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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-
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Martes de la tercera semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Daniel 3,25.34-43 25 Entonces Azarías, de pie en medio del fuego, oró así 34 Por tu nombre, te lo pedimos: no nos abandones para siempre, no rompas tu alianza, no nos retires tu amor. 35 Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; 36 a quienes prometiste descendencia numerosa como las estrellas del cielo, como la arena de la orilla del mar. 37 A causa de nuestros pecados, Señor, somos hoy el más insignificante de todos los pueblos y estamos humillados en toda la tierra. 38 No tenemos príncipes, ni jefes, ni profetas; estamos sin holocaustos, sin sacrificios, sin poder hacerte ofrendas ni quemar incienso en tu honor; no tenemos un lugar donde ofrecerte las primicias y poder así alcanzar tu favor. 39 Pero tenemos un corazón contrito y humillado; acéptalo como si fuera un holocausto de carneros y toros, 40 de millares de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio ante ti, y que te sirvamos fielmente, pues no quedarán defraudados quienes confían en ti. 41 Ahora queremos seguirte con todo el corazón, queremos serte fieles y buscar tu rostro. No nos defraudes, Señor; 42 trátanos conforme a tu ternura, según la grandeza de tu amor. 43 Sálvanos con tu fuerza prodigiosa y muestra la gloria de tu nombre.
**• La clave de lectura de la oración de Azarías está en la frase: "Muestra la gloria de tu nombre" (v. 43; cf. la primera petición del Padre nuestro en Mt 6,9). Azarías, en la prueba de la persecución, sólo teme una cosa: que en nombre de Dios pierda su gloria, es decir, su "peso", su poder. Nada más le infunde miedo: ni el ser reducidos a un "resto", ni la humillación (v. 37); ni siquiera la profanación del templo y la helenización, con la consiguiente destitución de los jefes religiosos y la abolición del culto oficial (v. 38; cf. 2 Mac 6,2). Estos acontecimientos, aunque dolorosos, no perjudican a Israel. El profeta los lee como una purificación providencial: en la prueba, el pueblo manifiesta un corazón contrito y un espíritu humilde agradables al Señor como verdadero sacrificio (vv. 40s) que vuelve dar gloria a su nombre. Entonces renace la esperanza (v. 42). La fidelidad de Dios a las promesas hechas a los patriarcas sigue firme (vv. 35s); la grandeza de su misericordia todavía puede derramar la benevolencia y la bendición sobre el pueblo de la alianza (v. 42). Por ello, la súplica de Azarías se transforma en salmo penitencial (vv. 26-45), en himno de alabanza cantado al unísono por los tres jóvenes en el horno (vv. 52-90).
Salmo Responsorial Recuerda, Señor, tu ternura.
Salmo 24:4-9
4
Muéstrame tus caminos,
Yahveh, enséñame tus sendas. 5 Guíame en tu verdad, enséñame, que tú eres el Dios de mi salvación. En ti estoy esperando todo el día, 6 Acuérdate, Yahveh, de tu ternura, y de tu amor, que son de siempre. 7 De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor, acuérdate de mí. por tu bondad, Yahveh. 8 Bueno y recto es Yahveh; por eso muestra a los pecadores el camino; 9 conduce en la justicia a los humildes, y a los pobres enseña su sendero.
Evangelio: Mateo 18,21-35 21 Entonces se acercó Pedro a Jesús y le preguntó: - Señor, cuántas veces he de perdonar a mi hermano cuando me ofenda? Siete veces? 22 Jesús le respondió: - No te digo siete veces, sino setenta veces siete. 23 Porque con el Reino de los Cielos sucede lo que con aquel rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al comenzar a ajustarlas le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25 Como no podía pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer y a sus hijos, y todo cuanto tenía, para pagar la deuda. 26 El siervo se echó a sus pies suplicando: "!Ten paciencia conmigo, que te lo pagaré todo!". 27 El señor tuvo compasión de aquel siervo, lo dejó libre y le perdonó la deuda. 28 Nada más salir, aquel siervo encontró a un compañero suyo que le debía cien denarios; lo agarró y le apretaba el cuello, diciendo: "!Paga lo que debes!". 29 El compañero se echó a sus pies, suplicándole: "!Ten paciencia conmigo y te pagaré!". 30 Pero él no accedió, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara la deuda. 31 Al verlo sus compañeros se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor todo lo ocurrido. 32 Entonces el señor lo llamó y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné aquella deuda entera porque me lo suplicaste. "No debías haber tenido compasión de tu compañero, como yo la tuve de ti?". 32 Entonces su señor, muy enfadado, lo entregó para que lo castigaran hasta que pagase toda la deuda. 33 Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial si no os perdonáis de corazón unos a otros.
**• Estamos en la segunda parte del discurso eclesial (Mt 18), dedicado especialmente al perdón de la ofensa personal. Pedro es el interlocutor de Jesús (v. 21), que piensa distanciarse del sombrío horizonte de la venganza a ultranza y sin límites (cf. venganza de Lamec en Gn 4,23s), manifestando estar dispuesto a perdonar "hasta siete veces", número muy significativo de su disponibilidad total al perdón (v. 21). En la respuesta de Jesús, se dilatan hasta el infinito los límites del perdón (v. 22). Es la nueva mentalidad a la que está llamado el cristiano. Por ser paradójico, Jesús lo va a ilustrar con una parábola (vv. 23-34) estructurada en tres escenas contrapuestas y complementarias: encuentro del siervo deudor con su señor, encuentro del siervo perdonado de la deuda con otro siervo deudor a su vez del primero, nuevo encuentro entre el siervo y el señor. Los discípulos deberán aprender a imitar al Padre celestial (v. 35). La deuda del siervo es enorme, las cifras son a todas luces hiperbólicas, pero el señor tiene lástima (v. 27: se utiliza el mismo verbo para describir los sentimientos de Jesús en la muerte del amigo Lázaro): manifestando su gran magnanimidad con un perdón gratuito. Pero este siervo se encuentra con un colega que le debe una cifra irrisoria (vv. 28-30). Esperaríamos que inmediatamente le perdonase la pequeña ciencia, pero no sucede así y su reacción es despiadada. La gracia recibida no transformó su corazón. Por eso pasamos a la última escena- es digno de juicio y del castigo divino. La conclusión es clara: el perdón del hombre a su hermano condiciona el perdón del Padre,
MEDITATIO San Ambrosio indica que Dios creó al hombre para tener alguien a quien perdonar y revolar así el rostro de su amor desconcertante, que es disponibilidad ilimitada al perdón a cualquier precio, incluso el más elevado, como es la sangre de su Hijo. Pero amor pide amor, y la misericordia de Dios desea inspirar la misma disposición en el hombre, pecador perdonado, en relación con sus hermanos. De qué nos sirve haber experimentado la misericordia divina si no permitimos que se transparente en nuestro rostro, en nuestra vida? Quien no acepta perdonar al hermano muestra no reconocer la gravedad del propio pecado. El perdón de Dios sería vano si no permitimos que se plasme a su imagen y semejanza, pues él es un Dios "piadoso y misericordioso, lento a la ira y rico en amor". Jamás podremos pagar la enorme deuda de nuestros pecados, de nuestra ciega ingratitud... pero él los perdona pidiéndonos hacer lo mismo: perdonar de corazón "hasta setenta veces siete" al hermano, será en la tierra el comienzo de una gran fiesta que culminará en el cielo: fiesta de la reconciliación, gloria de los hijos que Dios se ha adquirido al precio de la sangre del Hijo, en el Espíritu Santo derramado para el perdón de los pecados.
ORATIO !Qué inmenso es tu corazón, oh Padre bueno y misericordioso, lento a la ira y rico en amor! !Nos sentimos tan tacaños y mezquinos ante tu magnanimidad...! Tú nos has llamado gratuitamente a la vida y quieres que la gastemos por ti y los hermanos en plenitud de donación. Sólo así podemos ser felices. Pero qué lejos estamos de participar en esta extraña lógica en la que el que más ama parece perder, en la que se es grande en la medida que nos hacemos pequeños. Enséñanos a recordar tu amor, que no dudó en darnos lo que tenía de más precioso, tu amado Hijo, aun sabiendo que somos siervos despiadados: capaces, claro está, de recibir todo y acoger el perdón de nuestras inmensas deudas, pero sin estar dispuestos a hacer lo mismo con nuestros deudores. Abre los ojos de nuestro corazón, para que sepamos reconocer, en lo ordinario de cada día, las mil ocasiones que se presentan de verter en los hermanos una medida de amor "apretada, rellena, rebosante": la misma que tú viertes en nuestro interior cada vez que tocamos fondo en nuestra pobreza.
CONTEMPLATIO Al predicar las bienaventuranzas, el Señor antepuso los misericordiosos a los limpios de corazón. Y es que los misericordiosos descubren en seguida la verdad en sus prójimos. Proyectan hacia ellos sus afectos y se adaptan de tal manera que sienten como propios los bienes y los males de los demás. La verdad pura únicamente la comprende el corazón puro, y nadie siente tan vivamente la miseria del hermano como el corazón que asume su propia miseria. Para que sientas tu propio corazón en la miseria de tu hermano, necesitas conocer primero tu propia miseria. Así podrás vivir en ti sus problemas, y se despertarán iniciativas de ayuda fraterna. Éste fue el programa de acción de nuestro Salvador: quiso sufrir para saber compadecerse, se hizo miserable para aprender a tener misericordia. Por eso se ha escrito de él: "Aprendió por sus padecimientos la obediencia" (I leb 5,8) (Bernardo de Claraval, Tratado sobre los grados de humildad y soberbia, III, 6).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú eres, Señor, bueno e indulgente" (Sal 85,5).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Lo que cuenta es soportar al otro en todas las facetas de su carácter, incluso las difíciles y desagradables, y callar sus errores y pecados -también los que ha cometido contra nosotros-; aceptar y amar sin descanso: todo esto se acerca al perdón. Quien adopta una postura similar en las relaciones con los otros, con su padre, su amigo, su mujer, su marido, también en las relaciones con extraños, con todos los que encuentra, sabe bien lo difícil que es. A veces se verá impulsado a decir: "No, ya no puedo más, no logro soportarlo; estoy al límite de mi paciencia; esto no puede seguir así: 'Señor, cuántas veces deberé perdonar a mi hermano si peca contra mí?'. Cuánto tiempo tendré que soportar su dureza contra mí, que me ofenda y hiera; sus faltas de atención y delicadeza; que continúe haciéndome mal? Señor, cuántas veces?'. Esto deberá acabar, alguna vez tendremos que llamar al error por su nombre; no, no es posible que siempre se pisotee mi derecho. 'Hasta siete veces?'" [...]. Es un verdadero tormento preguntarme: "Cómo me las arreglaré con este individuo, cómo podré soportarlo? Dónde comienza mi derecho en mis relaciones con él?". Ya está: hagamos como Pedro, vayamos a Jesús, vayamos a plantearle siempre esa pregunta. Si acudimos a otro o nos preguntamos a nosotros mismos, quedaremos desasistidos o la ayuda recibida será fatal. Jesús sí nos puede ayudar. Pero sorprendentemente: "No te digo hasta siete veces -responde a Pedro-, sino hasta setenta veces siete"; y sabe muy bien que es la única manera de ayudarle (D. Bonhoeffer, Memoria e fedeltá, Magnano 1995, 96-98, passim). |
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Miércoles de la tercera semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Deuteronomio 4,1.5-9 Moisés habló al pueblo y dijo: 1 Y ahora, Israel, escucha las leyes y los preceptos que os enseño a practicar, para que viváis y entréis en posesión de la tierra que os da el Señor, Dios de vuestros antepasados. 5 Mirad, os he enseñado leyes y preceptos como el Señor mi Dios me mandó, para que los pongáis en práctica en la tierra a la que vais a entrar para tomar posesión de ella, 6 guardadlos y ponedlos en práctica; eso os hará sabios y sensatos ante los demás pueblos, que, al oír todas estas leyes, dirán: "Esta gran nación es ciertamente un pueblo sabio y sensato". 7 Y en efecto, qué nación hay tan grande que tengan dioses tan cercanos a ella como lo está el Señor nuestro Dios siempre que lo invocamos? 8 Y qué nación hay tan grande que tenga leyes y preceptos tan justos como esta Ley que yo os promulgo hoy? 9 Pero presta atención y no te olvides de lo que has visto con tus ojos; recuérdalo mientras vivas y cuéntaselo a tus hijos y a tus nietos".
*> En los tres primeros capítulos del Deuteronomio Moisés habla a Israel recordándole la historia para subrayar la fidelidad de Dios con su pueblo. En el c. 4 se sacan las consecuencias: se pide al pueblo una respuesta que manifieste absoluta fidelidad a Dios, que se traduzca en la práctica de las leyes y normas que, por orden del Señor, enseñó Moisés de acuerdo con lo que él mismo aprendió. Éstas no constituyen sólo una condición para entrar en posesión de la tierra (v. 1), sino también y sobre todo una tarea concreta a cumplir, una "vocación" (v. 56): pues, de hecho, un estilo de vida inspirado en dichas ordenanzas hará a Israel objeto de estima y admiración de otros pueblos, que apreciarán la sabiduría superior y podrán reconocer la proximidad extraordinaria de su Dios. Israel se convertirá así, en medio de las naciones, en testimonio del Dios vivo y verdadero, que ama al hombre y se hace presente cuando se invoca su nombre, revelado a Moisés (v. 7). Por consiguiente, la lealtad a Dios se manifiesta en una serie de acciones expresadas en los mandamientos. No hay que entender los mandamientos como simples prohibiciones, sino como respuesta de amor. Y como se basan en anteriores beneficios de Dios, para poder practicarlos libremente es indispensable recordar la historia de salvación: traer a la memoria las obras del Señor ayuda al pueblo a crecer en gratitud a Dios y en la observancia de sus leyes, de generación en generación (v. 3).
Salmo Responsorial Glorifica al Señor, Jerusalén.
Salmo 147:12-13, 15-16, 19-20
12
Celebra a Yahveh, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión!
13 Que él ha reforzado los cerrojos de tus puertas, ha bendecido en ti a tus hijos; 15 El envía a la tierra su mensaje, a toda prisa corre su palabra; 16 como lana distribuye la nieve, esparce la escarcha cual ceniza. 19 El revela a Jacob su palabra, sus preceptos y sus juicios a Israel: 20 no hizo tal con ninguna nación, ni una sola sus juicios conoció.
Evangelio: Mateo 5,17-19 Dijo Jesús: 17 No penséis que he venido a abolir las enseñanzas de la Ley y los profetas; no he venido a abolirías, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias. 18 Porque os aseguro que, mientras duren el cielo y la tierra, la más pequeña letra de la Ley estará vigente hasta que todo se cumpla. 19 Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Pero el que los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.
**• La persona y las enseñanzas de Jesús desconciertan a sus contemporáneos: de hecho, constituyen una novedad radical. La perícopa de hoy nos deja entrever el interrogante que suscitaban y, a la vez, refleja la delicada situación de las primeras generaciones cristiAnás en sus relaciones con el judaísmo. El evangelio según Mateo, destinado en primer lugar a una comunidad judeocristiana, presenta a Jesús como el nuevo Moisés que promulga en el monte la nueva Ley: las bienaventuranzas. Pero no por ello quedan abolidas la Ley y los profetas; más bien, llegan a su plenitud en Cristo. El mismo Jesús manifiesta un gran aprecio de la Torah, que a lo largo de los siglos prepara a Israel para una vida de comunión con Dios. Esta comunión se nos concede ahora, por gracia, en plenitud: en Jesús Dios se hace Emmanuel, Dios-con-nosotros. Los antiguos preceptos en su plenitud, en Cristo, permanecerán como norma perenne. Jesús lo afirma con suma autoridad, como evidencia el texto griego donde aparece la palabra original: "Amén" (v. 18), frecuente en boca de Jesús y después del resto del Nuevo Testamento y de la Iglesia primitiva. Ni siquiera los minúsculos signos de la Ley -esto es, los preceptos secundarios serán anulados, y de su observancia o inobservancia dependerá la suerte definitiva de cada uno. De hecho, por lógica, y de acuerdo con el estilo oriental, ser considerado mínimo en el Reino de los Cielos significa ser excluido, como parece en el v. 20.
MEDITAIK) El hombre se caracteriza por el deseo infinito de vida y felicidad, sed nunca plenamente apagada y que lo convierte en un incansable buscador de Dios. Y, sin embargo, hoy quizás más que nunca, nos enfrentamos a un nuevo fenómeno, el de una humanidad cansada e intolerante: los caminos antiguos -o viejos?- no satisfacen; los nuevos aparecen con mucha frecuencia como auténticos callejones sin salida y suscitan escepticismo o desesperación. Las lecturas de la presente liturgia nos vuelven a llevar a un camino concreto, "recto"; es decir, que lleva directamente a su fin. Su punto de partida es la escucha de la Palabra y exige humildad y obediencia. El paso a seguir consiste en llevar a la práctica la Palabra cada día. La meta es el encuentro con la Palabra, Jesús y, por consiguiente, la felicidad, la bienaventuranza. El camino puede parecer exigente, pero para quien camina se convierte en estímulo para ensanchar el corazón. No se trata tanto de practicar con rigor los preceptos, sino de seguir a una persona paso a paso, a Jesús. La palabra ley puede parecer hoy sinónimo de esclavitud, legalismo, algo frío o a hipocresía. Por el contrario, hay algo más estupendo que el verdadero amor, que siempre busca y encuentra nuevos modos de darse? Precisamente, esta fidelidad absoluta a la enseñanza del Señor puede hacer radicalmente nueva nuestra vida incluso a los ojos de los demás. La fidelidad a mandatos antiguos nos hará testigos de la perenne novedad: Jesús, el Señor, está con nosotros, y en él encontramos plenitud de gozo hasta en el cotidiano trabajo de la existencia.
ORATIO Señor, en tu gran bondad nos has mostrado el camino a seguir para llegar a la meta de la eterna comunión contigo. Con frecuencia hemos preferido escuchar otras voces diferentes de la tuya, nos hemos adherido a normas más de acuerdo con nuestros gustos, hemos querido abrir atajos alternativos para encontrar una felicidad ilusoria... !Perdónanos, Señor! Ayúdanos a volver a empezar, a comenzar partiendo de la escucha humilde y fiel de tu Palabra, de caminar dócil y generosamente por tus mandamientos: éstos son los pasos -pequeños pero seguros- que nos conducirán a un amor grande contigo y con los hermanos; son pasos humildes que nos pueden hacer "grandes" en tu Reino. Enséñanos a caminar detrás de ti, Jesús, nuestro verdadero maestro, para que nuestra vida, renovada en la escuela de la caridad, testimonie al mundo el gozo del Evangelio.
CONTEMPLATIO Oye, hijo mío, mis palabras suavísimas, que exceden toda la ciencia de los filósofos y letrados de este mundo. "Mis palabras son espíritu y vida" (Jn 6,63) y no se pueden ponderar por el sentido humano. No se deben traer al sabor del paladar, sino que se deben oír con silencio y recibir con humildad y gran afecto. Dije: "Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor, aquel a quien instruyes con tu ley" (Sal 93,12s). Yo, dice el Señor, enseñé a los profetas desde el principio, y no ceso de hablar a todos hasta ahora; pero muchos son duros y sordos a mi voz. Muchos oyen de mejor grado al mundo que a Dios; siguen más fácilmente el apetito de su carne que el beneplácito divino. El mundo promete cosas temporales y pequeñas, pero aun así le sirven con gran ansia; y yo prometo cosas grandes y eternas, y se entorpecen los corazones de los mortales. Yo daré lo que tengo prometido. Yo cumpliré lo que he dicho, si alguno perseverare fiel en mi amor hasta el fin [...]. Escribe tú mis palabras en tu corazón y considéralas con gran diligencia, pues en el tiempo de la tentación las habrás menester. Lo que no entiendes cuando lo lees, lo conocerás el día que te visite (Imitación de Cristo, III, 3).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Inclino mi corazón a cumplir tus leyes, mi recompensa será eterna " (Sal 118,112).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cuando aquellos a quienes amamos nos piden algo, les damos las gracias por pedírnoslo. Si tú deseases, Señor, pedirnos una única cosa en toda nuestra vida, nos dejarías asombrados, y el haber cumplido una sola vez tu voluntad sería el gran acontecimiento de nuestro destino. Pero como cada día, cada ñora, cada minuto, pones en nuestras manos tal honor, lo encontramos tan natural que estamos hastiados, que estamos cansados... Y, sin embargo, si entendiésemos qué inescrutable es tu misterio, nos quedaríamos estupefactos al poder conocer esas chispas de tu voluntad que son nuestros minúsculos deberes. Nos deslumbraría conocer, en esta inmensa tiniebla que nos cubre, las innumerables, precisas y personales luces de tus deseos. El día que lo entendiésemos, iríamos por la vida como una especie de profetas, como videntes de tus pequeñas providencias, como agentes de tus intervenciones. Nada sería mediocre, pues todo sería deseado por ti. Nada sería demasiado agobiante, pues todo tendría su raíz en ti. Nada sería triste, pues todo sería querido por ti. Nada sería tedioso, pues todo sería amor por ti. Todos estamos predestinados al éxtasis, todos estamos llamados a salir de nuestras pobres maquinaciones para resurgir hora tras hora en tu plan. Nunca somos pobres rechazados, sino bienaventurados llamados; llamados a saber lo que te gusta hacer, llamados a saber lo que esperas en cada instante de nosotros: personas que necesitas un poco, personas cuyos gestos echarías de menos si nos negásemos a hacerlos. El ovillo de algodón para zurcir, la carta que hay que escribir, el niño que es preciso levantar, el marido que hay que alegrar, la puerta que hay que abrir, el teléfono que hay que descolgar, el dolor de cabeza que hay que soportar...: otros tantos trampolines para el éxtasis, otros tantos puentes para pasar desde nuestra pobre y mala voluntad a la serena rivera de tu deseo (M. Delbrél, La alegría de creer, Santander 1 997, 1 35s). |
Viernes de la tercera semana de cuaresma o 8 de marzo, conmemoración de
San Juan de Dios
Juan nació en Portugal el año 1495. De joven llevó una vida de juergas y aventuras y, después de una milicia llena de peligros, se entregó por completo al servicio de los enfermos.
Desde entonces era en él habitual que, cuando se encontraba con un pobre, se despojara de lo que llevaba encima para dárselo. Finalmente, decidió quedarse en Granada y fundó allí un hospital para los enfermos y abandonados de a sociedad. Vinculó su obra a un grupo de compañeros, que constituyeron después la afamada orden de los hospitalarios de san Juan de Dios. Destacó, sobre todo, por su caridad con los enfermos y necesitados. Murió en Granada en el año 1550.
LECTIO
Primera lectura: Oseas 14,2-10
Esto dice el Señor: - Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho caer.
2 Buscad las palabras apropiadas y volved al Señor; decidle:
3 Perdona todos nuestros pecados y acepta el pacto; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios.
4 Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo y no llamaremos más dios nuestro a la obra de nuestras manos, pues en ti encuentra compasión el huérfano".
5 Yo sanaré su infidelidad, los amaré gratuitamente, pues ha cesado mi ira.
6 Seré como rocío para Israel; él crecerá como el lirio y echará raíces como los árboles del Líbano.
7 Se desplegarán sus ramas, tendrá el esplendor del olivo y como el del Líbano será su perfume.
8 El Señor volverá a ser su protector, de nuevo crecerá el trigo, como la vid florecerán y serán famosos como el vino del Líbano.
9 Efraín no tendrá ya nada que ver con los ídolos Yo escucho su plegaria y velo por él; yo soy como un ciprés lozano y de mí proceden todos tus frutos.
10 Quién es tan sabio como para entender esto? Quién tan inteligente como para comprenderlo? Los caminos del Señor son rectos, por ellos caminan los inocentes y en ellos tropiezan los culpables.
**• En este fragmento, estructurado como una liturgia penitencial, Oseas invita al pueblo a "volver" -es decir, a convertirse- al Señor reconociendo el propio pecado como causa de las desgracias actuales. Es necesaria una confesión lúcida y sincera de la culpa; el mismo profeta sugiere palabras para expresarla y el modo de presentarla, acompañada no con víctimas de sacrificio, sino con una vida purificada y la ofrenda de alabanza (v. 3).
Además, es necesaria una decidida renuncia al mal, a compromisos y diversas opciones idolátricas. Libre de todo apoyo humano, el pueblo se encontrará aparentemente pobre, pero será entonces cuando Dios en persona cuidará de él.
A la conversión del pueblo corresponde la "conversión" de Dios: depondrá su ira y con la fuerza de su amor sanará el mal de Israel, perdonará su infidelidad.
Los efectos benéficos de este amor se evocan con imágenes magníficas que recuerdan al Cantar de los Cantares, en una refrescante descripción de vida nueva (cf. La imagen de Dios como rocío). Estas promesas llegan al culmen en el v. 9: Dios será para el pueblo liberado de los ídolos "ciprés frondoso".
El epílogo del redactor, de corte sapiencial, indica que es necesario el discernimiento para comprender el texto de Oseas, porque en él se manifiestan los caminos de Dios, y sólo podrá caminar por ellos quien proceda con rectitud.
Salmo Responsorial
Yo soy el Señor, Dios tuyo; escucha mi voz.
Salmo 80: 6-11, 14, 17
Evangelio: Marcos 12,28-34
28 Un maestro de la Ley que había oído la discusión y había observado lo bien que les había respondido se acercó y le preguntó: - Cuál es el mandamiento más importante?
29 Jesús contestó: - El más importante es éste: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor.
30 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento y con todas tus fuerzas.
31 El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos.
32 El maestro de la Ley le dijo: - Muy bien, maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de él;
33 y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
34 Jesús, viendo que había hablado con sensatez, le dijo: - No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevía ya a seguir preguntándole.
**• La pregunta del escriba nos conduce a una discusión de actualidad en las escuelas rabínicas de aquel tiempo. En la Ley se enumeran 248 mandatos y 365 prohibiciones, agrupados en diversas categorías. La cuestión se plantea a Jesús: Antiguo y Nuevo Testamento se encuentran frente a frente. Quizás aparezca el intento de tender una trampa al joven rabbí. Él solventa la dificultad vendo directamente a lo esencial. De hecho, la respuesta de Jesús no es desconocida: cita el Sheuia' Ytsra'el {"Escucha, Israel"), de Dt 6,4s, que todo israelita repetía en la oración tres veces al día.
A este primer mandamiento, Jesús asocia -el verbo griego indica una relación de fuerte y recíproca interdependencia- un segundo, sacado también de la Sagrada Escritura (Lv 19,18). En esta unión está la originalidad de la respuesta de Jesús al escriba, que reconoce la verdadera síntesis de la Ley y del culto; más aún: el amor vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús elogia al escriba, y en su respuesta aparece explícito otro elemento novedoso: la cercanía/presencia del Reino de Dios, cuya ley es el amor y, por consiguiente, la libertad.
MEDITATIO
"El amor al dinero es la raíz de todos los males" (1 Tim 6,10). Pocas frases de la Escritura estarían los hombres de hoy dispuestos a suscribir tan de buena gana como ésta, pues detrás de los más graves males de nuestra sociedad (tráfico de drogas, mafia, secuestros de personas, corrupción política, fabricación y comercio de armas, explotación de la prostitución...) está el dinero o, al menos, está también el dinero.
Nosotros -los cristianos- no hemos sido llamados a serlo sólo para denunciar al ídolo dinero y a la riqueza inicua. Y Jesús no deja a nadie sin ninguna esperanza, !ni siquiera al rico! Cuando los discípulos, a continuación de lo dicho sobre lo del camello y el agujero de la aguja, espantados, preguntaron a Jesús: "Y quién se podrá salvar?", él les respondió: "Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios" (Lc 18,26-27). Dios puede salvar igualmente al rico. El punto crucial no es "si el rico se salva" (esto no ha estado nunca en discusión en la tradición cristiana) sino "qué rico se salva" ?
A los ricos, Jesús les añade una vía de salida para su peligrosa situación: "Acumulad mejor tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la carcoma echan a perder las cosas y donde los ladrones no socavan ni roban" (Mt 6,20). Y también: "Haceos amigos con los bienes de este mundo. Así, cuando tengáis que dejarlos, os recibirán en las moradas eternas" (Le 16,9). Por ello, Jesús aconseja a los ricos trasladar sus capitales "al extranjero". Pero no a Suiza u otro paraíso fiscal, sino \al cielol Está claro, por otra parte, que la limosna y la beneficencia ya no son hoy el único modo de hacer que la riqueza sirva al bien común, y quizá ni siquiera sean lo más recomendable. Junto a ellas, está también lo de pagar honestamente las tasas, impuestos y tributos, crear nuevos puestos de trabajo, dar un salario más generoso a los trabajadores cuando lo permita la situación, poner en marcha empresas locales en los pueblos en vías de desarrollo...
ORATIO
Señor, tú que infundiste en san Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad y de amor con los pobres, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu Reino.
CONTEMPLATIO
En esta fiesta, es necesario, a modo de síntesis, descubrir la vida de san Juan de Dios y resaltar su acción social contemplando en él los siguientes puntos:
- Una especial sensibilidad humano-cristiana y social, que va en busca de las personas necesitadas.
- No poner condición alguna para la asistencia y actuar con absoluta universalidad. Todo necesitado tiene derecho a nuestros cuidados.
- Desarrollar una asistencia cualificada en la medida de las posibilidades (promover el aseo personal, aplicar tratamientos, separar a los enfermos en función de su patología...). Todo ello le ha valido a Juan de Dios ser considerado por los historiadores de la enfermería como un auténtico creador de escuela.
- Ofrecer solicitud de recursos a toda la sociedad, sin distinción de clase ni posición (así lo hace Juan atendiendo al pueblo llano, duquesas, al propio rey, al que visitará en Valladolid...). La llamada a la solidaridad mediante la limosna no tiene fronteras.
- Juan convoca a personas que quieran colaborar en su obra y las integra plenamente, llegando a delegar en ellas su propio hospital cuando debe ausentarse para buscar recursos.
- En todo ello hay un hilo conductor claro: la atención integral al hombre necesitado, al enfermo, respetando su dignidad y defendiendo sus derechos.
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra del Señor: "Quién nos separará del amor de Cristo?" (Rom 8,35).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13,1). Como es sabido, a diferencia de los otros evangelios, el de Juan no se detiene a narrar la institución de la eucaristía, ya evocada por Jesús en el discurso de Cafarnaún (cf. Jn 6,26-65), leída en la fiesta del Jueves Santo, sino que se concentra en el gesto del lavatorio de los pies. Esta iniciativa de Jesús, que desconcierta a Pedro, antes que ser un ejemplo de humildad, propuesto para nuestra imitación, es la revelación de la radicalidad de la condescendencia de Dios hacia nosotros. En efecto, es Dios quien, en Cristo, "se ha despojado a sí mismo" y ha asumido la "forma de siervo" hasta la humillación extrema de la cruz (cf. Flp 2,7), para abrir a la humanidad el acceso a la intimidad de la vida divina. Los extensos discursos que en el evangelio de Juan siguen al gesto del lavatorio de los pies, y son como su comentario, introducen en el misterio de la comunión trinitaria, a la que el Padre nos llama insertándonos en Cristo con el don del Espíritu.
Esta comunión es vivida según la lógica del mandamiento nuevo: "Como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros" (Jn 13,34). No por casualidad, la oración sacerdotal corona esta "mistagogia" mostrando a Cristo en su unidad con el Padre, dispuesto a volver a él a través del sacrificio de sí mismo y únicamente deseoso de que sus discípulos participen de su unidad con el Padre: "Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros" (Jn 17,2])" (cf. Carta de Juan Pablo II a los sacerdotes en el Jueves Santo de 2000, Arzobispado de Valencia, n. 4).
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Cuarto domingo de cuaresma Ciclo B
LECTIO Primera lectura: 2 Crónicas 36,14-16.19-23 14 Del mismo modo, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo pecaron sin cesar, practicando las abominaciones idolátricas de las naciones y contaminando el templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. 15 El Señor, Dios de sus antepasados, en su afán de salvar a su pueblo y a su templo, les envió continuos mensajeros. 16 Pero se burlaron de ellos, menospreciaron sus palabras y se burlaron de sus profetas, colmando la ira del Señor contra su pueblo hasta tal punto que ya no hubo remedio. 19 El templo del Señor fue pasto de las llamas, las murallas demolidas, los palacios incendiados y todos los objetos preciosos destruidos. 20 Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada, los cuales pasaron a ser esclavos del rey y de sus hijos hasta el advenimiento del imperio persa. 21 Así se cumplió la Palabra del Señor pronunciada por Jeremías: "La tierra descansará asolada durante setenta años hasta que recupere sus años de descanso sabático". 22 El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la profecía de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, que publicó de palabra y por escrito por todo su reino este edicto: 23 "Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encomendado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Los que de entre vosotros pertenezcan a su pueblo, que vuelvan, y que el Señor su Dios esté con ellos".
**• Este fragmento, puesto como conclusión de los libros de las Crónicas, es una lectura sintética en clave teológica de la historia del Reino de Judá: se desatiende la alianza con Dios, domina el influjo de los cultos idolátricos, el templo de Dios está contaminado. A la infidelidad creciente del pueblo, Dios opone la delicadeza de un amor fiel. Envía profetas para llamar al camino de la verdad, pero en vano. Para conducir al pueblo a la salvación deberá entonces hacer que pase por el crisol del sufrimiento: la devastación del templo y la ciudad, la amargura de un largo destierro, devolviendo a la tierra de Judá el reposo sabático del que se había visto privada. Los versículos conclusivos (22s), que aparecen literalmente en Esdras 1,1-3b, contienen el edicto de Ciro y ponen una nota de optimismo y esperanza. YHWH, Señor de la historia, confía a un rey extranjero la tarea de reconstrucción del templo de Jerusalén. No se trata sólo de una obra material, pues está unida a la restauración moral y espiritual. La referencia continua a la palabra de los profetas (vv. 15.21s) subraya la fidelidad-verdad de Dios: él actúa siempre según un designio de salvación, pero exige al hombre la acogida dócil y la colaboración activa.
Salmo responsorial Salmo 136, 1-2. 3. 4-5. 6 Junto a los canales de
Babilonia Allí los que nos
deportaron !Cómo cantar un cántico
del Señor Que se me pegue la
lengua al paladar
Segunda lectura: Efesios 2,4-10 4 Pero Dios, que es rico en misericordia y nos tiene un inmenso amor, 5 aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos volvió a la vida junto con Cristo -!Por pura gracia habéis sido salvados!-, 6 os resucitó y nos sentó con él en el cielo. 7 De este modo quiso mostrar a los siglos venideros la excelsa riqueza de su gracia, hecha bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8 Por la gracia, en efecto, habéis sido salvados mediante la fe; y esto no es algo que venga de vosotros, sino que es un don de Dios; 9 no viene de las obras, para que nadie pueda presumir. 10 Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano como norma de conducta.
*" Creando un fuerte contraste con los versículos precedentes -donde se pinta un cuadro de muerte y de pecado-, Pablo describe el designio de salvación del Señor. Amor y vida son los dos términos esenciales. La redención revela que Dios es amor y gracia a rebosar. El mediador de la salvación es Jesucristo: asumiendo un cuerpo semejante al nuestro, con su muerte vence nuestra muerte, con su resurrección nos abre el camino. Como don gratuito, la humanidad ha sido asociada a la glorificación de Cristo. Como ya aparecía en la Carta a los Romanos, el apóstol utiliza un léxico sumamente significativo para poner de relieve la participación en la suerte de Cristo: con-vivificados, con-resucitados, sentados con él en los cielos (vv. 5s). En virtud de esta unión con él, la naturaleza y la historia del mundo resultan, a los ojos del Padre, unitarias y sencillas: son la misma historia de Jesús. Volviendo con la afirmación del v. 5, Pablo desarrolla el tema de la gracia. La omnipotencia de Dios se manifiesta en su amor. Frente a esta gratuidad, desaparece toda obra humana o, mejor, el mismo hombre se convierte en nueva criatura y sus obras no son sino el desbordar de la gracia divina en él. Desaparece cualquier asomo de vanagloria: sólo hay lugar para la gratuidad, la eucaristía.
Evangelio: Juan 3,14-21 14 Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto 15 para que todo el que crea en él tenga vida eterna. 16Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo; sino para salvarlo por medio de él. , 18 El que cree en él no será condenado; por el contrario, el que no cree en él ya está condenado por no haber creído en el Hijo único de Dios. 19 El motivo de esta condenación está en que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque hacían el mal. 20 Todo el que obra mal detesta la luz y la rehuye por miedo a que su conducta quede al descubierto. 21 Sin embargo, aquel que actúa conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que todo lo que él hace está inspirado por Dios.
*•• En la presente lectura, que continúa la respuesta a Nicodemo, Jesús revela su propia identidad y la suerte que le espera, la misión recibida del Padre y su desenlace entre los hombres. Después de haberse identificado con la figura gloriosa del Hijo del hombre bajado del cielo (v. 13), Jesús se parangona con la serpiente de bronce que Moisés había alzado en el desierto para librar de la muerte segura al pueblo pecador (Nm21,8s). Para comprender el pasaje, es preciso adentrarse en el mundo de los símbolos, tan característico del cuarto evangelio. La serpiente recuerda la muerte, pero también su antídoto. De hecho, en la civilización en contacto con Israel, la serpiente era figura de la fecundidad. La elevación de Jesús en la cruz como maldito, aunque represente el culmen de la ignominia, constituye también el máximo de su gloria. Encontramos aquí la primera expresión de la teología joanea que hace coincidir la elevación en la cruz con la glorificación de Cristo, porque precisamente en la cruz se manifiesta en todo su esplendor el amor salvífico de Dios. Todo esto lo desarrolla en los versículos sucesivos: es el amor el que mueve al Padre a entregar al Unigénito para que el hombre pase del pecado a la vida eterna (v. 16). Pero este don exige la acogida de la fe: en el desierto había que mirar a la serpiente de bronce, ahora se debe creer en Jesús. El envío del Hijo es para una misión de salvación (v. 17), y cada uno, con su adhesión o su rechazo, hace una opción que implica un juicio.
MEDITATIO La Palabra nos invita ante todo a reflexionar sobre la vida humana como viaje de regreso a la casa del Padre, viaje no individual, sino como pueblo, como humanidad: no podemos quedarnos indiferentes con la suerte de nuestros hermanos. La Iglesia -cada cristiano- siente que debe vivir cada vez más en Cristo para poder dar vida a quien yace "en las tinieblas y sombra de muerte". Teniendo la mirada fija en él, la comunidad cristiana puede alimentar la lámpara de la esperanza. Pues Cristo, sacerdote y víctima, es el documento con el que el Padre celestial nos declara su amor infinito, nos revela su designio de salvación y nos invita a acoger su don. Deseamos la vida, pero estamos rodeados por la realidad de muerte. Para que crezca la vida, es preciso insertarnos en la fuente de la vida que es Cristo, es necesario hacer de la vida presente un don. El tiempo con Jesús, vivido minuto a minuto, adquiere un significado nuevo. Él se presenta como elevado en la cruz, pero también como glorificado en el sufrimiento. En él se nos brinda la visión concreta y desconcertante del amor de Dios. Si tenemos los ojos fijos en el Crucificado, poco a poco, como fuente viva, brotará en nosotros el testimonio del Espíritu: Cristo "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). Y esta fuente no dejará nunca de borbotear su canto de amor en el que confluyen lágrimas de arrepentimiento y lágrimas de alegría. Por pura gracia estamos salvados mediante la fe, por gracia, por gracia...
ORATIO Jesús, sacerdote eterno, que sabes compadecerte de nuestras enfermedades, que has sido probado en todo, tenemos los ojos puestos en ti: somos tuyos, acógenos. Déjanos oír hoy tu voz, tu Palabra, para que no se endurezcan nuestros corazones. Haz que también nosotros nos dejemos herir por el amor y el dolor para adherirnos con fe a la santísima voluntad del Padre. Tú has sido fiel hasta la cruz para abrirnos el camino del santuario del cielo, donde habrá plena paz. Haznos sentir hoy, cada vez con más intensidad, la urgencia de llegar a ser santos, totalmente dados a los demás para ayudarles, confortarles, ser para ellos fieles compañeros de camino. No es mérito nuestro el haberte encontrado y conocido: es don de tu gracia, que siempre nos renueva y nos sorprende; que todos los hombres puedan leer en nuestro rostro el gozo de pertenecerte, el anhelo de anunciarte, el deseo de vivir para siempre en la Jerusalén celestial, en el seno de la Santísima Trinidad.
CONTEMPLATIO !Inefables entrañas de la misericordia divina! !Piedad inmensa, digna de la más profunda admiración! Para librar al esclavo has entregado al Hijo. Él nos ilumina y benévolamente nos enseña el camino de la humildad, del amor y de toda virtud... Lo prendieron para librarnos a nosotros del yugo de la esclavitud. Lo hicieron prisionero para liberarnos a nosotros, prisioneros de la mano del enemigo. Lo vendieron por dinero para comprarnos con su sangre. Lo despojaron para revestirnos de inmortalidad. Se burlaron de él para arrebatarnos de las burlas de los demonios. Fue coronado de espinas para desarraigar de nosotros las espinas y cardos de la antigua maldición. Fue humillado para ensalzarnos. Por todas estas cosas, te doy gracias y alabo tu nombre, oh Padre santo (Juan de Fécamp, Confessio theologica, 26, Milán 1986, 65s, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Jesús vino ciertamente para padecer, pero su ideal no es la cruz, sino la obediencia, ese modo de vivir la relación con su Padre, testimoniarlo hasta el fondo, sin echarse atrás ante la dificultad ni ante el interrogante más dramático de su vida. El ideal de Jesús es único: la obediencia, una obediencia que no acaba en la muerte, porque quien muere de ese modo sólo puede concluir en la resurrección. La obediencia tiene como contenido el don de sí mismo por nosotros, la donación de Jesús a nosotros. El ideal de Jesús no es el dolor. La cruz de Jesús es una palabra dirigida al dolor humano que, queriendo realizar el ideal del bien, de la justicia, de la virtud, encuentra y padece contradicción? O es también una palabra para el dolor humano en todas sus facetas, para el dolor que nos viene sin buscarlo, sin quererlo, el dolor repentino, el dolor que parece llegar de modo absurdo? La respuesta es única: la cruz del Señor es una palabra para todo el dolor humano. El cristiano no dice: padecemos el dolor, Jesús también lo padeció. Ha aprendido, más bien, a razonar de otro modo. Ha aprendido que la cruz de Jesús es precisamente su dolor, el nombre que se debe dar también al dolor humano. El cristiano mira al crucifijo, ve el dolor de Jesús y dice: este dolor es una palabra para el dolor del hombre, que no puede tener otro nombre que el nombre de la cruz. Si redujésemos la cruz de Jesús a un caso particular de dolor del mundo, no cambiaría nada. Dar un nombre significa la posibilidad de encontrar un sentido. Vivir tiene significado si lleva consigo dolor. La resurrección de Cristo me lo recuerda en cuanto es el éxito de un padecer y morir que no ha puesto en tela de juicio el sentido de la vida. Esta es la pretensión del cristiano frente al dolor, que él llama cruz: la pretensión de que esta realidad, tan difícil y misteriosa, tenga una posibilidad de sentido (G. Moioli, La parola della croce, Viboldone 1987, 51-54, passim).
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Lunes de la cuarta semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Isaías 65,17-21 Esto dice el Señor: 17 Mirad, voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; lo pasado no se recordará, ni se volverá a pensar en ello, 18 sino que habrá alegría y gozo perpetuo por lo que voy a crear. Pues convertiré en gozo a Jerusalén y a sus habitantes en alegría; 19 me gozaré por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, y ya no se oirán en ella llantos ni lamentos. 20 Ya no habrá allí niños malogrados, ni ancianos que no colmen sus años; pues será joven quien muera a los cien años, y el que no llegue a ellos se tendrá por maldito. 21 Construirán casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán su fruto.
**• El pueblo, vuelto del destierro, cede una vez más a la tentación de los cultos idolátricos. Se resiste a la voz del Señor, olvidando invocar su nombre (vv. 1-7) y provocándolo de este modo. Es cuando interviene el profeta: recuerda que Dios es un juez justo que asigna una suerte muy distinta a sus siervos fieles o a los rebeldes (vv. 8-16a). En este contexto, el fragmento propuesto abre una espiral de luz sobre el futuro, revelando las dimensiones del plan de Dios, que no se limita al destino de los individuos, sino que abarca a todo el cosmos. Pronto se olvidarán de las fatigas pasadas, porque el Señor se dispone a ejecutar una "nueva" creación inundada de alegría. En estos versículos parecen entrelazarse el canto del corazón de Dios y el de la humanidad: al gozo de Dios por su ciudad santa, por su pueblo renovado interiormente, responde la alegría del pueblo por las maravillas de esta re-creación. El profeta utiliza las más bellas imágenes sacadas de la vida humana para expresar lo inefable, para indicar la vida de comunión con Dios: en la nueva Jerusalén se disipará cualquier asomo de tristeza, cesará la difundida mortalidad infantil, la longevidad será admirable, la libertad y la estabilidad política garantizarán una vida próspera y serena. La obra salvífica del Señor transformará el mundo: es una promesa cuyo cumplimiento es Jesús, y llegará a plenitud al final de los tiempos.
Salmo Responsorial Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Salmo 29:2, 4-6, 11-13
2 Yo te
ensalzo, Yahveh, porque me has levantado;
no dejaste reírse de mí a mis enemigos. 4 Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa. 5 Salmodiad a Yahveh los que le amáis, alabad su memoria sagrada. 6 De un instante es su cólera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de alborozo. 11 Escucha, Yahveh, y ten piedad de mí! Sé tú, Yahveh, mi auxilio! 12 Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría; 13 mi corazón por eso te salmodiará sin tregua; Yahveh, Dios mío, te alabaré por siempre.
Evangelio: Juan 4,43-54 43 Jesús partió de Samaría y prosiguió su viaje hacia Galilea. 44 El mismo Jesús había declarado que un profeta no es bien considerado en su propia patria. 45 Cuando llegó a Galilea, los galileos le dieron la bienvenida, pues también ellos habían estado en Jerusalén por la fiesta de la pascua y habían visto todo lo que Jesús había hecho en aquella ocasión. 46 Jesús visitó de nuevo Cana de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. 47 Cuando se enteró de que Jesús venía de Judea a Galilea, salió a su encuentro para suplicarle que fuese a su casa y curase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48 Jesús le contestó: - Si no veis signos y prodigios sois incapaces de creer. 49 Pero el funcionario insistía: - Señor, ven pronto, antes de que muera mi hijo. 50 Jesús le dijo: - Vuelve a tu casa; tu hijo ya está bien. El hombre creyó en lo que Jesús le había dicho, y se fue. 51 Cuando volvía a casa, le salieron al encuentro sus criados para darle la noticia de que su hijo se había puesto bueno. 52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado la mejoría. Los criados le dijeron: - Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre. 53 El padre comprobó que la mejoría de su hijo había comenzado en el mismo momento en que Jesús le había dicho: "Tu hijo ya está bien"; y creyeron en Jesús él y todos los suyos. 54 Este segundo signo lo hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.
**• La presente narración de una curación a distancia quiere revelarnos a Jesús como Palabra de vida. El Maestro vuelve a Galilea, donde es bien recibido porque se ha difundido la fama de lo que había hecho en Jerusalén.Pero él rehuye la popularidad basada en lo prodigioso. Se acerca a Cana, donde había obrado su primer milagro ("signo" según el lenguaje propio de Juan). Y ahora viene el segundo: un funcionario de Herodes Antipas suplica a Jesús que le siga a Cafarnaún, donde su hijo estaba en las últimas. La ubicación de Cana respecto a Jerusalén explica el uso del verbo "bajar", pero no agota su significado, cuya importancia aparece en la insistencia con la que el funcionario suplica a Jesús que "baje". El, de hecho, es el que "por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo". Jesús reprende una fe demasiado imperfecta, pero el funcionario no desiste. Como respuesta a la invocación desesperada de una humanidad que languidece y está muñéndose. Jesús ofrece una palabra de vida, pero exige la fe. El prodigio de Jesús está en la Palabra: si se cree y se obedece, se experimentará el milagro final (v. 50). Maravilloso y eficaz el efecto del eco: el funcionario se pone en camino dejando resonar en el corazón lo que le ha dicho Jesús: "Vuelve, tu hijo ya está bien". Esta palabra, única esperanza, acompaña y sostiene cada uno de sus pasos hacia casa. Y desde su casa le salen al encuentro los criados con la grata certeza y con las mismas palabras: "Tu hijo ya está bien". La fe que ha caminado en la oscuridad (v. 52ss) encuentra la luz y se convierte en pleno asentimiento: ha repetido in crescendo la palabra de Jesús (v. 53) e inmediatamente se confirma: "Y creyó".
MEDITATIO Creer la Palabra es como abrir ante nosotros una puerta que nos introduce en una realidad nueva. Permanecer en la Palabra, guardándola en el corazón, significa participar en la obra divina de la re-creación, santificación y transfiguración del cosmos. Jesús es la Palabra viva de Dios: sólo él puede dirigirnos esta Palabra eficaz. Y lo hace de modo sereno, común, pidiendo una fe desnuda, total. Asentir y caminar fiándose de él puede ser cuestión de vida o muerte: lo fue para aquel padre cansado que nos narra el Evangelio, que en respuesta a su ruego no recibió de Jesús un prodigio, sino una palabra de vida, y se fió con total abandono. Nada había cambiado en su existencia, pero en su corazón anidó la esperanza. En la noche del subimiento y de la prueba, la Palabra es lámpara para nuestros pasos. La Palabra se convierte también en oración repetida sin cesar hasta que encuentre la confirmación luminosa y potente: el Señor ha escuchado, el Señor ha hecho maravillas de gracia. Cristo Jesús es el Señor de la vida ahora y por toda la eternidad. La fe se convierte en canto de gozo que se difunde hasta formar un coro de alabanza: "Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias; contempladlo y quedaréis radiantes" (Sal 33,4-6).
ORATIO Jesús, hijo de Dios, tú que eres la plena expresión del Padre, su Palabra viva, ayúdame a encontrarte cada vez que leo y escucho el Evangelio. Enséñame a guardar en el corazón tus santas palabras, a fiarme de ellas con una fe sencilla, a buscar en ellas una respuesta en el momento de la prueba. No quieres proponerme prodigios extraordinarios, sino una fe, un abandono total. Éste es el prodigio que pides al hombre: la fe. Con fe podrás ejecutar en nosotros esos "signos" de vida que te suplicamos. No sólo ni siempre en el tiempo presente, pero sí en la eternidad: tu palabra es vida inmortal, es semilla que, acogida en la tierra del corazón, germina, florece y da fruto en el Reino de los Cielos.
CONTEMPLATIO El Señor no hace distinción de personas a condición de que le amemos como hijos, pues es nuestro Padre celestial. El Señor atiende a condición de que se le ame desde lo hondo del corazón y de que se tenga una fe auténtica, una fe "grande como una semilla de mostaza". Así es, amigo de Dios. Cualquier cosa que pidas a Dios la obtendrás si la pides para gloria de Dios o el bien de tu prójimo. Pues Dios no separa el bien del prójimo de su gloria. Por consiguiente, ten por seguro que el Señor escuchará tus peticiones, siempre que las hagas para la edificación y el bien de tu prójimo. Pero incluso si pidieses algo por necesidad, utilidad o beneficio personal, no temas, que Dios te la concederá si realmente lo necesitas, porque él ama a los que le aman. Es bueno con todos y su misericordia se extiende también a los que no invocan su nombre; con mayor razón, pues, cumplirá los deseos de los que le temen. Él escuchará todas tus peticiones y no las rechazará por tu recta fe en Cristo Salvador [...]. Pero también podrá decirte por qué le has molestado sin motivo y cómo pides cosas de las que puedes prescindir fácilmente (Serafín de Sarov, Coloquio con Motilov, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme" (Sal 69,2).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Que vuestra fe sea sencilla, confiada, incansablemente perseverante, animada en la oscuridad y anclada en Jesús. En él, a quien debe llegar nuestra fe por el Evangelio, en la realidad de su presencia !unto a vosotros. Practicad vuestra fe en las palabras de Cristo... Releed el Evangelio proponiéndoos comprender lo que Jesús os dice. Ha hablado casi únicamente de esto, y si ha insistido tanto es porque sabia que no le escucharíamos; sabia que era lo esencial, que nos desanimaríamos, que nos faltaría perseverancia. Nada puede sustituir la fuerza de las palabras de Jesús: leedlas, releedlas y, sobre todo, vividlas: "Por qué me decís: Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo?" (Le 6,46). No os perdáis en fantasías, en búsquedas retorcidas. Jesús está a vuestro alcance, si tenéis fe. Nada hay más concreto y cierto aue la fe, porque es una realidad presente; es sólida, fuerte e indestructible. Jesús está aquí, y vosotros también, a condición de que os hagáis presentes cuando pasa. Vuestros gozos y tristezas, vuestro cansancio del trabajo y de los hombres, vuestro sufrimiento, vuestras rebeliones y vuestros disgustos no son sino oleaje de superficie, y no impide que Jesús esté allí, que os ame y os quiera a través de estas cosas por las que sufrís más cercano en ofrenda al Padre y en sacrificio por vuestros hermanos. Ésta es la realidad, la pura realidad; lo demás, si lo comparamos, es sólo apariencia. Lo sé: es más fácil decirlo que hacerlo. Pero el Espíritu de luz, el Espíritu de amor, actúa en vosotros. Es necesario, sin cansarse, abrirle el camino mediante la práctica de vuestra fe en Jesús (R. Voillaume, Come loro, Roma 1979, 212s, passim). |
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Martes de la cuarta semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Ezequiel 47,1-9.12 1 Después el ángel me llevó a la entrada del templo, y vi que debajo del umbral, por el lado oriental hacia el que mira la fachada del templo, brotaba una corriente de agua. El agua descendía por el lado derecho del templo hasta la parte sur del altar. 2 Me hizo salir por el pórtico norte y dar la vuelta por fuera hasta el pórtico exterior que mira hacia oriente, y vi que las aguas fluían desde el costado derecho. 3 El hombre salió en dirección este con un cordel en la mano, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos; midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas; 4 midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura; 5 midió, por fin, otros quinientos metros y la corriente de agua era ya un torrente que no pude atravesar, pues había crecido hasta el punto de que sólo a nado se podía atravesar. 6 Entonces me dijo: - Has visto, hijo de hombre? Después me hizo volver a la orilla del torrente 7 y, al volver, vi que junto al torrente en las dos orillas había muchos árboles. Y me dijo: 8 Estas aguas fluyen hacia oriente, bajan al Araba y desembocan en el mar Muerto, cuyas aguas quedarán saneadas 9 Por donde pase este torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Habrá abundancia de peces, porque las aguas del mar Muerto quedarán saneadas cuando llegue este torrente. 12 Junto a los dos márgenes del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas no se marchitarán ni sus frutos se acabarán. Cada mes darán frutos nuevos, porque las aguas que los riegan manan del santuario. Sus frutos servirán de alimentó y su follaje de medicina.
*•• Debido al clima árido de Palestina, las fuentes se consideran con frecuencia símbolos del poder vivificador de Dios. Por eso, a veces en las inmediaciones de una fuente se erigía un santuario. En la visión de Ezequiel, este poder de vida nueva mana del zaguán del mismo templo y fluyen hacia oriente, por donde regresó la Gloria del Señor a morar en medio del pueblo vuelto del destierro. Al principio, es un pequeño arroyo de agua insignificante, comparado con los grandes ríos mesopotámicos, pero va creciendo cada vez más y más hasta convertirse en un río navegable. Es sugestivo el contraste entre la medida exacta y calculada siempre igual por el ángel y el crecer sin medida del agua, cuyo poder debe experimentar el profeta en su cuerpo (vv. 3b.4b). A él se le revela la extraordinaria fecundidad y eficacia de la fuente: llena de vegetación el territorio, sana el mar Muerto, hace que abunden los peces y que prosperen las gentes (vv. 7-10); los árboles frutales dan cosechas extraordinarias: el agua que viene de Dios sana y fecunda la tierra que recorre. El Nuevo Testamento recogerá y llevará a plenitud la simbología: Jesús es el verdadero templo del que brota el agua viva del Espíritu (Jn 7,38; 19,34) por medio de la regeneración con esta agua vivificante y medicinal (Jn 3,5).
Salmo Responsorial El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Salmo 45: 2-3, 5-6, 8-9
2 Dios
es para nosotros refugio y fortaleza,
un socorro en la angustia siempre a punto. 3 Por eso no tememos si se altera la tierra, si los montes se conmueven en el fondo de los mares, 5 Un río! Sus brazos recrean la ciudad de Dios, santificando las moradas del Altísimo. 6 Dios está en medio de ella, no será conmovida, Dios la socorre al llegar la mañana. 8 Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! 9 Venid a contemplar los prodigios de Yahveh, el que llena la tierra de estupores.
Evangelio: Juan 5,1-3.5-16 1 Después de esto, Jesús volvió a Jerusalén para celebrar una de las fiestas judías. 2 Hay en Jerusalén, cerca de la puerta llamada de las Ovejas, un estanque conocido con el nombre de Betesda, que tiene cinco soportales. 3 En estos soportales había muchos enfermos recostados en el suelo: ciegos, cojos y paralíticos. 5 Había entre ellos un hombre que llevaba treinta y ocho años inválido. 6 Jesús, al verlo allí tendido, y sabiendo que llevaba mucho tiempo, le preguntó: - Quieres curarte? 7 El enfermo le contestó: - Señor, no tengo a nadie que me introduzca en el estanque cuando se mueve el agua. Cuando quiero llegar yo, otro se me ha adelantado. 8 Entonces Jesús le ordenó: - Levántate, toma tu camilla y echa a andar. 9 En aquel instante, el enfermo quedó curado, tomó su camilla y comenzó a andar. Aquel día era sábado. 10 Los judíos se dirigieron al que había sido curado y le dijeron: - Hoy es sábado y no te está permitido llevar al hombro tu camilla. 11 Él respondió: - El que me curó me dijo: "Toma tu camilla y vete". 12 Ellos le preguntaron: - Quién es ese hombre que te dijo: "Toma tu camilla y vete"? 13 Pero él no lo conocía ni sabía quién le había curado, pues Jesús había desaparecido entre la muchedumbre que se había reunido allí. 14 Más tarde, Jesús se encontró con él en el templo y le dijo: - Has sido curado, no vuelvas a pecar más, pues podría sucederte algo peor. 15 El hombre fue a informar a los judíos de que era Jesús quien le había curado. 16 Jesús hacía obras como ésta en sábado; por eso lo perseguían los judíos.
w Jesús, salvación de Dios, decide atravesar los soportales de miserias humanas que se reúnen junto a la piscina de Betesda, en Jerusalén. Allí se encuentra con una en particular. Su palabra se dirige a ese pobre paralítico que lleva enfermo treinta y ocho años, casi toda su existencia. Después de tan larga espera, qué puede pedir de bueno a la vida? La pregunta aparentemente obvia de Jesús (v. 6) despierta la voluntad de este hombre y, por un simple mandato (v. 8), recobra la fuerza: carga con su camilla, compañera de tantos años de enfermedad, y camina llevándola consigo como testimonio de su curación. Jesús renueva la vida, cosa que no podrían hacer los ritos supersticiosos, ni siquiera la Ley: quien se queda bloqueado en su interpretación literal, en la rigurosa observancia del sábado, es un paralítico del espíritu, un ciego de corazón. A diferencia de aquel enfermo, no quiere curarse y su rigidez se convierte en hostilidad. En el templo, Jesús se encuentra con el hombre curado y le dirige la palabra clara y exigente (v. 14), de la que se desprende que hay algo peor que 38 años de parálisis: el pecado, con sus consecuencias. Jesús no quiere renovar la vida a medias: si no se nos libera de las ataduras del pecado, de nada nos sirve que se nos desentumezcan los miembros. Es una libertad por la que debemos optar cada día: "Quieres quedar sano?... No peques más".
MEDITATIO Sentado en los límites de la esperanza, sin poder comprometerse con la vida, desilusionado de los demás y con frecuencia también de la religión: así es el hombre de hoy, de siempre, al que Cristo viene a buscar allí donde se encuentra, paralizado por el sufrimiento, el pecado o por distintas circunstancias. Jesús sencillamente pregunta: "Quieres curarte?". Pregunta obvia, quizás, pero exige una respuesta personal que renueva interiormente y hace sentir la gran dignidad del hombre: su libertad y responsabilidad. Luego, sencillamente, dice: "Levántate: echa a andar...". No por medio de ritos vacíos o por no sé qué agua milagrosa, sino por el poder de la Palabra de Dios que recrea, rompe las ataduras que aprisionan. No es nada la parálisis del cuerpo: hay ataduras mucho peores que atan el corazón al pecado. Por esta razón, Cristo ha dejado a la Iglesia la eficacia de su Palabra y la gracia que brota como un río de su costado abierto: agua viva del baño bautismal, que regenera y renueva al pecador; agua viva de las lágrimas del arrepentimiento, que suscita el Espíritu para absolver de todo vínculo de culpa al penitente; sangre derramada por aquel que fue perseguido a muerte por haber traído al mundo la salvación de Dios.
ORATIO Ven, Señor Jesús a buscar a todo el que yace con el ánimo abatido, en la enfermedad de sus miembros, en la desesperación del pecado oculto. Ven a buscarme también a mí. Acércate a nosotros, oh Cristo, vuélvete a nosotros, uno por uno, para que en cada uno resuene la pregunta: "Quieres curarte?". Pídemelo también a mí. Ven a sumergirnos, Señor, en el profundo abismo de tu amor, que brota de tu corazón abierto como un río y corre, inagotable y potente, atravesando y renovando tiempos y espacios para desembocar en el Eterno. Ya me purificaste en la fuente bautismal: haz que viva fielmente en conformidad a los dones recibidos. Que pueda cada día cancelar las culpas cometidas con el agua de mis lágrimas: que me abran a la gracia del perdón nunca merecido, siempre humildemente implorado. Libre del pecado que me inmoviliza en una existencia carente de sentido, que pueda caminar anunciando que en ti todos pueden volver a encontrar la vida y sentirse hermanos.
CONTEMPLATIO La piscina o el agua simbolizan la amable persona de nuestro Señor Jesucristo [...]. Bajo los pórticos de la piscina yacían muchos enfermos, y el que bajaba al agua después de ser agitada quedaba completamente curado. Esta agitación y este contacto son el Espíritu Santo, que viene de lo alto sobre el hombre, toca su interior y produce tal movimiento que su ser, literalmente, se conmociona y se transforma completamente, hasta el punto de que le hastían las cosas que antes le agradaban o desea ardientemente lo que antes le horrorizaba, como el desprecio, la miseria, la renuncia, la interioridad, la humildad, la abyección, el distanciamiento de las criaturas. Ahora constituye su mayor delicia. Cuando se produce esta agitación, el enfermo -esto es, el hombre exterior, con todas sus facultades- desciende interiormente al fondo de la piscina y se lava a conciencia en Cristo, en su sangre preciosísima. Gracias a este contacto, se cura con toda certeza, como está escrito: "Todos los que lo tocaban se curaban" (J. Taulero, Sermón del evangelio de Juan para el viernes después de ceniza).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Devuélveme la alegría de tu salvación" (Sal 50,14a).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Volviendo a un hombre totalmente sano, Jesús le confiere la vida en plenitud; se exhorta ciertamente al hombre a no pecar más, pero él no hace más que una cosa: "andar". A diferencia del ciego de nacimiento, después de su curación, no se pone a proclamar que Jesús es un profeta, ni se pone a confesar su fe, sino que es simplemente un signo vivo de la vida transmitida por el Hijo, y en este sentido expresa al Padre. No hay ninguna consigna de que no "reniegue", sino el deber de existir, de "caminar" simplemente. El creyente es un hombre que camina, si permanece en relación con el Hijo y, por él, con el Padre [...]. Cómo transmite Jesús la verdad que habitaba en él? El sabe que la Palabra es creadora de vida y sabe también que la Palabra traducida en palabras corre el peligro de verse confundida con el parloteo del lenguaje humano. Por eso empieza dando la salud a un hombre que llevaba muchos años enfermo; y sólo a continuación ilumina su acción [...]. Al realizar esta acción en día de sábado, suscita una cuestión sobre la autoridad de su misma persona, y luego explica su sentido. De esta manera, todo discípulo puede aprender también la forma de comunicar su experiencia de fe. Frente a los que no la comparten, me siento tentado a combatir con palabras que expresen la verdad. Pero de esta manera me olvidaría de que las palabras no son solamente un medio de comunicación, sino también un obstáculo para el encuentro con otro. Por el contrario, si pongo al otro en presencia de un acto que invite a reflexionar sobre ese ser extraño que soy yo (cf. Jn 3,8), entonces se entabla un diálogo, no con palabras que se cruzan, sino entre unos seres vivos, discípulos, para comunicarse a través de unos gestos que ofrecen sentido (X. Léon-Dufour, Lectura del evangelio de Juan, Salamanca 1992, II, 67-68, passim). |
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Miércoles de la cuarta semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Isaías 49,8-15 8 Así dice el Señor: Te he respondido en tiempo de gracia, te he auxiliado en día de salvación, te he formado y te he hecho alianza del pueblo para restaurar el país, para repartir las heredades devastadas, 9 para pedir a los cautivos: "!Salid", a los que están en tinieblas: "!Dejaos ver!". A lo largo de los caminos se apacentarán, en todos los montes pelados tendrán pastos. 10 No pasarán hambre ni sed, el bochorno y el sol no los dañarán, pues el que se compadece de ellos los guiará y los conducirá hacia manantiales de agua. 11 Convertiré en caminos mis montos y se nivelarán mis senderos. 12 Vienen todos de lejos, unos del norte y del poniente, otros de la región de Sinín. 13 Gritad, cielos, de gozo; salta, tierra, de alegría; montes, estallad de júbilo, que el Señor consuela a su pueblo, se apiada de sus desvalidos. 14 Sión decía: "Me ha abandonado Dios, el Señor me ha olvidado". 15 Acaso olvida una mujer a su hijo, y no se apiada del fruto de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.
"*• El Siervo de YHWH experimenta el desaliento y el fracaso, pero Dios le infunde nuevos ánimos y dilata hasta el extremo de la tierra los confines de su misión salvífica (vv. 5-7). Implica en primer lugar la liberación de los israelitas del destierro, porque ha llegado el tiempo de la misericordia, el día de la salvación (v. 8). Dios tiene sus tiempos y sus días, en los que ofrece su gracia y realiza su promesa. Penetra en el curso de la historia humana para transformarla. En el designio de Dios, el Siervo es como Moisés: mediador de la alianza. Como Josué, restaurará y repartirá la tierra. Será el heraldo del nuevo éxodo que el Señor mismo, "El Compasivo", guiará como buen pastor y facilitará superando todo lo esperado (vv. lOs). Es un mensaje de vida dirigido a los desterrados descorazonados. El profeta a continuación contempla desde Jerusalén (v. 12) la entrada en la patria del pueblo, que confluye en la ciudad santa no sólo desde Babilonia, sino desde todos los puntos donde habían sido dispersados. El cosmos entero canta, exultando por la misericordia que el Señor ha tenido con su pueblo (v. 13). Su amor es una ternura honda, visceral. Le caracterizan su entrega y fidelidad perennes. Es su icono el amor de una madre por sus hijos (vv. 14s). Son imágenes tomadas del lenguaje humano para indicar lo unido que está Dios con sus criaturas; no es un Dios lejano ni impasible, ni un Dios juez implacable, sino un Dios cercano y solícito con la suerte de todos sus hijos.
Salmo Responsorial El Señor es clemente y misericordioso.
Salmo 144: 8-9, 13-14, 17-18
8
Clemente y compasivo es Yahveh,
tardo a la cólera y grande en amor; 9 bueno es Yahveh para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras. 13 Tu reino, un reino por los siglos todos, tu dominio, por todas las edades. Yahveh es fiel en todas sus palabras, en todas sus obras amoroso; 14 Yahveh sostiene a todos los que caen, a todos los encorvados endereza. 17 Yahveh es justo en todos sus caminos, en todas sus obras amoroso; 18 cerca está Yahveh de los que le invocan, de todos los que le invocan con verdad.
Evangelio: Juan 5,17-30 17 Dijo Jesús: - Mi Padre no cesa nunca de trabajar; por eso yo trabajo también en todo tiempo. 18 Esta afirmación provocó en los judíos un mayor deseo de matarlo, porque no sólo no respetaba el sábado, sino que además decía que Dios era su propio Padre, y se hacía igual a Dios. 19 Jesús prosiguió, diciendo: - Yo os aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta; él hace únicamente lo que ve hacer al Padre: lo que hace el Padre, eso hace también el Hijo. 20 Pues el Padre ama al Hijo y le manifiesta todas sus obras; y le manifestará todavía cosas mayores, de modo que vosotros mismos quedaréis maravillados. 21 Porque así como el Padre resucita a los muertos dándoles la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. 22 El Padre no juzga a nadie, sino que le ha dado al Hijo todo el poder de juzgar. 23 Y quiere que todos den al Hijo el mismo honor que dan al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado. 24 Yo os aseguro que quien acepta lo que yo digo y cree en el que me ha enviado, tiene la vida eterna; no sufrirá un juicio de condenación, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 25 Os aseguro que está llegando la hora, mejor aún, ha llegado ya, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y todos los que la oigan, vivirán. 26 El Padre tiene el poder de dar la vida, y ha dado al Hijo ese mismo poder. 27 Le ha dado también autoridad para juzgar, porque es el Hijo del hombre. 28 No os admiréis de lo que os estoy diciendo, porque llegará el momento en que todos los muertos oirán su voz 29 y saldrán de los sepulcros. Los que hicieron el bien resucitarán para la vida eterna, pero los que hicieron el mal resucitarán para su condenación. 30 Yo no puedo hacer nada por mi cuenta. Juzgo según lo que Dios me dice, y mi juicio es justo, porque no pretendo actuar según mi voluntad, sino que cumplo la voluntad del que me ha enviado.
**• Jesús es perseguido por los judíos a causa de las curaciones que realiza en sábado. Para fundamentar sus obras, Jesús revela su propia identidad de Hijo de Dios, poniéndose así por encima de la Ley. El v. 17 alude a especulaciones judías: el descanso sabático de Dios se refiere a su obra creadora, no a la continua actividad de Dios, que incesantemente da la vida y juzga (el Eterno nunca puede interrumpir estas dos actividades, porque pertenecen a su propia naturaleza). En los versículos 19-30, Jesús muestra que se atiene en todo a la actividad de Dios como hijo que aprende en la escuela de su padre. "El hijo no puede hacer nada por su cuenta": esta afirmación, reiterada en el v. 30, incluye la perícopa e indica su sentido. La total unidad entre la acción del Padre y del Hijo es fruto de la completa obediencia del Hijo, que ama el querer del Padre y comparte su amor desmesurado por los pecadores. Por eso el Padre da al Hijo lo que a él sólo pertenece: el poder sobre la vida y la autoridad del juicio (vv. 25s). Esta íntima relación entre Padre e Hijo puede extenderse también a los hombres por medio de la escucha obediente de la Palabra de Jesús, que hace entrar en el dinamismo de la vida eterna superando la condición existencial de muerte que caracteriza la vida presente.
MEDITATIO El Señor ha constituido a su Siervo como alianza para restaurar el país. El Padre ha enviado al Hijo y le ha dado el poder de resucitar de entre los muertos. Nadie está excluido de esta invitación a la vida, nadie podrá sentirse abandonado u olvidado por Dios, porque el único verdaderamente abandonado es el Hijo amado, a quien un Amor más grande entrega a la muerte en la cruz para librarnos de la muerte eterna. A los judíos que le acusan de violar el sábado y de no respetar el descanso del mismo Dios, él les revela la propia conformidad sustancial de Hijo que actúa en todo de acuerdo con lo que ve y escucha del Padre: por consiguiente, de él recibe la autoridad de juzgar. A cuantos escuchan con fe su Palabra y la guardan en el corazón, les da el poder de llegar a ser hijos de Dios; desde ahora pasan de la muerte a la vida eterna, y, en el último día, no encontrarán al juez, sino al Padre, que les espera desde siempre, porque en ellos reconoce el rostro de su Hijo amado, el Unigénito, convertido por nosotros en hermano primogénito. Grande es la esperanza que se nos propone: nos concede nueva luz en la existencia cotidiana. Vivir como hijos es la herencia eterna y, a la vez, el tesoro secreto que nos sostiene cada día en la fatiga.
ORATIO Señor Jesús, tú que siempre miras al Padre y cumples lo que le ves hacer, atrae nuestra mirada a ti: en tu luz veremos la luz, aprenderemos a vivir como hijos de Dios. De él has recibido el poder de dar la vida y devolverla, nueva, al que la ha perdido, porque te has entregado a la muerte por todos. Aumenta nuestra fe; en ti está la fuente viva y de ti lograremos con gozo nuestra salvación. Tú, juez de todo mortal, que escuchas siempre los juicios veraces de Dios, haz que nosotros escuchemos tu Palabra con corazón obediente; de ti aprenderemos que la mayor sabiduría es adherirse a la voluntad del Padre con humilde amor. En la fiesta sin fin de la divina ternura, que envuelve a todo hombre para convertirlo en hijo, gozaremos contigo, oh Hijo unigénito, porque no te has avergonzado de llamarnos "hermanos".
CONTEMPLATIO Si ha descendido a la tierra ha sido por compasión hacia el género humano. Sí, ha padecido nuestros sufrimientos antes de padecer la cruz, incluso antes de haber asumido nuestra carne. Pues si no hubiese sufrido, no habría venido a compartir nuestra vida humana. Primero ha sufrido, luego ha descendido. Cuál es la pasión que sintió por nosotros? La pasión del amor. El mismo Padre, el Dios del universo, "lento a la ira y rico en misericordia", no sufre en cierto modo con nosotros? Lo ignorarías tú, que gobernando las cosas humanas padeces con los sufrimientos de los hombres? Como el Hijo de Dios "llevó nuestros dolores", también el mismo Dios soporta "nuestro padecer". Ni siquiera el Padre es impasible. Tiene piedad, sabe algo de la pasión de amor... (Orígenes, Homilías sobre Ezequiel, VI, 6, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Acuérdate, Señor, de tu ternura" (Sal 24,6a).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Anunciar la resurrección no es anunciar otra vida, sino mostrar que la vida puede ganar en intensidad y que todas las situaciones e muerte que atravesamos pueden transformarse en resurrección. Un gran poeta francés, Paul Eluard, decía: "Hay otros mundos, pero están en este". Así es como debemos pensar en la resurrección. Creo que debemos intentar participar un poco en esta realidad, esto es, intentar convertirnos en hombres de resurrección, testimoniando una moral de resurrección como una llamada a una vida más profunda, más intensa, que finalmente pueda deshacer el sentido mismo de la muerte. Pues estoy convencido de que el gran problema de los hombres de hoy es precisamente el problema de la muerte. Pienso que el lenguaje que debemos utilizar para dirigirnos a los hombres es ante todo el ejemplo que debemos dar, el lenguaje de la vida: con este lenguaje lograremos que comprendan lo que significa resurrección. Nos hacen falta profetas quizás un poco locos. Sí, porque la resurrección es una locura, y hay que anunciarla a lo loco: si se anuncia de un modo "educado", no puede funcionar. Debemos decir: "Cristo ha resucitado", y todos nosotros hemos resucitado en él. Todos los hombres; no sólo los que pertenecen a la Iglesia, todos. Y entonces, si en lo más hondo de nosotros la angustia se transforma en confianza, podremos hacer lo que nadie se atreve a hacer hoy: bendecir la vida. Hoy los cristianos son cada vez más minoritarios, casi en diáspora. Qué relación tiene esta minoría con la humanidad entera? Esta minoría es un pueblo aparte para ser reyes, sacerdotes y profetas; para trabajar, servir, orar por la salvación universal y la transfiguración del universo, para convertirse en servidores pobres y pacíficos del Dios crucificado y resucitado (O. Clément, cit. en En el drama de la incredulidad con Teresa de Lisieux, Verbo Divino, Estella 1998). |
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Viernes de la cuarta semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Sabiduría 2, 1a. 12-22 2,1a Dijeron los impíos, discurriendo equivocadamente: 12 Acechemos al justo, porque nos resulta insoportable y se opone a nuestra forma de actuar, nos echa en cara que no hemos cumplido la Ley, y nos reprocha las faltas contra la educación recibida; 13 se precia de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. 14 Es un reproche contra nuestros pensamientos, y sólo verlo nos molesta. 15 Pues lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. 16 Nos considera moneda falsa, se aparta de nosotros como si fuéramos impuros. Proclama dichosa la suerte de los justos y se precia de tener a Dios por Padre. 17 Veamos si es verdad lo que dice, comprobemos cómo le va al final. 18 Porque si el justo es hijo de Dios, él lo asistirá y lo librará de las manos de sus adversarios. 19 Probémoslo con ultrajes y tortura: así veremos hasta dónde llega su paciencia y comprobaremos su resistencia. 20 Condenémoslo a muerte ignominiosa, pues, según dice, “Dios lo librará". 21 Así piensan, pero se equivocan, pues los ciega su maldad. 22 Ignoran los secretos de Dios, no confían en el premio de la virtud, ni creen en la recompensa de los intachables.
*+• Después de una exhortación para vivir de acuerdo con la justicia (Sab 1,1-15), el hagiógrafo deja la palabra a los "impíos". Éstos, en un discurso articulado, exponen su "filosofía": viven la vida como búsqueda desenfrenada del placer, eliminando -incluso con violencia- cualquier obstáculo que se les ponga por delante. Los dos versículos que enmarcan la exposición manifiestan un claro juicio condenatorio: razonan equivocadamente (v. 1), se engañan (v. 21). Los "impíos" de los que se habla son probablemente los hebreos apóstatas de la comunidad de Jerusalén, que, aliados con los paganos, persiguen a sus hermanos fieles al Dios de la alianza. Con su conducta estos "justos" constituyen una presencia insoportable. Cuatro imperativos muestran un creciente rencor oculto que se convierte en odio abierto: del tender acechanzas se pasa al insulto, para llegar finalmente al proyecto de condena a muerte, en un desafío blasfemo contra Dios (v. 18; cf. v. 20). El "resto" de Israel vive su pasión profetizando la del Mesías. Jesús es el único Justo verdadero, el Hijo amado, el humilde puesto a prueba, escarnecido (v. 19) y condenado a una muerte infame (v. 20). Pero, sobre todo, es él quien, habiendo puesto toda su confianza en el Padre, surge del abismo en la luz de pascua como primogénito de los muertos. La esperanza del Antiguo Testamento adquiere una dimensión inesperada, que supera cualquier "profecía" posible: por los méritos de uno solo, todos son constituidos "justos", si se abre el corazón para acoger el don de su gracia.
Salmo Responsorial El Señor está cerca de los atribulados
Salmo 33 :17-21, 23
17 el
rostro de Yahveh contra los malhechores,
para raer de la tierra su memoria. 18 Cuando gritan aquéllos, Yahveh oye, y los libra de todas sus angustias; 19 Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón. él salva a los espíritus hundidos. 20 Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libera Yahveh; 21 todos sus huesos guarda, no será quebrantado ni uno solo. 23 Yahveh rescata el alma de sus siervos, nada habrán de pagar los que en él se cobijan.
Evangelio: Juan 7,1-2.10.25-30 1 Después de algún tiempo, Jesús andaba por Galilea. Evitaba estar en Judea porque los judíos buscaban la ocasión para matarlo. 2 Ya estaba cerca la fiesta judía de las Tiendas. 10 Cuando sus hermanos se habían marchado ya a la fiesta, fue también Jesús, pero de incógnito, no públicamente. 25 Entonces, algunos de los que vivían en Jerusalén se preguntaban: - No es éste el hombre al que quieren matar? 26 Resulta que está hablando en público y nadie le dice ni una palabra. Es que habrán reconocido nuestros jefes que es en realidad el Mesías? 27 Pero, por otra parte, cuando aparezca el Mesías, nadie sabrá de dónde viene, y éste sabemos de dónde es. 28 Al oír estos comentarios, Jesús, que estaba enseñando en el templo, levantó la voz y afirmó: - De manera que me conocéis y sabéis de dónde soy? Sin embargo, yo no he venido por mi propia cuenta, sino que he sido enviado por aquel que es veraz, a quien vosotros no conocéis. 28 Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él quien me ha enviado. 29 Intentaron entonces detenerlo, pero nadie se atrevió a ponerle la mano encima, porque todavía no había llegado su hora.
**• La persona de Jesús suscitó preguntas e inquietudes entre sus contemporáneos, mientras la aversión de los jefes judíos llega al paroxismo (v. Ib). Jesús no es un provocador ni un cobarde: espera la hora del Padre sin huir ni adelantar los acontecimientos. Por eso evita la Judea hostil y cuando por fin sube a Jerusalén a la fiesta más popular, la de las Tiendas, lo hace "de incógnito", contrariamente al deseo de sus parientes, pero deseosos de disfrutar su fama (vv. 3-5). En la ciudad santa, sin embargo, es reconocido en seguida. Y como siempre se dividen los ánimos: ahora se trata de su mesianismo. Los círculos apocalípticos de la época sostenían el origen misterioso del Mesías: y si Jesús proviene de Nazaret, es sólo un impostor (vv. 26s). Jesús no ignora las voces que se van difundiendo, y sobre ellas se eleva su propia voz, fuerte y clara, en el templo (v. 28: literalmente "grito"; se trata de una proclamación solemne y con autoridad). Con sutil ironía, se muestra que su origen es efectivamente desconocido a los que piensan saber muchas cosas de él: de hecho, no quieren reconocerlo como el enviado de Dios y por eso no conocen al Dios veraz y fiel que cumple en él sus promesas. Las palabras de Jesús suenan a los oídos de sus adversarios como una ironía, un insulto y una blasfemia. Tratan de echarle mano, pero en vano: él es el Señor del tiempo y las circunstancias, porque se ha sometido totalmente al designio del Padre, y todavía no ha llegado su "hora" (v. 30).
MEDITATIO Juan ubica el drama mesiánico en el interior de la historia del pueblo de Dios; en particular, une la vida de Jesús con las celebraciones de las grandes fiestas hebreas, que tenían como objetivo mantener viva la memoria de las grandes obras de Dios. Como siempre, en el cuarto evangelio, los pequeños detalles adquieren un valor simbólico. Por qué aparece el complot contra Jesús pocos días antes de la celebración de la fiesta de las Tiendas? En esta fiesta se agradecía a Dios las cosechas y se recordaban los cuarenta años pasados en el desierto. Se construían chozas con ramas –también en Jerusalén-, a las que se iba a meditar: retiro en un desierto simbólico. La controversia que relata Juan se sitúa precisamente en vísperas de este tiempo propicio a la reflexión. Es como si Jesús hiciese un último esfuerzo para invitar a los adversarios a reflexionar sobre su persona y sobre sus "obras". Sabemos que el resultado fue negativo. No podríamos quizás nosotros, acogiendo la sugerencia de la liturgia de hoy, hacer este alto en nuestro camino hacia la pascua, tomarnos un tiempo para dedicarlo a releer y meditar este texto tan denso e inagotable, para interrogarnos más profundamente sobre el misterio de la persona de Jesús y adherirnos a él con mayor amor?
MEDITATIO !Ven, Espíritu Santo de Dios! Hemos endurecido nuestros corazones como una piedra a causa de nuestro pertinaz orgullo, la violencia finamente perpetrada, las grandes o pequeñas ambiciones que perseguimos a toda costa. Cada día condenamos al Inocente a una muerte infame, cuando nos mueve un principio distinto de el del amor. El mal que hacemos, quizás sin darnos cuenta, aplasta hoy a los inocentes. !Ven, Espíritu Santo, crea en nosotros un corazón nuevo! Tú, luz santísima, esclarece la conciencia, ilumina la inteligencia: pretendíamos conocer a Dios y hemos despreciado a su Cristo en la multitud de pobres humillados por la vida que, sin apariencia ni brillo, han pasado junto a nosotros. !Ven, Espíritu Santo, crea en nosotros un corazón nuevo! Dulce huésped del alma, ayúdanos a descubrir el origen del Humilde que soportó en silencio la iniquidad de todos nosotros sin avergonzarse de llamarnos "hermanos". Confórmanos a él para que comprendamos la gracia de vivir como hijos del único Padre, enviados por él con Cristo a llevar el amor a todo ser humano. !Ven, Espíritu Santo, crea en nosotros un corazón nuevo!
CONTEMPLATIO Tú eres el Cristo, Hijo del Dios vivo. Tú eres el revelador de Dios invisible, el primogénito de toda criatura, el fundamento de todo. Tú eres el Maestro de la humanidad. Tú eres el Redentor: naciste, moriste y resucitaste por nosotros. Tú eres el centro de la historia y del mundo. Tú eres quien nos conoce y nos ama. Tú eres el compañero y amigo de nuestra vida. Tú eres el hombre del dolor y de la esperanza. Tú eres aquel que debe venir y que un día será nuestro juez y, así esperamos, nuestra felicidad. Nunca acabaría de hablar de ti. Tú eres luz y verdad; más aún: tú eres "el camino, la verdad y la vida" [...]. Tú eres el principio y el fin: el alfa y la omega. Tú eres el rey del nuevo mundo. Tú eres el secreto de la historia. Tú eres la clave de nuestro destino. Tú eres el mediador, el puente entre la tierra y el cielo. Tú eres por antonomasia el Hijo del hombre, porque eres el Hijo de Dios, eterno, infinito. Tú eres nuestro Salvador. Tú eres nuestro mayor bienhechor. Tú eres nuestro libertador. Tú eres necesario para que seamos dignos y auténticos en el orden temporal y hombres salvados y elevados al orden sobrenatural. Amén (Pablo VI, 29 noviembre 1970).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor" (Sal 33,20).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL En la vida de Jesús, en su vivir mediante el Padre, se hace presente el sentido intrínseco del mundo, que se nos brinda como amor -de un amor que ama individualmente a cada uno de nosotros- y, por el don incomprensible de este amor, sin caducidad, sin ofuscamiento egoísta, hace la vida digna de vivirse. La fe es, pues, encontrar un tú que me sostiene y que en la imposibilidad de realizar un movimiento humano da la promesa de un amor indestructible que no sólo aspira a la eternidad, sino que la otorga. La fe cristiana obtiene su linfa vital del hecho de que no sólo existe objetivamente un sentido de la realidad, sino que este sentido está personalizado en Uno que me conoce y me ama, de suerte que puedo confiar en él con la seguridad de un niño que ve resueltos todos sus problemas en el "tú" de su madre. Todo esto no elimina la reflexión. El creyente vivirá siempre en esa oscuridad, rodeado de la contradicción de la incredulidad, encadenado como en una prisión de la que no es posible huir. Y la indiferencia del mundo, que continúa impertérrito como si nada hubiese sucedido, parece ser sólo una burla de sus esperanzas. Lo eres realmente? A hacernos esta pregunta nos obligan la honradez del pensamiento y la responsabilidad de la razón, y también la ley interna del amor, que quisiera conocer más y más a quien ha dado su "sí", para amarle más y más. Lo eres realmente? Yo creo en ti, Jesús de Nazaret, como sentido del mundo y de mi vida (J. Ratzinger, Introducción al cristianismo, Salamanca 1969, 57-58, passim). |
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Sábado de la cuarta semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Jeremías 11,18-20 Dijo Jeremías: 18 Señor todopoderoso me lo hizo saber y comprendí. Entonces me hiciste descubrir sus maquinaciones. 19 Yo era como un cordero manso llevado al matadero; no sabía lo que tramaban contra mí. "!Destruyamos el árbol cuando aún tiene savia, arranquémosle de la tierra de los vivos v que no se mencione más su nombre!" 20 Pero tú, Señor todopoderoso, juzgas rectamente y examinas los pensamientos e intenciones; haz que yo pueda ver tu venganza sobre ellos, porque a ti he confiado mi causa.
**• El presente texto constituye la primera de las llamadas "confesiones de Jeremías". Son ráfagas de luz que nos permiten adentrarnos en el mundo interior del profeta a través de las repercusiones personales de su misión: son un testimonio precioso, único en la Biblia. Por voluntad del Señor, Jeremías descubre la conjura que sus paisanos de Anatot han urdido contra él para quitarle de en medio (v. 19). Es difícil precisar las causas históricas, pero esto no impide captar el mensaje fundamental. En la historia de la salvación, las vicisitudes de la vida del profeta son de capital importancia, por el modo con que tuvo que vivirlas. Jeremías, víctima inocente, pensando en el peligro que acaba de pasar, se compara con un cordero manso llevado al matadero. Esta imagen, presente también en el cuarto canto del Siervo sufriente de YHWH (Is 53,7), se utilizará ampliamente para describir al Mesías Sufriente que expía en silencio el pecado del mundo (Jn 1,29; 1 Pe 1,19; Ap 5,6ss). Atormentado en el corazón y la mente, el profeta sufre, y se atreve -él, tan humilde- a elevar una oración de venganza: es la ley del talión. Jeremías vive su pasión como hombre del Antiguo Testamento; será Jesús, realidad de lo que el profeta figuraba, quien morirá inocente, poniéndose en las manos del Padre él mismo y poniendo también a sus adversarios, que le crucificaron, para que les perdone.
Salmo Responsorial Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Salmo 7 :2-3, 9-12
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Yahveh, Dios mío, a ti me acojo,
sálvame de todos mis perseguidores, líbrame; 3 que no arrebate como un león mi vida el que desgarra, sin que nadie libre! 9 (Yahveh, juez de los pueblos.) Júzgame, Yahveh, conforme a mi justicia y según mi inocencia. 10 Haz que cese la maldad de los impíos, y afianza al justo, tú que escrutas corazones y entrañas, oh Dios justo. 11 Dios, el escudo que me cubre, el salvador de los de recto corazón; ç Dios, el juez justo, tardo a la cólera, pero Dios amenazante en todo tiempo Evangelio: Juan 7,40-53 40 Al oír a Jesús manifestarse de este modo, algunos afirmaban: - Seguro que éste es el Profeta. 41 Otros decían: - Éste es el Mesías. Otros, por el contrario: - Acaso va a venir el Mesías de Galilea? 42 No afirma la Escritura que el Mesías tiene que ser de la familia de David y de su mismo pueblo, de Belén? 43 Y surgió entre la gente una discordia por su causa. 44 Algunos querían detenerlo, pero nadie se atrevió a ponerle la mano encima. 45 Los guardias fueron donde estaban los jefes de los sacerdotes y los fariseos, y éstos les preguntaron: - Por qué no lo habéis traído? 46 Los guardias contestaron: - Nadie ha hablado jamás como lo hace este hombre. 47 Los fariseos les replicaron: - También vosotros os habéis dejado seducir? 48 No os dais cuenta de que ninguno de nuestros jefes ni los fariseos han creído en él? 49 Lo que ocurre es que esta gente, que no conoce la Ley, se halla bajo la maldición. 50 Uno de ellos, Nicodemo, el mismo que en otra ocasión había ido a ver a Jesús, intervino y dijo: 51 - Acaso nuestra Ley permite condenar a alguien sin haberle oído previamente para saber lo que ha hecho? 52 Los otros le replicaron: - También tú eres de Galilea? Investiga las Escrituras y llegarás a la conclusión de que los profetas jamás han surgido de Galilea. 53 Cada uno se marchó a su casa.
^ "Y surgió entre la gente una discordia por su causa" (v. 43); escena tomada al vivo. El evangelista nos muestra cómo la gente discute sobre un hombre de los que todos hablan, preguntándose si no será el Mesías. Su palabra de autoridad, que fascina incluso a los guardias enviados para arrestarlo (v. 46), no podría dejar lugar a dudas. Pero, sin embargo, se esgrimían dos fuertes argumentos en contra. En primer lugar, -Jesús viene de Galilea, y la Escritura dice que nacería en Belén. Pero, sobre todo, el hecho de que los jefes del pueblo y los fariseos no ha creído en él: puede quizás la gente ordinaria tener otro parecer respecto a este hombre con pretensiones inauditas? Frente a la agitación general, los que ejercen el poder y la ciencia responden con sarcasmo y desprecio, síntomas inequívocos de una reacción desmesurada dictada por el miedo a perder prestigio. Sólo se distingue la valiente voz de Nicodemo -el que vino a ver a Jesús de noche (cf. Jn 3,1)-, que indica que la misma Ley no juzga a nadie antes de haberle escuchado. También se le tacha de ignorancia. Y bruscamente concluye Juan: "Cada uno se marchó a su casa" (v. 53), algunos llevando en el corazón el deseo de conocer más a Jesús; otros, con un rechazo más enconado. Pero la Palabra no calla: todavía no había llegado su hora.
MEDITATIO La Palabra de Dios siempre es viva, pero, ciertamente, hoy nos presenta temas particularmente impactantes. La confesión dolorosa del profeta Jeremías nos dice hasta qué punto hay que estar dispuestos a padecer por ser fieles a Dios, sirviéndole con corazón recto. Pero no menos chocantes son las preguntas sobre la identidad del Mesías que aparecen en el Evangelio. Hoy también se nos pregunta, a veces angustiosamente, quién es Jesús. La gente se divide en el modo de pensar y buscar la verdad. Muchos "se marchan a su casa" encerrados en la duda o la indiferencia porque rechazan al único que es capaz de unificar el corazón y los hombres. Y qué decir de las amenazas, persecuciones y condenas de inocentes? Un cuadro oscuro aparece ante nuestros ojos... Sin embargo, siempre existen figuras egregias que, como Nicodemo, desafían la opinión de los "poderosos" con su indómita pasión por la verdad. Por cierto, no fue nada fácil para los contemporáneos de Cristo creer en él. Debe brotar en nosotros un inmenso agradecimiento hacia los que le reconocieron y siguieron, pues abrieron con su fe el camino de la salvación. Dónde está hoy Jesucristo? Dónde podremos reconocerlo y seguirle? Quizás sea ésta la única pregunta que nos interese, y nadie puede responder por nosotros. Leer estos textos, confrontándolos con la historia actual, significa adentrarse en la Palabra de Dios, vivir a Cristo.
ORATIO Oh Dios, Padre omnipotente, noche y día te dirigimos la pregunta angustiosa: hasta cuándo durarán en la tierra tantos males? Hasta cuándo triunfarán los prepotentes y prosperarán los malvados? Hasta cuándo calumniarán al inocente sin que lo defiendas, perecerá el justo sin que le socorras? Ábrenos los ojos de la fe para poder reconocer que tú das sentido a todo, desde el momento en que estás siempre presente al lado de todo ser humano en tu Hijo amado, el Santo, el Inocente, el Cordero manso llevado por nosotros al matadero. Haz que vivamos para él y nos adhiramos a su Palabra, en la que creemos y en la que queremos creer con todas nuestras fuerzas. Aumenta nuestra fe, que nos mantengamos firmes y perseverantes en la hora en la que el misterio extiende su sombra sobre nuestro corazón amedrentado, hasta que se revele en plenitud tu sabio designio de amor.
CONTEMPLATIO Alma cristiana, piensa en tu redención y liberación. Saborea la bondad de tu Redentor; incéndiate en el amor de tu Salvador. Dónde está la fuerza de Cristo? "Sus manos destellan su poder, allí está oculta su fuerza" (cf. Hab 3,4). Ahora bien, el poder está en sus manos porque han sido clavadas en los brazos de la cruz. Pero dónde está la fuerza en tal debilidad, dónde la grandeza en tal humillación, dónde el respeto en tal abyección? Hay ciertamente algo desconocido, "oculto", en esta debilidad, en esta humillación, en esta abyección. !Oh fuerza oculta! Un hombre suspendido en la cruz suspende la muerte eterna a todo el género humano; un hombre clavado al madero desenclava al mundo, condenado a muerte perenne [...]. Fue él quien comprendió lo que agradaba al Padre y podía favorecer a los hombres, y libremente lo hizo. Así el Hijo manifestó al Padre una obediencia libre, cuando quiso realizar espontáneamente lo que sabía que agradaría a su Padre. Con este precio, no solamente el hombre queda exonerado de sus faltas la primera vez, sino que también es acogido por Dios cada vez que vuelve a él arrepentido. Nuestra deuda ha sido pagada por la cruz; por la cruz, nuestro Señor Jesucristo nos ha rescatado. Los que quieren recurrir a esta gracia con auténtico amor se salvan (Anselmo de Aosta, Oraciones y meditaciones; Meditación sobre la redención del hombre, Madrid 1953, 429-437, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único" (Jn3,16).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La condición del cristiano, en la medida en que ser cristiano es resignarse a estar a merced de alguien, es algo singularmente inconfortable. Y usted lo sabe muy bien. En el fondo, lo que teme es, como dice muy bien, que una vez metido el dedo en el engranaje no se sabe dónde podrá ir a parar. Ciertamente, no se nos oculta que lo que impide tener fe a los que no la tienen es eso. Como es también lo que impide tener más fe a los que ya la tienen. Siempre es grave introducir a otro en la propia vida, incluso desde el punto de vista humano; se sabe que ya no será posible disponer enteramente de uno. Dejar a Jesús entrar en la vida propia encierra un riesgo terrible. No se sabe hasta dónde nos llevará. Y la fe es precisamente eso. Jamás se me hará creer que es confortable. Tomar en serio a Jesucristo es aceptar en la propia vida la irrupción de lo Absoluto del Amor, aceptar el ser arrastrada hacia no se sabe dónde. Y ese riesgo es al mismo tiempo la liberación, porque, en definitiva, después de todo, sabemos bien que sólo deseamos una cosa: ese Amor absoluto; y que, en última instancia, se nos despoja de nosotros mismos. Esto quiere decir, y me parece lo esencial, que la fe no aparece como una manera de acabar con las aventuras de la inteligencia, como una tranquilidad que uno se concedería cuando queda aún mucho por buscar. La fe no es una meta, sino un punto de partida. Introduce nuestra inteligencia en la más maravillosa de las aventuras, que es contemplar un día a la Trinidad (J. Daniélou, Escándalo de la verdad, Madrid 1962, 136-137, passim). |
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Lunes de la quinta semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62 1 Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín. 2 Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jelcías, de gran belleza y fiel a Dios, 3 pues sus padres eran justos y la habían educado conforme a la Ley de Moisés. 4 Joaquín era muy rico y tenía un espacioso jardín junto a su casa. Como era el más ilustre de los judíos, todos ellos se reunían allí. 5 Aquel año habían sido designados jueces de entre el pueblo dos viejos de esos de quienes dice el Señor: Los ancianos y los jueces que se hacen pasar por guías del pueblo han traído la iniquidad a Babilonia". 6 Frecuentaban estos dos viejos la casa de Joaquín, y todos los que tenían algún litigio que resolver acudían a ellos. 7 Al mediodía, cuando la gente se había ido, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. 8 Los dos viejos la veían entrar y pasear todos los días, y comenzaron a desearla con pasión. 9 Su mente se pervirtió y se olvidaron de Dios y de sus justos juicios. 15 Un día, mientras ellos estaban al acecho en busca de la ocasión oportuna, entró Susana, como de costumbre, acompañada solamente por dos doncellas, y quiso bañarse en el jardín, porque hacia mucho calor. 16 No había allí nadie más que los dos viejos, que estaban escondidos observando. 17 Susana dijo a sus doncellas: - Traedme aceite y perfumes, y cerrad las puertas del jardín, para que pueda bañarme. 19 En cuanto salieron las doncellas, los dos viejos se levantaron, fueron corriendo a donde estaba Susana 20 y le dijeron: - Mira, las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve. Nosotros te deseamos; consiente, pues, y deja que nos acostemos contigo.: 21 De lo contrario, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso mandaste fuera a las doncellas. 22 Susana lanzó un gemido y dijo: - No tengo escapatoria. Si consiento, me espera la muerte; si me resisto, tampoco escaparé de vuestras manos. 23 Pero prefiero caer en vuestras manos sin hacer el mal, a pecar delante del Señor. 24 Así que Susana gritó con todas sus fuerzas, pero también los dos viejos se pusieron a gritar contra Susana, 25 y uno de ellos corrió a abrir la puerta del jardín. 26 Al oír gritos en el jardín, la servidumbre entró corriendo por la puerta de atrás para ver lo que ocurría. 27 Cuando oyeron lo que contaban los dos viejos, los criados se llenaron de vergüenza, porque jamás se había dicho de Susana una cosa semejante. 28 Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, vinieron también los dos viejos con el criminal propósito de condenarla a muerte. 29 Y dijeron ante el pueblo: - Mandad a buscar a Susana, hija de Jelcías, la mujer de Joaquín. Fueron a buscarla, 30 y ella vino con sus padres, sus hijos y todos sus parientes. 31 Los familiares de Susana y todos cuantos la veían lloraban a lágrima viva. 32 Entonces los dos viejos, de pie en medio de la asamblea, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana. 35 Ella, llorando, levantó los ojos al cielo, porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor. 36 Los viejos dijeron: - Estábamos nosotros dos solos paseando por el jardín cuando entró ésta con dos doncellas, cerró las puertas del jardín y mandó irse a las doncellas. 37 Entonces se acercó a ella un joven que estaba escondido y se acostó con ella, 38 Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver la infamia, corrimos hacia ellos 39 y los sorprendimos juntos; a él no pudimos sujetarlo, porque era más fuerte que nosotros y abriendo la puerta, se escapó; 40 pero a ésta sí la agarramos y le preguntamos quién era el joven, 41 pero no quiso decírnoslo. De todo esto somos testigos. La asamblea los creyó porque eran ancianos y jueces del pueblo, y Susana fue condenada a muerte. 42 Pero ella gritó con todas sus fuerzas: - Oh Dios eterno, que conoces lo que está oculto y sabes todas las cosas antes que sucedan, 43 tú sabes que éstos han dado falso testimonio contra mí y ahora yo voy a morir sin haber hecho nada de lo que la maldad de éstos ha inventado contra mí. 44 El Señor escuchó la súplica de Susana, 45 y cuando la llevaban a la muerte, Dios despertó el santo espíritu de un jovencito llamado Daniel, 46 el cual se puso a gritar: - !Yo soy inocente de la sangre de esta mujer! 47 Todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: - Qué has querido decir con eso? 48 Él, poniéndose en medio de ellos, dijo: - Tan necios sois, israelitas, que sin examinar la cuestión y sin investigar a fondo la verdad, habéis condenado a una hija de Israel? 49 Volved al lugar del juicio, porque éstos han dado falso testimonio contra ella. 50 Todo el pueblo volvió de prisa, y los ancianos dijeron a Daniel: - Ven, toma asiento en medio de nosotros e infórmanos, ya que Dios te ha dado la madurez de un anciano. 51 Daniel les dijo: - Separadlos el uno del otro, que quiero interrogarlos. 52 Una vez separados, llamó a uno y le dijo: - Viejo en años y en maldad: ahora vas a recibir el castigo por los pecados que cometiste en el pasado, 53 cuando dictabas sentencias injustas condenando a los inocentes y dejando libres a los culpables, siendo así que el Señor ha dicho: "No condenarás a muerte al inocente y al que no tiene culpa". 54 Si de verdad la viste, dinos bajo qué árbol los viste juntos. El viejo respondió: - Bajo una acacia. 55 Replicó Daniel: - Tu propia mentira te va a acarrear la perdición, porque el ángel de Dios ha recibido ya la orden divina de partirte por medio. 56 Después hizo que se marchara, mandó traer al otro y le dijo: - Raza de Canán, que no de Judá: la hermosura te ha seducido y la pasión ha pervertido tu corazón. 57 Esto es lo que hacíais con las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se os entregaban. Pero una hija de Judá no se ha sometido a vuestra maldad. 58 Dinos, pues, bajo qué árbol los sorprendiste juntos? Respondió el viejo: - Bajo una encina. 59 Daniel replicó: - También a ti tu propia mentira te acarreará la perdición, porque el ángel del Señor está ya esperando, espada en mano, para partirte por medio. Y de esta manera acabará con vosotros. 60 Entonces toda la asamblea prorrumpió en grandes voces bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. 61 Se volvieron contra los dos viejos, a quienes por propia confesión Daniel había declarado culpables de dar falso testimonio, y les aplicaron el mismo castigo que ellos habían tramado para su prójimo. 62 De acuerdo con la Ley de Moisés, fueron ejecutados, y así aquel día se salvó una vida inocente.
**• La narración de la joven y bella Susana (v. 2) acosada por dos viejos jueces de Israel en tiempos del destierro de Babilonia es una historia edificante que aparece como un apéndice al libro de Daniel. El mismo profeta se manifiesta como joven vidente (v. 45), capaz de esclarecer la inocencia (v. 46) de Susana -cuyo nombre significa "lirio"- desenmascarando la corrupción de los dos viejos (vv. 42-59). En éstos, se acusa a los jefes saduceos del siglo I a.C, aparentemente irreprensibles, pero que en realidad son guías ciegos que extravían al pueblo. Por mantenerse fiel a Dios y a su marido, Susana afronta el peligro de la lapidación, que la amenaza tanto si cede al adulterio como si decide resistir a las ciegas propuestas de los dos viejos que incurren en la calumnia (v. 22). Susana prefiere morir inocente antes que consentir al mal (v. 23). Habiendo puesto su confianza únicamente en manos de Dios (v. 43), puede experimentar que él escucha la voz de sus fieles (v. 44) y viene en su ayuda con prontitud y poder.
Salmo responsorial Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.
Salmo 22: 1-6
1
Salmo. De David. Yahveh es mi pastor,
nada me falta. 2 Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce, 3 y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre. 4 Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan. 5 Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa. 6 Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días.
Evangelio: Juan 8,1-11 8,1 Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Por la mañana temprano volvió al templo y toda la gente se reunió en torno a él. Jesús se sentó y les enseñaba. 3 En esto, los maestros de la Ley y los fariseos se presentaron con una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La pusieron en medio de todos 4 y preguntaron a Jesús: - Maestro, esta mujer ha sido sorprendida cometiendo adulterio. 5 En la Ley de Moisés se manda que tales mujeres deben morir apedreadas. Tú qué dices? 6 La pregunta iba con mala intención, pues querían encontrar un motivo para acusarlo. Jesús se inclinó y se puso a escribir con el dedo en el suelo. 7 Como ellos seguían presionándolo con aquella cuestión, Jesús se incorporó y les dijo: - Aquel de vosotros que no tenga pecado, puede tirarle la primera piedra. Después se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en la tierra. 8 Al oír esto se marcharon uno tras otro, comentando por los más viejos, y dejaron solo a Jesús con la mujer, que continuaba allí delante de él. 9 Jesús se incorporó y le preguntó: - Mujer, dónde están tus acusadores? Ninguno de ellos se ha atrevido a condenarte? 11 Ella le contestó: - Ninguno, Señor. Entonces Jesús añadió: - Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.
MEDITATIO Cuando irrumpe un rayo de luz en una habitación, inmediatamente se ilumina el interior, incluso las esquinas más ocultas u olvidadas: así pasa cuando irrumpe la Palabra en la historia. Lo mismo sucede con Jesús, luz que vino a iluminar las tinieblas del mundo. Es inútil resistir: quien no acoge la luz, automáticamente ya está juzgado. Y es ahora, precisamente, cuando se descubre lo que antes podía ocultarse astutamente o hacer que pareciera justicia impecable. La Palabra de Dios escudriña lo más hondo del corazón, saca a la luz las intenciones más secretas, desenmascara las tramas de la mentira. Aparece a las claras quién es el que se fía de Dios y sólo teme no corresponder a la grandeza de su amor misericordioso, y quién, por el contrario, con una mente y un corazón mezquinos busca en otra parte gratificaciones furtivas, como si la felicidad fuera incompatible con la verdad evangélica. Es la misma vida, en su día a día, quien lleva a cabo el discernimiento. Dichoso quien se deja traspasar por la Palabra de Dios como por un rayo de luz que separa en el propio corazón el oro de la escoria. A la luz de la verdad podrá gustar la libertad del abandono filial en las manos paternas de Dios, y nada ni nadie le podrá atemorizar o engañar.
ORATIO Ven, dulce luz, verdad que nos da vida. Penetra en el corazón, abre las ventanas del alma, ilumina los pensamientos, las esperanzas y los deseos. Sácanos del sopor, cuando la rutina pretenda apagar en nosotros la vigilancia y el ánimo de resistir al mal. Resplandece en la niebla de la duda donde todo se oculta y se difumina, como si bien y mal fuesen palabras vanas pasadas de moda. Concédenos una aguda percepción del bien, el horror a la mentira, la pasión por la verdad que nos hace libres. Resplandece y haz que evitemos las seducciones que asedian nuestro camino cotidiano. Haznos gustar el sabor de la Ley de Dios, la belleza transparente de una rectitud a toda prueba, el alivio de las lágrimas de arrepentimiento, el gozo del perdón dado y recibido, cuando nos descubrimos falsos o mezquinos. No permitas que nos engañemos o desviemos a nuestros hermanos, sino guárdanos a todos con la dulce fuerza de tu fidelidad, que siempre es descanso para el que, en la prueba, se abandona confiadamente a tu amor misericordioso.
CONTEMPLATIO Dígnate, oh Cristo, dulcísimo Salvador nuestro, encender nuestras lámparas: que brillen continuamente en tu templo y se alimenten siempre de ti, que eres la luz eterna, para que desaparezcan nuestras oscuridades y huyan de nosotros las tinieblas del mundo. Concede, pues, oh Jesús mío, tu luz a mi lámpara, para que con su resplandor se me manifieste el santuario celeste que, bajo sus mayestáticas bóvedas, te acoge, sacerdote eterno del sacrificio perenne. Haz que sólo te mire, te contemple y te desee a ti únicamente; que sólo te ame a ti y sólo espere en ti con el más ardiente deseo y que siempre mi lámpara brille y arda ante ti. Te ruego, amado salvador nuestro, que te dignes mostrarte a nosotros, que clamamos para que conociéndote te amemos sólo a ti, sólo a ti deseemos, sólo pensemos incesantemente en ti y meditemos día y noche en tus palabras. Dígnate infundirnos un amor tan grande cual te conviene a ti, que eres amor. Que tu amor invada todo nuestro ser y nos haga completamente tuyos. Tu caridad llene nuestros sentidos, para que no amemos nada fuera de ti, que eres eterno (san Columbano, Instrucción XI, en Istruzioni e regola dei monaci, Seregno 1997, 89s).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "En tu luz veremos la luz" (Sal 35,10).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Jesús, luz del mundo, no sólo eres la luz que brilla en las tinieblas nocturnas; también eres la luz de la mañana, la luz de cada nuevo día, de sus esperanzas, de sus actividades. El sol que sube poco a poco. También tu, oh luz del mundo, en el alba de cada día deseas penetrar a través de la ignorancia y las debilidades humanas, a través de la buena voluntad y a través de las pasiones pecaminosas. Cada mañana quieres crear un mundo nuevo. Hazme piadoso contigo, luz del día que surge, para que no malgaste este día que comienza y acoja lo que me ofreces por mediación suya. Luz del mundo, tú eres sobre todo el sol resplandeciente en mediodía. Un día de verano, en Jerusalén, traté de fijarme a mediodía, en el sol de oriente. Levanté los ojos hacia él y, durante uno o dos segundos, pude entrever un albor deslumbrante, incandescente y ardiente, más blanco que la nieve. Pensé entonces en ti, Cristo, luz del mundo, pensé que ese punto relampagueante y radiante era la representación visual más pura y eficaz que podemos tener de tu ser. Para poder continuar mirando ese sol de mediodía, interpuse entre éste y mis ojos las hojas de un arbusto. Comprendí entonces otra cosa. Comprendí cómo tu luminosidad cegadora, oh Cristo-luz, nos aparece tamizada, filtrada a través de tus criaturas iluminadas y caldeadas por esa luz. Luz del mundo, que te pueda ver en el esplendor de mediodía (Un monje de la Iglesia de Oriente, // volto d! luce. Riflessi di Vangelo, Milán 1994, 70s). |
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Viernes de la quinta semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Jeremías 20,10-13 10 He escuchado las calumnias de la gente: "!Terror por todas partes! !Denunciadlo, vamos a denunciarlo!". Todos mis familiares espiaban mi traspié: "!Quizá se deje seducir, lo podremos y nos vengaremos de él!". 11 Pero el Señor está conmigo como un héroe poderoso; mis perseguidores caerán y no me podrán, probarán la vergüenza de su derrota, sufrirán una ignominia eterna e inolvidable. 12 - !Oh Señor todopoderoso, que pruebas al justo, que sondeas los pensamientos y las intenciones, haz que yo vea cómo te vengas de ellos, porque a ti he confiado mi causa! 13 Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró al pobre del poder de los perversos.
**• La acción profética de Jeremías ya no puede consistir en llamar al pueblo a la conversión. A lo largo de muchos años no se ha escuchado su voz. Ahora, por mandato de Dios, debe anunciar que el juicio divino es irrevocable. El castigo está a punto de caer sobre Israel: Jerusalén será entregada en manos del rey de Babilonia. En esta circunstancia, la más penosa de su dolorosa experiencia de profeta, derrama su última "confesión" (vv. 7-18), fragmento sumamente autobiográfico, aunque paradigmático del destino de todo verdadero creyente. En unos pocos y conmovedores versículos, se evoca el momento de la vocación (vv. 7-9). No se omiten los momentos desoladores y de rebelión: persecuciones, calumnias, traiciones, constituyen el tejido de su vida (v. 10). Pero, como Job, también Jeremías sale victorioso de la prueba: tras el desahogo, brota un acto puro de fe en Dios (vv. 11-13). Es significativa la solemne declaración inicial: "El Señor está conmigo como un héroe poderoso". Nos remite directamente a las palabras que Dios mismo dirigió al profeta en el momento de su vocación: "Yo estoy contigo para salvarte" (Jr 1,19). A lo largo de su arduo camino, aquellas palabras fueron lámpara para sus pasos. En adelante el profeta no experimentará más resistencias ni rebeliones. Su vida estará erizada de dificultades, pero se entrega totalmente al Señor, con la seguridad de que es él quien salva al pobre perseguido.
Salmo Responsorial En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó.
Salmo 17:2-7
2 Dijo:
Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza,
(mi salvador, que de la violencia me has salvado). 3 Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio. 4 Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos. 5 Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial, 6 los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte. 7 Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos.
Evangelio: Juan 10,31-42 31 Los judíos volvieron a tomar piedras para tirárselas a Jesús. 32 Pero él les dijo: - He hecho ante vosotros muchas obras buenas por encargo del Padre. Por cuál de ellas queréis apedréame? 33 Los judíos le contestaron: - No es por ninguna obra buena por lo que queremos apedrearte, sino por haber blasfemado. Pues tú, siendo hombre, te haces Dios. 34 Jesús les replicó: - No está escrito en vuestra ley: Yo os digo: vosotros sois dioses'? , 35 Pues si la Ley llama dioses a aquellos a quienes fue dirigida la Palabra de Dios, y lo que dice la Escritura no puede ponerse en duda, 36 entonces, con qué derecho me acusáis de blasfemia a mí, que he sido elegido por el Padre para ser enviado al mundo, sólo por haber dicho "yo soy Hijo de Dios"? , 37 Si yo no realizo obras iguales a las de mi Padre, no me creáis; 38 pero si las realizo, aceptad el testimonio de las mismas, aunque no queráis creerme a mí. De este modo podríais reconocer que el Padre está en mí y yo en el Padre. 39 Así pues, intentaron de nuevo detener a Jesús, pero él se les escapó de entre las manos. 40 Jesús se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde anteriormente había estado bautizando Juan, y se quedó allí. 41 Acudía a él mucha gente, que decía: - Es cierto que Juan no hizo ningún signo, pero todo lo que dijo acerca de éste era verdad. 42 Y en aquella región muchos creyeron en él.
**• Estamos en el contexto de la fiesta de la Dedicación, en la que se celebra la santidad del templo, es decir, la vuelta al edificio sacro de la gloria de Dios, alejada por la profanación. Jesús "se pasea" libremente por el templo bajo el pórtico de Salomón, cuando es rodeado por los judíos: el choque se hace cada vez más tenso, hasta el punto de que éstos intentaban lapidarle. Muchas veces, en el pasado, los judíos habían tratado de arrestarle por las "obras" que hacía (curaciones en sábado...), pero ahora aparece un único motivo de condena: la blasfemia, al hacerse él, que es un hombre, igual a Dios (v. 33). Ésta será la acusación alegada ante Pilato. Jesús responde puntualmente, en primer lugar poniéndose en un terreno común con sus acusadores (la Palabra de Dios que no puede ser desmentida), luego apelando a su misma experiencia (las obras que ha llevado a cabo). Es la última tentativa de despertar sus corazones a la fe. Y por eso resulta tan significativa la urgente insistencia de observar las obras que son "palabras". Si por ninguna de las obras es Jesús digno de condena, por qué no creer en la verdad de cuanto dice? Pero también esta dolorida y vehemente llamada es desatendida. Se da una incomunicación total. Jesús se va "de nuevo" al otro lado del Jordán, fuera de la ciudad santa, donde Juan había dado testimonio de la verdad, y aquí, donde también surgieron los primeros discípulos, muchos comenzaron a creer. En la experiencia del mayor rechazo, un germen de fe anticipa la gracia del acontecimiento pascual.
MEDITATIO El cuarto evangelio presenta siempre situaciones en las que se dividen los ánimos: se ofrece bastante luz para poder creer, pero también la suficiente oscuridad para justificar el rechazo de adhesión a Cristo. También el fragmento que hemos leído hoy concluye afirmando que "muchos creyeron en él", pero no todos. Algunos se dejan convencer, mientras que otros se atrincheran en su postura. Estos últimos actúan de buena fe, porque desean "defender a su" Dios. Durante la última cena Jesús dirá a sus discípulos: "Llegará la hora en la que os quiten la vida pensando que dan culto a Dios" (Jn 16,2). Acaso estas tendencias extremas, diversas y contradictorias referentes a la fe no se encuentran, aunque sea en grado menor, en nuestro corazón? Nuestra fe pasa con frecuencia por altibajos. Es como si la muchedumbre de la que habla Juan estuviera dentro de nosotros. Jesús con su ejemplo nos enseña cómo superar oscilaciones tan peligrosas dictadas por el sentimiento o por el estado de ánimo, o el escepticismo sutil que se respira en la mentalidad de nuestros días. La fe cristiana, para que arraigue en lo hondo de nuestro ser y permanezca firme, a pesar de los temporales de superficie, precisa fundarse sólidamente en la Sagrada Escritura, que llega en el Nuevo Testamento a su cumplimiento y plenitud. Frecuentar asiduamente la Palabra de Dios es fortalecer nuestra fe en esta Palabra que tiene rostro: el del Hijo igual al Padre.
ORATIO Señor, cómo creer que eres Hijo de Dios cuando te haces presente en medio de nosotros de modo tan desconcertante? !Cuántas veces quisiéramos también nosotros reducir al silencio las exigencias de tu Palabra, cuando nos toca en lo vivo pidiéndonos opciones costosas y coherentes! Acaso nuestras resistencias, nuestros rechazos o indecisiones no pesan en tu corazón como las piedras que los judíos cogieron para lapidarte?... Pero tú huyes. Señor, tú huyes siempre de la presa, de los que tratan de reducirte a su medida, a sus ideas, a sus imágenes, a sus absurdas pretensiones de comprender y explicar todo. Tú huyes de las miradas de los que se miran a sí mismos y sus ideas, cuando deberían fijar los ojos en ti y en tu luz. Señor, concédenos acogerte en tu Palabra de verdad, de acogerte a ti, que te revelas como Hijo del hombre e Hijo de Dios. Derrama tu luz sobre nosotros para que nos permita creer sin vacilar, para que nos conceda perseverar en la fe sin ceder a compromisos alienantes.
CONTEMPLATIO Agradecemos al Único que realizó con su vida lo que estaba escrito de él en la Sagrada Escritura que lo que no podíamos comprender con la simple escucha, se aclarase viéndolo. Él, como se lee en el libro del Apocalipsis, abrió el libro sellado que nadie podía abrir ni leer, revelándonos con su pasión y resurrección todos los misterios en él contenidos. Y, asumiendo los males de nuestra debilidad, nos mostró los bienes de su poder y de su gloria. Pues se hizo carne para hacernos espirituales, en su bondad se humilló para ensalzarnos, salió para que pudiésemos entrar, apareció visible para mostrarnos las cosas invisibles, padeció azotes para curarnos, soportó los ultrajes y burlas para librarnos de la vergüenza eterna, murió para darnos la vida. Él, que en su naturaleza permanece incomprensible, en nuestra naturaleza se dejó prender y flagelar, porque si no hubiese asumido lo propio de nuestra debilidad, no hubiese podido elevarnos con el poder de su fuerza. Por consiguiente, para realizar su misión, ha llevado a cabo una obra extraordinaria. Para ejecutar su plan ha hecho algo insólito, porque siendo Dios se ha encarnado para elevarnos hasta su justicia. Por nosotros se ha dignado soportar los azotes como hombre pecador. Hizo, pues, algo inaudito, ajeno a su ser, para ejecutar su obra: porque sufriendo soportó nuestros males, llevándonos a nosotros, sus criaturas, a la gloria de su potencia (Gregorio Magno, Homilías sobre Ezequiel, II, 4, 19s: CCL 142,271-273).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Yo te amo, Señor, mi fortaleza" (Sal 17,2b).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Soportar los ultrajes, ser objeto de burla a causa de la fe, es una señal de los creyentes, a lo largo del tiempo. Hace mal al cuerpo y al alma cuando no pasa un día sin que el nombre de Dios sea expuesto a la duda o la blasfemia. Dónde está tu Dios? Yo lo confieso ante el mundo y ante todos sus enemigos cuando desde el abismo de mi miseria creo en su bondad, cuando desde la culpa creo en su perdón, desde la muerte en la vida, desde la derrota en su victoria, desde el abandono en su presencia llena de gracia. Quien ha encontrado a Dios en la cruz de Jesucristo sabe cómo Dios se esconde de modo sorprendente en este mundo, sabe cómo está presente al máximo precisamente donde pensábamos que estaba sumamente lejano. Quien ha encontrado a Dios en la cruz perdona también a todos sus enemigos, porque Dios le ha perdonado. Oh Dios, no me abandones cuando tenga que padecer ultrajes; perdona a todos los ateos, porque me has perdonado a mí, y lleva a todos a ti, por la cruz de tu hijo amado. !Abandona cualquier preocupación y espera! Dios sabe el momento de ayudarte y llegará sin duda, pues es Dios verdadero. El será la salvación de tu rostro, pues te conoce y te ha amado aun antes de crearte. No dejará que caigas. Estás en sus manos. Sólo podrás dar gracias por todo lo sucedido, porque habrás aprendido que Dios omnipotente es tu Dios. Tu salvación se llama Jesucristo. Trinidad de Dios, te doy gracias por haberme elegido y amado. Te doy gracias por los caminos por los que me guías. Te doy gracias porque tú eres mi Dios. Amén (D. Bonhoeffer, Memoria e fedeltá, Magnano 1 995, 40s). |
Lunes Santo
LECTIO
Primera lectura: Isaías 42,1-7
1 Éste es mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco. He puesto sobre él mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.
2 No gritará, no alzará la voz, no voceará por las calles;
3 no romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue. Proclamará fielmente la salvación
4 y no desfallecerá ni desmayará hasta implantarla en la tierra. Los pueblos lejanos anhelan su enseñanza.
5 Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó el cielo, que asentó la tierra y su vegetación, que concede aliento a sus habitantes y vida a los que se mueven en ella:
6 Yo, el Señor, te llamé según mi plan salvador; te tomé de la mano, te formé e hice de ti alianza del pueblo y luz de las naciones,
7 para abrir los ojos de los ciegos, sacar de la cárcel a los cautivos y del calabozo a los que habitan las tinieblas.
**• En estos días santos, se yergue ante nosotros la figura del Siervo de YHWH silenciosa y majestuosa, para introducirnos en el misterio pascual: su elección, misión y sufrimientos son profecía de la suerte de Cristo. Dios mismo presenta a su Siervo. Él lo ha elegido para una misión difícil y de capital importancia, por ello le sostiene. Consagrado con el espíritu profético, el Siervo llevará el "derecho" a todas las gentes, es decir, el conocimiento práctico de los juicios de Dios (v. 1). Este carácter "judiciario" se ilustra con la imagen de los vv. 2s, donde la misión del Siervo se describe teniendo en cuenta la figura del "heraldo del gran Rey". Según las costumbres de Babilonia, el heraldo estaba encargado de proclamar en las plazas de la ciudad los decretos de condenas a muerte. Si al concluir el pregón no surgía ningún testimonio en defensa del condenado, rompía la caña y apagaba la lámpara que llevaba, para indicar que la condena era ya irrevocable.
Ahora bien, el Siervo del único verdadero Rey, Dios, no quiebra la caña cascada. Mensajero de su juicio, no viene a condenar, sino a salvar. Con la fuerza de la mansedumbre y la firmeza de la verdad, perseverará en su tarea; las regiones más remotas, los que están lejanos de Dios, atenderán a la torah, la enseñanza que nos trae (v. 4). En Cristo, la figura se convierte en realidad. Cristo es a la vez verdadero Siervo doliente y verdadero libertador de la humanidad de la cárcel del pecado, elegido y enviado para la salvación. El es la luz que ha venido al mundo a iluminar a todas las gentes. El es el mediador de una nueva y eterna alianza (vv. 6s), ratificada con su cuerpo entregado y con su sangre derramada.
Salmo Responsorial
El Señor es mi luz y mi salvación.
Salmo 26:1-3, 13-14
Evangelio: Juan 12,1-11
12,1 Seis días antes de la fiesta judía de la pascua, llegó Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
2 Ofrecieron allí una cena en honor de Jesús. Marta servía la mesa y Lázaro era uno de los comensales.
3 María se presentó con un frasco de perfume muy caro, casi medio litro de nardo puro, y ungió con él los pies de Jesús; después, los secó con sus cabellos. La casa se llenó de aquel perfume tan exquisito.
4 Judas Iscariote, uno de los discípulos -el que lo iba a traicionar-, protestó, diciendo:
5 - Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para repartirlo entre los pobres?
6 Si dijo esto, no fue porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero común, robaba de lo que echaban en ella.
7 Jesús le dijo: - !Déjala en paz! Esto que ha hecho anticipa el día de mi sepultura.
8 Además, a los pobres los tenéis siempre con vosotros; a mí, en cambio, no siempre me tendréis.
9 Un gran número de judíos se enteró de que Jesús estaba en Betania, y fueron allá, no sólo para ver a Jesús, sino también a Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos.
10 Los jefes de los sacerdotes tomaron entonces la decisión de eliminar también a Lázaro,
11 porque, por su causa, muchos judíos se alejaban de ellos y creían en Jesús.
**• "Seis días antes de la fiesta judía": la habitual precisión de Juan nos permite hoy revivir puntualmente, en la liturgia, la gracia de los últimos acontecimientos que preparan la pascua del Señor. La cena de Betania es preludio de la última cena. Según la mentalidad de aquel tiempo, la comida, particularmente la consumida juntos, reviste un carácter sagrado, pues indica comunión de vida y acción de gracias por la misma vida. Este aspecto, en esta cena, se profundiza ulteriormente por la presencia de Lázaro, "resucitado de entre los muertos", del que se dice que era uno de los que "estaban recostados" con Jesús (según la costumbre de comer recostados): gran proximidad de vida y muerte, presagio de comunidad de destino... Pero es la figura de María la que aparece en primer plano con su silencioso gesto de amor de adoración, sin cálculo ni medida. El perfume que derrama a los pies de Jesús es sumamente caro: trescientos denarios corresponden al salario de diez meses de trabajo de un obrero. Y toda la casa -nota el evangelista aludiendo al Cantar de los Cantares (1,12)- se llenó de la fragancia. Es un detalle que nos muestra en María la imagen de la Iglesia-Esposa unida amorosamente al sacrificio de Cristo-Esposo. A la donación total sin límites se contrapone la tacañería de Judas Iscariote (vv. 4-6).
Sin medias tintas, Juan nos presenta dos tipos en el seguimiento del Señor, María y Judas: el amor dilató el corazón de una; la mezquindad cerró de par en par el corazón del otro.
MEDITATIO
También se nos invita a la cena de Betania para estar con Jesús en esa atmósfera cálida de afecto y amistad.
Permanecemos en esa casa acogedora para afianzar nuestro seguimiento de Jesús: un camino de salvación, de la muerte a la vida, como le sucedió a Lázaro, o de activa solicitud que se convierte en servicio cotidiano al Maestro y a los suyos, como Marta. Un camino de amor, de adoración, que dilata día tras día el corazón, o quizás de reservas, resistencias y cálculos cada vez más mezquinos que acaban ahogándonos en la avaricia: María y Judas, ambos discípulos del Señor, se nos presentan como ejemplos-límite.
El estar con Jesús, escuchar su Palabra, compartir con él la existencia, no es todavía lo que decide nuestra meta y los pasos para lograrla. Es decisivo reconocer y acoger el amor que él da, el Amor que él es. Judas no lo acogió, por eso condena el "derroche" de María, haciendo sus cuentas con el pretexto de los pobres... María ha hecho de ese amor su vida; el centro de gravedad que la saca fuera de sí misma sin cálculos, sin razonamientos; con intuición muy precisa y luminosa, se ha quedado con lo esencial: con el pobre Jesús que da todo.
María no puede esperar, y quiere imitar, con el símbolo de un gesto, a su Maestro: derrama sobre esos pies que le han abierto el camino de una plenitud inesperada de amor -ahora en el tiempo y, lo cree firmemente, también en la eternidad- el nardo preciosísimo guardado con cuidado, imagen de una vida totalmente derramada en la caridad. "Y toda la casa se llenó de la fragancia del perfume."
ORATIO
Señor Jesús, Hijo de Dios, que has venido al mundo para ser el hombre más familiar de nuestra casa, ven esta tarde y todas las tardes a compartir con nosotros la cena de los amigos. Haz de cada uno de nosotros tu Betania perfumada de nardo, donde los íntimos secretos de tu corazón encuentren el camino silencioso de nuestro corazón, para que podamos vivir contigo la hora suprema del amor y decirte, con un gesto de pura adoración, cómo queremos -porque tú mismo lo has hecho por nosotros- vivir tu vida y morir tu muerte. Amén.
CONTEMPLATIO
Estaba yo meditando sobre la muerte del Hijo de Dios encarnado. Todo mi afán y deseo era cómo poder vaciar mejor la mente de cuanto la ocupase, para tener más viva memoria de la pasión y muerte del Hijo de Dios.
Estando ocupada con este afán, de repente oí una voz que me dijo: "Yo no te amé fingidamente". Aquella palabra me hirió con dolor de muerte, pues se me abrieron al punto los ojos del alma, viendo cuan verdadero era lo que me decía. Veía los efectos de aquel amor y lo que movido por él hizo el Hijo de Dios. Veía en mí todo lo contrario, porque yo le amaba sólo fingidamente, no de verdad. Ver esto era para mí un dolor de muerte tan insufrible que me creía morir. De pronto me fueron dichas otras palabras que aumentaron mi dolor [...].
Mientras daba vueltas a aquellas palabras, él añadió: "Soy yo más íntimo a tu alma que lo es tu alma a sí misma". Esto aumentaba mi dolor, porque cuanto más íntimo le veía a mí misma, tanto más reconocía la hipocresía de mi parte. Estas palabras suscitaron en mi alma deseos de no querer sentir, ni ver ni decir nada que pudiese ofender a Dios. Y es que eso es lo que Dios requiere a sus hijos, a los que ha llamado y escogido para sentirle, verle y hablar con él (Ángela de Foligno, Libro de Vida, Salamanca 1991, 169-170, passim).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Haced del amor la norma de vuestra vida, a imitación de Cristo, que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros" (Ef 5,2).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El ungüento que María extiende es el símbolo de la comunión nupcial con Jesús manifestado por la comunidad cristiana. Celebramos la llamada de nuestras comunidades cristianas, representadas por María de Betania, a la comunión total con Jesús, dador de vida. Es él quien transforma lo que debería haber sido un banquete fúnebre en memoria de Lázaro en un banquete gozoso. Es él quien cambia el hedor insoportable de un muerto "de cuatro días" en el perfume que inunda la casa de alegría. Es él quien contesta a todos los Judas de la tierra, que consideran un despilfarro el ungüento precioso de la intimidad con Dios y oponen los pobres al Señor. Es él quien rechaza la "práctica" de los que prefieren la eficiencia del dinero a cualquier éxtasis de amor y reducen maliciosamente a un valor monetario lo que no tiene precio. Es a él, en resumidas cuentas, a quien debemos buscar en la oración del abandono, en la experiencia contemplativa y en nuestro modo de vivir.
Que el Señor nos libre del error de Judas, que, insensible al perfume de nardo, sólo escucha el tintinear de las monedas, y en vez de percibir el resplandor del aceite, se deja seducir por el brillo del dinero. Cuál es este perfume de ungüento con el que debemos llenar la casa, y cuál es este buen olor de Cristo que debemos difundir por el mundo? El perfume que debe llenar la casa es la comunión. Naturalmente, como el que compró María de Betania, el ungüento de la comunión tiene un precio muy elevado. Y debemos pagarlo sin rebajas, con mucha oración, ya que no se trata de un producto comercial de venta en nuestras perfumerías, ni es fruto de nuestros esfuerzos titánicos. Es un don de Dios que debemos implorar sin cansarnos. Pero lo obtendremos, estoy seguro, y su perfume llenará toda nuestra Iglesia (A. Bello, Lessico di comunione, Terlizzi 1991, 69-75, passím).
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Miércoles Santo
LECTIO Primera lectura: Isaías 50,4-9a Dijo Isaías: 4 El Señor me ha dado una lengua de discípulo para que sepa sostener con mi palabra al abatido. Cada mañana me espabila el oído para que escuche como los discípulos. 5 El Señor me ha abierto el oído y yo no me he resistido ni me he echado atrás. 6 Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba; no volví la cara ante los insultos y salivazos. 7 El Señor me ayuda, por eso soportaba los ultrajes, por eso endurecí mi rostro como el pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. 8 Mi defensor está cerca, quién me quiere denunciar? !Comparezcamos juntos! Quién me va a acusar? !Que venga a decírmelo! 9 Sabed que me ayuda el Señor: Quién me condenará?
**- En este "tercer poema del Siervo de YHWH", se acentúa el tema del fracaso, que ya estaba presente en Is 49,1-6: El profeta encuentra hostilidad y persecución, incluso violencia. Su vocación, con rasgos sapienciales, lo califica como un discípulo que, por don y misión del Señor Dios, transmite la Palabra a los descorazonados e indecisos. Sólo si el profeta se manifiesta cada día como un discípulo pronto a escuchar, podrá llegar a ser verdadero maestro: no dispone de la Palabra a su gusto. Consciente desde el principio de las exigencias de su vocación, el Siervo no opone resistencia a Dios; y su pleno consentimiento le hace fuerte y manso de cara a los perseguidores: no se sustrajo a la Palabra, ni se echó atrás ante las injurias y la violencia de los que quisieran acallarla, reduciéndola al silencio (vv. 5s). No le rinde el sufrimiento, ni le desorienta. El profeta confía en la ayuda de Dios; él lo justificará ante los adversarios: ninguno podrá demostrar la culpabilidad de su Siervo, testigo fiel y veraz de la Palabra (vv. 7-9).
Salmo Responsorial Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor.
Salmo 68:8-10, 21-22, 31, 33-34
8 Pues
por ti sufro el insulto,
y la vergüenza cubre mi semblante; 9 para mis hermanos soy un extranjero, un desconocido para los hijos de mi madre; 10 pues me devora el celo de tu casa, y caen sobre mí los insultos de los que te insultan. 21 El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no encuentro ninguno. 22 Veneno me han dado por comida, en mi sed me han abrevado con vinagre. 31 El nombre de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias; 33 Lo han visto los humildes y se alegran; viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios! 34 Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos.
Evangelio: Mateo 26,14-25 14 Entonces uno de los doce, el llamado Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes y 15 les dijo: - Qué me dais si os lo entrego? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. 16 Y desde ese momento andaba buscando la ocasión propicia para entregarlo. 17 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: - Dónde quieres que te preparemos la cena de pascua? 18 Él contestó: - Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El maestro dice: Se acerca el momento, y quiero celebrar la cena de pascua en tu casa con mis discípulos". 19 Ellos hicieron lo que Jesús les había mandado y prepararon la cena de pascua. 20 Al atardecer, se puso a la mesa con los doce, 21 y mientras cenaban les dijo: - Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. 22 Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: - Soy yo, Señor? 23 Jesús respondió: - El que come en el mismo plato que yo, ése me entregará. 24 El Hijo del hombre se va, tal como está escrito de él, pero !ay de aquel que entrega al Hijo del hombre! !Más le valdría a ese hambre no haber nacido! 25 Entonces preguntó Judas, el traidor: - Soy yo acaso, maestro? Y Jesús le respondió: - Tú lo has dicho.
**• La escucha de la presente perícopa siempre es inquietante: "Uno de los doce", uno de los amigos más íntimos, de los compañeros cotidianos, de los discípulos a los que enseñó con mimo particular, "fue..." por iniciativa propia, por libre opción, a proponer la entrega de Jesús a los sumos sacerdotes, que no deseaban otra cosa (vv. 3-5). Y desde entonces, como fiera al acecho, Judas vive al lado de Jesús buscando "la ocasión propicia" (vv. 16s). Aun siendo capaz de una iniquidad que supera los límites humanos (es obra de Satanás: cf. Lc 22,3 y Jn 13,2), la libertad del hombre entra en el plan de Dios: es lo que Mateo deja entender en el v. 15, citando a Zac 11,12 sobre el precio pactado con Judas. Todavía más significativo es el uso teológico, común en todas las narraciones de la pasión y de sus predicciones, del verbo paradídomi, "entregar". Este verbo expresa, por un lado, la entrega-traición por parte de los hombres y, por otro, la entrega-don que el Padre hace del Hijo y Jesús hace de sí mismo, hasta la suprema entrega del Espíritu en la cruz (Jn 19,30). El esmero con que tradicionalmente se prepara el rito pascual asume un significado más profundo (vv. 17-19): Jesús sabe que se acerca su kairós (v. 16), su hora, el tiempo del acontecimiento escatológico establecido por Dios. Y ordena disposiciones muy precisas, porque "ardientemente he deseado comer esta pascua"', en este rito, sustituirá el nuevo memorial al antiguo, dejándonos su cuerpo y su sangre como comida y bebida. Esta entrega de sí mismo con el mayor amor acontece en una atmósfera cargada por el anuncio de la traición ("entrega"). Cada uno, herido en su interior, desconfía de sí mismo y también de sus propios compañeros. Surge un coro de preguntas, pero mientras los otros apóstoles se dirigen a Jesús con el apelativo de "kyrios", Señor, Judas le llama simplemente "rabbí". Este Maestro es realmente el Señor, que conoce a su traidor, por el cual se cumple la Escritura.
MEDITATIO Jesús revela quién es Dios y quién es el hombre manifestándonos en su propia historia divino-humana el misterio de la libertad de ambos. Aparece claramente en la pasión, cuando personas y acontecimientos parecen coartarlo, quebrantarlo, hasta clavarlo en la cruz. En el Evangelio de hoy aparecen los dos polos extremos del poder humano: la libertad de entregar/traicionar (abismo de apostasía: Judas) y la de entregarse/darse (la cumbre del amor más grande por los demás: Jesús). Entre ambos polos, cada uno es libre de moverse, de llevar a cabo sus opciones cotidianas, pero el Evangelio nos hace conscientes de una realidad: en los dos extremos está o el poder de Dios o la fuerza del maligno. Pero hoy no sólo aparece la enorme y vertiginosa capacidad de la libertad humana, sino que también se nos muestra algo de la libertad de Dios: su omnipotencia, que brinda al hombre la salvación sin forzarle; su amor, que se entrega -en el Hijo- a sí mismo para que el hombre no sea presa eterna y casi ignorante del pecado. Desde siempre Dios había preparado esta pascua; y cuando el Hijo del hombre vino a cumplirla entre nosotros, se ha abierto a toda criatura un nuevo horizonte ilimitado de libertad: la libertad de amar incluso dando la vida para encontrarse en plenitud en el seno amoroso de la Trinidad.
ORATIO Señor Jesús, déjanos hoy confesar ante ti y concédenos, para hacerlo, un corazón verdaderamente arrepentido y palabras humildes y sinceras. Somos nosotros, Señor, los que te hemos vendido, y no sólo una vez. Cada día especulamos con tu persona y vivimos de esta mísera ganancia; nosotros, los amados por ti. Nos puedes todavía soportar como íntimos en tu casa, para comer el pan de tus lágrimas y beber la sangre de tu dolor? Vendido por nosotros por una miseria, tú nos has comprado, Señor, al precio infinito de tu sangre. Haz, te suplicamos, que, a través de la herida de tu corazón, podamos penetrar y establecernos siempre en la comunión de tu amor. Amén.
CONTEMPLATIO Judas dejó el puesto que Jesús le había asignado en la comunidad apostólica para "irse a su lugar". Se ha separado de los demás, de la comunidad; llegó hasta este extremo progresivamente: en primer lugar se fue replegando sobre sí mismo, siguiendo un camino muy suyo, y finalmente se fue a su lugar. Ciertamente, al principio estaba muy lejos de querer traicionar al Maestro. La situación política de Israel era muy compleja, y mucha gente prudente del pueblo se preguntaba si Jesús no era un motivo de desorden. En efecto, qué pruebas había de la misión de Jesús? Es cierto que Judas debió de atormentarse interiormente, rumiando muchas dudas y pensamientos oscuros. Pero no los compartió con los otros, y quizás fuese ésta la causa de sus ilusiones, de su ceguera y su obstinación. Estaba solo, cerrado en sí mismo. Y en estas circunstancias, nos hacemos incapaces de juzgar las cosas con objetividad. No se comunicaba con los hermanos, reflexionaba solo y andaba a su aire [...]. "A su puesto" (R. Voillaume, Cartas a los hermanos, Madrid 1973).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida" (Ap 2,10b).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Judas aparece como el protagonista de la liturgia de los tres primeros días de la Semana Santa: el Evangelio siempre habla de él. Y Judas está presente también en el cenáculo. La presencia de Judas en medio de los doce, en torno a la mesa de Jesús, es, indudablemente, el hecho más inquietante entre los hechos, todos inquietantes, que se condensan en vísperas de la pasión del Señor. Es la presencia del enemigo entre los amigos, del que golpea en el momento y lugar en que se precisa la confianza, porque nadie puede ya defenderse con ninguno. Jesús no ignora esta presencia, no la pasa por alto; pero, a la vez, no descubre a Judas, no le acusa, no discute con él, no trata de defenderse. No calla a propósito de dicha presencia, para hacerse también presente a él hasta el final. Los doce, sin embargo, tratan de descubrir quién es el que de ellos miente: y en esta tentativa sucumben y caen en la antigua ley de la sospecha recíproca generalizada, de la acusación, de la división. De aquí nace siempre la crisis de la relación fraterna y de comunión: del temor de ser traicionados, del temor de que otro se aproveche, de la pretensión imposible de poner a prueba y verificar las intenciones del otro. No existe otra manera de vencer al traidor que entregarse en sus manos y poner en manos de Dios la propia causa. Pensemos en cuántos desavenencias, cuántas ofensas, cuántas prepotencias, se esconden en nuestra vida por la sospecha. Para sentarse en torno a la mesa de Jesús es preciso fiarse uno de otro sin pensar en el precio que puede costar esta confianza (G. Angelini, L! amó sino alia fine, Milano 1981, 40s). |
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Jueves Santo
Misa Crismal Es la que el Obispo celebra con su presbiterio, y dentro de la cual consagra el Santo Crisma y bendice los demás óleos. Con él se ungen los recién bautizados, los confirmados son sellados, y se ungen las manos de los presbíteros, la cabeza de los obispos y la iglesia y los altares en su dedicación. Is 61, 1-3a-6a. 8b-9 1
El espíritu
del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A
anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los
corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los
reclusos la libertad;
6a Sobre los muros de Jerusalén he apostado guardianes; ni en todo el día ni en toda la noche estarán callados. 8b
No beberán
hijos de extraños tu mosto por el que te fatigaste,
Ap 1, 5-8 5 y de parte de Jesucristo, " el Testigo fiel, el Primogénito " de entre los muertos, " el Príncipe de los reyes de la tierra. " Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados 6 y ha hecho de nosotros " un Reino de Sacerdotes " para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. 7 Mirad, " viene acompañado de nubes: " todo ojo le verá, hasta " los que le traspasaron, " y " por él harán duelo todas las razas " de la tierra. Sí. Amén. 8 Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, "Aquel que es, que era y que va a venir", el Todopoderoso. Lc 4, 16-21 16 Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. 17 Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: 18 " El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos " 19 " y proclamar un año de gracia del Señor. " 20 Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. 21 Comenzó, pues, a decirles: "Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy."
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO EN LA SANTA MISA CRISMAL DEL JUEVES SANTO 2 DE ABRIL DE 2015
"Lo sostendrá mi mano y le dará fortaleza mi brazo" (Sal 88,22), así piensa el Señor cuando dice para sí: "He encontrado a David mi servidor y con mi aceite santo lo he ungido" (v. 21). Así piensa nuestro Padre cada vez que "encuentra" a un sacerdote. Y agrega más: "Contará con mi amor y mi lealtad. Él me podrá decir: Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva" (v. 25.27). Es muy hermoso entrar, con el Salmista, en este soliloquio de nuestro Dios. Él habla de nosotros, sus sacerdotes, sus curas; pero no es realmente un soliloquio, no habla solo: es el Padre que le dice a Jesús: "Tus amigos, los que te aman, me podrán decir de una manera especial: ”Tú eres mi Padre”"(cf. Jn 14,21). Y, si el Señor piensa y se preocupa tanto en cómo podrá ayudarnos, es porque sabe que la tarea de ungir al pueblo fiel no es fácil, es dura; nos lleva al cansancio y a la fatiga. Lo experimentamos en todas sus formas: desde el cansancio habitual de la tarea apostólica cotidiana hasta el de la enfermedad y la muerte e incluso la consumación en el martirio. El cansancio de los sacerdotes... Sabéis cuántas veces pienso en esto: en el cansancio de todos vosotros? Pienso mucho y ruego a menudo, especialmente cuando el cansado soy yo. Rezo por los que trabajáis en medio del pueblo fiel de Dios que os fue confiado, y muchos en lugares muy abandonados y peligrosos. Y nuestro cansancio, queridos sacerdotes, es como el incienso que sube silenciosamente al cielo (cf. Sal 140,2; Ap 8,3-4). Nuestro cansancio va directo al corazón del Padre. Estad seguros que la Virgen María se da cuenta de este cansancio y se lo hace notar enseguida al Señor. Ella, como Madre, sabe comprender cuándo sus hijos están cansados y no se fija en nada más. "Bienvenido. Descansa, hijo mío. Después hablaremos... No estoy yo aquí, que soy tu Madre?", nos dirá siempre que nos acerquemos a Ella (cf. Evangelii gaudium 286). Y a su Hijo le dirá, como en Caná: "No tienen vino". Sucede también que, cuando sentimos el peso del trabajo pastoral, nos puede venir la tentación de descansar de cualquier manera, como si el descanso no fuera una cosa de Dios. No caigamos en esta tentación. Nuestra fatiga es preciosa a los ojos de Jesús, que nos acoge y nos pone de pie: "Venid a mí cuando estéis cansados y agobiados, que yo os aliviaré" (Mt 11,28). Cuando uno sabe que, muerto de cansancio, puede postrarse en adoración, decir: "Basta por hoy, Señor", y rendirse ante el Padre; uno sabe también que no se hunde sino que se renueva porque, al que ha ungido con óleo de alegría al pueblo fiel de Dios, el Señor también lo unge, "le cambia su ceniza en diadema, sus lágrimas en aceite perfumado de alegría, su abatimiento en cánticos" (Is 61,3). Tengamos bien presente que una clave de la fecundidad sacerdotal está en el modo como descansamos y en cómo sentimos que el Señor trata nuestro cansancio. !Qué difícil es aprender a descansar! En esto se juega nuestra confianza y nuestro recordar que también somos ovejas y necesitamos que el Pastor nos ayude. Pueden ayudarnos algunas preguntas a este respecto. Sé descansar recibiendo el amor, la gratitud y todo el cariño que me da el pueblo fiel de Dios? O, luego del trabajo pastoral, busco descansos más refinados, no los de los pobres sino los que ofrece el mundo del consumo? El Espíritu Santo es verdaderamente para mí "descanso en el trabajo" o sólo aquel que me da trabajo? Sé pedir ayuda a algún sacerdote sabio? Sé descansar de mí mismo, de mi auto-exigencia, de mi auto-complacencia, de mi auto-referencialidad? Sé conversar con Jesús, con el Padre, con la Virgen y San José, con mis santos protectores amigos para reposarme en sus exigencias —que son suaves y ligeras—, en sus complacencias —a ellos les agrada estar en mi compañía—, en sus intereses y referencias —a ellos sólo les interesa la mayor gloria de Dios—? Sé descansar de mis enemigos bajo la protección del Señor? Argumento y maquino yo solo, rumiando una y otra vez mi defensa, o me confío al Espíritu Santo que me enseña lo que tengo que decir en cada ocasión? Me preocupo y me angustio excesivamente o, como Pablo, encuentro descanso diciendo: "Sé en Quién me he confiado" (2 Tm 1,12)? Repasemos un momento las tareas de los sacerdotes que hoy nos proclama la liturgia: llevar a los pobres la Buena Nueva, anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. E Isaías agrega: curar a los de corazón quebrantado y consolar a los afligidos. No son tareas fáciles, exteriores, como por ejemplo el trabajo material —construir un nuevo salón parroquial, o delinear una cancha de fútbol para los jóvenes del Oratorio... —; las tareas mencionadas por Jesús implican nuestra capacidad de compasión, son tareas en las que nuestro corazón es "movido" y conmovido. Nos alegramos con los novios que se casan, reímos con el bebé que traen a bautizar; acompañamos a los jóvenes que se preparan para el matrimonio y a las familias; nos apenamos con el que recibe la unción en la cama del hospital, lloramos con los que entierran a un ser querido... Tantas emociones... Si tenemos el corazón abierto, esta mención y tanto afecto fatigan el corazón del Pastor. Para nosotros sacerdotes las historias de nuestra gente no son un noticiero: nosotros conocemos a nuestro pueblo, podemos adivinar lo que les está pasando en su corazón; y el nuestro, al compadecernos (al padecer con ellos), se nos va deshilachando, se nos parte en mil pedacitos, se conmueve y hasta parece comido por la gente: "Tomad, comed". Esa es la palabra que musita constantemente el sacerdote de Jesús cuando va atendiendo a su pueblo fiel: "Tomad y comed, tomad y bebed...". Y así nuestra vida sacerdotal se va entregando en el servicio, en la cercanía al pueblo fiel de Dios... que siempre, siempre cansa. Quisiera ahora compartir con vosotros algunos cansancios en los que he meditado. Está el que podemos llamar "el cansancio de la gente, de las multitudes": para el Señor, como para nosotros, era agotador —lo dice el evangelio—, pero es cansancio del bueno, cansancio lleno de frutos y de alegría. La gente que lo seguía, las familias que le traían sus niños para que los bendijera, los que habían sido curados, que venían con sus amigos, los jóvenes que se entusiasmaban con el Rabí..., no le dejaban tiempo ni para comer. Pero el Señor no se hastiaba de estar con la gente. Al contrario, parecía que se renovaba (cf. Evangelii gaudium,11). Este cansancio en medio de nuestra actividad suele ser una gracia que está al1 alcance111 de la mano de todos nosotros, sacerdotes (cf. ibíd., 279). !Qué bueno es esto: la gente ama, quiere y necesita a sus pastores! El pueblo fiel no nos deja sin tarea directa, salvo que uno se esconda en una oficina o ande por la ciudad con vidrios polarizados. Y este cansancio es bueno, es sano. Es el cansancio del sacerdote con olor a oveja..., pero con sonrisa de papá que contempla a sus hijos o a sus nietos pequeños. Nada que ver con esos que huelen a perfume caro y te miran de lejos y desde arriba (cf. ibíd., 97). Somos los amigos del Novio, esa es nuestra alegría. Si Jesús está pastoreando en medio de nosotros, no podemos ser pastores con cara de vinagre, quejosos ni, lo que es peor, pastores aburridos. Olor a oveja y sonrisa de padres... Sí, bien cansados, pero con la alegría de los que escuchan a su Señor decir: "Venid a mí, benditos de mi Padre" (Mt 25,34). También se da lo que podemos llamar "el cansancio de los enemigos". El demonio y sus secuaces no duermen y, como sus oídos no soportan la Palabra de Dios, trabajan incansablemente para acallarla o tergiversarla. Aquí el cansancio de enfrentarlos es más arduo. No sólo se trata de hacer el bien, con toda la fatiga que conlleva, sino que hay que defender al rebaño y defenderse uno mismo contra el mal (cf. Evangelii gaudium,83). El maligno es más astuto que nosotros y es capaz de tirar abajo en un momento lo que construimos con paciencia durante largo tiempo. Aquí necesitamos pedir la gracia de aprender a neutralizar —es un hábito importante: aprender a neutralizar—: neutralizar el mal, no arrancar la cizaña, no pretender defender como superhombres lo que sólo el Señor tiene que defender. Todo esto ayuda a no bajar los brazos ante la espesura de la iniquidad, ante la burla de los malvados. La palabra del Señor para estas situaciones de cansancio es: "No temáis, yo he vencido al mundo" (Jn 16,33). Y esta palabra nos dará fuerza. Y por último —para que esta homilía no os canse demasiado— está también "el cansancio de uno mismo" (cf. Evangelii gaudium.277). Es quizás el más peligroso. Porque los otros dos provienen de estar expuestos, de salir de nosotros mismos a ungir y a trabajar (somos los que cuidamos). Este cansancio, en cambio, es más auto-referencial; es la desilusión de uno mismo pero no mirada de frente, con la serena alegría del que se descubre pecador y necesitado de perdón, de ayuda: este pide ayuda y va adelante. Se trata del cansancio que da el "querer y no querer", el haberse jugado todo y después añorar los ajos y las cebollas de Egipto, el jugar con la ilusión de ser otra cosa. A este cansancio, me gusta llamarlo "coquetear con la mundanidad espiritual". Y, cuando uno se queda solo, se da cuenta de que grandes sectores de la vida quedaron impregnados por esta mundanidad y hasta nos da la impresión de que ningún baño la puede limpiar. Aquí sí puede haber cansancio malo. La palabra del Apocalipsis nos indica la causa de este cansancio: "Has sufrido, has sido perseverante, has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado. Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor" (2,3-4). Sólo el amor descansa. Lo que no se ama cansa y, a la larga, cansa mal. La imagen más honda y misteriosa de cómo trata el Señor nuestro cansancio pastoral es aquella del que "habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo" (Jn 13,1): la escena del lavatorio de los pies. Me gusta contemplarla como el lavatorio del seguimiento. El Señor purifica el seguimiento mismo, él se "involucra" con nosotros (cf. Evangelii gaudium 24), se encarga en persona de limpiar toda mancha, ese mundano smog untuoso que se nos pegó en el camino que hemos hecho en su nombre. Sabemos que en los pies se puede ver cómo anda todo nuestro cuerpo. En el modo de seguir al Señor se expresa cómo anda nuestro corazón. Las llagas de los pies, las torceduras y el cansancio son signo de cómo lo hemos seguido, por qué caminos nos metimos buscando a sus ovejas perdidas, tratando de llevar el rebaño a las verdes praderas y a las fuentes tranquilas (cf. ibíd. 270). El Señor nos lava y purifica de todo lo que se ha acumulado en nuestros pies por seguirlo. Eso es sagrado. No permite que quede manchado. Así como las heridas de guerra él las besa, la suciedad del trabajo él la lava. El seguimiento de Jesús es lavado por el mismo Señor para que nos sintamos con derecho a estar "alegres", "plenos", "sin temores ni culpas" y nos animemos así a salir e ir "hasta los confines del mundo, a todas las periferias", a llevar esta buena noticia a los más abandonados, sabiendo que él está con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo. Y, por favor, pidamos la gracia de aprender a estar cansados, pero !bien cansados! Misa vespertina "In coena Domini" LECTIO Primera lectura: Éxodo 12,1-8.11-14 1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón en Egipto: 2 - Este mes será para vosotros el más importante de todos, será el primer mes del año. 3 Decid a toda la asamblea de Israel que el día décimo de este mes se procure cada uno un cordero por familia, uno por casa. 4 Si la familia es demasiado pequeña para comerlo entero, que invite a cenar en su casa a su vecino más próximo, según el número de personas y la porción de cordero que cada cual pueda comer. 5 Será un animal sin defecto, macho, de un año; podrá ser cordero o cabrito. 6 Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y toda la comunidad de Israel lo inmolará al atardecer. 7 Luego untarán con la sangre las jambas y el dintel de la puerta de las casas en las que vayan a comerlo. 8 Lo comerán esa noche asado al fuego, con panes ácimos y hierbas amargas. 11 Y lo comeréis así: la cintura ceñida, los pies calzados, bastón en mano y a toda prisa, porque es la pascua del Señor. 12 Esa noche pasaré yo por el país de Egipto y mataré a todos sus primogénitos, tanto de hombres como de animales. Así ejecutaré mi sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor. 13 La sangre servirá de señal en las casas donde estéis; al ver yo la sangre, pasaré de largo y, cuando yo castigue a Egipto, la plaga exterminadora no os alcanzará. 14 Este día será memorable para vosotros y lo celebraréis como fiesta del Señor, institución perpetua para todas las generaciones.
*•• El presente texto tiene un carácter prescriptivo: el acontecimiento histórico de la última cena de los hebreos en Egipto, en espera del paso del Señor que libera de la esclavitud, aparece aquí en clave litúrgica para convertirse en "un rito perpetuo". La memoria se hace memorial {zikkarón, v. 14), y, en él, la eficacia salvífica de cuanto YHWH ha ejecutado de una vez por todas se actualiza para cada generación en y mediante la liturgia; de ahí la preocupación por dar normas concretas y detalladas para la celebración (vv. 3-8.11). El rito hebraico funde elementos originariamente distintos y los historifica. El sacrificio anual del cordero, con la aspersión de la sangre -la pascua ipesaj, fiesta primaveral de los pastores nómadas)-se convierte para los israelitas en signo de la protección del Señor (vv. 7.12s). La ofrenda de las primicias -los ázimos (fiesta agrícola vinculada al ciclo de las estaciones)-, puesta en referencia con la liberación de Egipto, recuerda ahora, de generación en generación, la rápida huida de aquel país de esclavitud. En un momento preciso de la historia de un pueblo oprimido, Dios interviene con su poder: aquel momento no pertenece sólo al fluir de los tiempos, sino a la dimensión de Dios. Por eso es un "hoy" ofrecido siempre al que quiera entrar en aquella historia de salvación mediante la celebración del memorial.
Salmo responsorial Sal 115, 12-13. 15-16. 17-18 ¿Cómo pagaré al Señor Mucho le cuesta al
Señor Te ofreceré un
sacrificio de alabanza, Segunda lectura: 1 Corintios 11,23-26 11,23 Del Señor recibí la tradición que os he transmitido; a saber, que Jesús, el Señor, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan 24 y, después de dar gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, entregado por vosotros; haced esto en memoria mía". 25 Igualmente, después de cenar, tomó el cáliz y dijo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cuantas veces bebáis de él, hacedlo en memoria mía". 26 Así pues, siempre que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que él venga.
**• En la última cena en esta tierra de destierro, Jesús sustituye el memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto con su memorial. Cumplimiento de la Ley y los profetas, lleva a plenitud el antiguo rito con su sacrificio de amor. "Por nosotros" se dejó entregar a la muerte (en el v. 23, el término "entregar" hace alusión a todo el misterio pascual, no sólo a la entrega). "Nueva": así es la alianza con Dios, sancionada con la sangre del verdadero Cordero, que con su inmolación nos libera de la esclavitud del mal y, consumada en la comunión del Pan de la ofrenda que, roto en la muerte, nos da la vida. También debería ser nueva la conducta del cristiano: cada vez que come de este pan y bebe de este cáliz, graba en su propia existencia la extraordinaria riqueza de la pascua de Cristo, testimoniándolo en el tiempo hasta el día de la venida gloriosa del Señor (v. 26).
Evangelio: Juan 13,1-15 1 Era la víspera de la fiesta de la pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre. Y él, que había amado a los suyos, que estaban en el mundo, llevó su amor hasta el fin. 2 Estaban cenando y ya el diablo había metido en la cabeza a Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. 3 Entonces Jesús, sabiendo que el Padre le había entregado todo, y que de Dios había venido y a Dios volvía, 4 se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. 5 Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. 6 Cuando llegó a Simón Pedro, éste se resistió: - Señor, lavarme los pies tú a mí? 7 Jesús le contestó: - Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo comprenderás después. 8 Pedro insistió: - Jamás permitiré que me laves los pies. Entonces Jesús le respondió: - Si no te lavo los pies, no podrás contarte entre los míos. 9 Simón Pedro reaccionó así: - Señor, no sólo los pies; lávame también las manos y la cabeza. 10 Entonces dijo Jesús: - El que se ha bañado sólo necesita lavarse los pies, porque está completamente limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos. 11 Sabía muy bien Jesús quién lo iba a entregar; por eso dijo: "Vosotros estáis limpios, aunque no todos". 12 -Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y dijo a sus discípulos: - Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? 13 Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. 14 Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros. 15 Os he dado ejemplo para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros.
*"• "Llevó su amor hasta el fin": también Juan, como los sinópticos, quiere evidenciar en la narración de la última cena la total entrega del amor por parte de Jesús, que anticipa para "los suyos" el sacrificio de la cruz; pero en vez de describir la institución de la eucaristía, ya presente en los otros evangelios y en la tradición oral (cf. 1 Cor 11,23), Juan expresa el significado del acontecimiento por medio del episodio del lavatorio de los pies. El fragmento pone en evidencia el lúcido conocimiento de Jesús (w.1-3: "sabía"). Se abraza libremente con el designio de Dios, reconociendo como inminente esa "hora" hacia la cual se dirigían todos sus días terrenos: la hora del verdadero paso (Ex 12,12s), de la nueva pascua, del amor que llega a su plenitud definitiva (v. 1). Esta cumbre del amor se manifiesta concretamente en el más profundo abatimiento: si el v. 3b alude a la encarnación, primer paso decisivo de la kénosis del Hijo eterno, los versículos siguientes muestran hasta qué punto ha asumido la condición de siervo (cf. Flp 2,7s), ya que la tarea de lavar los pies se reservaba a los esclavos e incluso un rabbí no podía exigírselo a un esclavo hebreo. Y Jesús nos pide a nosotros esta misma humildad, este espíritu de servicio recíproco que sólo puede inspirar el amor (w.12-15). Acoger el escándalo de la humillación del Hijo de Dios y dejarnos purificar por su caridad (v. 8) nos implica en el dinamismo de la oblación divina, nos impone seguir el ejemplo de Cristo: ésta es la condición indispensable para participar en su memorial, para celebrar la pascua con él.
MEDITATIO El discurso de Jesús en la última cena fue una conversación en un clima de amistad, de confianza y, a la vez, el último adiós, que nos da abriendo su corazón. !Cómo debió de esperar Jesús esta hora! Era la hora para la cual había venido, la hora de darse a los discípulos, a la humanidad, a la Iglesia. Las palabras del Evangelio rebosan una energía vital que nos supera. El memorial de Jesús -el recuerdo de su cena pascual- no se repite en el tiempo, sino que se renueva, se nos hace presente. Lo que Jesús hizo aquel día, en aquella hora, es lo que él todavía, aquí presente, hace para nosotros. Por eso no dudamos en sentirnos de verdad en aquella única hora en la que Jesús se entregó a sí mismo por todos, como don y testimonio del amor del Padre. Nosotros, por consiguiente, debemos aprender de Jesús, que nos dice: "Os he dado ejemplo...". Debemos aprender de él a decir siempre "gracias" y a celebrar la eucaristía en la vida entrando en la dinámica del amor que se ofrece y sacrifica a sí mismo para hacer vivir al otro. El rito del lavatorio de los pies tiene como finalidad recordarnos que el mandamiento del Señor debe llevarse a la práctica en el día a día: servirnos mutuamente con humildad. La caridad no es un sentimiento vago, no es una experiencia de la que podemos esperar gratificaciones psicológicas, sino que es la voluntad de sacrificarse a sí mismo con Cristo por los demás, sin cálculos. El amor verdadero siempre es gratuito y siempre está disponible: se da pronta y totalmente.
ORATIO Partirás solo, Señor, sin nosotros, tus amigos, para afrontar la lucha suprema del enemigo. Partirás solo porque no podemos seguirte antes de que hayas vencido a aquel que nos divide. Pero nos encontrarás en lo hondo de tu soledad, y nosotros te encontraremos en el fondo de nuestra humillación. Señor Jesús, nosotros no sabemos cuál es la hora más dulce y pura del amor: si la que nos reúne juntos, confiados y descansados sobre tu pecho, o la que nos dispersa en la noche perdidos y abatidos de tristeza. Pero si tú, desde tu lejanía de condenado a muerte, te vuelves un momento a mirarnos, percibiremos en la luz de tus ojos una chispa del insondable misterio que hoy nos pesa en el corazón y que mañana contemplaremos sin velos en el rostro del Amor. Amén.
CONTEMPLATIO Mi Señor se quita el manto, se ciñe una toalla, echa agua en la jofaina y lava los pies a sus discípulos: también quiere lavarnos los pies a nosotros. Y no sólo a Pedro, sino a cada uno de los fieles nos dice: "Si no te lavo los pies, no podrás contarte entre los míos". Ven, Señor Jesús, deja el manto que te has puesto por mí. Despójate, para revestirte de tu misericordia. Cíñete una toalla, para que nos ciñas con tu don: la inmortalidad. Echa agua en la jofaina y lávanos no sólo los pies, sino también la cabeza; no sólo los pies de nuestro cuerpo, sino también los del alma. Quiero despojarme de toda suciedad propia de nuestra fragilidad. !Qué grande es este misterio! Como un siervo lavas los pies a tus siervos y como Dios mandas rocío del cielo [...]. También yo quiero lavar los pies a mis hermanos, quiero cumplir el mandato del Señor. Él me mandó no avergonzarme ni desdeñar el cumplir lo que él mismo hizo antes que yo. Me aprovecho del misterio de la humildad: mientras lavo a los otros, purifico mis manchas (san Ambrosio, El Espíritu Santo I, 12-15).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Haced esto en memoria mía" (1 Cor 11,24).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El día de Jueves Santo se celebra la memoria de la primera vez que Nuestro Señor tomó el pan y lo convirtió en su cuerpo, tomó el vino y lo transformó en su sangre. Esta verdad requiere de nosotros una gran humildad, que sólo puede ser un don suyo. Me refiero a esa humildad de mente por la que conocemos la verdad de que lo que antes era pan ahora es su cuerpo y lo que antes era vino ahora es su sangre. Por eso nos arrodillamos para honrar a Jesús en el Santísimo Sacramento. Sucesivamente, cuando se ora ante el altar de la Reserva, nos damos cuenta de cómo estamos unidos a él en el sufrimiento del huerto de Getsemaní, tan cercanos a él como María Magdalena cuando lo encontró en el huerto el primer domingo de pascua: este hecho es el que nos causa más extrañeza. El día de Jueves Santo [...] evocamos también cómo nuestro Señor, durante la última cena, se levantó y se puso a lavar los pies de sus apóstoles y, con este gesto, nos mostró algo de la divina bondad. Jesús nos revela en qué consiste lo divino. Jesús lavó los pies de sus discípulos para mostrar las atenciones y la gran bondad que Dios tiene con nosotros. Es un pensamiento maravilloso que podría ocupar nuestra mente y nuestras plegarias.
Si esta bondad divina puede manifestársenos, qué podremos hacer nosotros
a cambio? No deberíamos igualar esta dulce bondad suya, que rebosa amor
por nosotros, y brindar la misma bondad y el mismo amor? Esto
demostraría que el amor, la caridad cristiana, no es sólo una palabra
fácil, sino algo que nos lleva a la acción y al servicio, especialmente
al de los pobres y al de cuantos pasan necesidad (B. Hume, // mistero
e l'assurdo, Cásale Monf. 1999, 107s). |
Salmo responsorial Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35a Bendice , alma mía, al
Señor, Asentasaste la tierra
sobre sus cimientos, De los manantiales
sacas los ríos, Desde tu morada riegas
los montes, !Cuántas son tus obras,
Señor! O bien, puede leerse el siguiente
Salmo responsorial Sal 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 La palabra del Señor es
sincera, La palabra del Señor
hizo el cielo; Dichosa la nación
cuyo Dios es el Señor, Nosotros aguardamos al
Señor:
Segunda lectura: Génesis 22,1-18 22,1 Después de esto, Dios quiso poner a prueba a Abrahán, y lo llamó: -!Abrahán! Él respondió: - Aquí estoy. 2 Y Dios le dijo: - Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac, ve a la región de Moria y ofrécemelo allí en holocausto, en un monte que yo te indicaré. 3 Se levantó Abrahán de madrugada, aparejó su asno, tomó consigo dos siervos y a su hijo Isaac, partió la leña para el holocausto y se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado. 4 Al tercer día alzó Abrahán los ojos y alcanzó a ver de lejos el lugar. 5 Entonces dijo a sus siervos: - Quedaos aquí con el asno, mientras el muchacho y yo subimos allá arriba para adorar al Señor; después regresaremos junto a vosotros. 6 Abrahán tomó la leña del holocausto y se la cargó a su hijo Isaac; él llevaba el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. 7 Isaac dijo a Abrahán, su padre: - !Padre! Él respondió: - Aquí estoy, hijo mío. Dijo Isaac: - Tenemos el fuego y la leña, pero dónde está el cordero para el holocausto? 8 Abrahán respondió: - Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío. Y continuaron caminando juntos. 9 Llegados al lugar que Dios le había indicado, Abrahán levantó el altar, preparó la leña y después ató a su hijo Isaac, poniéndolo sobre el altar encima de la leña. 10 Después Abrahán agarró el cuchillo para degollar a su hijo, 11 pero un ángel del Señor le gritó desde el cielo: -!Abrahán!!Abrahán!. Él respondió: - Aquí estoy. 12 Y el ángel le dijo: - No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ya veo que obedeces a Dios y que no me niegas a tu hijo único. 13 Abrahán levantó entonces la vista y vio un carnero enredado por los cuernos en un matorral. Tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Abrahán puso a aquel lugar el nombre de "El Señor provee", y por eso todavía hoy se llama "El monte del Señor provee". 15 El ángel del Señor volvió a llamar desde el cielo a Abrahán 16 y le dijo: - Juro por mí mismo, Palabra del Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu único hijo, 17 te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. 18 Todas las naciones de la tierra alcanzarán la bendición a través de tu descendencia, porque me has obedecido.
**• Después del pecado y la consiguiente expulsión del edén, el nombre vive alejado del rostro de su Dios, pero -siendo creado a su "imagen y semejanza"- siente una vivísima nostalgia de él. Su patria es el cielo; la tierra, un destierro. Nómada por vocación, camina con la esperanza de que un día su peregrinar -y su sufrimiento acabará. La egregia figura de Abrahán se distingue por la pureza de fe con la que testimonia su amor al Altísimo, al que rinde una obediencia incondicionada, hasta no negarle a Isaac, su único hijo, el hijo de la promesa. Figura de Cristo en esta su total disponibilidad a cumplir la voluntad de Dios, Abrahán es también imagen del Padre, que en el exceso de su amor por el hombre no perdonará a su Hijo Unigénito -el verdadero hijo de la promesa-, sino que lo entregará a la muerte para la salvación de todos,
Salmo responsorial Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 El Señor es el lote de
mi heredad y mi copa, Por eso se me alegra el
corazón, Me enseñarás el
sendero de la vida, Tercera lectura: Éxodo 14,15-15,1 15 El Señor dijo a Moisés: - A qué vienen esos gritos? Ordena a los israelitas que emprendan la marcha. 16 Tú levanta tu cayado, extiende la mano sobre el mar y se partirá en dos para que los israelitas pasen por medio de él como si fuera tierra seca. 17 Yo voy a aumentar la obstinación de los egipcios, para que entren en el mar detrás de vosotros, y entonces me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de su caballería. 18 Y sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me cubra de gloria a costa del faraón, de sus cairos y de su caballería. 19 Entonces el ángel de Dios, que iba delante de las huestes de Israel, se puso en movimiento y se colocó detrás de ellos. También la columna de nube que iba delante de ellos fue a situarse detrás, 20 interponiéndose entre los israelitas y el ejército de los egipcios. Por un lado la nube era tenebrosa y por otro alumbraba en la noche, de suerte que no pudieron acercarse unos a otros en toda la noche. 21 Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor, por medio de un recio viento del este, empujó al mar, dejándolo seco y partiendo en dos las aguas. 22 Los israelitas entraron en medio del mar como en tierra seca, mientras las aguas formaban una especie de muralla a ambos lados. 23 Los egipcios se lanzaron en su persecución; toda la caballería del faraón, sus carros y caballeros, entraron tras ellos en medio del mar. 24 Pero antes de la madrugada miró el Señor desde la columna de fuego y de nube a las huestes egipcias y las desbarató. 25 Atascó las ruedas de los carros, que apenas podían avanzar. Entonces los egipcios se dijeron: - Huyamos ante Israel, porque el Señor combate por ellos contra los egipcios. 26 Pero el Señor dijo a Moisés: - Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas se precipiten sobre los egipcios, sobre sus carros y su caballería. 27 Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, volvió el mar a su estado normal. Los egipcios toparon con él en su huida, y así los arrojó el Señor en medio del mar. 28 Las aguas, al juntarse, anegaron carros y caballeros y a todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar en persecución de los israelitas. No escapó ni uno solo. 29 Sin embargo, los israelitas caminaban en medio del mar como por tierra seca, mientras las aguas formaban para ellos una muralla a ambos lados. 30 Así salvó el Señor aquel día a Israel del poder de los egipcios, e Israel pudo ver a los egipcios muertos en la orilla del mar. 31 Israel vio el prodigioso golpe que el Señor había asestado a los egipcios, temió al Señor y puso su confianza en él y en Moisés, su siervo. 15,1 Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico al Señor: Cantaré al Señor por la 'gloria de su victoria; caballos y jinetes precipitó en el mar.
**• Instalado en Egipto a causa de una hambruna, el pueblo elegido fue reducido a esclavitud. Pero Dios escuchó el grito de Israel y suscitó un libertador de en medio del pueblo, Moisés, figura de Cristo, que vendrá a librar a la humanidad entera de una esclavitud mucho más grave: la del pecado. Bajo la guía de Moisés, el pueblo se dirige hacia la tierra prometida. Pero las inevitables fatigas y los peligros del camino se convierten pronto en una fuente de tentación: entregarse en manos de los egipcios que, potentemente armados, les persiguen, mientras delante de ellos se extiende, inmenso, el mar Rojo. En esta situación límite, donde el hombre experimenta toda su debilidad, interviene la omnipotencia de Dios. El estilo de la perícopa es revelador de su profundo significado teológico. Moisés es el designado para exhortar al pueblo y para extender la mano sobre las aguas... Hasta aquí el papel del mediador; luego cambia el sujeto. Moisés pasa a segundo plano y aparece con todo su poder YHWH, que vuelve a empujar el mar, mira desde lo alto, derrota a los egipcios y los arrolla... Las aguas del mar Rojo, que eran una amenaza de muerte, se convierten en fuente de salvación (por eso el cristianismo ha visto siempre en sus aguas un símbolo de las aguas bautismales). El paso del mar aparece a los ojos de los protagonistas como una impresionante revelación del Dios que guía el curso de la historia. La perícopa concluye con tres verbos fundamentales: el pueblo vio, temió y creyó, verbos que reaparecen en las narraciones evangélicas de la resurrección de Cristo. Las maravillas realizadas por el Señor refuerzan la fe de los liberados, que pueden reemprender el camino y exaltar solemnemente la experiencia vivida, como aparece en el cántico de Moisés (Ex 15,1-18).
Salmo responsorial Ex 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 Cantaré al Señor,
gloriosa es su victoria, El Señor es un
guerrero, Las olas los cubrieron, Lo introduces y lo
plantas en el monte de tu heredad, Cuarta lectura: Isaías 54,5-14 5 Tu esposo es tu Creador, su nombre es el Señor todopoderoso; tu libertador es el Santo de Israel -se llama Dios de toda la tierra-. 6 El Señor te vuelve a llamar como a mujer abandonada y abatida. Podrá ser repudiada la esposa de juventud? Esto dice tu Dios: 7 Por un breve instante te abandoné, pero ahora te acojo con inmenso cariño. 8 En un arrebato de ira te oculté mi rostro por un momento, pero mi amor por ti es eterno -dice el Señor, tu libertador-. 9 Me sucede como en tiempos de Noé , cuando juré que las aguas del diluvio no volverían a anegar la tierra; ahora juro no volver a airarme contra ti ni amenazarte nunca más. 10 Aunque los montes cambien de lugar y se desmoronen las colinas, no cambiará mi amor por ti, ni se desmoronará mi alianza de paz, dice el Señor, que está enamorado de ti. 11 !Ciudad desdichada y zarandeada a quien nadie consuela !. Voy a poner tus cimientos sobre malaquita, y tus bases sobre zafiro; 12 haré de rubíes tus almenas, tus puertas de diamantes, y de piedras preciosas toda tu muralla. 13 A tus hijos los instruirá el Señor, gozarán de gran prosperidad. 14 Estarás completamente a salvo, libre de opresión y de temor, ningún terror te inquietará.
*+• Casi como respuesta al cántico de Moisés que el pueblo elevó a su Dios como quien en la hora de la prueba ha experimentado su omnipotencia, esta lectura nos ofrece lo que se ha definido como el "cántico de amor de YHWH" por su pueblo, por su Esposa. Entre líneas se puede leer la infidelidad de Israel al pacto de la alianza sellada solemnemente en el Sinaí y renovada muchas veces. También se puede entrever como telón de fondo el sufrido período del destierro, interpretado teológicamente como corrección y castigo divinos. Pero todo esto se queda como en un segundo plano: es un pasado cancelado -perdonado- por el inmenso amor del Señor (v. 7), el Dios fiel, que se une a su pueblo - a la humanidad- con una alianza que no puede fallar porque está cimentada en su misericordia. Es el anuncio de la eucaristía, de la "nueva y eterna alianza", gracias a la cual todo creyente se convierte en cuerpo de Cristo y en ciudadano de aquella Jerusalén celestial, prefigurada en los últimos versículos, que se va construyendo desde ahora y será nuestra morada eterna.
Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado Tañed para el Señor,
fieles suyos, Escucha, Señor, y ten
piedad de mí;
Quinta lectura: Isaías 55,1-11 55,1 Venid por agua todos los sedientos; venid aunque no tengáis dinero; comprad trigo y comed de balde, vino y leche sin tener que pagar. 2 Por qué gastáis el dinero en lo que no sacia, el salario en lo que no quita el hambre? Escuchadme atentamente y comeréis bien, os deleitaréis con manjares. 3 Prestad atención, venid a mi; escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, seré fiel a mi amor por David. 4 Yo le constituí mi testigo ante los pueblos, caudillo y señor de las naciones; 5 llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que te ignora correrá hacia ti, porque te honra el Señor, tu Dios, el Santo de Israel. 6 Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca. 7 Que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; el Señor se apiadará de él si se convierte, si se vuelve a nuestro Dios, que es rico en perdón. 8 Porque mis planes no son como vuestros planes, ni vuestros caminos como los míos, oráculo del Señor. 9 Cuanto dista el cielo de la tierra, así mis caminos de los vuestros, mis planes de vuestros planes. 10 Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo vuelven allí después de haber empapado la tierra, de haberla fecundado y hecho germinar para que dé simiente al que siembra y pan al que come, 11 así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo.
**• Durante el destierro, Israel tuvo la dura experiencia de una extrema pobreza. La ausencia de pan y de agua expresa globalmente la privación de lo más esencial de la vida. El pueblo se encuentra en una situación de muerte que parece definitiva. Pero es entonces cuando el Señor, por boca del profeta, dirige una invitación que puede parecer paradójica por el fuerte contraste con la situación histórica real: "venid todos los sedientos, venid por agua", "comprad de balde"... En esta agua dada gratuitamente está prefigurado el don del Espíritu que manará del costado de Cristo, inundando la Iglesia naciente y a toda la humanidad. Entonces es cuando se hace posible acoger la sentida exhortación de abandonar la impiedad y seguir los misteriosos caminos del Señor. De hecho, es el Espíritu quien dispone los corazones sedientos de Dios a acoger la Palabra, a guardarla y meditarla, de suerte que produzca los frutos de santidad de la que es portadora. El pueblo privado de esperanza vuelve a vivir, y con su existencia atrae incluso a los que yacen en las tinieblas de muerte. Lo mismo que el pueblo elegido, cada alma, gratuitamente salvada, se convierte a su vez en cooperadora de salvación, en canal donde discurre la gracia para llegar a los confines de la tierra. Así es la grandiosa vocación que nos une a todos en solidaridad universal para que todo hombre pueda conocer al único verdadero Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Salmo responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 <<Él
es mi Dios y Salvador: <<Dad
gracias al Señor,
Tañed para el Señor, que hizo proezas,
Sexta lectura: Baruc 3,9-15.32-4,4 9 Escucha, Israel, los mandamientos que dan vida. Pon atención para aprender a discernir. 10 Por qué, Israel, te encuentras en país enemigo, envejeces en tierra extranjera, 11 te has contaminado con los muertos y estás entre los que bajan al abismo? 12 Abandonaste la fuente de la sabiduría. 13 Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre. 14 Aprende dónde está el discernimiento, dónde la fuerza, dónde la inteligencia, dónde la vida prolongada, dónde la luz para los ojos y la paz. 15 Pero quién ha encontrado su lugar, quién ha penetrado en sus tesoros? 32 Sólo aquel que todo lo sabe, la conoce; sólo él la escrutó con su inteligencia. Aquel que asentó la tierra para siempre y la pobló de animales cuadrúpedos; 33 él manda a la luz y ella hace caso, la llama y temblando le obedece. 34 Brillan los astros y se alegran en su puesto de guardia; 35 él los llama y responden: "Aquí estamos" y brillan alegres para su creador. 36 Éste es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él. 37 El penetró los caminos de la sabiduría y se los enseñó a Jacob, su siervo; a Israel, su preferido. 38 Después apareció la sabiduría sobre la tierra y convivió con los hombres. 4,1 Ella es el libro de los mandatos de Dios, la ley que subsiste eternamente: todos los que la guardan tendrán vida, los que la abandonan morirán. 2 Vuélvete, Jacob, y abrázala, camina al resplandor de su luz. 3 No cedas a otro tu gloria ni tus privilegios a nación extranjera. 4 Dichosos nosotros, Israel, porque se nos ha revelado lo que agrada al Señor.
**• En profunda continuidad con la lectura precedente, el texto del profeta Baruc es un himno que exalta la belleza y la fuerza de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es fuente de la vida, manantial de toda gracia, el don más precioso que el Señor Dios ha dado a su pueblo. Sin embargo, ha sido descuidada, la han olvidado, no la han acogido. Aquí hay que buscar la causa de todos los males que afligen a Israel. Pero no hay que detenerse aquí; es preciso avivar en el corazón la certeza de que Dios es fiel y de que no retira su don: todavía es posible volver a la Palabra; es más, éste es el único camino para hallar de nuevo la paz, la sabiduría, la vida. Si todo esto es cierto para el pueblo del Antiguo Testamento, lo es mucho más para el nuevo Israel, la humanidad redimida por la sangre de Cristo. Pues la Palabra de Dios no es letra muerta, sino una Persona, Jesús mismo, el Hijo unigénito al que el Padre, en su inmenso amor, no perdonó, sino que nos entregó para devolvernos la vida. Si nuestro pecado fue la causa de la crucifixión, adherirnos ahora a él, seguirlo, vivir de acuerdo con el mandamiento nuevo, el mandamiento del amor que dejó a los suyos antes de su pasión, significa poner fin al destierro en el que el pecado nos sitúa, para entrar ya desde ahora en la morada de paz que es la comunión eterna con la Santísima Trinidad.
Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 La ley del Señor es
perfecta Los Mandatos del Señor
son rectos El temor del Señor es
puro Más preciosos que el
oro, Séptima lectura: Ezequiel 36,16-17a. 18-28 16 Recibí esta Palabra del Señor: 17 - Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su tierra la profanó con su conducta y sus acciones. 18 Yo me enfurecí contra ellos por haber cometido tantos asesinatos y haberse contaminado rindiendo culto a los ídolos. 19 Yo los he dispersado entre las naciones, los he esparcido por diversos países; los he juzgado según su conducta y sus acciones. 20 Al llegar a las diversas naciones, profanaron mi santo nombre, pues decían de ellos: "Son el pueblo del Señor y han tenido que abandonar su tierra". 21 Así que yo tuve que defender mi santo nombre profanado por el pueblo de Israel entre las naciones a las que fue. 22 Por eso, di a los israelitas: Esto dice el Señor: No hago esto por vosotros, pueblo de Israel, sino por mi santo nombre, que vosotros habéis profanado en medio de las naciones adonde fuisteis. 23 Haré que sea reconocida la grandeza de mi nombre, que vosotros profanasteis entre las naciones. Así, cuando haga que por medio de vosotros sea reconocida mi grandeza en presencia de las naciones, sabrán que yo soy el Señor. Oráculo del Señor. 24 Os tomaré de entre las naciones donde estáis, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra. 25 Os rociaré con agua pura y os purificaré de todas vuestras impurezas e idolatrías. 26 Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. 27 Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que viváis según mis mandamientos, observando y guardando mis leyes. 28 Viviréis en la tierra que di a vuestros antepasados; vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.
**• La última lectura propuesta del Antigua Testamento contiene un oráculo que carga las tintas y ofrece, por su mismo estilo, unos claros contrastes que nos llevan a reflexionar en la radical diversidad entre el modo de actuar del hombre y el de Dios. Con su infidelidad a la alianza, Israel ha contaminado con su pecado la tierra santa recibida como don, haciéndose indigna de ella. Castigado con el destierro con vistas al arrepentimiento, no se convirtió, sino que profanó más entre los gentiles el nombre de Dios. El mal engendra mal, acumulando nuevos motivos de condena, en una cadena que la fuerza humana no logra romper, sino que la hace más pesada aún. Aplastado por su perversidad, Israel -la humanidad entera- se siente condenado a muerte sin poder alegar ningún mérito para lograr la salvación. Pero he aquí el contraste: precisamente sin mérito alguno interviene la gratuidad de Dios, que nunca desespera del hombre y vincula indisolublemente la gloria de su nombre a la santidad de sus hijos de adopción. Al pueblo disperso y dividido le promete la vuelta a la patria; pero para que este regreso no sea sólo físico, sino más bien el comienzo de una nueva vida de comunión -anticipo de la vida eterna-, es preciso una purificación interior. Cambiará el corazón endurecido por el pecado, insensible a la Palabra de salvación, por un corazón de carne dócil y obediente; un corazón que se deja herir de amor y que por amor se convierte a su vez en capaz de sufrir; un corazón en el que el Espíritu pueda morar de modo estable, sugiriendo a cada instante lo santo, verdadero, noble y lo que agrada al Señor.
Salmo responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 Mi alma tiene sed
de Dios, del Dios vivo: Cómo entraba en el
recinto santo, Envía tu luz y tu
verdad: Me acercaré al altar de
Dios, O bien, puede leerse el siguiente
Salmo responsorial Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19 Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, Devuélveme la alegría de tu salvación, Los sacrificios no te satisfacen; Epístola: Romanos 6,3-11 3 Ignoráis acaso que todos a quienes el bautismo ha vinculado a Cristo hemos sido vinculados a su muerte? 4 En efecto, por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo, quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. 5 Porque si hemos sido injertados en Cristo a través de una muerte semejante a la suya, también compartiremos su resurrección. 6 Sabed que nuestra antigua condición pecadora quedó clavada en la cruz con Cristo para que, una vez destruido este cuerpo marcado por el pecado, no sirvamos ya más al pecado; 7 porque cuando uno muere, queda libre del pecado. 8 Por tanto, si hemos muerto con Cristo, confiemos en que también viviremos con él. 9 Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, no vuelve a morir, la muerte no tiene ya dominio sobre él. 10 Porque cuando murió, murió al pecado de una vez para siempre; su vivir, en cambio, es un vivir para Dios. 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios, en unión con Cristo Jesús.
*"• Con la muerte y resurrección de Cristo se ha realizado una radical transformación de todo el universo, pero de modo particular del hombre, que, de esclavo, se ha convertido en hijo de Dios. La vida nueva se concede gratuitamente, pero debe ser libremente acogida. Esta realidad se lleva a cabo mediante el rito del bautismo, con su doble significado de inmersión en la muerte de Cristo y de incorporación a él. Muerto así al pecado, el bautizado es miembro vivo de Cristo y desde ahora vive una vida resucitada que hace de él un ciudadano del cielo, aunque todavía sea peregrino en la tierra, continuamente asediado por el mal y tentado de volver a ser esclavo del pecado. La semilla de eternidad que el bautismo sacramental ha puesto en el hombre debe guardarse para que la gracia de una vida nueva se desarrolle en plenitud. En este sentido, el cristiano está llamado a combatir la batalla de la fe, pasando por muchas muertes y bautismos cotidianos, mediante los cuales participa siempre más íntimamente en la pasión de Cristo, que, aunque ya resucitado, permanece aún en la cruz hasta el final de los tiempos, cuando, completado el designio de salvación universal, podrá presentar al Padre a la humanidad entera como Esposa inmaculada, sin mancha ni arruga.
Aleluya, aleluya, aleluya Sal 117, 1-2. 16ab-17. 22-23 Dad gracias al Señor
porque es bueno, <<La
diestra del Señor es poderosa, La piedra que
desecharon los arquitectos Evangelio (Año B): Marcos 16,1-8 1 Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron perfumes para ir a embalsamar a Jesús. 2 El primer día de la semana, muy de madrugada, a la salida del sol, fueron al sepulcro. 3 Iban comentando: - Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero, al mirar, observaron que la piedra había sido ya corrida, y eso que era muy grande. 5 Cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, que iba vestido con una túnica blanca. Ellas se asustaron. 6 Pero él les dijo: - No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado. Ha resucitado; no está aquí. Mirad el lugar donde lo pusieron. 7 Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, tal como os dijo. 8 Ellas salieron huyendo del sepulcro, llenas de temor y asombro, y no dijeron nada a nadie por el miedo que tenían.
*" La atención narrativa de Marcos se centra en el dato concreto y en los elementos existenciales. Ciertos detalles prácticos presentan la escena: las mujeres, después de ponerse el sol, es decir, pasado el sábado, compraron aromas para "embalsamar" el cuerpo de Jesús (el equivalente a completar la unción fúnebre). Se ponen en camino, preocupadas (v. 3). Pero la tumba aparece extrañamente abierta, a pesar de las dimensiones de la losa que la sellaba, creando un clima de sorpresa que crece con la presencia inesperada de "un joven" vestido de blanco que aparece allí como esperando a las mujeres dentro del sepulcro... El anuncio que hace a las mujeres asustadas ayuda a identificarlo, porque "el joven" conoce su miedo y les infunde ánimos, como aparece siempre en las manifestaciones sobrenaturales de la Biblia (v. 6a). Incluso conoce las intenciones de las tres portadoras de los bálsamos. Finalmente les revela algo que de otro modo sería incomprensible: Jesús Nazareno, el Crucificado, ha resucitado (v. 6). Es la forma más concisa y primitiva del kérygma. Sigue la prueba de la tumba vacía y el envío con una misiva a los discípulos, entre los cuales sobresale la figura de Pedro: las mujeres, al contar lo acaecido, deberán recordar la cita que les dio Jesús en la última cena (Me 14,28). Jesús, refiriéndose a la profecía de Zacarías, se presentó entonces como verdadero pastor. Ahora, resucitado de entre los muertos (cf. Heb 13,20), camina delante de su rebaño (Jn 10,4). El recorrido del evangelio de Marcos se dirige no sólo a testimoniar a Cristo, sino también a "provocar" a los oyentes, a nosotros. Estamos llamados como las mujeres a buscar a Jesús y a dejarnos sorprender por el anuncio de su resurrección, acogiéndolo con fe. |
Domingo de Pascua de Resurección
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 10,34a.37-43
En aquellos días tomó Pedro la palabra y dijo: - Verdaderamente ahora comprendo que Dios no hace distinción de personas.
37 Ya conocéis lo que ha ocurrido en el país de los judíos, comenzando por Galilea, después del bautismo predicado por Juan.
38 Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con Espíritu Santo y poder. Él pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él.
39 Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. A él, a quien mataron colgándolo de un madero,
40 Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestase
41 no a todo el pueblo, sino a los testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos.
42 Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.
43 De él dan testimonio todos los profetas, afirmando que todo el que cree en él recibe el perdón de los pecados por medio de su nombre.
"*• Pedro, lleno del Espíritu Santo, resume en un denso y escultural discurso todo el itinerario de Jesús de Nazaret. Por medio de Pedro, que ya ha dejado caer las barreras de la estricta observancia judía, llega por primera vez a los paganos el anuncio de la salvación –el -kerigma-. Muchos de estos paganos llegan a la fe porque su corazón está abierto a la escucha.
Al relatarnos este discurso nos transmite Lucas algunos fragmentos auténticos del ministerio de la "primera evangelización" de la Iglesia naciente. El tema de la predicación es único: la persona misma de Jesús de Nazaret, el Mesías consagrado por Dios en el Espíritu Santo (v. 28). Los apóstoles pueden atestiguar que Jesús, durante su vida terrena, hizo milagros, curó a enfermos, liberó del maligno a los que estaban bajo el poder de Satanás. Con todo, la fe, el impulso misionero y la incontenible alegría de sus discípulos proceden de la experiencia del misterio pascual, del encuentro con Cristo resucitado, al que creían muerto para siempre.
Y de eso mismo dan testimonio: aquel Jesús que, rechazado, murió crucificado, "Dios lo resucitó", ratificando así la verdad de su predicación. Es importante señalar que la resurrección está atribuida aquí a Dios y no al propio poder de Cristo; eso es lo que atestigua la antigüedad de este fragmento kerigmático.
Y Pedro insiste en su fogosidad: no se trata de fábulas o sugestiones, sino de una realidad tan concreta que puede ser descrita con dos términos muy cotidianos: "Comimos y bebimos con él". Jesús se ha manifestado a "a los testigos elegidos de antemano por Dios", pero esta elección está orientada a una apertura católica, universal.
Los apóstoles han recibido el encargo de anunciar, porque todos deben saber que Dios ha constituido juez de vivos y muertos (cf. Dn 7,13; Mt 26,64) al Crucificado- Resucitado, que, mediante su propio sacrificio, ha obtenido la remisión de los pecados para todo el que cree en él (vv. 42s).
Salmo responsorial
Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23
Dad
gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de
Israel:
eterna es su misericordia.
<<La
diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir,
viviré
para contar las hazañas del Señor.
La
piera que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien
lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Segunda lectura: Colosenses 3,1-4
Hermanos:
1 Así pues, ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios.
2 Pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
3 Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios;
4 cuando aparezca Cristo, vuestra vida, entonces también vosotros aparecéis gloriosos con él.
**• En la Carta a los Colosenses -una de las llamadas "cartas de la cautividad"-, la reflexión de Pablo, que parte como siempre del acontecimiento pascual (cf. Col 1,12-14), llega a captar las dimensiones cósmicas del misterio de Cristo, denominado con algunos atributos fundamentales.
Es creador junto con el Padre (1,16), primogénito de la creación y nuevo Adán (1,15), cabeza del cuerpo que es la Iglesia y redentor del mundo (1,16-20). El cristiano, por medio del bautismo, que le hace partícipe de la muerte y resurrección del Señor, mediante una vida de fe que lleva a su pleno desarrollo el germen bautismal, se convierte en miembro vivo de Cristo. Esto trae consigo no sólo el compromiso de renunciar al pecado para caminar en una vida nueva, sino también una orientación resuelta a las realidades celestes, sostenida por la conciencia de nuestra propia identidad de hijos de Dios, peregrinos a la ciudad eterna, hacia la que, por una parte, tiende, mientras que, por otra -en Cristo resucitado-, se encuentra ya.
De ahí la necesidad de elegir bien y de buscar "las cosas de arriba", de acuerdo con una vida resucitada, celeste. De ahí procede asimismo la invitación a prescindir de todo lo que vuelve la vida demasiado exterior y vacua (3,3). El cristiano ha muerto "a las cosas de la tierra" y vive escondido en Aquel que vive. Cuando Cristo se manifieste en la gloria, entonces se revelará también, a los ojos de todos, la belleza espiritual de aquellos que, actuando por la fe en adhesión a Cristo en la vida diaria, han encontrado en él la unidad y la plenitud (3,4).
O bien:
Segunda lectura: 1 Corintios 5,6b-8
Hermanos: No sabéis que un poco de levadura hace fermentar toda la masa?
7 Suprimid la levadura vieja y sed masa nueva, como panes pascuales que sois, pues Cristo, que es nuestro cordero pascual, ha sido ya inmolado.
8 Así que celebremos fiesta, pero no con levadura vieja, que es la de la maldad y la perversidad, sino con los panes pascuales de la sinceridad y la verdad.
**• El encuentro con Cristo resucitado y vivo determina la conducta moral del cristiano, libre ahora de un sistema de normas más o menos severas o detalladas.
Por eso, Pablo, sin forzar las cosas en modo alguno, puede remitirse al misterio pascual cuando considera que debe intervenir con autoridad firme en ciertas situaciones lamentables que se dan en la comunidad de Corinto.
Pablo, refiriéndose al rito de la pascua judía, que Jesús llevó a cabo como memorial de su propia muerte salvífica, recuerda la costumbre de quemar antes de la fiesta toda la levadura vieja, en cuanto signo de corrupción que no debe contaminar la vida nueva (v. 7).
Vosotros mismos -dice a los corintios- debéis ser pan puro, nuevo, que Cristo consagra con la ofrenda de sí mismo. Él es la verdadera pascua, el cordero inmolado, cuya sangre nos protege del exterminador (Ex 12,12s).
El cristiano, consciente del alcance de ese sacrificio, está llamado a vivir en la novedad, eliminando de su corazón el fermento de las viejas costumbres, de los pequeños y de los grandes vicios con los que muestra connivencia, de suerte que pueda presentarse a Dios con autenticidad, como el pan nuevo de la pascua (v. 8).
Secuencia
Ofrezcan los
cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la
Pascua.
Cordero sin
pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva
alianza.
Lucharon vida y
muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es Vida,
triunfante se
levanta.
«¿Qué has visto
de camino,
María, en la mañana?».
«A mi Señor glorioso,
la tumba
abandonada.
Los ángeles
testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi
esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.
Primicia de los
muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no
manda.
Rey vencedor,
apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria
santa.
Evangelio: Juan 20,1-9
20,1 El domingo por la mañana, muy temprano, antes de salir el sol, María Magdalena se presentó en el sepulcro. Cuando vio que había sido rodada la piedra que tapaba la entrada,
2 se volvió corriendo a la ciudad para contárselo a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús tanto quería. Les dijo: - Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto.
3 Pedro y el otro discípulo se fueron rápidamente al sepulcro.
4 Salieron corriendo los dos juntos, pero el otro discípulo adelantó a Pedro y llegó antes que él.
5 Al asomarse al interior vio que las vendas de lino estaban allí, pero no entró.
6 Siguiéndole los pasos llegó Simón Pedro, que entró en el sepulcro
7 y comprobó que las vendas de lino estaban allí. Estaba también el paño que habían colocado sobre la cabeza de Jesús, pero no estaba con las vendas, sino doblado y colocado aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó.
9 (Y es que, hasta entonces, los discípulos no habían entendido la Escritura, según la cual Jesús tenía que resucitar de entre los muertos.)
**• Los discípulos, antes de encontrar al Señor resucitado, pasan por la dolorosa experiencia de la tumba vacía: constatan la ausencia del cuerpo de Jesús. El cuarto evangelista subraya sobremanera este elemento, introduciendo una dialéctica de visión-fe-visión espiritual que recorre de manera creciente los capítulos 20-21, interpelando también al lector y a todos aquellos que creen sin haber visto (20,29). En esta perícopa se expresa esto mismo mediante el uso de tres verbos diferentes, traducidos en nuestro texto por "ver y comprobar", y que indican matices diferentes (vv. 1.5; v. 7; v. 8).
Los relatos de la resurrección se abren con dos precisiones cronológicas: "El domingo por la mañana" y "muy temprano, antes de salir el sol". El día inicial de una nueva semana se convertirá así en el comienzo de una creación nueva, en verdadero "día del Señor" (dies dominica), en el que la fe amorosa, no iluminada todavía por la luz del Resucitado, camina, a pesar de todo, en la oscuridad y va más allá de la muerte.
María Magdalena es el prototipo de esta fidelidad. Al llegar al sepulcro -probablemente no sola, como muestra el plural del v. 2b- "captó con la mirada" (blépei, v. 1) que la piedra que tapaba la entrada había sido rodada.
Como dominada por la realidad que ve, no se da cuenta de nada más, y corre enseguida a denunciar la ausencia del Señor a Pedro -cuya importancia en los acontecimientos pascuales es realzada por toda la tradición y "al otro discípulo a quien Jesús tanto quería", probablemente el mismo Juan a quien remonta la tradición del cuarto evangelio. Este último fue el primero en llegar al sepulcro, pero no entró enseguida; también él "captó con la mirada" (blépei, v. 5) primero las vendas mortuorias de lino. Llega Pedro, entra y "se detiene a contemplar" {theoréi, v. 6) las vendas "mortuorias" -lo que permite pensar que se habían quedado en su sitio, aflojadas por estar vacías del cuerpo que contenían- y el sudario que cubría el rostro, enrollado en un lugar aparte.
El evangelista nos suministra unas notas preciosas. Resulta significativa la diferencia entre estos detalles y los correspondientes a la resurrección de Lázaro (11,44). El lento examen a que somete la mirada de Pedro cada detalle particular dentro del sepulcro vacío crea un clima de gran silencio, de expectante interrogación... "Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó" (v. 8). El verbo usado aquí es éiden; para comprender su significado basta con pensar que de él procede nuestra palabra "idea". Ahora el discípulo, al ver, intuye lo que ha sucedido. Pasa de la realidad que tiene delante a otra más escondida, llega a la fe, aunque se trata aún de una fe oscura, como muestran el v. 9 y la continuación del relato. De éste se desprende que la fe no es, para el hombre, una posesión estable, sino el comienzo de un camino de comunión con el Señor, una comunión que ha de ser mantenida viva y en la que hemos de ahondar más y más, para que llegue a la plenitud de vida con él en el reino de la luz infinita.
O bien se pueden leer los evangelios de la vigilia pascual (véase vol. 3): Mateo 28,1-10; Lucas 24,13-35
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MEDITATIO
"Mi alegría, Cristo, ha resucitado." Con estas palabras solía saludar san Serafín de Sarov a quienes le visitaban.
Con ello se convertía en mensajero de la alegría pascual en todo tiempo. En el día de pascua, y a través del relato evangélico, el anuncio de la resurrección se dirige a todos los hombres por los mismos ángeles y, después de ellos, por las piadosas mujeres a la vuelta del sepulcro, por los apóstoles y por los cristianos de las generaciones pasadas, ahora vivas para siempre en El que vive. Sus palabras son una invitación, casi una provocación. Esas palabras hacen resurgir en el corazón de cada uno de nosotros la pregunta fundamental de la vida: quién es Jesús para ti? Ahora bien, esta pregunta se quedaría para siempre como una herida dolorosamente abierta si no indicara al mismo tiempo el camino para encontrar la respuesta. No hemos de buscar entre los muertos al Autor de la vida. No encontraremos a Jesús en las páginas de los libros de historia o en las palabras de quienes lo describen como uno de tantos maestros de sabiduría de la humanidad. Él mismo, libre ya de las cadenas de la muerte, viene a nuestro encuentro; a lo largo del camino de la vida se nos concede encontrarnos con él, que no desdeña hacerse peregrino con el hombre peregrino, o mendigo, o simple hortelano.
Él, el Inaprensible, el totalmente Otro, se deja encontrar en su Iglesia, enviada a llevar la buena noticia de la resurrección hasta los confines de la tierra.
En consecuencia, sólo hay una cuestión importante de verdad: ponernos en camino al alba, no demorarnos más, encadenados como estamos por los prejuicios y los temores, sino vencer las tinieblas de la duda con la esperanza.
Por qué no habría de suceder todavía hoy que encontráramos al Señor vivo? Más aún, es cierto que puede suceder. El modo y el lugar serán diferentes, personalísimos para cada uno de nosotros. El resultado de este acontecimiento, en cambio, será único: la transformación radical de la persona. Encuentras a un hermano que no siente vergüenza de saludarte diciendo: "Mi alegría, Cristo ha resucitado"? Pues bien, puedes estar seguro de que ha encontrado a Cristo. Encuentras a alguien entregado por completo a los hermanos y absolutamente dedicado a las cosas del cielo? Pues bien, puedes estar seguro de que ha encontrado a Cristo...
Sigue sus pasos, espía su secreto y llegará también para ti esa hora tan deseada.
ORATIO
Haz, Señor, que también nosotros nos sintamos llamados, vistos, conocidos por ti, que eres el Presente, y podamos descubrir así el valor único de nuestra vida en medio de la inmensa multitud de las otras criaturas.
Danos un corazón humilde, abierto y disponible, para poder encontrarte y permitir que nos marques con tu sello divino, que es como una herida profunda, como un dolor y una alegría sin nombre: la certeza de estar hechos para ti, de pertenecerte y de no poder desear otra cosa que la comunión de vida contigo, nuestro único Señor.
A ti queremos acercarnos en esta mañana de pascua, con los pies desnudos de la esperanza, para tocarle con la mano vacía de la pobreza, para mirarte con los ojos puros del amor y escucharte con los oídos abiertos do la fe. Y mientras, angustiados, vamos hacia ti, invocamos tu nombre, que resuena como música y como canto en lo más íntimo de nuestro corazón, donde el Espíritu, con gemidos inefables, llora nuestro dolor y con dulzura y vigor nos envía por los caminos del amor.
CONTEMPLATIO
Estarás en condiciones de reconocer que tu espíritu ha resucitado plenamente en Cristo si puede decir con íntima convicción: "!Si Jesús vive, eso me basta!". Estas palabras expresan de verdad una adhesión profunda y digna de los amigos de Jesús. Cuan puro es el afecto que puede decir: "!Si Jesús vive, eso me basta!". Si él vive, vivo yo, porque mi alma está suspendida de él; más aún, él es mi vida y todo aquello de lo que tengo necesidad.
Qué puede faltarme, en efecto, si Jesús vive? Aun cuando me faltara todo, no me importa, con tal de que viva Jesús... Incluso si a él le complaciera que yo me faltara a mí mismo, me basta con que él viva, con tal que sea para él mismo. Sólo cuando el amor de Cristo absorba de este modo tan total el corazón del hombre, hasta el punto de que se abandone y se olvide de sí mismo y sólo se muestre sensible a Jesucristo y a todo lo relacionado con él, sólo entonces será perfecta en él la caridad (Guerrico de Igny, Serrno in Pascha, i, 5).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba" (Col 3,1).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
En el fluir confuso de los acontecimientos hemos descubierto un centro, hemos descubierto un punto de apoyo: !Cristo ha resucitado!
Existe una sola verdad: !Cristo ha resucitado! Existe una sola verdad dirigida a todos: !Cristo ha resucitado!
Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, entonces todo el mundo se habría vuelto completamente absurdo y Pilato hubiera tenido razón cuando preguntó con desdén: "Qué es la verdad?". Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, todas las cosas más preciosas se habrían vuelto indefectiblemente cenizas, la belleza se habría marchitado de manera irrevocable. Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, el puente entre la tierra y el cielo se habría hundido para siempre. Y nosotros habríamos perdido la una y el otro, porque no habríamos conocido el cielo, ni habríamos podido defendernos de la aniquilación de la tierra. Pero ha resucitado aquel ante el que somos eternamente culpables, y Pilato y Caifas se han visto cubiertos de infamia.
Un estremecimiento de júbilo desconcierta a la criatura, que exulta de pura alegría porque Cristo ha resucitado y llama junto a él a su Esposa: "!Levántate, amiga mía, hermosa mía, y ven!".
Llega
a su cumplimiento el gran misterio de la salvación. Crece la semilla de la vida
y renueva de manera misteriosa el corazón de la criatura. La Esposa y el
Espíritu dicen al Cordero: "!Ven!". La Esposa, gloriosa y esplendente de
su belleza primordial, encontrará al Cordero (P. Florenskij, // cuore
cherubico, Cásale Monferrato 1999, pp. 172-174, passim).