Oriente condenadas
por el Señor no habían conocido su amor con la misma
intensidad, no habían sido tan adúlteras; por eso
son claramente menos culpables que Jerusalén.
En
consecuencia, cabe esperar que el Señor juzgue a Jerusalén
y la condene como se hace con una joven adúltera, con un
castigo mucho más duro que el padecido por Sodoma, por
Samaría y por las otras ciudades paganas (w. 35-52, no
recogidos por la liturgia). Con todo, el misterioso amor del
Señor, gratuito y fiel, no disminuirá; Dios sigue
amando a la esposa infiel y le prepara un futuro de conversión
y de retorno a él. Los últimos versículos le
anuncian el establecimiento de una alianza eterna con ella.
Salmo Responsorial
Ha cesado tu ira y me has consolado
Is
12,2-3.4bcd.5-6
Él
es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque
mi fuerza y mi poder es el Señor, él
fue mi salvación. Y
sacaréis aguas con gozo de
las fuentes de la salvación. R/.
Ha
cesado tu ira y me has consolado
Dad
gracias al Señor, invocad
su nombre, contad
a los pueblos sus hazañas, proclamad
que su nombre es excelso. R/.
Ha
cesado tu ira y me has consolado
Tañed
para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas
a toda la tierra; gritad
jubilosos, habitantes de Sión: <<Qué
grande es en medio de ti el Santo de Israel. >> R/.
Ha
cesado tu ira y me has consolado
Evangelio:
Mateo 19,3-12
En
aquel tiempo,
3
se
acercaron unos fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron:
-Puede uno separarse de su mujer por cualquier motivo?
4
Jesús
respondió: -No habéis leído que el Creador,
desde el principio, los
hizo varón y hembra, 5
y
que dijo: Por
eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá
a su mujer y serán los dos uno sólo?
6
De
manera que ya no son dos, sino uno sólo. Por tanto, lo que
Dios ha unido que no lo separe el hombre.
7
Replicaron:
-Entonces, por qué mandó Moisés que el marido
diera
un acta de divorcio a su mujer para separarse de ella?
8
Jesús
les dijo: -Moisés os permitió separaros de
vuestras mujeres por vuestra incapacidad para entender, pero al
principio no era así.
9
Ahora
yo os digo: El que se separa de su mujer, excepto en caso de unión
ilegítima, y se casa con otra comete adulterio.
10
Los
discípulos le dijeron: -Si tal es la situación del
hombre con respecto a su mujer, no tiene cuenta casarse.
11
Él
les dijo: -No todos pueden comprender esto, sino sólo
aquellos a quienes Dios se lo concede.
12
Algunos
no se casan porque nacieron incapacitados para ello, otros porque
los hombres los incapacitaron, y otros eligen no casarse por causa
del Reino de los Cielos. Quien pueda comprender que lo haga.
**•
El fragmento está constituido por dos partes. En la primera
(w. 3-9) ocupan la escena Jesús y los fariseos.
Jesús no está
de acuerdo con la sociedad permisiva de su tiempo y remite al
designio original del Creador: Dios creó al hombre y a la
mujer para un matrimonio indisoluble. La ley judía permitía
al hombre repudiar a la esposa "por
cualquier motivo". Las
escuelas rabínicas no estaban muy de acuerdo en la
interpretación de este pasaje. Los laxistas eran del
parecer de que si un hombre encontraba una mujer más
atractiva que la suya, podía disgustarse hasta tal punto
con su propia mujer que llegara a repudiarla válidamente;
los rigoristas, en cambio, veían en esto un adulterio o, al
menos, la expresión de costumbres particularmente ligeras.
La
cuestión planteada por los fariseos a Jesús es una
trampa: quieren obligarle a tomar posición entre las dos
corrientes. Pero Jesús evita la asechanza declarándose
contrario al divorcio, sea cual sea el motivo, apoyándose
en dos pasajes de la Escritura: Gn 1,27 y 2,24. Dios quiere que el
marido y la mujer estén unidos como "uno sólo"
(Mt 19,5ss). Lo que Dios ha unido no puede separarlo el
hombre, aunque se trate del mismo Moisés (v. 6b). El
matrimonio, en efecto, no es sólo un contrato entre dos
personas humanas: en él está implicada también
la voluntad de Dios, inscrita en la complementariedad de los
sexos.
La
voluntad de los esposos no basta para explicar el matrimonio: la
voluntad de Dios forma parte inherente del mismo. El divorcio
ignora el designio de una de las partes del matrimonio, el mismo
Creador.
En
la segunda parte de nuestro pasaje (w. 10-12), ocupan la escena
Jesús y los discípulos: a éstos, que
manifiestan su perplejidad y las dificultades que les plantea
asumir una responsabilidad tan grave en el matrimonio, les
responde Jesús poniéndolos en guardia: sólo
una responsabilidad mayor, la urgencia de difundir el Reino de los
Cielos, hace laudable la renuncia al matrimonio.
Lo
que dice Jesús no lo comprenderán todos. Jesús
no dice: "No todos pueden poner en práctica estas
palabras", sino "No todos pueden comprender esto"
(v. 11), "quien pueda comprender que lo haga" (v.
12); precisa que sólo pueden comprender "aquellos a
quienes Dios se lo concede" (v. 11). Se trata de una
inspiración interior concedida a los apóstoles y a
aquellos que creen (Mt 11,25 y 16,17).
MEDITATIO
Dios
tiene un proyecto respecto al hombre y la mujer, el proyecto del
matrimonio: "No habéis leído que el Creador,
desde el principio...?". "De manera que ya no son dos,
sino uno sólo. Por tanto, lo que Dios ha unido...". No
nos unimos en matrimonio por instinto, por una elección
personal, sino obedeciendo a la voluntad de Dios. No somos
nosotros quienes escogemos, quienes nos unimos, sino que es él
quien escoge, nos llama, nos une; nosotros respondemos libremente
a su llamada de amor. Es difícil explicar cómo
sucede esto; Dios se sirve de muchos factores o causas: los del
cuerpo, los de las pulsiones interiores, los de los
acontecimientos cotidianos...
Así
las cosas, tanto el matrimonio como el celibato han de ser
comprendidos como realidades cristianas, y tanto el uno como el
otro sólo pueden ser comprendidos por aquellos a quienes se
les ha concedido. Es difícil comprender el celibato: "No
todos pueden comprender esto, sino sólo aquellos a quienes
Dios se lo concede... Quien pueda comprender que lo haga".
Los discípulos no "comprenden" las palabras
de Jesús sobre el matrimonio tal como él lo propone;
ante la revelación de su proyecto -que es el proyecto
original de Dios-, dicen: "Si tal es la situación
del hombre con respecto a su mujer, no tiene cuenta casarse".
En consecuencia, el matrimonio -y no sólo el celibato-
es algo que hemos de "comprender ", fruto de una
búsqueda, de un abandono a la acción misteriosa del
amor del Padre y del Hijo.
El
hombre y la mujer, para llevar a cabo su vocación, deben
"dejar" ("Por eso dejará el hombre a su
padre y a su madre": Gn 2,24), deben realizar un éxodo.
Dejan su "soledad", tierra de su esclavitud ("No
es bueno que el hombre esté solo": Gn 2,18). Y al
final de su camino encuentran a aquel o aquella que Dios les ha
dispuesto como "ayuda adecuada" (Gn 2,18), hecha
para él. Ambos viven el misterio de la pascua y pasan de
este mundo al Padre, entran en el amor trinitario. Ambos "dejan
" y, de extraños como eran, de "solos" como
estaban, son conducidos a formar una intimidad más grande
que cualquier otro vínculo: "Se une a su mujer, y
los dos se hacen uno solo" (Gn 2,24). La unidad, la
indisolubilidad, la fidelidad que sustancia esta unión, no
son "ley", sino "Evangelio" de Jesús.
Éste parte del matrimonio y llega al celibato. En este
punto parece necesario intuir que Jesús quiere afirmar dos
cosas. En primer lugar, que el matrimonio, como toda realidad,
está al servicio del Reino. El Reino está tan
por encima de todo, debe ser hasta tal punto la única
preocupación, que para ponerse a su servicio es justo
no sólo construir un matrimonio indisoluble, sino también
abrazar el celibato.
ORATIO
Resultó
difícil entonces, Señor, comprender lo que
significaba casarse o vivir célibe; lo fue para aquellos
que estaban familiarizados con la sagrada Escritura y para tus
mismos discípulos; lo es para nosotros, que vivimos entre
mil propuestas, bombardeados por tantos proyectos, apremiados por
tantos expertos que pretenden tener la última palabra.
Ahora, por fin, nos queda clara una cosa: todo está bajo el
signo de tu gracia, tenemos necesidad de tu Espíritu.
Envíalo
sobre nuestras soledades y nuestros aislamientos, sobre nuestras
clausuras y nuestros arraigos, sobre nuestros egoísmos.
Envíalo como Espíritu de unidad y de fidelidad para
que el yo se abra al tú, y cada uno se encuentre con el
otro hasta hospedarse y recrearse recíprocamente en el
amor. Envíalo a nuestras confusiones y oscuridades, a
nuestro andar a tientas y a nuestro errar. Envíalo como
Espíritu de luz para que introduzca la claridad en nuestros
corazones y en nuestros sentimientos, en nuestras mentes y en
nuestras fantasías, en nuestros pequeños y en
nuestros grandes proyectos. Envíalo sobre nuestras perezas
y sobre nuestras debilidades, sobre nuestros titubeos y sobre
nuestros cambios de opinión. Envíalo como Espíritu
de fortaleza que nos invita a partir, a arriesgar, a fiarnos los
unos de los otros, a creer firmemente que tú eres el único
que puede llevar a puerto un proyecto que es tuyo antes de ser
nuestro.
CONTEMPLATIO
Te
alabamos y te damos gracias con todas nuestras fuerzas por haber
creado al hombre y a la mujer con dones diferentes, por haber
dispuesto que todos vivieran el pacto de amor contigo: algunos en
el matrimonio, otros en el celibato. A cada uno le das una gracia
según la medida del don de Cristo: casados o célibes,
todos estamos dentro de un único y mismo amor, todos
formamos una sola y misma humanidad, todos llevamos dones
diferentes, todos estamos llamados a vivir en el amor y a dar
testimonio del mismo.
Gracias
a tu don de amor, y siguiendo tu voluntad, el hombre y la mujer se
unen hasta formar un solo cuerpo y una sola alma, obedecen al
precepto del amor y, viviendo en una fidelidad recíproca,
dan testimonio del amor de Cristo por la Iglesia. De este modo, se
convierten en Evangelio para el mundo y en colaboradores del
crecimiento de tu Reino en nuestros días. Por tu don de
amor y según tu voluntad, hombres y mujeres aceptan vivir
en el celibato para ser testigos de que tú eres el único
amor que invita a servir a los hermanos en las mil formas que sólo
tú sabes inventar; a través de ellos anuncias que tu
Reino viene ya y debe venir aún. Por tu don de amor y según
tu voluntad, todos vivimos en la expectativa de la patria futura,
cuando todos estaremos ante ti como ángeles del cielo.
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Estableceré
contigo, esposa mía, una alianza eterna"(cf.
Ez
16,60).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Oh
esposos, que vuestra casa no sea nunca un apartamento, ese triste
reino del egoísmo y de la soledad. Reino de lo mío y
de lo tuyo, cuando no es trinchera de lo mío contra lo
tuyo. Que sea, más bien, principio de una vida universal,
de una fraternidad y de una amistad que se extiende por el mundo,
comienzo de la misma Iglesia: "Saludad a la Iglesia que
está en la casa de María, madre de Marco...".
Intentar,
pues, ser juntos. Una vez más: como Dios. Repítase
al infinito: no soy yo la imagen de Dios ni tampoco lo eres tú,
sino que lo somos tú y yo juntos: si nos amamos. Es la
pareja: ésa es la entidad nueva que se asoma sobre la
creación. No el hombre o la mujer, sino el hombre / la
mujer. En ellos es donde Dios, precisamente el amor, es la misma
cópula de conjunción y de fusión. La palabra
"juntos" es la palabra más religiosa del mundo.
No el hombre que domina a la mujer, no la mujer que se contrapone
al hombre, sino que funden juntos la armonía libre y
necesaria para marcar el comienzo de un mundo armonioso y pacífico
[...].
Amar
procede sólo de Dios. Los hombres no conseguirán
amarse nunca si Dios no se convierte en la fuente de su amor. Es
Dios quien hace de los dos una sola vida. Por eso los esposos son
los primeros siervos del amor, los mensajeros -por constitución-
de la alegre noticia: la nueva de que dos personas se aman, en
espera de que todos se amen. No es otra cosa el mismo Evangelio:
"Amaos los unos a los otros como yo os he amado".
"Quien
permanece en el amor permanece en Dios". Por
eso el amor es un milagro, un don que trasciende las mismas vidas.
Nada
vale más que la vida, pero una vida, la vida de cualquier
criatura, puede ser arriesgada, ofrecida, sacrificada, sólo
por amor. Sólo el amor es más grande que la vida. Se
puede morir sólo por amor (D. M. Turoldo, Amare,
Cinisello B. I81995).
Día
17
Sábado de la semana XIX
del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 18,1-10.13.30-32
1
Recibí
esta palabra del Señor:
2
-Por
qué repetís este refrán en Israel: "Los
padres comieron los agraces y los hijos sufren la dentera?".
3
Por
mi vida, oráculo del Señor, que no diréis más
este refrán en Israel.
4
Pues
todas las vidas son mías: la vida del padre y la del hijo.
El que peque, ése morirá.
5
Si
un hombre es intachable y se comporta recta y honradamente,
6
si
no participa en banquetes idolátricos ni acude a los ídolos
de Israel, si no deshonra a la mujer de su prójimo ni se
une a la mujer durante la menstruación,
7
si
no oprime a nadie, devuelve la prenda al deudor, no roba, da su
pan al hambriento y viste al desnudo,
8
si
no presta a interés con usura, si evita hacer el mal y es
justo cuando juzga,
9
si
se comporta según mis preceptos y guarda mis leyes,
actuando rectamente, ese hombre es intachable y vivirá,
oráculo del Señor.
10
Pero
si éste tiene un hijo violento y sanguinario, que hace
alguna de estas cosas que él mismo no había hecho;
13
este
hijo no vivirá, porque ha cometido todas estas
abominaciones morirá
y
será responsable de su propia muerte.
30
Pues
bien, yo juzgaré a cada cual según su
comportamiento, oráculo del Señor. Convertíos
de todos vuestros pecados, y el pecado dejará de ser
vuestra ruina.
31
Apartad
de vosotros todos los pecados que habéis cometido contra
mí, renovad vuestro corazón y vuestro espíritu.
Por qué habrás de morir, pueblo de Israel?
32
Yo
no me complazco en la muerte de nadie. Oráculo del Señor.
Convertíos y viviréis.
*"•
Buscar excusas para nuestras propias culpas, achacar a los otros
los males que sufrimos es algo instintivo.
En
ambos casos intentamos desviar de nosotros mismos la
responsabilidad del pasado, el compromiso con el presente y el
futuro. También en tiempos de Ezequiel existía este
juego de echarse las culpas unos a otros, apoyándose en
textos de la Escritura (Dt 5,9; 29,18-21; Ex 20,5) y en proverbios
como los citados y referidos por el mismo Ezequiel (por ejemplo,
18,2). La palabra del profeta representa un giro crucial en el
pensamiento sobre la solidaridad y sobre la retribución:
cada uno carga con la responsabilidad de sus propios actos,
cada uno tendrá la retribución que merezca por
ellos.
Aunque
ya desde los comienzos se conocía una responsabilidad
individual (Gn 18,25), había predominado el-concepto de
responsabilidad colectiva (Jos 7). Ezequiel se convierte en el
teorizador de la responsabilidad individual. El profeta
llama a la conversión, pero choca contra la mentalidad
fatalista de sus contemporáneos: de qué les sirve
convertirse, si están pagando las culpas de sus padres?
Ante esta concepción popular, Ezequiel muestra que la Ley
lanza una llamada a la responsabilidad personal. La salvación
de un individuo no depende de sus antepasados, ni de sus parientes
más próximos (Ez 18,10-18), ni siquiera de su pasado
(w. 21-23). Lo que cuenta siempre de verdad es la disposición
actual del corazón (w. 5-9). Según esta mentalidad,
existe un remedio para un pasado de iniquidad: la conversión
para obtener la vida (w. 30-32).
Esta
llamada no ha perdido actualidad. Todavía hoy, con una
mentalidad fatalista o gregaria, nos referimos al "destino"
o a la "pertenencia" a un grupo para quitarnos de encima
la responsabilidad de lo que hemos hecho o de lo que haremos, para
no comprometernos propiamente. Ciertamente, constituye siempre un
problema vivo mostrarse solidarios con la comunidad sin alienarnos
de nosotros mismos, cargar con las propias responsabilidades sin
aislarnos de ella. La conversión y las obras de justicia y
de caridad deben ser personales sin ser individualistas.
Salmo Responsorial
Oh Dios, crea en mí un corazón
puro
Salmo
50,12-13.14-15.18-19
Oh
Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame
por dentro con espíritu firme; no
me arrojes lejos de tu rostro, no
me quites tu santo espíritu. R/.
Oh
Dios, crea en mí un corazón puro
Devuélveme
la alegría de tu salvación, afiánzame
con espíritu generoso: enseñaré
a los malvados tus caminos, los
pecadores volverán a ti. R/.
Oh
Dios, crea en mí un corazón puro
Los
sacrificios no te satisfacen: si
te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi
sacrificio es un espíritu quebrantado; un
corazón quebrantado y humillado, tú no lo
desprecias. R/.
Oh
Dios, crea en mí un corazón puro
Evangelio:
Mateo 19,13-15
13
En
aquel tiempo le presentaron unos niños para que les
impusiera las manos y orase. Los discípulos les regañaban,
14
pero
Jesús dijo: -Dejad a los niños y no les impidáis
que vengan a mí, porque de los que son como ellos es el
Reino de los Cielos.
15
Después
de imponerles las manos, se marchó de allí.
*•
La subida de Cristo a Jerusalén está salpicada por
numerosos episodios en los que se encuentra con gente humilde y
despreciada, con gran escándalo de aquellos que le
acompañan. Diríase que, al descubrir su propia
vocación de ser despreciado y doliente, Jesús se
aproxima a aquellos que presentan el mismo rostro. Por eso, el
cuadro de los niños que presentan a Jesús no tiene
que ser confundido con el del martes pasado.
El
punto clave es diferente. Allí se trataba de la conversión
y ello exigía hacerse pequeños; aquí, en
cambio se habla de Jesús. Este manifiesta su intención
de no alejar a nadie de su Reino; cuando dice "como ellos"
(v. 14b) no se refiere a la edad, sino que quiere poner de
relieve que se trata de "los que se parecen a ellos". En
la antigüedad, no se consideraba a los niños como
gente importante en la sociedad; Jesús, sin embargo, los
convierte en los privilegiados en el Reino de Dios, los admite de
modo complacido en la vida de la comunidad cristiana. Y junto con
ellos admite y prefiere a los marginados, a los ignorados, a los
despreciados, a los excluidos de la convivencia humana.
La
actitud de los discípulos, que impiden a los pequeños
acercarse a él, significa la incomprensión del
ministerio de Cristo. Jesús es alguien que acoge a los
pequeños para darles el Reino. Ay de aquel que impida a
otros acercarse a Jesús. La imposición de las manos
sobre los niños y la oración son un gesto de
bendición (w. 13.15) y constituyen, asimismo, un signo de
que la salvación se entrega a todos: a los niños,
aunque no en sentido cronológico, sino en el de los
humildes, los pobres, los pacíficos... de las
bienaventuranzas. A modo de inciso: la oración y el gesto
de Jesús sobre los niños fueron interpretados por la
Iglesia antigua como fundamento del bautismo de los niños.
MEDITATIO
Los
niños fueron "presentados" a Jesús "para
que les impusiera las manos y orase". Fueron
"presentados" tal vez porque eran verdaderamente
pequeños y no sabían caminar todavía solos.
Ésa es la situación de todo hombre que busca la
bendición de Dios y es incapaz de ir a él. Tenemos
necesidad de "madres" que nos presenten a Jesús,
que no tengan miedo a este Maestro. También tenemos
necesidad de dejarnos presentar a Jesús, cosa que sólo
es posible si tenemos el espíritu de los niños; si
queremos hacerlo solos, tal vez no lleguemos.
Algunos
querían impedírselo: llegamos a Dios, a conocerlo y
a amarlo de verdad, sólo cuando nos encontramos en la
madurez, cuando somos capaces de realizar gestos de adulto.
Durante mucho tiempo se ha pensado -y todavía se piensa-
que los niños no pueden ser santos. Jesús nos dice
que precisamente "de los que son como ellos es el Reino de
los Cielos". Nos vienen a la mente todos aquellos que
fueron presentados a Jesús para que los curara: el
paralítico, el ciego... Quizás nuestra única
decisión, la única que tendrá éxito,
es la de "dejarnos presentar". Quién nos
presentará? En el rostro de esas madres entrevemos al
Espíritu del amor.
Podemos
realizar aún una ulterior reflexión. Con el gesto de
la imposición de las manos acompañado de la oración
es posible que Jesús quiera darnos a entender que pretende
confiar a los niños un poder, una misión en relación
con el Reino: los niños no sólo forman parte del
Reino, sino que tienen asimismo el poder de hacer entrar en él.
Será verdadero discípulo y apóstol quien se
haga niño.
ORATIO
Estamos
un poco confusos y nos cuesta todavía comprender. Ni
siquiera percibimos que sea justo y nos cuesta tener que creer que
tu Reino es de los niños, de aquellos que no hacen nada
para tenerlo, de los que nada prometen o juran, de los que no
piensan tener que darte nada: sólo muestran su
disponibilidad para acogerlo, sólo gozan con recibirlo.
Quisiéramos
estar entre "ésos" de quienes tú aseguras
que forman parte ya de tu Reino. Danos el Espíritu del niño
que tiene una confianza absoluta en el amor de quien lo acoge, de
quien no quiere estar nunca solo, de quien goza con la posibilidad
de referirse a alguien, de quien goza y se maravilla con todo don.
CONTEMPLATIO
Tu
Reino, oh Dios, es de los niños, de aquellos que no son
para sí mismos, sino de los otros, de ti; no se pertenecen,
sino que sienten que deben pertenecer sólo a ti y a
aquellos a quienes tú les envíes.
Tu
Reino, oh Dios, es de los niños, de aquellos que saben que
cuanto tienen y son es don de otros, de ti; de aquellos que no
pueden procurarse nada, sino que lo esperan todo; cada día
dicen con confianza, sin preocuparse del mañana: danos el
pan de hoy.
Tu
Reino, oh Dios, es de los niños, de aquellos que son pobres
sin saberlo e incluso creen ser ricos sólo porque se
sienten amados, y esto les basta.
Tu
Reino, oh Dios, es de los niños, de aquellos que no se
enorgullecen, no levantan su mirada con soberbia sobre los otros,
no van en busca de grandezas que superan su capacidad, sino que
acallan y moderan sus deseos porque saben que tú eres su
padre y su madre (cf. Sal 130).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Crea
en mí, oh Dios, un corazón puro, un corazón
de niño".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Dios
nos ha revelado lo más profundo de su ser, para decirnos
que en él no hay sólo poder, soberanía,
ciencia y majestad, sino también inocencia, infancia y
ternura infinitas. Porque es Padre, infinitamente Padre. Los
hombres no lo sabían antes: no podían saberlo; por
eso era necesario que Dios nos revelara a su Hijo. Pero los
hombres se apresuraron a olvidar, no saben qué hacer con la
humanidad de Dios y con su ternura. No la comprenden, ni siquiera
la ven, porque se imaginan que la grandeza consiste en el poder y
en el dominio; no saben que consiste sólo en amor.
En
efecto, desde que se nos presentó el Reino bajo las
semblanzas de un niño, está siempre amenazado. Ya en
la noche de Navidad, estaban trabajando los soldados de Herodes.
El
Reino está amenazado fuera y dentro de nosotros, porque de
continuo renace en nosotros el viejo instinto del animal de presa:
la voluntad de dominar, de ser los más fuertes. Pero el
ángel del Señor nos invita a no temer. Este Niño
es el salvador del mundo. !Salvados! !Estamos salvados! Ya no
estaremos nunca solos en nuestro deshonor, en la desesperación:
nada puede separarnos ahora de la ternura del Padre (Eloi Leclerc,
en M. Foscal - L. Boccalatte [eds.], Saper rítrovarse,
Fossano 1979).
Día
18
Domingo XX del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Proverbios 9,1-6
1
La
sabiduría se ha edificado una casa, ha tallado sus siete
columnas,
2
ha
sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y hasta ha preparado
la mesa.
3
Ha
enviado a sus criadas a proclamar en los lugares más altos de
la ciudad:
4
"El
que sea inexperto que venga acá". Y al hombre sin seso le
dice:
5
"Venid
a comer de mi pan, bebed del vino que he mezclado.
6
Dejad
la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la
inteligencia".
**• En el capítulo
9 del libro de los Proverbios aparecen, uno a continuación del
otro, dos personajes femeninos. El primero es la Sabiduría
(vv. 1-6); el segundo, la Necedad (vv. 13-18). La Sabiduría y
la Necedad son dos maestras del arte de la vida que invitan a los
hombres a su propia escuela. Todo el mundo debe escoger uno de los
dos caminos: la vida o la muerte. El pasaje que hemos leído
hoy, deteniéndose en el primer personaje, activo y laborioso,
nos presenta la casa de la Sabiduría, acogedora y austera a la
vez, donde ha preparado un suculento banquete. La Sabiduría
envía a sus criadas para que inviten a comensales, inexpertos
y carentes de sabiduría, y participen en su rica mesa. Invitar
a alguien a nuestra mesa significa compartir, con la invitación,
el alimento y la amistad.
A buen seguro, la parábola
está dotada de un significado sapiencial. Con la imagen del
banquete, el maestro de sabiduría manifiesta la íntima
relación de comunión que debe existir entre él y
los invitados. No es difícil vislumbrar en el personaje de la
Sabiduría la figura de Dios, que repite la enseñanza de
la Ley y los profetas, aunque por medio de una modalidad más
escolar y con representaciones intelectuales. Invita a los comensales
discípulos suyos, a los que ha convertido en su familia, a
vivir en comunión con él y a saborear el sentido común
en el pensar, y la prudencia en la acción. Esto vuelve la vida
más serena y alegre, la arraiga en los verdaderos valores
humanos y religiosos, fuente de sincero compartir entre los hombres
(cf. 1,20-33; 8,1-21).
Salmo
responsorial Gustad
y ved qué bueno es el Señor
Salmo 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15
Bendigo al Señor en todo momento, su
alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría
en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.
Venid, hijos, escuchadme: os instruiré
en el temor del Señor. ¿Hay alguien que ame la
vida y desee días de prosperidad?
Guarda tu lengua del mal, tus labios de la
falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz
y corre tras ella.
Segunda
lectura: Efesios 5,15-20
Hermanos:
15
Poned,
pues, atención en comportaros no como necios, sino como
sabios,
16
aprovechando
el momento presente, porque corren malos tiempos.
17
Por
lo mismo, no seáis insensatos; antes bien, tratad de descubrir
cuál es la voluntad del Señor.
18
Tampoco
os emborrachéis, pues el vino fomenta la lujuria. Al
contrario, llenaos del Espíritu
19
y
recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados.
Cantad y tocad para el Señor con todo vuestro corazón
20
y
dad continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas en nombre
de nuestro Señor Jesucristo.
**• "En otro tiempo
erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor" (Ef
5,8; cf. Jn 3,20ss; Col l,12ss; 1 Tes 5,4-8). Vivir como "hijos
de la luz" significa producir los frutos de la luz (vv. 8-10);
llevar a la luz a los que se encuentran en las tinieblas (vv. 11-14);
buscar con sabiduría la voluntad de Dios vigilando nuestra
propia conducta (vv. 15-17); dejarnos llenar del Espíritu
Santo (vv. 18-20).
"Aprovechando el momento
presente" (v. 16): la palabra griega empleada, kairós,
tiene un valor más rico que nuestro término tiempo.
Incluye también el contenido de este tiempo, la situación
que crea y las posibilidades que ofrece. No se trata de una realidad
anónima o indiferente, sino de un momento favorable, de un
tiempo oportuno. El cristiano posee este tiempo decisivo. Como hombre
del Espíritu, posee la capacidad de reconocer la presencia de
Dios y de realizar su voluntad (Gal 6,10), viendo la posibilidad de
cumplir las exigencias del Espíritu.
"Tampoco os
emborrachéis, pues el vino fomenta la lujuria. Al contrario,
llenaos del Espíritu" (v. 18). La amonestación
para que no se emborrachen con vino resulta verdaderamente
sorprendente. Y además, si prosiguiera la serie de las
exhortaciones particulares iniciada más arriba (Ef 4,25),
cabría esperar, contra el alcoholismo, una invitación a
la templanza. Lo que Pablo le opone, sin embargo, es que se llenen
del Espíritu (o que se "embriaguen del Espíritu",
según algunas traducciones). A continuación, habla de
actividades que no es posible imaginar más que en el contexto
de una comunidad litúrgica. El paso no se da de una manera
explícita, pero si hemos de arriesgar una interpretación,
nos viene a la mente pensar que -de vez en cuando- el hombre necesita
ser aliviado de las preocupaciones de todos los días y vivir
en "otro mundo". Ahora bien, ha de ser en un mundo en el
que el Espíritu pueda aliviarle, dándole un pequeño
anticipo de la vida en Dios, hacia la cual nos dirigimos.
Evangelio:
Juan 6,51-58
En
aquel tiempo,
51
Jesús
añadió: -Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que
come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré
es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo.
52
Esto
suscitó una fuerte discusión entre los judíos,
los cuales se preguntaban: -Cómo puede éste darnos a
comer su carne?
53
Jesús
les dijo: -Yo os aseguro que si no coméis la carne del Hijo
del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en
vosotros.
54
El
que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le
resucitaré el último día.
55
Mi
carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
56
El
que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él.
57
El
Padre, que me ha enviado, posee la vida, y yo vivo por él. Así
también, el que me coma vivirá por mí.
58
Éste
es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron
vuestros antepasados. Ellos murieron, pero el que coma de este pan
vivirá para siempre.
*•• Este fragmento,
con el que concluye el "discurso del pan de vida", está
ligado a todo cuanto el evangelista nos ha dicho precedentemente; sin
embargo, el mensaje se hace aquí más profundo y se
vuelve más sacrificial y eucarístico. Se trata de hacer
sitio a la persona de Jesús en su dimensión
eucarística. Jesús es el pan de vida no sólo por
lo que hace, sino especialmente en el sacramento de la eucaristía,
lugar de unidad del creyente con Cristo. Jesús-pan queda
identificado con su humanidad, la misma que será sacrificada
para salvación de los hombres en la muerte de cruz. Jesús
es el pan -bien como Palabra de Dios o como víctima
sacrificial- que se hace don por amor al hombre. La ulterior
murmuración de los judíos: "Cómo puede éste
darnos a comer su carne?" (v. 52), denuncia la mentalidad
incrédula de quienes no se dejan regenerar por el Espíritu
y no pretenden adherirse a Jesús.
Jesús insiste con
vigor exhortando a consumir el pan eucarístico para participar
en su vida: "Yo os aseguro que si no coméis la carne del
Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida
en vosotros" (v. 53). Más aún, anuncia los frutos
extraordinarios que obtendrán los que participen en el
banquete eucarístico: quien permanece en Cristo y participa en
su misterio pascual permanece en él con una unión
íntima y duradera. El discípulo de Jesús recibe
como don la vida en Cristo, que supera todas las expectativas humanas
porque es resurrección e inmortalidad (vv. 39.54.58).
Esta fue la enseñanza
profunda y autorizada que dispensó Jesús en Cafarnaún.
Sus características esenciales giran, más que sobre el
sacramento en sí, sobre el misterio de la persona y de la vida
de Jesús, que se va revelando de manera gradual. Ese misterio
abarca en unidad la Palabra y el sacramento. La Palabra y el
sacramento ponen en marcha dos facultades humanas diferentes: la
escucha y la visión, que sitúan al hombre en una vida
de comunión y obediencia a Dios.
MEDITATIO
A mi carne, perecedera y
destinada a la muerte, se le ofrece hoy la posibilidad de la vida
eterna a través de la carne resucitada y, por consiguiente,
incorruptible del Hijo. La vida eterna, la vida de Dios, la vida
bienaventurada, la vida feliz, la vida sin sombra, sin duelo y sin
lágrimas, llega a mí a través del Hijo, a través
de su carne, que se hace pan para comer. La eucaristía me pone
en contacto con la vida eterna, me permite vencer la muerte y la
infelicidad. Qué don puede haber más deseable? Puedo
pedir algo que sea más que la vida eterna? En la eucaristía
está presente todo el deseo de comunión de Dios
conmigo, su deseo de que yo acepte su don como acto de amor, que
comprenda la importancia única que tiene su Hijo para mi vida
y para mi realización.
La vida llega a mí
desde el Padre, a través de la carne del Hijo, gracias a la
mediación de la Iglesia apostólica, que celebra la
eucaristía para que también yo, con mi carne purificada
y entregada, me vuelva puente para hacer llegar al mundo la vida.
!Éste es el misterio de nuestra fe! La carne es verdaderamente
"el fundamento de la salvación" (Tertuliano).
ORATIO
!Oh mi amado Salvador! Tú
eres verdaderamente todo para mí, porque me das la vida eterna
en el don de ti mismo. El misterio de la eucaristía es grande
e ilimitado, pero hoy tus palabras claras, provocadoras, limpias y
decididas lo iluminan de una manera inequívoca. Tú me
das tu vida, que es vida eterna, porque un día fuiste capaz de
dar la vida. Te doy gracias, te bendigo, alabo tu santa pasión
y resurrección, adoro con alegría tu sabiduría,
que me sale al encuentro en mis preocupaciones terrenas.
Tú sabes lo difícil
que me resulta alzar la mirada para asumir tus grandes perspectivas.
Me dejo engatusar por las cosas que pasan y me arriesgo a poner
dentro también tu eucaristía, dándole incluso
muchos significados humanos, justos por sí mismos, pero muy
alejados del sentido decisivo que hoy me presentas. Tú quieres
que yo viva para siempre contigo, porque eres y serás mi
realización y, por tanto, mi felicidad. Cada día me
sumerges en tu eternidad ofreciéndote como alimento. Tú
llevas contigo la vida que te une al Padre y quieres transmitírmela.
Abre mis ojos nublados por las cosas de cada día, para que
pueda unirme indisolublemente a ti, y llevar a todos conmigo, en tu
vida.
CONTEMPLATIO
Nuestro Señor y
Salvador dice: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es
verdadera bebida" (Jn 6,55). Jesús es puro en todo y para
todo: por eso toda su carne es alimento y toda su sangre es bebida.
Toda su obra es santa y toda palabra suya es verdadera; por eso
también su carne es verdadera comida y verdadera bebida. Con
la carne y la sangre de su Palabra da de beber y sacia como con
alimento puro y bebida pura a todo el género humano. Así,
en segundo lugar, después de su carne, también son
alimento puro Pedro y Pablo y todos los apóstoles; en tercer
lugar, sus discípulos, y así cada uno, por la calidad
de sus méritos o la pureza de sus sentidos, puede hacerse
alimento puro para su prójimo [...]. Todo hombre tiene en sí
algún alimento: si es bueno y ofrece cosas buenas del cofre de
su corazón (cf. Mt 12,35), ofrecerá a su prójimo
alimento puro. Si, por el contrario, es malo y ofrece cosas malas,
ofrecerá a su prójimo un alimento inmundo (Orígenes,
Homilías sobre el Levítico, 7, 5, passim).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El
que coma de este pan vivirá para siempre"
(Jn
6,58).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Decía Agustín:
"Oh Dios, mi corazón está inquieto hasta que no
repose en ti", pero cuando examino la tortuosa historia de
nuestra salvación veo que no sólo nosotros deseamos
ardientemente pertenecer a Dios, sino que Dios también anhela
pertenecer a nosotros. Parece como si Dios nos estuviera diciendo a
grandes voces: "Mi corazón estará inquieto hasta
que no pueda reposar en vosotros, mis amadas criaturas" [...].
Dios desea comunión: una unidad que sea vital y viva, una
intimidad que proceda de ambas partes, un vínculo que sea
verdaderamente mutuo [...].
Este intenso deseo que siente
Dios de entrar en la más íntima relación con
nosotros es lo que constituye el núcleo de la celebración
y de la vida eucarística. Dios no sólo quiere entrar en
la historia humana convirtiéndose en una persona que vive en
una época y en un país específico, sino que
quiere llegar a ser nuestro alimento y nuestra bebida diarios en todo
tiempo y en todo lugar (H. J. M. Nouwen, La forza della sua presenza,
Brescia 52000, pp. 61
Día
19
Lunes de la semana XX del
Tiempo ordinario
San
Juan Eudes.-
Juan
Eudes nació en 1601 en Normandía. Fue ordenado
sacerdote el día 20 de diciembre de 1625. Centrado en
Cristo sacerdote, su deseo era "restaurar en su esplendor el
orden sacerdotal ". Con algunos sacerdotes más fundó
una congregación dedicada, además de a los
ejercicios de las misiones, a la formación espiritual y
doctrinal de los sacerdotes y de los candidatos al sacerdocio. Así
comenzó la Congregación de Jesús y María.
También fundó la orden de Nuestra Señora de
la Caridad, para acoger y ayudar a las mujeres y a las jóvenes
maltratadas por la vida. Hizo amar a Cristo y a la Virgen María,
hablando sin cesar de su corazón. Murió el 19 de
agosto de 1680. El papa Pío XI lo canonizó el 31 de
mayo de 1925.
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 24,15-24
15
Recibí
esta palabra del Señor:
16
-Hijo
de hombre, voy a quitarte de repente a la que hace tus delicias,
pero tú no te lamentes, no llores, no viertas lágrimas.
17
Suspira
en silencio, no hagas luto; ponte el turbante en la cabeza,
cálzate las sandalias, no te tapes la barba, no comas lo
que te ofrezcan tus vecinos en día de luto.
18
Yo
había hablado al pueblo por la mañana, y por la
tarde murió mi esposa. Al día siguiente hice lo que
se me había mandado.
19
El
pueblo me dijo: -Explícanos qué significa para
nosotros lo que estás haciendo.
20
Yo
les respondí: -He recibido esta palabra del Señor:
21
Di
al pueblo de Israel: Esto dice el Señor: Voy a profanar mi
santuario, vuestro orgullo y vuestra fuerza, la delicia de
vuestros ojos, el amor de vuestra vida. Los hijos e hijas que
dejasteis en Jerusalén caerán a espada.
22
Entonces
haréis como he hecho yo: no os taparéis la barba, no
comeréis lo que os ofrezcan vuestros vecinos en día
de luto.
23
Llevaréis
el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies; no os
lamentaréis ni lloraréis, sino que os consumiréis
a causa de vuestras maldades y gemiréis unos con otros.
24
Ezequiel
será para vosotros un símbolo: cuando esto suceda,
haréis lo que él ha hecho y sabréis que yo
soy el Señor.
**•
Con el capítulo 24 se cierra la primera parte del libro de
Ezequiel y también la primera parte de la actividad del
profeta. Ezequiel, sacerdote, llevado a Babilonia en la primera
deportación judía, fue llamado por Dios para
desarrollar su ministerio en la tierra del exilio. Durante seis
años anunció un juicio inminente. Ahora el asedio a
Jerusalén está ya a las puertas: Ezequiel recibe la
revelación de la fecha exacta y la orden de anunciar
el acontecimiento no sólo con palabras, sino con su propia
experiencia personal. Se trata de una experiencia dolorosa: le es
arrebatada la persona a quien más quiere, su mujer, "la
que hace tus delicias" (v. 16), y se le manda también
no manifestar ningún signo de duelo (w. 16ss).
Este
extraño comportamiento suscita, como es natural, la
curiosidad de la gente (v. 19). Y éste es el resorte que
hace desencadenar la profecía. Lo que le ha sucedido a
Ezequiel debe ser una señal para los israelitas en el
exilio. Ha llegado la hora más trágica de su
historia: su amada ciudad caerá en manos de los
babilonios, sus hijos que se queden en la patria morirán.
La catástrofe será tan fuerte y tan imprevista que
no tendrán ni la fuerza ni el tiempo necesario para hacer
luto y sólo podrán gemir en silencio (w. 22ss). En
vez de derramar lágrimas de desesperación y
manifestar su dolor al exterior, harán mejor en entrar en
la intimidad de su alma para reconocer el mal que ha causado todo
esto: haber olvidado a su Dios, que los ama como un esposo ama a
su esposa. De este modo conseguirán arrepentirse
sinceramente, reanimar su esperanza y volver a ponerse en el
camino recto. Reaccionar ante el dolor con llantos y lamentos es
algo instintivo, pero las lágrimas no lo son todo y por sí
solas no cambian nada; al menos, no sirven para hacer eficaz el
potencial salvífico y sapiencial encerrado en el misterio
del dolor.
En
el camino hacia el Calvario, cargado con la cruz, dirá
Jesús a las mujeres que derramaban lágrimas por él:
"Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí;
llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos" (Lc
23,28).
Salmo Responsorial
Despreciaste a la Roca que te engendró
Dt
32,18-19.20.21
Despreciaste
a la Roca que te engendró, y
olvidaste al Dios que te dio a luz. Lo
vio el Señor, e irritado rechazó
a sus hijos e hijas. R/.
Despreciaste
a la Roca que te engendró
Pensando:
<<Les esconderé mi rostro y
veré en qué acaban, porque
son una generación depravada, unos
hijos desleales.>> R/.Despreciaste
a la Roca que te engendró
<<Ellos
me han dado celos con un dios ilusorio, me
han irritado con ídolos vacíos; pues
yo les daré celos con un pueblo, ilusorio los
irritaré con una nación fatua.>> R/.Despreciaste
a la Roca que te engendró
Evangelio:
Mateo 19,16-22
16
En
aquel tiempo se acercó uno y le preguntó: -Maestro,
qué he de hacer de bueno para obtener la vida eterna?
17
Jesús
le contestó: -Por qué me preguntas acerca de lo
bueno? Uno sólo es bueno. Si quieres entrar en la vida,
guarda los mandamientos.
18
Él
le preguntó: -Cuáles? Jesús contestó:
-No
matarás, no cometerás adulterio, no robarás,
no darás falso testimonio;
19
honra
a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo.
20
El
joven le dijo: -Todo eso ya lo he cumplido. Qué me falta
aún?
21
Jesús
le dijo: -Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y
dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en
los cielos. Luego ven y Sígueme.
22
Al
oír esto, el joven se fue muy triste porque poseía
muchos bienes.
*•
Todos y cada uno deseamos la vida y la felicidad eternas, y cada
uno de nosotros pregunta qué debe hacer para obtenerla. Así
le preguntaban a Juan el Bautista sus oyentes, movidos por su
predicación (cf. Le 3,10), así le preguntaba
la gente a Pedro después del sermón del día
de Pentecostés (cf. Hch 2,37). Ahora le plantea la
pregunta a Jesús un joven que anda a la búsqueda, un
joven que quiere hacer algo para conseguir la vida eterna, que
quiere pasar a la acción su deseo profundo. Jesús se
complace de la buena voluntad y le guía de manera gradual.
Con
la contrapregunta: "Por qué me preguntas acerca de
lo bueno?, y la afirmación: "Uno sólo es
bueno" (v. 17), recuerda el hecho de que la búsqueda
de la vida eterna es, a fin de cuentas, la búsqueda de
alguien. Lo "bueno" no es un principio ético
abstracto, sino que tiene un rostro. Tras esta premisa, le indica
Jesús a su interlocutor el camino según la doctrina
tradicional: observar los mandamientos, que son expresiones
explícitas de la voluntad divina. Pero el joven no se
contenta con algo que le parece bastante obvio y piensa que todo
eso ya lo ha cumplido (v. 20). Busca algo más, algo que
vaya más allá de lo ya conocido y practicado.
Entonces Jesús le hace la propuesta: "Si quieres
ser perfecto..." (v. 21). Jesús aprecia el
esfuerzo encaminado a ir más allá. Él mismo,
en efecto, en el sermón de la montaña, exhorta a no
contentarse con el mínimo indispensable, sino a apuntar a
lo máximo posible: "Vosotros sed perfectos, como
vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,48). Ahora
pone a este joven en el camino justo, dándole sugerencias
concretas: dar todo a los pobres y seguir a Jesús.
Los
bienes, mientras no son compartidos con los hermanos, alejan al
hombre del Bien sumo, que es Dios: "Porque donde está
tu tesoro, allí está también tu corazón"
(6,21). Para iniciar el seguimiento de Cristo es necesario
tener el corazón en el lugar adecuado. Por desgracia, no es
el caso de este joven, que, aunque dotado de buenas intenciones,
no consigue despegar. Para él, sus bienes son todavía
sus "muchos bienes" (v. 22b). Al final, "se
fue muy triste" (v. 22a).
MEDITATIO
A
san Juan Eudes le preocupaban la formación y la actitud de
los presbíteros de su tiempo, como a Pablo en el suyo y
como a Jesús en todos los tiempos. Dejándonos
iluminar por el evangelio de Mateo que hemos leído,
meditemos sobre él.
En
la primera parte de este discurso, Jesús critica cuatro
vicios en los que Dios quiera que nosotros no nos veamos
implicados:
-
La incoherencia: no hacen lo que dicen. No son las palabras
lo que cuenta, sino los hechos: "Por sus frutos los
conoceréis".
-
La doble moral: cargan fardos insoportables sobre la gente
y ellos no mueven un dedo para ayudarles. Se conforman con la
moral externa y vacía de vitalidad. Pero a los demás
les señalan con el dedo sí no cumplen.
-
La hipocresía: usan distintivos para ser vistos y
reconocidos. Más adelante, Jesús dirá que son
sepulcros blanqueados.
-
La vana ostentación: les gustan los primeros puestos
y que les reverencien llamándoles maestros, padres,
jefes... Qué tipo de Iglesia y comunidad propone la segunda
parte del texto?
-
Igualitaria y fraternal: fuera honores mundanos, títulos
y reverencias. "Todos vosotros sois hermanos". En la
comunidad cristiana, todos tienen la misma talla. La auténtica
jerarquía sólo destaca como servicio a la
fraternidad.
-
Cristocéntrica: el único maestro y señor
es Jesús, el Mesías. Él es el centro, el jefe
de la comunidad.
-
Servicial: la grandeza de los ministerios está en
eso, en servir.
Volver
a los esquemas jerárquicos que sitúan a las personas
en escalafones o niveles de más o menos prestigio es, en la
perspectiva de Jesús, no haber entendido en qué
consiste el Reino de Dios. No se rechaza la función
específica de dirección; lo que Jesús propone
y lo que él mismo vivió es que el que dirige sea el
primero en el servicio...
ORATIO
Oración
de misericordia a los Corazones de Jesús y María:
Corazón
misericordioso de Jesús: Estampa en nuestros corazones una
imagen perfecta de tu gran misericordia, para que podamos cumplir
el mandamiento que nos diste: "Serás misericordioso
como lo es tu Padre".
Madre
de la misericordia: Vela sobre tanta desgracia, tantos pobres,
tantos cautivos, tantos prisioneros, tantos hombres y mujeres que
sufren persecución en manos de sus hermanos y hermanas,
tanta gente indefensa, tantas almas afligidas, tantos corazones
inquietos. Madre de la misericordia, abre los ojos de tu clemencia
y contempla nuestra desolación. Abre los oídos de tu
bondad y oye nuestra súplica. Amorosísima y
poderosísima abogada, demuéstranos que eres la Madre
de la Misericordia.
CONTEMPLATIO
El
reflejo de una comunidad evangélica y evangelizadora:
Una
comunidad dice mucho cuando es de Jesús.
Cuando
habla de Jesús y no de sus reuniones.
Cuando
anuncia a Jesús y no se anuncia a sí misma.
Cuando
se gloría de Jesús y no de sus méritos.
Cuando
se reúne en torno a Jesús y no entorno a sus
problemas.
Cuando
se extiende para Jesús y no para sí misma.
Cuando
se apoya en Jesús y no en su propia fuerza.
Cuando
vive de Jesús y no vive de sí misma.
Una
comunidad dice poco cuando habla de sí misma.
Cuando
comunica sus propios méritos.
Cuando
da testimonio de su compromiso.
Cuando
se gloría de sus valores.
Cuando
se extiende en provecho propio.
Cuando
vive para sí misma.
Cuando
se apoya en sí misma.
Una
comunidad no se tambalea por sus fallos, sino por la falta de fe.
No
se debilita por los pecados, sino por la ausencia de Jesús.
No
se rompe por las tensiones, sino por el olvido de Jesús.
No
se ahoga por falta de aire fresco, sino por asfixia de Jesús.
(Patxi
Loidi.)
ACTIO
Decir
hoy de corazón: !Sagrados
Corazones de Jesús y de María, en vos confío!
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
San
Juan Eudes nos dejó su manera de orar en cuatro
movimientos:
Adorar,
contemplar,
maravillarse, admirar.
Dar
gracias: reconocer
los dones del Señor, decir !gracias!
Vivir
el perdón: tomar
conciencia de la distancia que existe entre ni propia vida y los
maravillas del Amor de Dios.
Darse
a Jesús: darse
para ser testigo, darse para la misión.
Estos
cuatro movimientos son cuatro actitudes interiores que tenemos que
desarrollar y que suponen tomar el tiempo para acogerse a sí
mismo, acoger al Otro, Dios, y recibirse de Dios.
Adoremos
a Dios en el inmenso amor que tiene por todas sus criaturas y por
cada uno de nosotros en particular. Bendigámosle, amémosle.
Agradezcámosle los innumerables beneficios de su amor.
Pidámosle perdón por nuestras ingratitudes hacia Él
y por nuestras faltas de amor con el prójimo.
Démonos
al amor de Dios, para que Él elimine todas nuestras
resistencias y así reine perfectamente en nosotros.
Martes de la semana XX del
Tiempo ordinario o 20 de agosto,
San Bernardo de Claraval
Bernardo,
primer abad de Clairvaux (Claraval) y doctor de la Iglesia, nació
el año 1090 en el seno de una familia noble de Borgoña.
Inflamado por el Espíritu y enardecedor de almas desde su
juventud, entró a los 20 años en el monasterio de
Cíteaux, conquistando para el ideal monástico a
muchos jóvenes nobles.
Tras
ser nombrando en 1115 abad de Claraval, convirtió muy
pronto su monasterio en un cenáculo de vida espiritual y en
un auditorio del Espíritu Santo. Fue llamado por príncipes,
obispos y papas, refutó herejías, defendió
los derechos de la Iglesia y al papa legítimo. Como doctor
de la unión mística con el Verbo y cantor sublime de
la Virgen María, es autor de numerosos tratados, cartas y
sermones. Murió en 1 153, llorado en Claraval por más
de 700 monjes y siendo padre de más de 160 monasterios.
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 28,1-10
1
Recibí
esta palabra del Señor:
2
-Hijo
de hombre, di al rey de Tiro: Esto dice el Señor: Tu
corazón se ha engreído, y has dicho: "Yo soy un
dios, he asentado mi trono divino en el corazón del mar".
Aunque eres un hombre y no un dios, has querido igualar en
sabiduría a los dioses.
3
Te
creías más sabio que Daniel, ningún enigma se
te resistía.
4
Con
tu sabiduría y tu inteligencia has conseguido riquezas, has
amontonado tesoros de oro y plata.
5
Comerciando
hábilmente has acrecentado tus riquezas, y por ellas se ha
engreído tu corazón.
6
Por
eso, así dice el Señor: Porque has querido igualarte
a Dios,
7
yo
haré venir contra ti a extranjeros, los más feroces
de las naciones, que desenvainarán la espada contra tu
brillante sabiduría y profanarán tu belleza.
8
Te
harán bajar a la fosa y perecerás de muerte violenta
en el corazón del mar.
9
Podrás
seguir diciendo ante tus verdugos que eres un dios? Para tus
verdugos serás un simple hombre y no un dios.
10
Muerte
de incircunciso te darán gentes extrañas. Porque lo
he dicho yo.
*+•
En
los capítulos 25-32, segunda parte del libro de Ezequiel,
encontramos una colección de oráculos contra los
pueblos paganos de alrededor. Esos pueblos han mostrado
sentimientos de orgullo frente a Dios y han representado una
constante tentación para Israel, alejándolo de YHWH,
su Dios.
La
lectura litúrgica de hoy contiene los oráculos
relacionados con el príncipe de Tiro y todo su Reino, que
constituía una gran potencia marítima en aquel
tiempo. El juicio está pronunciado con severidad e ironía.
La culpa denunciada es el orgullo desmesurado que le llevan a
usurpar prerrogativas divinas. El príncipe de Tiro pretende
ser una divinidad, dominar no sólo sobre la isla, sino
también sobre el extenso mar que la rodea. Se describe de
manera perspicaz el proceso según el que ha llegado a este
absurdo. Se ha exaltado, en primer lugar, en su inteligencia,
prudencia y versatilidad en toda diplomacia; a continuación,
se vanagloria de su capacidad para procurarse ingentes riquezas.
Su autodivinización, además de ser una locura,
constituye un grave atentado contra la gloria de YHWH, único
Dios, Creador y Señor del universo, el único digno
de la máxima alabanza y adoración. Por eso la
sentencia de castigo es grave: morirá y su reino será
aniquilado.
El
orgullo, la autoexaltación, la autodivinización, son
en el fondo "el
pecado que acecha a tu puerta" (Gn
4,7) desde el principio. Acaso no desobedecieron Adán y Eva
y merecieron la condena por haber querido "ser
como Dios (Gn
3,5)?
Salmo Responsorial
Yo doy la muerte y la vida
Dt
32,26-27ab.27cd-28.30.35cd-36ab
Yo
pensaba: «Voy a dispersarlos y
a borrar su memoria entre los hombres.» Pero
no; que temo la jactancia del enemigo y
la mala interpretación del adversario. R/.
Yo
doy la muerte y la vida
Que
diría: «Nuestra mano ha vencido, no
es el Señor quien lo ha hecho.» Porque
son una nación que ha perdido el juicio. R/.Yo doy la
muerte y la vida
¿Cómo
es que uno persigue a mil, y
dos ponen en fuga a diez mil? ¿No
es porque su Roca los ha vendido, porque
el Señor los ha entregado? R/.
Yo
doy la muerte y la vida
El
día de su perdición se acerca, y
su suerte se apresura. Porque
el Señor defenderá a su pueblo y
tendrá compasión de sus siervos. R/.
Yo
doy la muerte y la vida
Evangelio:
Mateo 19,23-30
En
aquel tiempo,
23
Jesús
dijo a sus discípulos: -Os lo aseguro, es difícil
que un rico entre en el Reino de los Cielos.
24
Os
lo repito: le es más fácil a un camello pasar por el
ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.
25
Al
oír esto, los discípulos se quedaron impresionados y
dijeron: -Entonces, quién podrá salvarse?
26
Jesús
les miró y les dijo: -Para los hombres esto es imposible,
pero para Dios todo es posible.
27
Entonces
Pedro tomó la palabra y le dijo: -Nosotros lo hemos dejado
todo y te hemos seguido. Qué nos espera?
28
Jesús
les contestó: -Os aseguro que vosotros, los que me habéis
seguido, cuando todo se haga nuevo y el Hijo del hombre se siente
en su trono de gloria, os sentaréis también en doce
tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
29
Y
todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre,
hijos o tierras por mi causa, recibirá cien veces más
y heredará la vida eterna.
30
Hay
muchos primeros que serán últimos y muchos últimos
que serán primeros.
**•
Después de que el joven rico se hubiera ido triste, también
Jesús, entristecido por el hecho, lo comenta con tono
grave. Nadie puede "servir a Dios y al dinero" (Mt
6,24). El Reino de los Cielos es de los "pobres en el
espíritu" (cf. 5,3): por eso difícilmente
entran en él los ricos; primero tienen que hacerse pobres.
La elocuente imagen del camello contribuye a dar un mayor énfasis
a esta afirmación.
Se
comprende que los discípulos se quedaran turbados y
desconcertados. Jesús penetra con la mirada su corazón
y se da cuenta de su perplejidad. Sí, no han comprendido
mal. Seguir a Cristo de una manera radical es difícil,
incluso imposible, cuando se cuenta sólo con las fuerzas
humanas, pero deben recordar que el sujeto de la obra no son
ellos, sino Dios, para quien "todo es posible".
Llegados aquí, Pedro, con la franqueza y el carácter
impulsivo que le caracterizan, descubre con sorpresa la diferencia
de su situación con respecto a la del joven rico. Ellos han
acogido el don divino, lo han abandonado todo para seguir a Jesús,
qué les espera? (v. 27). El joven rico se fue triste porque
había respondido "no", pero qué le sucede
a quien responde "sí"? Ya conocen el final de los
que optan por el dinero, pero qué obtendrán los que
optan por Dios? Jesús no es un vendedor de mercancías
y no necesita hacer una lista de todo lo que recibirán sus
discípulos por el precio que han pagado. Sin embargo, como
conoce la pequeñez del corazón humano, necesitado de
seguridades y de alientos, nos asegura que la recompensa será
grande tanto en este tiempo como en la eternidad. En efecto, "Dios
es más grande que nuestro corazón" (1 Jn
3,20); a cambio del poco al que hayamos renunciado por su amor, se
nos dará "una buena medida, apretada, rellena,
rebosante " (Lc 6,38).
MEDITATIO
Bernardo
eligió ser monje, es decir, discípulo de Cristo, y
lo fue durante la mayor parte de su propia vida, durante más
de cuarenta años. Su experiencia monástica -el deseo
de Dios y de ser una sola cosa con él- nos suministra la
clave para la interpretación de su vida y de su vastísima
obra. Como dice el evangelio, buscando antes que nada el Reino de
Dios, todo le fue dado por añadidura: una admirable
sabiduría en las cosas divinas y humanas, una capacidad
extraordinaria para fascinar a las almas y llevarlas a Cristo, una
genialidad sorprendente y un discernimiento iluminado puesto al
servicio de la Iglesia.
Bernardo,
hombre dotado de dones de la naturaleza y de la gracia, escritor
brillante de estilo fascinante e imperecedero, hombre de
pensamiento reconocido y apreciado entre los más grandes
del siglo, fue antes que nada un amante del silencio del claustro,
un enamorado del Verbo, un lector asiduo de la Escritura: la
palabra de la Biblia forja su predicación y sus escritos,
el amor divino absorbe su contemplación y le hace doctor de
la caridad. La largura, la anchura, la altura y la profundidad del
misterio de Dios que vive Bernardo y al que conduce tienen un
carácter eminentemente vital, místico, y, en este
sentido concreto, es siempre actual.
El
calor de su humanidad se vuelve transparencia, pedagogía,
espejo donde se refleja la proximidad de Dios al camino del
hombre, en la vía que conduce al encuentro con Él.
ORATIO
Señor
Dios mío, por qué no anulas mi pecado? Por qué
no eliminas mi iniquidad? Así, tras descargarme del grave
peso de mi voluntad, podré respirar bajo el leve peso de la
caridad e, impulsado por tu Espíritu, que es espíritu
de libertad, recibiré de él el testimonio para mi
espíritu de que también yo soy uno de tus hijos y
existo sobre esta tierra como imitador tuyo (Bernardo de Claraval,
Liber de diligendo Deo, 36).
Dichoso
aquel que, en todo lugar, te toma como guía, Señor
Jesús. Que nosotros, tu pueblo y ovejas de tu rebaño,
te sigamos, por medio de ti y hacia ti, porque tú eres el
camino, la verdad y la vida: el camino por el ejemplo que das, la
verdad por la promesa que haces, la vida por la recompensa que
concedes. Tú tienes, en efecto, las palabras de vida
eterna; nosotros reconocemos y creemos que tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios vivo, Dios por encima de todo, bendito
por los siglos (Bernardo de Claraval, Sermoni dell'Ascensione
2, 6).
CONTEMPLATIO
Algunos
dichos de san Bernardo:
"El
motivo para amar a Dios es Dios mismo".
"A
Dios le buscamos con el deseo".
"No
buscarías a Dios si antes no hubieras sido buscado por él,
ni amarías a Dios si antes no hubieras sido amado por él".
"Dios
mismo infunde en el alma el deseo, que no es otra cosa más
que una inspirada avidez de santo amor".
"Quien
se adhiere a Dios forma un solo espíritu con él".
"La
obediencia vuelve a abrir el ojo que la desobediencia había
cegado".
"Ver
a Dios no es otra cosa más que ser como él es".
"Ésta
es la alegría perfecta: tener una sola voluntad con Dios".
ACTIO
Repite
a menudo durante el día con san Bernardo: "La
medida
del amor es amar sin medida".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
fin del hombre es el reconocimiento de la verdad, que es Dios, lo
que implica el conocimiento de la relación del hombre con
Dios, que es una relación de indigencia. Como el obstáculo
es el orgullo, el remedio es la humildad; la condición es
la gracia, el encuentro con Dios en Cristo. El resultado es la
estima del hombre por su dignidad recuperada de imagen de Dios:
mientras que la ignorancia de sí y el orgullo disminuyen el
valor del hombre, la humildad, reconocimiento de la necesidad de
Dios, pero también de la capacidad de Dios que hay en el
hombre, revela a éste lo que él mismo es. De este
modo, "sale" de él mismo y se eleva, crece, "se
extiende" a nuevas dimensiones, las del amor a Dios y al
prójimo. El ser humilde se vuelve manso, misericordioso.
Así, la fe vivida y, por así decirlo, transformada
en humildad, en caridad, hace, según los modos de hablar de
nuestro tiempo, salir al "mí mismo" del "yo":
despierta al yo a la libertad del "mí mismo", le
hace convertirse en persona en presencia de Dios, en comunión
de solidaridad con todos.
En
Bernardo está siempre presente este mensaje de gloria,
condicionado por su mensaje de humildad, este realismo extremo en
la consideración de la miseria del hombre, y esta confianza
indefectible en la gloria que está ya en él y no
espera más que manifestar sus efectos. La función de
la expresión literaria será hacer ver un poco de
esta luz oculta que percibe la mirada de la fe. En Bernardo, como
también en otros grandes espirituales que fueron
escritores, la intensidad de la experiencia explica el carácter
ferviente, apasionado de la expresión y, por consiguiente,
la parte de exageración que ésta pueda tener: tanto
si evoca las profundidades de nuestra bajeza o la sublimidad de
las visitas del Verbo, parece ir a veces demasiado lejos, rebasar
los límites de lo razonable y, en todo caso, de lo normal y
de lo habitual. A decir verdad, se limita simplemente a revelar, a
propósito de él mismo, lo que puede ser el caso de
todos.
Sus
escritos manifiestan un pensamiento a la vez contemplativo y tan
comprometido como es posible. Cada uno de ellos empezó
siendo un acto bien preciso, pero en cada uno de ellos alcanza
Bernardo lo universal. Cuanto más lúcido es un ser
sobre sí mismo, más ilumina a los otros sobre ellos
mismos (J. Leclercq, Bernardo de Claraval, Edicep, Valencia
1991, pp. 212-213).
Día
21
Miércoles de la semana
XX del Tiempo ordinario o 21 de agosto,
San Pío X
Giuseppe
Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riese, provincia de
Treviso, en el seno de una familia campesina. Su madre, viuda con
diez hijos, le hizo terminar los estudios en el seminario.
Giuseppe fue ordenado sacerdote a los 23 años. En 1875 era
canónigo en Treviso; en 1884, obispo de Mantua; en 1893,
patriarca de Venecia, y, por último, el 4 de agosto de
1903, papa. Su lema fue "renovar todo en Cristo". Murió
el 20 de agosto de 1914. Su Catecismo se hizo célebre.
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 34,1-11
1
Recibí
esta palabra del Señor:
2
-Hijo
de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza y
diles: Esto dice el Señor: !Ay de los pastores de Israel
que se apacientan a sí mismos! No es el rebaño lo
que deben apacentar los pastores?
3
Vosotros
os bebéis su leche, os vestís con su lana, matáis
las ovejas gordas, pero no apacentáis el rebaño.
4
No
habéis robustecido a las flacas, ni curado a las enfermas,
ni habéis vendado a las heridas; no habéis reunido a
las descarriadas, ni buscado a las perdidas, sino que las habéis
tratado con crueldad y violencia.
5
Y
así, a falta de pastor, andan dispersas a merced de las
fieras salvajes.
6
Mi
rebaño anda errante por montes y colinas, dispersas mis
ovejas por todo el país sin que nadie las busque ni las
cuide.
7
Por
eso, escuchad, pastores, la Palabra del Señor:
8
Por
mi vida lo juro, oráculo del Señor: por falta de
pastor, mis ovejas han sido expuestas al pillaje y han quedado a
merced de las fieras; mis pastores no se han preocupado de mi
rebaño; se han apacentado a sí mismos en lugar de
apacentar mi rebaño.
9
Pues
bien, pastores, oíd la Palabra del Señor:
10
Esto
dice el Señor: Aquí estoy yo para reclamar mis
ovejas a los pastores; no les dejaré apacentar más a
mis ovejas y así no se apacentarán más ellos
mismos. Les arrebataré mis ovejas de su boca para que no
les sirvan de alimento.
11
Porque
esto dice el Señor: Yo mismo buscaré a mis ovejas y
las apacentaré.
*••
Ezequiel actúa como anunciador del juicio inminente antes
de la caída de Jerusalén. Cuando, a continuación,
ya ha tenido lugar este juicio, el profeta asume la tarea de
volver a encender la esperanza en el pueblo, exhortándolo a
la confianza y a una fidelidad plena a Dios.
El
pasaje que hemos leído hoy se inserta en esta nueva
perspectiva. El oráculo encuentra su cima en la última
frase: "Yo mismo buscaré a mis ovejas y las
apacentaré-" (v. 11). Éste es el mensaje de
esperanza. El rebaño estuvo sometido en el pasado a
pastores malos. Los últimos gobernantes de Israel -reyes,
sacerdotes, ancianos, etc.- no fueron fieles a la tarea que les
había sido confiada. Su culpa fundamental fue el egoísmo,
el abuso de poder, la explotación del pueblo y la búsqueda
del propio interés. En la condena se repite una y otra vez
la acusación: "Se han apacentado a sí
mismos", cuando deberían haberse ofrecido a sí
mismos al servicio del rebaño, deberían haber
defendido a las ovejas de las fieras, guiarlas a buenos pastos, ir
en busca de las perdidas y preocuparse de las más débiles
(w. 3ss). La reciente tragedia de Israel se debe en gran parte a
estos malos pastores. Ahora, el Señor les pedirá
cuentas de los daños causados y les quitará el poder
sobre su pueblo.
La
buena noticia para Israel no es tanto la eliminación de los
gobernantes irresponsables como la promesa de que el Señor
mismo se ocupará de su pueblo. Se trata de la promesa de la
restauración y del retorno, la promesa de una nueva era. La
imagen de YHWH pastor era muy familiar en la tradición de
Israel. Los oyentes de Ezequiel saben bien lo que significa tener
a Dios mismo como pastor. El autor del salmo 23 describe sus
rasgos con una gran belleza. La imagen del pastor es
posteriormente enriquecida en el Nuevo Testamento al aplicársela
Jesús a sí mismo: "Yo soy el buen pastor. El
buen pastor da la vida por las ovejas" (Jn 10,11).
Salmo Responsorial
El Señor es mi pastor, nada me
falta
Salmo
22,1-3a.3b-4.5.6
El
Señor es mi pastor, nada me falta: en
verdes praderas me hace recostar; me
conduce hacia fuentes tranquilas y
repara mis fuerzas. R/.
El
Señor es mi pastor, nada me falta
Me
guía por el sendero justo, por
el honor de su nombre. Aunque
camine por cañadas oscuras, nada
temo, porque tú vas conmigo: tu
vara y tu cayado me sosiegan. R/.
El
Señor es mi pastor, nada me falta
Preparas
una mesa ante mí, enfrente
de mis enemigos; me
unges la cabeza con perfume, y
mi copa rebosa. R/.
El
Señor es mi pastor, nada me falta
Tu
bondad y tu misericordia me
acompañan todos los días de mi vida, y
habitaré en la casa del Señor por
años sin término. R/.
El
Señor es mi pastor, nada me falta
Evangelio:
Mateo 20,1-16a
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta
parábola:
1
Por
eso, con el Reino de los Cielos sucede lo que con el dueño
de una finca que salió muy de mañana a contratar
obreros para su viña.
2
Después
de contratar a los obreros por un denario al día, los envió
a su viña.
3
Salió
a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin
trabajo
4
y
les dijo: "Id también vosotros a la viña y os
daré lo que sea justo".
5
Ellos
fueron. Salió de nuevo a mediodía y a primera hora
de la tarde e hizo lo mismo.
6
Salió
por fin a media tarde, encontró a otros que estaban sin
trabajo y les dijo: "Por qué estáis aquí
todo el día sin hacer nada?".
7
Le
contestaron: "Porque nadie nos ha contratado". Él
les dijo: "Id también vosotros a la viña".
8
Al
atardecer, el dueño de la viña dijo a su
administrador: "Llama a los obreros y págales el
jornal, empezando por los últimos hasta los primeros".
9
Vinieron
los de media tarde y cobraron un denario cada uno.
10
Cuando
llegaron los primeros, pensaban que cobrarían más,
pero también ellos cobraron un denario cada uno.
11
Al
recibirlo, se quejaban del dueño,
12
diciendo:
"Estos últimos han trabajado sólo un rato y les
has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado el peso del
día y del calor".
13
Pero
él respondió a uno de ellos: "Amigo, no te hago
ninguna injusticia. No quedamos en un denario?
14
Toma
lo tuyo y vete. Si yo quiero dar a este último lo mismo que
a ti,
15
no
puedo hacer lo que quiera con lo mío? O es que tienes
envidia porque yo soy bueno?".
16
Así,
los últimos serán primeros, y los primeros, últimos.
*"•
Hay muchas líneas que conectan el pasaje de hoy con los de
los días precedentes. La parábola de los
trabajadores de la viña, que concluye con la afirmación:
"Así, los últimos serán primeros, y
los primeros, últimos" (v. 16a), recuerda la frase
final del evangelio de ayer: "Hay muchos primeros que
serán últimos y muchos últimos que serán
primeros" (19,30). Jesús le había señalado
al joven rico que "uno sólo es bueno"; ahora,
en 20,15, la frase final del dueño ante un obrero de la
primera hora suena de este modo: "O es que tienes envidia
porque yo soy bueno?".
Esta
parábola, contada de una manera vivaz, constituye una
llamada dirigida no sólo al pueblo de Israel, llamado en
primer lugar, para que goce de la liberalidad sorprendente que usa
el Señor respecto a los "últimos" -ya sean
éstos paganos, publícanos o pecadores-, sino también
a los lectores cristianos para que se conviertan a los criterios
de Dios, liberándose de la mezquindad de mente y de
corazón, de las comparaciones y de los fáciles
refunfuños, de la cerrazón egoísta.
Debemos
invertir nuestros modos de pensar y de obrar: Dios hace entrar en
su Reino al pobre y no al rico, da la precedencia a los últimos
y no a los primeros, dispensa gratuitamente sus dones no sobre la
base de los méritos precedentemente adquiridos. Ya en el
libro del profeta Isaías dice Dios de manera explícita:
"Mis planes no son como vuestros planes, ni vuestros
caminos como los míos, oráculo del Señor.
Cuanto dista el cielo de la tierra, así mis caminos de los
vuestros, mis planes de vuestros planes" (Is 55,8-9).
Si
al joven rico que ha observado desde siempre la Ley le pide Jesús
que dé un salto cualitativo, aquí pide a todos que
se desembaracen de sus propias justicias basadas en cálculos
exactos, para gozar de la inmensa bondad de Dios y de su gracia
sobreabundante. Dios dialoga, en efecto, con el hombre en los
dilatados espacios del amor, no en los estrechos límites
del derecho o de la contabilidad.
El
amor no contradice la justicia, sino que extiende sus límites:
"Dios, que tiene poder sobre todas las cosas y que, en
virtud de la fuerza con que actúa en nosotros, es capaz de
hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o pensamos"
(Ef 3,20). Nuestro Dios es un Dios de corazón grande y
debe ser acogido con un corazón grande.
MEDITATIO
Pío
X era un hombre de ánimo muy sencillo y dispuesto a ceder
cuando la caridad de Cristo pedía un noble sacrificio. Su
figura dulce y humilde, animada por una fuerza interior que se
manifestaba con una irresistible fuerza interior, le hizo aparecer
de inmediato como un santo, y a la santidad llamaba a todos sus
hijos, especialmente a los sacerdotes. Toda su vida de sacerdote y
de obispo había sido una aspiración continua a
convertirse en el buen pastor de las almas. La vida de piedad, a
la que el pontífice dio un grandísimo impulso,
además de la incitación a la educación
catequética, tomaron vigor gracias a los decretos que se
refieren al sacramento de la eucaristía. Justamente, Pío
X fue llamado el papa de la eucaristía.
La
restauración cristiana querida por Pío X respondía
a su inmenso deseo de hacer bien a todos. Había sido
siempre el hombre de la inagotable caridad material y espiritual,
y como pontífice brilló en él aún más
viva y universal esta sublime virtud, que le convertía
realmente en el "dulce Cristo en la tierra" (A. Saba,
Storia della Chiesa, Turín 1945, IV, pp. 350-357,
passim).
ORATIO
Oración
al Sagrado Corazón de Jesús muy estimada por Pío
X:
"Oh
Corazón amoroso, en vos pongo toda mi confianza, pues de mi
debilidad lo temo todo y lo espero todo de vuestra bondad".
CONTEMPLATIO
Nadie,
por tanto, cuando piensa que sólo con ella, entre todos,
estuvo unido Jesús durante treinta años con esas
relaciones de intimidad familiar que unen siempre a un hijo con su
madre, pondrá en duda que, especialmente por mediación
de María, se nos ha abierto el mejor camino para conocer a
Jesús. En efecto, los maravillosos misterios del nacimiento
y de la niñez de Cristo, y sobre todo el de la Encarnación,
que constituye el principio y el fundamento de nuestra fe, a quién
podían ser más manifiestos que a su Madre? Ésta
no sólo "conservaba en su corazón" lo
que había sucedido en Belén o en el templo de
Jerusalén, sino que también fue partícipe de
los pensamientos de Cristo y de sus deseos escondidos; de modo que
puede decirse que ella había vivido la vida misma de su
Hijo. Nadie, pues, conoció a Cristo tan íntimamente
como ella; por consiguiente, no puede haber maestro o guía
más apto que ella para el conocimiento de Cristo (Pío
X, carta encíclica Ad diem illum laetissimum, en el
50° aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción,
2 de febrero de 1904).
ACTIO
Medita
hoy sobre este deseo del papa Pío X: "Deseo
que el pueblo rece en medio de la belleza".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
imagen evangélica de Jesús, buen pastor, le resulta
entrañable a la tradición cristiana desde los
tiempos de las catacumbas; la liturgia la proyecta gustosa sobre
las figuras de los obispos que han seguido con fidelidad al Señor.
Es la imagen que mejor le sienta a san Pío X, es la clave
interpretativa más prometedora de su persona y de su obra.
El pontificado de Pío X duró algo más de un
decenio, pero se mostró riquísimo en iniciativas y
"reformas", encaminadas a hacer más profunda la
vida interior de la Iglesia y a un mejor empleo de sus energías
apostólicas.
Tal
empeño de reforma fue pensado y querido por Pío X
como respuesta a su solicitud preponderantemente pastoral. Me
complace señalar dos intervenciones particularmente
representativas del compromiso apostólico del santo
pontífice, ambas dirigidas -no por casualidad- al alimento
de las almas: la renovación de la catequesis y las nuevas
disposiciones alentaron un acceso más amplio a la
eucaristía. Era una firme convicción de nuestro
santo que sólo un profundo conocimiento de la verdad
cristiana podía alimentar una piedad auténtica en la
Iglesia y preservar la fe de hundirse en las erróneas
concepciones filosóficas y teológicas de la época.
Si bien la defensa del patrimonio auténtico de la fe puesta
en práctica por Pío X no estuvo exenta de algunas
exageraciones -sobre las que todavía hoy tanto se discute-,
no se puede poner en absoluto en duda el ansia y el compromiso
pastorales de uno de los más celosos y generosos pastores
que ha tenido la Iglesia (M. Ce, "San Pió X, il buon
Pastare", en Famiglia cristiana, 5 de junio de 1985,
8-10).
Día
22
Jueves de la semana XX del
Tiempo ordinario o 22 de agosto,
Santa María Virgen,
Reina
La
inserción de una memoria de María Reina o de la
realeza de María en la liturgia fue auspiciada por algunos
congresos marianos a partir del celebrado en 1900. Tras la
institución de la fiesta de Cristo Rey en 1925 por obra del
papa Pío XI, como paralelo mariológico de ésta
y en respuesta a múltiples iniciativas devotas, el papa Pío
XII, como conclusión del centenario del dogma de la
Inmaculada Concepción, el año 1954, anuncia la
fiesta litúrgica de María Reina, situada el 31 de
mayo como coronación del mes de María. La reforma
del calendario romano ha fijado la memoria del 22 de agosto, en la
octava de la Asunción.
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 36,23-28
Así
dice el Señor:
23
Haré
que sea reconocida la grandeza de mi nombre, que vosotros
profanasteis entre las naciones. Así, cuando haga que por
medio de vosotros sea reconocida mi grandeza en presencia de las
naciones, sabrán que yo soy el Señor. Oráculo
del Señor.
24
Os
tomaré de entre las naciones donde estáis, os
recogeré de todos los países y os llevaré a
vuestra tierra.
25
Os
rociaré con agua pura y os purificaré de todas
vuestras impurezas e idolatrías.
26
Os
daré un corazón nuevo y os infundiré un
espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de
piedra y os daré un corazón de carne.
27
Infundiré
mi espíritu en vosotros y haré que viváis
según mis mandamientos, observando y guardando mis leyes.
28
Viviréis
en la tierra que di a vuestros antepasados; vosotros seréis
mi pueblo y yo seré vuestro Dios.
**•
Jesús nos enseña en la oración del Padre
nuestro a dirigirnos a Dios invocando: "Santificado sea tu
nombre" (Mt 6,9c). Aquí es el Señor mismo
el que dice: "Haré que sea reconocida la grandeza
de mi nombre" (Ez 36,23). En los versículos
precedentes (16-22), él mismo cuenta que su nombre ha sido
deshonrado entre los pueblos extranjeros a causa de Israel. Ahora
va a darle la vuelta a la situación: liberará a
Israel del yugo de sus enemigos, por amor a su pueblo y también
por amor a su nombre, para manifestar su poder y su fidelidad ante
todos los pueblos.
Dios
hace saber también el modo como llevará a cabo su
proyecto. Hará regresar a su pueblo del exilio*, habrá
como un nuevo éxodo, una nueva liberación.
Purificará de manera radical a su pueblo, suprimiendo todo
lo que hay de impuro en él. Pero, sobre todo, transformará
al hombre por dentro, convirtiéndole en una criatura
nueva.
Esta
transformación íntima está representada por
el "corazón nuevo", una imagen que aparece
también en Jr 31,31-34. El corazón es la sede del
pensamiento, de la voluntad, del sentimiento, de la vida moral, de
la decisión radical; el corazón es el yo profundo.
Dios reemplazar en cada uno el "corazón de piedra"
-duro, insensible, pesado- por un "corazón de
carne", esto es, por un corazón capaz de amar y de
ser amado, dócil, acogedor, vivo, en sintonía con su
corazón. Ahora bien, el corazón nuevo puede
envejecer aún y el corazón de carne también
puede endurecerse; para garantizar la novedad perenne y la
transformación continua, Dios infundirá dentro de
cada hombre un espíritu nuevo. Como en la creación
del primer hombre, también ahora el Espíritu da vida
y mantiene siempre fresca y hermosa la relación entre el
hombre y su Dios. Israel, animado por el Espíritu, será
capaz de vivir las exigencias de la alianza del Sinaí, que
no está no basada en la fría observancia de las
prescripciones, sino en un principio interior de comportamiento
religioso, en una inclinación de amor.
Salmo Responsorial
Derramaré
sobre vosotros un agua pura que
os purificará de todas vuestras inmundicias
Salmo
50,12-13.14-15.18-19
Oh
Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame
por dentro con espíritu firme; no
me arrojes lejos de tu rostro, no
me quites tu santo espíritu. R/.
Derramaré
sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas
vuestras inmundicias
Devuélveme
la alegría de tu salvación, afiánzame
con espíritu generoso: enseñaré
a los malvados tus caminos, los
pecadores volverán a ti. R/.
Derramaré
sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas
vuestras inmundicias
Los
sacrificios no te satisfacen: si
te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi
sacrificio es un espíritu quebrantado; un
corazón quebrantado y humillado, tú
no lo desprecias. R/.
Derramaré
sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas
vuestras inmundicias
Evangelio:
Mateo 22,1-14
En
aquel tiempo,
1
Jesús
tomó de nuevo la palabra y les dijo esta parábola:
2
-Con
el Reino de los Cielos sucede lo que con aquel rey que celebraba
la boda de su hijo.
3
Envió
a sus criados para llamar a los invitados a la boda, pero no
quisieron venir.
4
De
nuevo envió otros criados, encargándoles que dijeran
a los invitados: "Mi banquete está preparado, he
matado becerros y cebones, y todo está a punto; venid a la
boda".
5
Pero
ellos no hicieron caso y se fueron unos a su campo y otros a su
negocio.
6
Los
demás, echando mano a los criados, los maltrataron y los
mataron.
7
El
rey entonces se enojó y envió sus tropas para que
acabasen con aquellos asesinos e incendiasen su ciudad.
8
Después
dijo a sus criados: "El banquete de boda está
preparado, pero los invitados no eran dignos.
9
Id, pues, a los cruces de los caminos y convidad a la boda a todos
los que encontréis".
10
Los
criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que
encontraron, malos y buenos, y la sala se llenó de
invitados.
11
Al
entrar el rey para ver a los comensales, observó que uno de
ellos no llevaba traje de boda.
12
Le
dijo: "Amigo, cómo has entrado aquí sin traje
de boda?". El se quedó callado.
13
Entonces
el rey dijo a los servidores: "Atadlo de pies y manos y
echadlo fuera a las tinieblas; allí llorará y le
rechinarán los dientes".
14
Porque
son muchos los llamados, pero pocos los escogidos.
*"
Esta parábola está compuesta por dos fragmentos: los
w. 1-10 tienen como tema central el banquete nupcial, los w. 11-14
se detienen en el tema del traje. El Reino de Dios es alegre y
gozoso; es semejante a un banquete de bodas, que, en la tradición
bíblica, es la expresión más elevada de la
fiesta. Además, el banquete ha sido preparado por el rey
para la boda de su hijo.
Todo
hace esperar un desarrollo feliz. Sin embargo, surgen imprevistos:
los invitados se niegan a participar en el banquete. En la
perspectiva teológica de Mateo no es difícil leer en
esta parábola la historia de Israel desde los comienzos a
los tiempos del Mesías. El banquete, para el que ya está
todo preparado, no queda cancelado por el repetido rechazo de los
primeros invitados, sino que se abre a otros, a todos. Los nuevos
comensales constituyen el nuevo Israel: la Iglesia, santa y
siempre necesitada de conversión, siempre atenta para
conservar impecable su vestido nupcial.
Sin embargo, la parábola
interpela también a cada cristiano en particular. La
invitación a la alegría del banquete es una gracia,
un don que compromete la vida y lo hace seriamente; la transforma,
la hace nueva.
Frente
a esta invitación, el hombre dispone de la libertad de
aceptarla o rechazarla. Quien la rechaza, siempre encuentra
excusas y justificaciones que le parecen buenas y razonables. En
el fondo, se trata de autoengaños que emergen de las
profundidades tenebrosas de la psique humana. Con todo, el que ha
entrado en la sala del banquete no por ello debe pensar que tiene
asegurada la salvación. A pesar de que la entrada sea
gratuita y se ofrezca a lodos, se exige a los comensales que
lleven el traje de boda y la disposición correspondiente.
Los cristianos deben "vestirse de Cristo" (Rom
13,14; Gal 3,27), tener sus mismos pensamientos y sentimientos
(cf. Flp 2,5). El f!nal del intruso que participa en el
banquete sin el traje de boda es triste. Es el mismo destino de la
cizaña (Mi 13,42) y délos peces malos (13,50). La
frase conclusiva de la parábola es un grave aviso a los
lectores: "Son muchos los llamados, pero pocos los
escogidos" (22,14).
MEDITATIO
En
la celebración de Santa María Virgen, reina,
contemplamos a aquella que, sentada junto al rey de los siglos,
brilla como reina e intercede como madre (cf. Marialis cultas,
6).
La
figura de la reina madre permanece en muchísimas culturas
populares como prototipo de solemnidad, señorío,
cordialidad, benevolencia. El culto y la misma iconografía
-el carácter visible de su meditación y
contemplación- representan a María espontáneamente
en la posición de una reina, cubierta de vestidos
preciosos, con enorme frecuencia sentada en un trono y enjoyada
con estrellas, siendo ella misma trono para su hijo, el Señor
niño, al que tiene en brazos.
La
liturgia remarca esta imagen de María como madre y reina.
La liturgia lee la conexión de María sierva con el
Señor Dios como participación en la realeza de
Cristo: una realeza que es servicio, porque el Señor
ha traído la salvación a la humanidad, y a ello ha
colaborado la madre. El servicio de Jesús, hijo de María,
ha costado el paso por la cruz, junto a la cual estuvo presente y
en la que participó la madre. La realeza de Cristo se pagó
a un precio elevado: la realeza configura a María también
como reina afligida.
Las
insistentes afirmaciones sobre la participación de María
en la realeza de Cristo recuerdan la jaculatoria: "Reina de
la paz". Ésta traduce en el orden de la devoción
un rasgo de la identidad del personaje pronosticado en el oráculo
isaiano como "príncipe de la paz"- Jesucristo
es nuestra paz (cf. Ef 2,14). María es la madre del
príncipe de la paz. El niño nacido por nosotros, el
fruto bendito del seno de María es el Señor, fuente
de paz sin fin. La paz es sueño y utopía. Ambos
invitan a la acogida de este Señor de la paz, encarnado en
Jesucristo, hijo de María, mujer pacificada y obradora de
paz; invitan no sólo a creer en él, sino a hacer las
obras de la paz, que son su testamento y don del Espíritu.
ORATIO
Santa
María, generosa madre del Señor del universo, rey de
paz y de justicia, salve. Mujer humilde, recibida más allá
de nuestra tierra, en el cielo del altísimo amor del Padre,
inspira nuestro servicio en la edificación del Reino de
Cristo en comunidad de caridad evangélica.
Madre
bienaventurada por haber creído, quédate cerca para
guardar con nosotros encendida la lámpara de la fe,
alimentada por la obediencia a la divina Palabra.
Virgen
amiga del Espíritu, enséñanos a perseverar en
las obras de bondad, de justicia, de paz. Reina del cielo que
proteges nuestro camino cotidiano y el paso a la otra orilla de la
vida de aquí abajo, acoge la oración de tus siervos.
CONTEMPLATIO
El
ángel que anunciaba los misterios, para llevar a la fe
mediante algún ejemplo, anunció a la Virgen María
la maternidad de una mujer estéril y ya entrada en años,
manifestando así que Dios puede hacer todo cuanto le place.
Desde
que lo supo María, no por falta de fe en la profecía,
no por incertidumbre respecto al anuncio, no por duda acerca del
ejemplo indicado por el ángel, sino con el regocijo de su
deseo, como quien cumple un piadoso deber, presurosa por el gozo,
se dirigió a las montañas.
Llena de Dios de ahora en
adelante, cómo no iba a elevarse apresuradamente hacia las
alturas? La lentitud en el esfuerzo es extraña a la gracia
del Espíritu.
Considera
la precisión y exactitud de cada una de las palabras:
Isabel fue la primera en oír la voz, pero Juan fue el
primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó
según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en
cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió
la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer
oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió
la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia; ellos,
viviéndola interiormente, logran que sus madres se
aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro,
ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios
hijos. El niño saltó de gozo y la madre fue llena
del Espíritu Santo (Ambrosio de Milán, Exposición
sobre el evangelio según Lucas 2,19-22).
ACTIO
Sustituyamos
hoy el saludo de costumbre por el deseo evangélico: "La
paz del Señor sea contigo".
PARA.
LA LECTURA ESPIRITUAL
Cada
una [de las hermanas del instituto] !mita a María en su
propio camino hacia Cristo: aprende de su fíat a recibir
la Palabra de Dios, y de su vida con Jesús en Nazaret, el
sentido de su propia inserción en la sociedad; por su
participación en la misión redentora del Hijo se ve
llevada a comprender, a elevar y a dar valor a los sufrimientos
humanos. Se consagra a que la Virgen, ejemplo ale confianza en el
Señor, constituya para todos los hombres inseguros y
divididos de nuestro tiempo un signo de esperanza y de unidad.
En
ella, expresión de los más altos valores femeninos,
se inspira para realizarse plenamente como mujer y para
comprometerse en un servicio de amor que llega incluso al
sacrificio. A ella se dirige siempre con devoción y
confianza filial. Con ella se hace voz de alabanza a Dios por
todos los hombres.
Inspírate
en el servicio que María prestó y presta al mundo, y
obra en medio de la paz, sin el ansia de quien cree sólo en
su acción [Regola di vita dell'lstituto secolare "Regnum
Maríae", 1994, arts. 7 y 47).
Día
23
Viernes de la semana XX del
Tiempo ordinario o 23 de agosto,
Santa Rosa de Lima (30 de
agosto en América)
Santa
Rosa de Lima nació en la capital de Perú en 1586. Su
nombre de pila es Isabel. Cuando el obispo Toribio de Mogrovejo la
confirmó, le impuso el nombre de Rosa. Sus padres, además
de ser pobres y humildes, sufrieron un revés de fortuna y
Rosa colaboró con todas sus fuerzas al sostenimiento de la
familia. Cuando sus padres le instaron a que se casase, ella se
resistió. Quería vivir consagrada al Señor e
hizo voto de virginidad.
Cuando conoció la
historia de santa Catalina de Siena, ingresó en la tercera
orden de Santo Domingo como ella. Esto le causó no pocas
incomprensiones y burlas de sus parientes y conocidos, pero ella
todo lo soportaba con benevolencia. Su propia salud se vio dañada
por la austeridad con la que vivía. El 24 de agosto de
1617, a los 31 años de edad, murió en casa de un
dignatario del gobierno, donde servía desde hacía
tres años.
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 37,1-14
1
El
Señor me invadió con su fuerza y su espíritu
me llevó y me dejó en medio del valle, que estaba
lleno de huesos.
2
Me
hizo caminar entre ellos en todas direcciones. Había
muchísimos en el valle y estaban completamente secos.
3
Y
me dijo: -Hijo de hombre, podrán revivir estos huesos? Yo
le respondí: -Señor, tú lo sabes.
4
Y
me dijo: -Profetiza sobre estos huesos y diles: !Huesos secos,
escuchad la Palabra del Señor!
5
Así
dice el Señor a estos huesos: Os voy a infundir espíritu
para que viváis.
6
Os
recubriré de tendones, haré crecer sobre vosotros la
carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu
y viviréis, y sabréis que yo soy el Señor.
7
Yo
profeticé como me había mandado y, mientras hablaba,
se oyó un estruendo; la tierra se estremeció y los
huesos se unieron entre sí.
8
Miré
y vi cómo sobre ellos aparecían los tendones, crecía
la carne y se cubrían de piel. Pero no tenían
espíritu.
9
Entonces
él me dijo: -Profetiza al espíritu, profetiza, hijo
de hombre, y di al espíritu: Esto dice el Señor: Ven
de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos para que vivan.
10
Profeticé
como el Señor me había mandado, y el espíritu
penetró en ellos, revivieron y se pusieron en pie. Era una
inmensa muchedumbre.
11
Y
me dijo: -Hijo de hombre, estos huesos son el pueblo de Israel.
Andan diciendo: "Se han secado nuestros huesos, se ha
desvanecido nuestra esperanza, estamos perdidos".
12
Por
eso profetiza y diles: Esto dice el Señor: Yo abriré
vuestras tumbas, os sacaré de ellas, pueblo mío, y
os llevaré a la tierra de Israel.
13
Y
cuando abra vuestras tumbas y os saque de ellas, sabréis
que yo soy el Señor.
14
Infundiré
en vosotros mi espíritu, y viviréis; os estableceré
en vuestra tierra, y sabréis que yo, el Señor, lo
digo y lo hago, oráculo del Señor.
*"
El fragmento está compuesto por dos partes: una visión
(w. 1-10) y su explicación (w. 11-14). El profeta es
trasladado a un valle, probablemente el situado en la región
de Quebar (Babilonia), donde vivían los israelitas
exiliados. El espectáculo que se despliega ante sus ojos es
sumamente desolador: un enorme montón de huesos secos y
resquebrajados (w. 2ss). A la pregunta, aparentemente absurda, del
Señor sobre si podrán revivir aquellos huesos, le da
Ezequiel una respuesta discreta y llena de confianza: "Señor,
tú lo sabes" (v. 3b).
Dios
lo puede todo, todo depende de su voluntad. Entonces le ordena el
Señor profetizar sobre los huesos. Los restos de seres
humanos deben "oír" ahora la palabra divina y
"saber" que él es el Señor (v. 4). El
vocabulario usado por el Señor es muy concreto y rebosa
vitalidad: "El espíritu penetró en ellos",
"aparecían los tendones, crecía la carne y se
cubrían de piel", "infundiré en vosotros
mi espíritu". La Palabra de Dios se hace
inmediatamente realidad, como en la creación. Los huesos se
ponen de inmediato en movimiento produciendo un gran estruendo, se
recomponen, se revisten de tendones y de piel, recobran vida, se
ponen en pie y se convierten en una inmensa multitud.
Viene
después la explicación -es el Señor quien la
da explícitamente-: los huesos son los exiliados, privados
de vida y de esperanza (w. 1 lss). El Señor los llama con
ternura "pueblo mío" y, frente a su
desconfianza, les asegura que llevará a cabo el prodigio de
su restauración. A la imagen de los huesos vueltos a la
vida se añaden otras para reforzar aún más el
poder del Dios de la vida: "Yo abriré vuestras
tumbas, os sacaré de ellas" (w. 12.13). Hasta en
las situaciones de muerte más desesperadas puede hacer
nacer el Señor nueva vida. Dios "no es un Dios de
muertos, sino de vivos" (Me 12,37) y "nada es
imposible para Dios" (Le 1,37). Al final, es el Señor
mismo quien da la respuesta a la pregunta planteada al profeta:
"Podrán revivir estos huesos?" (v. 3). Sí:
"Lo digo y lo hago" (v. 14).
Salmo Responsorial
Dad gracias al Señor, porque es
eterna su misericordia
Salmo
106,2-3.4-5.6-7.8-9
Que
lo confiesen los redimidos por el Señor, los
que él rescató de la mano del enemigo, los
que reunió de todos los países: norte
y sur, oriente y occidente. R/.
Dad
gracias al Señor, porque es eterna su misericordia
Erraban
por un desierto solitario, no
encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban
hambre y sed, se
les iba agotando la vida. R/.
Dad
gracias al Señor, porque es eterna su misericordia
Pero
gritaron al Señor en su angustia, y
los arrancó de la tribulación. Los
guió por un camino derecho, para
que llegaran a ciudad habitada. R/.
Dad
gracias al Señor, porque es eterna su misericordia
Den
gracias al Señor por su misericordia, por
las maravillas que hace con los hombres. Calmó
el ansia de los sedientos, y
a los hambrientos los colmó de bienes. R/.
Dad
gracias al Señor, porque es eterna su misericordia
Evangelio:
Mateo 22,34-40
En
aquel tiempo,
34
cuando
los fariseos oyeron que había tapado la boca a los
saduceos, se reunieron,
35
y
uno de ellos, experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a
prueba:
36
-Maestro,
cuál es el mandamiento más importante de la Ley?
37
Jesús
le contestó: -Amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma y con
toda tu mente.
38
Éste
es el primer mandamiento y el más importante.
39
El
segundo es semejante a éste: Amarás
al prójimo como a ti mismo.
40
En
estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los profetas.
*•
En la sección polémica de los capítulos 21 y
22 de Mateo los adversarios plantean a Jesús una serie de
cuestiones: sobre el tributo al César (22,15-22), sobre la
resurrección de los muertos (22,23-33). Eran todos los
temas candentes de la época. Ahora nos encontramos en la
tercera disputa. Tras los saduceos, ricos y poderosos, entran en
escena los fariseos, doctos y observantes. La cuestión
tiene que ver con el mandamiento más importante de la Ley.
El fondo de la cuestión es complejo y la motivación
poco recta: interrogan a Jesús "para ponerlo a
prueba" (y. 35). Los fariseos habían hecho derivar
613 preceptos a partir de las prescripciones de la Tora; de ellos
365 eran prohibiciones y 248 mandamientos positivos.
Frente
a esta gran cantidad de prescripciones tiene sentido querer saber
cuál es "el mandamiento más importante "
(v. 36). Sin embargo, Jesús no se sitúa en la
lógica de una jerarquía de mandamientos. Recuerda
más bien la esencia de la Ley, orienta la atención
hacia el principio que la inspira y hacia la disposición
interior a observarla. La respuesta de Jesús es clara y
precisa: la fuente y el cumplimiento de la Ley es el amor en su
doble movimiento: hacia Dios y hacia el prójimo (w. 37ss).
Al
hablar del amor a Dios, Jesús hace referencia a Dt 6,5,
donde se subrayan la totalidad, la intensidad y la autenticidad:
"Con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda
tu mente". Ahora bien, junto al amor de Dios -y a su
mismo nivel- pone el amor al prójimo. Son dos dimensiones
inseparables. Sólo quien ama a Dios con todo su ser es
consciente de ser amado por él, sabe amarse a sí
mismo y sabe amar a su prójimo, es decir, a toda persona
que vive cerca de él, a todo alter ego, como alguien
amado por el mismo Dios. Aquí se encuentra la síntesis
de "toda la Ley y los profetas", es decir, el
núcleo esencial de la revelación, aquí se
encuentra la voluntad de Dios para todos sus hijos.
MEDITATIO
Los
textos bíblicos proclamados en este día de Santa
Rosa de Lima han sido seleccionados porque marcaron para ella la
dirección de su vida. Conocido Cristo, no quiso saber nada
de otros esposos. Luchó contra el deseo de sus padres de
que se casara e hizo voto de virginidad para confirmar su
resolución de vivir consagrada al Señor. Viendo lo
que Cristo sufrió y el valor de la pasión, ella
misma dijo: "Nadie se quejaría de sus cruces y
sufrimientos si conociera cuál es la balanza con la que los
hombres han de ser medidos". Y ella misma se fijó con
un alfiler al cuero cabelludo la corona de rosas que su madre le
puso en la cabeza un día de fiesta familiar. La unión
a Jesús, como el sarmiento a la vid, la llevó a
vivir en plenitud el mandamiento del amor. Un día en que su
madre le reprendió por atender en casa a pobres y enfermos,
Rosa le contestó: "Cuando servimos a los pobres y a
los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de
ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a
Jesús".
Amante
de la soledad, dedica gran parte del tiempo a la contemplación
y desea introducir también a otros en los arcanos de la
"oración secreta", divulgando para ello libros
espirituales. Anima a los sacerdotes para que atraigan a todos al
amor a la oración. Recluida frecuentemente en la pequeña
ermita que se hizo en el huerto de sus padres, abrirá su
alma a la obra misionera de la Iglesia con celo ardiente por la
salvación de los pecadores y de los "indios". Por
ellos desea dar su vida, y se entrega a duras penitencias para
ganarlos a Cristo. Durante quince años soportará una
gran aridez espiritual como crisol purificador. También
destaca por sus obras de misericordia con los necesitados y
oprimidos.
ORATIO
Señor,
tú has querido que santa Rosa de Lima, encendida en tu
amor, sin apartarse del mundo, se consagrara a ti en la
penitencia; concédenos por su intercesión que,
siguiendo en la tierra el camino de la verdadera vida, lleguemos a
gozar en el cielo de la abundancia de los gozos eternos.
CONTEMPLATIO
"!Ojalá
todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia,
su belleza, su nobleza, su infinito precio, lo inmenso de los
tesoros que alberga, cuántas riquezas, gozos y deleites!
Sin duda alguna, emplearían toda su diligencia, afanes y
desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por
el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez
de aventuras, por conseguir el tesoro último de la
constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz
ni de los trabajos que le caen en suerte si conociera las balanzas
con que los hombres han de ser medidos" (de los escritos de
santa Rosa de Lima).
ACTIO
Pide
hoy la paz, la justicia y la salud para todos los peruanos y, con
santa Rosa de Lima, repite con frecuencia: "Señor,
auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la
misma medida tu amor".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
divino Salvador, con inmensa majestad, dijo: "Que todos sepan
que la tribulación va seguida de la gracia; que todos se
convenzan de que sin el peso de la aflicción no se puede
llegar a la cima de la gracia; que todos comprendan que la medida
de los carismas aumenta en proporción con el incremento de
las fatigas.
Guárdense
las personas de pecar y de equivocarse. Que nadie se engañe:
ésta es la única verdadera escala del paraíso,
y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al
cielo!".
Oídas
estas palabras, me sobrevino un ímpetu poderoso de ponerme
en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a
todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y condición
que fuesen: "Oíd pueblos, oíd, todo género
de gentes: de parte de Cristo, y con palabras tomadas de su misma
boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer
aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos para
conseguir la participación íntima de la divina
naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura
del alma".
Este
mismo estímulo me impulsaba impetuosamente a predicar la
hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacía
sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma
detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que se había
de romper la prisión y, libre y sola, con más
agilidad se había de ir por el mundo, dando voces para
anunciar la grandeza, la hermosura y la riqueza de la gracia (de
los escritos de santa Rosa de Lima al médico Castillo).
Día
24
Sábado de la semana XX
del Tiempo ordinario,
San
Bartolomé
A
Bartolomé, de Cana de Galilea, uno de los Doce, se le
identifica habitualmente con Natanael, el amigo del apóstol
Felipe (Jn 1,43-51; 22,2). Carecemos de noticias históricas
precisas sobre su actividad apostólica. Diversas
tradiciones le sitúan en diferentes regiones del mundo y
eso hace pensar que, efectivamente, su radio de acción fue
muy amplio. Una tradición refiere que Bartolomé
habría sido desollado vivo, según la costumbre penal
de los persas, y que de este modo habría consumado su
martirio. Recibe veneración en Roma, en la isla Tiberina.
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 21,9b-14
El
ángel se dirigió a mí y me dijo:
9
"!Ven!
Te mostraré la novia, la esposa del Cordero".
10
Me
llevó en espíritu a un monte grande y alto y me
mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del
cielo enviada por Dios,
11
resplandeciente
de gloria. Su esplendor era como el de una piedra preciosa
deslumbrante, como una piedra de jaspe cristalino.
12
Tenía
una muralla grande y elevada y doce puertas con doce ángeles
custodiando las puertas, en las que estaban escritos los nombres
de las doce tribus de Israel.
13
Tres
puertas daban al oriente y tres al septentrión; tres al
mediodía y tres al poniente.
14
La
muralla de la ciudad tenía doce pilares, en los que estaban
grabados los doce nombres de los doce apóstoles del
Cordero.
*"•
El libro del Apocalipsis define a la Iglesia como la ciudad santa,
como don de Dios: en ella se recogen las doce tribus de Israel,
esto es, el nuevo Israel de Dios.
Las
murallas de esta ciudad se apoyan sobre el cimiento de los doce
apóstoles. Según el mismo Juan, la Iglesia puede ser
llamada también "la novia, la esposa del Cordero",
para indicar el vínculo de amor único e
irrepetible que une a Dios con la humanidad, a Cristo con la
Iglesia.
El
apóstol, todo apóstol, participa asimismo de este
amor y se convierte en testigo de él con su ministerio
apostólico, pero sobre todo con la entrega de su sangre.
Esa
es la razón de que, al final de la lectura, se llame
expresamente a los Doce "apóstoles del Cordero":
si la Iglesia es apostólica, lo es no sólo por
el ministerio confiado por Jesús a los Doce, sino también
y sobre todo por la participación de los Doce en el
misterio pascual de Jesús.
Salmo Responsorial
Tus santos, Señor, proclaman la
gloria de tu reinado.
Sal
144,10-11.12-13ab.17-18
10Que
todas tus criaturas te den gracias, Señor, que
te bendigan tus fieles; 11que
proclamen la gloria de tu reinado, que
hablen de tus hazañas;
R. Tus santos, Señor,
proclaman la gloria de tu reinado.
12explicando
tus hazañas a los hombres, la
gloria y majestad de tu reinado. 13Tu
reinado es un reinado perpetuo, tu
gobierno va de edad en edad.
R. Tus santos, Señor,
proclaman la gloria de tu reinado.
17El
Señor es justo en todos sus caminos, es
bondadoso en todas sus acciones; 18cerca
está el Señor de los que lo invocan, de
los que lo invocan sinceramente.
R. Tus santos, Señor,
proclaman la gloria de tu reinado.
Evangelio:
Juan 1,45-51
En
aquel tiempo,
45
Felipe
se encontró con Natanael y le dijo: -Hemos encontrado a
aquel de quien escribió Moisés en el libro de la
Ley, y del que hablaron también los profetas: es Jesús,
el hijo de José, el de Nazaret.
46
Exclamó
Natanael: -Nazaret? Es que de Nazaret puede salir algo bueno?
Felipe le contestó: -Ven y l o verás.
47
Cuando
Jesús vio a Natanael, que venía hacia él,
comentó: -Éste es un verdadero israelita, en quien
no hay doblez alguna.
48
Natanael
le preguntó: -De qué me conoces? Jesús
respondió: -Antes de que Felipe te llamara, te ví
yo, cuando estabas debajo de la higuera.
49
Entonces
Natanael exclamó: -Maestro, tú eres el Hijo de Dios,
tú eres el Rey de Israel.
50
Jesús
prosiguió: -Te basta para creer el haberte dicho que te ví
debajo de la higuera? !Verás cosas mucho más grandes
que ésa!
51
Y
añadió Jesús: -Os aseguro que veréis
el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando
sobre el Hijo del hombre.
*••
El elogio de Natanael formulado por Jesús es claro e
inequívoco: "Éste es un verdadero israelita,
en quien no hay doblez alguna" (v. 47). Del contexto
inmediato se infiere el significado más amplio y más
profundo que posee esta afirmación de Jesús. En
Natanael no se excluye sólo la doblez, sino que se afirma
sobre todo el amor a la verdad. De este modo, Jesús nos
ofrece también a nosotros una rendija para comprender el
fondo del alma de este apóstol.
Natanael
se revela ante todo como un hombre que busca: se manifestará
también así con ocasión de la primera
aparición del Señor resucitado. De la búsqueda
pasa Natanael enseguida al acto de fe. Su inteligencia se abre al
misterio que se desvela; su ánimo se abre al descubrimiento
de un bien mayor, un bien del que desde hace tiempo está
sediento.
Natanael
se convierte así en imagen viviente de todo verdadero
creyente que, a la luz de la Palabra de Dios, aguza su capacidad
visual interior y, por medio de la fe, reconoce en Jesús a
su único Salvador.
MEDITATIO
También
Natanael, como otros apóstoles antes que él, llega
al descubrimiento de Jesús no sin una cierta fatiga.
En
su caso, debe superar, en primer lugar, el handicap de su
excesivo conocimiento veterotestamentario. Es justamente verdad
-como leemos en el Eclesiastés- que el saber excesivo
engendra dolor: sólo cuando haya alcanzado a la sencillez y
a la transparencia del encuentro personal, podrá reconocer
Natanael en Jesús al Hijo de Dios.
En
segundo lugar, Natanael debe superar asimismo una especie de
desconcierto, el que provocó en él su primer
encuentro con Jesús, quien demuestra conocerle muy bien.
Mas Natanael tiene necesidad de entablar un diálogo con
aquel que le sorprende y, al mismo tiempo, le cautiva. Sólo
el diálogo interpersonal es la vía segura para el
conocimiento recíproco, el conocimiento que lleva a la
experiencia y a la entrega de nosotros mismos en el amor.
Ahora
bien, yo diría que Natanael debe superar también la
mediación del amigo Felipe, respecto a la cual, de
primeras, muestra cierto escepticismo. Sólo cuando haya
tomado la decisión de ir al encuentro del Nazareno, le
reconocerá por lo que Jesús es verdaderamente. La
amistad puede ser, a buen seguro, una gran ayuda para el
descubrimiento de la verdad, pero, cuando la verdad es Alguien,
sólo el encuentro personal puede satisfacer la búsqueda.
ORATIO
Señor
Jesús, tú naciste en Belén, "la más
pequeña de las cabezas de partido de Judea". Allana
ante mí el camino que conduce hasta ti, pequeño
entre los pequeños, verdadero hombre entre los hombres,
hijo de María y José.
Señor
Jesús, te criaste en Nazaret, un pueblo del que nadie
esperaba nada bueno. Enséñame también a mí,
como revelaste a tus otros discípulos, el secreto de la
espiritualidad de Nazaret, pueblo donde viviste durante treinta
años, secreto del que se desprende el mensaje del silencio,
del amor, del trabajo.
Señor
Jesús, tú quisiste elegir Jerusalén como
ciudad de tu martirio y de tu pascua: dame el valor de subir
contigo y detrás de ti hasta la ciudad santa, en donde
deben morir los verdaderos profetas, ciudad amada por todos tus
discípulos.
Señor
Jesús, tú recorriste los caminos de Palestina, país
pequeño e insignificante a los ojos de los grandes, pero
elegido, amado y privilegiado por ti. Enséñame a
valorar las cosas según tus criterios, según tus
proyectos.
CONTEMPLATIO
Ved
ahí cómo, según los preceptos del Evangelio,
debéis portaros con los apóstoles y profetas.
Recibid en nombre del Señor a los apóstoles que os
visitaren, en tanto permanecieren un día o dos entre
vosotros: el que se quedare durante tres días, es un falso
profeta. Al salir el apóstol, debéis proveerle de
pan para que pueda ir a la ciudad donde se dirija: si pide dinero,
es un falso profeta. Al profeta que hablare por el espíritu,
no le juzgaréis, ni examinaréis [...], porque Dios
es su juez: lo mismo hicieron los antiguos profetas.
Velad
por vuestra vida; [...] los que perseveren en la fe serán
salvos de esta maldición. Entonces aparecerán las
señales de la verdad. Primeramente será desplegada
la señal en el cielo, después la de la trompeta y,
en tercer lugar, la resurrección de los muertos, según
se ha dicho: "El Señor vendrá con todos sus
santos". !Entonces el mundo verá al Señor
viniendo en las nubes del cielo! (Didaché,
según
la versión de E. Backhouse y C. Tylor, Historia
de la Iglesia primitiva, Editorial
Clie, www.clie.es).
ACTIO
Repite
y medita durante el día esta Palabra: "Maestro,
tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel"(Jn
1,49).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
cristiano cree, gracias a la Palabra de Dios, que el hombre es
inmortal, que toda la humanidad está destinada a la
eternidad.
El
cristiano cree en la resurrección de todos los muertos de
la humanidad, de todos los cuerpos. Cree en la humanidad inmortal.
Pero cree en virtud de la Palabra de Dios, no de una especie de
prestidigitación mágica... y grotesca. Cree en la
prolongación de los misterios de la vida más allá
de la muerte, en la consumación de la vida mediante la
muerte; cree que la misma muerte tiene una razón de ser;
cree que la muerte sigue siendo atroz, pero no que sea absurda.
Como
todo hombre razonable, el cristiano ve su propia vida, desde el
nacimiento a la muerte, como un devenir continuo acompañado
de una destrucción continua. Sin embargo, el cristiano cree
que en este y por este devenir se consuma la germinación,
el desarrollo del hombre inmortal que hay en él, pero que
se va haciendo en él cada día y que permanecerá
tal como haya llegado a ser, en la eternidad, para la eternidad.
Este
hombre inmortal se hace en cada uno a través de sus
opciones. Aquello por lo que opta es lo que fija al hombre
inmortal en su pleno vigor o en lo peor de la miseria humana. En
la hora de su muerte, el hombre se habrá convertido en
alguien que vivirá con Dios para siempre o en alguien que
existirá lejos de Dios para siempre (Madeleine Delbréf).
Día
25
Domingo XXI del tiempo ordinario
San
José de Calasanz.- San
José de Calasanz nació en Huesca en el año 1557.
Era
tal su devoción a la Virgen que él quería
llamarse José de la Madre de Dios. Sus padres pudieron y le
dieron una esmerada educación y formación. Se doctoró
en Teología en la Universidad de Lérida y fue ordenado
sacerdote. En el año 1592, se fue a Roma persiguiendo un
puesto honorífico y se encontró con la miseria infantil
en los barrios de la ciudad. Dejó de perseguir honores y fundó
las Escuelas Pías (escuelas gratuitas). Con la enseñanza
del catón y del ábaco introducía también
el catecismo y la oración de la corona de doce estrellas
pidiendo la protección de la Virgen. El 25 de agosto del año
1648, a la edad de 92 años, este gran apóstol pasó
a la eternidad. Pío XII le declaró celestial patrono
ante Dios de todas las escuelas populares cristianas del mundo.
LECTIO
Primera
lectura: Josué 24,1-2a. 15-17.18b
En
aquellos días:
1
Josué
reunió a todas las tribus de Israel en Siquén y convocó
a los ancianos de Israel, a sus jefes, jueces y oficiales. Todos se
presentaron ante Dios.
2
Josué
dijo a todo el pueblo:
15
-Si
no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién
queréis servir: a los dioses a quienes sirvieron vuestros
antepasados en Mesopotamia o a los dioses de los amorreos, cuya
tierra ocupáis. Yo y los míos serviremos al Señor.
16
El
pueblo respondió: -Lejos de nosotros abandonar al Señor
para servir a otros dioses.
17
El
Señor es nuestro Dios; él fue quien nos sacó de
la esclavitud de Egipto a nosotros y a nuestros padres. Él ha
hecho ante nuestros ojos grandes prodigios y nos ha protegido durante
el largo camino que hemos recorrido y en todas las naciones que hemos
atravesado.
18
Así
que también nosotros serviremos al Señor, porque él
es nuestro Dios.
**• El libro de Josué
narra tres acontecimientos: el paso del Jordán y la conquista
de la tierra prometida (capítulos 1-12); la distribución
del territorio entre las tribus (capítulos 13-21); las
acciones con las que concluye la vida de Josué, en particular
su último discurso y la asamblea de Siquén (capítulos
22-24). El pueblo ya ha recibido ahora el don de "una tierra por
la que vosotros no habíais sudado, unas ciudades que no
edificasteis y en las que ahora vivís; coméis los
frutos de las viñas y de los olivos que no habéis
plantado" (Jos 24,13): Dios se muestra fiel a la promesa que
había guiado y sostenido los pasos de Abrahán, Isaac,
Jacob... (cf Gn 12,7; 26,3; 28,13...) Josué se despide de
Israel y pone al pueblo frente a la responsabilidad de sus propias
decisiones. La decisión de adherirse o rechazar a Dios siempre
tiene como fundamento la presencia eficaz del Señor. Del mismo
modo que en las solemnes profesiones de fe de Dt 6,21-24; 26,5-9 y
Neh 9,7-25, también Josué propone a la fe de los
presentes el recuerdo de las intervenciones de Dios a favor de su
pueblo (vv. 2-13). Por consiguiente, "escoged hoy a quién
queréis servir" (v. 15): también podéis
rechazar lo que el Señor ha realizado por vosotros (volviendo
a los dioses que eran adorados antes de la vocación de Abrahán
o escogiendo las divinidades adoradas por los amorreos, a los que
vosotros mismos habéis derrotado al conquistar la tierra); por
mi parte, yo, con mi casa, escojo y os exhorto a que también
vosotros escojáis aceptar la predilección de Dios,
sirviéndole "con integridad y fidelidad" (v. 14). La
asamblea de Israel escoge a Dios, renueva el acto de fe y concluye
una alianza (vv. 16-28).
Josué, al proponer la
renovación de la alianza, subraya el momento de la decisión:
"hoy" (v. 15). La respuesta del pueblo y la estipulación
de la alianza siguen la cadencia de la repetición del
pronombre de primera persona plural "nosotros", "nuestro"
(vv. 16-18.21.24.27). Es interesante señalar que tanto la voz
de Dios (cf. Nm 14,20-23) como el estudio exegético moderno
afirman que quienes sancionaron la alianza en Siquén (v. 1) no
eran los mismos que atravesaron realmente el desierto, sino que se
trata de sus descendientes. Como en todo acto de fe, el que lo
realiza hace presente y actualiza para sí la historia de la
salvación.
Salmo
responsorial Gustad
y ved qué bueno es el Señor
Salmo 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21. 22-23
Bendigo al Señor en todo momento, su
alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría
en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se
enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su
memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha y
lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de
los atribulados, salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males, de
todos lo libra el Señor; él cuida de todos sus
huesos, y ni uno solo se quebrará.
La maldad da
muerte al malvado, los que odian al justo serán
castigados. El Señor redime a sus siervos, no será
castigado quien se acoge a él.
Segunda
lectura: Efesios 5,21-32
Hermanos:
21
Guardaos
mutuamente respeto en atención a Cristo.
22
Que
las mujeres respeten a sus maridos como si se tratase del Señor,
23
pues
el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y al mismo
tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia.
24
Y
como la Iglesia es dócil a Cristo, así también
deben serlo plenamente las mujeres a sus maridos.
25
Maridos,
amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se
entregó a sí mismo por ella
26
para
hacerla santa, purificándola por medio del agua y la Palabra.
27
Se
preparó así una Iglesia esplendorosa, sin mancha ni
arruga ni cosa parecida: una Iglesia inmaculada.
28
Igualmente,
los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que
ama a su mujer, a sí mismo se ama,
29
pues
nadie odia a su propio cuerpo; antes bien, lo alimenta y lo cuida
como hace Cristo con su Iglesia,
30
que
es su cuerpo, del cual nosotros somos miembros.
31
Por
eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse a su
mujer, y llegarán a ser los dos uno solo.
32
Gran
misterio éste, que yo relaciono con la unión de Cristo
y la Iglesia.
*" El texto forma parte
de un código de comportamiento destinado a la familia de Dios
(Ef 5,21-6,9; cf. Col 3,18; 1 Pe 3,1-6). En los tiempos en que fue
escrito pudo haber desempeñado una función de respuesta
a ciertas acusaciones dirigidas a los cristianos en el sentido de que
amenazaban la estabilidad del tejido social, puesto que exigían
cierta igualdad entre todos los fieles.
A las mujeres se les dice que
"respeten a sus maridos" (v. 22); los esposos, a su vez,
deberán "amar" a sus consortes. Pero eso no
basta. El fragmento se abre y se cierra con una referencia explícita
a Cristo y a la Iglesia (vv. 21.32). Por otra parte, las
exhortaciones, apenas enunciadas, están motivadas desde una
perspectiva específicamente cristiana: "como si se
tratase del Señor" (v. 22), "como Cristo es cabeza y
al mismo tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia" (v. 23),
"como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí
mismo por ella" (vv. 25.29). En este caso, "como" no
tiene un valor comparativo, sino causal: vivid en la caridad
recíproca, "porque" el mismo Señor obró
de este modo.
La Iglesia ha encontrado en
Cristo a su "salvador" (v. 23), al que la hace "santa"
y "pura" (v. 26), "esplendorosa, sin mancha ni arruga
ni cosa parecida: una Iglesia inmaculada" (v. 27). En el antiguo
Oriente había costumbre de lavar y adornar a la novia, que era
presentada a continuación al novio por los amigos de la boda.
Ahora bien, aquí es el mismo Cristo quien ha lavado a su
Iglesia de toda huella de suciedad "por medio del agua y la
Palabra" (v. 26) -esto es, el bautismo- para presentarla a sí
mismo. Esta irresistible belleza de la Iglesia se manifestará
espléndidamente en la plenitud de los tiempos, pero Pablo nos
asegura que es ya una característica que, aunque todavía
sombreada, le pertenece como don. Cristo ha querido realizar
personalmente respecto a la Iglesia lo que el Génesis
describía como la vocación de todo hombre y de toda
mujer (Gn 2,24).
Evangelio:
Juan 6,60-69
En
aquel tiempo,
60
muchos
de sus discípulos, al oír a Jesús, dijeron:
-Esta doctrina es inadmisible. Quién puede aceptarla?
61
Jesús,
sabiendo que sus discípulos criticaban su enseñanza,
les preguntó: -Os resulta difícil aceptar esto?
62
Qué
ocurriría si vieseis al Hijo del hombre subir a donde estaba
antes?
63
El
Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve para nada. Las
palabras que os he dicho son espíritu y vida.
64
Pero
algunos de vosotros no creen. Jesús sabía desde el
principio quiénes eran los que no creían y quién
lo iba a entregar.
65
Y
añadió: -Por eso os dije que nadie puede aceptarme si
el Padre no se lo concede.
66
Desde
entonces, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no iban
con él.
67
Jesús
preguntó a los Doce: -También vosotros queréis
marcharos?
68
Simón
Pedro le respondió: -Señor, a quién iríamos?
Tus palabras dan vida eterna.
69
Nosotros
creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
**• Tras la extensa
revelación de Jesús sobre el pan de vida en la sinagoga
de Cafarnaún, los discípulos muestran su malestar por
las afirmaciones "irracionales" de su Maestro, unas
afirmaciones difíciles de aceptar desde el punto de vista
humano. Jesús, frente al escándalo y la murmuración
de sus discípulos, precisa que no hay que creer en él
sólo después de contemplar su ascensión al
cielo, al modo de Elías y de Enoc, porque eso significaría
no aceptar su origen divino, algo carente de sentido, puesto que él,
el "Preexistente", viene precisamente del cielo (cf. Jn
3,13-15).
La incredulidad de los
discípulos respecto a Jesús, sin embargo, se pone de
manifiesto por el hecho de que el "Espíritu es quien da
la vida; la cante no sirve para nada. Las palabras que os he dicho
son espíritu y vida" (v. 63). Juan afirma que tan real
como la carne de Jesús es la verdad eucarística. Ambas
son un don que tiene el mismo efecto: dar la vida al hombre. Con
todo, muchos discípulos no quisieron creer y no dieron un paso
adelante hacia una confianza en el Espíritu, no logrando
liberarse de la esclavitud de la carne. A Jesús no le coge por
sorpresa esta actitud por parte de los que dejan de seguirle. Conoce
a cada hombre y sus opciones secretas. Adherirse a su persona y su
mensaje a través de la fe es un don que nadie puede darse a sí
mismo. Sólo lo da el Padre. El hombre, que es dueño de
su propio destino, siempre es libre de rechazar el don de Dios y la
comunión de vida con Jesús. Sólo quien ha nacido
y ha sido vivificado por el Espíritu y no obra según la
carne comprende la revelación de Jesús y es introducido
en la vida de Dios. Es a través de la fe como el discípulo
debe acoger al Espíritu y al mismo Jesús, pan
eucarístico, sacramento que comunica el Espíritu y
transforma la carne.
MEDITATIO
El lenguaje de Jesús
es duro no porque sea incomprensible, sino porque resulta difícil
de aceptar, sobre todo por las consecuencias que implica. La cuestión
del "lenguaje" en la transmisión de la fe es
importante, pero la realidad de la fe, aunque sea expuesta en el
lenguaje más actualizado, será siempre "dura".
En estos años se ha introducido la lengua hablada en la
liturgia, aunque no por ello han aumentado los que participan. Y no
es sólo por una cierta extrañeza cultural del mundo
bíblico, sino porque la Palabra resuena con toda su dureza.
La Palabra, en su contenido
esencial, implica una elección, una alianza del tipo de la
propuesta por Josué; implica elecciones no siempre fáciles
ni siempre indoloras. Y frente a los compromisos que dan la impresión
de echar a perder la vida, nos sentimos tentados, también
nosotros los discípulos, a pensar como la mayoría: la
Iglesia exagera en sus demandas, quiere complicar la vida, la Palabra
ha de ser interpretada, las nuevas condiciones de la sociedad no
permiten vivir siguiendo ciertos parámetros del pasado...
A nosotros, a mí, nos
dice hoy el Señor, todavía con mayor claridad y dureza,
que es preciso estar con él o dejarle. Ahora bien, a nosotros,
a mí, nos ha dado hoy el Padre la posibilidad y el
atrevimiento de repetir las palabras de Pedro: "Señor, a
quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna".
Somos frágiles, nuestro corazón vacila con frecuencia,
nuestra mente duda, pero hemos de repetir constantemente la
afirmación de Pedro, porque sólo el Señor tiene
palabras de vida eterna.
ORATIO
Dame, Señor, tu
Espíritu para que yo pueda comprender tus palabras de vida
eterna. Sin tu Espíritu puedo echar a perder tus realidades,
trastornar tu Palabra, cosificar la eucaristía, construirme
una fe a mi medida, tener miedo a tus preceptos, considerar tu ley
como una moral de esclavos. Dame tu Espíritu para que no me
eche atrás, para que no te abandone en los momentos de la
prueba, cuando me parezcas inhumano en tus demandas, cuando el
Evangelio, en vez de una alegre noticia, se me presente como una
amenaza para mi propia realización, cuando la alianza contigo
me parezca una cadena opresora. Tú sabes, Señor, que
hasta tus santos te hicieron llegar alguna vez sus lamentos. Santa
Teresa de Ávila te decía que comprendía por qué
tenías tan pocos amigos, dado el trato que les dabas. Con
todo, si me dieras tu Espíritu, no digo que no me lamentaré,
pero seguramente no te abandonaré, porque estaré
arraigado y atado a ti, bien contento de seguirte, aunque quizás
con pocos otros. En efecto, "sólo tú tienes
palabras de vida eterna".
CONTEMPLATIO
Los que se retiraron no eran
pocos; eran muchos. Eso tiene lugar tal vez para consuelo nuestro:
puede suceder, en efecto, que alguien diga la verdad y no sea
comprendido y que incluso los que le escuchan se alejen
escandalizados. Este hombre podría arrepentirse de haber dicho
la verdad: "No hubiera debido hablar así, no hubiera
debido decir estas cosas". Al Señor le pasó esto:
habló y perdió a muchos discípulos, y se quedó
con pocos. Pero no se turbó, porque desde el principio sabía
quién habría de creer y quién no. Si a nosotros
nos sucede algo semejante, nos quedamos turbados.
Encontraremos consuelo en el
Señor, sin dispensarnos, a pesar de todo, de la prudencia en
el hablar (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 27, 8).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sólo
tú, Señor, tienes palabras de vida eterna"
(cf.
Jn 6,68b).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La experiencia de los que se
encuentran en misión es que sólo rara vez es posible
ofrecer el pan que da la vida y curar verdaderamente un corazón
que ha sido destrozado. Ni siquiera el mismo Jesús curó
a todos, ni tampoco cambió la vida cíe todos.
La mayor parte de la gente
simplemente no cree que sean posibles los cambios radicales. Los que
se encuentran en misión sienten el deber de desafiar
persistentemente a sus compañeros de viaje a escoger la
gratitud en vez del resentimiento, y la esperanza en vez de la
desesperación. Las pocas veces en que se acepta este desafío
son suficientes para nacer su vida digna de ser vivida. Ver aparecer
una sonrisa en medio de las lágrimas significa ser testigo de
un milagro: el milagro de la alegría. Desde el punto de vista
estadístico, nada de todo esto es demasiado interesante. Los
que te preguntan: cuántas personas habéis reunido?
Cuántos cambios habéis aportado? Cuántos males
habéis curado? Cuánta alegría habéis
creado?, recibirán siempre respuestas decepcionantes. Ni Jesús
ni sus seguidores tuvieron gran éxito. El mundo sigue siendo
todavía un mundo oscuro, lleno de violencia, de corrupción,
opresión y explotación. Probablemente, lo será
siempre.
La pregunta no es "a qué
velocidad y cuántos?", sino "dónde y
cuándo?". Dónde se celebra la eucaristía?
Dónde están las personas que se reúnen en torno
a la mesa partiendo el pan !untas? Cuándo tiene lugar esto?
[...] Hay personas que, en medio de este mundo que se encuentra bajo
el poder del mal, viven con la conciencia de que él vive y
mora dentro de nosotros, de que él ha superado el poder de la
muerte y ha abierto el camino de la gloria? Hay personas que se
reúnen alrededor de la mesa y que hacen en memoria suya lo que
él hizo? Hay personas que continúan contándose
sus historias de esperanzas y que marchan juntas a ocuparse de sus
semejantes, sin pretender resolver toaos los problemas, sino llevar
una sonrisa a un moribundo y una pequeña esperanza a un niño
abandonado? (H. J. M. Nouwen, La forza aella sua presenza, Brescia
52000, pp. 85ss).
Día
26
Lunes de la semana XXI del
Tiempo ordinario o 26 de agosto,
Santa Teresa de Jesús
Jornet e Ibars
Teresa
Jornet e Ibars nació en Aytona (Lérida), en el año
1843, en el seno de una familia de labradores de recia fe
cristiana. Siendo aún adolescente, se sintió llamada
a ayudar a la sociedad de su tiempo, cuyo ambiente racionalista y
anticlerical tuvo que padecer. La ciudad aragonesa de Fraga fue
clave en su formación: en ella cursó los estudios de
Magisterio, que empezó a ejercer en Argensola, pueblecito
de la diócesis de Vich Barcelona). Ingresó en las
Clarisas de Briviesca (Burgos). Una f!gura clave en su
vocación fue la del padre Saturnino López Novoa: él
concibió el proyecto que llevó a cabo la fundadora
de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados junto con un grupo
de jóvenes en Barbastro (Huesca) el 11 de octubre de 1872.
A su muerte, acaecida en Liria (Valencia) en 1897, la orden ya
contaba con 103 asilos en España y América. La
"sembradora de amor" fue beatificada por Pío XII
en 1958 y canonizada por Pablo VI en 1974. Ha sido declarada
patrona de la ancianidad.
LECTIO
Primera
lectura: 2 Tesalonicenses 1,1-5.11b-12
1
Pablo,
Silvano y Timoteo a la iglesia de los tesalonicenses, que es la
Iglesia de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.
2
Gracia
y paz a vosotros de parte de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor.
3
Hermanos,
continuamente debemos dar gracias a Dios por vosotros. Es justo
que así lo hagamos, porque crece vuestra fe y aumenta el
amor que todos vosotros os tenéis unos a otros.
4
Esto
hace que nos sintamos orgullosos de vosotros en medio de las
iglesias de Dios; orgullosos de vuestra constancia y vuestra fe en
medio de todas las persecuciones y sufrimientos que soportáis.
5
Todo
eso es una demostración del justo juicio de Dios, que
quiere haceros dignos de su Reino, por el que padecéis.
11
Dios
os haga dignos de su llamada y, con su poder, lleve a término
todo buen propósito o acción inspirada por la fe.
12
Así,
el nombre de nuestro Señor Jesucristo será
glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la
gracia de nuestro Dios y de Jesucristo, el Señor.
**•
El encabezamiento de la segunda Carta a los Tesalonicenses repite
el de la primera. En el saludo inicial Pablo desea a la comunidad
"gracia y paz" (v. 2). Este binomio, muy
apreciado por Pablo y empleado ahora en los ritos introductorios
de nuestra celebración eucarística, presenta una
síntesis admirable de toda la vida cristiana en su doble
vertiente de don divino y de acogida humana: la gracia, el don del
amor de Dios, es acogida y experimentada por el hombre como paz,
salvación y alegría. Como es costumbre en las cartas
paulinas, al saludo le sigue la expresión de reconocimiento
a Dios. Aquí dice Pablo "es justo" dar
gracias a Dios (v. 3). Esto nos hace pensar también en
nuestra plegaria eucarística. En el diálogo del
prefacio, ante la invitación del celebrante: "Demos
gracias al Señor, nuestro Dios", responde la asamblea
con convicción: "Es justo y necesario".
Pablo
indica,
a continuación, los motivos específicos del
agradecimiento: fe, amor, constancia en las persecuciones y
sufrimientos que soportan (w. 3b-5). Son elementos que van unidos
entre sí. La vitalidad de la fe se expresa en el amor y
hace fuerte a la comunidad para afrontar a los desafíos y
los sufrimientos. El saludo y el agradecimiento culminan en la
oración. Pablo intercede con confianza por los
tesalonicenses, para que el Señor apoye todos sus buenos
propósitos. Está convencido de que toda la
existencia cristiana –el comienzo del camino de la fe y su
consumación en la gloria- se encuentra bajo el signo del
don de Dios ofrecido en Jesucristo.
Salmo Responsorial
Contad las maravillas del Señor a
todas las naciones
Sal
95,1-2a.2b-3.4-5
Cantad
al Señor un cántico nuevo, cantad
al Señor, toda la tierra; cantad
al Señor, bendecid su nombre. R/.
Contad
las maravillas del Señor a todas las naciones
Proclamad
día tras día su victoria. Contad
a los pueblos su gloria, sus
maravillas a todas las naciones. R/.Contad
las maravillas del Señor a todas las naciones
Porque
es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más
temible que todos los dioses. Pues
los dioses de los gentiles son apariencia, mientras
que el Señor ha hecho el cielo. R/.
Contad
las maravillas del Señor a todas las naciones
Evangelio:
Mateo 23,13-22
En
aquel tiempo, habló Jesús diciendo:
13
!Ay
de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que
cerráis a los demás la puerta del Reino de los
Cielos!
14
Vosotros
no entráis, y a los que quieren entrar no les dejáis.
15
!Ay
de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que
recorréis mar y tierra para hacer un discípulo y,
cuando llega a serlo, lo hacéis merecedor del fuego eterno,
el doble peor que vosotros!
16
!Ay
de vosotros, guías ciegos, que decís: "Jurar
por el santuario no compromete, pero si uno jura por el oro del
santuario queda comprometido!".
17
!Necios
y ciegos! Qué es más, el oro o el santuario que
santifica el oro?
18
También
decís: "Jurar por el altar no compromete, pero si uno
jura por la ofrenda que hay sobre él queda comprometido".
19
!Ciegos!
Qué es más, la ofrenda o el altar que la santifica?
20
Pues
el que jura por el altar, jura por él y por todo lo que hay
encima;
21
el
que jura por el santuario, jura por él y por quien lo
habita;
22
el
que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por el que está
sentado en él.
*••
La serie de denuncias con el "ay de vosotros",
repetido siete veces (23,13.15.16.23.25.27.29), contiene
algunas de las palabras más cortantes salidas de la boca de
Jesús. Aquel que se define como "manso y humilde de
corazón", que se conmueve ante los sufrimientos de
los otros, que se muestra afable con los pecadores y tierno con
los pobres y los sencillos, que llora pensando en la destrucción
de Jerusalén, condena ahora con tono severo la hipocresía
religiosa de los fariseos. Los "!ayes!, en el lenguaje
profético, expresan una amenaza de castigo y de juicio y
manifiestan al mismo tiempo el dolor del que habla por un mal
deplorable.
Tenemos
aquí tres "ayes". El primero está motivado
por el hecho de que los maestros de la Ley y los fariseos,
rechazando a Jesús y su mensaje, impiden también a
los otros entrar a formar parte del Reino, don de Dios para todos
los hombres. El segundo está ligado al primero.
Los
esfuerzos misioneros de estos hipócritas también
tienen que ser condenados, porque tienen como único
resultado sustraer a otras personas de la perspectiva de la
salvación, volviéndolas cerradas, rígidas,
fanáticas y peligrosas -como ellos y más que ellos-.
En el tercero los llama Jesús "guías ciegos"
(v. 16). Con las sutilezas de su casuística oscurecen
el sentido más profundo de la Ley. Invierten la jerarquía
de los valores: el oro vale más que el templo, la ofrenda
más que el altar. Les falta discernimiento e interioridad.
Su religiosidad tiene que ver a lo sumo con las cosas de Dios,
pero no con Dios mismo. Son ciegos y no lo reconocen; más
aún, pretenden guiar a otros.
MEDITATIO
Es
necesario volver a redefinir de vez en cuando en nuestra mente y
alma lo que el desgaste del lenguaje va reduciendo a pasajeros o
acalorados sentimientos ante necesidades puntuales del prójimo.
Éste es el caso del "amor" que nos evocan las
lecturas de hoy. Meditar en el Amor, más que en mi
necesidad de amar, ha de ser una constante en la vida cristiana.
Es volver al Amor de la fuente, del origen. Hasta el amor, que
parece que nos nace, hemos de aprender a recibirlo. Si nos nace,
no es divino, porque amar no es grato en principio; el amor a lo
divino es otra cosa. El amor en el hombre es fruto de una
transformación y un arrobamiento previos que Dios mismo
produce cuando se da a conocer a una persona.
Hay
que retorcer el propio modo de ser, dejarse cambiar, sufrir -si es
preciso- antes de estar preparado para amar como Dios ama. Así
fue en los profetas y santos y en el mismo Hijo.
La
experiencia cristiana enseña que lo que le cuesta al hombre
conseguir es cosa que Dios ha de dar. Y por lo mismo, lo que Dios
regala por su inmensa misericordia es lo que al hombre más
le cuesta acoger. Vivir en el amor no es "sentirme
realizado"; es abrir en mí caminos del Espíritu
por los que el prójimo transite con la dignidad que Dios le
ha otorgado. Y al tiempo, con el prójimo me llega Dios
mismo. Este amor supone un nuevo giro en mis "sentimientos"
espontáneos. La vida de las hermanitas fundadas por Teresa
Jornet tiene esta esencial razón de ser: nace y se da como
un camino entre la asistencia (estar presente para lo que falta) a
Dios y la religión (re-ligarse con alguien) con el hermano.
En la vida de Teresa Jornet se entrecruzan con diáfana
claridad el Amor con que se siente amada por Dios y la necesidad
de corresponderle, pero cómo?: haciendo nacer lo mismo en
los ancianos. No es una asistencia social: es amar al anciano
abandonado con el mismo Amor con el que Dios le ama para que él
mismo lo acoja. Por eso funda una familia de consagradas a Dios,
"por" llamada de Dios, en el servicio a los más
abandonados en su momento. No "para" resolver una
concreta necesidad social del siglo XLX, que hoy quedaría
más o menos resuelta por los servicios sociales. Motivo de
más para definir bien la vocación de Hermanita de
Ancianos Desamparados cuando los diversos grupos e iniciativas
sociales asumen sus deberes con los mayores y ancianos. Su
vocación es consagrarse a Dios, y eso permanecerá
aunque un día (!ojalá!) todos los ancianos estén
debidamente atendidos por la sociedad civil.
ORATIO
Que
la eucaristía sea el centro de vuestra vida y de toda
vuestra actividad; que la presencia de Jesús sacramentado
sea vuestro imán de atracción íntima y
renovadora; que la participación en su santo sacrificio,
como actualización de su misterio pascual de pasión,
muerte y resurrección constituya el momento culminante y
renovador de vuestra vida; que la comunión eucarística
condicione y transforme toda vuestra personalidad en la mayor
semejanza con Cristo (de los sermones del padre López
Novoa).
CONTEMPLATIO
Hoy
más que nunca, en esta época de gigantescos
progresos, estamos asistiendo al drama humano, a veces desolador,
de tantas personas llegadas al umbral de la tercera edad que ven
aparecer a su alrededor las densas nieblas de la pobreza material
o de la indiferencia, del abandono, de la soledad. Nadie mejor que
vosotras, amadísimas hijas, Hermanitas de los Ancianos
Desamparados, conoce lo que ocultan los pliegues recónditos
de tan triste realidad. Vosotras habéis sido y sois las
confidentes de esa especie de vacío interior q u e no
pueden llenar, ni siquiera con la abundancia de recursos
materiales, quienes están desprovistos y necesitados de
afecto humano, de calor familiar. Vosotras habéis devuelto
al rostro angustiado de personas venerables por su ancianidad la
serenidad y la alegría de experimentar de nuevo los
beneficios de un hogar. Vosotras habéis sido elegidas por
Dios para reiterar ante el mundo la dimensión sagrada de la
vida, para repetir a la sociedad con vuestro trabajo, inspirado en
el espíritu del Evangelio y no en meros cálculos de
eficiencia o comodidad humanas, que el hombre nunca puede
considerarse bajo el prisma exclusivo de un instrumento rentable o
de un árido utilitarismo, sino que es entitativamente
sagrado por ser hijo de Dios y merece siempre todos los desvelos
por estar predestinado a un destino eterno.
!Oh!
Si pudiéramos penetrar en vuestras comunidades y
residencias, allí sorprenderíamos a tantas hijas de
la nueva santa que, como ella, están difundiendo caridad:
caridad encerrada en un gesto de bondad, en una palabra de
consuelo, en la compañía comprensiva, en el servicio
incondicional, en la solidaridad que solicita de otros una ayuda
para el más necesitado (Pablo VI, homilía de la
canonización de santa Teresa Jornet e Ibars)
ACTIO
Repite
y medita durante el día estas palabras de la primera carta
de san Juan: "El
mensaje que habéis oído desde el principio es que
debemos amarnos los unos a los otros"(1
Jn 3,11).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Sí,
la espiritualidad de la congregación de las Hermanitas de
los Ancianos Desamparados es cristocéntrica. Toda la
existencia de Teresa Jornet gravitó en torno a Jesucristo y
la misión que el Espíritu confió a la joven
de Aytona. Jesús fue su amor preferente.
Creyó
y amó a Jesús como mediador y revelador del amor
misericordioso. Ella ha decidido ser su mediadora !unto a
los ancianos. La espiritualidad de Teresa es verdaderamente
cristocéntrica.
"Hay
que vivir cada día y hacerse fuertes en el amor de Dios".
La
santa fundadora vivía en armonía con la Iglesia:
"Podemos decir que la vida espiritual, entendida como vida en
Cristo, vida según el Espíritu, es como un
itinerario de progresiva fidelidad, en la que la persona
consagrada es guiada por el Espíritu y conformada por Él
a Cristo, en total comunión de amor y de servicio a la
Iglesia" (Juan Pablo II, exhortación apostólica
Vita
Consecrata, n.
93c).
Es
indudable que Teresa y su congregación, guiadas por el
Espíritu, sirven con amor a Cristo y a l a "Iglesia de
los pobres". La santa catalana alimentaba su espiritualidad
escuchando, conociendo y amando a Jesucristo, Palabra de
Dios y revelación de su Amor universal. Ya en su tiempo
vivía lo que nos recuerda la Iglesia: "Estar a la
escucha de la Palabra de Dios, que es la primera fuente de toda
espiritualidad cristiana, sobre todo de los evangelios, que son el
corazón de todas las Escrituras" [ibíd. n.
94). Este encuentro con Jesucristo consolidaba su espiritualidad y
le hacía ponerse en contacto directo con "la
humanidad doliente": los ancianos. Junto a ellos se
curtía y templaba y se mostraba la verdad de la
espiritualidad de la santa fundadora: "Cuiden con esmero a
los ancianos y háganlo con el recto fin de agradar a Dios.
No hagan las cosas por respeto humano".
No
lo dudemos, la vida de Teresa, su espiritualidad, su "biografía
personal", es una historia de amor a Jesucristo y de
compasión misericordiosa hacia los ancianos. Ése fue
el fruto de su espiritualidad auténtica. Para entretejer y
escribir esa "biografía", Teresa se entregó
ella misma. Su salud, su tiempo, su cultura, su trabajo, sus
"talentos"... fueron los hilos de su bordado de amor en
beneficio de los ancianos. Así rubricó ella su
verdadero amor a Jesucristo. Esa misma actitud de entrega generosa
es lo que pide y espera de sus hijas: "Una cosa les encargo,
y es que amen y quieran mucho a nuestro amadísimo Jesús,
que tanto sufrió Él por nosotras". Y en
las Constituciones leemos: "Recuerden las hermanitas que
nuestro Señor Jesucristo, Maestro y Modelo divino de
perfección, predicó la santidad..." (Const.
n. 3) (T. de Bustos, o. p., Hermanitas de los ancianos
desamparados: "Su carísma y su espiritualidad",
Palencia 2003, pp. 42-43).
Día
27
Martes de la semana XXI del
Tiempo ordinario o 27 de agosto,
Santa Mónica
Mónica
nació en Tagaste, la actual Souk Aliarás (Argelia),
el año 331 o 332, en el seno de una familia cristiana y de
buena condición social. Siendo aún adolescente, fue
entregada como esposa a Patricio, que todavía no era
cristiano. Tenía éste un modesto patrimonio y era
miembro del consejo municipal de Tagaste.
Mónica
era una mujer africana del bajo imperio romano, madre de uno de
los más grandes padres de la Iglesia, san Agustín.
Era, podríamos decir, una mujer paleocristiana, muy alejada
de nosotros en el tiempo y, sin embargo, enormemente actual. "Con
traje de mujer, fe de varón, seguridad de anciana, caridad
de madre y piedad cristiana" [Confesiones IX, 4,8), se
ganó a su marido para Cristo y obtuvo también la
conversión del "hijo de tantas lágrimas".
Estuvo
presente en el bautismo de Agustín en Milán y
participó de una manera activa en su primera experiencia
monástica en Cassiciaco. Mientras regresaba a África
con su hijo y los amigos de éste, murió en Ostia
Tiberina, cerca de Roma, antes del 13 de noviembre de 387. Dos
semanas antes de que esto se produjera, madre e hijo tuvieron el
dulce éxtasis de Ostia": "Y mientras hablábamos
y suspirábamos por ella [la Sabiduría], llegamos a
tocarla un poco con todo el ímpetu de nuestro corazón;
y suspirando y dejando allí prisioneras las primicias de
nuestro espíritu" (/feícUX, 10,24).
LECTIO
Primera
lectura: 2 Tesalonicenses 2,1 -3a. 13b-17
1
Sobre
la venida de nuestro Señor Jesucristo y el momento de
nuestra reunión con él,
2
os
rogamos, hermanos, que no os alarméis por revelaciones,
rumores o supuestas cartas nuestras en las que se diga que el día
del Señor es inminente.
3
Que
nadie os engañe, sea de la forma que sea.
13
Dios
os ha elegido para que seáis los primeros en salvaros por
medio del Espíritu que os consagra y de la verdad en que
creéis.
14
A
eso precisamente os ha llamado Dios por medio del Evangelio que os
hemos anunciado: a que alcancéis la gloria de nuestro Señor
Jesucristo.
15
Así
pues, hermanos, permaneced firmes y guardad las tradiciones que os
hemos enseñado de palabra o por escrito.
16
El
mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que
nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una
esperanza espléndida,
17
os
consuelen en lo más profundo de vuestro ser y os confirmen
en todo lo bueno que hagáis o digáis.
*+•
Pablo
entra
en materia y hace frente al tema principal, el relacionado con el
"Día del Señor", es decir, con la venida
última y definitiva de Cristo en gloria. En primer lugar,
limpia el campo de ideas equivocadas di fundidas por pretendidos
profetas sobre la inminencia de este día; le interesa
disipar sobre todo el entusiasmo soñador difundido y
suprimir todo motivo de agitación que turbe la serenidad en
la comunidad. Las ideas engañosas se vencen con las
convicciones robustas.
Para
dar solidez a la comunidad, Pablo recuerda los fundamentos de la
vocación cristiana: la elección, la salvación,
la santificación del Espíritu, la llamada a través
del Evangelio, la espera de la gloria. Los cristianos, por el amor
gratuito de Dios, están insertados ya en este proyecto que
se está realizando a lo largo de la historia y tendrá
su consumación al final. En consecuencia, es necesario
permanecer firmes y fieles a las tradiciones, que custodian la
memoria viva de Jesús atestiguada por sus primeros
apóstoles y, en cuanto tales, constituyen una garantía
de verdad.
Salmo Responsorial
Llega el Señor a regir la tierra
Salmo
95,10.11-12a.12b-13
Decid
a los pueblos: «El Señor es rey, él
afianzó el orbe, y no se moverá; él
gobierna a los pueblos rectamente.» R/.
Llega
el Señor a regir la tierra
Alégrese
el cielo, goce la tierra, retumbe
el mar y cuanto lo llena; vitoreen
los campos y cuanto hay en ellos. R/.
Llega
el Señor a regir la tierra
Aclamen
los árboles del bosque, delante
del Señor, que ya llega, ya
llega a regir la tierra: regirá
el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R/.
Llega
el Señor a regir la tierra
Evangelio:
Mateo 23,23-26
En
aquel tiempo, habló Jesús diciendo:
23
!Ay
de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que
pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino
y descuidáis lo más importante de la Ley: la
justicia, la misericordia y la fe! Hay que hacer esto, sin
descuidar aquello.
24
!Guías
ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el
camello!
25
!Ay
de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que
limpiáis por fuera el vaso y el plato, mientras que por
dentro siguen llenos de rapiña y ambición!
26
!Fariseo
ciego, limpia primero por dentro el vaso, para que también
por fuera quede limpio!
^
Continúa la serie de los "ayes". Aquí
tenemos otros dos. La ceguera de los fariseos y de los maestros de
la ley se manifiesta de modo particular en el legalismo exterior.
El primer "ay", w. 23ss, insiste en la ceguera de quien
se preocupa por observar escrupulosamente las prescripciones más
minuciosas de la Ley y descuida, a continuación, las
exigencias fundamentales de la voluntad de Dios. Los hipócritas,
cuando observan la Ley, no piensan ni en amar a Dios ni en amar al
prójimo, no se preocupan de las actitudes fundamentales que
derivan de este núcleo esencial, no se interrogan sobre la
justicia, la misericordia y la fidelidad. Lo único de lo
que se preocupan es de la exactitud escrupulosa e incluso
obsesiva. "Coláis el mosquito y os tragáis
el camello": la imagen es enormemente acertada {cf. v.
24).
En
los w. 25ss, Jesús se detiene en la contraposición
entre lo exterior y lo interior. Lo importante es la pureza del
corazón, que permite al hombre ver a Dios (cf. Mt
5,8), y no tanto la limpieza exterior, que lleva a la
autocomplacencia. El esmero exterior debe ser una irradiación
natural de la belleza interior y no una cobertura que esconde un
interior "lleno de rapiña y ambición".
MEDITATIO
Mónica
es una "santa"; por tanto, una "mujer"
verdadera.
En
ella convergen y se encarnan la belleza virginal de la "mujer
virtuosa" del libro del Eclesiástico y la materna
compasión de la "viuda" del Nuevo
Testamento, que convierte su vida en una intercesión por la
vida de su hijo. La santidad de Mónica nos lleva al corazón
de la vocación y de la misión de la mujer (léase
Mulieris dignitatem VIII, 30). Esta misión de
"guardián del hombre" la realizó Mónica
a fondp. Hizo frente con una gran dignidad e inteligencia, con esa
"genialidad absolutamente femenina", a las dificultades
de una convivencia matrimonial con un hombre "pagano"
dotado de un carácter muy difícil, "al que
-dice de manera cruda Agustín- "fue entregada"
(Confesiones IX, 9,19). Sin perder nunca el gusto por el
bien, incluso en las adversidades (un arte más que
difícil), "se esforzó por ganarle para ti,
hablándole de ti con sus costumbres, con las que la hacías
hermosa y reverentemente amable y admirable ante sus ojos"
(ibíd.).
Desplegando
"las grandes energías del espíritu femenino",
sostuvo, con las lágrimas y la oración de una vida
totalmente consagrada a Dios, una verdadera y propia lucha por la
fe de su hijo Agustín. La lucha que es "la lucha a
favor del hombre, de su verdadero bien, de su salvación
[...], la lucha por su fundamental "sí" o
"no" a Dios y a su designio eterno sobre el hombre"
{Mulieris dignitatem VIII, 30).
El
mismo Agustín, que también fue su mayor biógrafo,
dirá más tarde de ella: "Creo sin la menor
incertidumbre que por tus oraciones, madre, Dios me concedió
no querer, no pensar, no amar otra cosa que la consecución
de la verdad" {De Ordine II, 50,52). Mónica es
la madre, por tanto, de una "doble maternidad": "Me
engendró en la carne, para que naciera a la luz temporal, y
en su corazón, para que naciera a la luz eterna"
{Confesiones VIII, 17).
Si,
en la relación hombre-mujer, la mujer representa el punto
de encuentro de la humanidad con Dios, precisamente por la
humanidad de que es portadora, en Mónica, en su ser madre
en plenitud, la paternidad de Dios ha podido actuar con una
maravillosa alianza.
ORATIO
Tarde
te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé.
Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo
fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba
sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú
estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme
lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y
resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y
respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento
hambre y sed; me tocaste, y abráseme en tu paz.
!Oh
casa luminosa y bella!, amado de tu hermosura y el lugar donde
mora la gloria de mi Señor, tu hacedor y tu poseedor. Por
ti suspire mi peregrinación, y dígale al que te hizo
a ti que también me posea a mí en ti, porque también
me ha creado en ti. [...] Acordándome de Jerusalén,
alargando hacia ella, que está arriba, mi corazón,
de Jerusalén la patria mía, de Jerusalén la
de mi madre, y de ti, su Rey sobre ella, su iluminador, su padre,
su tutor, su marido, sus castas y grandes delicias, su sólida
alegría y todos los bienes inefables, a un tiempo todos;
porque tú eres el único, el sumo y verdadero bien.
Que no me aparte más de ti hasta que, recogiéndome,
cuanto soy, de esta dispersión y deformidad, me conformes,
y confirmes eternamente, !oh Dios mío, misericordia mía!
{Confesiones X, 27,38; XII, 16, 21.23).
CONTEMPLATIO
Estando
ya inminente el día en que había de salir de esta
vida -que tú, Señor, conocías y nosotros
ignorábamos-, sucedió a lo que yo creo,
disponiéndolo tú por tus modos ocultos, que nos
hallásemos solos yo y ella apoyados sobre una ventana,
desde donde se contemplaba un huerto o jardín que había
dentro de la casa, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados
de las turbas, después de las fatigas de un largo viaje,
cogíamos fuerzas para la navegación.
Allí
solos conversábamos dulcísimamente, y olvidando las
cosas pasadas, ocupados en lo por venir, nos preguntábamos
los dos, delante de la verdad presente, que eres tú, cuál
sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni
el oído oyó, ni el corazón del hombre
concibió.
Abríamos
anhelosos la boca de nuestro corazón hacia aquellos
raudales soberanos de tu fuente -de la fuente de vida que está
en ti- para que, rociados según nuestra capacidad, nos
formásemos de algún modo una idea de algo tan
grande. Y como llegara nuestro discurso a la conclusión de
que cualquier deleite de los sentidos carnales, aunque sea el más
grande, revestido del mayor esplendor corpóreo, ante el
gozo de aquella vida no sólo no es digno de comparación,
sino ni siquiera de ser mencionado, levantándonos con un
afecto más ardiente hacia el que es siempre el mismo,
recorrimos gradualmente todos los seres corpóreos, hasta el
mismo cielo, desde donde el sol y la luna envían sus rayos
a la tierra.
Y
subimos todavía más arriba, pensando, hablando y
admirando tus obras; y llegamos hasta nuestras almas y las
sobrepasamos también, a fin de llegar a la región de
la abundancia que no se agota, en donde tú apacientas
a Israel eternamente con el pasto de la verdad, y la vida es la
Sabiduría, por quien todas las cosas existen, tanto las ya
creadas como las que han de ser, sin que ella lo sea por nadie;
siendo ahora como fue antes y como será siempre, o más
bien, sin que haya en ella fue ni será, sino sólo
es, por ser eterna, porque lo que ha sido o será no es
eterno. Y mientras hablábamos y suspirábamos por
ella, llegamos a tocarla un poco con todo el ímpetu de
nuestro corazón; y suspirando y dejando allí
prisioneras las primicias de nuestro espíritu, regresamos
al estrépito de nuestra boca, donde el verbo humano tiene
principio y fin, en nada semejante a tu Verbo, Señor
nuestro, que permanece en sí sin envejecer, y renueva todas
las cosas (Agustín de Hipona, Confesiones IX,
10,23-24,passim).
ACTIO
Repite
a menudo y medita durante el día estas palabras de Agustín:
"Quien
es feliz tiene a Dios"{De
vita beata II,
11).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Entre
finales de octubre y primeros de noviembre del año 386 se
retiró Agustín con su madre, Mónica, su
hermano Navigio, su hijo Adeodato, su amigo Alipio [...] a la
villa de su amigo Verecundo en Cassiciaco. En la paz campestre de
Brianza, entre el susurrar de las hojas y de los arroyos, con los
Alpes como paisaje, se preparó Agustín para el
bautismo. La comitiva africana vivía en un clima de intensa
espiritualidad, ocupando gran parte de su tiempo en disputas de
filosofía, de una filosofía sometida ahora a la fe y
deseosa de conocer su contenido.
En
esta comitiva, Mónica hacía un poco de madre de
todos, hacía unas veces de solícita y enérgica
ama de casa, otras de maestra sabía y experta. Cuando los
que discutían se olvidaban de comer, Mónica les
invitaba a hacerlo y, si era necesario, les impulsaba con tanta
fogosidad que les obligaba a interrumpir la discusión.
Cuando la invitaban a tomar parte en la misma discusión,
daba respuestas tan discretas que suscitaba la admiración
de todos. Como cuando declaró que la verdad es el alimento
del alma; o, sin saberlo, definió la felicidad con las
mismas palabras de Cicerón; o sostuvo que sin sabiduría
nadie puede ser feliz; o recordó, por último, que
sólo la fe, la esperanza y la caridad pueden conducirnos a
la vida bienaventurada.
Agustín,
que estaba alegremente sorprendido de tanta sabiduría,
afirma que su madre ha "alcanzado la cumbre de la filosofía"
y se declara discípulo suyo. La "filosofía"
de Mónica es la sabiduría del Evangelio, una
sabiduría que no ha conquistado con el estudio, sino con la
virtud, la oración, la docilidad al Espíritu. La
posee ahora en un grado eminente. Es intrépida. No teme ni
la desventura ni la muerte. A saber: ha llegado a una disposición
interior dificilísima, aunque importantísima, que
constituye -por consenso unánime- la cima de la sabiduría.
Rica de amor a Dios y al prójimo, que es el fundamento de
la sabiduría evangélica, puede prescindir de la
ciencia de los filósofos y recoger sus frutos. Por eso
Agustín se declara discípulo suyo y confía a
las oraciones de ella la consecución del ideal de sabiduría
al que aspira (A. Trape, S. Agostino. Mia madre).
Día
28
Miércoles de la semana
XXI del Tiempo ordinario o 28 de agosto,
San Agustín de Hipona
Agustín
nació en Tagaste el 13 de noviembre del año 354. Fue
educado siguiendo los hábitos cristianos de su madre,
Mónica, y, como se reveló enseguida como un !oven de
prometedoras cualidades, fue encaminado a la carrera de retórica.
Ya desde los tiempos de estudio en Cartago estuvo marcado por una
incomodidad interior que le llevaría lejos. La primera
respuesta a esta sed de totalidad fue una vida mundana tejida por
varios vínculos, más o menos límpidos. Ahora
bien, la inquietud es también sed y búsqueda de la
verdad: se apasiona con la lectura del Ortensio de Cicerón,
lee la Sagrada Escritura, pero no se entusiasma con ella y acaba
por adherirse al racionalismo y al materialismo de la secta de los
maniqueos. Tras haber enseñado en Tagaste y en Cartago, se
traslada primero a Roma (383) y después a Milán
(384). Aauí su viaje espiritual da un viraje decisivo:
conoce y escucha al obispo Ambrosio, revisa sus posiciones sobre
la Iglesia católica, vuelve a leer la Sagrada Escritura y,
en medio de la lucha entre sus antiguos hábitos de vida y
los nuevos impulsos interiores, al final se abre a la luz y a la
riqueza de Cristo.
Fue
bautizado el año 387 por Ambrosio. Decidido a volver a
África, se establece en Tagaste y funda allí su
primera comunidad monástica, siguiendo el modelo de la
comunidad cristiana de Jerusalén. En el año 391 fue
ordenado sacerdote por el obispo Valerio, a quien en el 395 le
sucede en la guía de la diócesis de Hipona. Desde
entonces se dedicó por completo a la vida de la Iglesia
-ministerio de la Palabra, defensa de la fe-, aunque prosigue con
la experiencia de vida común con un grupo de hermanos
monjes, a los que traslada al episcopio. Escribió más
de doscientos libros y casi un millar de documentos, entre
sermones y cartas. Murió el 28 de agosto del año
430. Hasta tal punto fue hijo de la Iglesia que se convirtió
en padre... y doctor.
LECTIO
Primera
lectura: 2 Tesalonicenses 3,6-10.16-18
6
Finalmente,
hermanos, en nombre de Jesucristo, el Señor, os mandamos
que os apartéis de todo aquel que viva ociosamente y no se
porte según la enseñanza que de nosotros recibió.
7
Conocéis
perfectamente el ejemplo que os hemos dado, porque no hemos vivido
ociosamente entre vosotros
8
ni
hemos comido de balde el pan de nadie; al contrario, hemos
trabajado con esfuerzo y fatiga día y noche para no ser
gravosos a ninguno de vosotros.
9
!Y
no es que no tuviéramos derecho a ello! Pero quisimos daros
un ejemplo que imitar.
10
Porque
ya cuando estábamos entre vosotros os dábamos esta
norma: el que no quiera trabajar que no coma.
16
Que
el Señor de la paz os conceda la paz siempre y en todas sus
formas. El Señor esté con todos vosotros.
17
El
saludo es de mi puño y letra. Así firmo yo, Pablo,
en todas mis cartas; ésta es mi letra.
18
La
gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos
vosotros.
**•
La carta llega ahora al final. Pablo realiza aún una última
recomendación a partir de la actitud indisciplinada de un
hermano de la comunidad. Después, más adelante,
hablará de la ociosidad parasitaria de algunos.
No
se trata de herejías doctrinales o de casos de inmoralidad
grave como en el caso de la comunidad de Corinto (cf. 1 Cor
5 y 6); sin embargo, la intervención de Pablo es dura.
Ordena "en nombre de Jesucristo, el Señor" (v.
6), que esas personas sean mantenidas alejadas. La vida disoluta y
la pereza son contagiosas, especialmente en un ambiente ya
turbulento como el de la iglesia de Tesalónica. La
segregación debería tener un valor medicinal. Pablo
trae una vez más a colación la tradición.
Pero no como normas frías, sino como tradición a la
que el testimonio de vida hace más creíble. Recuerda
que ha vivido de lo que ganó con sus propias manos,
trabajando duramente para no ser una carga para nadie (cf. 1
Cor 9,4-6; 1 Tes 2,9). Tras el ejemplo personal, enuncia el
principio de que para comer hay que trabajar. Es el testigo quien
habla, no el legislador.
La
carta está sellada con un postscriptum. Emplea
también esta ocasión para desear la paz y la gracia,
un bien que está presente desde el comienzo de la carta y
es considerado como el don más grande que un hombre pueda
desear a las personas amadas.
Salmo Responsorial
Dichosos los que temen al Señor
Salmo
127,1-2.4-5
Dichoso
el que teme al Señor y
sigue sus caminos. Comerás
del fruto de tu trabajo, serás
dichoso, te irá bien. R/.
Dichosos
los que temen al Señor
Ésta
es la bendición del hombre que teme al Señor. Que
el Señor te bendiga desde Sión, que
veas la prosperidad de Jerusalén todos
los días de tu vida. R/.
Dichosos
los que temen al Señor
Evangelio:
Mateo 23,27-32
En
aquel tiempo, habló Jesús diciendo:
27
!Ay
de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que
os parecéis a sepulcros blanqueados: por fuera parecen
bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muerto y
podredumbre!
28
Lo
mismo pasa con vosotros: por fuera parecéis justos ante los
hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía
y de maldad.
29
!Ay
de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que
edificáis sepulcros a los profetas y adornáis los
mausoleos de los justos!
30
Decís:
"Si hubiéramos vivido en tiempos de nuestros
antepasados, no habríamos colaborado en la muerte de los
profetas".
31
Pero
lo que atestiguáis es que sois hijos de quienes mataron a
los profetas. 32
!Colmad
también vosotros la medida de vuestros antepasados!
*••
He aquí los últimos de los siete "ayes"
dirigidos a los maestros de la Ley y a los fariseos hipócritas.
El primero acentúa de una manera drástica el tema de
la contraposición exterior/interior desarrollada en los ver
sículos precedentes. Jesús compara a los hipócritas
con "sepulcros blanqueados" (v. 27). El exterior
está cuidado y resulta hermoso de ver, pero lo que hay por
dentro es descomposición y muerte. En el sermón de
la montaña, Jesús ya puso en guardia a sus
discípulos contra el hacer el bien para que los vean los
hombres (Mt 6,1). Lo que cuenta es lo que somos ante Dios, y no lo
que aparentamos ante los hombres. En el último "ay"
de la serie, Jesús denuncia la falsedad de los hipócritas
no sólo respecto a Dios y a los hombres, sino también
respecto a la historia (w. 29-32). Sus padres rechazaron y mataron
a los profetas; ellos creen poder tranquilizar su propia
conciencia honrando los sepulcros y construyendo monumentos,
piensan que pueden purificar la memoria del pasado olvidando o
buscando justificaciones racionales y emotivas, y se sienten
inocentes por el hecho de que son capaces de acusar a los otros.
Se separan de sus padres y casi se avergüenzan de ellos, pero
no se dan cuenta de que, si no hacen suya la herencia espiritual
de los profetas, siguen matando y su culpa se vuelve más
grave que la de sus padres.
MEDITATIO
Las
palabras de Agustín son palabras de un amor apasionado. Una
inquietud del corazón, una nostalgia y un deseo que se
traducen en una búsqueda incansable, posible y fecunda sólo
en el interior de una oración interminable, que es su misma
existencia.
De
la nostalgia del corazón asoman los rasgos de la belleza
interior: un deseo de verdad y de amor que Agustín comprende
como "suspiro de identidad"; es la divina semejanza. Y
Agustín abre a Dios todo su ser: el pasado, el presente, el
futuro, consciente de que sólo Dios puede vencer sus
resistencias, sus miedos, todas sus debilidades de hombre, y
satisfacer su sed. "Nos creaste para ti y nuestro corazón
andará siempre inquieto mientras no descanse en ti"
(Agustín de Hipona, Confesiones I, 1). A la luz de la
verdad encontrada, Agustín ve con mayor claridad su pecado y
la necesidad de la gracia, de la intervención divina, y
comprende toda la orgullosa pretensión de su yo. Pero eso es
lo que tiene lugar ahora en el corazón de su ininterrumpido
diálogo con Dios, el Padre de su despertar. El Padre le ama, y
nada puede apartar a Agustín de la confiada certeza de que la
gracia de Cristo vencerá sobre el pecado; se restaurará
en él "el orden del amor" y, con él, la
bienaventuranza de la paz y de la libertad.
ORATIO
A
ti te invoco, Dios Verdad, en quien, de quien y por quien son
verdaderas todas las cosas verdaderas. Dios, Sabiduría, en ti,
de ti y por ti saben todos los que saben.
Dios,
verdadera y suma vida, en quien, de quien y por quien viven las cosas
que suma y verdaderamente viven. Dios bienaventuranza, en quien, de
quien y por quien son bienaventurados cuantos hay bienaventurados.
Dios,
Bondad y Hermosura, principio, causa y fuente de todo lo bueno y
hermoso. Dios, Luz inteligible, en ti, de ti y por ti luce
inteligiblemente todo cuanto inteligiblemente luce. Dios, cuyo Reino
es todo el mundo, que no alcanzan los sentidos. Dios, la ley de cuyo
Reino también en estos reinos se describe. Dios, de quien
separarse es caer, a quien volver es levantarse, permanecer en ti es
hallarse firme. Dios, darte a ti la espalda es morir, volver a ti es
revivir, morar en ti es vivir. Dios, a quien nadie pierde sino
engañado, a quien nadie busca sino avisado, a quien nadie
halla sino purificado. Dios, dejarte a ti es perderse, seguirte a ti
es amar, verte es poseerte.
Dios,
a quien nos despierta la fe, levanta la esperanza, une la caridad. Te
invoco a ti, Dios, por quien vencemos al enemigo. Dios, por cuyo
favor no hemos perecido nosotros totalmente. Dios que nos exhortas
para que vigilemos.
Dios,
por quien discernimos los bienes de los males. Dios, por quien
evitamos el mal y seguimos el bien. Dios, por quien no sucumbimos a
las adversidades.
Dios,
a quien se debe nuestra buena obediencia y buen gobierno. Dios, por
quien aprendemos que es ajeno lo que alguna vez creímos
nuestro y nuestro lo que creímos ajeno. Dios, gracias a ti
superamos los estímulos y halagos de los malos. Dios, por
quien las cosas pequeñas no nos empequeñecen. Dios, por
quien lo mejor de nosotros no está sujeto a lo peor. Dios, por
quien la muerte será absorbida con la victoria. Dios, que nos
conviertes.
Dios,
que nos desnudas de lo que no es y vistes de lo que es. Dios, que nos
haces dignos de ser oídos. Dios, que nos defiendes. Dios, que
nos guías a toda verdad.
Dios,
que nos muestras todo bien, dándonos la cordura y librándonos
de la estulticia ajena. Dios, que nos vuelves al camino. Dios, que
nos llevas hasta la puerta. Dios, que haces que sea abierta a los que
llaman. Dios, que nos das el Pan de la vida. Dios, que nos das la sed
de la bebida que nos sacia. Dios, que arguyes al mundo de pecado, de
justicia y juicio. Dios, por quien no nos arrastran los que no creen.
Dios, por quien reprobamos el error de los que piensan que las almas
no tienen ningún mérito delante de ti. Dios, por quien
no somos esclavos de los serviles y pobres elementos. Dios, que nos
purificas y preparas para el divino premio, acude propicio en mi
ayuda (Agustín de Hipona, Soliloquios I, 3).
CONTEMPLATIO
No
con conciencia dudosa, sino cierta, Señor, te amo yo. Heriste
mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también
el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí
que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo
a todos, a fin de que sean inexcusables.
Sin
embargo, tú te compadecerás más altamente de
quien te compadecieres y prestarás más tu misericordia
con quien fueses misericordioso: de otro modo, el cielo y la tierra
cantarían tus alabanzas a sordos.
Y
qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni
hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos
terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no
fragancia de flores, de ungüentos y de aromas; no manas ni
mieles, no miembros gratos a los amplexos de la carne: nada de esto
amo cuando amo a mi Dios. Y, sin embargo, amo cierta luz, y cierta
voz, y cierta fragancia, y cierto alimento, y cierto amplexo, cuando
amo a mi Dios, luz, voz, fragancia, alimento y amplexo del hombre mío
interior, donde resplandece a mi alma lo que no se consume comiendo,
y se adhiere lo que la saciedad no separa. Esto es lo que amo cuando
amo a mi Dios (Confesiones X, 6,8).
ACTIO
Repite
y medita con frecuencia durante el día esta expresión
de san Agustín: "Ama
y haz lo que quieras"{Comentario
a la primera carta de Juan VII,
8).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
En
Agustín no vivió un solo hombre: vivió en él
la criatura de carne y hueso, de nervios y sangre, con su desarrollo
misterioso, múltiple; vivió el escritor, conjuntamente
sumo escritor, sumo filósofo, sumo teólogo, y sobre
cualquier otra cosa poeta sumo de los afectos y de las verdades;
vivió el cristiano y el monje, el sacerdote y el obispo, el
santo. Recibió de Dios toaos los clones más altos: una
juventud tempestuosa, la palabra creadora, el silencio inenarrable de
la oración, la fuerza necesaria para gobernar su ánimo
en la navegación ultraterrena y en el aura de lo divino.
Experiencia de hijo y de padre, de pecador desbandado y de obispo muy
rígido, de escolar y profesor y, por tanto, de maestro de su
pueblo y de todo el Occidente; de mundano y de monje, de escritor y
de filósofo, de polemista y de amigo, de pensador y de
contradictor y orador.
En
todos esos pasajes no perdáis nada de su riquísima y
potentísima humanidad: todo lo llevó consigo y lo
fundió en el ardor y en la luz única de su santidad
doloroso y extática. Amó, y de su experiencia de amor
surgirá un amor a Dios, tal vez el más elevado
que jamás haya salido de corazón humano [...].
Cuando
moría Agustín en su ciudad asediada, no moría
nada: nacía, para él, en los cielos amados sin paz y
deseados sin tregua; nacía, para nosotros, en nuestra historia
y en nuestra alma. Desde aquel día hay algo de agustiniano
tanto en la historia de todos los hombres como en la historia de cada
uno de ellos (G. de Luca, Sant'Agostino. Scrítti
d'occasione e traduzioni).
Día
29
Jueves de la semana XXI del
Tiempo ordinario, 29 de agosto
Martirio de san Juan Bautista
El
"más grande de entre los nacidos de mujer"
murió mártir, víctima de la fe y de la
misión que había desarrollado. Su decapitación
tuvo lugar en la fortaleza de Maqueronte, en el mar Muerto, lugar
de vacaciones del vicioso rey Herodes. La sangre de Juan el
Bautista selló su testimonio en favor de Jesús: con
su misma muerte completó su misión de precursor. La
fecha de hoy recuerda tal vez la dedicación de la antigua
basílica erigida en Sebaste (Samaría) en honor del
precursor del Mesías.
LECTIO
Primera
lectura:
1
Corintios 1,1-9
1
Pablo,
llamado por voluntad de Dios a ser apóstol de Cristo Jesús,
y el hermano Sóstenes,
2
a
la iglesia de Dios que está en Corinto. A vosotros, que,
consagrados por Cristo Jesús, habéis sido llamados a
ser pueblo de Dios en unión con todos los que invocan en
cualquier lugar el nombre de Jesucristo, que es Señor suyo
y nuestro,
3
gracia
y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.
4
Doy
gracias a Dios continuamente por vosotros, pues os ha concedido su
gracia mediante Cristo Jesús,
5
en
quien habéis sido enriquecidos sobremanera con toda palabra
y con todo conocimiento.
6
Y
es tal la solidez que ha alcanzado el testimonio de Cristo entre
vosotros, 7
que
no os falta ningún don, mientras esperáis que
nuestro Señor Jesucristo se manifieste.
8
Él
también os mantendrá firmes hasta el fin, para que
nadie tenga de qué acusaros en el día de nuestro
Señor Jesucristo.
9
Fiel
es Dios, que os ha llamado a vivir en unión con su Hijo
Jesucristo, nuestro Señor.
**•
Pablo ha estado año y medio en Corinto, ha vivido allí
un período de intensa actividad evangelizadora, conoce bien
las luces y las sombras, los recursos y los problemas de esta
comunidad, a la que está ligado por un afecto profundo. El
fragmento que hemos leído hoy es el comienzo de la primera
carta que dirigió a la comunidad, provocada por ciertas
noticias preocupantes y por ciertas preguntas que le habían
sometido a su juicio.
Siguiendo
el esquema epistolar usual, se ponen de relieve en el preámbulo
las relaciones que existen entre el remitente y el destinatario.
Aquí se presenta Pablo a sí mismo como "apóstol",
es decir, "enviado" (v. 1), con el subrayado de que
esta identidad suya le viene de Dios a través de una
llamada expresa. Esta autoconciencia de Pablo es firme y segura, y
la manifiesta en casi todas sus cartas. Densos de sentido
teológico son asimismo los títulos de la comunidad.
"La iglesia de Dios que está en Corinto" (v.
2) indica que toda comunidad local, aunque tenga unos fundadores
humanos, es obra divina. Los miembros de las comunidades locales,
en comunión con la Iglesia universal, presente en todo el
mundo, han sido santificados por Jesús y están en
una continua tensión hacia la santidad plena, que se puede
llevar a cabo a través de diferentes formas de vida.
En
la acción de gracias, común en sus cartas, Pablo
deja aparecer un claro entusiasmo por la riqueza de los dones
otorgados a los corintios (w. 4ss). De estos dones hablará,
después, de una manera explícita en los capítulos
12-14. Menciona, en particular, los dones de la "Palabra"
y del "conocimiento", que eran los más estimados
y buscados por los corintios. Sin embargo, a pesar de haber sido
bendecidos con tanta gracia divina, los corintios no deben
considerar que ya han llegado a la meta y son perfectos, sino que
se deben considerar como gente en camino hacia la manifestación
plena de la gloria del Señor. De ahí la
recomendación de permanecer firmes en la fe, fiándose
de la fidelidad de Dios.
Salmo Responsorial
Bendeciré tu nombre por siempre,
Dios mío, mi rey
Sal
144,2-3.4-5.6-7
Día
tras día, te bendeciré y
alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande
es el Señor, merece toda alabanza, es
incalculable su grandeza. R/.
Bendeciré
tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey
Una
generación pondera tus obras a la otra, y
le cuenta tus hazañas. Alaban
ellos la gloria de tu majestad, y
yo repito tus maravillas. R/.Bendeciré
tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey
Encarecen
ellos tus temibles proezas, y
yo narro tus grandes acciones; difunden
la memoria de tu inmensa bondad, y
aclaman tus victorias. R/.Bendeciré
tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey
Evangelio:
Marcos 6,17-29
En
aquel tiempo,
17
Herodes
había mandado prender a Juan y lo había condenado
metiéndolo en la cárcel por causa de Herodías,
la mujer de su hermano Filipo, con quien él se había
casado.
18
Pues
Juan le decía a Herodes: -No te es lícito tener la
mujer de tu hermano.
19
Herodías
detestaba a Juan y quería matarlo, pero no podía,
20
porque
Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre recto y santo, y
lo protegía. Cuando le oía, quedaba muy perplejo,
pero lo escuchaba con gusto.
21
La
oportunidad se presentó cuando Herodes, en su cumpleaños,
ofrecía un banquete a sus magnates, a los tribunos y a la
nobleza de Galilea.
22
Entró
la hija de Herodías y danzó, gustando mucho a
Herodes y a los comensales. El rey dijo entonces a la joven:
-Pídeme lo que quieras y te lo daré.
23
Y
le juró una y otra vez: -Te daré lo que me pidas,
aunque sea la mitad de mi reino.
24
Ella
salió y preguntó a su madre: -Qué le pido? Su
madre le contestó: -La cabeza de Juan el Bautista.
25
Ella
entró enseguida y a toda prisa donde estaba el rey y le
hizo esta petición: -Quiero que me des ahora mismo en una
bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
26
El
rey se entristeció mucho, pero a causa del juramento y de
los comensales no quiso desairarla.
27
Sin
más dilación envió a un guardia con la orden
de traer la cabeza de Juan. Éste fue, le cortó la
cabeza en la cárcel,
28
la
trajo en una bandeja y se la entregó a la joven, y la joven
se la dio a su madre.
29
Al
enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver
y le dieron sepultura.
**•
El relato evangélico del martirio de Juan el Bautista está
situado en el camino de Jesús hacia Jerusalén como
una etapa fundamental. Con él no sólo se concluye el
ciclo de la vida del Bautista, sino que también es preludio
del martirio de Jesús.
No
debemos dejarnos impresionar sólo por los detalles
narrativos, muy sugestivos p o r otra parte, que nos presenta esta
página de Marcos. Al evangelista no le interesa poner de
manifiesto ni el vicio de Herodes ni la malicia de Herodías,
ni siquiera la ligereza de su hija.
Su
intención es proporcionar el debido relieve a la figura de
Juan el Bautista, el "mentor" -podríamos decir
del Nazareno, y mostrar cómo este gran profeta pone término
a su vida del mismo modo y por los mismos motivos que morirá
Jesús.
Éste
es el pequeño "misterio pascual" de Juan el
Bautista, el cual, tras haber conocido la adversidad de los
enemigos del Evangelio, conoce ahora el silencio del sepulcro en
espera de la resurrección.
MEDITATIO
Los
recuerdos bíblicos relativos a Juan el Bautista nos invitan
a meditar sobre el don de la profecía, en particular sobre
la figura del profeta. Cuál es exactamente su función
en el pueblo de Dios? Cuáles son las opciones que le
califican claramente como profeta? De qué modo se sitúa
ante sus contemporáneos como signo de una presencia
superior, como portavoz de una Palabra divina?
El
profeta se manifiesta como tal por su modo de hablar, por
el estilo que caracteriza su predicación. La palabra no lo
es todo, pero ya es capaz de manifestar el sentido de una
presencia, incómoda pero ineludible, con la que todos deben
contar. El profeta se manifiesta como tal, también y sobre
todo, con las opciones de vida que lleva a cabo. De este
modo demuestra que ha percibido que el tiempo en el que vive es
precisamente aquel en el que Dios le llama a ser-para-los-otros.
No se puede sustraer a esta llamada (deberíamos leer, a
este respecto, el c. 17 de Jeremías), so pena de ser infiel
a su misión. Por último, el profeta manifiesta la
autenticidad de su misión con el valer de dar la vida
por aquel que le ha llamado y por aquellos a quienes ha sido
enviado. O se es profeta con la vida, con la vida entregada por
amor, o no se es profeta en absoluto.
ORATIO
"Levántate
y les dirás todo lo que te ordene".
"No
tengas miedo: he aquí que te pongo como ciudad
fortificada".
"Yo
estoy contigo para salvarte".
"Éste
es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".
"No
te es lícito tener la mujer de tu hermano".
"!Raza
de víboras! Quién os ha enseñado a escapar
del juicio inminente?".
"Dad
frutos que prueben vuestra conversión".
"El
amigo del esposo exulta de alegría a la voz del esposo".
"Ahora
mi alegría es completa".
"Él
debe crecer; yo, en cambio, disminuir".
CONTEMPLATIO
Todo
lo que [Juan] dijo dio testimonio de la verdad o sirvió
de reproche a los que se le oponían; sus obras de justicia
las respetaban incluso los que no le amaban.
Acaso
el respeto del modo de vida de los hombres le hizo desviarse, ni
siquiera un poco, a él, que llevó una vida solitaria
desde niño, de la vía de la virtud? Y, sin embargo,
ese hombre acabó su vida derramando su sangre, tras pasar
un largo tormento de cárcel.
Predicaba
la libertad de la patria celestial y fue encarcelado por los
impíos; había venido a dar testimonio de la luz,
había merecido que le llamaran lámpara ardiente y
resplandeciente precisamente de la luz que es
Cristo,
y fue encerrado en la oscuridad de la cárcel; nadie entre
los nacidos de mujer había sido más grande que él,
y fue decapitado a petición de unas mujeres sumamente
perversas, y fue bautizado con su propia sangre aquel a quien se
le había dado bautizar al Redentor del mundo, escuchar la
voz del Padre sobre él, ver la gracia del Espíritu
Santo que descendía sobre él (Beda el Venerable,
Omelie sulvangelo, Roma 1990, pp. 492ss).
ACTIO
Repite
y medita con frecuencia durante el día estas consoladoras
palabras: "Yo
estoy contigo para salvarte"(Jr
1,19).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
"Vos
estáis obligado -añadió el arzobispo de
Canterbury- a deponer la duda de vuestra insegura conciencia que
recusa el juramento, y a tomar el partido seguro de obedecer a
vuestro príncipe, y jurar".
Entonces,
aunque yo era de la opinión de que este argumento no podía
adaptarse a mi caso, se me presentó, no obstante, de
improviso tan sutil y, sobre todo, sostenido por tanta autoridad,
al venir de la boca de un tan noble prelado, que no pude replicar
nada, a no ser que estaba íntimamente seguro de que así
no habría obrado bien, porque en mi conciencia era éste
uno de esos casos en que mi deber era no obedecer a mi príncipe,
sea cual fuere la opinión de los otros (cuya conciencia y
doctrina no habría condenado ni habría aceptado
juzgar) a este respecto: en mi conciencia la verdad se me
presentaba diferente.
Entonces
el abad de Westminster me dijo que de cualquier modo que la
cuestión apareciera en mi mente, tenía motivos para
temer que precisamente mi mente estuviera en el error, con sólo
que considerara que el Parlamento del reino se pronunciaba en
sentido opuesto, y que, por consiguiente, debía cambiar la
posición de mi conciencia. A esto respondí que si
sólo fuera yo el que sostenía mi tesis y todo el
Parlamento sostuviera la otra, verdaderamente tendría miedo
de apoyarme en mi parecer, yo solo contra tantos. Mas, por otra
parte, sucede que para algunos de los motivos por los que me niego
a jurar tengo yo de mi parte -como confío tener- un consejo
igualmente grande, e incluso más, y entonces no estoy ya
obligado a cambiar mi conciencia y conformarla al consejo de un
reino, contra el consejo general de la cristiandad (Tomás
Moro).
Día
30
Viernes de la semana XXI del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: 1 Corintios 1,17-25
Hermanos:
17
Cristo
no me ha enviado a bautizar, sino a evangelizar, y esto sin hacer
ostentación de elocuencia, para que no se desvirtúe
la cruz de Cristo.
18
La
Palabra de la cruz, en efecto, es locura para los que se pierden,
mas para los que están en vías de salvación,
para nosotros, es poder de Dios.
19
Como
está escrito: Destruiré
la sabiduría de los sabios y haré fracasar la
inteligencia de los inteligentes.
20
!A
ver! Es que hay alguien que sea sabio, erudito o entendido en las
cosas de este mundo? No ha convertido Dios en necedad la sabiduría
del mundo?
21
Sí,
y puesto que la sabiduría del mundo no ha sido capaz de
reconocer a Dios a través de la sabiduría divina,
Dios ha querido salvar a los creyentes por la locura del mensaje
que predicamos.
22
Porque
mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan
sabiduría,
23
nosotros
predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para
los judíos y locura para los paganos.
24
Mas
para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se
trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de
Dios.
25
Pues
lo que en Dios parece locura es más sabio que los hombres;
y lo que en Dios parece debilidad es más fuerte que los
hombres.
*+•
Pablo
no
ha sido enviado a bautizar, sino a evangelizar (v. 17). Al decir
esto, no pretende infravalorar el bautismo; sólo insiste en
que su vocación -lo que realiza su identidad en el proyecto
divino- es la predicación del Evangelio. Bautizar en el
nombre de Jesús sin dárselo a conocer al bautizado
es un absurdo. Por otra parte, en el orden cronológico y de
la gracia, la predicación precede a la fe y, por
consiguiente, al bautismo (Rom 10,14ss). Ahora bien, cómo
predicar a Jesús?
Pablo
no
lo hace con discursos de elocuente y penetrante sabiduría.
Es posible que Pablo escriba aquí bajo la impresión
del reciente "fracaso" de su predicación en el
areópago de Atenas. La experiencia ha reforzado su
convicción: predicar significa anunciar a Cristo
crucificado, el único que nos da la salvación. La
Palabra de Dios, sobre todo "la
Palabra de la cruz", es
en sí misma viva y eficaz (cf.
Heb
4,12), no tiene necesidad de apoyo humano; es más, la
sabiduría humana corre el riesgo de oscurecerla, de
amortiguar su fuerza cortante. Pablo, citando el Antiguo
Testamento y usando su arte retórica, insiste en lo que
para él tiene una importancia decisiva. Cristo crucificado
es "escándalo"
para
los judíos, por el hecho de que, por haber sido colgado del
madero, era alguien sobre el que recaía la maldición
de la Ley (Dt 21,23), y "locura"
para
los paganos, en cuanto que a éstos les repugnaba una
divinidad que se hubiera dejado crucificar. Ahora bien,
precisamente a través de la cruz es como Dios manifiesta su
poder. Los cristianos, procedentes tanto del judaísmo como
del paganismo, en cuanto "llamados"
por
Dios a la fe, deben sintonizar con la lógica divina y vivir
según la sabiduría de la cruz que según la
humana.
Salmo Responsorial
La misericordia del Señor llena la
tierra
Salmo
32
Aclamad,
justos, al Señor, que
merece la alabanza de los buenos. Dad
gracias al Señor con la cítara, tocad
en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.La
misericordia del Señor llena la tierra
Que
la palabra del Señor es sincera, y
todas sus acciones son leales; él
ama la justicia y el derecho, y
su misericordia llena la tierra. R/.
La
misericordia del Señor llena la tierra
El
Señor deshace los planes de las naciones, frustra
los proyectos de los pueblos, pero
el plan del Señor subsiste por siempre, los
proyectos de su corazón, de edad en edad. R/.
La
misericordia del Señor llena la tierra
Evangelio:
Mateo 25,1-13
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta
parábola:
1
Sucede
con el Reino de los Cielos lo que con aquellas diez jóvenes
que salieron con sus lámparas al encuentro del esposo.
2
Cinco
de ellas eran necias y cinco sensatas.
3
Las
necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite,
4
mientras
que las sensatas llevaron aceite en las alcuzas, junto con las
lámparas.
5
Como
el esposo tardaba, les entró sueño y se durmieron.
6
A
medianoche se oyó un grito: "Ya está ahí
el esposo, salid a su encuentro".
7
Todas
las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
8
Las
necias dijeron a las sensatas: "Dadnos de vuestro aceite, que
nuestras lámparas se apagan".
9
Las
sensatas respondieron: "Como no vamos a tener bastante para
nosotras y vosotras, será mejor que vayáis a los
vendedores y os lo compréis".
10
Mientras
iban a comprarlo, vino el esposo. Las que estaban preparadas
entraron con él a la boda y se cerró la puerta.
11
Más
tarde llegaron también las otras jóvenes diciendo:
"Señor, señor, ábrenos".
12
Pero
él respondió: "Os aseguro que no os conozco".
13
Así
pues, vigilad, porque no sabéis el día ni la hora.
*"•
Esta parábola pone de relieve los mismos temas tratados en
la anterior: el momento desconocido del retorno del Señor y
la necesidad de vigilar y estar preparados.
Con
todo, el tejido narrativo y el contexto son diferentes: en vez del
amo se espera aquí al esposo; en lugar del siervo fiel y
del siervo malvado se habla aquí de cinco vírgenes
sensatas y cinco necias. El lector de esta parábola, que no
tiene paralelos en los otros sinópticos, puede tropezar con
una serie de elementos de no inmediata comprensión: la
reacción extremadamente severa y desproporcionada del
esposo, la actitud poco caritativa de las vírgenes
sensatas, etc. Sin embargo, el significado global es claro, sobre
todo si leemos esta parábola en el contexto de la comunidad
primitiva en la que vivía Mateo.
Toda
la Iglesia espera expectante la venida del Señor, invocando
con insistencia: "Maraña tha: ven, Señor",
pero es de necios no tener en cuenta que éste puede
"retrasarse". Cuando en el corazón de la noche se
alza el grito: "Ya está ahí el esposo, salid
a su encuclillo" (v. 6), los cristianos tienen que
encontrarse propinados, no con las manos vacías, sino con
la lámpara alimentada con el aceite de las buenas obras
realizadas con amor día tras día.
No
basta con estar preparado físicamente, no basta con el
simple hecho de ser creyentes para salvarse. "No todo el
que me dice: !Señor, Señor! entrará en el
Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que
está en los cielos" (Mt 7,21). Cuando las vírgenes
necias llamen a la puerta y griten: "Señor, señor,
ábrenos" (v. 11), recibirán la terrible
respuesta: "Os aseguro que no os conozco" (v.
12). El esposo esperado puede revelarse un juez severo para quien
tenga su amor apagado.
MEDITATIO
"Los
judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría"
Pablo
describe muy bien las motivaciones religiosas de su tiempo. Cómo
se presenta la situación en nuestros días? A nuestro
alrededor pululan nuevas expresiones de religiosidad, algunas de
tipo sincretista, otras siguen la fascinación de lo
exótico, otras aún apelan al sentimiento. La
dificultad que representa predicar un Evangelio que se basa en la
"locura
de la cruz" no
es menor que las dificultades encontradas en la comunidad de
Corinto.
Qué
le "piden" o qué "buscan" en él
los discípulos de Jesús? Durante su vida terrena
aparece ya Jesús como "el gran buscado". Lo
buscan, en efecto, muchas personas, de modo particular o en grupo,
con motivaciones variadas e intensidades diversas. En su
nacimiento fue buscado por unos magos venidos de lejos para
adorarle, por los pastores invitados por el mensajero celestial, y
por Herodes, que quería matarle. Siendo adolescente en
Jerusalén, lo buscan con ansia sus padres, al creerlo
perdido. Durante su ministerio público es buscado por unos
discípulos fascinados, por enfermos deseosos de ayuda y por
adversarios dispuestos a cogerle en algún fallo. Hacia el
final de su vida fue buscado por los sacerdotes y por los maestros
de la Ley para eliminarlo, por Judas para traicionarle y por los
soldados para capturarlo. Tras su muerte, lo buscaban también
tanto amigos como enemigos en su sepulcro. Y se deja encontrar
Jesús? No siempre. Ante quien lo busca con la pretensión
de encontrarle a su propia manera Jesús reacciona
sistemáticamente con un rechazo claro. En Cafarnaún,
cuando le dicen los discípulos: "Todos te buscan",
Jesús responde de modo irónico: "Vamos a
otra parte" (Me l,37ss). Muchos de los que hoy buscan a
Jesús podrían recibir de él la misma
respuesta, o peor aún, la que el esposo dio a las vírgenes
necias: "Os aseguro que no os conozco".
ORATIO
Señor,
tú nos has prometido: "Pedid, y recibiréis;
buscad, y encontraréis; llamad, y os abrirán. Porque
todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le
abren" (Mt 7,7), ayúdame a saber buscarte. A
buscar no tus milagros, no tus dones, sino a ti, Hijo de Dios, que
por amor moriste en la cruz para salvarme a mí y a todos.
Haz que no deje nunca de buscarte, sino que "al buscarte te
encuentre; y al encontrarte te busque aún más"
(san Agustín). Haz que yo sienta también la
invitación que dirigiste a tus primeros discípulos
que te buscaban: " Venid y ved" (Jn 1,39).
Y
si, por motivos que sólo tú conoces, no quisieras
que te encontrara enseguida, o debiera demorarse tu venida, haz
que sepa velar pacientemente con las lámparas llenas de
aceite. Cuando llames a mi puerta, haz que corra con solicitud a
tu encuentro (cf. Ap 3,20) y, cuando llame a tu puerta,
ábreme.
CONTEMPLATIO
Esta
parábola de las vírgenes y la siguiente de los
talentos se asemejan a la anterior del criado fiel y del otro
ingrato y consumidor de los bienes de su señor. En
conjunto, son cuatro las comparaciones que, en términos
diferentes, nos dirigen la misma recomendación, es decir,
el fervor con que hemos de dar limosna y ayudar al prójimo
en todo cuanto podamos, comoquiera que de otro modo no es posible
salvarse. Pero en la parábola de los criados se habla, de
modo más general, de todo género de ayuda que hemos
de prestar a nuestro prójimo; en ésta de las
vírgenes nos encarece el Señor particularmente la
limosna, y de modo más enérgico que en la parábola
pasada. Porque en ésta castiga al mal siervo, aquel que
golpea a sus compañeros y se emborracha y dilapida los
bienes de su señor; en esta otra, al que no aprovecha ni da
generosamente de lo suyo a los necesitados. Porque las vírgenes
fatuas llevaban, sin duda, aceite, pero no abundante, y por eso
son castigadas. Mas por qué motivo nos presenta el Señor
esta parábola en la persona de unas vírgenes y no
supuso otra cualquiera? Grandes excelencias había dicho
sobre la virginidad: Hay eunucos que se castraron a sí
mismos por amor del Reino de los Cielos. Y: El que pueda
comprender que comprenda. Por otra parte, sabe el Señor
que la mayoría de los hombres tienen una alta idea sobre la
misma virginidad. Y a la verdad, cosa es por naturaleza grande,
como se ve claro por el hecho de que en el Antiguo Testamento no
fue practicada por aquellos santos y grandes varones y en el Nuevo
no llegó a imponerse por necesidad de Ley. En efecto, no la
mandó el Señor, sino que dejó a la libre
voluntad de sus oyentes practicarla o no. De ahí que diga
también Pablo: Acerca de las vírgenes, no tengo
mandamiento del Señor.
Alabo
ciertamente a quien la guarde, pero no obligo al que no quiera ni
hago de ella un mandato. Ahora bien, puesto que tan grande cosa es
la virginidad y de tanta gloria goza entre los hombres, por que
nadie al practicarla se imaginara haberlo ya hecho todo y
anduviera tibio y descuidado en las demás virtudes, pone el
Señor esta parábola, que basta para persuadirnos de
que la virginidad, y aun todos los otros bienes, sin el bien de la
limosna, es arrojada entre los fornicadores, y entre éstos
pone el Señor al hombre cruel y sin misericordia.
Y
ello con mucha razón, pues el uno se dejó vencer del
amor de la carne, y el otro del amor del dinero. Y no es igual el
amor de la carne que el dinero. El de la carne es más
ardiente y más tiránico. De ahí que cuanto el
adversario es más débil, menos perdón merecen
los derrotados. De ahí también que llame el Señor
fatuas a aquellas vírgenes, pues, habiendo pasado el
trabajo mayor, lo perdieron todo por el menor. Por lo demás,
lámparas llama aquí al carisma mismo de la
virginidad, a la pureza de la castidad, y aceite, a la
misericordia, a la limosna, a la ayuda de los necesitados (Juan
Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 78, 1
[edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Oh
Señor, mi destino está en tus manos"(Sal
16,5).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
En
primer lugar, la vida en sí misma es el don más
grande que se pueda ofrecer -cosa que nosotros olvidamos
constantemente-. Cuando pensamos en nuestra entrega a los demás,
lo que nos viene de inmediato a la mente son nuestros talentos
únicos: nuestras capacidades para hacer cosas especiales
particularmente bien [...]. Sin embargo, cuando hablamos de
talento tendemos a olvidar que nuestro verdadero don no es lo que
podemos hacer, sino quiénes somos. La verdadera pregunta no
es: "Qué podemos ofrecernos el uno al otro?",
sino: "Quiénes podemos ser para los otros?" Es a
buen seguro una cosa estupenda que podamos repararle algo al
vecino, ofrecerle consejos útiles a un amigo, sabios
pareceres a un colega, volver a dar la salud a un enfermo o
anunciar una buena noticia a un feligrés.
Pero
hay un don que es el mayor de todos. Se trata del don de nuestra
vida, que orilla en todo lo que hacemos. Al envejecer, descubro
cada vez más que el don más grande que tengo para
ofrecer es mi alegría de vivir, mi paz interior, mi
silencio y mi soledad, mi sentido del bienestar. Cuando me
pregunto: "Quién me es de más ayuda?",
debo responder: "Aquel o aquella que esté dispuesto a
compartir conmigo su vida".
Es
útil practicar una distinción entre talentos y
dones. Nuestros dones son más importantes que nuestros
talentos. Podemos tener sólo pocos talentos, pero tenemos
muchos dones. Nuestros dones son los muchos modos a través
de los que expresamos nuestra humanidad. Forman parte de lo que
somos: amistad, bondad, paciencia, alegría, paz, perdón,
amabilidad, amor, esperanza, confianza, etc. Estos son los
verdaderos dones que hemos de ofrecer a los otros (H. J. M.
Nouwen, Sentirsi amati, Brescia u l 999, p. 91 [edición
española: Tú eres m! amado, Promoción
Popular Cristiana, Madrid 1997]).
Día
31
Sábado de la semana XXI
del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: 1 Corintios 1,26-31
26
Hermanos,
considerad quienes habéis sido llamados, pues no hay entre
vosotros muchos sabios según los criterios del mundo, ni
muchos poderosos, ni muchos nobles.
27
Al
contrario, Dios ha escogido lo que el mundo considera necio para
confundir a los sabios; ha elegido lo que el mundo considera débil
para confundir a los fuertes;
28
ha
escogido lo vil, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del
mundo, para anular a quienes creen que son algo.
29
De
este modo, nadie puede presumir delante de Dios.
30
A
él debéis vuestra existencia cristiana, ya que Cristo
se ha hecho para nosotros sabiduría divina, salvación,
santificación y redención.
31
De
esta manera, como está escrito, el
que quiera presumir que lo haga en el Señor.
**•
Para ilustrar de modo concreto la sabiduría-necedad en el
plano de Dios no hace falta ir muy lejos. En la misma comunidad de
Corinto hay ejemplos elocuentes. Pablo invita ahora a los corintios a
reflexionar con atención sobre su propia situación. La
iglesia de Corinto, salvo algunas excepciones, está
constituida por personas de humilde condición social y de bajo
nivel cultural.
Aquí
es donde Dios revela su extraño gusto: prefiere a los pobres y
a los débiles antes que a los ricos y poderosos. Se trata de
una lógica coherente con lo que ha llevado a cabo a través
de su Hijo crucificado. Por eso nadie puede presumir ante Dios, nadie
puede presentar méritos, títulos de pretensión
ni privilegios.
El
tema de la "jactancia" le resulta entrañable
a Pablo. Éste no pretende exaltar la nulidad del hombre ante
la totalidad de Dios, y menos aún presentar la imagen de un
Dios que aplasta la dignidad humana, sino que reconoce, con
sinceridad y gratitud, la grandeza del hombre en virtud de la obra
del don de Dios en Cristo.
Pablo
prosigue
en la misma carta demostrando que en Cristo lo tenemos lodo (3,21-23)
y que todo lo que poseemos lo hemos recibido de él (4,6). Por
consiguiente, no dice que no haya que presumir en sentido absoluto,
sino que "el
que quiera presumir que lo haga en el Señor" (v.
31). Presumiendo en el Señor se da gloria a Dios.
Salmo Responsorial
Dichoso el pueblo que el Señor se
escogió como heredad
Salmo
32
Dichosa
la nación cuyo Dios es el Señor, el
pueblo que él se escogió como heredad. El
Señor mira desde el cielo, se
fija en todos los hombres. R/.
Dichoso
el pueblo que el Señor se escogió como heredad
Los
ojos del Señor están puestos en sus fieles, en
los que esperan en su misericordia, para
librar sus vidas de la muerte y
reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Dichoso
el pueblo que el Señor se escogió como
heredad
Nosotros
aguardamos al Señor: él
es nuestro auxilio y escudo; con
él se alegra nuestro corazón, en
su santo nombre confiamos. R/.
Dichoso
el pueblo que el Señor se escogió como heredad
Evangelio:
Mateo 25,14-30
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta
parábola:
14
Sucede
también con el Reino de los Cielos lo que con aquel hombre
que, al ausentarse, llamó a sus criados y les encomendó
su hacienda.
15
A
uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno según
su capacidad, y se ausentó.
16
El
que había recibido cinco talentos fue a negociar en seguida
con ellos, y ganó otros cinco.
17
Asimismo,
el que tenía dos ganó otros dos.
18
Pero
el que había recibido uno solo, fue, hizo un hoyo en la tierra
y escondió el dinero de su señor.
19
Después
de mucho tiempo, volvió el amo y pidió cuentas a sus
criados.
20
Se
acercó el que había recibido cinco talentos, llevando
otros cinco, y dijo: "Señor, cinco talentos me
entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado".
21
Su
amo le dijo: "Bien, criado bueno y fiel; como fuiste fiel en
cosa de poco, te pondré al frente de mucho: entra en el gozo
de tu señor".
22
Llegó
también el de los dos talentos y dijo: "Señor, dos
talentos me entregaste, aquí tienes otros dos que he ganado".
23
Su
amo le dijo: "Bien, criado bueno y fiel; como fuiste fiel en
cosa de poco, te pondré al frente de mucho: entra en el gozo
de tu señor".
24
Se
acercó finalmente el que sólo había recibido un
talento y dijo: "Señor, sé que eres hombre duro,
que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;
25
tuve
miedo y escondí tu talento en tierra; aquí tienes lo
tuyo".
26
Su
amo le respondió: "!Criado malvado y perezoso! No sabías
que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí?
27
Debías
haber puesto mi dinero en el banco, y, al volver, yo habría
retirado mi dinero con los intereses.
28
Así
que quitadle a él el talento y dádselo al que tiene
diez.
29
Porque
a todo el que tiene se le dará y tendrá de sobra, pero
al que no tiene, aun aquello que tiene se le quitará.
30
Y
a ese criado inútil arrojadlo fuera a las tinieblas. Allí
llorará y le rechinarán los dientes".
*•
Con
el tema de la vigilancia hemos vuelto a la relación
amo-criado. Aquí se pone de relieve el aspecto dinámico
y fecundo de la espera. Los talentos, dispensados a cada uno según
su capacidad, nos han sido dados para explotarlos y negociar con
ellos. La parábola parece fácil de descifrar, pero
sería un error reducir su mensaje a una enseñanza
moralista genérica y obvia.
En
realidad, los talentos no son simplemente las cualidades dadas a cada
uno en el momento del nacimiento, sino, sobre todo, lo que Jesús
ha venido a traernos: la salvación, el amor del Padre, la vida
en abundancia, el Espíritu. Se trata de tesoros que hemos de
multiplicar y difundir hasta su vuelta "después de
mucho tiempo (v. 19a). Todo don es al mismo tiempo un compromiso
del que "hemos de dar cuenta" con seriedad.
Son
tres los siervos que entran en escena uno tras otro, dos "buenos
y fieles" y otro "malvado". Con pocas
palabras y de una manera estereotipada, Jesús cuenta el
encuentro del amo con los siervos buenos, que son alabados y
premiados con la participación en la alegría del señor
(w. 20-23). El espacio reservado al siervo malvado es más
amplio (w. 24-28). La excusa que formula en defensa de su propia
conducta revela todo su mundo interior. "Señor, sé
que eres hombre duro": ésa es la imagen que tiene de
su señor. "Tuve miedo y escondí tu talento en
tierra". El talento recibido es aún "tu
talento", no un don, sino una deuda. Su actitud frente al
señor es la de un esclavo temeroso. "Aquí
tienes lo tuyo": piensa que la restitución del
talento es un acto de justicia hacia el acreedor; sin embargo, es un
insulto, un desprecio del don, un rechazo del amor. Por eso se le
impone un duro castigo.
MEDITATIO
El
fragmento paulino de hoy -en particular, la frase final: "El
que quiera presumir, que lo haga en el Señor"- hace
pensar en María y en su canto del Magníficat. Ella,
recordando su propia vida, descubre en ésta, con conmoción,
el proyecto grandioso de Dios, reconoce que es bienaventurada porque
Dios ha hecho grandes cosas en ella, sierva humilde. Presumiendo en
el Señor, María "proclama su grandeza". Se
trata de un encuentro estupendo entre la gracia generosa del Creador
y la gracia humilde de la criatura, entre la gratuidad pura y la
gratitud sincera.
El
siervo malvado de la parábola, por el contrario, ha
empequeñecido a su señor. Ve y juzga a su amo con la
medida de su mezquindad, con la tacañería de su
corazón. En vez de estarle agradecido por el talento recibido
y de sentirse bienaventurado por la ocasión que se le da de
desarrollar su capacidad, se cierra en su inercia, en su miedo y en
su tristeza. Nos viene a la mente, por asociación espontánea,
la figura de otro hombre, el primero, Adán. Nos viene a la
mente el diálogo entre Dios y Adán después del
primer pecado: A la pregunta de Dios: "Dónde estás?",
le responde: "... tuve miedo y me escondí"
(Gn 3,9ss). No será que, en la raíz del pecado, se
encuentra siempre una sospecha mezquina sobre la inmensa bondad de
Dios?
ORATIO
Señor
Jesús, tanto tú como tu madre, María,
ensalzasteis en un Magníficat al Padre. Al ver regresar
a tus discípulos "llenos de alegría" de
la misión, porque habían podido multiplicar los
talentos que tú les habías entregado y habían
podido recoger los frutos visibles de su actividad misionera, le
dijiste al Padre: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo
y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y
prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos. Sí,
Padre, así te ha parecido bien" (Le 10,21).
Contagiado por la alegría de tus discípulos y movido
por el Espíritu, también tú estabas exultante.
Al contemplar la grandeza del Padre y su ternura con sus criaturas
pequeñas y humildes, tu corazón se llenaba de
admiración y salieron de tu boca aquellas palabras.
Deja,
oh Jesús, que nos unamos a tu oración de alabanza, del
mismo modo que nos asociaste a ti en la oración del Padre
nuestro. Alégrate también por nosotros, tus discípulos
de hoy, cuando, por tu gracia, consigamos hacer algo con nuestros
talentos, y considéranos en el número de los "pequeños"
por los que ensalzaste en tu Magníficat al Padre.
CONTEMPLATIO
Mas
notad cómo nunca reclama el Señor inmediatamente. Así,
en la parábola de la viña, la arrendó a los
labradores y se fue de viaje; y aquí, les entregó el
dinero a sus criados y se marchó también de viaje.
Buena prueba de su inmensa longanimidad. Y, a mi parecer, en esta
parábola de los talentos se refiere el Señor a su
resurrección.
Aquí
ya no hay labradores y viña, sino que son todos trabajadores.
Porque no habla ya sólo con los gobernantes y dirigentes, ni
sólo con los judíos, sino con todos los hombres sin
excepción. Y los que le presentan sus ganancias confiesan
agradecidamente lo que es obra suya y lo que es don del Señor.
El uno dice: Señor, cinco talentos me diste. Y el otro:
Dos talentos me diste. Con lo que reconocen que de él
recibieron la base para el negocio, y se lo agradecen sinceramente y,
en definitiva, todo se lo atribuyen a él. Qué responde
a ello el Señor? Enhorabuena, siervo bueno y fiel (la
bondad está en mirar por el prójimo); puesto que has
sido fiel en lo poco, yo te constituiré sobre lo mucho. Entra
en el gozo de tu Señor. Palabra con la que el Señor
da a entender la bienaventuranza toda (Juan Crisóstomo,
Comentario al evangelio de Mateo, 78, 1 [edición de
Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Puse
toda mi esperanza en el Señor; él se inclinó
hacia mi y escuchó mi grito"(Sal
39,2).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Cuando
los cristianos decimos que creemos en la vida eterna que nos será
dada, esta espera de lo que debe venir no es, en primer lugar, algo
particularmente extraño. Por lo general, se habla de la
esperanza de la vida eterna con un cierto pathos
afectado,
y lejos de mí criticarla, en caso de que se trate de una
convicción seria. Pero me sucede siempre algo extraño
cuando oigo hablar de este modo. Me parece que todos los esquemas de
la imaginación, con los que se intenta explicar la vida
eterna, la mayoría de las veces se adaptan muy poco al corte
radical que se produce con la muerte. Nos imaginamos la vida eterna,
que extrañamente ya ha sido señalada como "el más
allá" y como lo que hay "después" de la
muerte, demasiado repleta de aquellas realidades que nos han sido
confiadas aquí: como continuación de la vida, como
encuentro con aquellos que estaban junto a nosotros, como alegría
y paz, como banquete y júbilo, como todo esto y otras cosas
semejantes, que nunca cesarán y que siempre continuarán.
Temo que la radical incomprensibilidad de lo que significa realmente
vida eterna se vea minimizada, y que lo que nosotros llamamos, en
esta vida eterna, contemplación directa de Dios sea rebajado a
una alegre ocupación !unto a tantas otras que llenan nuestra
vida; la inexpresable enormidad de que la misma absoluta divinidad,
desnuda y simple, entre en nuestra angosta dimensión de
criaturas no tiene que ser percibida como auténtica... (K.
Rahner, "Erfahrung eines Theologuen", en Vor
dem Geheimnis Gottes den Menschen verstehen, Munich
1984, pp. 118ss).