El cántico de alabanza que
resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote,
introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la
Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del
día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-
Día 1
|
Lunes de la octava de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 2,14.22-32
2,14 El día de Pentecostés, Pedro, en pie con los once, levantó la voz y
declaró solemnemente: - Judíos y habitantes todos de Jerusalén, fijaos
bien en lo que pasa y prestad atención a mis palabras.
22 Israelitas, escuchad: Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios
acreditó ante vosotros con los milagros, prodigios y señales que realizó
por medio de él entre vosotros, como bien sabéis.
23 Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado,
pero vosotros, valiéndoos de los impíos, lo crucificasteis y lo
matasteis.
24 Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la
muerte, pues era imposible que ésta lo retuviera en su poder,
25 ya que el mismo David dice de él: Tengo siempre presente al
Señor, porque está a mi derecha para que yo no vacile.
26 Por eso se regocija mi corazón, se alegra mi lengua
27 y hasta mi carne descansa confiada; porque no me entregarás al
abismo, ni permitirás que tu fiel vea la corrupción.
28 Me enseñaste los caminos de la vida, y me saciarás de gozo en tu
presencia.
29 Hermanos, del patriarca David se os puede decir francamente que
murió y fue sepultado, y su sepulcro aún se conserva entre nosotros.
30 Pero, como era profeta y sabía que Dios le había jurado
solemnemente sentar en su trono a un descendiente de sus entrañas,
31 vio anticipadamente la resurrección de Cristo y dijo que no sería
entregado al abismo, ni su carne vería la corrupción.
32 A este Jesús Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos todos
nosotros.
**• El discurso de Pedro en Pentecostés presenta el kerigma,
el anuncio fundamental: Jesús, hombre acreditado por Dios en vida con
milagros de todo tipo, fue rechazado por los hombres. Pero Dios ha
confirmado la justedad de su causa y le ha expresado su aceptación
exaltándolo con la resurrección. El sello de Dios sobre Jesús, tanto en
vida como en su muerte, está completo.
Es más, todo estaba previsto en el plan de Dios, como se deduce del
Sal 15, donde expresa David su esperanza de no verse abandonado a la
corrupción de la muerte. Lo que no llegó a realizarse en David, se
realiza ahora en Jesús de Nazaret, al que Dios resucitó de entre los
muertos. "Y de ello somos testigos todos nosotros." Pedro anuncia
hechos reales, como la vida ejemplar de Jesús; su muerte como obra
conjunta de los presentes y de los paganos; su resurrección; el
testimonio de los apóstoles.
Todo ello forma parte del plan de Dios diseñado en las Escrituras.
El pasaje ofrece, por tanto, un ejemplo de la primera predicación
apostólica, centrada en Jesús de Nazaret, sobre su extraordinario
acontecimiento humano, sobre la responsabilidad de quienes le
rechazaron, sobre la absoluta presencia de Dios en su vida.
Salmo Responsorial
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11
Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
R/.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Bendeciré al Señor
que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R/.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Por eso se me alegra
el corazón, se
gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los
muertos ni
dejarás a tu fiel ver la corrupción.
R/.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Me enseñarás el
sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
R/.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Evangelio: Mateo 28,8-15
28,8 En aquel tiempo, las mujeres salieron a toda prisa del sepulcro y,
con temor pero con mucha alegría, corrieron a llevar la noticia a los
discípulos.
9 Jesús salió a su encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, se
echaron a sus pies y lo adoran
10 Entonces Jesús les dijo: - No temáis; id a decir a mis hermanos que
vayan a Galilea, allí me verán.
11 Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a
la ciudad y comunicaron a los jefes de los sacerdotes todo lo ocurrido.
12 Éstos se reunieron con los ancianos y acordaron en consejo dar una
buena suma de dinero a los soldados,
13 advirtiéndoles: - Decid que sus discípulos fueron de noche y
robaron su cuerpo mientras dormíais.
14 Y si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros le
convenceremos y responderemos por vosotros.
15 Los soldados tomaron el dinero e hicieron lo que les habían dicho,
y ésta es la versión que ha corrido entre los judíos hasta hoy.
*+•
El pasaje bíblico narra dos encuentros diferentes: el primero,
entre Jesús y las mujeres, cuando éstas iban de camino para llevar el
mensaje de la resurrección a los discípulos (vv. 8-10); el segundo,
entre los sumos sacerdotes y los guardianes del sepulcro, que se dirigen
a los jefes del pueblo para informarles de las cosas que han pasado (vv.
11-15). El hecho central sigue siendo la tumba vacía, y, sobre ésta,
Mateo nos ofrece dos posibles interpretaciones: o bien Jesús ha
resucitado, o bien ha sido robado por sus discípulos. Al lector le
corresponde la fácil elección, que no es, ciertamente, la de la mentira
organizada por los sumos sacerdotes, sino la del testimonio dado por las
mujeres. A ellas les dice Jesús: "Id a decir a mis hermanos que vayan
a Galilea, allí me verán" (v. 10). El acontecimiento de la
resurrección es un hecho sobrenatural, y sólo la fe puede penetrarlo,
como es el caso de la fe de las mujeres, discípulas y mensajeras de
Cristo resucitado.
No es difícil ver en el texto el trasfondo de una polémica entre
los jefes del pueblo y los discípulos de Jesús en torno a la
resurrección de Jesús. Mateo escribió su evangelio cuando todavía estaba
vivo el contraste con la comunidad cristiana del siglo I, que con la
resurrección del Señor ve inaugurados los tiempos del mundo nuevo e
inaugurado el Reino de Dios basado en el amor, y las autoridades judías,
que, una vez más, rechazan a Jesús como Mesías, esperando a otro
salvador.
La resurrección será siempre un signo de contradicción para
todos y cada uno de los hombres: para los que están abiertos a la fe y
al amor, es fuente de vida y salvación; para los que la rechazan, se
vuelve motivo de juicio y condena.
MEDITATIO
"Vosotros le matasteis, pero Dios le ha resucitado":
ésta es la primera predicación apostólica, y es y será la perenne
predicación de la Iglesia basada en los apóstoles.
Pedro y la Iglesia existen para repetir a lo largo de los siglos
este anuncio. Un anuncio sorprendente, aunque no de una idea, sino de un
hecho inimaginable, imprevisible, que contiene toda la dimensión
negativa de la historia y toda la dimensión positiva de la voluntad de
Dios, que reasume todo el poder destructivo de la maldad humana y todo
el poder de reconstrucción de la bondad ilimitada de Dios.
Soy apóstol en la medida en que anuncio esta realidad, me siento
identificado con este anuncio, tengo el valor de descubrir y de repetir,
en las mil formas diferentes de la vida diaria, que el mal ha sido
vencido y que será vencido, que el amor ha sido y será más fuerte que el
odio, que no hay tinieblas que no puedan ser vencidas por el poder de
Dios, porque Cristo ha resucitado, "pues era imposible que la muerte
lo retuviera en su poder". Soy apóstol si anuncio la resurrección de
Cristo con mi boca, con una actitud positiva hacia la vida, con el
optimismo de quien sabe que el Padre quiere liberarme también a mí,
también a nosotros, "de las ataduras de la muerte", de la
última y de las penúltimas; de quien sabe que ahora su amor está en
acción para llevarlo lodo hacia la Vida.
Me pregunto hoy si soy apóstol y si lo soy como Pedro o bien a mi
manera, como anunciador inconsciente de mensajes, ideas y pensamientos
más bien periféricos respecto al hecho fundamental de la resurrección.
ORATIO
Al comienzo de este tiempo pascual, un tiempo apostólico, quiero
rogarte, Señor, que, por la intercesión de María, hagas crecer en mí un
corazón de apóstol. Haré mías aquellas hermosas palabras del padre
Lelotte: "Señora nuestra, reina de los apóstoles, tú diste a Cristo al
mundo. Fuiste apóstol de tu Hijo por primera vez llevándolo a Isabel y a
Juan el Bautista, presentándolo a los pastores, a los magos, a Simeón.
Tú reuniste a los apóstoles en el retiro del cenáculo, antes de su
dispersión por el mundo, y les comunicaste tu ardor. Concédeme un alma
vibrante y generosa, combativa y acogedora.
Un alma que me lleve a dar testimonio, en cada ocasión, de que
Cristo, tu Hijo, es la luz del mundo, que sólo él tiene palabras de vida
y que los hombres encontrarán la paz en la realización de su Reino".
CONTEMPLATIO
Nuestro Redentor aceptó morir para liberarnos del miedo a la
muerte. Manifestó la resurrección para suscitar en nosotros la firme
esperanza de que también nosotros resurgiremos. Quiso que su muerte no
durara más de tres días porque, si su resurrección se hubiera demorado,
habríamos podido perder toda esperanza en lo que corresponde a la
nuestra. De él dice bien el profeta: "Mientras va de camino, bebe del
torrente, por eso levantará la cabeza" (Sal 110,7). En efecto, él se
dignó beber del torrente de nuestro sufrimiento, pero no parándose, sino
yendo de camino, pues conoció la muerte de paso, durante tres días, y no
se quedó en esta muerte que conoció, como sí lo haremos, en cambio,
nosotros hasta el fin del mundo. Resucitando al tercer día manifestó,
pues, lo que está reservado a su Cuerpo, esto es, a la Iglesia. Con su
ejemplo mostró, ciertamente, lo que nos tiene prometido como premio, a
fin de que los fieles, al reconocer que él ha resucitado, cultiven en
ellos mismos la esperanza de que al final del mundo serán premiados con
la resurrección (Gregorio Magno, Comentario moral a Job, XIV,
68s).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Mi alma exulta en el Señor"
(cf. 1 Sm 2,16).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Jesús fue condenado a muerte por los hombres, pero fue resucitado por
Dios [...]
Jesús, como ser humano que confiaba en Dios, se arriesgó hasta tal punto
que no temía a la muerte, y empezó a vivir ya durante su vida.
Quien ha comprendido este hecho, a saber: que la muerte ya no tiene
ningún poder, que el miedo no es un argumento, que los aplazamientos no
sirven, sino que está bien empezar a vivir hoy; quien ha comprendido
todo esto verá lo que es una persona real y en qué está oculta la
dignidad del Mesías Jesús. Aquí no existe ya la muerte, y la
resurrección nos revelará que Dios está de parte de aquel que, en cuanto
ser humano, se hace garante de la verdad de lo divino. En virtud de este
Cristo-rey también nosotros nos despertamos como personas reales. Y
Pedro, unos pocos capítulos más adelante, lo experimentará en su propia
persona. Aquí ya no hay muros de cárceles que resistan. Aunque encerrado
en una celda, encadenado, flanqueado por cuatro guardias, el ángel del
Señor vendrá y lo despertará del sueño de \a muerte, le hará
atravesar la cárcel y nada lo detendrá. Éstos son los milagros que Dios
hace en el cielo y en la tierra. Nosotros somos personas maravillosas,
llenas de gracia, y estamos llamados a descubrir y a realizar nuestro
ser (E. Drewermann, Vita che nasce dalla morte, Brescia 1998,
458s).
|

Día 2
|
Martes de la octava de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 2,36-41
2,36 El día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos: - Así pues, que
todos los israelitas tengan la certeza de que Dios ha constituido Señor
y Mesías a este Jesús a quien vosotros crucificasteis.
37 Estas palabras les llegaron hasta el fondo del corazón, así que
preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: - Qué tenemos que hacer,
hermanos?
38 Pedro les respondió: - Arrepentíos y bautizaos cada uno de vosotros
en el nombre de Jesucristo, para que queden perdonados vuestros pecados.
Entonces recibiréis el don del Espíritu Santo.
39 Pues la promesa es para vosotros, para vuestros hijos e incluso
para todos los de lejos a quienes llame el Señor nuestro Dios.
40 Y con otras muchas palabras los animaba y los exhortaba, diciendo:
- Poneos a salvo de esta generación perversa.
41 Los que acogieron su palabra se bautizaron, y se les agregaron
aquel día unas tres mil personas.
**• Pedro concluye su discurso con cierto énfasis: todos los
israelitas deben tener la certeza de que Jesús es Señor y Mesías. La fe
cristiana se fundamenta en el testimonio apostólico sobre la
resurrección, que eleva a Jesús a la condición gloriosa de Señor y
Mesías. Lucas usa aquí precisamente los dos títulos del anuncio de la
buena noticia que llevaron los ángeles a los pastores (Lc 2,11), títulos
plenamente realizados ahora. El testimonio de Pedro toca los corazones y
se inicia la larga cadena de las conversiones. El apóstol pide el cambio
de mentalidad y de comportamiento (ése es el sentido de metánoia),
y el bautismo "en el nombre de Jesús", llamado simplemente
"Cristo" (sin artículo): ahora ya es él el Enviado, el Mesías, el
Salvador. El bautismo es signo de la conversión y apertura a la nueva
vida, hecha de la destrucción del pasado de muerte y de la plenitud de
vida que procede del Espíritu Santo. De este modo se cumplen las
promesas tanto para los que están presentes como para los "de lejos", es
decir, para los que están fuera del judaísmo.
Aparece, por último, la invitación a ponerse "a salvo de esta
generación perversa", esto es, de aquellos que con su religiosidad
legalista no han sido capaces de acoger la novedad revolucionaria del
mensaje y de la realidad de Jesús, y lo hicieron condenar recurriendo a
la mentira.
La primera pesca del "pescador de hombres" fue
verdaderamente milagrosa: tres mil personas recibieron sus palabras y
entraron en sus redes, unas redes que llevan a las aguas de la
salvación.
Salmo Responsorial
La misericordia del Señor llena la tierra..
Salmo 32,4-5.18-19.20.22
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.
R/. La misericordia del Señor llena la tierra
Los
ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esteran su
misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en
tiempo de hambre.
R/. La misericordia del Señor llena la tierra
Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos
de ti.
R/. La
misericordia del Señor llena la tierra
Evangelio: Juan 20,11-18
En aquel tiempo, María se quedó allí, junto al sepulcro, llorando.
Sin dejar de llorar, volvió a asomarse al sepulcro.
12 Entonces vio dos ángeles, vestidos de blanco, sentados en el lugar
donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los
pies.
13 Los ángeles le preguntaron: - Mujer, por qué lloras? Ella contestó:
- Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Dicho esto, se volvió hacia atrás y entonces vio a Jesús, que
estaba allí, pero no lo reconoció.
15 Jesús le preguntó: - Mujer, por qué lloras? A quién estás buscando?
Ella, creyendo que era el jardinero, le contestó: - Señor, si te lo has
llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo misma iré a recogerlo.
16 Entonces Jesús la llamó por su nombre: - !María! Ella se acercó a
él y exclamó en arameo: - !Rabboni! (que quiere decir "maestro").
17
Jesús le dijo: - No me retengas más, porque todavía no he subido a
mi Padre; anda, vete y diles a mis hermanos que voy a mi Padre, que es
vuestro Padre; a mi Dios, que es vuestro Dios.
18 María Magdalena se fue corriendo adonde estaban los discípulos y
les anunció: - He visto al Señor. Y les contó lo que Jesús le había
dicho.
**• La dinámica narrativa de Jn 20 está guiada por un ritmo
creciente que muestra el nacimiento y la consolidación de la fe de los
primeros discípulos en Jesús resucitado. Tras el descubrimiento de la
tumba vacía (vv. 1-10), donde la fe inicial del discípulo amado
constituye sólo un primer estadio de la plena fe pascual, el fragmento
presenta el segundo estadio, el de la profundización de la fe en el
Resucitado a través de la experiencia personal de la Magdalena: de los
signos visibles de la ausencia de Jesús se pasa a su presencia viva. El
discípulo queda invitado a entrar en la óptica de la fe en la persona
del Señor.
El fragmento se compone de dos partes: a) la aparición de los
ángeles a María (vv. 11-13); b) la aparición de Jesús a la mujer (vv.
14-18). María necesita ser liberada de una adhesión aún demasiado
sensible al Jesús terreno. La superación de esta visión terrena permite
al discípulo encontrar al Señor. María no llega a la fe en el Cristo
resucitado a través de los ángeles, que sólo tienen una función de
interlocutores: "Por qué lloras?" (v. 13), sino sólo cuando Jesús
la llama por su nombre: "!María!" (v. 16), inaugurando en ella
una nueva vida.
María, una vez ha reconocido al "rabboni" (v. 16), es
invitada por Jesús a anunciar a los otros discípulos el acontecimiento
de la resurrección. Es ahora cuando se convierte en el símbolo de la fe
plena, haciéndose en misionera y evangelizadora de la Palabra de Jesús:
"Fue corriendo adonde estaban los discípulos y les anunció: "He visto
al Señor"" (v. 18). El encuentro de Jesús con María Magdalena y el
anuncio llevado por la mujer a los hermanos contiene un gran mensaje
para los discípulos de todos los tiempos: el Señor está vivo, y cada uno
de nosotros debe buscarlo a través de un camino de fe, con la seguridad
de que, si hace lo que le corresponde, el Señor, a su vez, no tardará en
salirle al encuentro y en hacerse reconocer.
MEDITATIO
La conversión de una gran muchedumbre es, en verdad, sorprendente y
milagrosa. A decir verdad, el discurso de Pedro no tiene nada de
extraordinario o, al menos, no parece irresistible. Pero estamos en
Pentecostés, y el Espíritu no obra sólo en Pedro, sino también en los
oyentes, cuyos corazones se sienten traspasados hasta el fondo de una
manera irresistible. Se impone una conclusión clara: quien convierte es
el Espíritu, que da fuerza a la Palabra y la convierte en una espada de
doble filo capaz de penetrar incluso en los corazones más endurecidos.
Todo el libro de los Hechos de los Apóstoles, en especial los
primeros capítulos, constituye la demostración de esta verdad elemental:
el protagonista de la evangelización es el Espíritu Santo, que toca los
corazones cuando y como quiere, según sus designios misteriosos.
En estos años se ha reflexionado mucho sobre el papel del Espíritu
Santo en la evangelización, lo cual ha representado un progreso. Pero
queda aún un enorme camino para considerarlo en su papel absolutamente
prioritario en el orden de lo cotidiano. Para llegar lejos por
este camino hace falta más oración y más paz, menos carreras y menos
afanes. Toda palabra, también la Palabra, traspasa el corazón cuando es
el Espíritu quien la lleva con su fuerza irresistible, con su poder a
veces arrollador y a veces paciente, siempre misterioso, siempre más
allá de nuestra comprensión, siempre digno de adoración.
ORATIO
Oh Espíritu Santo, qué poco te invoco y qué poco me confío a ti y a
tu acción misteriosa. Por momentos lo arrollas todo, en otras ocasiones
pareces ausente. Pero eres necesario para la evangelización, porque sin
ti las palabras suenan vacías, mis esfuerzos son conatos estériles, mis
compromisos se quedan vacíos. Cómo puedo llevar la salvación si tú estás
ausente? Hazme comprender interiormente tu absoluta necesidad, y la
necesidad que tengo de ti, en mi acción de testigo y de evangelizados.
Hazme comprender que siempre estás presente, incluso cuando el
Evangelio tiene dificultades para ser acogido, dándome paz y no
quitándome el valor de sembrar sin tregua. Hazme ver claro que a mí me
pides la siembra y te reservas para ti los frutos. Dame, sobre todo, la
seguridad de que siempre estás conmigo en cada momento de mi trabajo
apostólico, porque así estaré seguro de que nunca será inútil ninguna
siembra, aun cuando la mayoría de las veces serán otros los que recojan.
Y la seguridad de que, en el cielo, verán mis ojos ciertamente esos
frutos tan esperados de mi trabajo y del tuyo.
CONTEMPLATIO
Debemos considerar la resurrección [de Cristo], que es modelo de
nuestra resurrección, o sea, de nuestra suerte. Cristo, cabeza y modelo
de nuestra resurrección, ha resucitado con este objeto, para asegurarnos
a nosotros, sus miembros, nuestra propia resurrección; de otro modo
sería una cosa monstruosa: resucitar la cabeza sin los miembros. Por esa
razón argumentaba tan bien y con tanta eficacia el Apóstol contra
aquellos que negaban la resurrección, diciendo: "Si los muertos no
resucitan, tampoco Cristo ha resucitado". Ahora bien, si es
necesario que Cristo haya resucitado, porque lo que sucede ahora es
imposible que no haya sucedido, es necesario, en consecuencia, que los
muertos resuciten: "En efecto, es necesario que este cuerpo
corruptible se vista de incorruptibilidad, y este cuerpo mortal, de
inmortalidad ". Por consiguiente, para sembrar en los corazones de
los fieles la fe en la resurrección y remover la ambigüedad de la
desconfianza y de la desesperación, dice: "Si creemos, en efecto, que
Jesús ha muerto y ha resucitado, también del mismo modo a aquellos que
han muerto los reunirá Dios con él por medio de Jesús". Teniendo,
pues, esta firme confianza, con el beato Job, no debemos entristecernos
de la muerte de ningún buen cristiano, "como aquellos que no tienen
esperanza" (Buenaventura, Sermones, 21,6).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Estas palabras les llegaron hasta el fondo del corazón"
(Hch 2,37).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Cuando seamos libres desde el punto de vista espiritual, no deberemos
mostrarnos ansiosos sobre lo que hayamos de decir o hacer en situaciones
inesperadas o difíciles. Cuando no nos preocupemos de lo que los otros
piensan de nosotros o de lo que vamos a ganar con lo que hacemos,
entonces brotarán las palabras y las acciones justas desde el
centro de nuestro ser, porque el Espíritu de Dios, que hace de nosotros
hijos de Dios y nos libera, hablará y obrará a través de nosotros.
Dice Jesús: "Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué
vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel
momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu
de vuestro Padre el que hablará en vosotros" (Mt 10,19-20).
Continuemos confiando en el Espíritu de Dios, que vive en nosotros, a
fin de que podamos vivir libremente en un mundo que sigue entregándonos
a quien quiere valoramos o juzgamos (H. J. M. Nouwen, Pane per !I
viaggio, Brescia 1997, p. 121 [trad. esp.: Pan para el viaje,
PPC, Madrid 1999]).
|
Día 3
|
Miércoles de la octava de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 3,1-10
3,1 En aquellos días, Pedro y Juan subían al templo a la hora de la
oración, hacia las tres de la tarde.
2 Había allí un hombre paralítico de nacimiento, a quien todos los
días llevaban y colocaban junto a la puerta Hermosa del templo para
pedir limosna a los que entraban.
3
Al ver que Pedro y Juan iban a entrar en el templo, les pidió
limosna.
4 Pedro y Juan lo miraron fijamente y le dijeron: - Míranos.
5 Él los miró esperando recibir algo de ellos.
6
Pedro le dijo: - No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en
nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar.
7 Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó. En el acto sus pies y
sus tobillos se fortalecieron,
8 se puso en pie de un salto y comenzó a andar. Luego entró con ellos
en el templo por su propio pie, saltando y alabando a Dios.
9 Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios.
10 Al darse cuenta de que era el mismo que solía estar sentado junto a
la puerta Hermosa para pedir limosna, se llenaron de admiración y pasmo
por lo que le había sucedido.
*+•
Pedro continúa la práctica liberadora de Jesús, no sólo con el
anuncio, sino también con las obras milagrosas. Éstas manifiestan que ha
llegado la salvación al mundo. Este milagro dará ocasión a un nuevo
discurso de explicación y de anuncio. También Pedro, gracias al nombre
de Jesús, aparece "acreditado por Dios mediante milagros, prodigios y
signos" y, en consecuencia, autorizado a anunciar la novedad
cristiana.
El relato es vivaz: el templo figura aún en el centro de la piedad
de la primera comunidad cristiana, que todavía no ha roto con las
costumbres judías. Pedro, ante una de las puertas más famosas del
edificio, encuentra a un mendigo paralítico de nacimiento y, como no
tiene "ni oro ni plata", le ordena que se levante y camine:
"En nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar". Lo que sigue es un
relato "de resurrección": el paralítico entra finalmente en el templo
-del que le había excluido su enfermedad- "saltando y alabando a
Dios". Es un hombre "reconstruido" física y espiritualmente el que
Pedro restituye a la vida. La resonancia que tuvo esta curación fue
enorme: la gente, llena "de admiración y pasmo", acudió en gran
cantidad junto al pórtico de Salomón, donde Jesús discutía con los
judíos y donde se reunían los cristianos de Jerusalén para escuchar las
enseñanzas de los apóstoles (Hch 5,12). Aquí se dispone Pedro a dar la
explicación del acontecimiento.
Salmo Responsorial
Que se alegren los que buscan al Señor.
Salmo 104,1-2.3-4.6-7.8-9
Dad gracias al
Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas todos los
pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus
maravillas.
R/. Que se alegren los que buscan al Señor
Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al
Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su
rostro.
R/. Que se alegren los que buscan al Señor
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El
Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.
R/. Que se alegren los que buscan al Señor
Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil
generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento
hecho a Isaac.
R/.
Que se alegren los que buscan al Señor
Evangelio: Lucas 24,13-35
24,13 Aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea
llamada Emaús, que dista de Jerusalén unos once kilómetros.
14 Iban hablando de todos estos sucesos.
15 Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús en persona se acercó
y se puso a caminar con ellos.
16 Pero sus ojos estaban ofuscados y no eran capaces de reconocerlo.
17 Él les dijo: - Qué conversación es la que lleváis por el camino?
Ellos se detuvieron entristecidos,
18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: - Eres tú el único
en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?
19 Él les preguntó: - Qué ha pasado? Ellos contestaron: - Lo de Jesús
el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y
ante todo el pueblo.
20 No sabes que los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo
entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaron?
21 Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Y sin
embargo, ya hace tres días que ocurrió esto.
22 Bien es verdad que algunas de nuestras mujeres nos han
sobresaltado, porque fueron temprano al sepulcro
23 y no encontraron su cuerpo. Hablaban incluso de que se les habían
aparecido unos ángeles que decían que está vivo.
24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo hallaron todo como
las mujeres decían, pero a él no lo vieron.
25 Entonces Jesús les dijo: - !Qué torpes sois para comprender y qué
cerrados estáis para creer lo que dijeron los profetas!
26 No era preciso que el Mesías sufriera todo esto para entrar en su
gloria?
27 Y empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les
explicó lo que decían de él las Escrituras.
28 Al llegar a la aldea adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir
adelante.
29 Pero ellos le insistieron diciendo: - Quédate con nosotros, porque
es tarde y está anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos.
30 Cuando estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo,
lo partió y se lo dio.
31 Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Jesús
desapareció de su lado.
32 Y se dijeron uno a otro: - No ardía nuestro corazón mientras nos
hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?
33 En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a
Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a todos los demás,
34 que les dijeron: - Es verdad, el Señor ha resucitado y se ha
aparecido a Simón.
35 Y ellos contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y
cómo lo habían reconocido al partir el pan.
**• El episodio de la aparición de Jesús resucitado a los dos
discípulos de Emaús presenta el camino de fe de la vida cristiana basado
en el doble fundamento de la Palabra de Dios y de la eucaristía. Esta
experiencia del Señor aparece descrita a lo largo de dos momentos
decisivos: a) el alejamiento de los discípulos de Jerusalén, es decir,
de la comunidad, de la fe en Jesús, para volver a su viejo mundo (vv.
13-29); b) la vuelta a Jerusalén con la recuperación de la alegría y la
fe por parte de la comunidad de los discípulos (vv. 30-35). En el primer
momento de desconcierto, Jesús, con el aspecto de un viajante, se acerca
a los discípulos desalentados y tristes, y conversando con ellos les
ayuda, por medio del recurso a la Escritura, a leer el plan de Dios y a
recuperar la esperanza perdida: "Y empezando por Moisés y siguiendo
por todos los profetas, les explicó lo que decían de él las Escrituras"
(v. 27). Ahora que el corazón se les ha calentado de nuevo, quieren
llevarse con ellos al peregrino a la mesa y, mientras parte el pan,
reconocen al Señor: "Entonces se les abrieron los ojos y lo
reconocieron" (y. 31).
La catequesis de Lucas
es muy clara: cuando una comunidad se muestra disponible a la escucha de
la Palabra de Dios, que está presente en las Escrituras, y pone la
eucaristía en el centro de su propia vida, llega gradualmente a la fe y
hace la experiencia del Señor resucitado.
La Palabra y la eucaristía constituyen la única gran mesa de la que
se alimenta la Iglesia en su peregrinación hacia la casa del Padre. Los
discípulos de Emaús, a través de la experiencia que tuvieron con Jesús,
comprendieron que el Resucitado está allí donde se encuentran reunidos
los hermanos en torno a Simón Pedro.
MEDITATIO
En nuestros días hay hambre y sed de milagros. La gente no sonríe
ya con suficiencia, como hace algunos años, con respecto a los presuntos
prodigios, sino que los busca y acude a los lugares donde tienen lugar.
Los medios de comunicación social los hacen espectaculares y los
"obradores de prodigios" corren el riesgo de ser idolatrados. Pero tanto
Pedro y Juan como Pablo y Bernabé (Hch 14,14ss) corrigen al pueblo y
dicen de manera clara que no debe concentrarse en torno a sus personas,
sino en torno al poder del nombre de Jesús.
Quien tenga fe en este nombre, quien lo invoque, también podrá
obtener hoy milagros.
También hoy es posible realizar prodigios, pero es Dios el que los
realiza a través de la oración y la fe. Hay, efectivamente,
situaciones tan dolorosas y penosas que nos hacen invocar el milagro y
nos impulsan a dirigirnos a personas consideradas particularmente
próximas a Dios. Pero esas personas, la mayoría de las veces, no tienen
"ni plata ni oro": viven en medio de la humildad y de la oración.
Nosotros, alejados tanto del escepticismo de quienes excluyen la
posibilidad o la oportunidad de los milagros, como del fanatismo con los
curanderos y el papanatismo más o menos supersticioso, nos confiamos a
la oración y a la fe para obtener la intervención extraordinaria de Dios
en casos extremos, dejándole a él, que lo sabe todo, la decisión final.
Dios no abandona a su pueblo, y lo socorre también con intervenciones
extraordinarias, especialmente a través de la oración de sus siervos,
que, confiando sólo en él, no tienen necesidad ni de oro ni de plata.
ORATIO
Concédeme, Señor, la actitud justa respecto a tu acción en el
mundo. Suprime en mí el papanatismo y la búsqueda de "signos y
prodigios", como si tú tuvieras que demostrar que existes. Extirpa
en mí el corazón cerrado a admitir que tú puedes intervenir, incluso de
forma extraordinaria, cuando y como quieras. Concédeme el espíritu de
discernimiento para que sepa reconocer tu presencia y la distinga del
papanatismo y la superstición.
Concédeme, sobre todo, la fe sencilla de quien no se confía a los
prodigios, aunque también la fe ardiente de quienes se atreven a
pedírtelos, sin enojarse cuando no los concedes.
Hazme comprender asimismo que no debo poner mi confianza
exclusivamente en los medios humanos para la implantación del Reino de
Dios, sino que seré eficaz en la medida en que me mantenga alejado del
oro y de la plata. Porque el milagro más grande que nos brindas os la
existencia de personas que confían en ti de tal modo que viven
pobres y humildes. Es a ellas a quienes concedes, normalmente, la
obtención de milagros para el alivio y la alegría de tu pueblo.
CONTEMPLATIO
A través del desprendimiento y la pobreza es como podremos volver a
encontrar nuestro lugar en el corazón de los pueblos. Cuanto más pobres
y desinteresados seamos, menos exigentes seremos, más amigos seremos del
pueblo y más fácil nos resultará hacer el bien. La pobreza es hoy más
necesaria que nunca para luchar contra el mundo, contra el lujo y contra
el bienestar que crece por doquier. Si el cristiano hace como el mundo,
cómo podrá guiarlo e instruirlo? Cuanto más grande es el desprendimiento
interior y exterior en un alma, más abunda la gracia en ella, más
abundan la luz y el Espíritu de Dios en ella.
La conformidad exterior con nuestro Señor es un medio para llegar a
la conformidad interior. A través de la pobreza, de la humildad y de la
muerte es como Jesucristo engendró a su Iglesia, y de ese mismo modo es
como la engendraremos nosotros. Toda obra de Dios debe llevar, por
encima de todo, el sello de la pobreza y del sufrimiento (A. Chevrier).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"No tengo plata ni oro, pero !en nombre de Jesús, echa a andar!"
(cf. Hch 3,6).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Cómo podremos abrazar la pobreza como camino que lleva a Dios cuando
todos a nuestro alrededor quieren hacerse ricos?
La pobreza tiene muchas modalidades. Debemos preguntarnos: "Cuál es mi
pobreza?". Es la falta de dinero, de estabilidad emotiva, de alguien que
me ame? Falta de garantías, de seguridad, de confianza en mí mismo? Cada
persona tiene un ámbito de pobreza. !Ése es el lugar donde Dios quiere
habitar! "Bienaventurados los pobres", dice Jesús (Mt 5,3). Eso
significa que nuestra bendición está escondida en la pobreza.
Estamos tan inclinados a esconder nuestra pobreza y a ignorarla que
perdemos a menudo la ocasión de descubrir a Dios. Él mora precisamente
en ella. Debemos tener la audacia de ver nuestra pobreza como la tierra
en la que está escondido nuestro tesoro (H. J. M. Nouwen, Pane per !I
viaggio, Brescia 1 997, p. 249 [trad. esp.: Pan para el viaje,
PPC, Madrid 1999]).
|

Día 4
|
Jueves de la octava de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 3,11-26
3,11 En aquellos días, como el paralítico no se separaba de Pedro y de
Juan, toda la gente, llena de asombro, se reunió alrededor de ellos
junto al pórtico de Salomón.
12 Pedro, al ver esto, dijo al pueblo: - Israelitas, por qué os
admiráis de este suceso? Por qué nos miráis como si nosotros lo
hubiéramos hecho andar por nuestro propio poder o virtud?
13 El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros
antepasados, ha manifestado la gloria de su siervo Jesús, al que
vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, que pensaba ponerlo en
libertad.
14 Vosotros rechazasteis al Santo y al Justo; pedisteis que se
indultara a un asesino
15 y matasteis al autor de la vida. Pero Dios lo ha resucitado de
entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.
16 Pues bien, por creer en Jesús se le han fortalecido las piernas a
este hombre a quien veis y conocéis; la fe en Jesús lo ha curado
totalmente en presencia de todos vosotros.
17 Ya sé, hermanos, que lo hicisteis por ignorancia, igual que
vuestros jefes.
18 Pero Dios cumplió así lo que había anunciado por los profetas: que
su Mesías tenía que padecer.
19 Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados
vuestros pecados.
20 Llegarán así tiempos de consuelo de parte del Señor, que os enviará
de nuevo a Jesús, el Mesías que os estaba destinado.
21 El cielo debe retenerlo hasta que lleguen los tiempos en que todo
sea restaurado, como anunció Dios por boca de los santos profetas en el
pasado.
22 Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios vuestro os suscitará de
entre vuestros hermanos un profeta como yo; escuchad todo lo que os
diga,
23 y el que no escuche a este profeta será excluido del pueblo.
24 Todos los profetas, de Samuel en adelante, anunciaron estos días.
25 Vosotros sois los descendientes de los profetas y de la alianza que
Dios estableció con vuestros antepasados, diciendo a Abrahán: A
través de tu descendencia serán bendecidas
todas las familias de
la tierra.
26 Por vosotros, en primer término, Dios ha suscitado a su siervo y os
lo ha enviado como bendición, para que cada uno se convierta de sus
maldades.
*•• Con este discurso, bastante articulado, pretende convencer
Pedro de su error a los que rechazaron a Cristo, ofreciéndoles la
posibilidad de arrepentirse. Pedro establece una distinción importante:
antes de la resurrección era el tiempo de la ignorancia, el
tiempo en que era posible cometer errores. Fue el tiempo que permitió a
Dios dar cumplimiento a las profecías. Pero después del hecho
clamoroso de la resurrección ya no se admite la ignorancia, porque aquel
que fue crucificado por los hombres ha sido resucitado por Dios, y los
que lo rechazan merecen ser excluidos del pueblo de Dios, como
reincidentes. Por otra parte, el arrepentimiento y la aceptación de
Jesús pueden apresurar los tiempos de las bendiciones mesiánicas, cuando
Dios, al final del mundo, enviará a Jesús por segunda vez, a fin de que
tanto sus enemigos como los incrédulos le reconozcan como Mesías. Ahora
está en el cielo, desde su ascensión, hasta la restauración final.
Pedro habla también de Moisés, que había dicho: "El Señor Dios
vuestro os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo".
Lucas lee "suscitará" en el sentido de "volver a suscitar" un
profeta como Moisés, es decir, Jesús. A éste hay que escuchar. Y el que
no lo haga será excluido del pueblo santo. Podemos señalar que mientras
Mateo considera a los cristianos como un pueblo nuevo que sustituye al
antiguo Israel, Lucas subraya la continuidad del pueblo de Dios a través
de los judíos que acogen a Jesús. Pedro afirma, por último, que sus
oyentes forman parte del pacto a través del cual serán bendecidas todas
las naciones en la descendencia de Abrahán. En suma, con su
resurrección, Jesús trae la bendición a los judíos y la oportunidad de
la conversión.
Salmo Responsorial
¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Salmo 8,2a.5.6-7.8-9
Señor, Dios nuestro, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él?
R/. Señor, dueño
nuestro ¡que admirable es tu nombre en toda la tierra!
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras
de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies.
R/. Señor, dueño
nuestro ¡que admirable es tu nombre en toda la tierra!
Rebaños de ovejas y toros, y hasta las
bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que
trazan sendas por el mar.
R/. Señor, dueño
nuestro ¡que admirable es tu nombre en toda la tierra!
Evangelio: Lucas 24,35-48
24,35 En aquel tiempo, los discípulos [de Emaús] contaban lo que les
había ocurrido cuando iban de camino y cómo lo habían reconocido al
partir el pan.
36 Estaban hablando de ello, cuando el mismo Jesús se presentó en
medio y les dijo: - La paz esté con vosotros.
37 Aterrados y llenos de miedo, creían ver un fantasma.
38 Pero él les dijo: - De qué os asustáis? Por qué surgen dudas en
vuestro interior?
39 Ved mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y convenceos
de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
40 Y dicho esto, les mostró las manos y los pies.
41 Pero como aún se resistían a creer, por la alegría y el asombro,
les dijo: - Tenéis algo de comer?
42 Ellos le dieron un trozo de pescado asado.
43 Él lo tomó y lo comió delante de ellos.
44 Después les dijo: - Cuando aún estaba entre vosotros ya os dije que
era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en la ley de
Moisés, en los profetas y en los salmos.
45 Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran las
Escrituras
46 y les dijo: - Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y
resucitar de entre los muertos al tercer día
47 y que en su nombre se anunciará a todas las naciones, comenzando
desde Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados.
48 Vosotros sois testigos de estas cosas.
*"• El tema del fragmento evangélico, que completa el relato de la
aparición a los dos discípulos de Emaús subraya las pruebas sobre la
realidad de la resurrección de Jesús. También la primera comunidad
cristiana pasó por dificultades para penetrar en el misterio del Señor
resucitado, y las superó empleando una doble prueba.
La prueba real y material del contacto físico de los discípulos con
Jesús, poniendo de relieve la corporalidad del Cristo pascual: "Ved
mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y convenceos" (v.
39), así como la iniciativa del Señor de comer algo ante los suyos:
"Tenéis algo de comer?" (v. 41). La otra prueba es la espiritual,
basada en la comprensión de la Palabra en las Escrituras: "Estaba
escrito" (vv. 46s).
Lucas precisa que la historia de Israel adquiere su sentido y se
comprende sólo si culmina en el acontecimiento histórico de Jesús de
Nazaret muerto y resucitado.
Y, por otra parte, nos enseña que sólo cuando los hombres se abren
a la conversión y experimentan el perdón de Dios pueden comprender del
todo el triunfo de la pascua del Señor. La salvación está abierta a
todos, y la Iglesia tiene la tarea de anunciar la realidad física de la
pascua del Señor y su valor como nuevo inicio de la historia humana, a
través de la acogida del perdón de Dios. La resurrección de Jesús es el
dato cierto sobre el que se asienta la fe de los creyentes y la historia
de los hombres.
MEDITATIO
Habla Pedro de la segunda venida de Jesús como Mesías, y la
presenta como la que nos trae los "los tiempos de la consolación",
"los tiempos de la restauración de todas las cosas". Propone una
visión amplia y solemne de la historia de Israel, una historia que es un
camino hacia los días de Jesús, el consolador de Israel y el restaurador
de todas las cosas. Todo concurre a preparar este gran día de la
bendición mesiánica sobre todas las cosas, a partir de Israel y hasta
"todas las familias de la tierra", incluso a toda la creación. La
respiración de la Iglesia ya es universal desde el comienzo, e incluye
toda la realidad redimida por la cruz de Cristo.
Pedro extiende la mirada al futuro de Dios con el optimismo de
quien sabe que la resurrección es el hecho decisivo, aunque también con
la conciencia de que habrá un acto final, donde el misterio salvífico de
la resurrección será revelado en plenitud y extendido a todos los
pueblos y a toda la creación. Se enuncia ya aquí el ya y el
todavía no de la historia cristiana: ésta se mueve entre el "ya" de
la pascua y el "todavía no" de la reconstrucción definitiva de todas las
cosas. Entre ambos límites se sitúa el tiempo oportuno para la
conversión, para hacernos dignos de las bendiciones mesiánicas, las ya
realizadas y las que vendrán.
ORATIO
!Qué estrecha es, Señor, mi perspectiva! Mi problema de hoy me
atosiga, me preocupa, parece que es todo. Sin embargo, me hace falta
situar las cosas de cada día en el vasto horizonte de la historia de la
salvación, especialmente entre el ya de la resurrección y el
todavía no de la reconstrucción final. !Qué alivio tendrían con ello
mis pequeñas acciones y mis pequeñas o grandes preocupaciones!
Ayúdame, Señor, a hacer cada día el encuadre de la situación, no
tanto para relativizar mis cosas como para insertarlas en el plano
general de la historia de la salvación.
Ilumíname y ayúdame no a disminuir el valor de lo cotidiano, sino a
comprender su seriedad y su alcance dentro de esta historia. Ya no vivo
en los tiempos de la ignorancia, sino en los de la conversión, en los de
la espera laboriosa, en los de la confianza, en los del optimismo, en
los de la aceleración de la venida de la consolación de Dios.
Oh Señor, hazme caminar hacia estos tiempos definitivos con paso
ágil, con el corazón ardiente, con manos laboriosas, con optimismo,
porque estás preparando la reconstrucción de todo lo que nosotros hemos
deformado a lo largo de los milenios de nuestra historia.
CONTEMPLATIO
La santa Iglesia soporta la adversidad de esta vida con el fin de
que la gracia divina la lleve a los premios eternos. Desprecia la muerte
de la carne porque tiene fijada la mirada en la gloria de la
resurrección. Los males que sufre son pasajeros; los bienes que espera,
eternos.
No alberga la menor duda sobre estos bienes porque posee ya, como
fiel testimonio, la gloria de su Redentor. Ve en espíritu su
resurrección y refuerza vigorosamente su esperanza. Alimenta la segura
esperanza de que lo que ve ya realizado en su cabeza se realizará
también en su cuerpo. No debe dudar de su propia resurrección, porque
posee ya en el cielo, como testigo fiel, a aquel que resucitó de entre
los muertos. Por eso, cuando el pueblo creyente padece la adversidad,
cuando pasa por la dura prueba de las tribulaciones, debe elevar el
espíritu a la esperanza de la gloria futura y, confiando en la
resurrección de su Redentor, debe decir: "Tengo en el cielo mi
testigo, mi defensor habita en lo alto" (Jb 16,19) (Gregorio Magno,
Comentario moral a Job, XIII, 27).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Vosotros sois testigos de estas cosas"
(Lc.24,48).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Esperar la segunda venida de Cristo y esperar la resurrección son una
sola y misma cosa. La segunda venida es la venida de Cristo resucitado,
que resucita nuestros cuerpos mortales con él en la gloria de Dios. La
resurrección de Jesús y la nuestra son fundamentales para nuestra fe.
Nuestra resurrección está tan íntimamente ligada a la resurrección de
Jesús como el hecho de ser predilectos de Dios está ligado al hecho de
que Jesús es su amado. Pablo se muestra absolutamente claro en este
punto.
Dice, en efecto: "Si no hay resurrección de los muertos, tampoco
Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación,
vacía también vuestra fe" (1 Cor 15,13$).
Esperamos de verdad que Cristo resucitado nos eleve con él a la vida
eterna con Dios? De la perspectiva de resurrección de Jesús y de la
nuestra toman su vida y la nuestra su pleno significado.
No hemos de ser compadecidos, porque, como seguidores de Jesús, podemos
mirar mucho más allá de los límites de nuestra breve vida sobre la
tierra y confiar en que nada de lo que vivamos hoy en nuestro cuerpo se
perderá (H. J. M. Nouwen, Pane per il viaggio, Brescia 1997, p.
351 [trad. esp.: Pan para el viaje, PPC, Madrid 1999]).
|
Día 5
|
Viernes de la octava de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 4,1-12
4,1 En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban a la gente, se les
presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los
saduceos.
2 Estaban molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban que la
resurrección de los muertos se había realizado ya en Jesús.
3 Los prendieron y los encarcelaron hasta el día siguiente, pues era
ya tarde.
4 Pero muchos de los que habían oído el discurso creyeron, y el
número de hombres llegó a cinco mil.
5 Al día siguiente se reunieron en Jerusalén los jefes de los
sacerdotes, los ancianos y los maestros de la Ley:
6 Anas, sumo sacerdote, y Caifas, Juan, Alejandro y todos los que
pertenecían al linaje sacerdotal.
7 Hicieron comparecer a Pedro y a Juan y les preguntaron: - Con qué
poder o en nombre de quién habéis hecho esto?
8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: - Jefes del
pueblo y ancianos de Israel,
9 hoy ha sido curado un hombre enfermo, y nos preguntáis en nombre de
quién se ha realizado esta curación;
10 pues sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que éste
aparece ante vosotros sano en virtud del nombre de Jesucristo Nazareno,
a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios ha resucitado de entre
los muertos.
11 Él es la piedra rechazada por vosotros, los constructores, que
se ha convertido en piedra angular.
12
Nadie más que él puede salvarnos, pues sólo a través de él nos
concede Dios a los hombres la salvación sobre la tierra.
**• Dos son los temas principales de este fragmento: la reacción de
los jefes de Israel ante el éxito de los apóstoles y las importantes
afirmaciones del discurso de Pedro.
Primer tema: sorprendentemente, el "caso Jesús" no se cerró con la
crucifixión. Sus seguidores hacen prosélitos. Más aún, predican en el
templo, convirtiéndose en maestros del pueblo (tarea reservada a los
doctores de la Ley), y anuncian la resurrección de los muertos (lo que
parece particularmente inoportuno a los saduceos).
Los jefes del pueblo, sorprendidos y exasperados, se les echan
encima y los meten en la cárcel. Ésta fue la primera persecución, a la
que siguió un ulterior incremento numérico de discípulos. El Sanedrín,
el mismo que pocas semanas antes había juzgado a Jesús, se reúne.
En él se concentran los diferentes poderes: el religioso, el
económico, el teológico, el social y lo que queda del poder político.
Unos poderes que se sentían amenazados por el mensaje subversivo de
Jesús y que, ahora, deben ocuparse nuevamente de la cuestión.
El segundo tema es el breve y vigoroso discurso de Pedro. Éste,
"lleno del Espíritu Santo", tal como había prometido Jesús, habla
con una gran parresia, es decir, con una audacia y un coraje
inauditos, plantando cara a los jefes del pueblo y poniéndoles en una
situación seriamente embarazosa. Parte del hecho de la curación para
anunciar la salvación, la curación radical. Las afirmaciones de Pedro
son solemnes y claras: aquel a quien vosotros condenasteis a muerte ha
sido resucitado por Dios; y la piedra que vosotros desechasteis Dios la
ha convertido en la piedra fundamental del nuevo edificio que pretende
construir. Jesús, a quien los jefes rechazaron y mataron, ha sido
elegido por Dios para dar cumplimiento a sus promesas. El conjunto está
dominado por el "nombre de
Jesús";
en ningún otro nombre hay salvación.
Salmo
La piedra que desecharon los arquitectos es
ahora la piedra angular.
Salmo 117,1-2.4.22-24.25-27a
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna
es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su
misericordia.
R/. La piedra que desecharon los
arquitectos es ahora la piedra angular
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido
un milagro patente. Éste es el día que hizo el Señor: sea nuestra
alegría y nuestro gozo.
R/.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular
Señor,
danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene
en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el
Señor es Dios, él nos ilumina.
R/. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular
Evangelio: Juan 21,1-14
21,1 Poco después, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos junto al
lago de Tiberíades.
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás "El Mellizo", Natanael el de Cana
de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
3 En esto dijo Pedro: - Voy a pescar. Los otros dijeron: - Vamos
contigo. Salieron juntos y subieron a una barca, pero aquella noche no
lograron pescar nada.
4 Al clarear el día, se presentó Jesús en la orilla del lago, pero
los discípulos no lo reconocieron.
5 Jesús les dijo: - Muchachos, habéis pescado algo? Ellos
contestaron: -No.
6 Él les dijo: - Echad la red al lado derecho de la barca y
pescaréis. Ellos la echaron, y la red se llenó de tal cantidad de peces
que no podían moverla.
7 Entonces, el discípulo a quien Jesús tanto quería le dijo a Pedro:
- !Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor, se ciñó un vestido,
pues estaba desnudo, y se lanzó al agua.
8 Los otros discípulos llegaron a la orilla en la barca, tirando de
la red llena de peces, pues no era mucha la distancia que los separaba
de tierra; tan sólo unos cien metros.
9 Al saltar a tierra, vieron unas brasas, con peces colocados sobre
ellas, y pan.
10 Jesús les dijo: - Traed ahora algunos de los peces que habéis
pescado.
11 Simón Pedro subió a la barca y sacó a tierra la red llena de peces;
en total eran ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser
tantos, la red no se rompió.
12 Jesús les dijo: - Venid a comer. Ninguno de los discípulos se
atrevió a preguntar: "Quién eres?", porque sabían muy bien que era el
Señor.
13 Jesús se acercó, tomó el pan en sus manos y se lo repartió, y lo
mismo hizo con los peces.
14 Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos
después de haber resucitado de entre los muertos.
**• La "pesca milagrosa" presenta la tercera aparición del
Resucitado a los discípulos-pescadores, reunidos junto a la orilla del
lago Tiberíades. El encuentro de Jesús con los suyos, que habían vuelto
a su trabajo, describe de manera simbólica la misión de la Iglesia
primitiva y el retrato de cada comunidad. Éstas permanecen estériles
cuando se quedan privadas de Cristo, pero se vuelven fecundas cuando
obedecen a su Palabra y viven de su presencia. El texto se compone de
dos fragmentos en el ámbito de la redacción: a) ambientación de la
aparición en Galilea (vv. 1-5); b) la pesca milagrosa y el
reconocimiento de Jesús (vv. 6-14).
El reducido grupo de los discípulos, con Pedro a la cabeza,
representa a toda la Iglesia en misión. Pero sin Jesús en la barca, el
fracaso de la "pesca" (= misión) es total y anda a tientas en la
"noche" (v. 3). Frente a la conciencia de no triunfar por sí
solos en la empresa, interviene Jesús -"al clarear el día" (v. 4
) - con el don de su Palabra, premiando a la comunidad que ha
perseverado unida en el trabajo apostólico: "Echad la red al lado
derecho de la barca y pescaréis" (y. 6). La obediencia a la Palabra
produce el resultado de una pesca abundante.
Los discípulos se fiaron de Jesús y experimentaron con el Señor la
desconcertante novedad de su vida de fe. Jesús les invita después al
banquete que él mismo ha preparado: "Venid a comer" (v. 12).
En el banquete, figura de la eucaristía, es el mismo Jesús quien da
de comer, haciéndose presente de una manera misteriosa. Los discípulos
son ahora presa del escalofrío que les produce el misterio divino. La
conclusión del evangelista es una invitación a la comunidad eclesial de
todos los tiempos para que vuelva a encontrar el sentido de su propia
vocación y ponga a Jesús como Señor de la vida, de suerte que, a través
de la escucha de la Palabra y de la eucaristía (= las dos mesas), la
Iglesia haga fructuosos todos sus compromisos entre los hombres.
MEDITATIO
Los padres de Vicente le inculcaron desde muy pequeño una fervorosa
devoción a Jesucristo y a la Virgen María y un gran amor hacia los
pobres. Ya desde pequeño le encargaron repartir a diario las cuantiosas
limosnas que la familia acostumbraba dar a los necesitados. De esta
manera, hicieron que le gustara dar limosna a los indigentes. Asimismo,
le enseñaron a hacer una mortificación personal cada viernes, en
recuerdo de la pasión de Cristo, y cada sábado, en honor de la Virgen
Santísima. Estas costumbres las ejercitó Vicente durante toda su vida.
Además, Vicente fue un verdadero ángel de la paz en su época. Estaba muy
angustiado porque la Iglesia católica se encontraba dividida y llegó a
tener simultáneamente tres papas, por lo que había muchísima desunión
entre los cristianos bajo la obediencia de Urbano VI, Clemente VII y
Benedicto XIII. Se esforzó hasta solucionar el cisma de Occidente
(1378). De tanto afán y sufrimiento por buscar la unión en la Iglesia,
llegó a enfermar y estuvo a punto de morir.
Antes de predicar permanecía rezando durante cinco o más horas para
pedir a Dios la eficacia de la palabra y conseguir que sus oyentes se
convirtieran al oírle. Dormía en el puro suelo, ayunaba frecuentemente y
se
trasladaba a pie de una ciudad a otra (los últimos años enfermó de una
pierna y se trasladaba cabalgando en un asno). Su predicación conmovía
hasta a los más fríos e indiferentes. Su poderosa voz llegaba hasta lo
más profundo del alma. En pleno sermón se oían gritos de pecadores
pidiendo perdón a Dios: gentes que siempre se habían odiado, hacían las
paces y se abrazaban. Pecadores endurecidos en sus vicios pedían
confesores.
Vicente condenaba sin miedo las malas costumbres. Invitaba
incesantemente a recibir los santos sacramentos de la confesión y de la
comunión. Insistía en la grave obligación de cumplir el mandamiento de
santificar las fiestas. Insistía en la gravedad del pecado, en la
proximidad de la muerte, en la severidad del juicio final de Dios y del
cielo y del infierno que nos esperan. Y lo hacía con tanta emoción que
frecuentemente tenía que suspender durante varios minutos su sermón
porque el griterío del pueblo pidiendo perdón a Dios era inmenso.
Pero el tema en el que más insistía era el juicio de Dios que espera a
todo pecador. Le llamaban "el ángel del Apocalipsis", porque
continuamente recordaba a las gentes lo que el libro del Apocalipsis
enseña acerca del juicio final que nos espera a todos. Él repetía sin
cansarse este aviso de Jesús: "Estoy a punto de llegar con mi
recompensa y voy a dar a cada uno según sus obras" (Ap 22,12). Hasta
los más pecadores y alejados de la religión se conmovían al oírle
anunciar el juicio final, donde "los que hicieron el bien resucitarán
para la vida eterna, pero los que hicieron el mal resucitarán para su
condenación" (Jn 5,29).
En los últimos años, lleno de enfermedades, le tenían que ayudar a subir
al sitio o estrado donde iba a predicar. Pero, apenas empezaba la
predicación se transformaba, se le olvidaban sus enfermedades y enseñaba
con el fervor y la emoción de sus primeros años. Durante el sermón no
parecía viejo ni enfermo sino lleno de juventud y entusiasmo, un
entusiasmo que era contagioso.
ORATIO
Dios todopoderoso, tú que elegiste a san Vicente Ferrer ministro de la
predicación evangélica, concédenos la gracia de ver glorioso en el cielo
a nuestro Señor Jesucristo, cuya venida a este mundo, como juez, anunció
san Vicente en su predicación.
CONTEMPLATIO
La figura de Vicente, junto con los sacerdotes confesores que le
acompañaban en sus predicaciones, orando y sacrificándose para que su
predicación fuera efectiva y consiguiera los frutos de la conversión, la
debemos tener presente todos los cristianos. Una predicación sin oración
previa puede hacer inútiles las palabras predicadas.
En Vicente hemos de contemplar no sólo a quien señala el camino, sino a
quien camina personalmente para alcanzar su personal vida eterna.
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra del Señor:
"Poned en obra todo lo que os he mandado"
(Mt 18,20).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
En la predicación y exhortación debes usar un lenguaje sencillo y un
estilo familiar, bajando a los detalles concretos. Utiliza ejemplos,
todos los que puedas, para que cualquier pecador se vea retratado en la
exposición que haces de su pecado; pero de tal manera que no des la
impresión de soberbia o indignación, sino que lo haces llevado por la
caridad y espíritu paternal, como un padre que se compadece de sus hijos
cuando los ve en pecado o gravemente enfermos o cuando han caído en un
hoyo, esforzándose por sacarlos del peligro y acariciándoles como una
madre. Hazlo alegrándote del bien que obtendrán los pecadores y del
cielo que les espera si se convierten.
Este modo de hablar puede ser de gran utilidad para el auditorio. Hablar
en abstracto de las virtudes y los vicios no produce impacto en los
oyentes.
En el confesionario, debes mostrar igualmente sentimientos de caridad,
lo mismo si tienes que animar a los pusilánimes que si tienes que
amenazar a los contumaces; el pecador ha de sentir siempre que tus
palabras proceden exclusivamente de tu caridad. Las palabras caritativas
han de preceder siempre a las recomendaciones punzantes.
Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios
de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad, suma
de todas las virtudes y la mejor garantía de éxito en tus actividades
[Tratado de san Vicente Ferrer, presbítero, sobre la vida espiritual,
capítulo 13, Edición Garganta-Forcada, 513-514).

|
Día 6
|
Sábado de la octava de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 4,13-21.
4,13 En aquellos días, al ver la valentía con que se expresaban Pedro y
Juan, no salían de su asombro, sabiendo que eran hombres del pueblo y
sin cultura. Los reconocían como compañeros de Jesús;
14 pero, como veían con ellos en pie al hombre curado, nada podían
responder.
15 Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y se pusieron a deliberar
entre ellos:
16 - Qué haremos con estos hombres? El milagro que han hecho es
notorio y lo saben todos los habitantes de Jerusalén; no podemos
negarlo.
17 No obstante, para que no se divulgue más entre el pueblo, les
intimidaremos con amenazas, para que no vuelvan a hablar a nadie en
nombre de ése.
18 Así que los llamaron y les prohibieron terminantemente hablar y
enseñar en el nombre de Jesús.
19 Pedro y Juan les respondieron: - Os parece justo delante de Dios
que os obedezcamos a vosotros antes que a él?
20 Por nuestra parte, no podemos dejar de proclamar lo que hemos visto
y oído.
21 Ellos los despidieron con amenazas, sin encontrar el modo de
castigarlos, a causa del pueblo, pues todos daban gloria a Dios por lo
sucedido.
*" Pedro y Juan han recibido en verdad, según la promesa de Jesús,
"una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni
contradecir todos vuestros adversarios": estos últimos se
encuentran, evidentemente, con dificultades. El fragmento está dominado,
por una parte, por la fuerza de los hechos que se imponen y, por otra,
por la voluntad de ocultarlos. Los hechos son la curación
constatada y clamorosa; son todo lo que Pedro y Juan han visto y oído.
Por otra parte, está el poder que quiere defenderse de la
irrupción de los hechos, con su poder de desestabilización. Los hechos
están acreditados por "hombres del pueblo y sin cultura", que
pasan de acusados a acusadores.
Frente a la idea de prohibir "enseñar en el nombre de Jesús"
-y en esto se muestra perspicaz el sanedrín, porque el peligro procede
de ese "nombre", la verdadera novedad-, la respuesta de Pedro y Juan es
la apelación a la evidencia: no pueden callar lo que han visto y oído.
Se trata de la conciencia de que hablar de estas cosas era voluntad
de Dios, un mandato divino frente al cual los preceptos humanos pierden
su consistencia. No hay amenaza humana que pueda oponerse a la fuerza
del testimonio de los apóstoles, porque está con ellos la fuerza
irresistible de Dios.
Salmo Responsorial
Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.
Salmo 117,1.14-15.16-18.19-21
Dad
gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
El Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Escuchad:
hay cantos de victoria en las tiendas de los justos
R/. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste
«La diestra del Señor es poderosa. La diestra del Señor es
excelsa». No he de morir, viviré para contar las hazañas del
Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la
muerte.
R/. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste
Abridme las puertas de la salvación, y entraré para dar gracias
al Señor. Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por
ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.
R/. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste
Evangelio: Marcos 16,9-15
16,9 Jesús resucitó en la madrugada del primer día de la semana y se
apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado
siete demonios.
10 Ésta fue a comunicárselo a los que le habían acompañado, que
estaban tristes y seguían llorando.
11 Ellos, a pesar de oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no
le creyeron.
12 Después de esto se apareció, con aspecto diferente, a dos de ellos
que iban de camino hacia el campo.
13 También fueron a dar la noticia a los demás. Pero tampoco les
creyeron.
14 Por último, se apareció a los once, cuando estaban a la mesa, y les
echó en cara su incredulidad y su terquedad, por no haber creído a
quienes le habían visto resucitado.
15 Y les dijo: -Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a
toda criatura.
**• El texto es un añadido que sirve de conclusión al evangelio de
Marcos. Está redactado por otra mano, aunque pertenece a la época
apostólica. Incluye la aparición de Jesús resucitado a María Magdalena,
que fue a anunciar a los discípulos incrédulos el acontecimiento de la
resurrección (vv. 9-11); la aparición del Señor con aspecto de peregrino
a los dos discípulos de Emaús, que se volvían a su pueblo (vv. 12s) y,
por último, la aparición del Resucitado a los Once, reunidos en torno a
la mesa, esto es, recogidos en la celebración eucarística, a quienes
reprocha su incredulidad y su actitud refractaria ante el testimonio de
algunos discípulos (vv. 14s).
Sólo la presencia directa de Jesús liberará a los apóstoles de su
dureza de corazón y los transformará en verdaderos creyentes. Al
subrayar la incredulidad de los discípulos, típica de todo el evangelio
de Marcos, el evangelista pretende poner de relieve que la resurrección
no es fruto de una imaginación ingenua o de alguna sugestión colectiva
de los seguidores del Nazareno, sino don del Padre en favor de aquel que
se había hecho obediente hasta la muerte para la salvación de toda la
humanidad.
Como conclusión, el Resucitado envía a los discípulos al mundo para
que prolonguen su misión y desarrollen la actividad evangelizadora junto
con el Señor: "Id por todo el mundo y proclamad la buena
noticia a toda criatura" (y. 15).
MEDITATIO
Es mejor obedecer a Dios que a los hombres: se trata de un criterio
que hemos de desenterrar frente a la prepotencia del mundo. Éste, a
través de los medios de comunicación y de otros medios todopoderosos,
pretende nivelar el modo de pensar y de valorar típico del cristianismo,
tomando como rasero el nivel del consumo y de los horizontes
exclusivamente intramundanos. La identidad cristiana está padeciendo una
agresión cada vez más abierta, aunque la mayoría de las veces soft
y solapada, que hace pasar por normal y obvio lo que con frecuencia
no es más que un comportamiento detestable.
En nombre de la voluntad superior de Dios es preciso entablar un
verdadero "combate cultural" destinado a desenmascarar el peligro de la
homologación pagana.
Pero éste presupone un "combate espiritual" en nombre de una
experiencia fuerte de Cristo. No se puede acallar la experiencia de la
salvación, la experiencia de ser amados y acompañados en la vida por el
amor de Dios. No se puede vivir como si este amor no existiera ni
actuara en la historia. Hay aquí una invitación ulterior al testimonio
abierto y valiente, que no quiere imponer nada, pero que tampoco quiere
recibir imposiciones para ocultar lo más querido, lo más dulce, lo más
importante que mueve nuestra vida.
ORATIO
Ilumina, Señor, mi mente y mi corazón, para que me dé cuenta de con
cuánta frecuencia obedezco en realidad más a los hombres que a ti, de lo
contaminado que estoy por la mentalidad de este mundo, de la gran
cantidad de seducciones de que soy víctima, de la gran cantidad de
sirenas que me fascinan. A veces me doy cuenta, casi de improviso, de
que, de hecho, estoy pensando y juzgando según los criterios del mundo y
no según los tuyos. Descubro que me inclino a los ídolos fáciles,
ligeros, envolventes, omnipresentes.
Ilumina las profundidades de mi ser, los estratos más escondidos de
mi personalidad, los puntos menos conscientes de mi sensibilidad, para
que tenga el valor de proceder a una revisión, de revisar mi modo de
situarme frente a la mentalidad corriente. Haz, Señor, que tu Palabra
descienda a los subterráneos de mi psique, a las sinuosidades de mi
corazón, para que piense siguiendo tus criterios, para que te obedezca,
para que nunca –por inconsciencia o por temor, por homologación o
debilidad- tenga yo que obedecer a los hombres más que a ti o en contra
de ti.
CONTEMPLATIO
Podemos preguntarnos: pienso acaso, en conciencia, como cristiano?
Se inspira mi estado de ánimo en la verdad que Cristo nos ha enseñado?
No estamos inclinados más bien a tomar como guía de nuestros
pensamientos, de nuestros juicios, de nuestras acciones, nuestro estado
de ánimo personal, con una autonomía que con mucha frecuencia no admite
consejos ni comparaciones? Podemos afirmar de verdad, siendo celosos
como somos de nuestra independencia, de nuestra libertad, que tenemos el
ánimo libre? No deberíamos admitir más bien que hay una gran cantidad de
otros elementos que se sobreponen a nuestro juicio consciente para
forjar nuestra mentalidad? Ciertamente, no podemos escapar de su
influencia, pero debemos permanecer con una actitud crítica frente a
todo esto y preguntarnos con una vigorosa libertad interior: es
cristiano todo esto? Pienso verdaderamente como cristiano? El cristiano
es un ser nuevo, original, feliz, como afirma también Pascal: "Nadie es
feliz como un verdadero cristiano, nadie es tan razonable, virtuoso, ama
ble" {Pensamientos, 541) (Pablo VI, Audiencia general del 8 de
enero de 1975, passim).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres"
(Sal 118,8).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Nosotros, hombres de hoy, aunque nos consideremos en comunión con la
religión cristiana -una comunión que muy a menudo se calla, se minimiza
o se seculariza-, poseemos rara vez o de forma incompleta el sentido de
la novedad de nuestro estilo de vida. A menudo nos mostramos
conformistas.
El miedo al "qué dirán" nos impide presentarnos por lo que somos, esto
es, como cristianos, como personas que libremente han optado por un
determinado estilo de vida, austero ciertamente, aunque superior y
lógico. La Iglesia nos dice entonces: "Cristiano, sé consciente,
coherente, fiel, fuerte. En una palabra: sé cristiano". "Renovad el
espíritu de vuestra mente" (Ef 4,23).
La palabra espiritual se refiere a la gracia, esto es, al Espíritu
Santo. Por eso diremos con san Ignacio de Antioquía: "Aprendamos a vivir
según el cristianismo" [Ad Magnesios, 10). En esto consiste la
renovación del Concilio. "Quien tenga oídos para oír, que oiga"
(Pablo VI, Audiencia general del 8 de enero de 1975, passim).
|
Día 7
|
Segundo domingo de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 4,32-35
4,32 El grupo de los creyentes pensaba y sentía lo mismo, y nadie
consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común
todas las cosas.
33 Por su parte, los apóstoles daban testimonio con gran energía de la
resurrección de Jesús, el Señor, y todos gozaban de gran estima.
34 No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían
hacienda o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido,
35 lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno
según su necesidad.
**• El fragmento presenta el segundo "compendio" de la vida de la
Iglesia naciente. Pone el acento en la "unidad fraterna". Cómo es
posible decir que "pensaba y sentía lo mismo" una multitud tan
grande? El secreto se encuentra en la plena disponibilidad, hecha de
caridad y pobreza evangélicas, que impulsa a los miembros a poner al
servicio del bien común lo que antes poseían en privado.
El grupo de los apóstoles está unido y se muestra compacto en la
"consignación" (así el v. 33, al pie de la letra) del primer
verdadero tesoro de la Iglesia: el testimonio de la resurrección de
Jesús. Los creyentes están unidos en la ayuda a las necesidades de los
hermanos, y manifiestan también la plena comunión en el modo de llevar a
cabo la beneficencia. En efecto, sin dividir los ánimos, depositan a los
pies de los apóstoles todo lo que deciden dar espontáneamente. Se cumple
así la promesa de Dt 15,4: "No habrá ningún necesitado entre
vosotros", porque los creyentes obedecen el nuevo mandamiento de
Jesús. Y crece la benevolencia de todos hacia la comunidad cristiana (v.
33b).
Salmo responsorial
Dad gracias al
Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
Salmo 117, 2-4. 16-18.
22-24
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de
Aarón: eterna es su misericordia. Digan los que temen al Señor:
eterna es su misericordia.
<<La diestra del Señor es
poderosa, la diestra del Señor es excelsa>>.
No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me
castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte.
La piedra que
desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste
es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Segunda lectura: 1 Juan 5,1-6
5,1 Queridos míos: el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de
Dios. Y todo el que ama al que da el ser debe amar también a quien lo
recibe de él.
2 Por tanto, si amamos a los hijos de Dios, es señal de que amamos a
Dios y de que cumplimos sus mandamientos.
3 Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos, y sus
mandamientos no son pesados.
4 Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo, y ésta es la fuerza
victoriosa que ha vencido al mundo: nuestra fe.
5 Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el
Hijo de Dios?
6 Éste es el que vino por agua y sangre, Jesucristo; no por agua
únicamente, sino por agua y sangre; y el Espíritu es el que da
testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
**• Fe y caridad, amor a Dios y al prójimo son los elementos
esenciales que caracterizan la vida del cristiano (cf. 3,23; 4,11-20).
Juan no se cansa de repetir esta sencilla verdad, ahondando en ella de
un modo siempre nuevo. En la conclusión de su primera carta recuerda el
renacimiento bautismal y sus implicaciones (v. I): "Todo el que cree
que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios". La misma fe que nos hace
hijos de Dios nos hace también hermanos entre nosotros: todos somos
hijos del mismo Padre, y estamos unidos por el vínculo del amor. No se
trata de "sentimiento", sino de adhesión a su voluntad, de cumplir sus
mandamientos, que no son pesados, porque son "peso" de amor, sugerido
por los delicados matices de la caridad hacia los hermanos (cf. vv. 2s).
La vida filial-bautismal "vence al mundo" -en 2,13s había dicho
Juan: "Habéis vencido al maligno "- cuando es vivida de manera
consciente día tras día, puesto que participa de la victoria única y
definitiva llevada a cabo por Cristo con su muerte y resurrección, a la
que nos unimos en la fe (vv. 4s).
En efecto, Jesús no vino sólo con el agua del bautismo que lo
manifestó a Israel en el Jordán, sino también con la sangre de la cruz,
por medio de la cual atestiguó de modo cabal su amor al Padre y a la
humanidad, llevando a cabo nuestra redención (v. 6). Y no ha dejado a su
Iglesia sólo el agua bautismal, sino también el sacramento de su cuerpo
inmolado y de su sangre derramada, para que, acercándonos a la gracia
del bautismo y de la eucaristía, podamos crecer en la comunión con Dios
y con los hermanos, mediante el don del Espíritu,que, tras descender
sobre los apóstoles, guía a la Iglesia hacia la verdad completa (Jn
16,13-15), dando testimonio de las inconmensurables dimensiones de la
salvación.
Evangelio: Juan 20,19-31
20,19 Aquel mismo domingo, por la tarde, estaban reunidos los discípulos
en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús
se presentó en medio de ellos y les dijo: - La paz esté con vosotros.
20 Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de
alegría al ver al Señor.
21 Jesús les dijo de nuevo: - La paz esté con vosotros. Y añadió: -
Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros.
22 Sopló sobre ellos y les dijo: - Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a
quienes se los retengáis, Dios se los retendrá.
24 Tomás, uno del grupo de los doce, a quien llamaban "El Mellizo", no
estaba con ellos cuando se les apareció Jesús.
25 Le dijeron, pues, los demás discípulos: - Hemos visto al Señor.
Tomás les contestó: - Si no veo las señales dejadas en sus manos por los
clavos y meto mi dedo en ellas, si no meto mi mano en la herida abierta
en su costado, no lo creeré.
26 Ocho días después, se hallaban de nuevo reunidos en casa todos los
discípulos de Jesús. Estaba también Tomás. Aunque las puertas estaban
cerradas, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: - La paz esté
con vosotros.
27 Después dijo a Tomás: - Acerca tu dedo y comprueba mis manos;
acerca tu mano y mótela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino
creyente.
28 Tomás contestó: - !Señor mío y Dios mío!
29 Jesús le dijo: - Crees porque me has visto? Dichosos los que creen
sin haber visto.
30 Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los
que han sido recogidos en este libro.
31 Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el
Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis en él vida eterna.
MEDITATIO
Jesús resucitado pasa a través de las puertas cerradas y les dirige
este saludo: "La paz esté con vosotros". Como había sucedido
antes con María Magdalena, no son las apariencias, sino la voz lo que le
da a conocer. Lo que dice Jesús acaece, cada palabra suya se vuelve
acontecimiento: en consecuencia, su paz se comunica a los apóstoles. Tal
como lo había prometido, Jesús no deja huérfanos a sus discípulos, sino
que les entrega el Espíritu Paráclito, gracias al cual podrán comprender
todo lo que les había enseñado y proseguir su misión en el mundo,
cooperando con él en la obra de la salvación.
Hasta Tomás, al oír la voz de Jesús, se abre para recibir el don de
la fe, e, iluminado por el Espíritu, puede renunciar ahora a su
exigencia de ver y tocar de manera sensible. Aferrado en lo íntimo por
la voz del Maestro, se postra de inmediato en actitud de adoración y
realiza una solemne proclamación de fe: "!Señor mío y Dios mío!".
Jesús estará siempre junto a sus apóstoles, junto a la Iglesia,
aunque de otro modo: a través de la acción del Espíritu Santo. Este nos
ofrece como fruto excelente la paz, fruto maduro de la salvación y
distintivo principal de los discípulos de Cristo. Por eso debemos
abrirnos continuamente a este don, poniéndonos a disposición total de
Dios. En cada situación deberemos preguntarnos: "Qué quiero realizar con
estos pensamientos y estos sentimientos? Qué busco de verdad?".
Si nos damos cuenta de que perseguimos fines egoístas, deberemos
rectificar nuestra voluntad, confiándola a la acción del Espíritu Santo,
para que nos haga capaces de creer y de amar con autenticidad. Estamos
llamados, en efecto, a participar de la misma vida de Dios, es decir, a
ser santos. La santidad consiste precisamente en dejar que el Espíritu
Santo oriente y dirija totalmente hacia Dios nuestra voluntad. Eso es lo
que realiza en nosotros el Espíritu Santo que el Resucitado nos ha dado.
Por eso, vivir el misterio pascual es una aventura maravillosa.
ORATIO
Concede, Señor, a tus hijos la gracia de ser capaces de detenerse
un momento para escuchar el sonido de tu voz. Apenas un instante para
pensar y gustar qué sucedería si en cada familia, en cada comunidad,
latieran siempre todos los corazones al unísono del ritmo de tu corazón.
!Oh alegría, plenitud de la alegría! La humanidad, afligida y
agotada, no desea, Señor, otra cosa más que esta paz, fruto del amor,
fruto de tu Espíritu. Ábrenos para acogerla, Señor; porque moriste y
resucitaste para que nosotros la experimentáramos ya desde ahora y
fuéramos testigos de ella en medio de los hermanos.
CONTEMPLATIO
El Señor considera por encima de los que ven y creen a los que
creen sin ver. En efecto, en aquel tiempo la fe. de los discípulos de
Cristo era tan vacilante que, aun viéndolo ya resucitado, tuvieron que
tocarlo también para creer en su resurrección. No les bastaba verlo con
los ojos: tenían que acercar también las manos a sus miembros, tenían
que tocar también las cicatrices de las heridas recientes; de este modo,
el discípulo que dudaba, después de haber tocado y reconocido las
cicatrices, exclamó de inmediato: "!Señor mío y Dios mío!". Las
cicatrices hacían manifiesto al que había curado las heridas de todos
los otros.
Es posible que el Señor no pudiera resucitar sin cicatrices? Sí,
pero conocía las heridas del corazón de los discípulos y, a fin de
curarlas, conservo las cicatrices en su cuerpo.
Y qué le responde el Señor al discípulo que ahora declaraba y
decía: "!Señor mío y Dios mío!"? "Has creído - le dijo- porque
has visto; bienaventurados aquellos que crean sin ver". De quién
hablaba, hermanos, sino de nosotros? Y no sólo de nosotros, sino también
do los que vengan detrás de nosotros. En efecto, poco tiempo después de
haberse alejado de los ojos mortales, para que se reforzara la fe en los
corazones, todos los que han creído lo han hecho sin ver, y su fe ha
tenido un gran mérito. Para tener esta fe se limitaron a acercar un
corazón lleno de piedad a Dios, pero no la mano para tocar (Agustín,
Sermón 88, 2).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"La paz esté con vosotros"
(Jn 20,19).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El mundo tiene una ardiente sed de la paz de Dios, anhela ver
resplandecer el arco iris de la divina gracia después de la tempestad,
pero no consigue liberarse de la agitación y de la inquietud, puesto que
es un mundo caído al que se le ha infligido el destino inexorable de no
conocer la paz. Si se me preguntara en qué consiste esa paz, sólo podría
sugerir la imagen de algo que sea transitorio para proporcionar la idea
de lo que es imperecedero. Conocéis la paz de un niño adormecido,
también sabéis algo de la paz que experimenta un hombre en sí mismo
cuando encuentra a la mujer amada, algo de la paz que encuentra el amigo
cuando mira a los ojos del amigo fiel; conocéis algo de la paz que
experimenta un niño en brazos de su madre, de la paz que reposa en
ciertos rostros maduros en la hora de la muerte; de la paz del sol
vespertino, de la noche que lo cubre todo y de las estrellas perennes;
conocéis algo de la paz de aquel que murió en la cruz. Pues bien, tomad
todo eso como signo caduco, como símbolo pobre de lo que puede ser la
paz de Dios. Estar en paz significa saberse seguro, saberse amado,
saberse custodiado; significa poder estar tranquilo, tranquilo del todo;
estar en paz con un hombre significa poder construir firmemente sobre la
fidelidad, significa saberse una sola cosa con él, saberse perdonados
por él. La paz de Dios es la fidelidad de Dios a pesar de nuestra
infidelidad.
En la paz de Dios nos sentimos seguros, protegidos y amados. Es cierto
que no nos quita del todo nuestras preocupaciones, nuestras
responsabilidades, nuestras inquietudes; pero por detrás de todas
nuestras agitaciones y de todas nuestras preocupaciones se ha levantado
el arco iris de la paz divina: sabemos que es él quien lleva nuestra
vida, que ésta forma unidad con la vida eterna de Dios.
Que Dios haga de nosotros hombres de su paz incomparable, hombres que
reposen en él, aun en medio del trastorno de las cosas del mundo, que
esta paz purifique y serene nuestras almas y que algo de la pureza y de
la luminosidad de la paz que Dios pone en nuestros corazones irradie en
otras almas sin paz; que nos convirtamos el uno para el otro, el amigo
para el amigo, el esposo para la esposa, la madre para el hijo, en
portadores de esta paz que viene de Dios (D. Bonhoeffer, Memoria e
fedeltá, Magnano 1995, pp. 146-149, passim).
|

Día 8
Lunes de la
segunda semana de pascua,
Anunciación
del Señor
La
catequesis ha hecho coincidir siempre anunciación y encarnación. Se puede
deducir una primera colocación de la memoria de la encarnación en la liturgia de
la edificación de una basílica constantiniana sobre la casa de María en Nazaret
en el siglo IV. Hay documentación irreprochable procedente del siglo VII de una
peculiar celebración litúrgica el 25 de marzo tanto en Oriente como en
Occidente.
La
reforma del calendario litúrgico romano de Pablo VI restableció la denominación
de anunciación del Señor, "celebración que era y es fiesta conjunta de Cristo y
de la Virgen: del Verbo que se nace Hijo de María y de la Virgen que se
convierte en madre de Dios" (Marialis cultus, 6).
LECTIO
Primera lectura: Isaías 7,10-14
En
aquellos días,
10
el Señor volvió a hablar a Ajaz y le dijo:
11
-Pide al Señor, tu Dios, una señal en lo hondo del abismo o en lo alto del
cielo.
12
Respondió Ajaz: -No la pido, pues no quiero poner a prueba al Señor.
13
Isaías dijo: -Escucha, heredero de David, os parece poco cansar a los hombres,
que queréis también cansar a mi Dios?
14
Pues el Señor mismo os dará una señal: Mirad, la joven está encinta y da a luz
un hijo, a quien pone el nombre de Enmanuel.
**•
Ajaz, joven rey de Jerusalén, débil, mundano y sin hijos, ve vacilar su trono a
causa de la presencia de ejércitos enemigos que hacen presión en los confines de
su reino. Qué puede hacer? Establecer alianzas humanas.
Isaías, sin embargo, le propone resolver el angustioso problema confiándose por
completo a Dios. Más aún, el profeta invita al rey a pedir una "señal"
(v. 11), como confirmación concreta de la asistencia divina en esta delicada
situación. Ajaz, sin embargo, rechaza la propuesta con motivaciones de falsa
religiosidad: "No lapido, pues no quiero poner a prueba al Señor" (v.
12). Isaías denuncia la hipocresía del rey, pero añade que, pese al rechazo,
Dios dará esa señal: "La joven está encinta y da a luz un hijo, a quien pone
el nombre de Enmanuel" (v. 14).
En lo
inmediato, las palabras del profeta se refieren a Ezequías, el hijo de Ajaz, que
la reina va a dar a luz y cuyo nacimiento fue considerado, en aquel particular
momento histórico, como presencia salvífica de Dios en favor del pueblo
angustiado. Sin embargo, yendo más al fondo, las palabras de Isaías son el
anuncio de un rey Salvador. En este oráculo de una "virgen que da a luz" la
tradición cristiana ha visto desde siempre el anuncio profético del nacimiento
de Jesús, hijo de María.
Salmo Responsorial
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Salmo 39
2
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi
grito:
4
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
5
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
7
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
no pides holocaustos ni
sacrificios expiatorios;
8
entonces yo digo: «Aquí estoy
9
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo
tu ley en las entrañas».
Segunda lectura: Hebreos 10,4-10
Hermanos:
4
es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los
pecados.
5
Por eso, al entrar en este mundo, dice Cristo: No has querido sacrificio ni
ofrenda, pero me has formado un cuerpo;
6
no has aceptado holocaustos ni sacrificios expiatorios.
7
Entonces yo dije Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. Así está
escrito de mí en un capítulo del libro.
8
En primer lugar dice: No has querido ni te agradan los sacrificios, ofrendas,
holocaustos ni víctimas por el pecado, que se ofrecen según la ley.
9
Después añade: Aquí vengo para hacer tu voluntad. De este modo anula la
primera disposición y establece la segunda.
10
Por haber cumplido la voluntad de Dios, y gracias a la ofrenda que Jesucristo ha
hecho de su cuerpo una vez para siempre, nosotros hemos
quedado consagrados a Dios.
**• La
perícopa está separada de su contexto. Éste intenta demostrar que el sacrificio
de Cristo es superior a los sacrificios del Antiguo Testamento y convencer de
ello. El autor de la carta relee ante todo el salmo 39 -empleado por la liturgia
de hoy como salmo responsorial- como si fuera una declaración de intenciones del
mismo Cristo al entrar en el mundo, o sea, cuando tomó carne y vino a habitar en
medio de nosotros (cf. Jn 1,14), es decir, en el acontecimiento de la
encarnación.
Y ésa
es la actitud obediencial peculiar del pueblo de la antigua alianza y de todo
piadoso cantor del salmo, a saber: la de un total "aquí vengo para hacer tu
voluntad".
La
encarnación como actitud obediencial se lleva a cabo el día de la anunciación
del Señor a María. El día del anuncio empieza la peregrinación mesiánica
finalizada con la donación del cuerpo de Cristo como sacrificio salvífico, nuevo
e innovador, único e indispensable, que se completa en "el sacrificio de la
cruz".
Evangelio: Lucas 1,26-38
En
aquel tiempo,
26
al sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada
Nazaret,
27
a una joven prometida a un hombre llamado José, de la estirpe de David; el
nombre de la joven era María.
28
El ángel entró donde estaba María y le dijo: -Dios te salve, llena de gracia, el
Señor está contigo.
29
Al oír estas palabras, ella se turbó y se preguntaba qué significaba tal saludo.
30
El ángel le dijo: -No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor.
31
Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús.
32
Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono
de David, su padre,
33
reinará sobre la estirpe de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin.
34
María dijo al ángel: -Cómo será esto, si yo no tengo relaciones con ningún
hombre?
35
El ángel le contestó: -El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo
te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará
Hijo de Dios.
36
Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de
seis meses la que todos tenían por estéril;
37
porque para Dios nada hay imposible.
38
María dijo: -Aquí está la esclava del Señor, que me suceda según dices. Y el
ángel la dejó.
*• La
autobiografía constituye una clave de lectura de la perícopa: Lucas, cronista
esmerado y atento oyente de los protagonistas, ha recibido probablemente
confidencias de María y las ha traducido en mensaje evangélico. En el diálogo
entre Dios -por medio del ángel Gabriel- y la muchacha de Nazaret resalta un
rasgo esencial: la relación viva entre lo divino y lo humano.
Semejante relación se desarrolla como un recorrido en el que la propuesta de lo
alto se va dilucidando poco a poco, porque el mensajero respeta -en una persona
humana como la muchacha de Nazaret- el carácter gradual de la comprensión de un
proyecto inesperado como fue la maternidad mesiánica, transversal a su proyecto
o situación del momento, que era la virginidad. La persona humana -María, la
virgen prometida como esposa a José- se asoma a este recorrido y entra
progresivamente en él, en la conciencia del mensaje, que pretende secundar
haciéndose disponible y adecuando a él su propio proyecto personal. La firma del
acuerdo relacional entre María y Dios es el disponible "aquí está la esclava
del Señor" (v. 38).
MEDITATIO
La
perícopa lucana resuena en la inmensa mayoría de las liturgias marianas. Su
puesto óptimo es precisamente la liturgia de la anunciación. Esta palabra parece
un tanto desusada, y la liturgia la conserva tal vez para acentuar la aureola de
solemnidad y misterio de un acontecimiento ciertamente único, irrepetible en su
sustancia, insólito.
Concentremos nuestra atención en las dos últimas lecturas, que se aproximan en
un estupendo paralelismo. En la Carta a los Hebreos, el hagiógrafo requiere o
interpreta el anuncio de Cristo; en Lucas, el evangelista narra el anuncio a
María. Cristo toma la iniciativa de declarar su propia intención; María recibe
una palabra que viene de fuera de ella y está repleta de las peticiones de Otro.
El paralelismo se transforma en coincidencia en la explicitación de la
disponibilidad de ambos para cumplir la voluntad divina; disponibilidad separada
por la calidad y la cantidad de conciencia, pero convergente en la finalidad de
la obediencia total al proyecto de Dios.
La
actitud obediencial aproxima ulteriormente a la madre y al hijo, María
"anunciada" y Jesucristo "anunciado": ambos pronuncian un "aquí estoy"; ambos se
expresan con casi idénticas palabras: "Hágase según tu palabra", "vengo para
hacer tu voluntad"; ambos entran en la fisonomía de "sierva" y de "siervo" del
Señor, lista sintonía anima a todo discípulo a la disponibilidad en el servir a
la Palabra de Dios, porque el Hijo mismo de Dios es siervo y porque la Madre de
Dios es sierva, y ambos lo son de una Palabra que salva a quien la sirve y que
produce salvación.
ORATIO
!Salve, santa María, humilde sierva del Señor, gloriosa madre de Cristo!
Virgen
fiel, seno sagrado del Verbo, enséñanos a ser dóciles a la voz del Espíritu; a
vivir en la escucha de la Palabra, atentos a sus llamadas en lo secreto del
corazón, vigilando sus manifestaciones en la vida de los hermanos, en los
acontecimientos de la historia, en el gemido y en el júbilo de la creación.
Virgen
de la escucha, criatura orante, acoge la oración de tus siervos.
CONTEMPLATIO
La
página evangélica del anuncio a María atestigua el estilo con el que Dios se
hace adelante para proponer y pedir disponibilidad a la persona humana, o sea,
al diálogo.
El
diálogo evangélico se desarrolla en la forma del don. El don de la alegría
("Alégrate, María"): la Palabra de Dios ofrece alegría. El don de la gracia
{"llena de gracia "; "has hallado gracia"). El don del aliento {"no
temas "): la delicadeza de Dios disuelve el miedo a él que revela un rostro
misericordioso, el miedo a su comprometedora palabra. El don de la vitalidad
{"concebirás y darás a luz un hijo"): el hijo es señal de vida y de futuro,
exigencia de custodia y de servicio, responsabilidad con la vida. El don del
Espíritu {"el Espíritu Santo descenderá sobre ti"): es el primer
pentecostés de María, y el Espíritu le indica la intención de posesión y
custodia de parte de Dios, la demanda de colaboración. El don de la fe ("porque
nada hay imposible para Dios"): palabra final, llave que abre la
disponibilidad consciente.
ACTIO
Repite y dirige hoy a los hermanos y hermanas el saludo evangélico:
"El
Señor esté contigo"
{cf.
Le
1,28).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Al
anuncio de que Dios salva, nosotros también podemos responder, como María, con
el fíat, "hágase". Pero hágase qué? Cúmplase en mí, pero qué cosa?
Cúmplase en mí la fe: que yo pueda creer. Creer que desde hace miles de años
Dios está en busca del hombre [...]. Fe en que Cristo es carne de esta carne
nuestra, destino de nuestro destino; que él es aquí, apacible y poderosa
energía; que él está más allá, horizonte y destino y flauta que nos llama a otro
lugar, y que con esta fe también nosotros podemos ser, al menos por un momento,
casa de Dios, llenos de gracia al menos por un momento; que también nosotros
podamos oírte decir: yo estaré contigo por donde vayas. El ángel nos repetirá
entonces a cada uno las tres palabras esenciales: alégrate, no temas, también en
ti va a nacer una vida (E. M. Ronchi, Dietro i mormoríí dell'arpa,
Sotto il Monte 1999, pp. 35ss). 
Día
9
|
Martes de la segunda semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 4,32-37
32 El grupo de los creyentes pensaba y sentía lo mismo, y nadie
consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común
todas las cosas.
33 Por su parte, los apóstoles daban testimonio con gran energía de
la resurrección de Jesús, el Señor, y todos gozaban de gran estima.
34 No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían
hacienda o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido,
35 lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno
según su necesidad.
36 Éste fue el caso de José, un levita nacido en Chipre, a quien
los apóstoles llamaban Bernabé, que significa "el que trae consuelo".
37 Éste tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a
disposición de los apóstoles.
**• Éste es el segundo "compendio", o cuadro recopilador, donde
Lucas presenta el nuevo estilo de vida de la Iglesia, fruto del
Espíritu. Se subraya aquí la comunión de bienes, descrita de un modo más
bien detallado. Aparecen dos prácticas de comunión: la primera consiste
en poner en común los propios bienes o comunión de uso. Cada uno
es propietario de sus bienes, pero se considera sólo administrador de
los mismos, poniendo el fruto de los mismos a disposición de todos. La
segunda práctica consiste en la venta de los bienes, seguida de la
distribución de lo recaudado. Esta distribución la hacen los apóstoles
después de que se deposita a sus pies el importe de la venta. Estas dos
prácticas de comunión no son las únicas: los Hechos de los Apóstoles
presentan otras. Pablo habla del trabajo de sus propias manos para
proveer a las necesidades de los suyos y de "los débiles"
(20,34s).
Lo que le importa a Lucas sobre todo es mostrar que las distintas
prácticas de comunión de bienes están arraigadas en una profunda
comunión de espíritus y de corazones. Del conjunto se desprende que
estamos en presencia de la comunidad mesiánica, heredera de las promesas
hechas a los padres: "No habrá ningún pobre entre los tuyos, porque
Yahvé te bendecirá abundantemente en la tierra que Yahvé tu Dios te da
en herencia para que la poseas, pero sólo si escuchas de verdad la voz
de Yahvé tu Dios" (Dt 15,4s).
Salmo Responsorial
El Señor reina, vestido de majestad.
Salmo 92,1ab.1c-2.5
El Señor reina,
vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder.
R/. El Señor reina, vestido de majestad
Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde
siempre, y tú eres eterno.
R/. El Señor reina, vestido de majestad
Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu
casa, Señor, por días sin término.
R/.
El Señor reina, vestido de majestad
Evangelio: Juan 3,7b-15
En aquel tiempo,
7 dijo Jesús a Nicodemo: "En verdad te digo: Tenéis que nacer de
lo nuevo.
8 El viento sopla donde quiere; oyes su rumor, pero no sabes ni de
dónde viene ni adonde va. Lo mismo sucede con el que nace del Espíritu".
9 Nicodemo replicó: - Cómo puede ser esto?
10 Jesús le contestó: - Tú eres maestro de Israel e ignoras estas
cosas?
11 Yo te aseguro que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio
de lo que hemos visto; pero vosotros rechazáis nuestro testimonio.
12 Si no me creéis cuando os hablo de las cosas terrenas, cómo vais
a creerme cuando os hable de las cosas del cielo?
13 Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es
decir, el Hijo del hombre.
14 Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el
desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto
15 para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
*" El diálogo de Jesús con Nicodemo se transforma aquí en un
monólogo ininterrumpido que el evangelista pone en los labios de Jesús.
Nos encontramos frente a palabras auténticas de Jesús y a testimonios
pospascuales fundidos por el autor en un solo discurso. Se trata de una
profesión de fe usada en el interior de la vida litúrgica de la Iglesia
joanea. En ella se contiene, en síntesis, la historia de la salvación.
El tema desarrolla lo que vimos en el fragmento de ayer, centrado
en el testimonio de Cristo, Hijo del hombre bajado del cielo, el único
que está en condiciones de revelar el amor de Dios por los hombres a
través de su propia muerte y resurrección (vv. 11-15). El evangelista
insiste ahora en la importancia de la fe. Si ésta no crece con la
revelación hecha por Jesús sobre su destino espiritual, cómo podrá ser
acogida la gran revelación relacionada con su éxodo pascual? Los hombres
deben dar crédito a Cristo, aunque ninguno de ellos haya subido al cielo
para captar los misterios celestiales, ya que sólo él, que ha bajado del
cielo (v. 13), está en condiciones de anunciar la realidad del Espíritu,
y es el verdadero puente entre el hombre y Dios. Sólo Jesús es el lugar
ideal de la presencia de Dios. Y esta revelación tendrá su cumplimiento
en la cruz, cuando Jesús sea ensalzado a la gloria, para que "todo el
que crea en él tenga la vida eterna" (v. 15).
La humanidad podrá comprender el escandaloso y desconcertante
acontecimiento de la salvación por medio de la cruz y curar de su mal,
como los judíos curaron en el desierto de las picaduras de las
serpientes mirando la serpiente de bronce (cf. Nm 21,4-9). El simbolismo
de la serpiente de Moisés afirma la verdad de que la salvación consiste
en someternos a Dios y dirigir nuestra mirada al Crucificado, verdadero
acto de fe que comunica la vida eterna (cf. Jn 19,37).
MEDITATIO
El texto de Hechos de los Apóstoles es uno de los más frecuentados
por parte de la tradición espiritual de la Iglesia. A partir del primer
monacato, en todos los momentos de crisis o de dificultades en la vida
cristiana se ha hecho referencia a este texto como a un modelo fundador
e insuperable de la vida de la Iglesia y, por consiguiente, como a una
piedra sobre la que es posible construir formas auténticas de vida
cristiana.
En este fragmento aparecen toda la fascinación y la nostalgia de la
fraternidad; más aún: de una Iglesia fraterna.
En un momento en el que parecen desaparecer otras perspectivas, he
aquí la posibilidad de retomar el camino del renacimiento a partir de la
fraternidad, la fuente inagotable del estilo de vida cristiano. La
novedad cristiana se expresa sobre todo en la fraternidad: a través de
comunidades fraternas, a través de una Iglesia fraterna, a través de una
mentalidad fraternal que busca por encima de todo crear relaciones
fraternas, como signo de la venida del Reino de Dios.
Qué lugar ocupa la fraternidad en mis preocupaciones? Qué
importancia tiene la construcción de la fraternidad en mi vida
espiritual? Es acaso mi espiritualidad una espiritualidad
individualista, de la que están prácticamente excluidos los hermanos y
las hermanas?
ORATIO
Señor, muéstrate bondadoso conmigo, que, de hecho, considero poco
importante la fraternidad. Estoy preocupado de que las cosas "funcionen"
y, así, encuentro el pretexto para olvidarme de que los otros son mis
hermanos, cuando no los convierto en meros instrumentos.
Estoy preocupado por mi salud y, así, me olvido de que los otros
también tienen sus problemas, quizás mucho más graves que los míos.
Estoy preocupado por el bien que debo hacer y, con frecuencia, no me
pregunto si lo hago de una forma fraterna, si lo hago de hermano a
hermanos.
Estoy preocupado por llevarte a los alejados y me olvido de los que
tengo cerca.
Señor, concédeme unos ojos y un corazón fraternos.
!Qué alejado ando de todo esto! Estoy alejado, y la mayoría de las
veces ni siquiera me doy cuenta, porque no me tomo en serio la
fraternidad: resulta demasiado poco gratificante, no me hace lucir, no
enciende mi fantasía, no me hace sentirme un héroe.
Señor, para hacer que yo quiera ser
de verdad hermano y hermana de mi prójimo, debes iluminarme de continuo
con tu palabra y tu Espíritu, como hiciste en los comienzos de tu
Iglesia.
CONTEMPLATIO
Nuestro Creador y Señor dispone todas las cosas de tal modo que si
alguien quisiera ensoberbecerse por el don que ha recibido, debe
humillarse por las virtudes de que carece. El Señor dispone todas las
cosas de tal modo que cuando eleva a uno mediante una gracia que ha
recibido, mediante una gracia diferente lo somete a otro. Dios dispone
todas las cosas de tal modo que mientras todas las cosas son de todos,
en virtud de cierta exigencia de la caridad, todo se vuelve de cada uno,
y cada uno posee en el otro lo que no ha recibido, de tal modo que cada
uno ofrece como don al otro lo que ha recibido.
Es lo que dice Pedro: "Que cada cual ponga al servicio de los
demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las
diversas gracias de Dios" (1 Pe 4,10) (Magno, Comentario moral a
Job, XXVIII, 22). Mulles
101
ACTIO
Repite con frecuencia y
vive hoy la Palabra:
"Reina, Señor, glorioso en medio de nosotros".
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El fin de una
comunidad no puede ser sólo ofrecer a sus componentes un sentimiento de
bienestar. Su objetivo y su significado son más bien hacer que todos los
miembros puedan incitarse unos a otros, día a día, a recorrer juntos el
camino de la confianza, con madurez, con lealtad y en medio de la
afectividad; que puedan aclarar los malentendidos que se producen; que
puedan resolver los conflictos y, sobre todo, que puedan arraigarse en
Dios. Y es que, en una comunidad, sólo podremos vivir bien a la larga si
dirigimos de continuo nuestra mirada a Dios como nuestra verdadera meta
y causa última de nuestra vida (A. Grün, A onore del cielo, come
segno per la tetra, Brescia 1999, p. 151).
|

Día 10
|
Miércoles de la segunda semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 5,17-26
17 En aquellos días, el sumo sacerdote y todos los de su partido,
es decir, el grupo de los saduceos, llenos de rabia
18 prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública.
19 Pero el ángel del Señor abrió por la noche la puerta de la
cárcel, los sacó les dijo:
20 - Id y anunciad al pueblo en el templo todo lo referente a este
estilo de vida.
21 Dóciles a este mandato, entraron de madrugada en el templo y se
pusieron a enseñar. Entre tanto, el sumo sacerdote y los de su partido
convocaron al Sanedrín y a todos los ancianos de Israel y mandaron a
buscarlos a la cárcel.
22 Pero, al llegar allá los alguaciles, no los encontraron; así que
se volvieron y les dieron este informe:
23 - Hemos encontrado la cárcel bien cerrada y a los guardias
custodiando las puertas, pero al abrir no hemos hallado a nadie dentro.
24 Al oír esto, el prefecto del templo y los jefes de los
sacerdotes se quedaron perplejos, pensando qué habría sido de ellos,
25 hasta que alguien llegó diciendo: - Los hombres que metisteis en
la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.
26
Entonces el prefecto fue con los alguaciles y trajo a los
apóstoles, aunque sin violencia, pues temían que el pueblo los
apedrease.
*•• La Palabra de Dios no puede estar aprisionada (cf. 2 Tim 2,9):
este episodio constituye una demostración de la verdad de esta
afirmación. La casta sacerdotal anda preocupada: no sólo está el furor
teológico que produce a los saduceos ver anunciada la resurrección, en
la que no creen, sino que a esto se añade también la envidia que
sienten, es decir, el temor a perder la influencia sobre el pueblo. Los
apóstoles, encarcelados, experimentan que "el ángel del Señor acampa
en torno a los que le temen y los salva" (Sal 34,8). Los salva para
que puedan ir al templo y ponerse a predicar "todo lo referente a
este estilo de vida".
Dios protege a los anunciadores del Evangelio. Cuando Dios quiere
una cosa, toda oposición humana resulta inútil y ridícula. En efecto, el
resto del relato está repleto de humor: Dios se ríe de sus adversarios,
según el Sal 2, citado en la plegaria comunitaria de los creyentes.
El gran despliegue de autoridad, dado que el Sanedrín está presente
esta vez al completo, sólo sirve para verificar la mofa divina: los
apóstoles no están en la cárcel, aunque en la cárcel todo se encuentra
en orden. Sin embargo, llega alguien a decir que están de nuevo
enseñando al pueblo. La mofa es completa, y el engorro crece de manera
desmesurada. En efecto, quién puede resistir a Dios?
Salmo Responsorial
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
Salmo 33,2-3.4-5.6-7.8-9
Bendigo al Señor
en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se
gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.
R/. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su
nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas
mis ansias.
R/. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se
avergonzará. El afligido invocó al Señor, él lo escuchó y lo salvó
de sus angustias.
R/. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.
R/.
Si el afligido invoca al Señor, él lo
escucha
Evangelio: Juan 3,16-21
16 En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca,
sino que tenga vida eterna.
17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para
salvarlo por medio de él.
18 El que cree en él no será condenado; por el contrario, el que no
cree en él ya está condenado por no haber creído en el Hijo único de
Dios.
19 El motivo de esta condenación está en que la luz vino al mundo y
los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque hacían el mal.
20 Todo el que obra mal detesta la luz y la rehuye por miedo a que
su conducta quede al descubierto.
21 Sin embargo, el que actúa conforme a la verdad se acerca a la
luz para que se vea que todo lo que él hace está inspirado por Dios.
**• La revelación puesta en marcha antes continúa subiendo en este
fragmento y llega hasta la fuente de la vida: es el amor del Padre el
que entrega al Hijo para destruir el pecado y la muerte. Entrevemos aquí
concadenadas dos categorías joaneas clásicas: el amor y el
juicio.
Los vv. 16s expresan una idea muy entrañable para Juan: el carácter
universal de la obra salvífica de Cristo, que tiene su origen en la
iniciativa misteriosa del amor de Dios por los hombres. El envío y la
misión del Hijo, fruto del amor del Padre por el mundo, son la
manifestación más elevada de un Dios que "es amor" (cf. 1 Jn
4,8-10).
Ésta es la elección fundamental del hombre: aceptar o rechazar el
amor de un Padre que se ha revelado en Cristo. Sin embargo, este amor no
juzga al mundo; es más, lo ilumina (v. 17).
Con todo, el amor que se revela entre los hombres, los juzga. Los
hombres, situados frente a la propuesta de salvación, deben tomar
posición manifestando sus libres opciones. Quien cree en la persona de
Jesús no es condenado, pero quien lo rechaza y no cree en el nombre del
Hijo de Dios hecho hombre ya está condenado (v. 18). Y la causa de la
condena es una sola, a saber: la incredulidad, mantener el corazón
cerrado y sordo a la Palabra de Jesús. Al final de esta revelación, a la
que Jesús ha llevado a Nicodemo -y, con él, a todos los hombres-, al
discípulo no le queda otra cosa que hacer suya la invitación a la
conversión y al cambio radical de vida. La luz de Jesús es tan
penetrante que derriba toda seguridad humana y todo orgullo, hasta el
más escondido. Quien acepta a la persona de Jesús y deja sitio a un amor
que lo trasciende encuentra lo que nadie Puede conseguir por sí mismo:
poseer la verdadera vida.
MEDITATIO
Quién puede detener la Palabra? Dios está dispuesto a hacer
prodigios en favor de los anunciadores de su Palabra porque es palabra
de vida. Pero pensamos a veces: "Por qué no los hace también hoy? No son
necesarias también hoy las intervenciones milagrosas para hacer salir la
Palabra del pequeño grupo, del gueto a veces, de los ya no tan numerosos
fieles?". Sin embargo, será bueno señalar que el Señor no preserva de la
cárcel a los anunciadores, sino que los libera, con mayor o menor
rapidez, de ella. La impotencia de la Palabra dura una noche, en
ocasiones años, a veces épocas, pero la Palabra avanza irresistible
"hasta los confines de la tierra".
A los que gemían bajo la bola del comunismo les parecía que había
terminado la época de la fe. En aquellas regiones sólo quedaban unos
pocos viejos, los jóvenes parecían irremisiblemente perdidos para la fe
y el futuro se presentaba oscuro. Después, de improviso, vino el
hundimiento del régimen comunista. Ya ha sucedido innumerables veces a
lo largo de la historia.
Constantino llegó después de la más violenta de todas las
persecuciones. Una persecución que parecía poner en duda la misma
existencia del cristianismo. Hay tantas formas de prisión como de
liberación. El Señor va acompañando el camino de su palabra y, de
diferentes modos, se hace presente a sus anunciadores, acampando junto a
ellos y liberándolos de las presiones externas e internas.
ORATIO
Debo convencerme, Señor, de que, cuando tú quieres algo, eres
irresistible. Pero no debo inquietarme ni tener miedo, ni deprimirme, ni
rendirme. Cuando tu Palabra parece encadenada, cuando tus anunciadores
parecen encarcelados en un gueto, no puedo perder la confianza en tu
poder, aunque ésta sea quizás la tentación más peligrosa de hoy.
Concédeme la certeza interior de que tú estás con tus anunciadores
y los asistes; la certeza interior de que yo debo anunciar; de que me
pides el anuncio, no el éxito.
Y es que el éxito te lo reservas para ti mismo, cuando quieres
abrir las puertas de los corazones, cuando quieres preparar un nuevo
público y un nuevo pueblo, cuando decides que tu Palabra debe
reemprender la carrera por el mundo, el mundo geográfico y el mundo de
los corazones.
Concédeme, Señor, no dudar nunca de tu ilimitado poder, estar
convencido de que debo sembrar siempre tu Palabra, sin "adaptarla"
demasiado, para que quizás sea mejor aceptada y acogida. Hazme humilde,
confiado, fiel dispensador de tu Palabra en todo momento y
circunstancia, incluso cuando siembro encerrado en la cárcel de mi
aislamiento.
CONTEMPLATIO
Las almas sencillas no necesitan medios complicados: dado que yo me
encuentro entre ellas, una mañana, durante mi acción de gracias, el
Señor Jesús me dio un medio sencillo para llevar a cabo mi misión. Me
hizo comprender este pasaje del Cantar de los Cantares: "Atráenos,
nosotros correremos al olor de tus perfumes".
Oh Jesús, no es preciso decir por tanto: "Atrayéndome, atrae a
las almas que yo amo". Esta sencilla palabra, "atráeme",
basta. Señor, ahora lo comprendo: cuando un alma se deja cautivar por el
olor embriagador de tus perfumes, no puede correr sola, sino que todas
las almas que ama son arrastradas tras ella. Y eso es algo que sucede
sin presiones, sin esfuerzos. Es una consecuencia natural de su
atracción hacia ti (Teresa del Niño Jesús).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen y los salva"
(Sal 34,8).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
La Buena Noticia se convierte en mala noticia cuando es anunciada sin
paz ni alegría. Todo el que proclama el amor de Jesús, que perdona y
cura, con un corazón amargado es un falso testigo.
Jesús es el salvador del mundo. Nosotros, no. Nosotros estamos llamados
a dar testimonio, siempre con nuestra vida y, en ocasiones, con nuestras
palabras, de las grandes cosas que Dios ha hecho en favor de nosotros.
Ahora bien, ese testimonio debe proceder de un corazón dispuesto a dar
sin recibir nada a cambio.
Cuanto más confiemos en el amor incondicionado de Dios por nosotros, más
capaces seremos de anunciar el amor de Jesús sin condiciones internas ni
externas (H. J. M. Nouwen, Pane per !I viaggio, Brescia 1997, p.
239 [trad. esp.: Pan para el viaje, PPC, Madrid 1999]).
|

Día 11
|
Jueves de la segunda semana de pascua,
San Estanislao
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 5,27-33
27 En aquellos días, los guardias hicieron entrar a los apóstoles
para que comparecieran ante el Sanedrín, y el sumo sacerdote les
preguntó:
28 - No os prohibimos terminantemente enseñar en nombre de ése? Y,
sin embargo, habéis llenado Jerusalén con vuestras enseñanzas y queréis
hacernos responsables de la muerte de ese hombre.
29 Pedro y los apóstoles respondieron: - Hay que obedecer a Dios
antes que a los hombres.
30 El Dios de nuestros antepasados ha resucitado a Jesús, a quien
vosotros matasteis colgándolo de un madero.
31 Dios lo ha exaltado a su derecha como Príncipe y Salvador para
dar a Israel la ocasión de arrepentirse y de alcanzar el perdón de los
pecados.
32 Nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le
obedecen somos testigos de todo esto.
33 Ellos, enfurecidos por tales palabras, querían matarlos.
*•
Es el cuarto discurso de Pedro, también delante del Sanedrín. En él
responde a la doble acusación de haber desobedecido la prohibición
terminante de "enseñar en nombre de ése" y haber hecho a los
notables del pueblo responsables de la muerte de Jesús. Es preciso
señalar la alergia que sienten los miembros del Sanedrín hacia "el
nombre de ése", nombre en torno al cual se está llevando a cabo el
giro decisivo.
Las características de este breve discurso pueden ser resumidas de
este modo: en primer lugar, Pedro reafirma el deber de someterse a Dios
antes que a los hombres, porque sólo a quien se somete a Dios se le
concede el Espíritu Santo (v. 32). En segundo lugar, a Jesús se le
vuelve a llamar, una vez más, "Príncipe" (o autor o iniciador) y
"Salvador". Jesús es el nuevo Moisés que guía al pueblo hacia la
liberación y la salvación. En tercer lugar, la obra propia y originaria
de este Príncipe y Salvador consiste en "dar a Israel la ocasión de
arrepentirse y de alcanzar el perdón de los pecados".
Se trata de una alusión a Jeremías: "Pondré mi Ley en su
interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos
serán mi pueblo" (31,33). Gracias a Jesús, Príncipe y Salvador, han
llegado los tiempos de este don sublime. Por último, el Espíritu Santo
es el garante de la autenticidad del testimonio tanto en favor de la
vida nueva como de la certeza y el valor que infunde y de los prodigios
que realiza. La reacción, de rabia, es preocupante: tras la eliminación
física del Nazareno, se piensa también en la de los apóstoles.
Salmo Responsorial
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
Salmo 33,2.9.17-18.19-20
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi
boca. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge
a él.
R/.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
El Señor se
enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias.
R/.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
El Señor
está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el
justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor.
R/.
Si el afligido invoca al Señor, él lo
escucha
Evangelio: Juan 3,31-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
31 El que viene de lo alto está sobre todos. El que tiene su origen
en la tierra es terreno y habla de las cosas de la tierra; el que viene
del cielo
32 da testimonio de lo que ha visto y oído; sin embargo, nadie
acepta su testimonio.
33 El que acepta su testimonio reconoce que Dios dice la verdad,
34 porque cuando habla aquel a quien Dios ha enviado, es Dios mismo
quien habla, ya que Dios le ha comunicado plenamente su Espíritu.
35 El Padre ama al Hijo y le ha confiado todo.
36 El que cree en el Hijo tiene la vida eterna, pero quien no lo
acepta no tendrá esa vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.
*" La perícopa con que concluye Jn 3 recoge en una síntesis la
reflexión del evangelista, expresada con una sucesión de dichos de Jesús
muy estimados por la Iglesia joanea. El tema central sigue siendo la
figura de Jesús, único revelador del Padre y dador de vida eterna a
través del Espíritu. El discípulo está invitado por la Palabra de Dios a
comprobar su propia relación con Jesús. Esto se lleva a cabo a la luz
del ejemplo del Bautista, que renunció a sí mismo y se abrió con alegría
a Cristo.
Cristo es "el que viene de lo alto" (v. 31a): pertenece al
mundo divino y es superior a todos los hombres. El hombre, sin embargo,
aun cuando sea un gran profeta como el Bautista, "es terreno" (v.
31b) y sigue siendo un ser terreno y limitado. En consecuencia, sólo
Jesús puede hablar de Dios al hombre por experiencia directa. Ahora
bien, incluso ante estas palabras de vida eterna que revela Jesús, se
niegan los hombres a creer. Con todo, existe un "resto" que vive de la
fe: son los creyentes que confiesan "que Dios dice la verdad" (v.
33).
Su fe es la que confirma que el obrar de Jesús forma unidad con el
del Padre. Ahora bien, Cristo no es sólo la revelación de la Palabra de
Dios: es la Palabra misma, es "Espíritu y vida" (Jn 6,63). Esta
realidad profunda del ser de Jesús hace que no sólo sea el que recibe
todo del Padre, sino también el que transmite a su vez cuanto
posee. Es el canal a través de cual se da el Espíritu.
Cómo comunica Jesús este don? A través de su Palabra, cuando se
deja que ella penetre en el interior del hombre, es como se da el
Espíritu de Dios de una manera sobreabundante. Las palabras de Jesús y
el Espíritu de Dios están en perfecta correspondencia.
MEDITATIO
Todos los discursos de Pedro concluyen con la promesa de la
remisión de los pecados para aquellos que se conviertan. La obra de
Jesús se presenta aquí como la del iniciador y salvador destinado a dar
a Israel la gracia de la conversión y de la remisión de los pecados.
Esto nos hace pensar: por qué este tema está desapareciendo de la
predicación y de la conciencia de no pocos cristianos? Presentar la
salvación como perdón de los pecados está, por lo menos, fuera de
moda. No se usa mucho. Sin embargo, para quien tiene el sentido de Dios,
para quien se da cuenta de la importancia decisiva que tiene estar en
comunión con él, para quien siente la experiencia de la tragedia que
supone estar lejos de él, para quien se toma en serio el hecho de que,
en definitiva, lo que cuenta es estar en amistad y en comunión con Dios,
el perdón de los pecados se presenta como el hecho decisivo de la vida.
Quién no es pecador? Quién no tiene necesidad de perdón? Quién es
más "salvador" que aquel que, al perdonar, restablece la amistad con
Dios? Presentar la obra de Jesús como ligada al perdón de los pecados,
significa presentarla como la de alguien que restablece la comunión
filial, amistosa, tranquilizadora, beatificante, con Dios. Ése es el
inicio de cualquier otro bien mesiánico.
Qué se puede construir sin este fundamento? Estar lejos de Dios,
sentirnos no aceptados por él, sentirnos ajenos a nuestro origen y a
nuestro fin: se puede llamar a eso vida? Por eso anuncia Pedro a Jesús
como alguien que ha sido exaltado por Dios con el poder de ofrecer el
don del restablecimiento de la amistad entre el angustiado corazón del
hombre y el-ardiente corazón del Padre.
ORATIO
Te doy gracias, Señor, por haber hecho que me encontrara hoy con
esta Palabra que me recuerda el don del perdón de los pecados. Me olvido
demasiado pronto de las veces que me has perdonado, de la alegría de
sentirme reconciliado por ti y contigo. En el intento de "actualizar" la
palabra salvación para hacerla comprensible y aceptable por los
otros, por los hermanos que considero distraídos por las excesivas cosas
de este mundo, corro el riesgo de olvidarme de que la salvación, si bien
se refleja también en este mundo, consiste fundamentalmente en estar y
en sentirse en comunión contigo. Para nosotros, pecadores, eso
incluye y presupone que tú perdonas nuestros pecados.
Señor, ilumíname para que sepa hablar de tu salvación en términos
comprensibles, pero, al mismo tiempo, no me olvide del núcleo
insustituible de esta realidad que es estar unido contigo. Haz, sobre
todo, que no pierda la esperanza de tenerte como amigo benévolo cuando,
oprimido por mis culpas, me dirija tembloroso a ti: muéstrame entonces
tu rostro benigno de salvador y dame tu Espíritu "para el perdón de
los pecados".
CONTEMPLATIO
El vigor de la conversión es el ardor de la caridad derramada en
nuestros corazones con la visita del Espíritu Santo. Está escrito de
este mismo Espíritu que es el perdón de los pecados. En efecto, cuando
se digna visitar el corazón de los justos, los purifica con gran poder
de toda la impureza de sus pecados, porque, apenas se derrama en el
alma, suscita en ella de manera inefable el odio a los pecados y el amor
a las virtudes. Hace que el alma odie de inmediato lo que amaba, ame
ardientemente aquello por lo que sentía horror y gima intensamente por
lo uno y lo otro, porque se acuerda de haber amado -para su condena- el
mal y odiado el bien que ama. En efecto, quién se atreverá a decir que
un hombre, aunque esté cargado con el peso de todo tipo de pecados,
pueda perecer si es visitado por la gracia del Espíritu Santo? (Gregorio
Magno, Comentario al libro primero de los reyes, II, 107).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Bienaventurado el hombre que se refugia en el Señor"
(cf. Sal 2,12c).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
De qué modo trabajamos para la reconciliación? En primer lugar y sobre
todo, reivindicando para nosotros mismos el hecho de que Dios nos ha
reconciliado consigo en Cristo. Pero no basta con creer esto con nuestra
cabeza. Debemos dejar que la verdad de esta reconciliación penetre en
todos los rincones de nuestro ser. Hasta que no estemos plena y
absolutamente convencidos de que hemos sido reconciliados con Dios, de
que estamos perdonados, de que hemos recibido un corazón nuevo, un
espíritu nuevo, unos ojos nuevos para ver y unos nuevos oídos para oír,
continuaremos creando divisiones entre la gente, porque esperaremos de
ella un poder de curación que no posee.
Sólo cuando confiemos plenamente en el hecho de que pertenecemos a Dios
y podemos encontrar en nuestra relación con Dios todo lo que necesitamos
para nuestra mente, nuestro corazón, nuestra alma, podremos ser libres
de verdad en este mundo y ser ministros de la reconciliación. Esto es
algo que no resulta fácil; muy pronto volvemos a caer en la duda y en el
rechazo de nosotros mismos. Necesitamos que se nos recuerde
constantemente a través de la Palabra de Dios, de los sacramentos y del
amor al prójimo que estamos reconciliados de verdad (H. J. M. Nouwen,
Pane per il viaggio, Brescia 1997, p. 385 [trad. esp.: Pan para
el viaje, PPC, Madrid 1999]).
|

Día 12
|
Viernes de la segunda semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 5,34-42
En aquellos días,
34 un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley y respetado por
todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera a los
acusados unos momentos
35 y dijo: - Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con estos
hombres.
36 Porque hace algún tiempo apareció un tal Teudas con la
pretensión de ser alguien importante, y le siguieron unos cuatrocientos
hombres, pero fue ejecutado y todos lo que lo seguían se dispersaron.
37 Después de éste, surgió Judas el Galileo en los días del
empadronamiento, y arrastró detrás de sí al pueblo, pero también él
pereció y todos sus secuaces se dispersaron.
38 En este caso mi consejo es que no os preocupéis de estos hombres
y los dejéis en paz, porque, si su empresa y su obra son humanas, se
desvanecerán,
39 pero si proceden de Dios no podréis destruirlas. No corráis el
riesgo de luchar contra Dios.
40 Hicieron llamar a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron
hablar en el nombre de Jesús y los soltaron.
41 Ellos salieron de la presencia del Sanedrín gozosos de haber
merecido tal ultraje por causa de aquel nombre.
*"• Lucas presenta siempre a los fariseos bajo una luz favorable.
De Gamaliel dice que es fariseo, es decir, uno de los que, además de
llevar una vida observante, creen en la resurrección. La intervención
del doctor de la Ley se muestra prudente y resulta decisiva. A partir de
dos ejemplos de rebeliones, citados asimismo por el historiador Flavio
Josefo, que acabaron al poco de empezar, enuncia un principio de no
intervención, en nombre de la constante intervención de Dios en
favor de su pueblo. No se puede ir contra el obrar divino mediante una
intervención humana.
Los apóstoles quedan en libertad después de –como Jesús- haber sido
azotados. Es digna de señalar la alegría que sienten por haber merecido
ese ultraje por amor al Nombre. Aparece aquí un eco de la realización de
la bienaventuranza de los perseguidos: "Bienaventurados seréis cuando
los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban
vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre" (Lc 6,22).
Pero hemos de señalar también que aquí se habla del Nombre en absoluto
para indicar a Jesús. En el judaísmo se empleaba la expresión "el
Nombre" para decir "Dios". Los Hechos de los Apóstoles llevan a cabo
está atrevidísima sustitución para expresar que Dios obra en Jesús, que
Dios se identifica con él.
Más aún: el hecho de que los apóstoles enseñen en el templo
significa que, a pesar de las incomprensiones y los abusos de poder de
las autoridades, la Iglesia de Jerusalén se consideraba aún en el ámbito
del judaísmo.
Ahora diríamos: era aún una "corriente", una "secta" del judaísmo.
Éste, en aquel período, se mostraba, teniendo en cuenta todos los
elementos, más bien tolerante. Hasta que llegó el ciclón Esteban, que
obligó a dar un decisivo y doloroso giro, aunque vital.
Salmo Responsorial
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
Salmo 26,1.4.13-14
El Señor es mi luz y
mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
R/. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del
Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.
R/. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.
R/.
Una cosa pido al Señor: habitar en su
casa
Evangelio: Juan 6,1-15
1 Algún tiempo después, Jesús pasó al otro lado del lago de
Tiberíades.
2
Lo seguía mucha gente, porque veían los signos que hacía con los
enfermos.
3 Jesús subió a un monte y se sentó allí con sus discípulos.
4 Estaba próxima la fiesta judía de la pascua.
5 Al ver aquella muchedumbre, Jesús dijo a Felipe: - Dónde
podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?
6 Dijo esto para ver su reacción, pues él ya sabía lo que iba a
hacer.
7 Felipe le contestó: - Con doscientos denarios no compraríamos
bastante para que a cada uno de ellos le alcanzase un poco.
8 Entonces intervino otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de
Simón Pedro, diciendo:
9 - Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos
peces, pero qué es esto para tanta gente?
10 Jesús mandó que se sentaran todos, pues había mucha hierba en
aquel lugar. Eran unos cinco mil hombres.
11 Luego tomó los panes y, después de haber dado gracias a Dios,
los distribuyó entre todos. Hizo lo mismo con los peces y les dio todo
lo que quisieron.
12 Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: -
Recoged lo que ha sobrado, para que no se pierda nada.
13 Lo hicieron así, y con lo que sobró de los cinco panes llenaron
doce cestos.
14 Cuando la gente vio aquel signo, exclamó: - Este hombre tiene
que ser el profeta que debía venir al mundo.
15 Jesús se dio cuenta de que pretendían proclamarlo rey. Entonces
se retiró de nuevo al monte él solo.
**• El milagro de la multiplicación de los panes introduce, de
manera simbólica, en el magno "discurso del pan de vida" y está situado
en el centro de la actividad pública de Jesús. Se trata de un signo
querido por el Maestro para revelarse a sí mismo. Sin embargo, Juan
presenta el signo como el nuevo milagro del maná (cf. Ex 16), hecho por
Jesús, nuevo Moisés, en un nuevo Éxodo, y como símbolo de la eucaristía,
cuya institución durante la última cena, a diferencia de los sinópticos,
no cuenta el cuarto evangelio.
El fragmento manifiesta un significado cristológico y sacramental
preciso. Este sentido no es tanto saciar el hambre de la muchedumbre,
como revelar la gloria de Dios en Jesús, Palabra hecha carne. El texto
está dividido de este modo: a) introducción histórica (vv. 1-4); b)
diálogo entre Jesús y los discípulos (vv. 5-10); c) descripción del
signo-milagro (vv. 11-13); d) incomprensión de la muchedumbre y soledad
de Jesús, que se retira a rezar en el monte (vv. 14s).
Para Juan, Jesús es aquel en quien se cumple el pasado y se
realizan todas las esperanzas de Israel. En efecto, el pan que el
Maestro va a dar al pueblo perfecciona -superándola- la pascua judía y
pone el gran milagro bajo el signo del banquete eucarístico cristiano.
Jesús habla, en primer lugar, a la gente que le sigue de la nueva
alianza con Dios y de la vida eterna (a la que está destinada la
humanidad). A continuación, toma la iniciativa y llama la atención del
apóstol Felipe sobre la dificultad del momento. La solución humana no
basta para saciar las necesidades del hombre (v. 7). Es Jesús quien va a
satisfacer en plenitud todas las necesidades.
El alimento se multiplica en sus manos. Todos quedan alimentados
hasta tal punto que, por indicación de Jesús, se recoge lo que ha
sobrado en doce cestos "para que no se pierda nada" (vv. 12s).
Con el signo del pan, Jesús se presenta como el Mesías esperado que
sacia el hambre de su pueblo sin bajar a compromisos con el proyecto que
el Padre ha trazado.
MEDITATIO
La intervención de Gamaliel resulta al final favorable a los
apóstoles. Su principio de no intervención -si la novedad no es de Dios,
no durará; y si es de Dios, es inútil oponerse a ella- se cita con
frecuencia como ejemplo de consejo sabio y prudente. Aunque no siempre
está dictado por la sabiduría, porque puede meterse por medio la pereza,
cierto deseo de vivir tranquilo, de dejar correr las cosas -incluso se
podría incurrir en fatalismo-, sin embargo, cuando está dictado por un
espíritu de fe en el Dios que obra en la historia, es, a buen seguro, un
hecho positivo.
Es preciso poner en circulación, al menos en circunstancias
parecidas, el criterio sugerido por Gamaliel, especialmente en
Occidente, donde todo parece depender de nosotros y donde, hasta en las
cosas de Dios, es el principio de la eficiencia el que dicta la ley. Es
necesario adquirir de nuevo el sentido de Dios, que obra de continuo,
que puede obrar, que está presente tanto en los fenómenos grandes como
en los pequeños. Es necesario que seamos más humildes frente a los
problemas de la salvación. En ellos el protagonista es Dios; nosotros
somos sólo pobres y pequeños colaboradores.
Lo que se nos pide es que no "arruinemos" los planes de Dios, que
discernamos más bien, con humildad, su acción, para secundarla, no para
ponernos por encima de ella.
ORATIO
!Qué presuntuoso y ciego soy, Señor, con mis programas, mis planes,
mis organigramas, mis proyectos, mis proyecciones, mi organización! Me
ocurre a menudo, Señor, que intento administrar tu "empresa" de
salvación como si me perteneciera y debiera obtener de ella la mayor
utilidad posible. Cautivado del todo por mi afán de eficiencia, me
olvido de preguntarme sobre lo que estás haciendo, me olvido de
preguntar lo que estás llevando a cabo.
Y así, sin darme cuenta, quisiera que tú entraras en mis planes. Y,
así, tus sorpresas -!que son muchas!- me inquietan y me turban.
Concédeme el espíritu de sabiduría y de discernimiento para que sea
capaz de encontrar el justo camino entre lo que debo dejarte hacer a ti
y lo que a mí me corresponde. Concédeme hoy, sobre todo, la humildad
necesaria para aceptar lo que tú quieres y para secundar de
corazón tus planes, misteriosos con frecuencia, pero siempre
infalibles.
CONTEMPLATIO
Os suplico que os establezcáis totalmente en Dios para todos
vuestros asuntos, sin fiaros de vuestro poder o saber, ni tampoco de la
opinión humana. Con esta condición, os considero armados contra todas
las grandes adversidades espirituales y corporales que os puedan
sobrevenir.
En efecto, Dios sostiene y fortifica a los humildes, especialmente
a aquellos que, en las cosas pequeñas y bajas, han visto sus debilidades
como en un claro espejo y se han vencido. Cuando esos hombres se sienten
presa de tribulaciones superiores a todas las que han conocido, nada
puede derrumbarlos, porque tienen la seguridad, en virtud de la grandeza
de su confianza en Dios, de que nada puede acontecerles sin su permiso y
sin su consentimiento (Francisco Javier).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Espera en el Señor y sé fuerte"
(Sal 26,14a).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Una lectura espiritual no significa sólo leer sobre personas o cosas
espirituales. Es también leer espiritualmente, es decir, de manera
espiritual, a saber: leer con el deseo de que Dios venga más cerca de
nosotros.
La mayoría de nosotros lee para adquirir conocimiento o para satisfacer
su propia curiosidad. El fin de la lectura espiritual, sin embargo, no
es apoderarse del conocimiento o de la información, sino dejar que el
Espíritu de Dios señoree sobre todos nosotros. Por muy extraño que pueda
parecer, la lectura espiritual significa dejar que Dios nos lea.
Podemos leer con curiosidad la historia de Jesús y preguntarnos: "Ha
sucedido de verdad? Quién ha compuesto esta historia y cómo lo ha
hecho?". Pero también podemos leer la misma historia con atención
espiritual y preguntarnos: "De qué modo me habla Dios aquí y me invita a
un amor más generoso?". Podemos leer las noticias de cada día
simplemente para tener algo de que hablar en nuestro trabajo. Pero
también podemos leerlas para hacernos más conscientes de la realidad del
mundo, que tiene necesidad de las palabras y de la acción salvífica de
Dios. El problema no es tanto lo que leamos, sino cómo leamos. La
lectura espiritual es una lectura que se hace prestando una atención
interior al movimiento del Espíritu de Dios en nuestra vida exterior e
interior. Esta atención permitirá que Dios nos lea y nos explique lo que
verdaderamente estamos naciendo (H. J. M. Nouwen, Vivere nello
Spirito, Brescia 1998", 64s).
|

Día 13
|
Sábado de la segunda semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 6,1-7
6,1 En aquellos días, debido a que el grupo de los discípulos era
muy grande, los creyentes de origen helenista murmuraron contra los de
origen judío, porque sus viudas no eran bien atendidas en el suministro
cotidiano.
2 Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: -
No está bien que nosotros dejemos de anunciar la Palabra de Dios para
dedicarnos al servicio de las mesas.
3 Por tanto, elegid de entre vosotros, hermanos, siete hombres de
buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales
encomendaremos este servicio
4 para que nosotros podamos dedicarnos a la oración y al
ministerio de la Palabra.
5 La proposición agradó a todos, y eligieron a Esteban, hombre
lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón,
Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía.
6 Los presentaron ante los apóstoles, y ellos, después de orar,
les impusieron las manos.
7 La Palabra de Dios se extendía, el número de discípulos
aumentaba mucho en Jerusalén e incluso muchos sacerdotes se adherían a
la fe.
** Los problemas cotidianos de la joven comunidad obligan a tomar
nuevas decisiones. Se trata de una murmuración, de un descontento: los
apóstoles se lo toman en serio y lo resuelven. Hay, en primer lugar, un
problema económico: probablemente son las viudas de los hombres
de la diáspora, que han venido a pasar los últimos años de su vida a
Jerusalén y se han quedado ahora sin apoyo familiar. Se trata de una
necesidad real, y tiene que ser afrontada con sano realismo. Pero debía
de haber también un problema cultural: los helenistas hablan
griego, leen la Biblia en la traducción griega de los Setenta, tienen
una sensibilidad diferente. Es preciso disponer una estructura completa
para ellos, dotada de asistencia espiritual y material.
El pasaje tiene en cuenta estos dos aspectos: los "Siete", en
realidad, son destinados tanto al servicio de la Palabra como al de las
mesas. Aparecen como una organización eclesiástica "sectorial", como una
especie de "clero indígena" para aquellos que tienen una lengua, una
cultura y una situación económica diferentes de los judeocristianos de
Palestina.
Salmo Responsorial
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de
ti.
Salmo 32,1-2.4-5.18-19
Aclamad, justos,
al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al
Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre
nosotros, como lo esperamos de ti
La palabra del Señor es
sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el
derecho, y su misericordia llena la tierra.
R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre
nosotros, como lo esperamos de ti
Los ojos del Señor están
puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para
librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
R/.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre
nosotros, como lo esperamos de ti
Evangelio: Juan 6,16-21
16 A la caída de la tarde, los discípulos bajaron al lago,
17 subieron a una barca y emprendieron la travesía hacia Cafarnaún.
Era ya de noche y Jesús no había llegado.
18 De pronto se levantó un viento fuerte que alborotó el lago.
19 Habían avanzado unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús, que
se acercaba a la barca caminando sobre el lago, y les entró mucho miedo.
20 Jesús les dijo: - Soy yo. No tengáis miedo.
21 Entonces quisieron subirlo a bordo y, al instante, la barca tocó
tierra en el lugar al que se dirigían.
*" Si el milagro de los panes tiene la finalidad de revelar a Jesús
como Mesías y profeta escatológico, el signo del Señor caminando sobre
las aguas, destinado sólo a los discípulos, tiene como finalidad
hacerles comprender la divinidad de Jesús, prevenirles ante el escándalo
de la muchedumbre e impedir su defección.
Los discípulos están en la barca, ya es de noche. Han remado
fatigosamente y luchado contra las dificultades del momento, cuando ven
a Jesús caminando sobre el lago, y les entra mucho miedo (v. 19). La
confrontación con el Maestro constituye para ellos un examen de
conciencia y una llamada a superar sus cortas miras y a confiar en el
misterio del hombre-Jesús. Con las palabras "Soy yo. No tengáis
miedo" (v. 20), Jesús los tranquiliza y se hace reconocer
revelándose como el Señor en quien reside la presencia poderosa y
salvífica de Dios; es decir, se autorrevela a sus discípulos no sólo
como Mesías que sacia su hambre, sino como persona divina que, una vez
más, va a su encuentro con amor. A continuación, en el momento en el que
los discípulos acogen a Jesús y aceptan reconocer su identidad en un
ámbito superior, llegan de inmediato a la orilla a la que se dirigían
(v. 21). Jesús es el lugar de la presencia de Dios entre los hombres.
Bajo el rostro humano de Jesús se ocultan su misterio y su identidad.
Quien sabe leer en la persona del Nazareno la manifestación misma de un
Dios que ama, se convierte en su discípulo y permanece unido al Profeta
de Galilea, a pesar del halo inaccesible que envuelve a su persona.
MEDITATIO
El cuadro idílico de la comunidad "con un solo corazón y una
sola alma", dibujado en las primeras páginas de los Hechos de los
Apóstoles, parece oscurecerse de improviso. Surgen las primeras
tensiones. Pero el realismo de Lucas sale airoso del reto: los problemas
existen; hasta en las comunidades más perfectas hay problemas. Las
tensiones y los problemas han de sido afrontados de una manera creativa
y comunitaria. Pero, sobre todo, no deben bloquear la comunidad con
disputas perennes, no deben impedir la difusión del Evangelio.
Todo ha de ser considerado con una mirada positiva; hasta el
descontento, que ha de ser tomado en serio porque oculta problemas
serios.
Los apóstoles no consideran el descontento y la crítica como un
gesto de rebelión, sino como el síntoma de un problema al que hay que
hacer frente y resolverlo. Es un signo de sabiduría y de prudencia que
no siempre se ha repetido en la historia de la Iglesia, con notables
consecuencias.
Hace falta una gran libertad y un gran desprendimiento, además de
clarividencia, por parte de quien posee la autoridad, para hacer frente
a las dificultades con espíritu creativo. Es preciso tener el sentido de
la fraternidad cristiana, capaz de escuchar, de dialogar, de buscar
juntos soluciones más avanzadas, que correspondan mejor a las nuevas
situaciones. Los apóstoles nos dan aquí un ejemplo de flexibilidad y de
guía sabia de la comunidad.
ORATIO
!Cuántos problemas surgen, Señor, cada día! !Cuántas tensiones! !Y
qué difícil resulta solucionarlas! A menudo, cuando me siento víctima,
tengo la tentación de agredir y de atacar a quien posee la autoridad,
mientras que cuando soy yo quien cargo con ella siento la tentación de
considerar a los que critican como eternos insatisfechos, como gente
imposible de contentar, como gente sedienta de dinero y poder.
Concédeme, Señor, la sabiduría prudente de los Doce, que escuchan,
implican a toda la comunidad y disponen. Haz que en nuestras comunidades
circule la misma sabiduría, la misma capacidad de escucha y de
participación. No dejes que nos falte la misma creatividad, capaz de
hacer frente con serenidad y de resolver las dificultades normales.
Aparta de mi corazón la amargura y la agresividad que surgen
cuando no me siento comprendido, y dame en cambio el tono justo de la
crítica constructiva. Aparta de mi corazón la arrogancia del poder que
cree saberlo todo y no presta oídos a lo que no estaba previsto.
Señor, veo que la fraternidad está construida a base de todo y de
todos: desde la crítica a la escucha, por la inteligencia y por el deseo
de que todo se resuelva con espíritu fraterno. Muéstrame, Pastor eterno,
los caminos cotidianos y concretos de la construcción paciente y sabia
de la vida fraterna, con los materiales de nuestros límites, de nuestras
exigencias, de nuestro amor.
CONTEMPLATIO
El justo, que antes sólo prestaba atención a sus cosas y no estaba
disponible para cargar con los pesos de los otros y, como tenía poca
compasión de los otros, no estaba en condiciones de hacer frente a las
adversidades, va progresando de grado en grado y se dispone a tolerar la
debilidad del prójimo, llega a ser capaz de hacer frente a la
adversidad. Y, así, acepta con tanto más valor las tribulaciones de esta
vida por amor a la verdad, mientras que antes huía de las debilidades
ajenas.
Bajándose se levanta, inclinándose se distiende y le fortalece la
compasión. Dilatándose en el amor al prójimo, concentra las fuerzas para
levantarse hacia su Creador. La caridad, que nos hace humildes y
compasivos, nos levanta después a un grado más alto de contemplación. Y
el alma, engrandecida, arde en deseos cada vez más grandes y anhela
llegar ahora a la vida del Espíritu también a través de los sufrimientos
corporales (Gregorio Magno, Comentario moral Job, VII, 18).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Concédeme, Señor, el don de la escucha y de la creatividad".
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Una comunidad donde se vive con otros puede representar para el
individuo el espacio vital en el que se produce un intercambio vivaz y
una experiencia que hace madurar, un lugar de confianza en el que cada
uno puede crecer en el amor a sí mismo y al prójimo. Una comunidad de
mujeres y de hombres maduros estimula continuamente al individuo para
que haga frente a las tareas cotidianas y a los conflictos y, a través
de éstos, madure como persona y como cristiano.
La crítica fraterna en un círculo de adultos constituye asimismo una
fuerza creativa que sirve para mejorar en el conocimiento de nosotros
mismos y en vistas a un proyecto propio de vida. Si la ejercemos con
respeto y misericordia, nos ayuda a evitar o a protegernos de la
tentación de escondernos en la casa de nuestro propio cuerpo. También
los conflictos, inevitables en una comunidad espiritualmente viva, sea
entre ancianos y jóvenes, o bien entre personalidades que chocan, podría
convertirse en materia fértil para una provechosa cultura del conflicto,
necesaria sobre todo en los conventos, donde conviven personas que no se
han elegido y que no están unidas por vínculos de parentesco o de
amistad. Añádase a esto que, en una comunidad de este tipo, el individuo
puede y debe confrontarse también consigo mismo de un modo más radical
del que lo haría si viviera solo (A. Grün, A onore del cielo, come
segno per la térra, Brescia 1999, pp. 129ss., passim).
|
Día 14
|
Tercer domingo de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19
En aquellos días, dijo Pedro al pueblo:
13 El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros
antepasados, ha manifestado la gloria de su siervo Jesús, al que
vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, que pensaba ponerlo en
libertad.
14 Vosotros rechazasteis al Santo y al Justo; pedisteis que se
indultara a un asesino
15 y matasteis al autor de la vida. Pero Dios lo ha resucitado de
entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.
17 Ya sé, hermanos, que lo hicisteis por ignorancia, igual que
vuestros jefes.
18 Pero Dios cumplió así lo que había anunciado por los profetas:
que su Mesías tenía que padecer.
19 Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados
vuestros pecados.
*•• Pedro y Juan acaban de curar a un mendigo tullido de nacimiento
-y, por eso, excluido del templo- con el poder del "nombre de Jesús".
El episodio suscita un gran estupor entre la gente. En esas
circunstancias, el primero de los apóstoles toma la palabra y explica
con autoridad el significado del acontecimiento.
En la curación del tullido "el Dios de nuestros antepasados ha
manifestado la gloria de su siervo Jesús". El apóstol Pedro, a la
luz de las antiguas profecías (v. 18), en particular las del cuarto
poema del Siervo de YHWH (Is 53), ayuda a la muchedumbre a reconocer en
Jesús al Mesías no reconocido por su pueblo, rechazado y condenado a una
muerte injusta. Cuando se desconoce el designio de Dios, se subvierten
también los valores humanos: se indulta a un asesino y se condena a
muerte al "Jefe de la vida" (vv. 14-15, al pie de la letra). Sin
embargo, la muerte no es más fuerte que la vida; no son los hombres
quienes conducen la historia, sino Dios, que con su poder ha resucitado
de entre los muertos a su Siervo fiel. Los apóstoles -y, en
consecuencia, todos los creyentes- son testigos de este hecho y
participan de la vida divina que les ha comunicado el Resucitado. Pero
nada de esto obedece a un poder que tengan por sí mismos; sólo en nombre
de Jesús pueden realizar prodigios y, sobre todo, exhortar con autoridad
al arrepentimiento y a la conversión para que sean borrados sus pecados.
Salmo responsorial
Haz brillar sobre
nosotros, Señor, la luz de tu rostro
Salmo 4, 2. 4. 7. 9
Escúchame cuando te invoco, Dios de mi
justicia; tú que en el
aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la
dicha, si la luz de tu
rostro ha huido de nosotros?».
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces
vivir tranquilo.
Segunda lectura: 1 Juan 2,1 -5a
1 Hijos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si
alguno peca, tenemos ante el Padre un abogado, Jesucristo, el Justo.
2 Él ha muerto por nuestros pecados; y no solamente por los
nuestros, sino por los del mundo entero.
3 Sabemos que conocemos a Dios, si guardamos sus mandamientos.
4 El que dice: "Yo lo conozco" pero no guarda sus mandamientos es
un mentiroso y la verdad no está en él.
5 En cambio, el amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en
aquel que guarda su Palabra.
**• Tras haber expresado, con el simbolismo de la luz y de las
tinieblas, el contraste entre la justicia de Dios y de Cristo (1,5.9;
2,1), por una parte, y el pecado del hombre, por otra, Juan invita a los
creyentes a considerar, con detenimiento, la orientación que deben dar a
su propia vida. El apóstol, que ha visto con sus ojos y tocado con sus
manos al Verbo de la vida, nos escribe a nosotros (2,1) con autoridad.
Sus palabras son una exhortación a evitar el pecado y a reconocer la
justicia divina, que es, ante todo, amor y misericordia. Si es verdad,
en efecto, que no hay nadie que no tenga culpa –verdad enunciada ya en
el Antiguo Testamento (Prov 20,9; 28,13; Eclo 7,20)-, también lo es -y
en esto consiste la Buena Noticia del Nuevo Testamento- que Dios, fiel y
justo, nos ofrece el perdón y la purificación por medio de la sangre de
su Hijo (1,7.3).
El hombre, herido por el pecado, es "justificado" por medio del
sacrificio de Jesucristo, el cual permanece para siempre como nuestro
intercesor junto al Padre. En él se ha abierto de nuevo el camino del
retorno a Dios y de la plena comunión con él. Ahora bien, no podemos
hacernos la ilusión de amar a Dios -conocer en el lenguaje
bíblico equivale precisamente a amar- si no guardamos sus
mandamientos y no cumplimos su voluntad en las situaciones concretas de
la vida. Humildad y obediencia son, por consiguiente, dos rasgos que
deben caracterizar al cristiano. Ambas le hacen capaz de dar acogida al
"amor perfecto" -o sea, al mismo Espíritu Santo-, que lo
configura con Cristo, en total oblación y gratuidad (vv. 3-5).
Evangelio: Lucas 24,35-48
35 En aquel tiempo, los discípulos [de Emaús] contaban lo que les
había ocurrido cuando iban de camino y cómo lo habían reconocido al
partir el pan.
36 Estaban hablando de ello, cuando el mismo Jesús se presentó en
medio y les dijo: - La paz esté con vosotros.
37 Aterrados y llenos de miedo, creían ver un fantasma.
38 Pero él les dijo: - De qué os asustáis? Por qué surgen dudas en
vuestro interior?
39 Ved mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y
convenceos de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que yo
tengo.
40 Y dicho esto, les mostró las manos y los pies.
41 Pero como aún se resistían a creer, por la alegría y el asombro,
les dijo: - Tenéis algo de comer?
42 Ellos le dieron un trozo de pescado asado.
43 Él lo tomó y lo comió delante de ellos.
44 Después les dijo: - Cuando aún estaba entre vosotros ya os dije
que era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en ley de
Moisés, en los profetas y en los salmos.
45 Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran las
Escrituras
46 y les dijo: - Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y
resucitar de entre los muertos al tercer día
47 y que en su nombre se anunciará a todas las naciones, comenzando
desde Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados.
48 Vosotros sois testigos de estas cosas.
*" Estamos en la noche del día de pascua. Los Once, reunidos en el
cenáculo, esperan la puesta del sol y la caída de las tinieblas. Sin
embargo, ahora, con la resurrección de Cristo, la barrera entre el
tiempo y la eternidad -entre la muerte y la vida- ha sido derribada. De
improviso, el Resucitado, que ya se ha hecho reconocer por los
discípulos de Emaús, aparece en medio de ellos; mejor aún, "está"
entre ellos: dicho de otro modo, "se manifiesta" como el que está
presente y trae la paz como don, o sea, él mismo una vez más (v. 36). El
evangelio subraya de nuevo la dificultad que les supone a los apóstoles
creer, así como la benévola comprensión de Jesús, que no se cansa de
ofrecer distintos modos de reconocimiento: los signos inconfundibles de
su crucifixión y la familiaridad de una comida compartida (vv. 41-43).
Hasta aquí el evangelista se ha limitado a presentar, por así
decirlo, la "crónica" de los acontecimientos; ahora (vv. 44-48) penetra
en su significado bajo la guía de la Palabra de Dios. En efecto, este
misterio de salvación es el cumplimiento de las Escrituras. De ellas se
cita, en particular, algunos pasajes evocados también en el relato de la
pasión. En este contexto, y por tercera vez, vuelve la afirmación de la
necesidad de la muerte de Cristo (en griego déi: "era preciso",
"era necesario" [v. 44]) para el cumplimiento del designio divino de
salvación.
Y llegamos así al tercer pasaje del fragmento: la experiencia viva
y la comprensión de fe del acontecimiento de la resurrección abre la
misión ante los apóstoles.
Ellos son testigos directos y se les ha hecho capaces de dar razón
de su fe y de anunciarla a todas las naciones (v. 47), predicando "en
el nombre de Jesús" -o sea, con su autoridad- la conversión y el
perdón de los pecados.
Jerusalén, que es, en Lucas, el centro y la cima de la misión de
Cristo, se convierte ahora también en el punto de partida de la
irradiación del Evangelio.
MEDITATIO
La alegría pascual crece y tendrá su plenitud en la vida eterna, en
la resurrección futura. Por eso, nuestra alegría está motivada por la
esperanza de llegar a ser herederos del Reino de los Cielos, por la
esperanza de resurgir con Cristo también en cuerpo. Una alegría vivida,
experimentada, pregustada en la tierra como peregrinos, aunque destinada
a crecer hasta la meta de la eternidad bienaventurada.
Esta alegría de peregrinos -que va unida siempre a la fatiga y al
sufrimiento del camino- requiere de nosotros ascesis, conversión del
corazón y empeño en su custodia, porque puede verse, fácilmente, turbada
y abrumada por el espanto, por el cansancio, por la angustia... En una
palabra, por todos los peligros que nos acechan mientras vamos de viaje.
De ahí que tengamos necesidad de una fuerza interior, divina: eso que
nosotros no seríamos capaces de guardar por nosotros mismos es confiado
al Espíritu, al Espíritu consolador.
Cómo es posible obtener un don tan precioso, gracias al cual
podremos vivir como verdaderos testigos del Resucitado y alegrarnos
siempre, vayan como vayan las cosas? Debemos desearlo con pureza de
corazón y con humildad, pues así lo recibiremos, con gratitud, como don.
Si existe esta disposición en nuestro interior, reside en nosotros
verdaderamente la vida nueva: podemos ejecutar el testamento que el
Señor Jesús nos ha dejado, !venga el canto nuevo, la alegría verdadera!
ORATIO
Por este camino por el que andamos siempre peregrinos -con el peso
de la soledad en el corazón- vienes tú, el Viviente entre los muertos, a
nuestro encuentro y partes el pan del amor. En este largo camino, donde,
a la puesta del sol, se extienden nuestras sombras, enciende, oh Viajero
envuelto de misterio, el vivido vivaque de tu Palabra y sabremos, por su
fuego ardiente, que nuestra esperanza ha resucitado más viva, más
fuerte.
Sí, abre nuestra mente para comprender la Palabra, porque sólo ella
puede disipar las dudas que aún surgen en nuestro corazón. !Cuántas
veces, incapaces de reconocerte, hemos renegado de ti también nosotros!
Pero tú, el Justo, con manso padecer te has hecho víctima de expiación
por nuestros pecados. No nos dejes ahora vacilantes y turbados: que tu
presencia infunda en nosotros la paz, que tu espíritu despeje nuestra
mirada y nos haga alegres testigos de tu amor.
CONTEMPLATIO
Cuando "vino con las puertas cerradas y se plantó en medio de
ellos, aterrados y llenos de miedo, creían ver mi fantasma" (cf. Jn
20,26; Lc 24,36s), pero él sopló sobre ellos y dijo: "Recibid
el Espíritu Santo" (Jn 20,22s). Después les envió desde el cielo al
mismo Espíritu, aunque como nuevo don. Estos dones fueron para ellos los
testimonios y los argumentos de prueba de la resurrección y de la vida.
En efecto, el Espíritu es la prueba que atestigua que "Cristo es la
verdad" (1 Jn 5,6), la verdadera resurrección y la vida. Por eso los
apóstoles, que habían permanecido también dudosos al principio, tras
haber visto su cuerpo redivivo, "daban testimonio con gran energía de
la resurrección de Jesús" (Hch 4,33), después de haber gustado al
Espíritu vivificador. De ahí que sea más provechoso concebir a Jesús en
nuestro propio corazón que verlo con los ojos del cuerpo u oírle hablar;
y de ahí también que la obra del Espíritu Santo sea mucho más poderosa
sobre los sentidos del hombre interior que la impresión de los objetos
corpóreos sobre los del hombre exterior.
Ahora bien, por eso mismo, hermanos míos [...], vuestro corazón se
alegra dentro de vosotros y dice: "He recibido este anuncio: !Jesús, mi
Dios, está vivo! Y, al recibir esta noticia, mi espíritu, ya sumido en
la tristeza, languideciendo por la tibieza o dispuesto a sucumbir al
desánimo, se reanima" (Guerrico d'Igny, Sermo in Pascha, I, 4).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos"
(Hch 3,15).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
La paz no es una situación; ni siquiera un estado de ánimo, ni tampoco
es, ciertamente, sólo una situación política; la Paz es Alguien. La paz
es un nombre de Dios. Es su "nombre, que se acerca" (Is
30,27) y trae con él la bendición que funda la comunidad, que toca
personalmente y reconcilia. La paz es Alguien, el Traspasado, que
aparece en medio de nosotros y nos muestra sus manos y su costado
diciendo: "La paz esté con vosotros".
La paz es verle a él: "!Señor mío y Dios mío!" (Jn 20,28) y
aceptar asimismo la muerte como algo que no puede ser separado de su
amor. "El es nuestra paz. Paz para los que están cerca y para los que
están lejos" (Ef 2,17). En este pasaje encontramos la identificación
más fuerte de la paz con el nombre de Jesús.
"El ha hecho de los dos pueblos uno solo"
(Ef 2,14). A partir de toda dualidad, desorden y separación, a partir de
toda división, ha hecho el "Uno", ha fundado el Uno y "ha anulado la
enemistad en su propia carne" (Ef 2,14). Quien por medio de la
oración busca la paz con todo su corazón, busca a aquel que es la paz,
en el único lugar en que se entregan la reconciliación, el perdón de los
pecados y la paz: el lugar del sacrificio, el Gólgota, el Moria eterno
(B. Standaert, Pace e prighiera, en G. Alberigo - E. Bianchi - C.
M. Martini, La pace: dono e profezia, Magnano 19912, pp. 129s).
|

Día 15
|
Lunes de la tercera semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 6,8-15
En aquellos días,
8 Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y
prodigios en medio del pueblo.
9 Algunos de la sinagoga llamada "de los libertos", a la que
pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de Cilicia y de la
provincia de Asia se pusieron a discutir con él,
10 pero al no poder resistir la sabiduría y el espíritu con que
hablaba,
11 sobornaron a unos hombres para que dijeran: - Hemos oído a éste
blasfemar contra Moisés y contra Dios.
12 De este modo, amotinaron al pueblo, a los ancianos y a los
maestros de la Ley. Luego salieron a su encuentro, lo apresaron y lo
llevaron al Sanedrín
13 y presentaron testigos falsos, que decían: - Este hombre no cesa
de hablar contra el templo y contra la Ley.
14 Le hemos oído decir que ese Jesús Nazareno destruirá este lugar
santo y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés.
15 Todos los que estaban en el Sanedrín fijaron sus ojos en él, y
les pareció que su rostro era como el de un ángel.
**• Entra Esteban en escena. Se le presenta con las mismas
características que los apóstoles: "Lleno de gracia y de poder, hacia
grandes signos y prodigios". Las palabras de Esteban están unidas a
la "sabiduría" y al Espíritu": Esteban, como los
apóstoles, está completamente inmerso en el plan de Dios, lo conoce,
recibe la fuerza del Espíritu para atestiguarlo y anunciarlo. Posee una
personalidad humana de gran relieve y de espesor "espiritual". Su
predicación provoca de inmediato un conflicto y, paradójicamente, con
los judíos más abiertos. Lucas alude a la sinagoga llamada "de los
libertos", es decir, los descendientes de aquellos que, llevados a Roma
como esclavos por Pompeyo (63 a. C), habían sido liberados y se habían
instalado en un barrio de la ciudad. En torno a ellos se reunían,
probablemente, judíos de diferente procedencia. Pues bien, también para
ellos era la predicación de Esteban demasiado radical: Esteban ataca al
templo y las tradiciones mosaicas.
En consecuencia, las acusaciones que se le dirigen no carecen de
fundamento por completo. Los ojos que se fijan en él con hostilidad
están obligados a vislumbrar en ellos, no obstante, un esplendor
particular, el de un ángel que expresa la presencia de Dios, algo
semejante al rostro de Moisés cuando bajó, resplandeciente, del Sinaí
tras haber encontrado a Dios. Lucas presenta otro rasgo de Esteban: es
un testigo escogido por Dios para dar a conocer su voluntad.
Salmo Responsorial
Dichoso el que camina en la ley del Señor.
Salmo 118,23-24.26-27.29-30
Aunque
los nobles se sienten a murmurar de mí, tu siervo medita tus
decretos; tus preceptos son mi delicia, tus enseñanzas son mis
consejeros.
R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
Te expliqué mi camino, y me escuchaste: enséñame tus
mandamientos; instrúyeme en el camino de tus mandatos, y meditaré
tus maravillas.
R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu ley; escogí
el camino verdadero, deseé tus mandamientos.
R/.Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
Evangelio: Juan 6,22-29
22 Al día siguiente, la gente continuaba al otro lado del lago. Se
habían dado cuenta de que allí solamente había una barca y sabían que
Jesús no había embarcado en ella con sus discípulos, sino que éstos
habían partido solos.
23 Otras barcas llegaron de Tiberíades, y atracaron cerca del lugar
donde la gente había comido el pan después que el Señor había dado
gracias a Dios.
24 Cuando se dieron cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos
estaban allí, subieron a las barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca
de Jesús.
25 Lo encontraron al otro lado y le dijeron: - Maestro, cuándo has
llegado aquí?
26 Jesús les contestó: - Os aseguro que no me buscáis por los
signos que habéis visto, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
27 Esforzaos no por conseguir el alimento transitorio, sino el
permanente, el que da la vida eterna. Este alimento os lo dará el Hijo
del hombre, porque Dios, el Padre, lo ha acreditado con su sello.
28 Entonces ellos le preguntaron: - Qué debemos hacer para actuar
como Dios quiere?
29 Jesús respondió: - Lo que Dios espera de vosotros es que creáis
en aquel que él ha enviado.
**• Tras la multiplicación de los panes, alude el evangelista a la
búsqueda de Jesús por parte de la muchedumbre. Lo encuentran en
Cafarnaún y le dirigen al Maestro una pregunta sólo para satisfacer su
propia curiosidad: "Maestro, cuándo has llegado aquí?" (v. 25).
Jesús no responde la pregunta, sino que revela más bien a la
muchedumbre las verdaderas intenciones que la han impulsado a buscarlo,
y con ello desenmascara la mentalidad demasiado material de las personas
(v. 26).
En realidad, toda esa gente sigue a Jesús por el pan material, sin
comprender el signo realizado por el Profeta. Buscan más las ventajas
materiales y pasajeras que las ocasiones de responder y de amar.
Ante esta ceguera espiritual, Jesús proclama la diferencia entre el
pan material y corruptible y "el permanente, el que da la vida
eterna" (v. 27). Jesús invita a la gente a superar el estrecho
horizonte en que vive y a pasar al de la fe y al del Espíritu, al que
sólo su persona (la de Jesús) les puede introducir. Él posee el sello de
Dios, que es el Espíritu y el dinamismo divino del amor.
Los interlocutores de Jesús le preguntan ahora: "Qué debemos
hacer para actuar como Dios quiere?" (v. 28).
Una nueva equivocación. La muchedumbre piensa que Dios exige la
observación de nuevos preceptos y de otras obras. Pero lo que Jesús
exige de ellos es una sola cosa: la adhesión al plan de Dios, a saber:
"Que creáis en aquel que él ha enviado" (v. 29). Sólo tienen que
cumplir una sola cosa: dejarse implicar por Dios y adherirse con fe a la
persona de Jesús. Es la apertura a la fe lo que ofrece un pan inagotable
y lo que da la vida para siempre al hombre que acepta ser liberado de
las tinieblas.
MEDITATIO
Esteban es el primer apóstol de los helenistas. Suyo fue el primer
intento de inculturación, constituido por un decidido distanciamiento
respecto al judaísmo tradicional. Pero no consiguió su objetivo en
algunos de los suyos. También hay conservadores entre los procedentes de
la diáspora, quizás incluso más que entre los propios judíos
palestinenses. Probablemente se debiera a la necesidad de defender su
propia identidad. La primera aproximación al mundo judío de lengua y
cultura griega es rechazada también por los notables.
Esteban sigue así el destino de Jesús: es rechazado. Al
parecer, el precio que hay que pagar para abrir nuevos caminos es ser
incomprendido, malentendido, rechazado, calumniado y condenado. Sin
embargo, también es verdad que del martirio de Esteban proceden frutos
muy copiosos precisamente a partir de los griegos: y no sólo de los
judíos de lengua griega, sino de toda la cultura griega.
Esteban es un provocador, y, por eso, se mete él mismo en el camino
del martirio, como sucede en toda sociedad intolerante. Ahora bien, su
provocación procede de una sabiduría superior, es fruto de una peculiar
comprensión del plan de Dios. Este plan preveía que el Evangelio fuera
anunciado no sólo en Jerusalén, sino "hasta los confines de la
tierra". El Espíritu se sirve del carácter entusiasta y "belicoso"
de Esteban para agitar el ambiente: Esteban pierde, pero la causa del
Evangelio recorrerá el mundo.
ORATIO
Señor, tenemos necesidad de testigos animosos como Esteban. Tenemos
necesidad de anunciadores "imprudentes" como él, que agitan a los
adversarios y a los amigos, dentro y fuera de nuestros círculos. Tenemos
necesidad de profetas "incómodos", como se decía hace algunos años, para
difundir la Buena Nueva. Tenemos necesidad de hombres y mujeres que no
tengan miedo de hacer frente a las incomprensiones y los malentendidos a
causa de tu nombre. Tenemos necesidad de personas que sean capaces de
recorrer nuevos caminos y no tengan miedo a no ser comprendidos por esos
mismos por quienes se comprometen y se dejan la piel.
Señor, danos estos testigos fuertes y animosos. Señor, no permitas
que nos ceguemos hasta el punto de no comprenderlos e incluso aislarlos,
calumniarlos, contribuyendo con nuestra incomprensión a marginarlos y
-!no lo permitas, Señor!- a condenarlos.
CONTEMPLATIO
La Iglesia tiene a gala, y es mandamiento del Salvador, que no
pensemos sólo en nosotros mismos, sino también en el prójimo. Considera
la dignidad a la que se eleva el que se toma seriamente a pecho la
salvación de su hermano. Este hombre, en la medida en que ello es
posible al hombre, imita al mismo Dios. En efecto, escucha lo que nos
dice por boca de su profeta: "Quien liana de un injusto un justo,
será como mi boca". A saber: quien se aplica a salvar a su hermano
caído en la negligencia e intenta arrancarlo del lazo del diablo, ni
cuanto es posible al hombre, imita a Dios.
Existe acaso alguna acción que pueda compararse a ésta? Ésta es la
más grande entre todas las obras buenas. Es la cumbre de toda virtud. Y
es natural que así sea. Porque si Cristo derramó su sangre por nuestra
salvación, no es justo que cada uno de nosotros ofrezca, por lo menos,
el aliento de su palabra y eche una mano a quien por negligencia ha
caído en los lazos del diablo? (Juan Crisóstomo, Catequesis
bautismal, VI, 18-20).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Tus mandatos son mi delicia"
(cf. Sal 118,14).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Debemos dar un tono de valentía a nuestra vida cristiana, tanto a la
privada como a la pública, para no convertirnos en seres insignificantes
en el plano espiritual e incluso en cómplices del hundimiento general.
Acaso no buscamos, de manera ilegítima, en nuestra libertad personal, un
pretexto para dejarnos imponer por los otros el yugo de opiniones
inaceptables?
Sólo son libres los seres que se mueven por sí mismos, nos dice
santo Tomás. Lo único que nos ata interiormente, de manera legítima,
es la verdad. Esta hará de nosotros hombres libres (cf. Jn 8,32). La
actual tendencia a suprimir todo esfuerzo moral y personal no
presagia, por consiguiente, un auténtico progreso verdaderamente
humano. La cruz se yergue siempre ante nosotros. Y nos llama al
vigor moral, a la fuerza del espíritu, al sacrificio (cf. Jn 1 2,25)
que nos hace semejantes a Cristo y puede salvarnos tanto a nosotros
como al mundo (Pablo VI, Audiencia
general del 21 de marzo de 1975).
|
Día 16
|
Martes de la tercera semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 7,51-8,1a
En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los
escribas:
51 Vosotros, hombres testarudos, obstinados y sordos, siempre os
habéis resistido al Espíritu Santo. Eso hicieron vuestros antepasados, y
lo mismo hacéis vosotros.
52 A qué profeta no persiguieron vuestros antepasados? Ellos
mataron a los que predijeron la venida del Justo, a quien vosotros
acabáis de traicionar y asesinar.
53 Vosotros recibisteis la Ley por mediación de ángeles, pero no la
habéis cumplido.
54 Al oír esto, se recomían de rabia en su corazón y rechinaban los
dientes contra él.
55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al
cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios
56 y exclamó: - Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre de
pie a la derecha de Dios.
57 Ellos, dando grandes gritos, se taparon los oídos y se arrojaron
a una sobre él.
58 Lo echaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los
testigos habían dejado sus vestidos a los pies de un joven llamado
Saulo.
59 Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así: - Señor Jesús, recibe
mi espíritu.
60 Luego cayó de rodillas y gritó con voz fuerte: - Señor, no les
tomes en cuenta este pecado. Y dicho esto, expiró.
61 Saulo estaba allí y aprobaba este asesinato.
**• Primer cuadro: recoge la parte conclusiva del discurso
de Esteban, un discurso durísimo. En él lee la historia de Israel como
la historia de un pueblo de dura cerviz, de corazón y de oídos
incircuncisos, siempre opuestos al Espíritu Santo. Mientras Pedro
intenta excusar de algún modo en sus discursos a sus interlocutores,
casi maravillándose del error fatal de la condena a muerte de Jesús,
Esteban afirma, en sustancia, que no podían dejar de condenar a Jesús,
dado que siempre han perseguido a los profetas enviados por Dios. Se
trata de una lectura extremadamente negativa de toda la historia de
Israel. Una lectura que no podía dejar de suscitar una reacción
violenta.
Segundo cuadro:
el martirio de Esteban. Éste,
frente al furor de la asamblea, que está fuera de sí, aparece ahora
situado mucho más allá y muy por encima de todo y de todos, en un lugar
donde contempla la gloria de Dios y a Jesús, resucitado, de pie a la
derecha del Padre. El primer mártir se dirige sereno al encuentro con la
muerte, gozando del fruto de la muerte solitaria de Jesús. Éste, ahora
Señor glorioso, anima a sus testigos mostrando "los cielos abiertos",
que se ofrecen como la meta gloriosa, ahora próxima.
Muere sereno y tranquilo, confiando su espíritu al Señor Jesús, del
mismo modo que éste lo había confiado al Padre. La lapidación, que tenía
lugar fuera de la ciudad, era la suerte reservada a los blasfemos:
Esteban no tiene miedo de proclamar la divinidad de Jesús y, en este
clima enardecido, debe morir. Saulo, el que habría de proseguir la obra
innovadora de Esteban, extendiéndola a los paganos, resulta que está de
acuerdo con este asesinato.
Salmo Responsorial
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Sal 30,3cd-4.6ab.7b.8a.17.21ab
Sé la
roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame.
R/.
A tus
manos, Señor, encomiendo mi espíritu
A tus
manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi
alegría.
R/.
A tus
manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Haz
brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los
escondes
de las conjuras humanas.
R/.
A tus
manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Evangelio: Juan 6,30-35
En aquel tiempo,
30 replicó a Jesús la muchedumbre: - Qué señal puedes ofrecernos
para que, al verla, te creamos? Cuál es tu obra?
31 Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice
la Escritura: Les dio a comer pan del cielo.
32 Jesús les respondió: - Os aseguro que no fue Moisés quien os dio
el pan del cielo. Es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo.
33 El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo.
34 Entonces le dijeron: - Señor, danos siempre de ese pan.
35 Jesús les contestó: - Yo soy el pan de vida. El que viene a mí
no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed.
*• La muchedumbre, a pesar de las variadas pruebas dadas por Jesús
en el fragmento anterior, no se muestra satisfecha aún ni con sus signos
ni con sus palabras, y pide más garantías para poder creerle (v. 30). El
milagro de los panes no es suficiente; quieren un signo particular y más
estrepitoso que todos los que ha hecho ya. La muchedumbre y Jesús tienen
una concepción diferente del "signo". El Maestro exige una fe sin
condiciones en su obra; las muchedumbres, en cambio, fundamentan su fe
en milagros extraordinarios que han de ver con sus propios ojos.
Nos encontramos aquí frente a un texto que manifiesta una viva
controversia, surgida en tiempos del evangelista, entre la Sinagoga y la
Iglesia en torno a la misión de Jesús. Éste no se dejó llevar por sueños
humanos ni se hizo fuerte en los milagros, sino que buscó sólo la
voluntad del Padre. La muchedumbre quiere el nuevo milagro del maná (cf.
Sal 78,24) para reconocer al verdadero profeta escatológico de los
tiempos mesiánicos. Pero Jesús, en realidad, les da el verdadero maná,
porque su alimento es muy superior al que comieron los padres en el
desierto: él da a todos la vida eterna. Ahora bien, sólo quien tiene fe
puede recibirla como don. El verdadero alimento no está en el don de
Moisés ni en la Ley, como pensaban los interlocutores de Jesús, sino en
el don del Hijo que el Padre regala a los hombres, porque él c. el
verdadero "pan de Dios que viene del cielo" (v. 33).
En un determinado momento, la muchedumbre da la impresión de haber
comprendido: "Señor, danos siempre de ese pan" (v. 34). Pero la
verdad es que la gente no comprende el valor de lo que piden y anda
lejos de la verdadera fe. Entonces Jesús, excluyendo cualquier equívoco,
precisa: "Yo soy el pan de vida, el que viene a mí no volverá a tener
hambre" (v. 35). Él es el don del amor, hecho por el Padre a cada
hombre. Él es la Palabra que debemos creer. Quien se adhiere a él da
sentido a su propia vida y alcanza su propia felicidad.
MEDITATIO
Esteban tiene el encanto del testimonio valiente e intrépido, un
testimonio que desafía a los adversarios, que no les halaga, .que no
intenta defenderse, sino que proclama con una lucidez impresionante su
propia fe. Tampoco usa -y lo hace adrede- ni pizca de diplomacia.
Es posible que quiera despertar y agitar a la misma comunidad
cristiana, que, atemorizada por las primeras persecuciones, corría el
riesgo de convertirse en una secta judía por amor a la vida tranquila o,
al menos, por la necesidad de sobrevivir. Esteban ve también el peligro
que supone para la joven comunidad cristiana mirar más al pasado que al
futuro, el peligro que supone una Iglesia más preocupada por la
continuidad con la tradición que por la novedad cristiana.
El diácono aparece presentado como alguien que ha comprendido a
fondo el alcance de la novedad cristiana, la ruptura que
implicaba la fe en Cristo con respecto a cierta tradición fosilizada, la
necesidad de no dejarse apresar por compromisos de ningún tipo. Por algo
será Saulo su continuador en la afirmación de la "diversidad" cristiana,
en la acentuación de las peculiaridades de la nueva fe, en el correr los
riesgos que traía consigo la ruptura con el pasado. Esteban no está
dispuesto a transigir ni a bajar a compromisos... Su sacudida ha
resultado beneficiosa, incluso por encima de lo necesario.
No se vive sólo de mediaciones, sino que, especialmente en
determinados momentos decisivos, se hacen necesarias las posiciones
claras. Esteban es el prototipo de la parresía cristiana, siempre
necesaria, incluso para evitar los riesgos del concordismo.
ORATIO
Señor mío, cuánto me turba hoy Esteban. Cómo es que hoy me parece
excesivo, exagerado, desmesurado?
No será que soy yo demasiado moderado, mesurado, equilibrado? Debo
confesártelo: ya no estoy tan acostumbrado a ver tamaña seguridad y
capacidad de desafío.
Por eso debo pedirte hoy que me concedas un suplemento de tu
Espíritu, para que comprenda la figura de Esteban, para que también yo
pueda tener al menos un poco de su valentía para proclamarte como mi
Señor, para no tener miedo de decir, en voz alta, que mis opciones están
apoyadas por los "cielos abiertos" y por el hecho de que te
contemplo como el Resucitado, glorioso a la diestra del Padre. Para
tener el atrevimiento de desafiar a los que querrían borrar las huellas
de tu presencia, para tener la luz que necesita una lectura de la
historia y de los acontecimientos humanos de un modo no convencional.
Señor, qué tímida es mi fe cuando la comparo con la de Esteban. Qué
frágil es mi caminar. Cuántas veces siento la tentación de acusar de
intransigencia cualquier actitud de firmeza. Ayúdame a no quedarme
prisionero de mi vivir tranquilo. Ayúdame a discernir. Ayúdame a no
desertar de la tarea de ser tu testigo.
CONTEMPLATIO
Son los cielos abiertos los que iluminan mi camino. Mirando estos
cielos luminosos es como tengo valor para atravesar las tinieblas, para
no dejarme atemorizar por el vocerío, para no dejarme intimidar por el
altísimo griterío del mundo; para no dejar caer los brazos frente a
quien "se tapa los oídos" para no escucharme; para no desistir
cuando todos se precipitan en contra de mí. Esos cielos abiertos son mi
meta y mi gozo. Sé que debo atravesar la aspereza y la oscuridad para
llegar a ellos. Debo mantenerlos de manera constante ante mis ojos:
cielos abiertos, cielos acogedores, cielos habitados, cielos patria del
Resucitado y de los resucitados, mis cielos.
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Veo los cielos abiertos"
(Hch 7,56).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Edith Stein, enviada al campo de concentración, escribía en agosto de
1942: "Soy feliz por todo. Sólo podemos dar nuestra aquiescencia a la
ciencia de la cruz experimentándola hasta el final. Repito en mi
corazón: "Ave crux, spes única (Salve, oh cruz, única
esperanza)".
Y leemos en su testamento: "Desde ahora acepto la muerte que Dios ha
predispuesto para mí, en aceptación perfecta de su santísima voluntad,
con alegría. Pido al Señor que acepte mi vida y mi muerte para su gloria
y alabanza, por todas las necesidades de la Iglesia, para que el Señor
sea aceptado por los suyos y para que venga su Reino con gloria, para la
salvación de Alemania y por la paz del mundo. Y, por último, también por
mis parientes, vivos y difuntos, y por todos aquellos que Dios me ha
dado: que ninguno se pierda".
Edith estaba preparada: "Dios hacía pesar de nuevo su mano sobre su
pueblo: el destino de mi pueblo era el mío".
|

Día 17
|
Miércoles de la tercera semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 8,1b-8
1 Aquel día se desencadenó una gran persecución contra la iglesia
de Jerusalén, y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las
regiones de Judea y Samaría.
2 A Esteban lo enterraron unos hombres piadosos e hicieron gran
duelo por él.
3 Saulo, por su parte, se ensañaba contra la Iglesia, entraba en
las casas, apresaba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
4 Los que se habían dispersado fueron por todas partes anunciando
el mensaje.
5 Felipe bajó a la ciudad de Samaría y estuvo allí predicando a
Cristo.
6 La gente escuchaba con aprobación las palabras de Felipe y
contemplaba los prodigios que realizaba.
7 Pues de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, dando
grandes voces, y muchos paralíticos y cojos quedaron curados.
8 Y hubo gran alegría en aquella ciudad.
**• Nos encontramos aquí en presencia de otro giro decisivo en la
historia de la frágil comunidad cristiana: su difusión fuera de los
muros de Jerusalén. Se pasa de la persecución a la dispersión y de la
dispersión a la difusión de la Palabra. Son los helenistas, los
seguidores de Esteban, quienes reciben los golpes. Tienen que huir y
dispersarse por las regiones de Judea y Samaría. Con ello inician la
carrera de la Palabra por el mundo, "hasta los confines de la
tierra".
Está también el contraste entre el "gran duelo" por la
muerte de Esteban y la "gran alegría" por la acción de Felipe,
otro de los Siete. Saulo "se ensañaba contra la Iglesia", pero
ésta se expande precisamente entre los que están al margen del judaísmo:
la salida de Jerusalén es un hecho no sólo geográfico, sino también
cultural.
Cristo es predicado también a los samaritanos. El fragmento da la
impresión de que se ha producido un nuevo Pentecostés, una nueva
primavera de la Iglesia, después de la que tuvo lugar en Jerusalén y
antes de la que se produjo entre los paganos. El conjunto va acompañado
de poderosos gestos de liberación: es un mundo que se renueva al
contacto con la difusión de la Palabra.
Salmo Responsorial
R/.
Aclamad al Señor, tierra entera
Sal 65,1-3a.4-5.6-7a
Aclamad al
Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus
obras!».
R/.
Aclamad al Señor, tierra entera
«Que
se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre».
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los
hombres.
R/. Aclamad
al Señor, tierra entera
Transformó
el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna
enteramente.
R/.
Aclamad al
Señor, tierra entera
Evangelio: Juan 6,35-40
En aquel tiempo,
35 dijo Jesús a la muchedumbre: - Yo soy el pan de vida. El que
viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá
sed.
36 Pero vosotros, como ya os he dicho, no creéis, a pesar de haber
visto.
37 Todos los que me da el Padre vendrán a mí, y yo no rechazaré
nunca al que venga a mí.
38 Porque yo he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me ha enviado.
39 Y su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los que él me ha
dado, sino que los resucite en el último día.
40 Mi Padre quiere que todos los que vean al Hijo y crean en él
tengan vida eterna, y yo los resucitaré en el último día.
**• La muchedumbre ha visto y escuchado la Palabra de Jesús en el
fragmento precedente, pero no ha reconocido en él al Hijo de Dios bajado
del cielo, como el maná del desierto. Entonces denuncia Jesús, con
amargura, esta difundida incredulidad de los judíos (v. 36), a pesar de
que la iniciativa amorosa del Padre se sirva de la obra del Hijo para
darles la salvación y la vida (cf. Jn 3,14s; 4,14.50; 5,21.25s).
La Iglesia primitiva era consciente de este conflicto con la
Sinagoga y, a través del evangelista, expresa su profundo vínculo con el
Maestro, subrayando que el designio de Dios se realiza mediante la
acogida que todo creyente reserva a Jesús. Él ha lomado carne humana no
para hacer su propia voluntad, sino la de aquel que le ha enviado. El
plan de Dios es un plan de salvación, y el Padre, confiándolo al Hijo,
proclama que los hombres se salvan en Jesús, sin que se pierda ninguno.
Más aún, aquellos que han sido confiados por el Padre al Hijo, quiere
que los "resucite en el último día" (v. 39). La expresión
"último día" tiene un significado preciso en Juan: es el día en que
termina la creación del hombre y tiene lugar la muerte de Jesús, es el
día del triunfo final del Hijo sobre la muerte; en él, todos podrán
probar "el agua del Espíritu" que será entregada a la humanidad.
En ese día, Jesús dará cumplimiento a su misión mediante la
resurrección y dará la vida definitiva. Esta última tiene su comienzo
aquí en la fe, y su plena realización en la resurrección al final de los
tiempos. Los que crean en Jesús, Hijo de Dios, no experimentarán la
muerte, sino que disfrutarán de una vida inmortal.
MEDITATIO
El fragmento de los Hechos de los Apóstoles pone claramente de
manifiesto que una de las causas de la difusión del Evangelio a través
del mundo es la persecución.
Son objeto de la misma los irreductibles, los "extremistas"
compañeros de Esteban, los que no aceptaban componendas con el judaísmo.
Los apóstoles se libran por ahora, posiblemente porque todavía confían
en encontrar una solución a los delicados problemas planteados con la
tradición judía. La persecución le ha ayudado a la Iglesia a no dormirse
y a encontrar o reencontrar sus propias raíces misioneras. Éstas han
sido después el secreto de su perenne juventud. La Revolución francesa,
por poner un solo ejemplo, supuso una fuerte prueba para la Iglesia,
pero le hizo salir de la tormenta más delgada y más dispuesta a
reemprender su itinerario misionero por el mundo.
Cuando existe el peligro de instalarnos cómodamente en un lugar,
cuando existe la tentación de considerarnos integrados en un contexto
social, cuando estamos demasiado tranquilos, entonces es cuando
interviene el Espíritu para dar la alarma a través de diversas pruebas,
la más terrible de las cuales -aunque quizás también la más eficaz- es
la persecución. Esta última da frutos cuando la Iglesia está viva, como
en el caso de la comunidad de Jerusalén. La Palabra se difunde para que
los que están dispersos queden impregnados de la novedad cristiana, de
la sorprendente realidad de la salvación en la que se sentían implicados
y corresponsables. Por eso puede proceder del duelo la alegría, de la
diáspora el crecimiento, de la muerte de Esteban la multiplicación de
los apóstoles.
ORATIO
Esta Palabra, Señor, me turba una vez más, porque me parece que tú
prefieres más bien los medios rápidos para alcanzar tus fines. Querías
hacer salir el alegre mensaje de Jerusalén, y surge una violenta
persecución.
Me siento turbado, lo confieso. Y es que me gusta evitar las
desgracias y vivir en paz. En mi paz, que no es exactamente la
tuya. Con mi paz no crece la alegría en el mundo; con tu dinamismo,
producido de una manera frecuentemente desagradable para mí, crece, en
cambio, la alegría en los que están fuera de mis intereses.
Señor, estoy turbado, sobre todo, porque esta Palabra tuya me dice
que yo debería estar alegre en las persecuciones, que debería pedírtelas
cuando me encuentro demasiado bien y cuando me siento satisfecho de lo
que hago y de lo que me rodea. Pero te confieso que me falta valor. Con
todo, hay algo que debo pedirte para no morir de vergüenza: que frente a
las posibles persecuciones, puedan ver al menos mis ojos que éstas
tienen un sentido para ti y para tu Iglesia. Y, por consiguiente,
también para mí.
CONTEMPLATIO
Jesús invitaba [con sus palabras] a los judíos a que tuvieran fe,
mientras ellos buscaban signos para creer.
Sabían que habían sido saciados con cinco panes, pero preferían el
maná del cielo a aquel otro alimento. Sin embargo, el Señor decía que
era muy superior a Moisés: éste no se había atrevido nunca a prometer el
alimento "permanente, el que da la vida eterna" (cf. Jn 6,27). En
consecuencia, Jesús prometía algo más que Moisés. Éste prometía llenar
el estómago aquí en la tierra, aunque de un alimento que perece; Jesús
prometía el "alimento permanente".
El verdadero pan es el que da la vida al mundo. El maná era símbolo
de este alimento, y todas esas cosas -dice el Señor a los judíos- eran
signos que hacían referencia a mí. Os habéis apegado a los signos que se
referían a mí, y me rechazáis a mí, que soy aquel a quien se referían
los signos. No fue, por tanto, Moisés el que dio el pan del cielo: es
Dios quien lo da (cf. Jn 6,32). Ahora bien, qué pan? Acaso el maná? No,
no el maná, sino el pan del que era signo el maná, o sea, el mismo Señor
Jesús. Porque "el pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo"
(Jn 6,33) (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 25,12s,
passim).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Grandes son la obras del Señor"
(Sal 110,2).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Existe una compenetración entre el sufrimiento -llamémoslo cruz, una
palabra que lo resume y transfigura- y el compromiso apostólico, esto
es, la construcción de la Iglesia. No es posible ser apóstol sin cargar
con la cruz. Y si hoy se ofrece el deber y el honor del apostolado a
todos los cristianos de manera indistinta, para que la vida cristiana se
revele hoy tal cual es y debe ser, es señal de que ha sonado la hora
para todo el pueblo de Dios: todos nosotros debemos ser apóstoles, todos
nosotros debemos cargar con la cruz. Para construir la Iglesia es
preciso esforzarse, es preciso sufrir.
Esta conclusión desconcierta ciertas concepciones erróneas de la vida
cristiana presentada bajo el aspecto de la facilidad, de la comodidad,
del interés temporal y personal, cuando su rostro tiene que estar
siempre marcado por el signo de la cruz, por el signo del sacrificio
soportado y realizado por amor: amor a Cristo y a Dios, amor al prójimo,
cercano o alejado. Y no es ésta una visión pesimista del cristianismo,
sino una visión realista. La Iglesia debe ser un pueblo de fuertes, un
pueblo de testigos animosos, un pueblo que sabe sufrir por su fe y por
su difusión en el mundo, en silencio, de modo gratuito y con amor (Pablo
VI, Audiencia
general del 1 de septiembre de 1976).
|
Día 18
|
Jueves de la tercera semana de pascua
.
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 8,26-40
En aquel tiempo,
26 el ángel del Señor dijo a Felipe: - Ponte en marcha hacia el sur
por el camino que va desde Jerusalén a Gaza por el desierto.
27 Él se puso en marcha y se encontró con un etíope, hombre de
confianza y ministro de Candace, reina de los etíopes, y encargado de
todos sus tesoros. Había ido a Jerusalén a cumplir sus deberes
religiosos
28 y regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.
29 El Espíritu dijo a Felipe: - Adelántate y ponte junto a ese
carro.
30 Felipe fue corriendo y, al oírle leer al profeta Isaías, le
dijo: - Entiendes lo que estás leyendo?
31 Él respondió: - Cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica? Y
rogó a Felipe que subiera y se sentara con él.
32 El pasaje que leía era éste:
Como oveja fue llevado al matadero;
como cordero, mudo ante el esquilador,
tampoco él abrió su boca.
33 Por ser humilde no se le hizo justicia.
Nadie hablará de su descendencia,
porque ha sido arrancado de la tierra.
34 El etíope preguntó a Felipe: - Te ruego que me digas de quién
dice esto el profeta, de sí mismo o de algún otro?
35 Felipe tomó la palabra y, partiendo de este pasaje de la
Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús.
36 Siguieron su camino y llegaron a un lugar donde había agua.
Entonces el etíope dijo: - Aquí hay agua. Hay algún impedimento para que
me bautices?
38 Acto seguido, el etíope mandó detener el carro, ambos bajaron al
agua y Felipe lo bautizó.
39 Después de subir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a
Felipe. El etíope no lo volvió a ver, pero continuó alegre su camino.
40 Por su parte, Felipe fue a parar a Asdod y, partiendo de allí,
fue anunciando la Buena Noticia en todas las ciudades por las que fue
pasando hasta llegar a Cesárea.
*" Lucas prosigue su esmerada presentación de la difusión del
Evangelio a grupos cada vez más alejados del judaísmo oficial. Tras los
samaritanos nos encontramos con un representante de la diáspora,
probablemente alguien que no era judío desde el punto de vista étnico y
que, sin embargo, formaba parte de la comunidad judía en calidad de
"prosélito". Se trata de un etíope; por consiguiente, viene de lejos y
llevará lejos el Evangelio. Es un eunuco, alguien que, para el
Deuteronomio, no puede ser admitido en la comunidad del Señor, aunque
para Isaías ya no será excluido. Es un personaje influyente y rico,
puesto que dispone de medios para realizar un largo viaje con todo su
equipamiento y cuenta con la posibilidad de disponer de un costoso rollo
manuscrito de la Biblia.
A este personaje le envía Dios a Felipe a través de su ángel, y por
medio del Espíritu le guía hacia la obra que debe llevar a cabo. La
ocasión se la brinda la Sagrada Escritura, mientras que la mediación es
apostólica. A partir de la profecía de Isaías sobre el Siervo de YHWH
lleva a cabo Felipe su misión salvífica de predicador del Evangelio,
abriendo los ojos a la inteligencia plena de la Escritura.
El eunuco plantea con claridad la gran pregunta de siempre desde
los orígenes: "Te ruego que me climas de quién dice esto el profeta,
de sí mismo o de algún otro?". Con la mediación eclesial y con la
gracia de Dios es posible disipar la duda de quien, pensativa aunque
sinceramente, va buscando la verdad. Al don de la fe le sigue el
bautismo, y de ambos brota la salvación.
Salmo
Aclamad al Señor, tierra entera
Sal 65,8-9.16-17.20
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros
pies.
R/.
Aclamad al
Señor, tierra entera
Los que teméis a Dios, venid a
escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.
R/.
Aclamad al
Señor, tierra entera
Bendito sea Dios, que no rechazó mi
súplica
ni me retiró su favor.
R/.
Aclamad al
Señor, tierra entera
Evangelio: Juan 6,44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a las muchedumbres:
44 - Nadie puede venir a mí si el Padre, que me envió, no se lo
concede; y yo lo resucitaré el último día.
45 Está escrito en los profetas: Y serán todos instruidos por
Dios. Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a
mí.
46 Esto no significa que alguien haya visto al Padre. Solamente
aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre.
47 Os aseguro que el que cree tiene vida eterna.
48 Yo soy el pan de la vida.
49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y, sin embargo,
murieron.
50 Éste es el pan del cielo, y ha bajado para que quien lo coma no
muera.
51 Jesús añadió: - Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come
de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy
para la vida del mundo.
**• Las anteriores revelaciones de Jesús sobre su origen divino
-"Yo soy el pan de vida" (v. 35) y "Yo he bajado del cielo"
(v. 38)- habían provocado el disentimiento y la protesta entre la
muchedumbre, que murmura y se vuelve hostil. Resulta demasiado duro
superar el obstáculo del origen humano de Cristo y reconocerlo como Dios
(v. 42). Jesús evita entonces una inútil discusión con los judíos y les
ayuda a reflexionar sobre la dureza de su corazón, enunciando las
condiciones necesarias para creer en él.
La primera
es ser atraídos por el Padre (v. 44), don
y manifestación del amor de Dios por la humanidad. Nadie puede ir a
Jesús si no es atraído por el Padre. La segunda condición es la
docilidad a Dios (v. 45a). Los hombres deben darse cuenta de la acción
salvífica de Dios respecto al mundo. La tercera condición es
escuchar al Padre (v. 45b). De la enseñanza interior del Padre y de la
vida de Jesús es de donde brota la fe obediente del creyente en la
Palabra del Padre y del Hijo.
Escuchar a Jesús significa ser enseñados por el Padre mismo. Con la
venida de Jesús queda abierta la salvación a todo el mundo; ahora bien,
la condición esencial que se requiere es dejarse atraer por él,
escuchando con docilidad la Palabra de vida. Aquí es donde el
evangelista precisa la relación entre la fe y la vida eterna, principio
que resume toda regla para acceder a Jesús. Sólo el hombre que vive en
comunión con Jesús se realiza y se abre a una vida duradera y feliz.
Sólo "quien come" de Jesús-pan no muere. Jesús, pan de vida, dará
la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien, en la fe,
interioriza su Palabra y asimila su vida.
MEDITATIO
La evangelización es, por encima de todo, obra divina, misteriosa,
prodigiosa, por sus inicios y por sus éxitos imprevisibles. En el
fragmento de Hechos de los Apóstoles que hemos leído, por ejemplo, nos
encontramos muy lejos de una acción humana planificada. Es Dios quien
tiene su plan, un plan que nosotros hemos de secundar. Felipe recibe la
orden de ir por un camino que cruza por el desierto, a pleno sol,
precisamente hacia el sur. A decir verdad, no parece una buena premisa
para la evangelización. Pero es aquí donde Dios ha predispuesto un
encuentro importante. De él ha hecho partir la tradición la
evangelización de África. Lo que parece decisivo aquí es la
disponibilidad de Felipe, su impulso evangelizador que no deja perder
ninguna ocasión; su capacidad para interpretar la Escritura. Con otras
palabras: su convencida entrega a la causa del Evangelio y a su
"preparación". El resto lo ha hecho el Espíritu, que hizo posible el
encuentro y favoreció el acercamiento misionero.
Quizás nos preguntamos hoy, con excesiva frecuencia, por el futuro
de la misión, cuando, en realidad, deberíamos preguntarnos por nuestra
calidad de evangelizadores, por nuestra disponibilidad para ir a
alguno de los muchos "desiertos" de la ciudad secular, precisamente a
los sitios donde parece inútil ir, porque son áridos, lugares
posiblemente desesperados. Sin embargo, es posible que sea en alguno de
estos lugares desiertos donde puedan tener lugar encuentros decisivos.
Depende del corazón ardiente del evangelizador, depende de su capacidad
para intuir la pregunta religiosa, una pregunta que asume, a veces, una
forma extraña. En cualquier lugar, incluso en el más improbable, es
posible encontrar una pregunta y una inquietud a las que dar una
respuesta, a veces rechazada, y en alguna ocasión acogida como
liberadora.
ORATIO
Te pido, Señor, tener más confianza en tu Evangelio.
Recuerdo haber sido abucheado o ridiculizado o hecho callar
demasiadas veces cuando hablaba de ti como respuesta a los problemas de
nuestro tiempo: quizás por eso me he vuelto demasiado cauto, casi me he
retirado y ya no me atrevo a hablar de un modo tan abierto de ti, a no
ser en los lugares donde pienso que seré escuchado. Ciertamente, me he
procurado óptimos motivos para obrar así: es necesario "respetar" los
tiempos de maduración y las opciones de los otros, no debemos ser
"fanáticos", no debemos "forzar" las cosas y los tiempos; pero el hecho
cierto es que cada vez hablo menos de ti. !Cuántas ocasiones he
perdido para iluminar a corazones inquietos, cuántas situaciones
potencialmente abiertas a tu Palabra se me han escapado!
Es posible que tú, Señor, me hayas llevado desde la excesiva
seguridad a la desconcertante incertidumbre para traerme a este momento,
en el que me siento un humilde servidor de la Palabra, consciente de que
no soy yo quien decido las conversiones, sino de que eres tú el dueño de
la mies, y de que yo debería estar, como Felipe, sólo dispuesto a
introducir en la comprensión de tus caminos.
Gracias, Señor, por haberme indicado este camino.
CONTEMPLATIO
La vida de los predicadores resuena y arde. Resuena con la Palabra
y arde con el deseo. Del bronce incandescente se desprenden chispas,
porque de sus exhortaciones salen palabras encendidas que llegan a los
oídos de quienes las escuchan. Las palabras de los predicadores reciben
justamente el nombre de "chispas" porque encienden el corazón de
aquellos con quienes tropiezan. Hemos de señalar que las chispas son muy
sutiles y delicadas.
En efecto, cuando los predicadores hablan de la patria celestial,
más que abrir los corazones con las palabras, los hacen arder de deseo.
De sus lenguas llegan a nosotros algo así como chispas, puesto que a
partir de su voz apenas se puede conocer levemente algo de la patria
celestial, aunque ellos no la aman precisamente de una manera leve.
Sin embargo, la divina voluntad hace, ciertamente, que estas
menudísimas chispas enciendan una llama en el corazón de quien escucha.
Y es que hay algunos que con sólo escuchar unas pocas palabras se llenan
de un gran deseo y les basta con las chispas muy tenues de algunas
palabras para hacerlos arder con un purísimo amor a Dios (Gregorio
Magno, Homilías sobre
Ezequiel,
i, 3,5).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Señor, dame un corazón de evangelizador".
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Si el siglo XXI se convierte, será a través de una mirada nueva, por
medio de la mirada mística, que tiene la propiedad de ver las cosas, por
primera vez, de una manera inédita.
Cuando el ser humano se dé cuenta de que está amenazado en su esencia
por la cocina infernal de los aprendices de brujos; en su vida, por el
peligro mortal de la polución, sin hablar de la polución moral que
acabará por darle miedo, quizás experimente entonces la necesidad de ser
salvado; y este instinto de salvación es posible que le lleve a buscar
en otra parte, muy lejos de los discursos inoperantes de la política o
del murmullo de una cultura exangüe, la razón primera de lo que es él.
Ahora bien, no la encontrará más que a través del rejuvenecimiento
integral de su inteligencia por medio de la contemplación, del silencio,
de la atención más extrema y, para decirlo con una sola palabra, de la
mística, que no es otra cosa que el conocimiento experimental de Dios
(A. Frossard).
|
Día 19
|
Viernes de la tercera semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 9,1-20
1 Entre tanto, Saulo, que seguía amenazando de muerte a los
discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote
2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, con el fin de
llevar encadenados a Jerusalén a cuantos seguidores de este camino,
hombres o mujeres, encontrara.
3 Cuando estaba ya cerca de Damasco, de repente lo envolvió un
resplandor del cielo,
4 cayó a tierra y oyó una voz que decía: - Saúl, Saúl, por qué me
persigues?
5 Saulo preguntó: - Quién eres, Señor? La voz respondió: - Yo soy,
Jesús, a quien tú persigues.
6 Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes
hacer.
7 Los hombres que lo acompañaban se detuvieron atónitos; oían la
voz, pero no veían a nadie.
8 Saulo se levantó del suelo, pero, aunque tenía los ojos
abiertos, no veía nada; así que lo llevaron de la mano y lo introdujeron
en Damasco,
9 donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber.
10 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo
en una visión: !Ananías!. El respondió: Aquí me tienes, Señor.
11 Y el Señor le dijo: - Levántate, vete a la calle Recta y busca
en la casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Está allí orando
12 y ha visto a un hombre llamado Ananías que entra y le impone las
manos para devolverle la vista.
13 Ananías respondió: - Señor, he oído a muchos hablar del daño que
ese hombre ha hecho en Jerusalén a los que creen en ti;
14 y aquí está con poderes de los jefes de los sacerdotes para
apresar a todos los que invocan tu nombre.
15 Pero el Señor le dijo: - Vete, porque éste es un instrumento
elegido para llevar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes y
al pueblo de Israel.
16 Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre.
17 Ananías fue, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: -
Saulo, hermano, Jesús, el Señor, el que se te ha aparecido cuando venías
por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno
del Espíritu Santo.
18 En el acto se le cayeron de los ojos una especie de escamas y
recuperó la vista, y a continuación fue bautizado.
19 Después tomó alimento y recobró las fuerzas. - Después de pasar
algunos días con los discípulos que había en Damasco,
20 Saulo empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que Jesús
es el Hijo de Dios.
*"• La que para Saulo era una secta se está difundiendo
peligrosamente más allá de los confines de Judea y Samaría, hasta Siria.
Saulo quiere extirpar la herejía que está cosechando tanto éxito y
obtiene para ello un mandato especial. Sin embargo, en el camino hacia
Damasco, le envolvió un resplandor que lo cegó, y oyó una voz que le
preguntaba. Estamos ante un relato típico de vocación, con la aparición
de un fenómeno extraordinario y una voz que interpela. La voz aquí es
nada menos que la del perseguido. Saulo se queda ciego y permanece en
ayunas durante tres días, es decir, debe morir a su ceguera interior
para resurgir a la nueva comprensión de la realidad.
Al reacio Ananías, un discípulo que no debemos confundir con el
desdichado protagonista de Hch 5, le ha sido revelado el "misterio" de
Saulo, el alcance único de su misión universal, su futuro de misionero
discutido, controvertido y perseguido. El destino de Saulo está ligado
ahora al "nombre" de Jesús, nombre que deberá llevar y atestiguar ante
los paganos y ante sus gobernantes, así como ante los hijos de Israel.
No se podía expresar mejor el contenido de la misión y de la "pasión" de
Saulo. Pasan sólo algunos días y vemos ya a Saulo manifestando su
carácter de una pieza, pasando a la acción más sorprendente que quepa
imaginar: proclamar "Hijo de Dios" al Jesús que, pocos días
antes, le llenaba de indignación y rabia, hasta el punto de perseguir a
sus seguidores.
Salmo
Ir al mundo entero y proclamad el Evangelio
Sal 116,1.2
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.
R/. Ir al mundo entero
y proclamad el Evangelio
Firme es su
misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
R/. Ir al mundo entero
y proclamad el Evangelio
Evangelio: Juan 6,52-59
En aquel tiempo,
52 se suscitó una fuerte discusión entre los judíos, los cuales se
preguntaban: - Cómo puede éste darnos de comer su carne?
53 Jesús les dijo: - Yo os aseguro que si no coméis la carne del
Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo
resucitaré el último día.
55 Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él.
57 El Padre, que me ha enviado, posee la vida, y yo vivo por él.
Así también, el que me coma vivirá por mí.
58 Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el pan que
comieron vuestros antepasados. Ellos murieron, pero el que coma de este
pan vivirá para siempre.
59 Todo esto lo expuso Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaún.
*+
Este fragmento, que sirve de conclusión al "Discurso del pan de
vida", va unido a lo que el evangelista nos ha dicho antes. Sin embargo,
el mensaje se vuelve aquí más profundo y se hace más sacrificial y
eucarístico. Se trata de hacer sitio a la persona de Jesus en su
dimensión eucarística. Él es el pan de vida, no sólo por lo que hace,
sino especialmente en el sacramento de la eucaristía, lugar de unión del
creyente con Cristo. Jesús-pan se identifica con su Inmunidad, la misma
que será sacrificada en la cruz para la salvación de los hombres. Jesús
es el pan -como palabra de Dios y como víctima sacrificial- que se hace
don por amor al hombre. La ulterior murmuración de los judíos "Cómo
puede éste darnos de comer su carne?" (v. 52), denuncia la
mentalidad incrédula de los que no se dejan regenerar por el Espíritu y
no tienen intención de adherirse a Jesús.
Este insiste con vigor, exhortando a consumir el pan eucarístico
para participar de su vida: "Si no coméis la carne del Hijo del
hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros" (v. 53).
Más aún, anuncia los frutos extraordinarios que recibirán los que
participen en el banquete eucarístico: el que permanece en Cristo y toma
parte en su misterio pascual permanece en él con una unión íntima y
duradera. El discípulo de Jesús recibe como don la vida en Cristo, una
vida que supera toda expectativa humana porque es resurrección e
inmortalidad (vv. 39.54.58).
Ésta es la enseñanza profunda y autorizada de Jesús en Cafarnaún,
cuyas características esenciales versan, más que sobre el sacramento en
sí, sobre la revelación gradual de todo el misterio de la persona y de
la vida de Jesús.
MEDITATIO
Dios escoge a sus discípulos como y cuando quiere y del modo más
imprevisto. Es posible contar innumerables casos de hombres que han
experimentado un cambio inesperado e impensable en la orientación de sus
energías. Antes las dedicaban a otra cosa y después las han consagrado a
la causa del evangelio.
La lista podrían encabezarla Saulo, Agustín y otros casos menos
clamorosos, más o menos conocidos. Eso significa que la misión está
en las manos de Dios, que sabe recoger a sus colaboradores donde le
parece mejor. Esto mismo nos hace pensar en ciertas inquietudes
vocacionales, en ciertas intemperancias misioneras, en ciertos
catastrofismos apostólicos, más bien extendidos, que casi dan a entender
algo así como si "el brazo de Dios se hubiera... acortado". Como si casi
fuera imposible que se produjera hoy la sorpresa de grandes cambios
decisivos en la misión.
El Dios que puede hacer surgir de las piedras hijos de Abrahán, el
Dios que pudo transformar a un violento perseguidor en un misionero
imparable, puede hacer surgir también hoy, precisamente en nuestro mundo
secularizado y secularizador, nuevas personalidades capaces de
"llevar su nombre a las naciones" y de "proclamar a Jesús Hijo de
Dios".
A
nosotros quizás se nos
pida, sobre todo en este momento, rezar y dar testimonio: rezar
para que de nuestra constatada impotencia, pueda hacer brotar el Señor
nuevos apóstoles, y dar testimonio para que -cual modestos
Ananías- podamos servir de ayuda a los nuevos apóstoles que el poder del
Señor quiera suscitar.
ORATIO
Señor, mi pecado más cotidiano es la poca esperanza.
Mis ojos ven sobre todo el mal que invade el mundo: el odio, las
luchas fratricidas, la vulgaridad, la pornografía, la droga, las
separaciones... y no sigo porque tú conoces bien mi lamento cotidiano. Y
si bien estás contento de que te recuerde en la oración estas miserias,
no sé si lo estás también cuando te digo, con sentido de desconfianza:
"Hasta cuándo, Señor?".
Incluso cuando te rezo por las vocaciones, lo hago porque tú me lo
has mandado, sin que esté convencido del todo de que tú me escuchas. Y
es que te he rezado mucho, pero con tan escasos resultados, si es que no
ha sido en vano. Hoy, no obstante, me animas presentándome tu acción
poderosa en Saulo. Permíteme que te diga una sola cosa: renueva tus
prodigios en medio de nosotros. Muestra una vez más tu poder y suscita
grandes evangelizadores. Yo seguiré rezando en medio del silencio y en
público, pero tú no me dejes decepcionado. Muestra tu poder, para bien
del pueblo.
CONTEMPLATIO
El Arquímedes de Siracusa dijo: "Dame una palanca, un punto de
apoyo, y levantaré el mundo". Lo que aquel sabio de la antigüedad no
pudo obtener, porque su petición no se dirigía a Dios y porque sólo
estaba hecha desde el punto de vista material, lo han obtenido los
santos en plenitud. El Omnipotente les ha concedido un punto de apoyo:
él mismo y sólo él. La palanca es la oración, que enciende todo con un
fuego de amor.
Y así fue como ellos levantaron el mundo. Así es como los santos
militantes lo levantan todavía y lo seguirán levantando hasta el fin del
mundo (Teresa del Niño Jesús).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Muéstranos, Señor, tu poder y suscita grandes evangelizadores".
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Ante las pruebas que agitan hoy a la Iglesia -el fenómeno de la
secularización, que amenaza con disolver o marginar la fe, la falta de
vocaciones sacerdotales y religiosas, las dificultades con las que se
encuentran las familias para vivir un matrimonio cristiano-, hace falta
recordar la necesidad de la oración.
La gracia de la renovación o de la conversión no se darán más que a una
Iglesia en oración. Jesús oraba en Getsemaní para que su pasión
correspondiera a la voluntad del Padre, a la salvación del mundo.
Suplicaba a sus apóstoles que velaran y oraran para no entrar en
tentación (cf. Mt 26,41). Habituemos a nuestro pueblo cristiano,
personas y comunidades, a mantener una oración ardiente al Señor, con
María (Juan Pablo II, Discurso o los obispos de Suiza, julio de
1984).
.
|
Día 20
Sábado de la
tercera semana de pascua
LECTIO
Primera
lectura: Hechos de los Apóstoles 9,31-42
31 Entre tanto, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y
Samaría; se consolidaba viviendo en el temor al Señor. Y se extendía impulsada
por el Espíritu Santo.
32 Pedro, en su recorrido por toda aquella región, visitó también a
los creyentes que residían en Lida.
33 Allí encontró a un hombre llamado Eneas, que llevaba ocho años
postrado en cama porque era paralítico.
34 Y le dijo: - Eneas, Jesús, el Mesías, te cura; levántate y
arregla tu lecho. Y al instante se levantó.
35 Todos los habitantes de Lida y de la región de Sarón lo vieron
sano y se convirtieron al Señor.
36 Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa
"Gacela", la cual hacía muchas obras buenas y repartía muchas limosnas.
37 Por aquellos días se puso enferma y murió. Lavaron su cadáver y
lo pusieron en la sala del piso superior.
38 Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos, al oír que Pedro
estaba allí, le enviaron dos hombres para pedirle que viniera inmediatamente a
su ciudad.
39 Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, le llevaron a la
sala del piso superior, donde lo rodearon todas las viudas llorando y mostrando
las túnicas y mantos que les hacía Gacela cuando aún vivía.
40 Pedro echó a todos fuera, se arrodilló y oró. Vuelto después
hacia el cadáver, dijo: - Tabita, levántate. Ella abrió los ojos, vio a
Pedro y se incorporó.
41 Él la tomó de la mano y la levantó" Luego llamó a los discípulos
y a las viudas y se la presentó viva.
42 Todos los habitantes de Jafa se enteraron de lo sucedido, y
muchos creyeron en el Señor.
**• El fragmento empieza con una consideración sintética de la
situación interna de la Iglesia. La comunidad cristiana "gozaba de paz",
se mantenía en el santo temor de Dios y se extendía con el impulso del Espíritu
Santo. Saulo ha sido llevado a Tarso, probablemente porque su presencia
-discutida- creaba problemas a causa de su temperamento combativo, semejante al
de Esteban.
A continuación, se presenta a Pedro no tanto como evangelizador,
sino como jefe religioso que -durante sus visitas pastorales- sostiene, ayuda y
anima a los discípulos: visita algunas comunidades ya evangelizadas
(probablemente por Felipe) y, a su paso, se reproduce el clima primaveral,
sorprendente, milagroso, del paso de Jesús. Pedro contribuye con dos prodigios a
la difusión del Evangelio. El apóstol se ha convertido ahora en el pastor
taumaturgo que representa en la joven Iglesia no sólo la Palabra, sino el poder
de curación de Jesús. Lucas no pierde la ocasión de recordar que Jesús vive y
continúa obrando en la Iglesia apostólica como cuando estaba vivo en medio de
los suyos.
Salmo
R/.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha
hecho?
Salmo 115,12-13.14-15.16-17
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor.
R/.
¿Cómo
pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Cumpliré al
Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
R/.
¿Cómo
pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Señor, yo soy
tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
R/.
¿Cómo
pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Evangelio: Juan 6,60-69
En aquel tiempo,
60 muchos de sus discípulos, al oír a Jesús, dijeron: - Esta
doctrina es inadmisible. Quién puede aceptarla?
61 Jesús, sabiendo que sus discípulos criticaban su enseñanza, les
preguntó:
-
Os resulta difícil aceptar esto?
62 Qué ocurriría si vieseis al Hijo del hombre subir a donde estaba
antes?
63 El Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve para nada.
Las palabras que os he dicho son espíritu y vida.
64 Pero algunos de vosotros no creéis. Jesús sabía desde el
principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar.
65 Y añadió: - Por eso os dije que nadie puede aceptarme si el
Padre no se lo concede.
66 Desde entonces, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no
iban con él.
67 Jesús preguntó a los Doce: - También vosotros queréis marcharos?
68 Simón Pedro le respondió: - Señor, a quién iríamos? Tus palabras
dan vida eterna.
69 Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
**• Tras la extensa revelación de Jesús sobre el pan de vida en la
sinagoga de Cafarnaún, sus discípulos le comunican su malestar por las
afirmaciones "irracionales" de su Maestro, unas afirmaciones que resultan
difíciles de aceptar desde el punto de vista humano. Frente al escándalo y la
murmuración de los discípulos, Jesús precisa que no se debe creer en él sólo
después de la visión de una subida de él al cielo, como que Elias y Henoc,
porque eso significaría la no aceptación de su origen divino. Es algo que no
tendría sentido, dado que él, el "Preexistente", viene precisamente del cielo
(cf. Jn 3,13-15).
La incredulidad de los discípulos con respecto a Jesús, sin
embargo, se pone de manifiesto por el hecho de que "el Espíritu es quien da
la vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu
y vida" (v. 63). Juan afirma que tan real como la carne de Jesús es la
verdad eucarística. Ambas son un don con el mismo efecto: dar la vida al hombre.
Con todo, muchos discípulos no quisieron creer y no dieron un paso adelante
hacia una confianza en el Espíritu, con lo que no consiguieron liberarse de la
esclavitud de la carne.
A Jesús no le coge por sorpresa esta actitud de abandono por parte
de los que le siguen. Conoce a cada hombre y sus opciones secretas. Adherirse a
su persona y a su mensaje en la fe es un don que nadie puede darse a sí mismo.
Sólo el Padre lo da. El hombre, que tiene en sus manos su propio destino, es
siempre libre de rechazar el don de Dios y la comunión de vida con Jesús. Sólo
quien ha nacido y ha sido vivificado por el Espíritu, y no obra según la carne,
comprende la revelación de Jesús y es introducido en la vida de Dios. A través
de la fe es como el discípulo debe acoger al Espíritu y al mismo Jesús, pan
eucarístico, sacramento que comunica el Espíritu y transforma la carne.
MEDITATIO
La perícopa de los Hechos de los Apóstoles leída hoy presenta otro
pequeño cuadro de la jovencísima Iglesia.
La comunidad cristiana, extendida ahora en diversas comunidades, se
enfrenta con los problemas de cada día: la enfermedad prolongada, la muerte
inesperada de personas comprometidas, etc. La vida cotidiana se caracteriza por
el santo temor de Dios y por la asistencia reconfortante del Espíritu Santo. Los
discípulos viven bajo la mirada de Dios, con el sentido de su grandeza y de su
soberanía. Miden su vida a partir de él y de su santa voluntad. Se interesan por
los pobres y se preocupan por los enfermos. De este modo se va construyendo la
Iglesia interiormente y se vuelve dócil a la acción del Espíritu Santo, que la
extiende también exteriormente.
La construcción interna y la difusión externa van estrechamente
unidas. El anuncio más discreto y eficaz de la Buena Nueva procede de la vida de
la Iglesia, de la alegría que anima su sufrimiento, de su espíritu de servicio
sin cálculos mezquinos y sin reservas. La Palabra y los milagros no caen en el
vacío, sino que encuentran un terreno bien dispuesto y producen frutos
abundantes. El libro de los Hechos de los Apóstoles, dedicado completamente a la
difusión del Evangelio, no se olvida de la vida cotidiana, en su sencillez y sus
exigencias, una vida que se va humanizando en contacto con el Evangelio y que se
convierte, precisamente gracias a él, en la base de todo anuncio posterior.
ORATIO
Te confieso, Señor, que me gustaría ver, al menos alguna vez, un
buen milagro. Tampoco te oculto que, en algunos momentos de debilidad, me
gustaría incluso hacer alguno, aunque no fuera más que para mostrar que no estoy
diciendo tonterías cuando hablo de tus cosas. Pero tú, aunque no me dejas
privado de signos del cielo, prefieres el milagro de la vida serena,
trabajadora, de una vida que confía en ti, que te deja tomar las grandes
decisiones, que recibe todo de tus manos, que se preocupa de complacerte más a
ti que a los hombres y a las mujeres, que expresa la alegría de poder servirles
y de sentirse amado por ti.
Perdona mi debilidad que sueña con algún milagro, aunque sea muy
pequeño, y refuerza mi convicción de que lo que tú quieres es la transformación
de mi vida, el paso del temor al amor, del apego al desprendimiento, de la
angustia a la confianza, del pesar a la alegría, del escrúpulo a la confianza
ilimitada en ti, de la inclinación sobre mis cosas a la apertura al dolor del
otro. Dame tu Espíritu para que me sea posible y apetecible, amable y
tranquilizador, un programa tan comprometido como éste.
CONTEMPLATIO
Se ha dicho con acierto de Job: "Era un hombre temeroso de Dios
y apartado del mal" (Jb 1,1). La santa Iglesia de los elegidos inicia ahora
su camino por la vía de la sencillez y de la rectitud con temor, pero lo lleva a
su consumación sólo con el amor. Se aleja verdaderamente del mal aquel que
empieza a partir de ahora a no querer pecar nunca más por amor a Dios.
Si alguien realiza todavía el bien por temor, da a entender que no
se ha alejado por completo del mal: si está dispuesto a pecar, en caso de que
pueda hacerlo con impunidad, con eso mismo peca. Tras haber dicho que Job temía
a Dios, añade el texto sagrado que también estaba apartado del mal: cuando el
temor es reemplazado por el amor, entonces la culpa que había quedado en el alma
queda eliminada por el firme propósito de la voluntad. Así como el temor
mantiene a raya el vicio, el amor hace germinar las virtudes (Gregorio Magno,
Comentario moral a Job,I, 37).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Señor, yo soy tu siervo"
(Sal 115,16a).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El
ejemplo de Tomás Moro demuestra que le es posible a un cristiano vivir en el
mundo según el Evangelio y actuar en él a imitación de Cristo; y ello en medio
de su propia familia, de sus posesiones y de la vida política: es posible llevar
una vida santa en medio de estas distintas situaciones, con sobriedad, sencillez
y honestidad, sin caer en fanatismos ni "beaterías", de modo serio y alegre al
mismo tiempo.
Qué
es, pues, lo más importante para un cristiano que vive en el mundo? Realizar, en
la fe, una opción radical por Dios, por el Señor y por su Reino, a pesar de
todas las inclinaciones pecaminosas, y conservarla intacta a través de los
acontecimientos ordinarios de cada día. Conservar, viviendo en el mundo, la
libertad fundamental respecto al mundo, en medio de la familia, de las
posesiones y de la vida política, al servicio de Dios y de los hermanos. Poseer
la alegre prontitud que permite ejercer esta libertad, en cualquier momento, a
través de la renuncia, y cuando estemos llamados a hacerlo, a través de la
renuncia total. Sólo en esta libertad respecto al mundo, buscada por amor a
Dios, es donde el cristiano, que vive en el mundo, pero recibe la libertad como
don de la gracia de Dios, encuentra la fortaleza, el consuelo, el poder y la
alegría que son su victoria (H. Küng, Liberta nel mondo. Sir Thomas More,
Brescia 1966, 44s)
Día 21
|
Cuarto domingo de pascua
Ciclo B
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 4,8-12
En aquellos días,
8 Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: - Jefes del pueblo y
ancianos de Israel,
9 hoy ha sido curado un hombre enfermo, y nos preguntáis en nombre
de quién se ha realizado esta curación;
10 pues sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que éste
aparece ante vosotros sano en virtud del nombre de Jesucristo Nazareno,
a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios ha resucitado de entre
los muertos.
11 Él es la piedra rechazada por vosotros, los constructores,
que se ha convertido en piedra angular.
12
Nadie más que él puede
salvarnos, pues sólo a través de él nos concede Dios a los hombres la
salvación sobre la tierra.
**• La curación del paralítico ha brindado a Pedro la ocasión para
dirigir un discurso a la multitud reunida en el templo (3,12-26). Ésta,
llena de estupor, se ha abierto a la fe en Jesús. Los jefes de la
comunidad judía, tras haber sido informados de los acontecimientos,
hacen arrestar a los apóstoles. Pedro responde ante el Sanedrín
"lleno del Espíritu Santo" (según la promesa de Jesús: Le 12,1 ls).
Las afirmaciones fundamentales de su discurso van definiendo cada
vez mejor, con un ritmo creciente, la figura
del Mesías. En primer lugar, declara "en nombre de quién se ha
realizado" el milagro (v. 7): no se trata de una obra humana, sino
"en virtud del nombre de Jesucristo Nazareno". El prodigio se ha
podido realizar –segunda afirmación- porque el Nazareno, crucificado por
los jefes de los judíos, ha sido resucitado por Dios. La curación del
paralítico atestigua su presencia siempre operante, la continuidad de su
misión, que es precisamente la de salvar (ése es el significado
etimológico del nombre "Jesús"). Y no sólo está aún vivo, sino que es
–tercera afirmación- el único Salvador, como atestiguan las
Escrituras.
Jesús, piedra rechazada por los constructores (Sal 118,22), piedra
de tropiezo que discierne las intenciones de los corazones (Is 8,14), es
el fundamento (Lc 20,17s) en el que todo se apoya (Is 28,16). Pedro les
dice a los "constructores", es decir, a los jefes de la
comunidad, que ningún hombre puede arrogarse el derecho de legislar
sobre las personas, sino que tiene que limitarse a disponer con
sabiduría las piedras particulares, de modo que el edificio se levante
compacto: el fundamento, estable y probado a fondo por el sufrimiento de
la pasión, ya está puesto. "Nadie más que él puede salvarnos."
Salmo responsorial
La piedra que
desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular
Salmo 117, 1 y 8-9.
21-23. 26 y 28-29
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes.
Te doy gracias porque
me escuchaste y fuiste mi salvación. La piedra que
desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el
Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del
Señor. Tu eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su
misericordia.
Segunda lectura: 1 Juan 3,1-2
Queridos:
1 Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre,
hasta el punto de llamarnos hijos de Dios, y en verdad lo somos. El
mundo no nos conoce porque no lo ha conocido a él.
2
Queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha
manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos
semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
*• En dos versículos nos hace considerar Juan, con un estupor
intacto, la realidad que sirve de fundamento a nuestra existencia
cristiana: el amor que Dios, el Padre, nos ha dado en una medida
sobreabundante, hasta el punto de enviar a su propio Hijo unigénito al
mundo para que tengamos la vida por él (4,9). Mediante su sacrificio
(2,2), el hombre ha sido no sólo rescatado del pecado, sino elevado a
una dignidad mayor.
El bautismo, que es la inmersión sacramental en el misterio pascual
de Cristo, le confiere, en efecto, la identidad de hijo de Dios.
Sin embargo, una realidad como ésta, tan grande e inaudita, no
siempre es comprendida, y por eso es objeto de desprecio. Como el mismo
Jesús había predicho a sus discípulos, el mundo "odia" a los que
no le pertenecen. Y por "mundo" no hay que entender sólo una
realidad externa, sino también una dimensión interior, la realidad del
pecado, la tendencia al mal, que impulsa también a los que ya están
bautizados a comportarse como enemigos del Evangelio.
Juan insiste, pues, en volver a llamar a los creyentes al
"conocimiento de la fe", o sea, a mantener viva la conciencia de la
gracia recibida mediante la adopción como hijos de Dios, llamados a la
visión del mismo, a la vida de plena comunión con él en la gloria,
cuando nos conoceremos de verdad a nosotros mismos en él.
Ahora bien, ver a Dios es la bienaventuranza prometida a los puros
de corazón (cf. Mt 5,8): en consecuencia, nuestra realidad presente y
nuestra condición futura incluyen un compromiso de continua conversión
(v. 3), sostenido no tanto a partir de esfuerzos voluntaristas, sino
alimentado por el deseo de contemplar a Dios y corresponder a su amor.
Evangelio: Juan 10,11-18
En aquel tiempo, dijo Jesús:
11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas;
12 no como el asalariado, que ni es verdadero pastor ni propietario
de las ovejas. Éste, cuando ve venir al lobo, las abandona y huye. Y el
lobo hace presa en ellas y las dispersa.
13 El asalariado se porta así porque trabaja únicamente por la paga
y no tiene interés por las ovejas.
14 Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a
mí,
15 lo mismo que mi Padre me conoce a mí y yo le conozco a él; y yo
doy mi vida por las ovejas.
16 Pero tengo otras ovejas que no están en este redil; también a
éstas tengo que atraerlas para que escuchen mi voz. Entonces se formará
un rebaño único, bajo la guía de un solo pastor.
17 El Padre me ama porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo.
18 Nadie tiene poder para quitármela; soy yo quien la doy por mi
propia voluntad. Yo tengo poder para darla y para recuperarla de nuevo.
Ésta es la misión que debo cumplir por encargo de mi Padre.
**• En el "Discurso del buen pastor" prosigue y profundiza Jesús en
la autorrevelación mesiánica: mientras, en la primera parte (vv. 1-10),
se define como el pastor contrapuesto a los "ladrones y salteadores",
en el fragmento de la liturgia de hoy se pone la atención en el
adjetivo "buen" (lit., "bello"), que califica a Jesús como
el pastor ideal, modelo de los pastores, es decir, de los guías
espirituales y políticos del rebaño de Israel (cf. Sal 23 y 79). En este
caso, la figura que se le contrapone es la del "asalariado" (v.
12).
El diferente modo de proceder de cada uno permite distinguir entre
el verdadero pastor y el asalariado. El primero no huye cuando llega el
peligro, no abandona el rebaño, mientras que el segundo -que actúa por
su interés personal- sólo tiene en cuenta salvar su propia vida y sus
intereses. Sin embargo, hemos de subrayar también otro aspecto: el buen
pastor que es Jesús llega incluso a ofrecer su vida no sólo a través del
trabajo diario, sino a través de la muerte aceptada por sus ovejas, en
su lugar, demostrando así ponerlas por delante de sí mismo de manera
absoluta. Eso no lo hace ningún pastor de ganado. Esta semejanza ilumina
sobre todo el amor de Dios, cuya realidad, no obstante, sigue siendo
inexpresable
El amor del buen pastor que aparece en los vv. 14s está expresado
sobre todo en términos de "conocimiento", o sea, de comunión
profunda entre Jesús y sus ovejas. Éste es el reverbero
transparente de la relación que existe entre el Padre y Jesús, una
relación de entrega absoluta y desinteresada que se difunde y rebosa
sobre los otros: "Lo mismo que mi Padre me conoce a mí y yo le
conozco a él; y yo doy mi vida por las ovejas". Jesús no habla aquí
de "sus" ovejas, sino de "las" (todas) ovejas, aludiendo así a su misión
respecto a toda la humanidad, que ha venido a reunir para volver a
llevarla al Padre, como esposa toda bella, sin arruga ni mancha.
MEDITATIO
El Señor se presenta a nosotros como el buen pastor, como aquel que
defiende del peligro a sus ovejas y las lleva a los pastos de la vida,
invitándolas a seguirle con confiada seguridad por el camino sobre el
que las precede y las acompaña. Es ésta una imagen demasiado obsoleta
para hablar a los hombres de nuestro tiempo?
En realidad, las dos características que connotan a Jesús como el
verdadero, como el buen pastor, nos ayudan a practicar un discernimiento
entre las múltiples propuestas que la sociedad de hoy nos avanza,
encontrándonos desprevenidos con frecuencia.
Jesús afirma, en primer lugar, que el buen pastor "da la vida
por las ovejas" no sólo de palabra, sino con los hechos. Cuántas
doctrinas, cuántos maestros de sabiduría o de ciencia se asoman al
escenario y prometen llevarnos lejos, hacia una realización plena...
Ahora bien, quién puede liberar al hombre de la más pesada y desconocida
esclavitud, de la que derivan todas las demás, y que es la esclavitud
del pecado? Jesús ofrece su vida para despertarnos a una vida de
horizontes infinitos, llena de esperanza y de belleza. Más aún,
"conoce a sus ovejas", establece con ellas una relación que es como
la que le une a él con el Padre, una relación de amor tan oblativo y
total que personaliza al otro, que lo hace existir en su verdad y en su
alteridad, que lo hace capaz de expresarse en plenitud a través de la
entrega de sí mismo. Si recibimos la vida que el buen pastor ofrece por
nosotros, si queremos dejarnos conducir por él a una relación de
conocimiento-comunión de amor, podremos descubrir, ya desde ahora, la
maravilla de ser realmente hijos del Padre, y nos encontraremos
semejantes a él en la eternidad. No endurezcamos nuestro corazón,
descartando la piedra angular que ha puesto Dios como fundamento de la
nueva humanidad: Cristo es la única salvación verdadera del hombre;
pongamos nuestros pasos en sus huellas seguras.
ORATIO
Jesús, huésped divino y mendigo de amor a la puerta del corazón
humano, haz que nada nos resulte más dulce, nada más deseable, que
caminar contigo y morar en ti. Ahora, en las estaciones de la
trashumancia, en las inclementes estaciones de los acontecimientos
humanos; después, durante los siglos eternos, en los soleados pastos del
cielo. Haz todo esto por amor a tu nombre, para manifestar tu gloria en
la alegría de nuestra salvación.
"La felicidad y la gracia nos acompañarán"
a lo largo del viaje de la vida presente no para que ya nada penoso nos
suceda, sino porque contigo todo será gracia, si lo vivimos con
serenidad y paz.
CONTEMPLATIO
Tú, hombre, debes reconocer qué eras, dónde estabas y a quién
estabas sometido; eras una oveja perdida, estabas en un lugar desierto y
árido, te alimentabas de espinas y de maleza; estabas confiado a un
asalariado, que, al llegar el lobo, no te protegía. Ahora, en cambio,
has sido buscado por el verdadero pastor, que, por su amor, te ha
cargado sobre sus hombros, te ha llevado al redil que es la casa del
Señor, la Iglesia: aquí es Cristo tu pastor y aquí han sido reunidas las
ovejas para morar juntas.
Este pastor no es como el asalariado bajo el que estabas cuando te
afligía tu miseria y debías temer al lobo. La medida del cuidado que
tiene de ti el buen pastor te la proporciona el hecho de que ha dado su
vida por ti. Se ofreció él mismo al lobo que te amenazaba, dejándose
matar por ti. Ahora, por consiguiente, el rebaño está seguro en el
redil, sin necesidad de otros que cierren y abran la puerta del recinto.
Cristo es el pastor y es la puerta, y es también el alimento y el que lo
suministra.
Los pastos que el buen pastor ha preparado para ti y donde te ha
puesto para apacentarte no son los prados de hierbas mezcladas, dulces y
amargas, que ahora existen y mañana no, según las estaciones. Tu pasto
es la Palabra de Dios, y sus mandamientos son los dulces campos donde te
apacienta (Agustín, Sermón 366, 3).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"No he de temer ningún mal, porque tú estás conmigo"
(Sal 23,4).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Cuando dice Jesús: "Yo soy el buen pastor y conozco a mis ovejas",
es preciso atribuir al término conocer todo cuanto hay de más
profundo, de más amoroso en los labios del Señor Jesús. "Y mis
ovejas me conocen", porque así debemos conocerle nosotros, por
nuestra parte, con ese conocimiento vital que supera todo conocimiento.
Un día comprendí de modo existencial lo que es el "conocimiento" del
buen pastor. Estaba sentado a la mesa, a mediodía. Habíamos
trabajado durante toda la mañana, un trabajo sucio, con sacos de azúcar
que nos dejaban a todos embadurnados. Me encontraba en el lugar de
presidencia de la mesa, y por eso, dada la disposición de los sitios,
veía de frente a todos mis compañeros de trabajo. Me sorprendía el hecho
de que sus rostros parecían cubiertos por una especie de máscara
anónima, compuesta de polvo, suciedad, cansancio... Todos se parecían.
Después de la comida, como nos quedaba un poco de tiempo libre, una
media hora, antes de reemprender el trabajo, me fui con cinco o seis de
ellos a un pequeño café, el bar Gaby, como se llamaba la dueña. Era una
auténtica marsellesa, próspera, vivaz, alegre; y cada vez que iba al bar
Gaby, pensaba yo en la frase de Jesús: "Yo conozco a mis ovejas y mis
ovejas me conocen". En efecto, la dueña del bar Gaby conocía a las
ovejas que iban a su abrevadero; conocía el nombre, el apellido y el
apodo de cada uno. Y hasta los nombres que podían resultar injuriosos en
boca de otros, dichos por ella asumían un tono amistoso. Ella me
conocía. Para ella, yo era unas veces Jackie; otras, el "Gafotas". Cada
uno era cada uno. Entonces, en contacto con aquella mujer que conocía a
sus ovejas y que sus ovejas la conocían, vi caer la máscara que tanto me
había sorprendido hace un momento en el comedor: ante aquella mujer se
habían vuelto hombres de nuevo, con su propio nombre y apellido. Y -de
improviso surgía algo limpio y sencillo en sus miradas, que volvían a
ser como la mirada de un niño (J. Loew, Gesú chiamato !I Cristo,
Brescia 1971, pp. 182s, passim [trad. esp.: Ese Jesús al que
se llama Cristo, Euramérica, Madrid 1973]).
|

Día 22
|
Lunes de la cuarta semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 11,1-18
En aquellos días,
1 los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que
también los paganos habían recibido la Palabra de Dios.
2 Y, cuando Pedro subió a Jerusalén, los partidarios de la
circuncisión le echaban en cara
3 que hubiese entrado en casa de incircuncisos y hubiese comido
con ellos.
4 Entonces Pedro comenzó a darles una explicación, punto por
punto:
5 - Estaba yo en Jafa orando, cuando caí en éxtasis y tuve una
visión. Una especie de lienzo grande, colgado por las cuatro puntas,
descendía desde el cielo y llegó hasta mí.
6 Yo lo miraba fijamente y vi que estaba lleno de cuadrúpedos,
bestias, reptiles y aves.
7 Entonces oí una voz que me decía: "Pedro, levántate, mata y
come".
8 "De ninguna manera, Señor -respondí- jamás ha entrado en mi boca
cosa profana o impura".
9 Pero la voz me habló por segunda vez desde el cielo y me dijo:
"Lo que Dios ha hecho puro no lo consideres tú impuro".
10 Esto se repitió tres veces, y después todo fue subido de nuevo
al cielo.
11 En ese mismo momento, se presentaron en la casa donde estábamos
tres hombres que me habían enviado desde Cesárea.
12 Y el Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Vinieron
conmigo también estos seis hermanos y entramos en la casa de aquel
hombre.
13 El nos contó cómo había visto un ángel que se presentó en su
casa y le dijo "Manda que vayan a Jafa en busca de Simón, llamado Pedro
14 sus palabras te traerán la salvación a ti y a todos los de tu
casa".
15 Apenas había comenzado yo a hablar, cuando el Espíritu Santo
descendió sobre ellos, lo mismo que sobre nosotros al principio.
16 Entonces recordé aquello que había dicho el Señor: "Juan bautizó
con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo".
17 Por tanto, si Dios les había dado a ellos el mismo don que a
nosotros por creer en el Señor Jesucristo, quién era yo para oponerme a
Dios?
18 Al oír esto, se callaron y alabaron a Dios diciendo: - !Así que
también a los paganos les ha concedido Dios la conversión que lleva a la
vida!
**• El pasaje presenta las dificultades que encontraban los
ambientes judeocristianos respecto a la apertura a los paganos. Incluso
Pedro, el guía autorizado, se ve obligado a dar cuentas, de manera
detallada y paciente, para explicar cómo llegó a dar un paso tan
atrevido. El descontento nace por un motivo de tipo ritualista y
alimenticio: nos vienen a la mente los reproches que dirigían los
fariseos a Jesús porque se sentaba a la mesa con publícanos y pecadores
(Le 5,30). Aunque también puede ser un pretexto destinado a esconder el
verdadero reproche: cómo ha podido atreverse Pedro a bautizar sin hacer
aceptar primero toda la iniciación judía?
Éste es el verdadero objeto del contencioso: se puede ser
cristiano sin pasar por el judaísmo? Pedro comprende que los
argumentos no habrían bastado para convencer, y por eso pasa a la
narración de los hechos. De éstos se desprende que ha sido claramente
Dios quien, a través de una cadena de acontecimientos, le ha "obligado"
a tomar esta decisión.
El clima general del ambiente de la Iglesia de Jerusalén es de gran
franqueza, pero también y sobre todo de verdadera fraternidad y apertura
a la acción del Espíritu.
Los obstáculos todavía no han caído del todo, ya que sus
convicciones están arraigadas y sus costumbres son inveteradas. Pero la
conclusión muestra una satisfacción admirada: "!Así que también a los
paganos les ha concedido Dios la conversión que lleva a la vida!".
La sucesión de los acontecimientos, guiados como es evidente por la mano
de Dios, ha abierto ahora el camino de la predicación a los paganos. La
autoridad de Pedro es la garantía más segura.
Salmo
Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo
Salmo 41,2-3;42,3.4
Como busca la cierva corrientes de
agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
mi alma tiene sed de Dios, del Dios
vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.
Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo
Envía
tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
R/.
Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo
Me
acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría,
y te daré gracias al son de la
cítara,
Dios, Dios mío.
R/.
Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo
Evangelio: Juan 10,1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
1 Os aseguro que quien no entra por la puerta en el redil de las
ovejas, sino por cualquier otra parte, es ladrón y salteador.
2 El pastor de las ovejas entra por la puerta.
3 A éste le abre el guarda para que entre, y las ovejas escuchan
su voz; él llama a las suyas por su nombre y las saca fuera del redil.
4 Cuando han salido todas las suyas, se pone delante de ellas y
las ovejas le siguen, pues conocen su voz.
5 En cambio, nunca siguen a un extraño, sino que huyen de él,
porque su voz les resulta desconocida.
6 Jesús les puso esta comparación, pero ellos no comprendieron su
significado.
7 Entonces Jesús se lo explicó: - Os aseguro que yo soy la puerta
por la que deben entrar las ovejas.
8 Todos los que vinieron antes que yo eran ladrones y salteadores.
Por eso, las ovejas no les hicieron caso.
9 Yo soy la puerta. Todo el que entre en el redil por esta puerta
estará a salvo, y sus esfuerzos por buscar el sustento no serán en vano.
10 El ladrón va al rebaño únicamente para robar, matar y destruir.
Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en
plenitud.
**• En el "Discurso del buen pastor" prosigue y profundiza Jesús en
la autorrevelación mesiánica: mientras, en la primera parte (vv. 1-10),
se define como el pastor contrapuesto a los "ladrones y salteadores",
en el fragmento de la liturgia de hoy se pone la atención en el
adjetivo "buen" (lit., "bello"), que califica a Jesús como
el pastor ideal, modelo de los pastores, es decir, de los guías
espirituales y políticos del rebaño de Israel (cf. Sal 23 y 79). En este
caso, la figura que se le contrapone es la del "asalariado" (v.
12).
El diferente modo de proceder de cada uno permite distinguir entre
el verdadero pastor y el asalariado. El primero no huye cuando llega el
peligro, no abandona el rebaño, mientras que el segundo -que actúa por
su interés personal- sólo tiene en cuenta salvar su propia vida y sus
intereses. Sin embargo, hemos de subrayar también otro aspecto: el buen
pastor que es Jesús llega incluso a ofrecer su vida no sólo a través del
trabajo diario, sino a través de la muerte aceptada por sus ovejas, en
su lugar, demostrando así ponerlas por delante de sí mismo de manera
absoluta. Eso no lo hace ningún pastor de ganado. Esta semejanza ilumina
sobre todo el amor de Dios, cuya realidad, no obstante, sigue siendo
inexpresable
El amor del buen pastor que aparece en los vv. 14s está expresado
sobre todo en términos de "conocimiento", o sea, de comunión
profunda entre Jesús y sus ovejas. Éste es el reverbero
transparente de la relación que existe entre el Padre y Jesús, una
relación de entrega absoluta y desinteresada que se difunde y rebosa
sobre los otros: "Lo mismo que mi Padre me conoce a mí y yo le
conozco a él; y yo doy mi vida por las ovejas". Jesús no habla aquí
de "sus" ovejas, sino de "las" (todas) ovejas, aludiendo así a su misión
respecto a toda la humanidad, que ha venido a reunir para volver a
llevarla al Padre, como esposa toda bella, sin arruga ni mancha.
MEDITATIO
Jesús se presenta como el buen pastor, pero hoy son pocos los que
desean asumir el papel de "oveja", y menos aún el de oveja dócil. Menos
todavía pertenecer a un rebaño. Existe en nuestros días una alergia
innata a formar parte de un rebaño conducido por otros. Se deberá al
sentido de la dignidad personal? Será la conciencia de los derechos de
la persona? Será la cultura democrática la que nos impide aceptar de
buen grado esta imagen -pastoral, es cierto, aunque también
paternalista-?
Una imagen contaminada además por recuerdos o por relatos de abusos
por parte de pastores que han "esquilado" al rebaño, en vez de
apacentarlo con benevolencia y discreción, por el recuerdo de no lejanos
guías políticos que engañaron a las masas con discursos fascinantes y
trágicos.
Jesús, sin embargo, se presenta como el pastor de los pastos
eternos que conoce senderos que ningún otro conoce, que muestra de un
modo bastante eficaz que es un pastor diferente, que no se limita a
decir, sino que "llega a entregar su vida" para avalar su petición de
convertirse en guía verdadero y bueno hacia las metas definitivas. No
hay por su parte ninguna pretensión de dominio, ninguna petición de
sometimiento, ninguna condición de renuncia a nuestra propia dignidad.
Sólo pide que nos fiemos de él, que nos confiemos a él, para llegar a la
meta. Está tan desprendido de todo poder, tan entregado a su acción de
guía manso y seguro, que da su propia vida por las ovejas.
Por mí, de un modo particular y eficaz desde ahora, en la medida en
que deseo ser guiado por él hacia la vida eterna.
ORATIO
También yo me encuentro, Señor, no pocas veces, entre los que no
desean ser guiados demasiado por ti. Sin embargo, es entonces cuando me
dejo guiar por este mundo. Queriendo huir de tu rebaño, me agrego al
rebaño que camina sin meta y sin esperanza. O bien, sin preocuparme por
lo que pasará mañana, prefiriendo vivir mi jornada con mis opiniones,
que son después las de la mayoría que vagan por senderos que no llevan a
ninguna parte. Veo que estoy terriblemente condicionado por el
pensamiento de mi ambiente, que me resulta difícil salir del rebaño de
quien vive su propia vida tranquilamente.
Te pido, Señor, que me ilumines para que pueda comprender que tú
eres la luz, el guía, el camino. E ilumíname también para que comprenda
que entrar en tu rebaño no supone conducir mi cerebro al montón, sino
ponerlo en los senderos de la vida, unos senderos que sólo tú conoces,
porque has bajado del cielo para indicarnos el camino que lleva al
cielo. Especialmente en los días serenos, cuando las luces de este mundo
brillan y nos atraen, ilumina mi corazón para que no me pierda, sino que
te sienta como pastor dulce y guía digno de confianza.
CONTEMPLATIO
El buen pastor se hace hierba del pasto para quien se convierte en
oveja suya. Por eso, lo primero que te enseña la Iglesia es que debes
hacerte oveja del buen pastor y dejarte guiar por la catequesis hacia
los pastos y las fuentes de la enseñanza, para ser sepultado con él
mediante el bautismo en su muerte, y sin tener miedo de una muerte
semejante. Y es que no se trata de muerte, sino de "sombra de la
muerte", de una imagen [...].
Después, te apoya con el cayado del Espíritu Santo porque el
Espíritu Santo es el consolador. Prepara con todo lujo para ti la mesa
de la Palabra de Dios, frente a la mesa de tus adversarios, los
demonios. Te perfuma la cabeza con el aceite del Espíritu. Te limpia el
cáliz del vino que alegra el corazón y suscita en tu espíritu esa sobria
embriaguez que te disuade de las cosas pasajeras, sumergiéndote en las
eternas. Quien ha gustado esta ebriedad pasa de esta vida fugaz a la
eterna y habita en la casa del Señor a lo largo de los días (Gregorio de
Nisa).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"El Señor es mi pastor, nada me falta"
(Sal 23,1).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Los guías religiosos -sacerdotes, ministros, rabinos o imanes pueden ser
admirados y reverenciados, aunque también odiados y despreciados.
Esperamos que nuestros guías religiosos nos lleven más cerca de Dios con
sus oraciones, su enseñanza, su guía. Por eso, vigilamos su
comportamiento con atención y escuchamos de manera crítica sus palabras.
Pero precisamente porque esperamos de ellos, a menudo sin darnos cuenta,
algo más grande que un comportamiento humano, nos sentimos fácilmente
decepcionados o incluso nos sentimos traicionados cuando se muestran tan
humanos como nosotros. Nuestra admiración absoluta se transforma
rápidamente en un odio ilimitado.
Intentemos amar a nuestros guías religiosos, perdonar sus culpas y
verlos como hermanos y hermanas. De este modo dejaremos que ellos, a
través de su humanidad rota, nos lleven más cerca del corazón de Dios
(H. J. M. Nouwen, Pane per il viaggio, Brescia 1997, p. 113
[trad. esp.: Pan para el viaje, PPC, Madrid 1999]).
|
Día 23
|
Martes de la cuarta semana de pascua o 23 de abril,
San
Jorge
Abundantes documentos arqueológicos y literarios atestiguan el culto
antiquísimo y muy pronto difundido en todos los países de Oriente y de
Occidente de san Jorge, a quien la tradición da el título de gran mártir
(siglo IV). En Lydda, la actual Lod (Palestina), son visibles todavía
los restos arqueológicos de la basílica del cementerio, probable
construcción constantiniana. En todos los países cristianos han
florecido relatos de la gesta del santo, elogios y celebraciones
litúrgicas, panegíricos realizados a menudo por grandes nombres, como
Andrés de Creta, Venancio Fortunato o Gregorio de Tours. La leyenda del
soldado vencedor del dragón, símbolo de la superación de los sacrificios
humanos, ha facilitado la difusión de su culto. La Passio Georgii
fue clasificada entre las obras apócrifas por el Decretum Gelasianum
del año 496.
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 11,19-26
En aquellos días,
19 los discípulos que se habían dispersado a causa de la
persecución provocada por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia,
Chipre y Antioquía, pero sin predicar la Palabra a nadie más que a los
judíos.
20 Había, sin embargo, entre ellos algunos chipriotas y cirenenses,
los cuales, al llegar a Antioquía, predicaban también a los no judíos,
anunciándoles la Buena Noticia de Jesús, el Señor.
21 El poder del Señor estaba con ellos, y fue grande el número de
los que creyeron y se convirtieron al Señor.
22 La noticia llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén, y enviaron
a Bernabé a Antioquía.
23 Cuando éste llegó y vio lo que había realizado la gracia de
Dios, se alegró y se puso a exhortar a todos para que se mantuvieran
fieles al Señor,
24 pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y
una considerable multitud se adhirió al Señor.
25 Después fue a Tarso a buscar a Saulo. –
26 Cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía, y estuvieron juntos un
año entero en aquella iglesia, instruyendo a muchos. En Antioquía fue
donde se empezó a llamar a los discípulos "cristianos".
*•"• Lo que Pedro realizó con Cornelio lo llevan a cabo también los
discípulos perseguidos y dispersados y, además, a gran escala. Los
helenistas, expulsados de Jerusalén, se transforman en misioneros y
predican en Samaría, Fenicia, Chipre y Antioquía, dirigiéndose asimismo
a los griegos, es decir, a los paganos. Antioquía, situada en la parte
septentrional de Siria, junto al Mediterráneo, aparece como el lugar
privilegiado de la misión a los paganos, como polo de difusión del
"nuevo camino" entre los griegos. Es también el lugar donde percibe la
gente la nueva realidad representada por los cristianos, su diferencia
respecto a los judíos, su identidad específica y, por consiguiente, el
nuevo nombre. Pero Jerusalén vigila: las mismas reservas que aparecieron
respecto a la actuación de Pedro surgen ahora con respecto a la
comunidad de Antioquía. Y se envía una "inspección". Afortunadamente, se
escoge al hombre justo, Bernabé, que no por nada recibe el nombre de
"hombre que infunde ánimo", el cual, por encontrarse "lleno del
Espíritu Santo", estaba en condiciones de discernir la obra del
mismo Espíritu y de comprender sus caminos. Y, por consiguiente, de
animar a perseverar en el camino emprendido. Se presenta a Bernabé con
gran simpatía: no sólo sabe ver la dirección de la historia de la
salvación, sino comprender también que hacen falta hombres justos para
secundar la acción del Espíritu. Por eso no se queda mano sobre mano,
sino que se va a "repescar " a Pablo, olvidado en Tarso, pero ahora
maduro para las grandes empresas misioneras, y lo introduce en el clima
vivaz y dinámico de Antioquía.
Salmo Responsorial
Alabad al Señor, todas las naciones
Sal 86,1-3.4-5.6-7
Él la ha cimentado sobre el monte
santo;
y el Señor prefiere las puertas de
Sióna
todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
R/.
Alabad al Señor, todas las naciones
<< Contaré a
Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí>>.
Se dirá de Sión: <<Uno por uno
odos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha
fundado>>.
R/.
Alabad al Señor, todas las naciones
El Señor
escribirá en el registro de los pueblos:
<< Éste ha nacido allí>>.
Y cantarán mientras danzan:
<< Todas mis fuentes están en ti>>.
R/.
Alabad al Señor, todas las naciones
Evangelio: Juan 10,22-30
Era invierno. Se celebraba en Jerusalén la fiesta que conmemoraba
la dedicación del templo.
23 Jesús estaba en el templo, paseando por el pórtico de Salomón.
24 En esto, se le acercaron los judíos, se pusieron a su alrededor
y le dijeron: - Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si eres el Cristo,
dínoslo claramente de una vez.
25 Jesús les respondió: - Os lo he dicho con toda claridad y no me
habéis creído. Las obras que yo hago por la autoridad recibida de mi
Padre dan testimonio de mí;
26 vosotros, sin embargo, no me creéis porque no pertenecéis a las
ovejas de mi rebaño.
27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.
28 Yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre; nadie puede
arrebatármelas.
29
Mi Padre, que me las ha
dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de manos de mi
Padre.
30 El Padre y yo somos uno.
**• Es la fiesta de la Dedicación, la que se celebra en Jerusalén
durante el período invernal. Jesús pasea por el pórtico de Salomón por
el lado oriental, que mira al valle del Cedrón. Se le acercan algunos y
le plantean una pregunta sobre su identidad mesiánica (v. 24), una
pregunta que tiene la apariencia de un interés sincero, aunque en
realidad es insidiosa y provocativa. Jesús responde en dos momentos
sucesivos: en primer lugar, sobre el mesiazgo (vv. 25-31) y, a
continuación, sobre la divinidad (vv. 32-39).
Estamos ante la magna polémica que enfrentaba a Jesús con sus
enemigos. Jesús ya había presentado antes de varios modos sus propias
credenciales de Hijo de Dios y de enviado del Padre, especialmente a
través de sus obras extraordinarias. Hubieran debido captar su mesiazgo
y creer en su misión, pero lodo intento había resultado inútil (vv.
25s). Si muchos no aceptan su testimonio, la verdadera razón de ello
consiste en el hecho de que no pertenecen a sn rebaño. En cambio, quien
escucha da pruebas de pertenecer al nuevo pueblo de Dios (vv. 27s). Juan
pone en boca de Jesús tres afirmaciones que señalan la identidad de las
ovejas y sus características con respecto a Jesús: "Escuchan mi voz",
"me siguen" y "no perecerán para siempre".
Los creyentes, que caminan en la verdad y en la luz, tendrán que
sufrir, pero la vida de comunión con Cristo, vencedor de la muerte, les
da la seguridad de la victoria. Su vida es asimismo para siempre
comunión con el Padre, cuya mano, más poderosa que todo, los sostiene y
los protege con la donación de su Hijo. La seguridad plena y definitiva
que Jesús y el Padre garantizan a los creyentes se fundamenta en su
profunda unidad y comunión: "El Padre y yo somos uno" (v. 30).
MEDITATIO
Nosotros pertenecemos a Jesús porque Jesús pertenece al Padre.
Somos una sola cosa con Jesús porque Jesús es una sola cosa con el
Padre. Creemos en las obras de Jesús porque Jesús realiza las obras del
Padre.
Jesús quiere establecer conmigo la misma relación que él tiene con
el Padre. Por eso escucho su voz, que es eco de la voluntad del Padre.
Por eso le sigo, porque él me conduce al Padre. Por eso me aferró a él,
para no perecer nunca, porque sé que me conduce al Padre.
Las afirmaciones de Jesús son imponentes, en especial para un
judío: dice que es uno con el Padre, con Dios, con el Altísimo, con el
creador del cielo y de la tierra, con el ser que está por encima de
todos los otros seres. Éstas y otras afirmaciones, particularmente
numerosas en el evangelio de Juan, sorprenden, aturden, dejan sin
aliento, y así debió de ocurrirles a sus interlocutores.
También hoy le ocurre lo mismo a quien se queda perplejo frente a
tamaña pretensión o presunción o luz deslumbrante. Pero Juan no atenúa
nada, no hace descuentos; procede sobre la cresta de afirmaciones que
dan vértigo, que requieren valor, pero que también permiten "no
perecer para siempre". Precisamente porque toman su luminosidad de
la luz misma de Dios.
ORATIO
Ilumina, Señor, mi corazón, tardo para comprender; abre mi mente a
la comprensión de tu Palabra, tan grande que en ocasiones me
desconcierta. También a mí me viene en algunos momentos la tentación de
decirle: "Te escucharé en otra ocasión". En medio de la complejidad de
nuestra sociedad, en medio de la presentación de tantas opiniones,
incluso religiosas, frente al pulular de tantas divinidades, viejas o
nuevas, desde la incertidumbre que en ocasiones hace presa en mí, puedo
comprender el desconcierto e incluso el escepticismo de muchos de mis
hermanos. Éstos son "ovejas errantes sin pastor", porque es
posible que tu voz haya resonado alguna vez en sus oídos, pero ha sido
arrollada por demasiadas voces, por demasiadas opiniones, por demasiados
maestros de vida o de muerte.
Te suplico, Señor, por mí, que me acerco a tu Palabra: confírmala
en mi corazón con la evidencia que sólo tu Espíritu puede darle. Te
suplico también, Señor, por mis hermanos, inseguros, perdidos, confusos:
habíales al corazón, hazte oír no como un maestro entre tantos, sino
como el Maestro, porque tú eres "uno con el Padre".
CONTEMPLATIO
He aquí, hermanos, un gran misterio que hace pensar. El sonido de
nuestras palabras impacta en nuestros oídos, pero el verdadero Maestro
está dentro de vosotros.
Que nadie piense que puede aprender algo de un hombre. La enseñanza
exterior es sólo una ayuda, un reclamo. El que enseña a los corazones
tiene su cátedra en el cielo. Que sea, pues, él quien hable dentro de
vosotros, allí donde ningún hombre puede penetrar, puesto que, aunque
alguien pueda estar a tu lado, nadie puede estar en tu corazón.
Y que no haya nadie en tu corazón: que en él esté Cristo, su
unción, a fin de que tu corazón no permanezca sediento en el desierto,
sin una fuente donde calmar su sed. En consecuencia, es interior el
Maestro que enseña.
Es Cristo quien enseña con sus inspiraciones. Cuando nos faltan sus
inspiraciones y su unción, en vano alborotan las palabras de fuera
(Agustín, Comentario a la Primera carta de Juan, m,13).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Esculpe, Señor, la Palabra en mi corazón".
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Leer significa a menudo recoger información, adquirir nuevas
perspectivas y nuevos conocimientos y dominar un nuevo campo del saber.
Puede conducirnos a una licenciatura, a un título, a un certificado. La
lectura espiritual, sin embargo, es diferente. No significa simplemente
leer cosas espirituales; significa también leer las cosas espirituales
de modo espiritual. Esto requiere disponibilidad no sólo para
leer, sino también para ser leídos; no sólo para dominar las palabras,
sino para ser dominados.
Mientras leamos la Biblia o un libro espiritual simplemente para
adquirir conocimiento, nuestra lectura no nos ayudará en nuestra vida
espiritual. Podemos llegar a ser grandes expertos en cuestiones
espirituales, sin llegar a ser de verdad personas espirituales. Al leer
las cosas espirituales de modo espiritual, abrimos el corazón a la voz
de Dios. Debemos estar dispuestos a dejar aparte el libro que estamos
leyendo y escuchar simplemente lo que Dios nos dice a través de sus
palabras (H. J. M. Nouwen, Pane per !I viaggio, Brescia 1997, p.
118 [trad. esp.: Pan para el viaje, PPC, Madrid 1999]).
|
Día 24
|
Miércoles de la cuarta semana de pascua
LECTIO
Primera lectura*. Hechos de los Apóstoles 12,24-25-, 13,1-5a
24 Entre tanto, la Palabra de Dios crecía y se multiplicaba.
25 Bernabé y Saulo, cumplida su misión, volvieron de Jerusalén,
llevando consigo a Juan, llamado Marcos.
13,1 En la iglesia de Antioquía había profetas y doctores: Bernabé,
Simón el Moreno, Lucio el de Cirene, Manaén, hermano de leche del
tetrarca Herodes, y Saulo.
2 Un día, mientras celebraban la liturgia del Señor y ayunaban, el
Espíritu Santo dijo: - Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión que
les he encomendado.
3 Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y
los despidieron.
4 Enviados, pues, por el Espíritu Santo, Bernabé y Saulo bajaron a
Seleucia, y de allí se embarcaron rumbo a Chipre.
5 Llegados a Salamina, anunciaban la Palabra de Dios en las
sinagogas de los judíos.
**• Se produce una escasez, y la comunidad de Antioquía, por medio
de Bernabé y Saulo, envía ayuda a Jerusalén. Éste es el inicio de un
constante "intercambio de dones" entre las Iglesias. Santiago ha sido
condenado a muerte, Pedro ha sido encarcelado y liberado; muere el
perseguidor Herodes Agripa, "roído por los gusanos".
"Entre tanto, la Palabra de Dios crecía y se multiplicaba":
los acontecimientos humanos sirven de fondo al acontecimiento divino de
la carrera de la Palabra por el mundo. La comunidad de Antioquía, como
ya sabemos, se muestra vivaz y está dotada de profetas y doctores, es
decir, de personas que saben señalar la novedad de Dios y saben explicar
su Palabra. Pablo y Bernabé, vueltos a Antioquía con Juan Marcos, tienen
ante ellos la evangelización de la gran ciudad, de cerca de medio millón
de habitantes, pero el Espíritu (a través de un oráculo de alguno de los
profetas?) les destina a la misión del vasto mundo.
Será ésta la verdadera voluntad de Dios? La respuesta procede del
ayuno y de la oración: sí, es voluntad de Dios. No queda más que
imponerles las manos, signo con el que se confía al Espíritu y se
comparten las responsabilidades: la misión aparece, ya desde sus
comienzos, como obra del Espíritu y del envío y colaboración de la
Iglesia. La misión que construye la Iglesia no se realiza, por
consiguiente, sin el discernimiento de la Iglesia, que ayuna y ora para
que su obra sea lo más conforme posible al obrar del Espíritu.
Salmo
Oh Dios, que
te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben
Sal 66,2-3.5.6.8
Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
R/.
Oh Dios, que te alaben los
pueblos,
que todos los pueblos te alaben
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
y gobiernas las naciones de la
tierra.
R/.
Oh Dios, que te alaben los
pueblos,
que todos los pueblos te alaben
Oh, Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra.
R/.
Oh Dios, que te alaben los
pueblos,
que todos los pueblos te alaben
Evangelio: Juan 12,44-50
En aquel tiempo,
44 Jesús afirmó solemnemente: - El que cree en mí, no solamente
cree en mí, sino también en el que me ha enviado;
45 y el que me ve a mí ve también al que me envió.
46 Yo he venido al mundo como la luz, para que todo el que crea en
mí no siga en tinieblas.
47 No seré yo quien condene al que escuche mis palabras y no haga
caso de ellas, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para
salvarlo.
48 Para aquel que me rechaza y no acepta mis palabras hay un juez:
las palabras que yo he pronunciado serán las que le condenen en el
último día.
49 Porque yo no hablo en virtud de mi propia autoridad; es el
Padre, que me ha enviado, quien me ordenó lo que debo decir y enseñar.
50 Y sé que sus mandamientos llevan a la vida eterna. Por eso, yo
enseño lo que he oído al Padre.
*•
La perícopa constituye el epílogo de la vida pública: es el último
fragmento del "libro de los signos" de Juan. El propio Jesús dirige una
clara y definitiva llamada a todos los discípulos para que orienten su
propia vida en lo esencial con una adhesión convencida y vital a su
divina Palabra. Estas palabras son válidas y actuales para cualquier
tiempo de la Iglesia.
Antes que nada, recuerda Cristo que el objeto de la fe reposa en el
Padre, que ha enviado a su propio Hijo al mundo. Entre el Padre y el
Hijo hay una vida de comunión y de unidad, por lo que "el que crea"
en el Hijo cree en el Padre, y "el que ve" al Hijo ve al
Padre. Existe una plena identidad entre el "creer" en Jesús y el "ver" a
Jesús, entre el "creer" en el Padre y el "ver" al Padre.
Para el evangelista, nos encontramos frente a un ver sobrenatural
que experimenta el que acoge la Palabra del Hijo de Dios y la vive.
Cristo, es decir, la plena revelación de Dios, es el "rostro" de Dios
hecho visible. Quien se adhiere a él reconoce y acepta el amor del
Padre.
Desde el Padre y el Hijo, pasa Juan, a continuación, a considerar
"el mundo" en el que viven los hombres. Quien tiene fe en Jesús
entra en la vida y en la luz.
Ahora bien, la necesidad de creer en el Hijo y en su misión está
motivada por el hecho de que él es "la luz del mundo" (Jn 8,12;
9,5; 12,35s). Quien acoge la luz de la vida escapa de las tinieblas de
la muerte, de la incomprensión y del pecado, y se salva a sí mismo de la
situación de ceguera en la que con frecuencia se encuentra el hombre. En
efecto, el verdadero discípulo es el que cree, guarda en su corazón y
pone en práctica las palabras de Jesús. Por el contrario, el que no cree
ni vive las exigencias del Evangelio incurre en el juicio de condena y,
el último día, será cribado por la misma Palabra de vida que no ha
acogido.
MEDITATIO
En el evangelio de hoy encontramos palabras de confianza y palabras
de temor. Palabras de vida y de muerte.
Palabras de salvación y de condena. Es cierto que Jesús no ha
venido "para juzgar el mundo". Sin embargo, su Palabra y su
misión realizan automáticamente un juicio y se convierten en el criterio
último de verdad y de praxis.
Mi actitud con Jesús y con su Palabra lleva a cabo hoy el juicio,
el presente y el futuro. En la persona de Cristo está la realidad
definitiva. Y he de hacer frente, aquí y ahora a esta realidad, porque
es lo definitivo lo que sopesa lo que pasa, es lo eterno lo que criba lo
transitorio.
Es hoy cuando decido mi destino eterno. Es hoy cuando debo
compararme con Cristo, es hoy cuando debo configurarme con la Palabra.
Es hoy cuando mi vida está suspendida entre la vida y la muerte, entre
la luz y las tinieblas, entre el todo y la nada.
Importancia del momento presente.
Importancia decisiva del instante que estoy viviendo. Valor eterno de
este fugacísimo momento. Valor del hoy para mi destino eterno.
Recuperación del sentido de la dramática ambivalencia del momento
presente, tan vivo en muchos santos. Hacia dónde estoy orientado hoy, en
este momento, en lo hondo de mi corazón?
ORATIO
Concédeme, Padre, que me deje empapar por estas palabras tuyas de
salvador y de juez. Haz que, a pesar de la carga de miseria que soy, no
pierda la confianza, no me aleje de ti entristecido y desalentado, sino
que acuda a ti para dejarme iluminar por tu luz, revigorizar por tu
vitalidad, deseoso de recuperar tu vida.
Concede a mi corazón asustado ver bajo la dureza de tus palabras la
voluntad de recuperarme y salvarme.
Concédeme, pues, oírlas como una ayuda concreta para no perder la
vida eterna que has preparado para mí.
Sé que quieres salvarme y que por eso has enviado a tu Hijo, que me
ha transmitido tus palabras. Te suplico que ninguna de mis culpas me
haga perder la confianza en que tú quieres mi salvación y no mi condena;
que quede siempre, por tanto, una rendija de esperanza para mí, porque
eres un Dios benévolo incluso cuando te muestras severo. Padre bueno y
misericordioso, esculpe en mi corazón las palabras de tu Hijo para que
yo pueda gustar hoy, mañana y siempre tu salvación.
CONTEMPLATIO
Las divinas Lecturas, si bien, por un lado, levantan nuestro ánimo
para que no nos aplaste la desesperación, por otro nos infunden miedo
para que no nos agite el viento de la soberbia. Seguir el camino de en
medio, verdadero, recto, que -como decimos también corre entre la
izquierda de la desesperación y la diestra de la presunción, nos
resultaría muy difícil si Cristo no nos hubiera dicho: "Yo soy el
camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Como si hubiera dicho: Por
dónde quieres ir?
Yo soy el camino. Adonde quieres ir? Yo soy la verdad. Dónde
quieres permanecer? Yo soy la vida. Caminemos, pues, con seguridad por
este camino, pero temamos también las insidias que nos amenazan
(Agustín, Sermón 142, 1, passim).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Brille sobre nosotros la luz de tu rostro"
(Sal 4,7b).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El gran misterio de la encarnación es que Dios tomó en Jesús la carne
humana, a fin de que toda carne humana pudiera revestirse de la vida
divina. Nuestras vidas son frágiles y están destinadas a la muerte;
ahora bien, puesto que Dios, a través de Jesús, ha compartido nuestra
vida frágil y mortal, ya no tiene la muerte la última palabra. La vida
ha salido victoriosa.
Escribe el apóstol Pablo: "Cuando este ser corruptible se revista de
incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces
se cumplirá lo que está escrito: La muerte ha sido devorada por la
victoria. Dónde está, oh muerte, tu victoria? Dónde está, oh muerte, tu
aguijón?" (1 Cor 15,54). Jesús ha suprimido la fatalidad de nuestra
existencia y le ha dado a nuestra vida un valor eterno (H. J. M. Nouwen,
Pane per il viaggio, Brescia 1997, p. 11 3 [trad. esp.: Pan
para el viaje, PPC, Madrid 1999]).
|
Día 25
Jueves de la
cuarta semana de pascua o 25 de abril,
San Marcos
Marcos
era hijo de María de Jerusalén, en cuya casa se refugió Pedro cuando fue
liberado de la cárcel (Hch 12,12). Colaboró con Pablo en su obra apostólica (Col
4,10) y también estuvo cerca de él en la cárcel de Roma (Flm 24). Según la
tradición, Marcos fue un discípulo fiel de Pedro (1 Pe 5,13) y escribió el
segundo evangelio, recogiendo la predicación del apóstol Pedro sobre los dichos
y los hechos de Jesús. Su evangelio es reconocido, por lo general, como el más
antiguo, y fue utilizado y completado por Mateo y Lucas. Al parecer, la
predicación apostólica atestiguada por los grandes discursos de la primera parte
de los Hechos de los apóstoles encuentra en el evangelio de Marcos -a partir de
Mc 1,15- una continuación y sugestivos desarrollos narrativos.
LECTIO
Primera lectura: 1 Pedro 5,5b-14
Queridos hermanos:
5
Sed humildes en vuestras relaciones mutuas, pues Dios resiste a los
soberbios, pero concede su favor a los humildes.
6
Así pues, humillaos bajo la poderosa mano de Dios, para que os encumbre en su
momento.
7
Confiadle todas vuestras preocupaciones, puesto que él se preocupa de vosotros.
8
Vivid con sobriedad y estad alerta. El diablo, vuestro enemigo, ronda como león
rugiente buscando a quien devorar.
9
Enfrentaos a él con la firmeza de la fe, sabiendo que vuestros hermanos
dispersos por el mundo soportan los mismos sufrimientos.
10
Y el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo,
después de un corto sufrimiento os restablecerá, os fortalecerá, os robustecerá
y os consolidará.
11
Suyo es el poder por siempre. Amén.
12
Por medio de Silvano, hermano de vuestra confianza, según tengo entendido, os he
escrito brevemente para exhortaros y aseguraros que ésta es la verdadera gracia
de Dios. Permaneced firmes en ella.
13
Os saluda la iglesia de Babilonia, a la que Dios ha elegido lo mismo que a la
vuestra; os saluda también Marcos, mi hijo.
14
Saludaos mutuamente con el beso de amor fraternal. Paz a todos vosotros, los que
vivís unidos en Cristo.
*" El
apóstol Pedro llama a Marcos en este fragmento "mi hijo" (v. 13): a
partir de esta preciosa noticia, la tradición ha considerado que Marcos había
recogido en su evangelio la predicación del primero de los apóstoles, cuyas
exhortaciones están dirigidas a los que ejercen responsabilidades de guías y
maestros en la Iglesia.
Un
auténtico pastor, en primer lugar, debe estar revestido de humildad,
consciente de que no posee nada como propio, sino que todo lo ha recibido de
Dios. Humildad es verdad: esto vale para todo auténtico creyente y, con mayor
razón, para quien está revestido de autoridad.
Quien
haya sabido vivir en la humildad, recibirá a su tiempo el reconocimiento por
parte de ese Dios que "resiste a los soberbios, pero concede su favor a los
humildes" (v. 5; cf. Prov 3,34).
Además
de humildes, los pastores deben ser también sobrios y estar alerta.
Se repiten aquí las recomendaciones que Jesús había dirigido a sus
discípulos en el discurso escatológico {cf. Me 13,lss). La sobriedad y la
vigilancia son buenas hermanas: ambas, juntas, pueden oponer una firme y segura
resistencia -la resistencia de la fe- al enemigo número uno: el diablo,
representado aquí con el aspecto de un león rugiente y devorador. A los pastores
humildes y fieles, sobrios y vigilantes, el apóstol Pedro les dirige la
promesa: el Dios que les ha llamado a la vida nueva en Cristo, tras un breve
suHfp miento, les confirmará en la gracia y les coronará de gloria (v. 10).
Salmo Responsorial
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Sal 88,2-3.21-22.25.27
Cantaré
eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijieste: <<La misericordia es un
edificio eterno>>,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.
R/.
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Encontré a
David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso.
R/.
Cantaré
eternamente tus misericordias, Señor
Mi fidelidad
y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora».
R/.
Cantaré
eternamente tus misericordias, Señor
Evangelio: Marcos 16,15-20
En
aquel tiempo, apareciéndose a los Once,
15
les dijo: -Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura.
16
El que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará.
17
A los que crean les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre,
hablarán en lenguas nuevas,
18
agarrarán serpientes con las manos y, aunque beban veneno, no les hará daño;
impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán.
19
Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la
diestra de Dios.
20
Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos,
confirmando la palabra con las señales que la acompañaban.
**• En
la fiesta de san Marcos, la Iglesia nos propone para nuestra reflexión la última
página del evangelio de Marcos, el llamado "final canónico" del segundo
evangelio: no es auténtico, en el sentido de que no pertenece al evangelio
originario, pero es inspirado, porque ha sido recibido por la Iglesia desde la
antigüedad.
Encontramos, en primer lugar, el mandato misionero: Jesús envía a sus
discípulos a llevar el Evangelio a todas las criaturas (vv. 15ss). El misionero
del Padre tiene necesidad de otros misioneros; aquel que es la Palabra tiene
necesidad de otros portavoces que divulguen su conocimiento; aquel que es el
Evangelio hecho persona confía ahora el Evangelio a sus apóstoles: "Id...
Proclamad".
El
segundo elemento que encontramos en esta página evangélica describe, también en
términos telegráficos, el hecho prodigioso de la ascensión de Jesús al
cielo: "Y se sentó a la diestra de Dios" (v. 19). Una vez subido al
cielo, Jesús entra en plena posesión de sus poderes de Mesías, Salvador, Dios.
He
aquí, por último, la respuesta de los apóstoles a los mandatos que les ha dado
Jesús: "Ellos salieron a predicar por todas partes" (v. 20). Se trata de
una reacción no verbal, sino práctica; no abstracta, sino concreta, que se
traduce en una decisión tan fuerte que da la vuelta por completo a la vida de
los apóstoles e implica a muchas de las personas que les escuchan.
MEDITATIO
La
figura del evangelista Marcos, cuya fiesta litúrgica celebramos hoy, nos invita
a profundizar en el significado del término "evangelio", con el que el
evangelista comienza su obra. Se trata de una profundización no puramente
escolar o académica, sino existencial y vital.
El
Evangelio es de Dios
cf. Mc
1,14): contiene y expresa todo el proyecto salvífico que el Padre quiere
realizar por medio de su Hijo en favor de toda la humanidad. Es del corazón de
Dios de donde brota esta "Buena Noticia" capaz de colmar de alegría todos los
corazones humanos disponibles al don de la salvación. El Evangelio es de
Jesucristo (cf. Mc 1,1), teniendo en cuenta que este genitivo puede y deber
ser entendido así: el Evangelio que es Jesucristo, Hijo de Dios. Es como decir
que la "Buena Noticia" tiene como objeto único y exclusivo la persona, la
enseñanza y el ministerio de Jesús, único Mesías y verdadero Hijo de Dios. Ahora
bien, según Marcos, el Evangelio es también memorial de todo lo que acompañó al
acontecimiento terreno de Jesús: por ejemplo, el gesto gratuito y sorprendente
de la pecadora que, la víspera de la pasión y muerte de Jesús, bañó, perfumó y
besó los pies del Salvador: "Os aseguro que en cualquier parte del mundo
donde se anuncie la Buena Noticia será recordada esta mujer y lo que ha hecho"
(Mc 14,9). En suma, de todo esto se deduce que, para Marcos, el Evangelio es
todo, todo es Evangelio.
ORATIO
Abre,
oh Señor, mis oídos para que se llenen del tesoro de tu Evangelio: sólo así mi
vida, iluminada y confortada por tu Palabra, tendrá un significado pleno y
duradero. Abre, oh Señor, mi corazón, a fin de que aprenda a acoger al Verbo de
la verdad que está encerrado en tu Evangelio: sólo así me sentiré totalmente
saciado, porque estaré colmado por completo de tu don.
Abre,
oh Señor, mi boca, a fin de que, de la abundancia del corazón, acoja tu mensaje
y lo proclame para tu gloria y para el bien de los hermanos. Abre, oh Señor, mi
vida al encuentro contigo, que me sales al encuentro día tras día con la Palabra
de la verdad que tu Evangelio encierra y entrega.
CONTEMPLATIO
Soy
todavía imperfecto, pero vuestra oración en Dios me perfeccionará para alcanzar,
misericordiosamente, la herencia, refugiándome en el Evangelio como en la carne
de Jesús, y en los apóstoles como en el presbiterio de la Iglesia. Amemos a los
profetas, porque también ellos anuncian el Evangelio [...]. Han recibido el
testimonio de Jesucristo y han sido incluidos en el evangelio de la esperanza
común [...]. El Evangelio tiene algo más especial, la venida del Salvador,
nuestro Señor Jesucristo, su pasión y su resurrección. Los bienamados profetas
la preanunciaron, pero el evangelio es la consumación de la incorruptibilidad
(Ignacio de Antioquía, "Ai Filadelfiesi", en I padre apostolici, Roma
21998, pp. 129-131 [edición española: Padres apostólicos, Biblioteca de
Autores Cristianos, Madrid 1993]).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy estas palabras del evangelista Marcos:
"Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed en
el Evangelio-"
(Me
1,15).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Marcos
refleja a la perfección el estadio inicial de la cristología de la Iglesia
primitiva, de la que nunca se podrá prescindir para comprender, por comparación,
los desarrollos ulteriores de la reflexión teológica. Aunque el redactor no ha
expresado con claridad y de manera orgánica su pensamiento, ha conseguido
concentrar nuestra atención en la figura del siervo de YHWH, que nos redime a
través del dolor y de la soledad. Su preocupación por eliminar el escándalo de
la cruz es evidente, para lo cual demuestra que Jesús ha vencido a Satanás. En
su debilidad actuaba la omnipotencia divina para la restauración del Reino y la
derrota decisiva del poder diabólico sobre la humanidad [...].
Marcos
traza la imagen de Jesús más próxima a su realidad humana. Mientras que los
otros evangelistas, aun afirmando de manera categórica que Jesús fue un
verdadero hombre, casi transfiguran su vida, compenetrando con la luz pascual su
humanidad envuelta de miseria y fragilidad, Marcos, en cambio, reproduce de modo
verista la experiencia de Cristo que tuvieron los apóstoles, y en particular
Pedro, durante su actividad pública antes de su glorificación a la derecha del
Padre. En consecuencia, no se preocupa por atenuar las manifestaciones de su
sensibilidad, que revelan sus rasgos profundamente humanos.
Sólo
Marcos habla de la cólera, de la amargura, del estupor de Jesús, el cual, por
otra parte, dirige preguntas a los discípulos, gime y suspira, abraza con
ternura a los niños y ama al joven rico aun cuando éste no corresponda a su
invitación de seguirle en la renuncia. Pero no se piense que, con esto, ha
subestimado la dignidad trascendente y divina de Cristo. Al contrario, ha puesto
este título a su libro: Evangelio de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Aunque
Marcos no elabore una profunda cristología intentando sondear el misterio divino
y humano de Jesús, nos documenta, no obstante, mejor que los otros evangelistas
y con una probidad escrupulosa sobre la desconcertante realidad de la
expoliación del Hijo de Dios, que se encarnó para llevar a cabo la salvación
mediante el sufrimiento y la muerte (A. Poppi, Commento a Marco, Padua
1978).
Día 26
|
Viernes de la cuarta semana de pascua o 26 de abril,
San
Isidoro de Sevilla
Los padres de Isidoro, huyendo de Justiniano y de los invasores
bizantinos, después de abandonar sus posesiones de Cartagena, llegaron a
Sevilla, hacia la mitad del siglo VI. En esta ciudad y hacia el año 556,
nació el hijo menor del matrimonio, Isidoro, que había de ser el hombre
más docto de su tiempo. Fueron hermanos suyos otros tres santos:
Leandro, Florentina y Fulgencio.
Bajo la dirección espiritual y el mecenazgo de Leandro, Isidoro se educó
desde su infancia en el monasterio que aquél había fundado y del cual
era abad.
Muy joven aún, se consagra Isidoro totalmente al Señor, lleno de santo
entusiasmo, y recibe de manos de su propio hermano y obispo el hábito
monacal, entregándose enseguida al estudio de todas las ciencias y
resultando un lector infatigable de prodigiosa memoria.
Cuando estalla la última lucha entre el arrianismo y el catolicismo, al
apoyar el rey Leovigildo la herejía y ser desterrado por éste el obispo
Leandro, Isidoro empieza a distinguirse como defensor de la fe, por lo
que pronto se le persigue y amenaza.
Muerto el rey (586), y decidida la victoria del catolicismo, al abjurar
Recaredo de la herejía, regresan a Sevilla los dos hermanos: Leandro
como obispo, e Isidoro, apenas cumplidos 30 años, para encargarse, por
delegación de aquél, de la dirección del monasterio, como abad sucesor.
A los 40 años sucede a su hermano en la sede episcopal de Sevilla.
Cumplidos los 80 años, Isidoro aún predicaba a su pueblo y aconsejaba a
sus fieles, con amor y humildad, pero, agotado de tantos y tan
continuados trabajos y esfuerzos, sucumbe a una maligna enfermedad y
muere el día 4 de abril del año 636.
Primera
lectura: 1 Corintios 2,1-10
1 En lo que a mi toca, hermanos, cuando
vine a vuestra ciudad para anunciaros el designio de Dios, no lo hice
con alardes de elocuencia o de sabiduría.
2 Pues nunca entre vosotros me he preciado
de conocer otra cosa sino a Jesucristo, y a este crucificado.
3 Me presenté ante vosotros débil,
asustado y temblando de miedo.
4 Mi palabra y mi predicación no
consistieron en sabios y persuasivos discursos; fue más bien una
demostración del poder del Espíritu,
5 para que vuestra fe se fundara no en la
sabiduría humana, sino en el poder de Dios.
6También nosotros tenemos una sabiduría
para adultos en la fe, aunque no es una sabiduría de este mundo, ni de
los poderes que gobiernan este mundo y estén abocados a la destrucción.
7 De lo que hablamos es de una sabiduría
divina, misteriosa, escondida; una sabiduría que Dios destino para
nuestra gloria antes de los siglos
8 y que ninguno de los poderosos de este
mundo ha conocido, pues, de haberla conocido, no habrían crucificado al
Señor de la gloria.
9 A nosotros, en cambio, como dice la
Escritura: lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni al hombre se le
ocurrió pensar que Dios podía tenerlo preparado para los que lo aman,
10 eso es lo que nos ha revelado Dios por
medio de su Espíritu. El Espíritu, en efecto, lo escudriña todo, incluso
las profundidades de Dios.
*•
La acción salvífica de Dios es totalmente gratuita; en Jesucristo, el
Padre ha ofrecido la salvación a todos. La lógica escandalosa de la cruz
modifica los criterios de mérito y privilegio e invierte el horizonte de
la sabiduría humana. Desde un primer momento, Pablo evidencia esta
perspectiva hablando de la fuerza de la locura de la cruz
(1,18-25); a continuación, pone como ejemplo a la comunidad de Corinto
(1,26-31) y, por último, propone su propio comportamiento misionero
(2,1-5).
Pablo no se ha servido de raciocinios elocuentes o de hábiles
argumentaciones (2,1): en el centro de su anuncio está únicamente
Jesucristo, y éste crucificado. El apóstol funda y refuerza su
proclamación en la fuerza del Espíritu. Sólo esta acción potente y el
contenido del mensaje, despojado de cualquier estrategia persuasoria,
conducen a una adhesión de fe auténtica, que no depende de las
capacidades intelectivas y lógicas del predicador. Según este principio,
anunciar el Evangelio significa confiar por entero en la obra de Dios.
El
segundo capitulo de la primera Carta a los Corintios presenta una
reflexión sobre el tema de la sabiduría articulada en dos panes,
ofreciendo antitéticamente un cuadro doctrinal unitario, Si en la
primera sección (vv 1-5) Pablo hablaba de la necedad de la cruz
oponiéndola a la sabiduría autosuficiente del hombre, en la segunda (vv
6-16) traza los rasgos que caracterizan la verdadera sabiduría
cristiana, ya sea por los destinatarios que están en actitud de acogerla
o por el contenido especifico que encierra. Así, Pablo habla de
cristianos <<perfectos>>, <<adultos en la fe>> (cf 14,2o; Flp 3,15; Col
1,28), a quienes Dios les ha manifestado una sabiduría <<misteriosa>>,
<<escondida>> y eterna, como Dios que es, destinada <<para nuestra gloria
antes de los siglos" y distinta de la sabiduría <<de este mundo>>,
descrita por Pablo en un lenguaje de carácter apocalíptico (v. 7ss).
Por
este motivo, frente a aquellos corintios que se tenían por
<<Espirituales" porque poseían una gnosis o conocimiento superior los
creyentes que han recibido el anuncio del apóstol no tienen que
considerarse inferiores. Al revés, gozan de un don inmenso y gratuito:
haber conocido en Cristo el plan de Dios para la salvación del mundo. Y
quien anuncia esta sabiduría a los <<adultos en la fe>> no entrega un don
obtenido por méritos propios, sino que hace participe a otros de cuanto
le ha sido revelado <<por medio del Espíritu>> (v. 1o), lo que Dios
<<tenía preparado para los que lo aman>> (v. 9). La puerta de acceso que
conduce a las <<profundidades de Dios>> (v. 1o) no es un
conocimiento—gnosis fundado en presuntas capacidades humanas, sino en el
amor
Salmo
Responsorial
Lámpara es tu palabra
para mis pasos, luz en mi sendero.
Salmo 118
105 Lámpara es tu palabra para mis
pasos,luz en mi sendero;
106 lo
juro y lo cumpliré:guardaré tus justos mandamientos;
107 !estoy
tan afligido! Señor, dame vida según tu promesa.
108
Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos;
109
mi vida está siempre en peligro, pero no olvido tu ley;
110 los
malvados me tendieron un lazo, pero no me desvié de tus mandatos.
111
Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón;
112
inclino mi corazón a cumplir tus decretos, siempre y cabalmente.
Evangelio: Mateo 5,13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús:
13 Vosotros sois la sal de la tierra, pero
si la sal se desvirtúa, con qué se salará? Para nada vale ya, sino para
tirarla fuera y que la pisen los hombres.
14 Vosotros sois la luz del mundo. No puede
ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.
15 Tampoco se enciende una lámpara para
taparla con una vasija de barro, sino que se pone sobre el candelero,
para que alumbre a todos los que están en la casa.
16 Brille de tal modo vuestra luz delante
de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro
Padre, que esta en los cielos.
¤"
Mateo ensambla dos imágenes (en los otros dos evangelios sinópticos se
encuentran separadas; cf Mc 9,49 y Lc 14,34ss para la <<sal>>; Mc 4,21 y
Lc 8,16; 11,33 para la <<luz>>) y las utiliza para crear, en el contexto
del <<sermón de la montaña>>, una especie de engranaje entre el texto de
las bienaventuranzas (5,1-12) y el de la Ley (5,17-46). Se quiere poner
el acento en la tarea confiada a los discípulos, que deben vivir en
referencia a tiempo-mundo, de modo no distinto y separado, sino como
alternativa. El empleo del <<vosotros sois>>, al inicio del v. 13,
resalta la unión entre las dos metáforas de nuestro texto y la ultima
bienaventuranza precedente (5,1 1-12).
La
primera imagen, la de la sal, sugiere los diferentes modos conocidos de
utilizar este elemento natural e indispensable: sazona las comidas,
conserva y preserva los alimentos y, en el terreno específicamente
religioso, esta relacionada con los sacrificios de oblación (Lv 2,13; Ez
43,24). Si la sal se desvirtúa (eventualidad posible, puesto que la sal
se obtenía con técnicas rudimentarias e imperfectas, y sin mayor control
de calidad), no sirve para nada, <<para tirarla fuera y que la pisen>>.
En estas dos ultimas expresiones, es evidente que la referencia al
juicio de Dios, bien sea con <<echar>>/"tirar", que Mateo también usa en
otros contextos (3,10; 7,19; 5,25; 5,29; etc.), o <<pisotear>>, término
utilizado por Isaías para describir la suerte reservada a los impíos
(10,6; 25,10; etc.), esta dirigida al discípulo que no realiza
debidamente su vocación y se vuelve <<insípido>> (el verbo moraino
del v. 13 expresa tanto la pérdida de sabor como el ser necio>>;
Mt 25,1-I3).
La
segunda indicación dada a los discípulos a través de la imagen de la
luz, y relacionada con la de la ciudad, se enlaza con la idea profética
de la peregrinación de los pueblos, quienes de ahora en adelante serán
atraídos no por Jerusalén (cf Is 2,2-5), sino por la luz de Cristo
irradiada mediante los discípulos. El horizonte de esta <<difusión>> se
expande para que alcance a todos los pueblos; no se puede circunscribir
igual que no se puede ocultar el resplandor difundido por una lámpara
colocada en el centro de la casa. Un imperativo, <<brille>> (v 16),
cierra la perícopa e invita al oyente a depurar su adhesión personal al
Evangelio conforme a la facultad de realizar <<buenas obras>> (no
mencionadas aquí, aunque si explicitadas en Mt 25,35ss), que den gloria
al Padre celestial.
Sin
esta praxis, el seguimiento resulta insípido, y el camino, incierto,
envuelto en tinieblas.
MEDITATIO
Toda reflexión sobre la humildad tiene que subrayar su especificidad
cristiana, esto es, tiene que hundir sus raíces en la persona de Jesús,
misterio y recapitulación de la revelación de Dios.
Solemos llamar humildes a las personas de mezquina condición social, los
insignificantes. Sólo en el latín eclesiástico toma este término un
significado moral y religioso, resumiendo en sí mismo términos y
conceptos bíblicos...
En el Antiguo Testamento, ani y anaw –ordinariamente en
plural, anawim- derivan de la raíz hebrea anah ("estar
doblado, apretado"). Su significado original es el de hombre pobre, en
la miseria, oprimido, y remite a la categoría de personas a las que
protegen las leyes de la alianza (Ex 22,24; Lv 19,10; Dt 24,12) y cuya
opresión denuncian tanto los profetas (Is 3,14ss; Am 8,41) como la
literatura sapiencial (Job 24,49).
Con la primera predicación profética se añade al término una connotación
religiosa: el valor del que se pone libremente en el estado de
"ani" frente a Dios (Am 2,7; Sof 2,31). La predilección de
Yahveh por sus pobres (Is 10,2; Sal 86,lss) se conjuga con su
predilección por los humildes (Sal 34,19; 2 Cr 12,71); a ellos les da su
gracia (Prov 3,34; Sal 25,9; Eclo 3,20) y su sabiduría (Prov 11,21).
Probablemente, Jesús dijo: "Yo soy anwana" al afirmar que es el
"pobre de Yahveh", es decir, "manso y humilde de corazón". Jesús subraya
la presencia escatológica del Reino en su misma persona. Tenemos aquí en
síntesis toda la enseñanza y el comportamiento existencial de Jesús: la
humildad con el Padre y la humildad con los hombres.
María fue la primera en asimilar la novedad evangélica de la humildad
(Le 1,38) y, como verdadera "pobre de Yahveh" (Le 1,48), se puso en
seguimiento del Hijo hasta la cruz (Jn 19,25). Ella es la primera entre
los "pobres de espíritu" que Jesús proclama bienaventurados... (Y.
Mauro, "Humildad", en Diccionario teológico digital).
ORATIO
Señor, Dios todopoderoso, tú que elegiste a san Isidoro, obispo y doctor
de la Iglesia, para que fuese testimonio y fuente del humano saber,
concédenos, por su intercesión, una búsqueda atenta y una aceptación
generosa de tu eterna verdad.
CONTEMPLATIO
Tres facetas principales pueden considerarse en la vida de nuestro
santo:
1. Padre y forjador de monjes
Al hacerse cargo de la dirección monacal, observó que, para "vida de
perfección" monástica, era preciso instituir un código de leyes que
regulara la vida en comunidad, los derechos y deberes de superiores y
súbditos, señalando los elementos fundamentales de la vida conventual,
resumidos así por Isidoro: "La renuncia completa de sí mismo, la
estabilidad en el monasterio o perseverancia, la pobreza, la oración
litúrgica, la lección y el trabajo".
2. Doctor universal y escritor fecundo
Aparte de su alta dirección espiritual en la formación y santidad de sus
monjes, él siempre delante con el más sublime ejemplo, es también modelo
de ellos en el trabajo intelectual, de una actividad y fecundidad
asombrosas, hasta en el supuesto de que pudiéramos considerarlo
trasladado a nuestra época.
3. Obispo de Sevilla y padre de obispos
En el año 600 sucede a su hermano Leandro en la sede hispalense, al
igual que antes le sucediera en el gobierno monástico, pero también,
como entonces, elevando y superando la actividad y perfección en el
cargo.
"!Ay, pobre de mí -exclama en el tercer libro de las Sentencias-,
pues me veo atado por muchos lazos que es imposible romper! Si continúo
al frente del gobierno eclesiástico, el recuerdo de mis pecados me
aterra, y si me retiro de los negocios mundanos, tiemblo más todavía
pensando en el crimen del que abandona la grey de Cristo."
Estas palabras son el más claro testimonio de la intensa y mística vida
espiritual que aquel sin par sabio y sabio gobernante llevaba.
ACTIO
Repite con frecuencia durante el día la frase:
"El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido"
(Mt 23,12).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Es preciso que el obispo sobresalga en el conocimiento de las sagradas
Escrituras, porque, si solamente puede presentar una vida santa, para sí
exclusivamente aprovecha, pero, si es eminente en ciencia y pedagogía,
podrá enseñar a los demás y refutar a los contestatarios, quienes, si no
se les va a la mano y se les desenmascara, fácilmente seducen a los
incautos.
El lenguaje del obispo debe ser limpio, sencillo, abierto, lleno de
gravedad y corrección, dulce y suave. Su principal deber es estudiar la
santa Biblia, repasar los cánones, seguir el ejemplo de los santos,
moderarse en el sueño, comer poco y orar mucho, mantener la paz con los
hermanos, a nadie tener en menos, no condenar a ninguno si no estuviere
convicto, no excomulgar sino a los incorregibles.
Sobresalga tanto en la humildad como en la autoridad, para que ni por
apocamiento queden sin corregir los desmanes, ni por exceso de autoridad
atemorice a los súbditos. Esfuércese en abundar en la caridad, sin la
cual toda virtud es nada. Ocúpese con particular diligencia del cuidado
de los pobres, alimente a los hambrientos, vista al desnudo, acoja al
peregrino, redima al cautivo, sea amparo de viudas y huérfanos.
Debe dar tales pruebas de hospitalidad que a todo el mundo abra sus
puertas con caridad y benignidad. Si todo fiel cristiano debe procurar
que Cristo le diga: "Fui forastero y me hospedasteis", cuánto más
el obispo, cuya residencia es la casa de todos. Un seglar cumple con el
deber de hospitalidad abriendo su casa a algún que otro peregrino; el
obispo, si no tiene su puerta abierta a todo el que llegue, es un hombre
sin corazón" (del tratado de san Isidoro, obispo, sobre los
oficios eclesiásticos, caps. 5, 1 -2: Patrología latina 83,
785).
|
Día 27
|
Sábado de la cuarta semana de pascua
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 13,44-52
44 El sábado siguiente casi toda la ciudad se congregó para
escuchar la Palabra del Señor.
45 Los judíos, al ver la multitud, se llenaron de envidia y se
pusieron a rebatir con insultos las palabras de Pablo.
46 Entonces, Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía: - A
vosotros había que anunciaros antes que a nadie la Palabra de Dios, pero
puesto que la rechazáis y vosotros mismos no os consideráis dignos de la
vida eterna, nos dirigiremos a los paganos.
47 Pues así nos lo mandó el Señor: Te he puesto como luz de las
naciones para que lleves la salvación hasta los confines de la tierra.
48 Los paganos, al oír esto, se alegraban y recibían con alabanzas
el mensaje del Señor. Y todos los que estaban destinados a la vida
eterna creyeron.
49 La Palabra del Señor se difundió por toda aquella región.
50
Los judíos, sin embargo,
sublevaron a las mujeres distinguidas que adoraban al verdadero Dios, y
a los principales de la ciudad, promovieron una persecución contra Pablo
y Bernabé y los expulsaron de su territorio.
51 Ellos, en señal de protesta, se sacudieron el polvo de los pies
y se fueron a Iconio.
52 Los discípulos, por su parte, estaban llenos de gozo y del
Espíritu Santo.
**• Se presenta aquí una problemática muy sentida por la comunidad
cristiana primitiva: el rechazo del Evangelio por parte de los judíos y
la consiguiente predicación a los paganos. En nuestros días estamos
menos interesados en este tipo de problemas relacionados con el derecho
de precedencia de Israel a la salvación. Sin embargo, en aquella época
estos problemas se consideraban con una gran seriedad y están
presentados con una gran frecuencia en los Hechos de los Apóstoles
(13,46s; 18,6;28,28) y en tres capítulos (9-11) de la Carta a los
Romanos. Eran problemas que planteaban interrogantes y producían
angustia en la conciencia de los discípulos: como es posible que el
pueblo de las promesas no las haya reconocido una vez cumplidas?
Aquí se subraya la alegría de los nuevos destinatarios, los efectos
positivos de la persecución, el clima de optimismo que invadía a los
discípulos -"estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo"- en
medio de unos acontecimientos que no se presentaban ciertamente
demasiado tranquilos.
La Palabra, rechazada por los judíos, es acogida con entusiasmo por
los paganos. Los apóstoles, rechazados en un lugar, se sacuden el polvo
de los pies y difunden la Palabra en otros lugares. La persecución les
llena de la alegría que viene del Espíritu y da la seguridad de seguir
los pasos de Cristo, el justo rechazado por los hombres y exaltado por
Dios.
El libro de los Hechos de los Apóstoles rebosa de optimismo, de ese
optimismo que no procede de la carne, sino del Espíritu. La alegría no
brota de los éxitos, sino de las tribulaciones; no procede de las
realizaciones humanas, sino de sentirse configurados con Cristo, de
sentirse encauzados por el camino hacia Dios.
Salmo Reponsorial
Los confines
de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios
Salmo 97,1-2ab.2cd.3ab.3cd-4
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
R/.
Los confines de la tierra han
contemplado
la victoria de nuestro Dios
El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su
fidelidad
en favor de la casa de Israel.
R/.
Los confines de la tierra han
contemplado
la victoria de nuestro Dios
Los confines de la tierra han
contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.
R/.
Los confines de la tierra han
contemplado
la victoria de nuestro Dios
Evangelio: Juan 14,7-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
7 Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Desde
ahora lo conocéis, pues ya lo habéis visto.
8 Entonces Felipe le dijo: - Señor, muéstranos al Padre; eso nos
basta.
9 Jesús le contestó: - Llevo tanto tiempo con vosotros, y aún no
me conoces, Felipe? El que me ve a mí, ve al Padre. Cómo me pides que os
muestre al Padre?
10 No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que os
digo no son palabras mías. Es el Padre, que vive en mí, el que está
realizando su obra.
11 Debéis creerme cuando afirmo que yo estoy en el Padre y el Padre
está en mí; si no creéis en mis palabras, creed al menos en las obras
que hago.
12 Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo
hago, e incluso otras mayores, porque yo me voy al Padre.
13 En efecto, cualquier cosa que pidáis en mi nombre os la
concederé, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14 Os concederé todo lo que pidáis en mi nombre.
*"• El tema fundamental del pasaje es la relación entre Jesús y el
Padre. El evangelista, a la pregunta de por qué Jesús es el único
mediador para llegar al Padre, responde que sólo Cristo puede
conducir a los hombres a la comunión con Dios. Jesús es el camino al
Padre porque conduce a él a través de su persona: él está en el Padre y
el Padre en él. A partir de esta mutua inmanencia entre Jesús y
el Padre se hace comprensible que el conocimiento de Jesús lleve al
conocimiento del Padre (v. 7).
El lenguaje del Maestro resulta oscuro para los discípulos, y, por
eso, Felipe pide ver la gloria del Padre. No ha comprendido que se trata
de ir al Padre a través de la persona de Jesús. Los discípulos no han
sabido reconocer en la presencia visible de su rabí las palabras y las
obras del Padre (v. 9). Para ver al Padre en el Hijo es preciso creer en
la unión recíproca entre el Padre y el Hijo.
Sólo mediante la fe es posible comprender la copresencia entre
Jesús y el Padre. De ahí que lo único que pueda pedir el hombre sea la
fe y esperar con confianza ese don. El Señor, en su llamada a la fe,
fundamenta la verdad de su enseñanza en una doble razón: su autoridad
personal, que los discípulos han experimentado en otras ocasiones al
vivir con Jesús, y el testimonio de "las obras que hago" (v. 11).
La obra que Jesús ha inaugurado con su misión de revelador es sólo
un comienzo. Los discípulos proseguirán su misión de salvación. Más aún:
harán obras semejantes a las suyas e incluso mayores. Por último, el
Maestro se ocupa de animar a los suyos y a todos los que crean en él a
participar en la obra de la evangelización y en su misma misión.
MEDITATIO
Felipe quiere ver al Padre, pero no ha sabido verlo en Jesús. Ha
visto con los ojos la realidad externa, pero no ha visto la realidad
escondida con los ojos, mucho más penetrantes, de la fe. Juan usa de una
manera típica el verbo "ver" para indicar dos tipos de realidades: la
del signo visible y la de la gloria del Verbo o realidad sobrenatural.
Y tú qué ves cuando contemplas las obras de Dios? Ves sólo la
realidad sensible, el signo, o la acción de Dios, la realidad
significada? Es bueno plantearse una pregunta como ésta, porque el
secularismo invasor no se preocupa más que de la realidad visible,
empírica, palpable. Aunque está dispuesto, a continuación, a correr
detrás de "doctas fábulas" de tipo astrológico o mágico o
pseudorreligioso. El discípulo de Jesús debe caminar entre el
positivismo y la superstición, aceptando lo real de la realidad y
aguzando la mirada de la fe, que nos permite ver la acción -o la
"gloria"- de Dios en los acontecimientos humanos, a menudo intrincados,
siempre misteriosos, nunca absurdos.
El Señor ha prometido a su Iglesia la posibilidad de hacer obras
incluso mayores que las que él ha hecho: la grandeza ha de ser medida en
el orden de los valores proclamados por él mismo, esto es, con el signo
por excelencia que es la cruz. Se trata del signo del martirio, de la
entrega, del amor que se da, de consumir nuestra propia vida por el
prójimo: lo que exige ver y apreciar otro orden de valores distintos a
los apreciados por el mundo, un orden de valores que, al final, atrae
todos a él.
ORATIO
Me doy cuenta, Señor, de que soy un buen compañero de Felipe, es
decir, que soy un poco miope para ver tu acción en el mundo. Ayer me
lamentaba de la debilidad de tu Iglesia, y quizás no consiga vislumbrar
tu posible mensaje. Me lamentaba asimismo, con acentos de nostalgia, del
hundimiento de esta "cristiandad", sin lograr ver lo nuevo que estás
haciendo brotar. Me lamento de verte ausente de la historia y no consigo
verte allí donde antes no estabas presente y ahora, en cambio, lo estás.
Veo que no sé leer los "signos de los tiempos", dejándome ir unas
veces hacia el pesimismo y otras hacia el optimismo, es decir, leyendo
los acontecimientos humanos o bien mirando exclusivamente las
debilidades de los hombres, o bien abandonándome a un providencialismo
milagrero.
Enséñame tú el arte del discernimiento, concédeme el don de verte
allí donde actúas y el modo en que lo haces. Purifica mi corazón para no
sean mis estados de ánimo, sino tu luz la que me guíe para descubrirte y
encontrarte allí donde actúas, para colaborar contigo, pero, sobre todo,
para amarte como tú quieres.
CONTEMPLATIO
En medio de las tinieblas de la vida presente, la Escritura se ha
vuelto la luz para nuestro camino. Por eso dice Pedro: "Hacéis bien
en prestar[le] atención, como a lámpara que luce en lugar oscuro" (2
Pe 1,19). Y, a su vez, dice el salmista: "Lámpara es tu palabra para
mis pasos, luz en mi sendero" (Sal 118,105).
Sabemos, sin embargo, que esta misma lámpara es oscura para
nosotros si la Verdad no la hace brillar en nuestras almas. Por eso dice
aún el salmista: "Tú, Señor, eres mi lámpara, mi Dios que alumbra mis
tinieblas" (Sal 18,29). De qué sirve una luz que arde y no da luz?
Pero la luz creada no brilla para nosotros si no es iluminada por la luz
increada. Ahora bien, el Dios omnipotente, que ha creado las palabras de
ambos Testamentos para nuestra salvación, él mismo es el intérprete
(Gregorio Magno, Homilías sobre Ezequiel, 1,7,17).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Muéstrame, Señor, tus caminos"
(Sal 24,4a).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Te revelaste, Señor, como invisible; eres un Dios escondido e inefable.
Pero te haces visible en cada ser: la criatura es la flor de tu mirada.
Tu mirada confiere el ser, Dios mío, tú te haces visible en la criatura.
Soy incapaz de darte un nombre, estás más allá del límite de toda
definición humana. Socorre a los hijos de los hombres: ellos te veneran
en figuras diferentes y eres para ellos causa de guerras religiosas. Sin
embargo, ellos te desean, Bien único, oh Inefable y Sin Nombre.
No sigas oculto aún, manifiesta tu rostro: así seremos salvos. Responde
a nuestra oración: desaparecerán la espada y el odio, encontraremos la
unidad en la diversidad. Aplácate, Señor, tu justicia es misericordia:
ten piedad de nosotros, frágiles criaturas (Nicolás de Cusa, cit. en G.
Vannucci, 1/ libro della preghiera universale, Florencia,
1985, p. 367).
|
Día 28
|
Quinto domingo de pascua
Ciclo B
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 9,26-31
En aquellos días,
26 cuando llegó Pablo a Jerusalén, intentaba unirse a los
discípulos, pero todos le tenían miedo, pues no acababan de creerse que
fuera discípulo de verdad.
27 Entonces Bernabé tomó consigo a Saulo y se lo presentó a los
apóstoles. Les refirió cómo en el camino Saulo había visto al Señor, que
le había hablado, y con qué convencimiento había predicado en Damasco el
nombre de Jesús.
28 Desde entonces iba y venía libremente con los apóstoles en
Jerusalén, predicando con valentía el nombre del Señor.
29 Hablaba y disputaba también con los judíos de procedencia
helenista, pero éstos decidieron acabar con él.
30 Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesárea y de allí lo
enviaron hacia Tarso.
31 Entre tanto, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y
Samaría; se consolidaba viviendo en fidelidad al Señor. Y se extendía
impulsada por el Espíritu Santo.
*" Ha tenido lugar un acontecimiento estrepitoso: Saulo, el celoso
judío que perseguía con saña a la comunidad cristiana, vencido de
improviso por el Espíritu, se ha adherido a Cristo. Pero nadie sabe nada
todavía de su repentina y total conversión. Todos le temen e intentan
evitarle. Un hermano se hace cargo de él. Bernabé, atento a la voz del
Espíritu y dócil a su guía, toma consigo a Pablo, sale garante por él,
crea un clima de estima y de favor en torno a su persona, para
insertarlo del mejor modo posible en la comunidad de Jerusalén (vv.
27s). Y de inmediato se inflama Pablo por la predicación.
Sin embargo, precisamente la franqueza con que habla en el nombre
del Señor le acarrea, como había sucedido en Damasco (vv. 22-25), un
complot por parte de los judíos de lengua griega: la comunidad cristiana
de Jerusalén decide entonces alejarlo (vv. 29s) para preservarle la
vida, que la tenía seriamente amenazada (v. 26).
La atención al designio que el Espíritu va trazando en la historia
de cada persona y el compromiso activo en favor de su desarrollo -en
este caso la premura de Bernabé- consiguen éxitos de un alcance
incalculable en la historia de la Iglesia: la distensión de los ánimos
en medio de la recíproca benevolencia da frutos de paz, incrementa y
hace progresar la comunidad, que, "impulsada por el Espíritu Santo",
va ampliando cada vez más el círculo de su irradiación (v. 31).
Salmo responsorial
El Señor es mi
alabanza en la gran asamblea
Salmo 21, 26b-27. 28 y
30. 31-32
Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta
saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Viva su corazón
por siempre!
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en
su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se
postrarán los que duermen en la tierra,
ante él se inclinarán los
que bajan al polvo.
Me hará vivir para él,
mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a
la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de
nacer: todo lo que hizo el Señor.
Segunda lectura: 1 Juan 3,18-24
18 Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con hechos
y de verdad.
19 En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos la
conciencia tranquila ante Dios,
20 porque si ella nos condena, Dios es más grande que nuestra
conciencia y conoce todas las cosas.
21 Queridos míos, si nuestra conciencia no nos condena, podemos
acercarnos a Dios con confianza,
22 y lo que le pidamos lo recibiremos de él, porque
guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
23 Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo
Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros según el mandamiento
que él nos dio.
24 El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él.
Por eso sabemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha
dado.
**• El apóstol Juan, que ha "visto" y "tocado" al
Verbo de la vida, parece que sólo tiene una palabra para comunicar a los
hombres: el amor. La repite sin cansarse con mil matices diferentes, con
acentos cada vez más fuertes, con una pasión que le viene de la
experiencia del misterio pascual. En consecuencia, su exhortación es,
antes que nada, una invitación a vivir en comunión con Cristo para pasar
con él de la muerte a la vida (v. 16).
Frente a la pascua del Señor -su muerte y resurrección- no podemos
contentarnos con discursos sobre el amor: es preciso emprender acciones
concretas inspiradas en la verdad manifestada por Cristo (v. 18).
"Cada árbol se conoce por sus frutos", había enseñado Jesús (Lc
6,44): de este modo, todo el mundo puede evaluarse exactamente sobre la
base de sus propias obras, poniéndose bajo la mirada de Dios con una
conciencia límpida, con la confianza de los hijos (1 Jn 3,19-21) en los
que mora un germen divino (v. 9).
Juan no ignora que el mandamiento del amor es verdaderamente
"divino", o sea, imposible para el hombre, sólo posible con la ayuda del
Espíritu. De ahí procede el reconocimiento de la absoluta impotencia del
hombre: "Sin mí, no podéis hacer nada". De ahí también -y en
consecuencia- la total desesperación o la auténtica humildad sin
límites: "Dios es más grande que nuestra conciencia" (v. 20). Y
él, el Omnipotente, obedece a los que le obedecen y "guardan sus
mandamientos" (v. 22). Quien ama así tiene una sola voluntad con
Dios, y ama de verdad conforme a Cristo: ha restaurado plenamente en él
la imagen divina a cuyo modelo fue creado. En el v. 23 los
"mandamientos" se resumen en uno solo: el de la fe en Jesucristo y
el del amor recíproco. De este modo, la conclusión del fragmento nos
devuelve al inicio: se cierra un círculo que tiene como centro la vida
en plenitud: el que, amando, "guarda sus mandamientos", conoce ya
desde ahora la alegría inefable de la inhabitación divina.
Evangelio: Juan 15,1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.
2 El Padre corta todos los sarmientos unidos a mí que no dan fruto
y poda los que dan fruto para que den más fruto.
3 Vosotros ya estáis limpios, gracias a las palabras que os he
comunicado.
4 Permaneced unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros. Ningún
sarmiento puede producir fruto por sí mismo sin estar unido a la vid, y
lo mismo os ocurrirá a vosotros si no estáis unidos a mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a
mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque sin mí no
podéis hacer nada.
6 El que no permanece unido a mí es arrojado fuera, como los
sarmientos que se secan y son amontonados y arrojados al fuego para ser
quemados.
7 Si permanecéis unidos a mí y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid lo que queráis y lo tendréis.
8 Mi Padre recibe gloria cuando producís fruto en abundancia y os
manifestáis así como discípulos míos.
**• La frecuente repetición, en pocos versículos, del verbo
"permanecer" hace comprender de inmediato que es la palabra clave del
fragmento. Si en el capítulo 14 -comienzo del "discurso de despedida"-
se pone el acento en la partida de Jesús y en la inquietud de los
apóstoles, ahora aparece en la comunión profunda, real, indestructible
que hay entre él y aquellos que creen en él.
Aunque va a enfrentarse con la muerte, Jesús sigue siendo para los
suyos la fuente de la vida y de la santidad ("producir fruto":
15,6). Más aún, precisamente yendo al Padre pone la condición para poder
"permanecer" para siempre en los suyos. Jesús, sirviéndose de una
comparación, habla de sí mismo como de la vid verdadera: una imagen que
ya habían usado a menudo los profetas para describir a Israel, la vid
infecunda, recidiva a los amorosos cuidados de YHWH (cf. Is 5). Jesús se
presenta como el verdadero pueblo elegido que corresponde plenamente a
las atenciones de Dios. Por otra parte, se identifica con la Sabiduría,
de la que se había escrito que como vid ha producido brotes, flores y
frutos (Eclo 24,17).
Con esa imagen quiere explicar, por consiguiente, cómo es la
extraordinaria realidad de la comunión vital con él que ofrece a los
creyentes, qué compromiso incluye ésta y cuáles son las expectativas de
Dios. Jesús es el primogénito de una humanidad nueva en virtud del
sacrificio redentor en la cruz. Él es la cepa santa de la que corre a
los sarmientos su misma linfa vital. Quien permanece unido a él puede
dar al Padre el fruto del amor y dar gloria a su nombre (vv. 5.8). A
continuación, para que este fruto sea copioso, el Padre-viñador realiza
todos los cuidados, corta los sarmientos no fecundos y poda los
fecundos. Esta obra de purificación se va realizando cuando la Palabra
de Jesús es acogida en un corazón bueno (v. 3): entonces esta Palabra
guía las acciones del hombre y lo hace amigo de Dios, cooperador en su
designio de salvación, colaborador de su gloria (v. 7).
MEDITATIO
Para estar unidos a Cristo y dar frutos de santidad y de paz es
preciso morir y resucitar con él, llegar a ser una criatura nueva,
liberada del pecado. Para ser sarmientos puros, auténticos, que producen
fruto, debemos aceptar la ley de la necesaria purificación; el
sufrimiento y la poda realizada por el Padre. Jesús dice que el mismo
Padre, con sus manos, poda la vid; corta lo superfluo de los sarmientos
no para mortificar y disminuir su vitalidad, sino para aumentarla, para
que den más fruto. Se trata siempre de la ley de la semilla que muere:
por eso es importante que aprendamos a leer nuestra vida en clave de fe:
nos hace falta creer que el sufrimiento, si se acepta de este modo -no
porque en sí mismo sea un bien, sino porque lo vivimos por amor, con
amor-, da fruto de vida, de salvación y de alegría.
Como es obvio, se trata de ese sufrimiento que es participación en
la pasión de Cristo, de ese que es querido y permitido según el designio
divino de amor.
Por desgracia, podemos ser también sarmientos que producen
infección en la vid. De ahí que debamos desear cada vez más ser
purificados, limpiados. La poda consiste en dejar cortar de nosotros el
pecado y todo lo que no es según Dios: ése es el sufrimiento que da
fruto.
ORATIO
Oh Padre, celeste viñador que has plantado en nuestra tierra tu vid
preferida -el santo retoño de la estirpe de David- y llevas a cabo tu
trabajo en todas las estaciones. Haz que aceptemos las podas de
primavera, aunque, como tiernos sarmientos, gimamos con lágrimas bajo
los golpes decididos de tus tijeras. Ven también a podarnos en la cumbre
de la estación estival, para que los zarcillos superfluos no sustraigan
linfa vital a los racimos que deben madurar.
Que el fruto de nuestra vida sea el amor, ese "amor más grande"
que, desde tu corazón, y a través del corazón de Cristo, se derrama
sobre nosotros en un flujo inagotable. Y que todos los hombres, hermanos
nuestros en tu nombre, queden colmados de él, con espíritu de
mansedumbre, de alegría y de paz.
CONTEMPLATIO
También la vid, cuando ha sido cavado el terreno que la rodea, es
atada y mantenida derecha para que no se incline hacia la tierra.
Algunos sarmientos son cortados, a otros se les hace ramifican se cortan
los que ostentan una inútil exuberancia, se hacen ramificar los que el
experto agricultor considera productivos. Para qué voy a describir la
ordenada disposición de los palos de apoyo y la belleza de los
emparrados, que nos enseñan con verdad y claridad cómo se debe conservar
en la Iglesia la igualdad, de modo que ninguno, por ser rico y notable,
se sienta superior, ni nadie, por ser pobre y de oscuro nacimiento, se
abata o se desespere? En la Iglesia existe para todo el mundo una única
e igual libertad, y con todos se ha de usar una misma justicia e
idéntica cortesía.
Para no vernos doblegados por las borrascas del siglo y arrollados
por la tempestad, que cada uno de nosotros se estreche con todos los que
tiene cerca como en un abrazo de caridad, como hace la vid con sus
zarcillos y sus volutas, y unido a ellos se sienta tranquilo. Es la
caridad lo que nos une a lo que está por encima de nosotros y nos
introduce en el cielo. " 0 que permanece en el amor permanece en
Dios" (1 Jn 4,16). Por eso dice también el Señor: "Permaneced
unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros. Ningún sarmiento puede
producir fruto por sí mismo sin estar unido a la vid, y lo mismo os
ocurrirá a vosotros si no estáis unidos a mí. Yo soy la vid, vosotros
los sarmientos" (Jn 15,4s) (Ambrosio, Exaemeron III, 5,12,
passirn).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Permaneced en mi amor"
(Jn 15,9).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El capítulo 15 de Juan nos aproximará a Cristo. El Padre, por ser el
viñador, debe podar el sarmiento para que dé más fruto, y el fruto que
debemos producir en el mundo es bellísimo: el amor del Padre y la
alegría. Cada uno de nosotros es un sarmiento.
La última vez que fui a Roma, quise dar algunas pequeñas enseñanzas a
mis novicias y pensé que este capítulo era el modo más bello de
comprender lo que somos nosotros para Jesús y lo que es Jesús para
nosotros. Pero no me había dado cuenta de algo de lo que sí se dieron
cuenta las jóvenes hermanas cuando consideraron lo robusto que es el
punto de conexión de los sarmientos con la vid: es como si la vid
tuviera miedo de que algo o alguien les arrancara el sarmiento. Otra
cosa sobre la que las hermanas llamaron mi atención fue que, si se mira
la vid, no se ven frutos. Todos los frutos están en los sarmientos.
Entonces me dijeron que la humildad de Jesús es tan grande que tiene
necesidad de sarmientos para producir frutos. Ese es el motivo por el
que ha prestado tanta atención al punto de conexión: para poder producir
esos frutos ha hecho la conexión de tal modo que haga falta fuerza para
romperla. El Padre, el viñador, poda los sarmientos para producir más
fruto, y el sarmiento silencioso, lleno de amor, se deja podar sin
condiciones.
Nosotros sabemos lo que es la poda, puesto que en nuestra vida debe
estar la cruz, y cuanto más cerca estemos de él y tanto más nos toque la
cruz, más íntima y delicada será la poda. Cada uno de nosotros es un
colaborador de Cristo, el sarmiento de esa vid, pero qué significa para
vosotras y para mí ser una colaboradora de Cristo? Significa morar en su
amor, tener su alegría, difundir su compasión, dar testimonio de su
presencia en el mundo (Madre Teresa de Calcuta, Missione d'amore,
Milán 1985, pp. 79s).
|
Día 29
|
Lunes de la quinta semana de pascua o 29 de abril,
Santa Catalina de Siena, patrona de Europa
Santa Catalina de Siena fue canonizada por Pío II en el año 1461 y
proclamada patrona de Italia, junto con san Francisco, por Pío XII en
1939. Pablo VI la declaró doctora de la Iglesia en 1970, y Juan Pablo
II, copatrona de Europa en 1999.
Su vida duró sólo treinta y tres años: en 1347 nació en Siena y en 1380
murió en Roma. A los seis años tuvo la primera visión, a los siete hizo
el voto de virginidad y a los dieciséis tuvo lugar su consagración en la
tercera orden de santo Domingo. La vemos como misionera de la
redención, capaz de componer bandos opuestos, de emprender largos
viajes, de atraer ejércitos de discípulos, de escribir a una multitud de
personas de Italia y de Europa, de hacer volver al Papa a Roma, de
defender el pontificado en el gran cisma de Occidente, de adentrarse en
los asuntos sagrados y políticos de la Iglesia de su tiempo, de
ingeniárselas para la mejora de las costumbres y para la asistencia a
enfermos y presos.
LECTIO
Primera lectura: 1 Juan 1,5-2,2
Queridos:
5
Éste es el mensaje que le oímos y os anunciamos: Dios es luz y no hay en
él tiniebla alguna.
6
Si decimos que estamos en comunión con él, y andamos en tinieblas,
mentimos y no practicamos la verdad.
7
Pero si caminamos en la luz como él, que está en la luz, estamos en
comunión unos con otros y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de
todo pecado.
8
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la
verdad no está en nosotros.
9
Si reconocemos nuestros pecados, Dios, que es justo y fiel, perdonará
nuestros pecados y nos purificará de toda iniquidad.
10
Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su Palabra no
está en nosotros.
2,1
Hijos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si alguno
peca, tenemos ante el Padre un abogado, Jesucristo, el Justo.
2
Él ha muerto por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino
por los del mundo entero.
**• Juan aborda la realidad de luz de Dios con un estilo y una opción
humana de vida: "caminar en la luz".
Decir que Dios es luz no significa afirmar que nosotros le veamos:
"Nadie puede ver sus propios ojos, porque ve precisamente a través de
ellos, y Dios es la luz mediante la cual nos vemos: vemos no un "objeto"
claramente perfilado llamado Dios, sino cualquier otra cosa en el Uno
invisible" (Thomas Merton). Dios es luz en el sentido de que nos ilumina
a nosotros, de que nos da esa claridad que necesitamos para discernir su
designio sobre nosotros y para encontrar el camino que nos conduce a
través de nuestra historia cotidiana.
A continuación, Juan especifica en qué consiste "caminar en la luz":
consiste en practicar la verdad, en estar en comunión con los otros, en
dejarse purificar por la sangre de Cristo. La práctica de la verdad es,
a su vez, el presupuesto para vivir la comunión fraterna, prueba de la
verdadera comunión con Dios.
Ambas comuniones, la horizontal y la vertical, se cruzan: una se
convierte en verificación de la autenticidad de la otra. Ambas se
mantienen o caen juntas. Por último, premisa y consecuencia, al mismo
tiempo, del caminar por la vía de la luz y de la verdad es la actitud
frente a nuestra propia condición de pecadores, necesitados de la
salvación, que sólo puede venir de la sangre de Cristo.
Salmo Responsorial
Bendice, alma mía, al Señor
Salmo 102
1 Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su
santo nombre.
2
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus
beneficios.
3 Él
perdona todas tus culpas
y cura todas tus
enfermedades;
4 él
rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y
de ternura;
8
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico
en clemencia.
Evangelio: Mateo 11,25-30
En aquel tiempo, dijo Jesús:
25
Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los
sencillos.
26
Sí, Padre, así te ha parecido bien.
27
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre,
y al Padre no lo conoce más que el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo
quiera revelar.
28
Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré.
29
Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de
corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas.
30
Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.
**- El capítulo 11 del evangelio según Mateo afronta, desde diferentes
aspectos, el tema del conocimiento de Dios. En su punto culminante,
afirma la insuficiencia de todo conocimiento racional y la necesidad de
un conocimiento espiritual. Dios ha escondido "a los sabios y
prudentes" y ha revelado "a los sencillos" (v. 26) todo lo
que puede considerarse digno de ser conocido. Jesús declara de una
manera clara que también la más elevada sabiduría humana está destinada
al fracaso precisamente por ser sólo "natural". Por el contrario, la
condición de la "infancia" -despreciable a los ojos del mundo- es,
paradójicamente, la condición favorable para acoger el don del Espíritu.
La "sabiduría humana" carga al hombre con un peso de muerte. El "yugo
suave" del Señor -su cruz abrazada por la fe y con amor proporciona
al alma paz y descanso. Jesús alaba al Padre por esta elección suya:
todos, en efecto, si quieren, pueden llegar a ser "sencillos" siguiendo
su invitación: "Venid a mí" (v. 28).
MEDITATIO
La Palabra de Dios nos invita a detenernos con la mente y con el corazón
en el tema de la vida como un caminar incesante al encuentro con Cristo,
andando por el sendero de la luz y de la verdad, con corazón humilde,
vigilante y confiado. Hoy es la fiesta de santa Catalina de Siena, y nos
viene de manera espontánea "volver a escuchar" de ella, de toda la
tensión de su vida, la Palabra de esta liturgia.
La vigilancia de santa Catalina nació de un corazón enamorado e
iluminado, totalmente inclinado a la persona de Cristo. Esta tensión y
atención proporcionan una mirada interior (como la descrita en Sab
7,22ss) capaz de leer e intervenir en el hoy de la historia bajo la guía
de la Palabra de Dios. Acaso no era así la sabia mirada de santa
Catalina? Así reconocemos también en ella la obra de la vigilancia que
nos hace resistentes y responsables, o sea, capaces de combatir contra
las seducciones del mundo y solícitos en el ocuparnos de los otros.
La vigilancia, además, nos hace anclar nuestra propia fe en Cristo
muerto y resucitado y, precisamente por eso, nos hace capaces de recibir
e irradiar la luz.
Hoy nos complace detenernos ante santa Catalina, reconocer en ella a
aquella "hija de la luz" de la que nos habla la Escritura y dejarnos
irradiar por aquella luz suya a fin de que "al ver vuestras buenas
obras, den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos" (Mt
5,16). Nos complace mirarla en su incansable ir al encuentro de la
Iglesia y de Cristo, para dejarnos atrapar en este movimiento suyo. Al
mirarla, parece repetirnos ella misma,
casi como una invitación y una consigna, las palabras de la liturgia:
"!Salgárnosle al encuentro!... !Vigilemos!".
ORATIO
!Oh Deidad eterna, oh eterna Trinidad, que por la unión de la naturaleza
divina diste tanto valor a la sangre de tu Hijo unigénito! Tú, Trinidad
eterna, eres como un mar profundo en el que cuanto más busco, más
encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco. Tú sacias al alma de
una manera en cierto modo insaciable, pues en tu insondable profundidad
sacias al alma de tal forma que siempre queda hambrienta y sedienta de
ti,
Trinidad eterna, con el deseo ansioso de verte a ti, la luz, en tu misma
luz.
Con la luz de la inteligencia gusté y vi en tu luz tu abismo, eterna
Trinidad, y la hermosura de tu criatura, pues, revistiéndome yo misma de
ti, vi que sería imagen tuya, ya que tú, Padre eterno, me haces
partícipe de tu poder y de tu sabiduría, sabiduría que es propia de tu
Hijo unigénito. Y el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo,
me ha dado la voluntad que me hace capaz para el amor.
Tú, Trinidad eterna, eres el Hacedor y yo la hechura, por lo que,
iluminada por ti, conocí, en la recreación que de mí hiciste por medio
de la sangre de tu Hijo unigénito, que estás amoroso de la belleza de tu
hechura.
!Oh abismo, oh Trinidad eterna, oh Deidad, oh mar profundo!: podías
darme algo más preciado que tú mismo? Tú eres el fuego que siempre arde
sin consumir; tú eres el que consumes con tu calor los amores egoístas
del alma. Tú eres también el fuego que disipa toda frialdad; tú iluminas
las mentes con tu luz, en la que me has hecho conocer tu verdad.
En el espejo de esta luz te conozco a ti, bien sumo, bien sobre todo
bien, bien dichoso, bien incomprensible, bien inestimable, belleza sobre
toda belleza, sabiduría sobre toda sabiduría, pues tú mismo eres la
sabiduría, tú, el pan de los ángeles, que por ardiente amor te has
entregado a los hombres.
Tú, el vestido que cubre mi desnudez; tú nos alimentas a nosotros, que
estábamos hambrientos, con tu dulzura, tú, que eres la dulzura sin
amargor, !oh Trinidad eterna! (Catalina de Siena, Diálogo sobre la
divina providencia, cap. 167).
ACTIO
Repite con frecuencia y ora hoy con santa Catalina:
"Abierta la puerta, encontrarás al esposo eterno que te acogerá en sí
mismo y participarás de su belleza y de su bondad"
(Carta 360).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
La parábola [de las vírgenes] nos enseña que no se puede obtener la
santidad con ofrendas negativas: no comiendo, no bebiendo, no
enriqueciéndose. No es suficiente esto para encontrar en la noche del
mundo, en la noche de la historia humana, la Luz eterna, Cristo. Es
preciso tener aceite: una caridad a toda prueba hacia todas las
personas, en todo momento, con orden, sensatez, pero de manera absoluta.
Y éste es el mensaje de Cristo, de la Iglesia, de la revelación, de los
santos.
Carísimos, a la cristiandad no le faltan vírgenes con inmensas lámparas
sin aceite. La Iglesia, sin embargo, camina con las lámparas de las
vírgenes prudentes. En los momentos de tinieblas, de calamidades, de
torpor general de la cristiandad y de la humanidad, las vírgenes como
santa Catalina de Siena, con su ofrenda, con su sensatez, con su amor
trascendente, iluminan también el camino a las otras vírgenes, dándoles
ejemplo a fin de que compren el aceite mientras aún es de día [...].
Al meditar sobre santa Catalina, entramos en la realidad más profunda
del cristianismo, que incluye tanto la palabra pronunciada como la vida
escondida que se ofrece al Señor. El cristianismo implica actos
sacramentales exteriores que tienen su valor, incluso cuando son
realizados por almas que no tienen el deseo de ver el rostro del Señor,
de arrodillarse y de llorar de alegría; pero el verdadero cristianismo
es vivido por almas raras como santa Catalina, que amó con todo su ser
(P. Theodosios [Maria della Croce], Le profonditá sacre della Parola
di Dios, Roma 1996, pp. 188-191, passim).
|
Día 30
|
Martes de la quinta semana de pascua o 30 de abril
san Pío V
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 14,19-28
En aquellos días
19 llegaron de Antioquía de Pisidia y de Iconio algunos judíos que
se ganaron a la gente. Apedrearon a Pablo y, pensando que estaba muerto,
lo arrastraron fuera de la ciudad.
20 Pero cuando sus discípulos lo rodearon, él se levantó y entró en
la ciudad. Al día siguiente salió hacia Derbe con Bernabé.
21 Después de anunciar el Evangelio en Derbe y hacer bastantes
discípulos, volvieron a Listra, Iconio y Antioquía,
22 confortando a su paso los ánimos de los discípulos y
exhortándoles a permanecer firmes en la fe. Les decían: - Tenemos que
pasar muchas tribulaciones para poder entrar en el Reino de Dios.
23 Designaron responsables en cada iglesia y, después de orar y
ayunar, los encomendaron al Señor, en quien habían creído.
24 Después atravesaron Pisidia, llegaron a Panfilia
25 y, después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía.
26 De allí regresaron por mar a Antioquía de Siria, donde habían
sido encomendados a la protección de Dios para la misión que acababan de
realizar.
27 Al llegar, reunieron a la comunidad y contaron todo lo que Dios
había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los paganos la
puerta de la fe.
28 Pablo y Bernabé permanecieron allí bastante tiempo con los
discípulos.
**• Tras otro peligrosísimo episodio de intolerancia, resuelto sin
llegar al drama gracias a que "sus discípulos lo rodearon", Pablo
-ahora protagonista, junto con Bernabé- toma el camino de vuelta y
visita las comunidades recién fundadas. Se trata de una verdadera
"visita pastoral", en la que ambos confortan a los fieles y ponen las
bases de una organización eclesiástica, es decir, ponen las bases para
la continuidad de las comunidades.
Una continuidad garantizada por la conciencia del elevado coste del
Reino de Dios: para entrar en el Reino de Dios "tenemos" que pasar por
muchas tribulaciones. Una continuidad garantizada por la presencia de
responsables que creen en el Señor y que han sido confiados a él. Los
evangelizadores pasan; el Evangelio tiene que ser llevado continuamente
adelante por nuevos evangelizadores y pastores. Esta preocupación por el
futuro de la comunidad no puede disminuir nunca en la Iglesia, tampoco
en nuestros días.
El viaje de vuelta está trazado a grandes rasgos, con rápidas
pinceladas. Llegados a la iglesia de donde habían partido, contaron los
abundantes frutos de la misión, sobre todo la confirmación de que Dios
"había abierto a los paganos la puerta de la fe" (v. 27). El
camino hacia los paganos parece ahora irreversible, y en Antioquía,
ciudad abierta a la misión universal, es algo que parece obvio y
pacífico. Pero no sucede así en todos los sitios. La parte menos
dinámica de la Iglesia madre no piensa del mismo modo. Este dato será
precursor de nuevos nubarrones, aunque también de clarificaciones
decisivas.
Salmo Responsorial
Tus amigos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado
Salmo 144:10-13, 21
10 Te
darán gracias, Yahveh, todas tus obras y tus amigos te
bendecirán;
11
dirán la gloria de tu reino, de tus proezas hablarán,
12
para mostrar a los hijos de Adán tus proezas, el esplendor y la
gloria de tu reino.
13 Tu
reino, un reino por los siglos todos, tu dominio, por todas las
edades. Yahveh es fiel en todas sus palabras, en todas sus
obras amoroso;
21 !La
alabanza de Yahveh diga mi boca, y toda carne bendiga su nombre
sacrosanto, para siempre jamás!
Evangelio: Juan 14,27-31a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
27 Os dejo la paz, os doy mi propia paz. Una paz que el mundo no os
puede dar. No os inquietéis ni tengáis miedo.
28 Ya habéis oído lo que dije: "Me voy, pero volveré a vosotros".
Si de verdad me amáis, deberíais alegraros de que me vaya al Padre,
porque el Padre es mayor que yo.
29 Os lo he dicho antes de que suceda, para que cuando suceda
creáis.
30 Ya no hablaré mucho con vosotros, porque se acerca el príncipe
de este mundo. Y aunque no tiene ningún poder sobre mí,
31 tiene que ser así para demostrar al mundo que amo al Padre y que
cumplo fielmente la misión que me encomendó.
**• Este pasaje, con el que concluye el primer coloquio de Jesús
con los suyos, es un fragmento compuesto, y contiene palabras de
despedida y de consuelo por parte del Maestro, que deja su comunidad y
vuelve al Padre. Jesús, al despedirse de los suyos, les desea la
"paz", el shalóm, que es el conjunto de los bienes
mesiánicos, un don que viene de Dios y que Jesús posee. El motivo del
consuelo debe prevalecer sobre el temor y la inquietud: él, Jesús, es la paz.
Por eso añade Jesús una exhortación a la alegría. Aunque estén
tristes por el alejamiento y el temor de quedarse solos, la separación
de los discípulos respecto a Jesús es el paso hacia un bien mejor. Jesús
va al Padre "porque el Padre es mayor" que él, es la plenitud de
su gloria (v. 28). Ahora bien, la vuelta del Hijo al Padre está unida de
manera inseparable al escándalo de la cruz. Jesús, con las predicciones
que les ha hecho sobre su próxima muerte, no sólo pretende sostener la
fe de los discípulos en el momento de la pasión, sino que quiere mostrar
que los hechos que van a tener lugar forman parte del proyecto de Dios.
En consecuencia, los suyos no deberán desanimarse: la fe será su fuerza
y su único consuelo.
El tiempo terreno del Maestro está ahora a punto de concluir, le
quedan pocos momentos para conversar aún con sus discípulos, "porque
se acerca el príncipe de este mundo" (v. 30). Aunque se acerca
Satanás, no tiene ningún poder sobre Jesús. Éste no tiene pecado y
Satanás no tiene posibilidad de atacarle. La vida de Jesús está bajo el
signo de la voluntad del Padre y se entrega libremente a la muerte en la
cruz para que el hombre conozca la verdad.
MEDITATIO
La Palabra de Dios nos invita a detenernos con la mente y con el corazón
en el tema de la vida como un caminar incesante al encuentro con Cristo,
andando por el sendero de la luz y de la verdad, con corazón humilde,
vigilante y confiado. Hoy es la fiesta de santa Catalina de Siena, y nos
viene de manera espontánea "volver a escuchar" de ella, de toda la
tensión de su vida, la Palabra de esta liturgia.
La vigilancia de santa Catalina nació de un corazón enamorado e
iluminado, totalmente inclinado a la persona de Cristo. Esta tensión y
atención proporcionan una mirada interior (como la descrita en Sab
7,22ss) capaz de leer e intervenir en el hoy de la historia bajo la guía
de la Palabra de Dios. Acaso no era así la sabia mirada de santa
Catalina? Así reconocemos también en ella la obra de la vigilancia que
nos hace resistentes y responsables, o sea, capaces de combatir contra
las seducciones del mundo y solícitos en el ocuparnos de los otros.
La vigilancia, además, nos hace anclar nuestra propia fe en Cristo
muerto y resucitado y, precisamente por eso, nos hace capaces de recibir
e irradiar la luz.
Hoy nos complace detenernos ante santa Catalina, reconocer en ella a
aquella "hija de la luz" de la que nos habla la Escritura y dejarnos
irradiar por aquella luz suya a fin de que "al ver vuestras buenas
obras, den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos" (Mt
5,16). Nos complace mirarla en su incansable ir al encuentro de la
Iglesia y de Cristo, para dejarnos atrapar en este movimiento suyo. Al
mirarla, parece repetirnos ella misma, casi como una invitación y una
consigna, las palabras de la liturgia: "!Salgárnosle al encuentro!...
!Vigilemos!".
ORATIO
!Oh Deidad eterna, oh eterna Trinidad, que por la unión de la naturaleza
divina diste tanto valor a la sangre de tu Hijo unigénito! Tú, Trinidad
eterna, eres como un mar profundo en el que cuanto más busco, más
encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco. Tú sacias al alma de
una manera en cierto modo insaciable, pues en tu insondable profundidad
sacias al alma de tal forma que siempre queda hambrienta y sedienta de
ti,
Trinidad eterna, con el deseo ansioso de verte a ti, la luz, en tu misma
luz.
Con la luz de la inteligencia gusté y vi en tu luz tu abismo, eterna
Trinidad, y la hermosura de tu criatura, pues, revistiéndome yo misma de
ti, vi que sería imagen tuya, ya que tú, Padre eterno, me haces
partícipe de tu poder y de tu sabiduría, sabiduría que es propia de tu
Hijo unigénito. Y el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo,
me ha dado la voluntad que me hace capaz para el amor.
Tú, Trinidad eterna, eres el Hacedor y yo la hechura, por lo que,
iluminada por ti, conocí, en la recreación que de mí hiciste por medio
de la sangre de tu Hijo unigénito, que estás amoroso de la belleza de tu
hechura.
!Oh abismo, oh Trinidad eterna, oh Deidad, oh mar profundo!: podías
darme algo más preciado que tú mismo? Tú eres el fuego que siempre arde
sin consumir; tú eres el que consumes con tu calor los amores egoístas
del alma. Tú eres también el fuego que disipa toda frialdad; tú iluminas
las mentes con tu luz, en la que me has hecho conocer tu verdad.
En el espejo de esta luz te conozco a ti, bien sumo, bien sobre todo
bien, bien dichoso, bien incomprensible, bien inestimable, belleza sobre
toda belleza, sabiduría sobre toda sabiduría, pues tú mismo eres la
sabiduría, tú, el pan de los ángeles, que por ardiente amor te has
entregado a los hombres.
Tú, el vestido que cubre mi desnudez; tú nos alimentas a nosotros, que
estábamos hambrientos, con tu dulzura, tú, que eres la dulzura sin
amargor, !oh Trinidad eterna! (Catalina de Siena, Diálogo sobre la
divina providencia, cap. 167).
CONTEMPLATIO
Si quieres ser verdadera esposa de Cristo, te conviene tener la lámpara,
el aceite y la luz [...]. Por la lámpara se entiende el corazón, que
debe asemejarse a una lámpara.
Ves que la lámpara es ancha por arriba y estrecha por abajo: y así está
hecho nuestro corazón, para significar que debemos tenerlo siempre ancho
por arriba, mediante los santos pensamientos, las santas imaginaciones y
la oración continua [...]. Así también nuestro corazón debe ser estrecho
para estas cosas terrenas, no deseándolas ni amándolas de una manera
desordenada, ni apeteciéndolas en mayor cantidad de la que Dios nos
quiera dar; pero siempre debemos darle gracias, admirando cómo nos
provee suavemente de ellas, de suerte que nunca nos falte nada [...].
Y, sin embargo, haz de modo que la lámpara se mantenga bien derecha; en
efecto, cuando la mano del santo temor mantiene la lámpara del corazón
derecha y bien llena de aceite, ésta se encuentra bien, pero cuando se
encuentra en manos del temor servil, éste le da la vuelta de arriba
abajo y la empuja a servir y a amar por el propio deleite y no por amor
a Dios. Dándole la vuelta a la lámpara se ahoga la llama y se derrama el
aceite, de suerte que el corazón se queda sin el aceite de la verdadera
humildad [...]. Pero piensa [...] que no bastaría la lámpara si no
tuviera aceite dentro. Y por el aceite se entiende esa dulce pequeña
virtud de la profunda humildad.
Conviene, en efecto, que la esposa de Cristo sea humilde, mansa y
paciente; y será tan humilde como paciente, y tan paciente como humilde.
Ahora bien, no podremos llegar a esta virtud de la humildad sin un
verdadero conocimiento de nosotros mismos, esto es, conociendo nuestra
miseria y nuestra fragilidad [...].
Por último, es necesario que la lámpara esté encendida y arda en ella la
llama: de otro modo, no bastaría para hacernos ver. Esta llama es la luz
de la santísima fe. Me refiero a la fe viva, porque dicen los santos que
la fe sin obras está muerta. Por eso es necesario que nos ejercitemos
continuamente en las virtudes, abandonando nuestras niñerías y
vanidades...; de este modo, tendremos la lámpara, el aceite y la llama
(Catalina de Siena, "Lettere" 23, 79, passim, en V. Menconi, S.
Caterina da Siena e i pastori della Chiesa, Roma 1987, pp.
146-148).
ACTIO
Repite con frecuencia y ora hoy con santa Catalina:
"Abierta la puerta, encontrarás al esposo eterno que te acogerá en sí
mismo y participarás de su belleza y de su bondad"
(Carta 360).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
La parábola [de las vírgenes] nos enseña que no se puede obtener la
santidad con ofrendas negativas: no comiendo, no bebiendo, no
enriqueciéndose. No es suficiente esto para encontrar en la noche del
mundo, en la noche de la historia humana, la Luz eterna, Cristo. Es
preciso tener aceite: una caridad a toda prueba hacia todas las
personas, en todo momento, con orden, sensatez, pero de manera absoluta.
Y éste es el mensaje de Cristo, de la Iglesia, de la revelación, de los
santos.
Carísimos, a la cristiandad no le faltan vírgenes con inmensas lámparas
sin aceite. La Iglesia, sin embargo, camina con las lámparas de las
vírgenes prudentes. En los momentos de tinieblas, de calamidades, de
torpor general de la cristiandad y de la humanidad, las vírgenes como
santa Catalina de Siena, con su ofrenda, con su sensatez, con su amor
trascendente, iluminan también el camino a las otras vírgenes, dándoles
ejemplo a fin de que compren el aceite mientras aún es de día [...].
Al meditar sobre santa Catalina, entramos en la realidad más profunda
del cristianismo, que incluye tanto la palabra pronunciada como la vida
escondida que se ofrece al Señor. El cristianismo implica actos
sacramentales exteriores que tienen su valor, incluso cuando son
realizados por almas que no tienen el deseo de ver el rostro del Señor,
de arrodillarse y de llorar de alegría; pero el verdadero cristianismo
es vivido por almas raras como santa Catalina, que amó con todo su ser
(P. Theodosios [Maria della Croce], Le profonditá sacre della Parola
di Dios, Roma 1996, pp. 188-191, passim).
|