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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-
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Lunes, Octava de la Natividad del Señor, Santa María, Madre de Dios
Salmo responsorial Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 Que Dios tenga piedad
y nos bendiga, Que canten de alegría
las naciones, Oh Dios, que te alaben
los pueblos, Segunda lectura: Gálatas 4,4-7 Hermanos: 4 Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su propio Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, 5 para liberarnos de la sujeción a la ley y hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios. 6 Y la prueba de que sois hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: "Abba", es decir, "Padre". 7 De suerte que ya no eres siervo, sino hijo, y como hijo, también heredero por gracia de Dios. *+ El célebre texto paulino es un fragmento cristológico que nos habla de Jesús, de María, terreno fecundo que ha acogido al Hijo de Dios, y de la experiencia cristiana. La venida de Jesús al mundo ha señalado la plenitud del tiempo y ha cumplido las antiguas promesas de un retorno del hombre a la vida de comunión con Dios: "Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para liberarnos de la sujeción de la ley" (w. 4-5). Dios tuvo la iniciativa de enviar a su Hijo y el hombre ha sido elevado de nuevo a la dignidad de hijo. Jesús entró históricamente así a formar parte de la humanidad a título pleno, sometiéndose a las leyes y a las condiciones humanas, y la humanidad, de algún modo, se ha identificado con Cristo formando con él una realidad única (cf. Rom 1,3). Y todo esto a través del vientre de una mujer, como un hombre cualquiera, en plena y normal humanidad. Pablo nos presenta aquí el esquema de toda acción liberadora: inmersión de Cristo en la pobreza humana, autoliberación con su fuerza divina y atracción a sí de la humanidad. Esta misión del Hijo ha tenido un único objetivo: revelar el auténtico sentido de la vida y posibilitarnos el llegar a ser realmente hijos adoptivos del mismo Padre (v. 7; cf. Rom 8,15-17). Y los signos que el Apóstol evidencia de esta real transformación son la plegaria confiada que el Espíritu Santo suscita en el corazón del creyente, haciéndole decir: "Abba, Padre" (v. 6) y haciéndolo sentirse ante Dios no siervo sino libre, con la libertad del Hijo de Dios. Y, en este divino proyecto, María ha sido el instrumento privilegiado. Llamar a María "Madre de Dios" significa, pues, conocer el corazón del misterio de la encarnación y de la misma historia de la salvación.
Evangelio: Lucas 2,16-21 16 Los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de este niño. 18 Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores, se quedaban admirados. 19 María, por su parte, guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón. 20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído correspondía a cuanto les habían dicho. 21 A los ocho días, cuando lo circuncidaron, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel ya antes de la concepción.
**• De nuevo se proclama en la liturgia el evangelio de la misa de la aurora de Navidad, con el añadido del v. 21 referente a la circuncisión de Jesús. El tema de la lectura es una reflexión posterior sobre el misterio de la encarnación. Los pastores van a la gruta de Belén, encuentran al Niño en el pesebre y, luego de adorarlo, refieren el hecho y todos quedan maravillados (w. 16- 18). Después se vuelven a sus rebaños en la alegría y la alabanza por la extraordinaria experiencia vivida (v. 20). Pasados los ocho días del nacimiento del Niño, fue celebrado el rito de la circuncisión, mediante el cual él entró a formar parte del pueblo elegido (cf. Gn 17,2-17) y se le impuso el nombre "Jesús", que quiere decir: "Dios salva" (cf. Mt 1,21). Ante todos estos acontecimientos María conserva todo en su corazón y medita todas estas cosas, dándoles el justo sentido: "María guardaba todos esos recuerdos y los meditaba en su corazón" (v. 19). María aparece así como la Madre que sabe interpretar los hechos del Hijo. Hay, pues, diversas actitudes que se pueden asumir ante el Cristo: la búsqueda pronta y gozosa de los pastores, el asombro y la alabanza de aquellos que intervienen en el hecho, el relato a otros de la experiencia vivida. Para el evangelista sólo María adopta la postura del verdadero creyente, porque ella sabe guardar con sencillez lo que escucha y meditar con fe lo que ve, para ponerlo todo en su corazón y transformar en plegaria la salvación que Dios le ofrece.
MEDITATIO Desde hace varios años, el primer día del año civil se celebra en todo el mundo "la jornada de la paz" en nombre de María, madre de Dios y madre de la Iglesia. La paz (= Shalom) es el don mesiánico por excelencia que Jesús resucitado ha traído a sus discípulos (cf. Jn 20,19- 21); es la salvación de los hombres y la reconciliación definitiva con Dios. Pero la paz de Cristo es también la paz del hombre, rica en valores humanos, sociales y políticos, que encuentra su fundamento, para decirlo con la Pacem in terris de Juan XXIII, en las condiciones de verdad, de justicia, de amor y de libertad, que son los cuatro pilares sobre los que se erige el edificio de la paz. La constante bendición de Dios en la primera alianza, la acción de Cristo realizada en favor de toda la humanidad y de cada uno de sus componentes, el mismo nombre impuesto a Jesús, que evoca su misión de salvador, todos son hechos orientados en la línea de la paz, de la alianza, de la fraternidad. Dios no ha creado al hombre para la guerra, sino para la paz y la fraternidad. El mal en todas sus múltiples formas se contrarresta sólo con una constante educación en la paz. Aquella paz que la Virgen María, Reina de la paz, nos puede obtener del Padre: la shalom bíblica viene de Dios y está ligada a la justicia. La raíz de la paz, no obstante, reside en el corazón del hombre, esto es, en el rechazo de la idolatría, porque no hay paz sin verdadera conversión, no hay paz sin tensiones (cf. Mt 10,34). La paz de Cristo no es como la del mundo, porque la de Cristo exige que nos alejemos de la mentalidad mundana. Con la venida de Cristo la paz nos ha sido ofrecida a cada uno de nosotros, porque brota del corazón de Dios, que es amor.
ORATIO Al inicio de este nuevo año, Señor, te rezamos volviendo la mirada hacia María, a la que, siendo la madre de tu Hijo y madre nuestra, puede hacer posible la civilización del amor y de la paz para toda la humanidad. Primeramente te queremos agradecer el don precioso de María: tú la elegiste, como flor incomparable y preciosa de la humanidad, para que Jesús pudiera venir a nosotros a traernos tu Palabra de vida, a darnos el Espíritu Santo consolador de los corazones y para que nos pudiéramos dirigir a ti llamándote Padre. Haznos capaces de seguir los caminos del evangelio de la paz, como ha caminado María en su peregrinaje terreno, viviendo en el silencio y oculta en el hogar doméstico, permaneciendo abiertos al anuncio de la "alegre noticia" que nos ha traído tu Hijo, sabiendo afrontar las pruebas de la vida con humildad y fe profundas, y confiando en ti en la hora de nuestro retorno a la casa del Padre donde tú nos esperas. Te rogamos de modo especial por la paz del mundo, convencidos de que es un deber de todos conocer los problemas que están detrás de las graves divisiones actuales para compartir y sostener todo camino y toda propuesta de paz y de justicia. Suscita gobernantes y hombres de paz que sepan actuar de manera que el desarrollo sea posible a todas las gentes por igual, y que la solidaridad sea tal que los países ricos prevean intervenciones capaces de elevar económicamente incluso a los países más pobres. Pero haz capaz a cada hombre de comprender que la auténtica paz y la verdadera felicidad vienen de ti, que eres el Dios de la paz.
CONTEMPLATIO !Cantadlo a la espera del alba, cantadlo suave, en el duro oído del mundo! Cantadlo de rodillas, cantadlo como envueltos en un velo, como cantan las mujeres encinta: el Poderoso se ha hecho dócil, el Infinito pequeño, el Fuerte sereno, el Altísimo humilde (...). !Niño que vienes de la eternidad, quiero elevar un canto a tu Madre! !Mi canto debe ser bello como la nieve iluminada por el alba! !Alégrate, virgen María, hija de mi tierra, hermana de mi alma, alégrate, gozo de mi gozo! !Soy como un vagabundo en la noche, pero tú eres mi techo bajo el firmamento! !Soy una copa sedienta, pero tú eres el mar abierto del Señor! !Alégrate, virgen María! Dichosos los que te proclaman dichosa! !Ya ningún corazón humano temerá! Tengo un único deseo, quiero repetirlo a todos: !una de vosotras ha sido elegida por el Señor! !Dichosos aquellos que te proclaman dichosa! (Gertrud Von le Fort, Himnos a la Iglesia, Madrid 1995).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "María guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón" (Lc 2,19).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL María Virgen, que por el anuncio del ángel acogió al Verbo de Dios en su corazón y en su vientre y entregó la vida al mundo, es conocida y honrada como verdadera Madre de Dios Redentor. Redimida de manera tan eminente, en atención a los futuros méritos de su Hijo y a El unida con estrecho e indisoluble vínculo, está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas. Al mismo tiempo ella está unida a la estirpe de Adán con todos los hombres que han de ser salvados; más aún, es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son "miembros de aquella cabeza", por lo que también es saludada como miembro sobreeminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y caridad y a quien la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como Madre amantísima (LG 53). |
Martes, Octava de la Natividad del Señor,
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Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno Basilio de Cesárea de Capadocia, su hermano Gregorio de Nisa y su amigo Gregorio de Nacianzo son conocidos como los "padres capadocios". Ellos llevaron a la práctica las enseñanzas del Concilio de Nicea sobre la doctrina trinitaria. Basilio (329-379) nació en una familia profundamente cristiana y recibió una esmerada preparación humanística. Hizo amistad en Atenas con Gregorio de Nacianzo y con él abandonó el mundo, dando origen a una nueva forma de vida comunitaria (monacato basiliano). Ordenado sacerdote y consagrado después obispo de Cesárea, se prodigó en obras caritativas y dio esplendor al culto divino. Ha dejado un rico patrimonio de obras teológicas, espirituales y homiléticas y un precioso epistolario. También Gregorio de Nacianzo (330-389/390), como Basilio, respiró el cristianismo desde su nacimiento, momento en el que su piadosísima madre lo ofreció al Señor. Fue educado en las mejores escuelas y se convirtió en un excelente retórico. Le esperaban los más altos cargos civiles cuando abandonó el mundo. Ordenado sacerdote y, después, obispo de Constantinopla, siguió siendo siempre, en primer lugar, un místico, cantor apasionado de la Santísima Trinidad; como poeta y teólogo, revela en sus escritos la experiencia y la inteligencia de los misterios de Cristo.
LECTIO Primera lectura: 1 Juan 2,22-28 Hermanos: 22 Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Mesías? Ése es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo el que niega al Hijo, se queda sin el Padre; y todo el que acepta al Hijo, tiene también al Padre. 24 Vosotros debéis permanecer fíeles a lo que oísteis desde el principio. Si sois fieles a lo que oísteis desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. 25 Y ésta es la promesa que él nos ha hecho: la vida eterna. 26 Os he escrito estas cosas para poneros en guardia contra los que intentan seduciros. 27 En cuanto a vosotros, el Espíritu que habéis recibido de él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; antes bien, ese Espíritu, que es fuente de verdad y no de mentira, os enseña todas las cosas. Así pues, permaneced en él, conforme a lo que os enseñó. 28 Sí, hijos míos, permaneced en él, para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no nos veamos avergonzados ante él el día de su gloriosa venida.
** El fragmento revela las líneas esenciales de la falsa doctrina divulgada por los "anticristos" en una época atormentada del final del siglo primero: Jesús no es el Mesías, el Hijo de Dios. Esta herejía cristológica consideraba imposible que el Verbo se hubiese encarnado a la manera humana, auténtico escándalo para la mentalidad gnóstica. Pero para el apóstol Juan negar la divinidad de Jesús significaba no tener comunión con el Padre y la verdadera vida (w. 22-23); negar la unión de lo divino y lo humano en Jesús significaba ser "anticristo", porque lo humano en Jesús es el reflejo perfecto de lo divino, es el reflejo del Padre (cf. Jn 14,9). El cristiano debe permanecer fiel a la Palabra oída desde el principio, es decir, al misterio pascual en su integridad (muerte-resurrección) enseñado por los apóstoles. Sólo esta Palabra acogida en la fe, interiorizada y vivida en el Espíritu permite conservar la auténtica comunión con el Hijo y con el Padre (v. 24). Así pues, vivir en comunión con Dios significa poseer la promesa que Cristo ha hecho, es decir, "la vida eterna" (v. 25; 3,15; Jn 3,36). Y el creyente puede resistir al, seductor que enseña el error, vivir las radicales exigencias del evangelio y permanecer en la Palabra a la espera de la venida de Cristo porque ha recibido "la unción" del Espíritu Santo en el bautismo (v. 27). El Espíritu, fuerza interior que da la sabiduría, hace invencible y fuerte en la tentación al discípulo de Jesús, lo impulsa a la evangelización y lo hace confiado en el retorno del Señor (v. 28).
Salmo responsorial
Salmo 97
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque
ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria, su
santo brazo.
2
El
Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.
3
Se
acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
4
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
5
Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:
6
con
clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.
7
Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan;
8
aplaudan los ríos, aclamen los montes
9
al
Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia y los pueblos
con rectitud.
Evangelio: Juan 1,19-28 19 Los judíos de Jerusalén enviaron una comisión de sacerdotes y levitas para preguntar a Juan: -Tú, quién eres? 20 Su testimonio fue éste: -Yo no soy el Mesías. 21 Ellos le preguntaron: -Entonces, qué? Eres tú, acaso, Elías? Juan respondió: -No soy Elías. Volvieron a preguntarle: -Eres el profeta que esperamos? Él contestó: -No. 22 De nuevo insistieron: -Pues, quién eres? Tenemos que dar una respuesta a los que nos han enviado. Qué dices de ti mismo? 23 Entonces él, aplicándose las palabras del profeta Isaías, se presentó así: -Yo soy la voz del que clama en el desierto: allanad el camino del Señor. 24 Algunos miembros de la comisión eran fariseos. 25 Éstos le preguntaron: -Si no eres ni el Mesías, ni Elías, ni el profeta esperado, por qué razón bautizas? 26 Juan afirmó: -Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis. 27 Él viene detrás de mí, aunque yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. 28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
*" El texto es el testimonio del Bautista ante la delegación enviada por las autoridades de Jerusalén a Betania, al otro lado del Jordán (v. 28). A la pregunta: "Tú, quién eres?" (v. 19), el Bautista confiesa, evitando cualquier malentendido acerca de su propia persona y de su propia misión, que no es el Cristo, el Salvador escatológico esperado. Este testimonio negativo en boca del Bautista es una auténtica confesión de fe en el mesianismo de Jesús. Siguen otras preguntas de los enviados a las que el Testigo responde diciendo no ser ni Elías (cf. Mal 3,1-3.23; Me 9,11; Mt 7,10) ni el profeta (cf. Dt 18,15; 1 Mac 14,41), personajes esperados para el tiempo mesiánico. El desconcierto de sus interlocutores es grande. El Bautista continúa explicando su propia identidad, definiéndose a sí mismo con las palabras del Segundo Isaías: "Voz que clama en el desierto" (v. 23) y prepara el camino al Cristo (cf. Is 40,3). Él no es la luz, es sólo la lámpara que arde y que testimonia la luz verdadera. Él no es la Palabra encarnada, es sólo la voz que prepara el camino con la purificación de los pecados y la conversión del corazón. Y a la ulterior insistencia de los fariseos sobre el motivo de su bautismo, Juan replica: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis" (v. 26). El bautismo de Juan no es el del tiempo de la salvación, sino un rito de iniciación para prepararse a la acogida del Mesías, que se encuentra ya entre el pueblo. El Bautista acerca su propia persona a la de Cristo para poner de relieve la dignidad y grandeza de Jesús, cuya vida tiene dimensiones de eternidad: Juan no es digno de prestarle el más humilde de los servicios: desatarle las sandalias. El testimonio del Bautista pretende, pues, suscitar la fe en todo hombre hacia el gran desconocido, el portador de la salvación, que vive entre los hombres.
MEDITATIO Si es verdad que cada santo es una ilustración viva del Evangelio, esto vale de modo particular en el caso de los amigos capadocios Basilio y Gregorio, testigos de la fidelidad y de la belleza del ideal cristiano vivido y realizado en plenitud. Basilio, con su fuerte personalidad de líder, de hombre de acción, y Gregorio, elevadísimo poeta y teólogo, nos muestran con su vida qué significa asistir a la escuela de la verdadera sabiduría y recibir como don el Espíritu, que escruta también las profundidades de Dios. "El mundo tiene necesidad de santos dotados de genio" (S. Weil): los dos grandes amigos, a los que veneramos en esta memoria como obispos y doctores de la Iglesia, han alcanzado por la caridad de Cristo lo que les ha hecho obradores del bien al servicio de los hermanos y cantores admirados de la belleza de Dios. Desde su juventud habían afirmado: "Para nosotros era una cosa grande y un gran nombre ser cristianos y ser llamados cristianos", y mantuvieron durante toda su vida la fe en su amistad porque vivieron "acrecentando el misterio santo y nuevo de Cristo, de quien habían recibido el nombre con que eran llamados". Esto les convirtió de verdad en sal y luz no sólo para su tiempo, sino para toda la Iglesia, en todos los tiempos.
ORATIO "!Oh tú, el más allá de todo!, cómo llamarte con otro nombre? No hay palabra que te exprese ni espíritu que te comprenda. Ninguna inteligencia puede concebirte. Sólo tú eres inefable, y cuanto se diga ha salido de ti. Sólo tú eres incognoscible, y cuanto se piense ha salido de ti. Todos los seres te celebran, los que hablan y los que son mudos. Todos los seres te rinden homenaje, los que piensan y los que no piensan. El deseo universal, el gemido de todos, suspira por ti. Todo cuanto existe te ora, y hasta ti eleva un himno de silencio todo ser capaz de leer tu universo. Cuanto permanece, en ti solo permanece. En ti desemboca el movimiento del universo. Eres el fin de todos los seres; eres único. Eres todos y no eres nadie. No eres un ser solo ni el conjunto de todos ellos. Cómo puedo llamarte, si tienes todos los nombres? !Oh tú, el único a quien no se puede nombrar!, qué espíritu celeste podrá penetrar las nubes que velan el mismo cielo? Ten piedad, oh tú, el más allá de todo: cómo llamarte con otro nombre?".
CONTEMPLATIO Hacia el Espíritu Santo dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos como un riego que les ayuda en la consecución de su fin propio y natural. Por él los corazones se elevan a lo alto, por su mano son conducidos los débiles, por él los que caminan tras la virtud llegan a la perfección. Es él quien ilumina a los que se han purificado de sus culpas y quien, al comunicarse a ellos, los vuelve espirituales. Como los cuerpos limpios y transparentes se vuelven brillantes cuando reciben un rayo de sol y despiden de ellos mismos como una nueva luz, del mismo modo las almas portadoras del Espíritu Santo se vuelven plenamente espirituales y transmiten la gracia a los demás (Basilio Magno, Sobre el Espíritu Santo IX, 22ss, passim).
ACTIO Repite con frecuencia hoy, orando con san Basilio: "Obremos fielmente la verdad en la caridad" (Basilio, Moraba, Reg. LXXX, 22).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Llevando en el corazón los interrogantes, las aspiraciones y las experiencias a las que he aludido, mi pensamiento se dirige al patrimonio cristiano de Oriente. No pretendo describirlo ni interpretarlo: me pongo a la escucha de las Iglesias de Oriente que sé que son intérpretes vivas del tesoro tradicional conservado por ellas. Al contemplarlo aparecen ante mis ojos elementos de gran significado para una comprensión más plena e íntegra de la experiencia cristiana y, por tanto, para dar una respuesta cristiana más completa a las expectativas de los hombres y mujeres de hoy. En efecto, con respecto a cualquier otra cultura, el Oriente cristiano desempeña un papel único y privilegiado, por ser el marco originario de la Iglesia primitiva. La tradición oriental cristiana implica un modo de acoger, comprender y vivir la fe en el Señor Jesús. En este sentido, está muy cerca de la tradición cristiana de Occidente que nace y se alimenta de la misma fe. Con todo, se diferencia también de ella, legítima y admirablemente, puesto que el cristiano oriental tiene un modo propio de sentir y de comprender, y, por tanto, también un modo original de vivir su relación con el Salvador. Quiero aquí acercarme con respeto y reverencia al acto de adoración que expresan esas Iglesias, sin tratar de detenerme en un punto teológico específico, surgido a lo largo de los siglos en oposición polémica durante el debate entre occidentales y orientales. Ya desde sus orígenes, el Oriente cristiano se muestra multiforme en su interior, capaz de asumir los rasgos característicos de cada cultura y con sumo respeto por cada comunidad particular. No podemos por menos de agradecer a Dios, con profunda emoción, la admirable variedad con la que nos ha permitido formar, con teselas diversas, un mosaico tan rico y hermoso. En la divinización y sobre todo en los sacramentos, la teología oriental atribuye un papel muy particular al Espíritu Santo: por el poder del Espíritu que habita en el hombre, la deificación comienza ya en la tierra, la criatura es transfigurada y se inaugura el Reino de Dios. La enseñanza de los padres capadocios sobre la divinización ha pasado a la tradición de todas las Iglesias orientales y constituye parte de su patrimonio común. Se puede resumir en el pensamiento ya expresado por san Ireneo al final del siglo II: Dios se ha hecho hijo del hombre para que el hombre llegue a ser hijo de Dios. Esta teología de la divinización sigue siendo uno de los logros más apreciados por el pensamiento cristiano oriental. En este camino de divinización nos preceden aquellos a quienes la gracia y el esfuerzo por la senda del bien hizo "muy semejantes" a Cristo: los mártires y los santos. Y entre éstos ocupa un lugar muy particular la Virgen María, de la que brotó el Vástago de Jesé (cf. Is 11, 1). Su figura no es sólo la Madre que nos espera, sino también la Purísima que como realización de tantas prefiguraciones veterotestamentarias es icono de la Iglesia, símbolo y anticipación de la humanidad transfigurada por la gracia, modelo y esperanza segura para cuantos avanzan hacia la Jerusalén del cielo (Juan Pablo II, Oriéntale lumen, nn. 5 y 6). |
Miércoles, Octava de la Natividad del Señor,
Santísimo Nombre de Jesús
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LECTIO
Primera lectura: 1 Juan 2,29-3,6
29 Si sabéis que Él es justo, reconoced también que todo el que
practica la justicia ha nacido de Él.
1 Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta
el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo no
nos conoce, porque no lo ha conocido a Él.
2 Queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha manifestado
lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a
Él, porque lo veremos tal cual es.
3 Todo el que tiene en Él esta esperanza se purifica a sí mismo, como
Él es puro.
4Todo el que peca, se hace culpable de la iniquidad, porque el pecado
es la iniquidad.
5 Sabéis que Él se ha manifestado para borrar los pecados, y que en
Él no hay pecado.
6 El que permanece en Él, no peca. Todo el que peca, ni lo ha visto
ni lo ha conocido.
*•• El tema de la perícopa es Jesús justo, sin pecado, que ha sido
obediente a la voluntad del Padre y es modelo para el cristiano (2,29;
3,3). También el fiel, que vive en la justicia, es hijo de Dios (3,1) y
no comete pecado (3,9; 4,7; 5,1.4.18). El obrar cristiano demuestra el
nuevo nacimiento. Para Juan las expresiones «hijo de Dios» (w.
1-2) y «haber nacido de Dios» (v. 29) significan ser hombre
nuevo, llamado a caminar por una vida nueva, imitando al Padre en una
progresiva asimilación y comunión con él, que se convertirá en
identificación en la visión cara a cara (cf. 1 Cor 13,12).
El valor de nuestra fe reside y aumenta en el hecho de que somos hijos
de Dios, salvados por un Padre que nos ama y que nos inspira confianza.
El mundo que lo rechaza con el pecado, aliándose con el anticristo,
desprecia y no comprende a Jesús, no ama a sus discípulos, actúa contra
la ley de Dios (v. 4), pertenece a la esfera del maligno y se opone al
reino mesiánico. El que, por el contrarío, se adhiere al Señor, que se
ha hecho pecado por nosotros, está libre de pecado, recibiendo de Cristo
la fuerza para superar el mal y vencerlo (v. 6).
Pero, ¿cuándo puede decir el creyente que experimenta auténticamente el
amor de Dios? La respuesta del Apóstol es clara: cuando no comete
pecado, obra con justicia y se mantiene puro, siguiendo el camino que
Cristo ha recorrido: el de la cruz, o sea el del amor llevado hasta amar
al enemigo.
Salmo responsorial
Salmo 97
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque
ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria, su
santo brazo.
2
El
Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.
3
Se
acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
4
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
5
Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:
6
con
clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.
7
Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan;
8
aplaudan los ríos, aclamen los montes
9
al
Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia y los pueblos
con rectitud.
Evangelio: Juan 1,29-34
29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo:
-Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 A éste me refería yo cuando dije: «Detrás de mí viene uno que ha
sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo».
31 Yo mismo no lo conocía; pero la razón de mi bautismo era que él se
manifestara a Israel.
32 Juan prosiguió: -Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo
como una paloma y permanecía sobre él.
33 Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me
dijo: «Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él,
ése es quien bautizará con Espíritu Santo».
34 Y como lo he visto, doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.
*» La escena está caracterizada por el encuentro del Bautista con Jesús.
La atención del fragmento se vuelca sobre el contenido de la solemne
proclamación del Testigo, en un contexto de revelación mesiánica. Es el
hombre de Dios que "ve" por primera vez a Jesús. Éste "viene" del Padre
y camina desconocido entre la multitud, a la que le une su condición
humana, y el Bautista exclama: «He aquí el Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo» (v. 29b). El símbolo del cordero reclama varios
textos: el cordero pascual (cf. Ex 12,1-28; 29,38-46), el Siervo
doliente (cf. Is 42,1-4; 52,13-53,12). Jesús es el Cordero-Siervo
obediente al Padre, el que cancela las culpas de los hombres y les
comunica la vida nueva con sus sufrimientos y su muerte en la cruz. El
testimonio del Bautista se refiere, además, al modo en que ha visto al
Espíritu Santo bajar sobre el Mesías. Es el Testigo mismo el que ve al
Espíritu sobre Jesús «bajar del cielo como una paloma» (v. 32).
La imagen de la paloma, en el ambiente judaico-antiguo, indicaba a
Israel: el Espíritu que baja en forma de paloma es anuncio de la
generación del nuevo Israel de Dios, que comienza con Jesús y constituye
el fruto maduro de la venida del Espíritu. Ésta es la época de la
purificación y del verdadero conocimiento de Dios a través del Espíritu.
El Espíritu baja sobre Jesús y "permanece" en él de un modo pleno y
estable (cf. Is 11,2-3). Él es la nueva morada de Dios, el templo del
Espíritu, fuente perenne de salvación para todos. Es durante la teofanía
del bautismo de Jesús cuando el Bautista reconoce al Mesías. Ahora puede
testimoniar que Jesús es el Hijo de Dios (v. 34), el que «bautiza con
el Espíritu Santo» (v. 33), esto es, da el Espíritu a todo discípulo
y lo llena de este don, prometido para la era de la salvación.
MEDITATIO
El testimonio del Bautista no tiene su finalidad en sí mismo. Tiene por
objetivo suscitar la fe del discípulo en la persona de Jesús. El
Bautista ha visto al Espíritu "permanecer" sobre Jesús. Esta certeza
provoca el anuncio de que Jesús es verdaderamente el Mesías, el Elegido
de Dios (cf. Is 42,1). El testimonio de Jesús "Hijo de Dios" se hace eco
de las palabras pronunciadas por el Padre en el bautismo: «Éste es mi
Hijo amado» (cf. Me 1,11; Mt 3,17; Le 3,22).
El testimonio de Juan ha caracterizado dos épocas: la del bautismo
«con agua» (v. 31) y la del bautismo «en el Espíritu» (v.
33). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en las aguas del Jordán
es el inicio de la salvación y de los tiempos nuevos: ha comenzado para
la humanidad su camino de retorno al Padre, se ha puesto en marcha la
creación del nuevo Israel. Hasta el evento del Jordán el Espíritu moraba
en Jesús, escondido en el silencio y desconocido; sólo ahora, con la
confirmación de lo alto, el Padre lo consagra en su misión profética y
mesiánica. Cada creyente es el hijo esperado sobre el que se posa el
Espíritu del Señor y está llamado a dar testimonio de que el único
camino de salvación para el hombre es el recorrido por Cristo y no las
fáciles ilusiones prometidas por otros libertadores de movimientos
políticos, sociales y religiosos. Quien nace del misterio de Cristo
muerto y resucitado puede anunciar a los hermanos el camino de la
salvación y proponerla con eficacia a través del signo del amor y de la
entrega de sí.
ORATIO
Señor, enviándonos a tu Hijo como Salvador has hecho posible nuestra
liberación del pecado y de la muerte y has restablecido nuestra comunión
contigo. Con sólo nuestras fuerzas no nos hubiera sido posible obtener
todo esto, y tú, sabiendo bien de qué pasta estamos hechos, nos has
enviado a Cristo, tu Hijo unigénito, que nos ha hecho de nuevo hijos
tuyos y sus hermanos. Has hecho bajar a tu Espíritu sobre Jesús para que
él pudiese iniciar su misión en la tierra y borrar todas nuestras
iniquidades.
Nosotros hoy somos conscientes de todos estos dones y, en especial, del
don del bautismo con el que nos hemos convertido en verdaderos hijos
tuyos. Señor, haznos comprender cada vez más este inmenso don y que lo
hagamos crecer en nosotros con un camino espiritual que nos haga adultos
en la fe, generosos en el amor a nuestros hermanos y testigos creíbles
de tu evangelio entre aquellos que aún no han acogido tu salvación. Te
pedimos en nombre de Jesús tu Hijo, el Cordero sin mancha, que los que
viven en la indiferencia y en el ateísmo sean sacudidos de su aparente
tranquilidad y reconozcan en Jesús el auténtico sentido de la vida y,
hechos hijos tuyos por medio del Espíritu Santo, experimenten tu ternura
de Padre.
Sabemos, Señor, que por la muerte de Jesús nos has dado la vida y que
todos nosotros podemos continuar la misión de tu Hijo en el mundo para
crear una humanidad nueva, más fraterna, sin divisiones ni guerras,
unida en el signo del amor que nos ha enseñado Jesús.
CONTEMPLATIO
«Me he
hecho débil con los débiles para ganar a los débiles; me he hecho todo
para todos»
(1 Cor 9,22). Por esto él quiere ser un
niño pequeño: para que tú puedas llegar a ser un hombre perfecto. Él fue
envuelto en pañales, para que tú fueses liberado de los lazos de la
muerte; Él en el establo, para ponerte a ti sobre altares; Él en la
tierra, para que tú alcanzases las estrellas; Él no encontró sitio en la
posada, para que tú tuvieses en el cielo muchas moradas. «De rico que
era», está escrito, «se hizo pobre por vosotros, para que
vosotros fueseis ricos con su pobreza» (2 Cor 8,9). Aquella
indigencia es, por tanto, mi riqueza y la debilidad del Señor es mi
fuerza. Ha preferido para sí las privaciones, para tener qué dar en
abundancia a todos. El llanto de su infancia en vagidos es un lavado
para mí, aquellas lágrimas han lavado mis pecados.
Señor Jesús, me siento más en deuda contigo por tus ultrajes para mi
redención, que por tu poder para mi creación. Nos hubiera sido inútil
nacer, si no hubiera sido la ocasión para ser redimidos (San Ambrosio,
Tratado sobre el evangelio de Lucas, II, 41).
ACTIO
Repite a menudo y vive hoy la Palabra:
«Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el
punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos»
(1 Jn 3,1).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Hemos sido bautizados. Dios no nos ha conquistado sólo mediante
ideas y teorías o mediante piadosas disposiciones de ánimo y
sentimientos, sino mediante la acción corpórea realizada con su fuerza,
mediante la acción realizada sobre nosotros a través de sus ministros en
el bautismo. Este es nuestro consuelo y nuestra confianza: Dios se ha
comprometido con nosotros solemne y públicamente y ha derramado su
Espíritu de amor en nuestros corazones desde los primeros días de
nuestra vida.
Este claro testimonio de Dios es más importante que el testimonio
ambiguo de nuestro corazón cansado, débil y amargamente vacío. Dios nos
ha dicho en el bautismo: Tú eres hijo mío y templo de mi Espíritu. ¿Qué
vale frente a semejantes palabras nuestra experiencia cotidiana, según
la cual parecemos ser pobres criaturas abandonadas por Dios y por el
Espíritu?
Creemos en Dios más que en nosotros mismos. Somos bautizados. Y el
suave Espíritu del buen Dios reside en lo más profundo de nuestro ser,
quizás allí donde no logramos penetrar con nuestra deficiente sicología.
Allí, el Espíritu clama al Dios eterno: Abba, Padre. Allí, el Espíritu
nos dice a nosotros: Hijo, hijo verdaderamente amado con amor infinito.
¡Somos bautizados! (K. Rahner, El año litúrgico, Barcelona 1968). |
Jueves, Octava de la Natividad del Señor,
|
LECTIO
Primera lectura: 1 Juan 3,7-10
7 Hijos míos, que nadie os engañe. Quien practica la justicia es
justo, como Él es justo.
8 Quien comete pecado procede del diablo, porque desde el principio
el diablo peca. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras
del diablo.
9 El que ha nacido de Dios no comete pecado, porque la semilla divina
permanece en Él; no puede pecar, porque ha nacido de Dios.
10 La distinción entre los hijos de Dios y los del diablo es Ésta:
quien no practica la justicia, y quien no ama a su hermano, no es de
Dios.
**• Juan, frente a la herejía gnóstica, afirma que el criterio
distintivo de los hijos de Dios es una conducta recta y justa: «Quien
practica la justicia es justo» (v. 7), como Jesús, que acató la
voluntad del Padre. Por el contrario, «quien comete pecado procede
del diablo» (v. 8). El combate entre el bien y el mal, entre Cristo
y Satán, implica también al cristiano. El pecado, en efecto, es
contrario al mundo de Dios y el que peca no puede ser hijo de Dios, sino
hijo del diablo, porque Cristo es el vencedor del mal. Él ha instaurado
los tiempos de la salvación (cf. 1,7; 2,2; 3,5) y llama a sus seguidores
a combatir el pecado (cf. Heb 12,1-4), a practicar la justicia (cf.
2,29; 3,10). Se puede, pues, poseer la filiación divina o la filiación
humana: la primera procede de la acción de Dios en el corazón del
creyente que se abre al Espíritu; la segunda nace en el corazón del que
rechaza a Dios y vende el propio corazón al diablo. Así, «Quien ha
nacido de Dios no comete pecado» (v. 9) porque «una semilla
divina», esto es, la Palabra de Dios, rica por la fuerza del
Espíritu, habita en el cristiano y lo colma (cf. Jn 3,5; Me 4,3-8.14-20;
Rom 8,14; Tit 3,5).
El hijo de Dios, que hace crecer y fructificar en sí la semilla de la
Palabra, no podrá pecar jamás, porque ha hecho sitio a Dios,
permaneciendo en Cristo, que actúa en su vida. La condición esencial,
sin embargo, es la apertura constante al Espíritu de Dios viviendo una
actitud de conversión continua. Entonces los signos concretos del
cristiano serán la disponibilidad a la voluntad de Dios y el amor
fraterno (v. 10).
Salmo responsorial
Salmo 97
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque
ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria, su
santo brazo.
2
El
Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.
3
Se
acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
4
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
5
Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:
6
con
clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.
7
Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan;
8
aplaudan los ríos, aclamen los montes
9
al
Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia y los pueblos
con rectitud.
Evangelio: Juan 1,35-42
35 Al día siguiente, Juan se encontraba en aquel mismo lugar con dos
de sus discípulos.
36 De pronto vio a Jesús que pasaba por allí, y dijo: -Éste es el
Cordero de Dios.
37 Los dos discípulos le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús.
38 Jesús se volvió y, viendo que lo seguían, les preguntó: -¿Qué
buscáis? Ellos contestaron: -Rabí (que quiere decir Maestro), ¿dónde
vives?
38 Él les respondió:
40 Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan era
Andrés, el hermano de Simón Pedro.
41 Encontró Andrés en primer lugar a su propio hermano Simón y le
dijo: -Hemos encontrado al Mesías (que quiere decir Cristo).
42 Y lo llevó a Jesús. Jesús, al verlo, le dijo: -Tú eres Simón, hijo
de Juan; en adelante te llamarás Cefas (es decir, Pedro).
*» Es el segundo testimonio público del Bautista sobre Jesús el que
provoca el seguimiento de algunos de sus discípulos tras el Maestro (w.
35-37). El texto presenta, armónicamente fundidos, el hecho histórico de
la llamada de los primeros discípulos, descrito como descubrimiento del
misterio de Cristo, y el mensaje teológico sobre la fe y sobre el
seguimiento de Jesús. En este fragmento el evangelista nos presenta los
rasgos característicos del verdadero camino para poder convertirse en
discípulos de Cristo. Todo comienza con el testimonio y el anuncio de un
testigo cualificado, en este caso el del Bautista («Éste es el
Cordero de Dios»: v. 36), al que sigue un camino de auténtico
discipulado («Siguieron a Jesús»: v. 37). Este seguimiento
florece más tarde en un encuentro hecho de experiencia personal y de
comunión con el Maestro («fueron... vieron... se quedaron con Él»:
w. 38-39). El coloquio entre Jesús y los discípulos versa sobre el
sentido existencial de la identidad del Maestro que los invita a una
experiencia de vida con él.
Esta experiencia de intimidad termina con una profesión de fe («hemos
encontrado al Mesías»: v. 41), que sucesivamente se hace apostolado
y misión. En efecto, Andrés, después de haber hecho tal experiencia,
conduce a su hermano hasta Jesús, que le cambia el nombre de Simón por
Pedro, esto es, Cefas, para indicar la misión que desarrollará en la
Iglesia.
El interés fundamental del fragmento se concentra, pues, sobre el origen
de la fe y de su transmisión mediante el testimonio. Estamos ante un
itinerario de fe y ante el descubrimiento del misterio de Jesús, a
través del gradual conocimiento y adhesión de los discípulos, luego de
la primera manifestación de Jesús como Mesías.
MEDITATIO
Leyendo el evangelio uno queda fascinado por el misterio de la persona
de Jesús y por su gran humanidad, que colma y satisface las aspiraciones
fundamentales del hombre. Buscar quién es Jesús es descubrirlo a través
del comportamiento de las personas que se encuentran con Él. Penetrar en
el misterio de Jesús significa observar el mundo que lo rodea y
descubrir el modo en que él se relaciona con los otros. La llamada de
discípulos tras el Maestro es un hecho que se repite en todo tiempo de
la Iglesia. Es importante que un testigo sepa leer los acontecimientos
de su vida y, penetrando por experiencia en lo íntimo del corazón de
Jesús, sepa indicarlo a los otros. También la misión del Bautista,
cuando Jesús se presentó en el Jordán, estaba para terminar: el amigo
del esposo debe saber retirarse cuando llega el esposo (cf. Jn 3,29-30)
para ceder el puesto a otro. Jesús, que no es de este mundo sino que
viene del Padre, debe tomar la iniciativa en la vida de todo hombre.
Él pasa siempre entre nosotros, esperando que alguno recoja el
testimonio de quien lo anuncia. En la vida de cada uno de nosotros hay
un día, un encuentro que ha marcado un cambio radical de nuestra
existencia: la llamada personal e imprevisible de Dios con vistas a
nuestra misión. Con frecuencia Él, para llamarnos, se sirve de otros
"Juan Bautista", que pueden ser los padres, un amigo, un sacerdote, un
libro, un retiro espiritual u otra cosa, pero es Él quien nos llama a
seguirlo para construir un mundo nuevo. El peligro es que pase en vano
por nosotros, por no haberlo escuchado atentamente.
ORATIO
Señor, cada día somos llamados a optar por pertenecerte o rechazarte. Es
absurdo, además de peligroso, intentar conciliar lo incompatible. Has
puesto en nuestros corazones de creyentes una fuerza, un germen
divino: tu Palabra vivificada por el Espíritu Santo. Ella nos
posibilita resistir al antiguo tentador y vencer el mal.
Tú nos dijiste con palabras del evangelista Juan que «el que ha
nacido de Dios no puede pecar» (1 Jn 3,9), porque somos tus hijos y
para nosotros vivir es pertenecerte. Esta impecabilidad, sin embargo, no
es una realidad ya adquirida sino, más bien, una conquista personal por
realizar día a día con tu ayuda y con renuncias, sacrificios,
mortificaciones, haciendo fructificar las semillas que son tu Palabra y
tu gracia. Recibimos las dos en el bautismo y continuamente las
alimentas con las innumerables gracias actuales que tú, Señor, das a
quienes creen en ti. Nuestro compromiso quiere ser, pues, el de decirte
"sí" en el "dejarnos hacer" por tu Espíritu, poniendo en práctica tu
Palabra para "obrar en justicia", que es compromiso de amor fraterno y
entrega de nuestra vida a quien tiene necesidad de nuestra ayuda.
Señor, haz que en nuestra existencia cotidiana te sepamos buscar siempre
con el mismo deseo de los primeros discípulos. A veces te buscamos sin
saber quién eres ni dónde podemos encontrarte. Haznos ver cuál es tu
morada en nuestro mundo y haz que nuestras fuerzas estén siempre al
servicio de los pequeños y de los pobres, entre los cuales has elegido
vivir.
CONTEMPLATIO
Hijo de Dios, en tu amor has venido a nosotros para hacer nuevas todas
las cosas. Dame tu amor para que yo hable de tu amor a quien me escucha.
Dios Altísimo, tú bajaste de los cielos para habitar con nosotros,
pecadores.
Para que yo pueda contar la belleza de tu amor, concédeme subir donde tú
habitas. En tu amor ardiente permite que mi boca anuncie con garra tu
buena noticia, concédeme cantar a plena voz tu gloria entre las gentes
de esta tierra.
Venid, hermanos amadísimos. Hemos nacido de un solo bautismo. Queremos
amar: el amor es la riqueza grande de quien lo posee. Por el agua
bautismal habéis llegado a ser hermanos del Hijo único. Venid, pues, y
gustemos con sabiduría cuanto habla del amor. Hoy me conmuevo al
hablaros del amor. El amor es delicia, venid y gustad su salvación. Sólo
si el amor entra en tu corazón, tus pensamientos se harán luminosos como
luz. Sí, tu inteligencia se abrirá a los misterios de Dios (Giacomo de
Sarug, Cántico dell'Amor, en Fascicoli di meditazione 39,
3-5).
ACTIO
Repite a menudo y vive hoy la Palabra:
«Lo acompañaron, vieron donde vivía y se quedaron aquel día con Él»
(Jn 1,39).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
«Maestro, ¿dónde vives?».
Enséñame los caminos que conducen a mí mismo, revélame el refugio
profundo que tu amor gratuito ha querido construirse en lo íntimo de mi
ser. Haz que, recorriendo hacia atrás uno tras otro los senderos de mi
vida consciente, reencuentre siempre en sus orígenes tu gracia
misericordiosa que previene mis iniciativas y me ofrece mis verdaderos
valores (...).
El Señor está presente también en las pequeñas ocasiones en que nos
ofrece hacer el bien o aceptar el sufrimiento; está presente en estas
modestias moradas como en las hostias consagradas: bajo las especies de
la contrariedad fortuita, del visitante inoportuno, de la enfermedad
fastidiosa o del trabajo ingrato, de un sacrificio que se nos pide, de
una obediencia mediocre. Bajo estas especies está presente moralmente,
como está presente corporalmente bajo las especies eucarísticas. Y mi
vida transcurre próxima a estas moradas; y el curso tortuoso de mis
jornadas lo encuentra en cada momento. Pero yo soy demasiado ciego para
advertirlo y descuido las ocasiones de hacer el bien o de aceptar el
sufrimiento, como se descuidan las casas deshabitadas o los tugurios en
ruinas ¡unto a la carretera.
«Venid y ved».
Señor, ábreme los ojos: que yo aprenda a conocerte en cada una de
tus presencias humildes y aprenda a encontrarte en la prosa santificante
de mi deber cotidiano. Porque tú habitas justo aquí. Y es en este deber
humilde, sea cual sea, donde estoy seguro de encontrarte, no sólo de
paso y como furtivamente, sino de modo estable y permanente... (P.
Charles, La priére des hommes, París 1957). |
Viernes, Octava de la Natividad del Señor,
|
LECTIO
Primera lectura: 1 Juan 3,11-21
Hermanos:
11 Éste es el mensaje que habéis oído desde el principio es que
debemos amarnos los unos a los otros.
12
No como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. Y ¿por qué
lo mató? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano
eran buenas.
13
No os extrañéis, hermanos, si el mundo os odia.
14 Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque
amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte.
15Todo
el que odia a su hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida posee
vida eterna.
16 En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Él ha dado su vida
por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por nuestros
hermanos.
17 Si alguien que tiene bienes de este mundo ve a su hermano en
necesidad y no se apiada de Él, ¿cómo puede permanecer en Él el amor de
Dios?
18 Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con hechos y
de verdad.
19
En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos la conciencia
tranquila ante Dios, aporque si ella nos condena, Dios es más grande que
nuestra conciencia y conoce todas las cosas.
21 Queridos míos, si nuestra conciencia no nos condena, podemos
acercarnos a Dios con confianza.
*+•
El motivo fundamental de la buena noticia cristiana es el de la
caridad fraterna y generosa desde el primer momento de la conversión
(2,7-11). Sólo el amor auténtico a los hermanos salva y da vida, después
de haber destruido la muerte (v. 14; Jn 5,24). El contrario del amor es
el odio, el que impulsó a Caín a matar al justo Abel, el que movió a los
incrédulos, enemigos de Dios, a matar a Cristo y a sus discípulos (cf.
Jn 15,20). El odio es el signo de que este mundo está inmerso en la
muerte y es la causa de su propia ruina con la práctica de la mentira y
con una neta cerrazón a la verdad (w. 12,15). El amor a los hermanos,
por el contrario, injerta al hombre en el reino de la vida (v. 14) y
permite gestos concretos de amor ante las necesidades del prójimo (w.
17-18).
La práctica del verdadero amor es la vivida por Jesús, que dio su prueba
suprema de bondad entregando la propia vida (Jn 10,11.15-18). Hacia este
alto ideal toda comunidad cristiana debe crecer y fructificar como
comunión de amor (cf. Jn 15,12-13; Hch 4,32). La plena disponibilidad
que Cristo ha demostrado sobre la cruz debe animar al cristiano a vivir
también la forma más alta del amor: el «amaos unos a otros como yo os
he amado» (Jn 15,12), y debe tener presente que el amor sin obras
está muerto. Entonces, dar y compartir los propios bienes (w. 17-18)
será siempre una obligación para aquellos que con confianza se han
comprometido en el seguimiento de Cristo (w. 19-21; Jn 21,17), seguros
de que «Dios es más grande que nuestro corazón». Con esta
condición el discípulo vivirá en la paz y el amor del Padre.
Salmo responsorial
Salmo 99
Aclama al Señor, tierra entera,
2
servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con aclamaciones.
3
Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
4
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
5
«El Señor es bueno, su
misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las
edades».
Evangelio: Juan 1,43-51
43 Al día siguiente, Jesús decidió partir para Galilea. Encontró a
Felipe y le dijo: -Sigúeme.
44 Felipe era de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro.
45 Felipe se encontró con Natanael y le dijo: -Hemos encontrado a
aquel de quien escribió Moisés en el libro de la ley, y del que hablaron
también los profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.
46 Exclamó Natanael: -¿Nazaret? ¿Es que de Nazaret puede salir algo
bueno? Felipe le contestó: -Ven y lo verás.
47 Cuando Jesús vio a Natanael, que venía hacia él, comentó: -Éste es
un verdadero israelita, en quien no hay doblez alguna.
48 Natanael le preguntó: -¿De qué me conoces? Jesús respondió: -Antes
de que Felipe te llamara, te vi yo, cuando estabas debajo de la higuera.
49 Entonces Natanael exclamó: -Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú
eres el Rey de Israel.
50 Jesús prosiguió: -¿Te basta para creer el haberte dicho que te vi
debajo de la higuera? ¡Verás cosas mucho más grandes que ésa!
51 Y añadió Jesús: -Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los
ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del nombre.
**• La escena describe la vocación de Felipe y de Natanael, modelo de
discipulado y de seguimiento, que tiene analogías con los relatos de
llamada narrados en los sinópticos (cf. Me 2,14; Mt 8,22; 9,9; 19,21; Le
9,59). Los hechos no se desarrollan junto al Jordán, sino mientras Jesús
camina hacia Galilea. Ha comenzado el tiempo de su misión.
Es un sucederse y un intercambiarse de miradas y de encuentros. Jesús se
propone primero a Felipe en el marco de los acontecimientos cotidianos,
llamándolo a su seguimiento. Después, Felipe invita a Natanael a
encontrar a Jesús: «Ven y verás» (v. 46). Felipe no intenta
aclarar o resolver la duda inicial del compañero, sino que prefiere
invitarlo a una experiencia personal con el Maestro, la misma que ha
vivido él anteriormente y que ha cambiado su vida. Sólo la fe ayuda a
superar los motivos de escándalo y de autosuficiencia humana. Y Jesús la
suscita realmente en Natanael, que consiente en acoger el misterio del
Hijo del hombre. Jesús revela al futuro discípulo su conocimiento
personal porque en él no hay doblez: él es el verdadero israelita
piadoso y recto, apasionado por la Escritura, que sabe confesar su
propia pobreza ante Dios (cf. Sal 22).
El hombre, tocado en lo íntimo de su ser, por la alabanza del Maestro y
por el profundo conocimiento que este tiene de él, se rinde a la
evidencia y reconoce en Jesús al Mesías, y confiesa: «Tú eres el Hijo
de Dios, Tú eres el rey de Israel» (v. 49). Natanael, como los otros
discípulos que lo han precedido en el encuentro con Cristo, se encuentra
en el nivel de la fe auténtica y abierta a ulteriores revelaciones que
Jesús hará inmediatamente (w. 50-51). Jesús es el Mesías prometido y
esperado para el fin de los tiempos.
MEDITATIO
Muchas veces el evangelio se concentra en el misterio del Jesús terreno.
Él es el hijo de José, de la pequeña aldea de Nazaret. Es de origen
humilde pero tiene la fuerza y la autoridad para decir: «Sigúeme»
(Jn 1,43). Jesús invita al hombre a buscarlo porque sólo se deja
encontrar por los que lo buscan. Una serie de experiencias de los
discípulos (cf. Jn 1,35-51) permite penetrar en el misterio. Este se
abre con el «permanecer con» Jesús y se concluye con la exultante
alegría de la confesión de fe en el Mesías, sobre quien suben y bajan
los ángeles de Dios (cf. Jn 1,51).
En el testimonio de fe de los discípulos participa también el cielo.
Jesús es verdaderamente el único revelador de Dios y el eslabón que liga
al hombre con el cielo. También todo cristiano auténtico está ante la
"casa de Dios" y a las "puertas del cielo", prefiguradas por la persona
histórica de Jesús, donde se contempla el misterio del "Hijo del hombre"
(cf. Dn 7,13). El hombre Jesús es el Hijo del hombre, es el Verbo
encarnado y el hombre glorificado por la resurrección, que revela con
autoridad al Padre. Es la gloria de Dios, es el nexo de unión de cielo y
tierra, es el mediador entre Dios y los hombres, es la nueva escala de
Jacob, de la que Dios se sirve para dialogar con el hombre. En Jesús
encuentra el hombre el espacio ideal para experimentar la acción
salvífica de Dios, cuya aceptación o rechazo por parte del hombre
comporta un juicio de salvación o de condena (cf. Jn 3,14; 11,51;
12,32).
La progresión en la revelación del misterio tiene dos razones: una
objetiva, que hace referencia al misterio mismo que conserva su zona de
sombra, y otra subjetiva, en cuanto es necesario que todo hombre
conquiste su madurez mediante la experiencia, que es nuestro modo de
crecer. A todo creyente corresponde recorrer este itinerario
experiencial.
ORATIO
Señor Jesús, brota espontánea una pregunta ante la palabra del apóstol
Juan que nos interpela: ¿cómo debemos comportarnos para vivir como
verdaderos hijos de Dios? Por su mediación, Tú nos has indicado el
camino a seguir, el del amor fraterno, practicado no sólo con palabras,
sino «con hechos y en la verdad» (cf. 1 Jn 3,18). Es el camino de
un amor llevado hasta dar la vida por los otros, de un amor sincero y
desinteresado que incluye también al propio enemigo. No siempre resulta
fácil practicar este exigente camino.
Pero Tú nos has indicado también el camino para practicar este precepto
tuyo: empezar a buscarte y a responder a tus llamadas cotidianas, para
llegar, poco a poco, a vivir la realidad más exigente del evangelio. De
todos modos necesitamos, Señor, que Tú nos guíes y nos corrijas cuando
nos desviamos del camino justo, porque solos no podemos hacer nada, sin
tu ayuda y tu mano que nos guía. Toma siempre la iniciativa en nuestra
vida y no te canses de llamarnos una y otra vez a Ti.
Llévanos gradualmente a descubrir que Tú eres el único Señor de nuestra
vida y que a través de ti podemos alcanzar al Padre tuyo y Padre
nuestro. Queremos vivir en el único amor divino que es rico en sorpresas
continuas.
Señor Jesús, tu mirada, que revela tu humanidad y tu divinidad, nos
ayude a acercarnos a ti con mirada sencilla y sincera, como la de tus
primeros discípulos, para tener siempre confianza en cada hombre,
nuestro hermano.
CONTEMPLATIO
Nuestro Padre celestial, desde la eternidad, nos ha llamado y nos ha
elegido en su Hijo amado y, con su mano amorosa, ha escrito nuestros
nombres en el libro viviente de la eterna Sabiduría: nosotros, pues,
debemos corresponder a su amor con todas nuestras fuerzas. Justamente
así comienzan todos los cantos de los ángeles y de los hombres, los
cantos que nunca tendrán fin.
La primera melodía del canto celestial es el amor hacia Dios y hacia el
prójimo: Dios Padre ha enviado a su Hijo para enseñárnosla. Jesucristo,
el que nos ha amado desde siempre, desde el día de su concepción en el
vientre santo de la Virgen, cantaba en su espíritu gloria y honor a su
Padre del cielo, serenidad y paz a todos los hombres de buena voluntad.
Y, en efecto, todo cuanto de más sublime y más gozoso se puede cantar en
el cielo y en la tierra es precisamente esto: amar a Dios y amar al
prójimo por referencia a Dios, por Dios y en Dios. Cristo, que es
nuestro cantor y maestro de coro, ha cantado desde el principio y
entonará para nosotros eternamente el cántico de la fidelidad y del amor
sin fin. Y también nosotros, con todas nuestras fuerzas, cantaremos tras
él, sea aquí abajo en la tierra, sea en el coro de la gloria de Dios
(beato Juan Ruysbroeck, Les sept degrés de l'amour spirituel,
Bruselas 1922, 248-249).
ACTIO
Repite a menudo y vive hoy la Palabra:
«Aunque nuestra conciencia nos condene, Dios es más grande que nuestra
conciencia»
(1 Jn 3,20).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Amad sobre todo a los pobres, los pequeños, los pecadores, los
despreciados que son a su vez la más viva encarnación de Cristo, las
ovejas más amadas y predilectas de su grey. Amadlos como son, con su
aspecto de miseria y de pecado. Este es su mayor título para vuestro
amor. El Salvador no ha venido por los justos, sino por los pecadores.
"Hacerse uno de ellos" es enriquecerse con su contacto, despojándose de
la ilusión de deber llevarles siempre alguna cosa. Esto requiere un alma
totalmente abierta y disponible.
El amor, el auténtico amor, es muy exigente: amar como ama Cristo
Jesús; estar dispuestos a dar la propia vida como Jesús por los
pequeños, los más miserables de nuestros hermanos. Es por esto, y sólo
por esto, que seréis reconocidos como sus discípulos y sus amigos.
Preferid siempre a los más pequeños de entre los pobres, los que el
mundo rechaza, los que no encuentran otro lugar donde refugiarse que
bajo los arcos del acueducto o los fosos de las ruinas romanas (...). Id
en busca del miserable, del condenado, del culpable que se esconde y
tiene vergüenza, preguntándose quién podrá amarlo aún como amigo. Por
esto buscamos aproximarnos a los encarcelados en la miseria moral de sus
prisiones (Magdalena de Jesús, 8ran/ di lettere alie Piccole Sorelle,
inédito). |
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Epifanía del Señor
Salmo responsorial Salmo 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13 Dios mío, confía tu
juicio al rey, En sus días florezca
la justicia Los reyes de Tarsis y
de las islas Él librará al pobre
que clamaba, Segunda lectura: Efesios 3,2-3a.5-6 Hermanos: 2 Os supongo enterados de la misión que Dios en su gracia me ha confiado con respecto a vosotros: 3 Se trata del misterio que se me dio a conocer por revelación . 5 Un misterio que no fue dado a conocer a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas; 6 un misterio que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del evangelio. **• Pablo reconoce que la misión que se le ha confiado es la de llevar el evangelio a los gentiles, y explica que el designio salvífico de Dios, concerniente a la humanidad entera llamada a caminar a la luz del único Dios y Padre, ha llegado ya a su plenitud. Y este secreto del misterio de Dios es la llamada a la universalidad y a la unidad de los pueblos: "los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo" (v. 6). Y el Apóstol se siente impulsado, como colaborador de esta misión de Jesús, a trabajar por la difusión del evangelio. El verdadero signo e instrumento de esta visión universal de la salvación querida por Dios es la Iglesia. Ésta tiene como tarea la unidad de los pueblos, sea llevando a todos a la fe en Jesús mediante el anuncio del evangelio, sea tratando de crear vínculos de comunión y de fraternidad, a pesar de las apariencias y de las múltiples diversidades. Ante un mundo todavía dividido, pero deseoso de comunión, se proclama con alegría y con fe que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la distinción, que él llama a todos a participar en la comunión trinitaria. En efecto, mediante la comunión con Jesús, cabeza de la Iglesia, es posible la comunión auténtica entre los hombres. Esta unidad y paz universal, que siempre ha buscado el hombre de todos los tiempos, está ahora al alcance de todos por el nacimiento del Hijo de Dios. Es él el que ha hecho realidad el misterio de Dios, esto es, reunir a todas las gentes. Porque a esto hemos sido llamados: a vivir en la paz como verdaderos hermanos y a permanecer unidos como hijos del mismo Padre.
Evangelio: Mateo 2,1-12 1 Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea, en tiempo del rey Herodes. Por entonces unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén, 2 preguntando: -Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo. 3 Al oír esto, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. 4 Entonces convocó a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 5 Ellos le respondieron: -En Belén de Judea, pues así está escrito en el profeta: 6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, ni mucho menos, la menor entre las ciudades principales de Judá; porque de ti saldrá un jefe, que será pastor de mi pueblo, Israel. 7 Entonces Herodes, llamando aparte a los sabios, hizo que le informaran con exactitud acerca del momento en que había aparecido la estrella, 8 y los envió a Belén con este encargo: -Id e informaos bien sobre ese niño; y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarlo. 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se paró encima de donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella, se llenaron de una inmensa alegría. 11 Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y lo adoraron postrados en tierra. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. 12 Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su país por otro camino.
**• La epifanía es la manifestación pública de la salvación traída por Jesús, Rey universal. Mateo ilumina el relato bíblico con algunos elementos históricos y con referencias del Antiguo Testamento (cf. Is 60,1-6; Nm 23-24; 1 Re 10,1-13; Miq 5,1), y nos habla de una revelación extraordinaria que conduce a los Magos o sabios a descubrir al Rey de los Judíos, como Rey del universo. Respecto a los Magos, sólo en el siglo V fue fijado su número (en base a los dones ofrecidos) y en el siglo VIII les fueron dados los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero para Mateo, los Magos son personajes ilustres, primicia de los paganos, que exaltan la dignidad de Jesús, protagonista del evangelio: ellos lo buscan ("Dónde está el rey de los Judíos, que acaba de nacer?": v. 2), reconocen al Mesías {"Postrándose en tierra lo adoraron ": v. 11) y apreciaron su sencillez y pobreza ("Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro (al rey), incienso (a Dios) y mirra (al hombre)": v. 1 lbc). Por el contrario, Herodes y Jerusalén se turban ante la noticia del nacimiento del Mesías (v. 3) y lo buscan para matarlo. El niño nacido en Belén es el portador de la buena nueva. Pero asume, sin embargo, el rostro de un prófugo, porque se ve obligado a huir a Egipto. Es el Mesías buscado y rechazado, porque su bandera será la cruz. Jesús es signo de contradicción: marginado por su pueblo y buscado con esperanza por los de lejos. Belén, entonces, será la nueva Sión, la ciudad universal de las naciones (w. 5-6.8), y Jerusalén será descartada. El nuevo pueblo de Dios, heredero de las antiguas promesas, es la continuación del antiguo, pero estará formado por todos aquellos que buscan y reconocen "la estrella de la mañana" (2 Pe 1,19) con disponibilidad interior.
MEDITATIO Epifanía quiere decir "manifestación" y la Palabra de Dios en esta solemnidad está centrada toda sobre Jesús Mesías, Rey y Salvador universal de las naciones. No ha venido sólo para Israel, sino también para los paganos, es decir, para toda la familia humana. La venida de los Magos es el inicio de la unidad de las naciones, que se realizará plenamente en la fe en Jesús, cuando todos los hombres se sientan hijos del mismo Padre y hermanos entre ellos. Los Magos, como primeros "escuchadores" y testigos de Cristo, son tipo y preludio de una más grande multitud de "verdaderos adoradores", que constituirá la mies espiritual de los tiempos mesiánicos. Jesús es el sembrador, que trae la buena semilla, de la Palabra para todos; el Espíritu ha hecho madurar la semilla y la Iglesia está invitada a recoger el abundante fruto sembrado con la revelación de Jesús y fecundado con su muerte. Como de la vida de comunión y de amor entre el Padre y el Hijo ha derivado la misión de Jesús, así de la intimidad entre Jesús y la Iglesia surge la misión de los discípulos: crear la unidad entre las razas, pueblos y lenguas. Es la Palabra la que crea la unidad en el amor entre los creyentes de todos los tiempos. A través de ella nace la fe y se establece en el corazón del hombre abierto a la verdad en una existencia vital en Dios, que hace al hombre contemporáneo pertenencia de Cristo. A quienes lo buscan con corazón sincero, Jesús les ofrece unidad en la fe y en el amor. En este ambiente vital todos se hacen "uno" en la medida en que acogen a Jesús y creen en su palabra: "Seremos una sola cosa no por poder creer sino porque habremos creído" (san Agustín). En Jesús todos pueden ser una sola cosa y descubrir que la plenitud de la vida consiste en entregarse a Cristo y a los hermanos, y esto es amar en la unidad.
ORATIO Padre santo, que nos has enviado a tu Hijo como salvador universal de los pueblos, te alabamos por la manifestación de Jesús, nuestro rey. Es un rey sin corona, o más aún, con corona de espinas, porque es en su pasión donde se puede comprender el auténtico significado de su soberanía, una realeza bastante distinta de la que buscan los hombres. Te bendecimos, Padre, por Jesús salvador universal. Vino para salvar a todos y para reunir a los hijos de Dios dispersos. No más ya una comunidad dividida y contrapuesta, sino una familia reunida, que camina en la luz y el esplendor de tu gloria. Todos, judíos y paganos, estamos "llamados en Cristo a participar de la misma herencia, a formar un mismo cuerpo" (Ef 3,6), y la venida de los Magos constituye el inicio de esta paz universal de las naciones. Señor, queremos comprender cada vez mejor que la solución de la tensión entre universalidad y elección que tantas veces nos ha puesto unos contra otros se resuelve en el entender que la elección es servicio a todo hombre. Haz, Señor, que la Iglesia entera sepa, como los Magos, caminar siempre hacia Belén para adorar al rey universal de las gentes pero, al mismo tiempo, sepa desde Belén dirigirse al mundo para desempeñar la misión que Jesús le ha confiado, esto es, la de ir al encuentro de todos. Para que la comunidad cristiana, mientras va en busca de los alejados y de quienes se sienten excluidos, sepa llamarlos a la esperanza y a la vida, sin olvidar que la violencia que pueda sufrir de parte de los hombres forma parte de la misma misión.
CONTEMPLATIO La estrella se detuvo sobre el lugar en que se encontraba el Niño. Al ver la estrella de nuevo, los Magos se llenaron de inmensa alegría. Acojamos también nosotros en nuestro corazón ese gran gozo. La misma alegría anuncian los ángeles a los pastores. Adorémosle junto con los Magos, démosle gloria con los pastores, exultemos con los ángeles, "porque nos ha nacido un Salvador: Cristo, el Señor" (Le 2,11). "Dios, el Señor, es nuestra luz" (Sal 118,27): no en la forma de Dios, para no aterrorizar nuestra debilidad, sino en forma de siervo, para traer la libertad a quien yacía en la esclavitud. Es fiesta para toda la creación: el cielo ha sido dado a la tierra, las estrellas miran desde el cielo, los Magos dejan su país, la tierra se concentra en una gruta. No hay uno que no lleve algún presente, ninguno que no vaya agradecido. Celebremos la salvación del mundo, la Navidad del género humano. Unámonos a cuantos acogieron festivos al Señor. Y sea concedido también a nosotros encontrarnos con ellos para contemplar con mirada pura, como reflejada en un espejo, la gloria del Señor, para ser transformados también nosotros de gloria en gloria, por gracia y bondad de nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria y la soberanía por los siglos de los siglos. Amén (San Basilio Magno, Homilías, 6).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "!Levántate, brilla, porque viene tu luz!" (Is 60,1).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Tú que estás por encima de nosotros, Tú que eres uno de nosotros, Tú que estás también en nosotros, puedan todos verte también en mí, pueda yo prepararte el camino, pueda yo darte gracias por cuanto me sucede. Pueda yo no olvidar en ello las necesidades de los otros. Móntenme en tu amor como quieres que todos vivan en el mío. Que todo en mi ser se encamine a tu gloria y que yo no desespere jamás. Porque estoy en tus manos, y en ti todo es fuerza y bondad. Dame sentidos puros, para verte... Dame sentidos humildes, para oírte... Dame sentidos de amor, para servirte... Dame sentidos de fe, para morar en ti... (Dag Hammarskjóld). |
Lunes de la I semana del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera lectura: 1 Samuel 1,1-8
1 Había un hombre, natural de Rama, un sufita de los montes de Efraín, que se llamaba Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Eliú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita.
2 Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Feniná. Feniná tenía hijos, pero Ana no los tenía.
3 Este hombre subía todos los años desde su pueblo a adorar y ofrecer sacrificios al Señor todopoderoso en Silo, donde los hijos de Eli, Jofní y Pinjas, eran sacerdotes del Señor.
4 Llegado el día, Elcaná ofrecía el sacrificio y daba a su mujer Feniná y a todos sus hijos e hijas sus raciones;
5 mientras que a Ana le daba sólo una, y eso que él prefería a Ana; pero el Señor la había hecho estéril.
6 Su rival la insultaba para humillarla porque el Señor la había hecho estéril.
7 Y así, año tras año; cada vez que subían al templo del Señor, le insultaba de este modo. Una vez Ana se puso a llorar y no quería comer.
8 Entonces su marido Elcaná le dijo: - Ana, por qué lloras y no comes? Por qué estás triste? No valgo yo para ti más que diez hijos?
**• Según algunos investigadores, los libros de Samuel son los más modernos de toda la Biblia. Dios se hace presente en el hombre, y el hombre es un hombre "verdadero", un hombre que es pecador, aunque también generoso y con todas las contradicciones propias del ser humano. Dios ya no se manifiesta. Está presente en la piedad de David, en su generosidad, en el arrepentimiento por su pecado. El hombre es el sacramento de Dios. El carácter propio de los libros de Samuel es este humanismo, cuya figura más prestigiosa es David.
Sin embargo, hay una multitud de personajes vivos que forman su corona: Samuel, Saúl, Jonatán... Lo primero que debemos destacar es esto: da la impresión de que Dios interviene cuando parece que todo ha llegado al final. Y así sucede en todo el desarrollo del libro: Israel está derrotado; parece excluida cualquier posibilidad de salvación; todo parece acabado. Pero en lo oculto, en medio del silencio, prepara Dios la resurrección de la nación. A un niño, llevado por su madre a servir en el templo, se le va a confiar el mensaje de la derrota, pero con este mismo mensaje se le concederá también el comienzo de una nueva era para el pueblo de Dios. Va a ser Samuel quien consagre al primer rey de Israel. Ana concibe y da a luz un hijo. Tras el llanto, la oración. Hay un cierto vínculo entre la oración y la concesión de lo que se pide. Samuel será una de las más grandes "figuras" veterotestamentarias de Jesús, en quien se cumplirán las promesas de Dios.
Salmo responsorial
Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.
Salmo 115, 12-13. 15-16. 17-18
¿Cómo
pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la
salvación,
invocando el nombre del Señor.
Mucho le
cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré
un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al
Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Evangelio: Marcos 1,14-20
14 Después de que Juan fue arrestado, marchó Jesús a Galilea, proclamando la Buena Noticia de Dios.
15 Decía: - Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.
16 Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que estaban echando las redes en el lago, pues eran pescadores.
17 Jesús les dijo: - Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres.
18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron.
19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes.
20 Jesús los llamó también, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
*•• Estos versículos muestran de manera concreta lo que significa la llamada de Jesús: "Creed en el Evangelio" (v. 15). Muestran la actitud nueva y radical del cristiano.
Las dos escenas de vocación están estructuradas del mismo modo. Señalemos el dinamismo de la llamada: el Jesús que llama está siempre en movimiento. Se trata, en efecto, de la llamada a un nuevo éxodo, hacia el camino inaudito y nuevo del Evangelio: "Venid detrás de mí" (v. 17). "Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron." Todo este dinamismo se desprende de la mirada y de la llamada de Jesús. No se trata de una iniciativa que parte del hombre, no se trata de un camino del hombre, sino del camino de Dios entre los hombres. La confianza y la entrega a la persona de Jesús hacen posible el seguimiento. Está claro que ir con Jesús es una perspectiva que reclama las opciones indicadas aquí de modo vago con el verbo "dejar": se trata de un dejar con la mirada puesta en una realización; de un dejar que no empobrece. Es posible dejar? Sí, porque él nos precede con una mirada penetrante que realiza y devana una identidad: es la mirada con la que Jesús nos invita, creando una relación personal con cada uno. El Jesús que pasa y ve, dice una palabra en este momento presente, pero es una palabra cargada con una promesa futura, que se convierte en la estructura de todo abandono y de todo seguimiento. Jesús va al encuentro del hombre en su vida cotidiana para cambiar su destino. Jesús proyecta, mediante su ver y su fijarse, una especie de energía.
Se trata de una mirada que elige, que transmite una fuerza, que revela una identidad y la hace posible. Jesús no ve a pescadores, sino a personas que tienen un nombre y desarrollan una profesión; una mirada que los hace despegar de las arenas movedizas en las que habían caído.
MEDITATIO
Ana conoce por propia experiencia la dureza de las relaciones humanas. Es una persona que, como otras muchas, junto al dolor agudo de la propia pobreza personal, debe experimentar la aflicción de la humillación que le infligen los otros. Y a esto le añade aún una nota ulterior de tristeza el hecho de que todo esto lo produzca una persona implicada en la práctica religiosa.
Esto mismo puede pasar también en nuestros días. A las normas cultuales, observadas de modo sereno, no les acompaña una obligada atención para instaurar relaciones marcadas por la fraternidad. El culto a Dios no prosigue, tras la obligada preocupación por nosotros mismos, en la escrupulosa atención a las pasiones que se agitan en nosotros y pueden causar heridas a nuestro hermano, sino que se eclipsa con la explosión de sentimientos espontáneos que son vividos hasta alcanzar una brutalidad lacerante.
Particularmente preciosa se presenta la actitud benévola de Elcaná, que pone todo su empeño en consolar y pacificar a la mujer amada. Se muestra como un hombre que, al encontrar en el templo la misericordia y la ternura de Dios, es capaz de reproducirla en el ámbito familiar. El tiempo nuevo que se está gestando, inaugurado por el Señor, tiene como característica dominante la creación de nuevas relaciones marcadas por la misericordia.
Por otra parte, por haberla manifestado de una manera radical en su existencia terrena, el Verbo que nos habló ha sido definido como "irradiación de la gloria de Dios e impronta de su sustancia".
ORATIO
Te invoco, Señor de mi vida; a ti dirijo mis deseos y mis palabras. Haz que yo escuche tu voz. Ella me llama, desde el mar en que nos debatimos para no ahogarnos, a ti, orilla por la que suspiramos. Que tu Palabra nos encuentre dispuestos a dejar y cortar las redes de las que tú nos liberas, redes que nos mantienen atados a lo que está destinado a morir.
Haz que nuestra mirada pueda reconocerte en los acontecimientos cotidianos, que nuestro corazón vuelva a pensar en ti y que encuentren paz los pensamientos.
Que nuestro afecto permanezca estrechamente ligado a ti y florezcan la amistad y la fraternidad en nuestra tierra.
Que la justicia, la paz y la alegría vuelvan a reinar entre los hombres.
CONTEMPLATIO
No quieras buscar ninguna cosa fuera del Señor; busca al Señor y él te escuchará; y mientras todavía estés hablando, te dirá: "Estoy aquí". Qué significa "Estoy aquí"? Estoy presente. Qué quieres, qué esperas de mí? Todo lo que puedo darte es nada en comparación conmigo. Tómame a mí mismo, goza de mí, acércate a mí. Aún no puedes hacerlo del todo, pero tócame con la fe y quedarás inseparablemente unido a mí, y yo te libraré de todos tus fardos, para que puedas adherirte a mí por completo (Agustín de Hipona, Exposición sobre el salmo 33, 9ss).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Está llegando el Reino de Dios" (Mc 1,15).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Tú caminas a mi lado Tú caminas a mi lado, Señor. No deja huellas en la tierra tu paso. No te veo: siento y respiro tu presencia en cada tallo de hierba, en cada átomo de aire que me nutre.
Por el sendero oscuro que discurre entre los prados me llevas a la iglesia de la aldea, mientras arde la puesta del sol detrás del campanario. Todo en mi vida ardió y se consumió como la hoguera que ahora prende a occidente y dentro de poco será cenizas y sombra: sólo me queda salva esta pureza de infancia que remonta, intacta, el curso de los años por la alegría de volver a encontrarte. No me abandones más. Hasta que no caiga mi última noche -aunque sea esta misma-, colma sólo de ti desde los rocíos a los astros, y transfórmame en gota de rocío para tu sed y en luz de astro para tu gloria (A. Negri, Fons Ámoris, Milán 1946).
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Jueves de la I semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Samuel 4,1-11 1 En aquellos días, los filisteos se reunieron para atacar a Israel. Los israelitas acamparon en Eben Ezer, mientras que los filisteos estaban acampados en Afee. 2 Puestos los filisteos en orden de batalla, se entabló el combate e Israel fue batido por los filisteos, que mataron en el campo de batalla a unos cuatro mil hombres. 3 El pueblo volvió al campamento y los ancianos dijeron: - Por qué nos ha hecho sufrir hoy el Señor esta derrota frente a los filisteos? Vayamos a Silo a buscar el arca de la alianza del Señor, para que venga con nosotros y nos libre de nuestros enemigos. 4 El pueblo mandó gente a Silo para que trajeran el arca de la alianza del Señor todopoderoso, que se sienta sobre los querubines. Los dos hijos de Eli, Jofní y Pinjas, venían con el arca de la alianza de Dios. 5 Cuando el arca de la alianza del Señor llegó al campamento, los israelitas lanzaron el grito de guerra y la tierra retemblaba. 6 Al oír los filisteos el griterío, dijeron: - A qué se debe ese clamor tan grande en el campamento de los hebreos? Y cayeron en la cuenta de que el arca del Señor había llegado al campamento. 7 A los filisteos les entró miedo, y decían: - Ha venido Dios al campamento. !Ay de nosotros! Esto no había sucedido nunca. 8 !Ay de nosotros! Quién nos salvará de la mano de esa divinidad tan poderosa? Es la que castigó a Egipto con toda clase de plagas y epidemias. 9 Cobrad ánimo y sed fuertes, filisteos, para no servir a los hebreos como ellos os han servido a vosotros. Sed hombres y luchad. 10 Los filisteos fueron al combate. Israel fue batido y huyó cada uno a su tienda. Fue una gran derrota; cayeron de Israel treinta mil hombres de infantería, 11 el arca de Dios fue capturada y los dos hijos de Eli, Jofní y Pinjas, murieron.
*"• La protagonista de este fragmento es el arca. Los hebreos consideraban el arca de la alianza como el "signo" visible de la presencia invisible de Dios, y con este signo alimentaban su fe. He aquí que ahora los filisteos se disponen en orden de batalla contra Israel, e Israel sucumbe. Tiene lugar una gran derrota, y caen cuatro mil muertos; Israel se vuelve esclavo de los vencedores, pero antes de darse por vencido, Israel cree disponer aún de un arma invencible: el arca. Dios se ha ligado a Israel con el pacto de la alianza, e Israel llevará el arca santa al campo de batalla. Ahora los mismos filisteos ya no se sienten seguros de la victoria. Se inicia de nuevo la batalla y, desastre terrible para Israel, les arrebatan la misma arca de Dios. Capturada ésta, Israel queda como abandonado de Dios; Israel queda sin su Dios. Haber llevado el arca de Dios al campo de batalla supone haber provocado aún más el castigo de Dios, que permite que el arca, signo de la alianza, sea arrebatada a Israel. Es la derrota total. Eli, por medio de sus hijos, habría continuado guiando a Israel, pero también éstos han muerto en la batalla, y hasta el mismo Eli, al recibir la noticia de la derrota, cae en el umbral del santuario y muere (4,13.18). Es el final. Sin embargo, no es así: Dios ha llamado a Samuel, su vocación es ya el comienzo de una nueva historia. A pesar de todo, Dios permanece fiel a la alianza. Samuel vive aún a la sombra del santuario, pero el Señor le conoce. En su misma vocación, Dios le hace partícipe de su designio: desde ese mismo momento se convierte Samuel en alguien que representa ahora al pueblo santo y lleva consigo el destino de la nación.
Salmo responsorial
Salmo
43
16
Tengo siempre delante mi deshonra,
y
la vergüenza me cubre la cara
24
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces más.
25
¿Por qué nos escondes tu rostro
y
olvidas nuestra desgracia y opresión?
26
Nuestra alma se hunde en el polvo,
nuestro vientre está pegado al suelo.
27
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu misericordia. Evangelio: Marcos 1,40-45 En aquel tiempo, 40 se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: - Si quieres, puedes limpiarme. 41 Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: - Quiero, queda limpio. 42 Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. 43 Entonces lo despidió, advirtiéndole severamente: 44 - No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les conste a ellos. 45 Él, sin embargo, tan pronto como se fue, se puso a divulgar a voces lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él desde todas partes.
**• Con este nuevo milagro hace estallar Jesús una auténtica revolución: no se aleja del leproso, como quería la Ley; no rechaza el contacto con él, no teme ninguna amenaza. Su propuesta no consiste ya en separarse del inmundo, sino en la transformación por contagio vital que va del puro al inmundo. Jesús encarna al hombre puro y sagrado que "contagia" y atrae a su propia esfera al hombre inmundo y no sagrado. El leproso "se le acercó" (v. 40): no se trata sólo de un movimiento espacial, sino también de un movimiento del espíritu, porque le dice a Jesús: "Si quieres, puedes limpiarme" (v. 40). Con la venida de Jesús cayó el muro de la Ley (cf. Ef 2,14ss), porque Dios, el Santo, el Justo, se hizo en todo solidario con nosotros, enseñándonos el acceso a él. El gesto de extender la mano indica el poder de Jesús, que se manifiesta también por medio de su Palabra imperiosa: "Quiero, queda limpio" (v. 41). La salvación no está ya en la separación y en la marginación, sino en la reintegración, porque con Jesús ha entrado en el mundo el poder salvífico mismo de Dios. En el acontecimiento histórico de Jesús se ha hecho "visible" el poder sanador de Dios, que se pone de parte de los pobres, de los últimos de la sociedad de los hombres. Jesús inaugura una sociedad nueva, una sociedad que no margina a nadie, que no separa, que no excluye, sino que es consciente de poseer el poder mismo de Dios que le ha sido dado por Jesús. Precisamente porque Jesús ha abolido el sistema que separaba lo puro de lo inmundo tal como se entendía en el mundo judío, queda libre el cristiano para Dios y para el prójimo.
MEDITATIO Hoy se nos vuelve a proponer la cuestión decisiva para la vida de la fe: "!Escuchad al Señor!". La Carta a los Hebreos la plantea como actitud válida para cada día. Decía un antiguo eremita: "Una voz invoca desde el fondo de tu corazón: !Conviértete hoy!". Allí donde no permanece con suficiente vigor este propósito, se abre camino el riesgo del endurecimiento del corazón. En efecto, la escucha obediente o el rechazo desobediente no es una simple cuestión de audición física, ni siquiera una cuestión de buena voluntad. El creyente debe desarrollar una "sensibilidad" propia al respecto. Sólo con un empeño permanente se adquiere la sensibilidad suficiente para percibir la voz del Señor o para advertir sus inspiraciones.De rebote, se corre el peligro atestiguado por el pueblo de Israel, tal como aparece en la lectura de hoy. Éste intenta construir una relación religiosa con Dios totalmente aparente, porque, a pesar de todo el aparato cultual desplegado y a pesar de las intenciones declaradas, no tiene ninguna seria intención de someterse a la decisión de Dios ni de respetar su voluntad, tal como se encuentra expresada en sus mandamientos. Los textos bíblicos nos recuerdan así una verdad que es bastante obvia: el primer paso hacia una relación auténtica con Dios consiste en la recuperación de una honestidad que aborrece toda ficción. El Señor, por su parte, se compromete a destruir, aun aceptando el riesgo de desfigurar y de provocar una crisis de fe en los hombres, todo aparato religioso que no parta de él y sea expresión de su auténtica voluntad. A veces, el desacralizador más radical es el mismo Señor. Frente a su santidad no resiste ninguna ambigüedad. Antes o después, queda el hombre al desnudo y debe elegir con autenticidad (o bien rechazar sin fingir).
ORATIO Concédeme, Señor Jesús, entrar contigo en la voluntad del Padre: que yo quiera lo que quiere él, que yo crea que él quiere siempre la salvación. Concédeme, con la fuerza del Espíritu, desear y pedir la verdadera curación.
CONTEMPLATIO Los malvados llevan a cabo muchas acciones contra la voluntad de Dios, pero éste posee tanta sabiduría y poder que todos los acontecimientos que parecen contrarios a su voluntad tienden a los objetivos y fines que él mismo ha previsto como buenos y justos. Por eso, cuando se dice que Dios ha cambiado de voluntad, de suerte que se muestra, por ejemplo, indignado con aquellos con quienes se mostraba indulgente, son ellos los que han cambiado, no Él, y en cierto sentido lo encuentran cambiado en las adversidades que padecen. Del mismo modo cambia el sol para los ojos enfermos y, en cierto modo, se convierte de apacible en irritante, de agradable en inoportuno (Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, XXII, 2). En todo caso, por muy fuertes que puedan ser las voluntades de los ángeles o de los hombres, buenos o malos, favorables o contrarios a lo que quiere Dios, la voluntad del Omnipotente es siempre invencible; no puede ser nunca mala, puesto que, incluso cuando inflige males, es justa, y si es justa, a buen seguro, no es mala. El Dios omnipotente, ya sea que por misericordia experimente misericordia por quien quiere, ya sea que por el juicio endurezca a quien quiere, no lleva a cabo injusticia alguna, no realiza nada contra su propia voluntad y todo lo que quiere lo hace (Agustín de Hipona, Manual XXVI, 102).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Quiero, queda limpio" (Mc 1,41).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL No te pido que me cures: sería ofensiva la demanda que no puedes escuchar. Lo que pido es que me salves, que no me dejes para siempre sometido a esta muerte cotidiana. Pido que la Nada no venza y no vuelva yo a necesitar encenderme de deseos, y viva infeliz allí como ahora aquí, solo y alejado. Tú sabes lo que me cuestas en remordimientos y lo que yo te cuesto a ti por gracia: que no se interrumpa la competición. Yo, arrepintiéndome, y tú, teniendo piedad de mí, pues es necesidad para mí fallar y para ti continuar perdiendo. Así te pienso: un Dios siempre expuesto a locuras, a contentarse por cómo somos, a perder siempre: oh Luz incandescente y piadosa. (D. M. Turoldo, Canil ultimi, Milán 1991). |
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Domingo II del tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Samuel 3,3-10.19 En aquellos días, 3 Samuel estaba durmiendo en el santuario del Señor, donde estaba el arca de Dios. 4 El Señor llamó a Samuel: -!Samuel, Samuel! Él respondió: -Aquí estoy. 5 Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: -Aquí estoy, porque me has llamado. Elí respondió: -No te he llamado, vuelve a acostarte. Y Samuel fue a acostarse. 6 Pero el Señor lo llamó otra vez: -!Samuel! Samuel se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: -Aquí estoy, porque me has llamado. Respondió Eli: -No te he llamado, hijo mío, vuelve a acostarte. 7 (Samuel no conocía todavía al Señor. No se le había revelado aún la Palabra del Señor.) 8 Por tercera vez llamó el Señor a Samuel: -!Samuel! Él se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: -Aquí estoy, porque me has llamado. Comprendió entonces Elí que era el Señor quien llamaba al joven, 9 y le dijo: -Vete a acostarte y, si te llaman, dices: Habla, Señor, que tu siervo escucha. Samuel fue y se acostó en su sitio. 10 Vino el Señor, se acercó y lo llamó como las otras veces: -!Samuel, Samuel! Samuel respondió: -Habla, que tu siervo escucha. 11 Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.
**• En los versículos que preceden al fragmento litúrgico de hoy se dice que la Palabra profética era rara en aquellos tiempos en Israel (1 Sm 3,1), pero el narrador añade asimismo que la <<la lámpara de Dios todavía no se había apagado<< (v. 2). El hecho de que ésta arda incesantemente en el templo significa que Dios, a pesar de todo, continúa velando sobre el pueblo de Israel y que su fidelidad a las promesas no ha desaparecido. Sobre esa presencia indefectible de Dios reposa la verdadera esperanza de Israel. En estos tiempos oscuros, la misericordia de Dios está preparando, en efecto, una etapa nueva para el pueblo, una etapa de la que la llamada de Samuel constituye un momento importante. Mientras todos están durmiendo, la Palabra de vigila y llama a un hombre para que se convierta en instrumento suyo. La vocación de Samuel configura la relación entre Dios y el llamado como una relación <<pedagógica>> de maestro a discípulo, semejante, por consiguiente, a la relación que se instaurará en el Nuevo Testamento entre Jesús y sus discípulos. La pedagogía de Dios es admirable: procede por grados, permitiendo a Samuel, que todavía es muy joven, llegar a comprender la misión a la que YHWH le destina. En este camino que conduce al reconocimiento de la llamada del Señor, Samuel encuentra un guía en Eli. Éste muestra con el niño toda la prudencia requerida para la tarea; se comporta como un verdadero educador, como alguien capaz de intuir la naturaleza de la experiencia profunda por la que está pasando Samuel: <<Comprendió entonces Elí que era el Señor quien llamaba al joven<< (v. 8). Sin sustituirle, le ayuda a abrirse a la iniciativa de Dios. Nadie puede decidir por otro en lo que respecta a la vocación; por eso remite Elí al muchacho a la escucha dócil de la Palabra de Dios, y, de este modo, se abre el joven Samuel a la comprometedora misión profética: <<Habla, Señor, que tu siervo escucha<< (v. 9).
Salmo responsorial Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10 Yo esperaba con ansia
al Señor; Tu no quieres
sacrificios ni ofrendas, Entonces yo digo:
«Aquí estoy He proclamado tu
justicia Segunda lectura: 1 Corintios 6,13c-15a. 17-20 Hermanos: El cuerpo no es para la lujuria, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. 13 Dios, por su parte, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros con su poder. 15 No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? 17 El que se une al Señor se hace un solo espíritu con él. 18 Huid de la lujuria. Todo pecado cometido por el hombre queda fuera del cuerpo, pero el lujurioso peca contra su propio cuerpo. 19 O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habéis recibido de Dios y que habita en vosotros? Ya no os pertenecéis a vosotros mismos. 20 Habéis sido comprados a buen precio; dad, pues, gloria a Dios con vuestro cuerpo.
**• En la comunidad de Corinto hay un grupo de cristianos que se consideran perfectos y maduros. Su presunción se expresa en dos direcciones opuestas en el plano operativo, aunque son convergentes por su aspiración profunda. Algunos proponen un ascetismo radical frente al sexo, proclamando la abstinencia sexual más absoluta e incondicionada (cf. 1 Cor 7). Otros optan, en cambio, por una sexualidad sin freno, en nombre de una pretendida irrelevancia de la misma respecto a la salvación que nos ha sido dada en Cristo. Pablo se dirige a estos últimos. Los <<libertarios<< de Corinto -en conformidad con la jactanciosa idea de un <<yo<< espiritual que domina sobre todo- han tomado como manifiesto de su desarreglo el eslogan de la libertad cristiana: <<Todo me es lícito<< (v. 12a). El apóstol no se opone -en la línea de principios- a la afirmación de la libertad cristiana, pero cambia en su raíz el sentido del manifiesto de los propios interlocutores, haciendo valer el criterio decisorio de lo que es ventajoso y constructivo, especialmente en el ámbito eclesial. Estos <<libertarios<< ostentan, en efecto, una libertad plena frente a las cosas de este mundo, ignorando, sin embargo, que su comportamiento debe ser coherente con el fundamento de la vida cristiana, con la redención que han recibido: <<Habéis sido comprados a buen precio<< (v. 20). La segunda objeción toca más de cerca al sentido de la sexualidad. Pablo, contra todo dualismo griego –que contrapone el alma al cuerpo-, afirma la densidad y la seriedad humana del acto sexual, que implica a toda la persona y no sólo a la corporeidad (v. 18). Más aún, el cuerpo está destinado a la resurrección y, en consecuencia, no puede ser para la lujuria, sino <<para el Señor<< (v. 13). Precisamente, la fe en la resurrección de Cristo y de toda la humanidad impulsa aquí a una elevadísima concepción de la corporeidad: a través de los gestos y de las relaciones con los otros se expresa y se potencia (o se contradice) la pertenencia del cristiano al Señor, algo que la resurrección final mostrará en plenitud. Hay también, por último, otra razón: el cristiano se ha convertido, con la totalidad de su propia persona, en un miembro del cuerpo eclesial de Cristo y es templo del Espíritu (vv. 15.19). Y, por eso, está llamado a decidir si usa su propio cuerpo a la manera de la <<carne<<, de modo lujurioso, o bien para vivir de modo concreto la relación con Cristo, con quien forma un solo <<espíritu<<, o sea, una unión misteriosa realizada por el Espíritu (v. 17).
Evangelio: Juan 1,35-42 35 Al día siguiente, Juan se encontraba en aquel mismo lugar con dos de sus discípulos. 36 De pronto vio a Jesús, que pasaba por allí, y dijo: -Éste es el Cordero de Dios. 37 Los dos discípulos le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió y, viendo que le seguían, les preguntó: -Qué buscáis? Ellos contestaron: -Rabí (que quiere decir Maestro), dónde vives? 39 Él les respondió: -Venid y lo veréis. Se fueron con él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él. Eran como las cuatro de la tarde. 40 Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan era Andrés, el hermano de Simón Pedro. 41 Encontró Andrés en primer lugar a su propio hermano Simón y le dijo: -Hemos encontrado al Mesías (que quiere decir Cristo). 42 Y lo llevó a Jesús. Jesús, al verlo, le dijo: -Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas (es decir, Pedro).
*•• Juan sitúa la llamada de los primeros discípulos en el <<tercer día<< de la primera sección de su evangelio (Jn 1,19-2,11): la <<semana inaugural<< que culmina en las bodas de Cana. La organización del material narrativo en seis días remite al relato de la creación, con la aparición del hombre y de la mujer en el sexto día, y proclama de una manera implícita que la nueva misión de Jesús tiende a una nueva creación de la humanidad. El encuentro entre Jesús y los discípulos tiene lugar a través de la presencia de un testigo, el Bautista. Este último es capaz de ir más allá de las apariencias, abriéndose a una mirada de fe que sabe reconocer el misterio que mora en Jesús, una mirada que comunica a dos de sus discípulos que estaban allí presentes: <<Éste es el Cordero de Dios<< (v. 36). Qué es lo que ha vislumbrado el Bautista en Jesús cuando le declara Cordero de Dios? El tema vuelve en la alusión al cordero pascual de Jn 19,36. En este hombre que está pasando reconoce, por tanto, el Bautista a aquel que derrama su propia sangre para hacer presente al Dios del Éxodo, al Dios de la renovación de la vida. Al oírle hablar así, los dos discípulos del Bautista siguieron a Jesús (v. 37), impulsados por una búsqueda que, sin embargo, debe acceder a una ulterior claridad. Esto tiene lugar cuando Jesús se vuelve y les pregunta: <<Qué buscáis<< (v. 38). Se trata de una pregunta que les plantea como consecuencia de haberlos <<contemplado<< (eso es lo que dice el texto griego al pie de la letra) en el acto de seguirle. El mismo Jesús se queda sorprendido y admirado del milagro del seguimiento. He aquí, por tanto, la justa petición del verdadero discípulo: <<Rabí, dónde vives?<< (v. 38). Más que saber lo que enseña Jesús, es preciso estar con él allí donde mora. La morada de Jesús es su estar junto al Padre como Hijo amado. Ése es su secreto, y por la continuación del Evangelio se volverá evidente que convertirse en discípulo suyo significa entrar en la misma relación de amor que él mantiene con el Padre. Por eso les invita a <<venir<< y <<ver<<, esto es, a tener experiencia de él y de la comunión con el Padre. De los dos discípulos queda aquí uno anónimo, aunque muchos exégetas se inclinan por reconocer en él al discípulo amado, mientras que el otro es Andrés. Éste es el discípulo <<positivo<<, la persona de la escucha, el paradigma del auténtico seguimiento que se encarga de dar testimonio de cuanto vivieron el día en el que se detuvieron junto a Jesús (v. 39). Andrés conduce, pues, a Jesús a su hermano Simón (v. 42). El cambio del nombre de Simón por el de Cefas indica precisamente la profunda transformación de la persona gracias al amor de Jesús; sin embargo, Simón sigue, de momento, cerrado todavía a esa adhesión de fe que se llevará a cabo, trabajosamente, más tarde.
MEDITATIO La Palabra de Dios nos pone frente al misterio de la vocación, algo que no se produce nunca por nuestros méritos o por nuestras cualidades humanas, sino que brota únicamente de la libre y misericordiosa iniciativa divina respecto a nosotros. El encuentro con Jesús, aunque se decide en el secreto de nuestra libertad, postula, no obstante, la dinámica del testimonio. Ateniéndonos al relato evangélico, los encuentros con los primeros discípulos acaecen, en efecto, como en cadena: cada uno de ellos llega a Jesús a través de la mediación de otro, porque ésa es concretamente la dinámica de nuestra llegada a la fe. De ahí deriva una enseñanza preciosa sobre la importancia que tiene contar con auténticos testigos, que nos presenten a Jesús como el Señor esperado y favorezcan el encuentro con él, sin que el testigo quiera ligar al otro a su propia persona como si fuera una propiedad suya. El verdadero testigo está, por consiguiente, al servicio del camino hacia una madurez espiritual que es libertad de elección. En este sentido, son unos ejemplos excelentes el sacerdote Elí con Samuel y todavía más el Bautista con sus dos discípulos. Con todo, para llegar a ser testigos es menester haber encontrado ya al Señor y haber llegado, por ello, a ser capaz de ir más allá de las apariencias, accediendo a una profunda mirada de fe sobre la realidad. Dar testimonio es regalar a los otros esta mirada que, precedentemente, ya ha cambiado nuestra vida. Eso supone haber entrado en un nuevo tipo de existencia, en una comunión activa con Jesús, una comunión que puede ser expresada como un <<habitar con él<<; más aún, como un detenerse junto a él. A la fase de la búsqueda, en nuestros días frecuentemente enfatizada con exceso, debe sucederle la de nuestro detenernos, la del reconocer en Jesús la verdadera meta de nuestro corazón, la del ser capaces de perseverar en su compañía: <<Se fueron con él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él<<. En este morar con él adquiere su vigor la contemplación y la escucha, el ponernos a su disposición con todas nuestras energías, como dijo Samuel, con la simplicidad de un niño: <<Habla, que tu siervo escucha<<. Sólo permaneciendo con Jesús comprenderemos de verdad que hemos sido comprados a un precio elevado y nos hemos convertido en templo del Espíritu Santo.
ORATIO Señor, tú me has comprado, verdaderamente, a un precio elevado; me has convertido en uno de los miembros de tu cuerpo y en templo del Espíritu Santo. Te bendigo por la grandeza de la llamada con la que me has obsequiado y porque tu Palabra orienta de continuo mi búsqueda hacia un verdadero encuentro contigo. Pongo a tus pies todas las ambigüedades de mis expectativas y de mis proyectos, para que sea tu voz la que guíe mis pasos hacia ti. Ayúdame a detenerme junto a ti, a no temer el silencio de la contemplación, ese silencio que me permite experimentar de una manera profunda tu amistad. Haz que pueda conocerte no por lo que he oído de ti, sino por haberte encontrado de verdad, y que tu gracia me comprometa totalmente y renueve todas las fibras de mi ser, puesto que deseo morar contigo y permanecer en tu amor. Sólo así podré llegar a ser un testigo tuyo y regalar a mis hermanos y hermanas el precioso tesoro de la fe en ti. Me reconozco fácilmente en Pedro, reacio a reconocerte como su Maestro y Señor, pero deseo llegar a ser cada vez más parecido al discípulo amado y encontrar en mi corazón la disponibilidad y el entusiasmo con los que Samuel respondió a tu llamada. Como él, también yo deseo poder responder: <<Habla, que tu siervo escucha<<. Por eso, hoy, quiero abrir mi corazón a una renovada escucha de tu Palabra, oh Señor, para seguirte de manera concreta en las opciones que se me presenten en la vida.
CONTEMPLATIO <<Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Encontró Andrés en primer lugar a su propio hermano Simón y lo llevó a Jesús.<< Los que poco antes habían recibido el talento, lo hacen fructificar de inmediato y lo ofrecen al Señor. Estas almas, que están dispuestas a escuchar y aprender, no necesitan muchas palabras para ser instruidas, ni tampoco un prolongado período de años y meses para producir el fruto de la enseñanza. Al contrario, alcanzan la perfección desde el comienzo de su aprendizaje. <<Da al sabio y se hará más sabio, instruye al justo y aumentará su ciencia<< (Prov 9,9). Andrés, por tanto, salva a Pedro, su hermano, e indica, con pocas palabras, todo el gran misterio. Dice, en efecto: <<Hemos encontrado al Mesías<<, o sea, <<el tesoro escondido en el campo o la perla preciosa<<, según otra parábola del evangelio (cf. Mt 13,44ss). Entonces Jesús le miró a los ojos, como conviene a Dios, que conoce <<las mentes y los corazones<< (Sal 7,10) y prevé la gran piedad que alcanzará aquel discípulo, la excelsa virtud y la perfección a las que será elevado [...] Después, no queriendo que siguiera llamándose Simón, y considerándolo ya en su potestad, con una homonimia le llamó Pedro, de <<piedra<<, mostrando de manera anticipada que sobre él fundaría su Iglesia (Cirilo de Alejandría, Comentario al evangelio de Juan, II, 1, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Aquí estoy, porque me has llamado<< (1 Sm 3,5).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Señor Jesús, te miro, y mis ojos están fijos en tus ojos. Tus ojos penetran el misterio eterno de lo divino y ven la gloria de Dios. Y son los mismos ojos que vieron Simón, Andrés, Natanael y Leví [...]. Tus ojos, Señor, ven con una sola mirada el inagotable amor de Dios y la angustia, aparentemente sin fin, de los que han perdido la fe en este amor y son <<como ovejas sin pastor<<. Cuando miro en tus ojos me espantan, porque penetran como lenguas de fuego en lo más íntimo de mi ser, aunque también me consuelan, porque esas llamas son purificadoras y sanadoras. Tus ojos son muy severos, pero también muy amorosos; desenmascaran, pero protegen; penetran, pero acarician; son muy profundos, pero también muy íntimos; muy distantes, pero también invitadores. Me voy dando cuenta poco a poco de que, más que <<ver<<, deseo <<ser visto<<: ser visto por ti. Deseo permanecer solícito bajo tu morada y crecer fuerte y suave a tu vista. Señor, hazme ver lo que tú ves -el amor de Dios y el sufrimiento de la gente-, a fin de que mis ojos se vuelvan cada vez más como los tuyos, ojos que puedan sanar los corazones heridos (H. J. M. Nouwen, In cammino verso l'alba c!! un giorno nuovo, Brescia 1997, pp. 88ss). |
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Lunes de la II semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Samuel 15,16-23 En aquellos días, 16 Samuel dijo a Saúl: - Deja que te diga lo que el Señor me ha dicho esta noche. Él le dijo: - Habla. 17 Continuó Samuel: - No es cierto que, a pesar de considerarte a ti mismo insignificante, eres el jefe de todas las tribus de Israel y que el Señor te ungió como rey de Israel? 18 El Señor te mandó a esta expedición diciéndote: "Vete y consagra al exterminio a esos pecadores amalecitas, y hazles la guerra hasta acabar con ellos". 19 Por qué no has obedecido la orden del Señor? Por qué te has lanzado sobre el botín, haciendo lo que desagrada al Señor? 20 Respondió Saúl: - !Yo he obedecido la orden del Señor! Fui a la expedición a la que él me mandó, traje a Agag, rey de Amalee, y consagré al exterminio a los amalecitas. 21 Sólo que la gente reservó del botín ovejas y vacas, las primicias de lo consagrado al exterminio, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guigal. 22 Samuel respondió: Acaso no se complace más el Señor en la obediencia a su Palabra que en holocaustos y sacrificios? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carnero. 23 La rebeldía es como un pecado de superstición, y la arrogancia, como un crimen de idolatría. Por haber rechazado la Palabra del Señor, él te rechaza a ti como rey.
*" El episodio aquí narrado revela la orientación última del corazón de Saúl: busca conservar el reino siguiendo la lógica de las conveniencias políticas, antes que obedecer al Señor y hacer depender su vida de su elección. Saúl, reprendido por el profeta, disimula la culpa cometida levantando una polvareda de pretextos; justo lo contrario de lo que hará David. Éste, por el contrario, confesará abiertamente su pecado. El elemento más digno de destacar en el relato figura en la declaración de Samuel: la obediencia tiene más valor que el sacrificio. Se trata de una conquista relevante del pensamiento religioso: se pasa a valorar más la experiencia vivida que los actos de culto -que pueden estar disociados de la práctica de la fe-; se da más relieve a la actitud interior de la persona que a los actos externos. La obediencia vivida con amor será el elemento que caracterice la ofrenda sacerdotal y existencial de Jesús.
Salmo responsorial Salmo 49
7
<<Escucha, pueblo mío, voy a hablarte;
—yo
soy Dios, tu Dios—.
14
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
15
e
invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás
gloria.
22
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin
remedio.
23
El
que me ofrece acción de gracias, ese me honra;
al que sigue buen camino le haré
ver la salvación de Dios>>.
Evangelio: Marcos 2,18-22 18 Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decir a Jesús: - Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y los tuyos no? 19 Jesús les contestó: - Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no tiene sentido que ayunen. 20 Llegará un día en el que el novio les será arrebatado. Entonces ayunarán. 21 Nadie cose un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo, porque lo añadido tirará de él, lo nuevo de lo viejo, y el rasgón se hará mayor. 22 Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos, porque el vino reventará los odres y se perderán vino y odres. El vino nuevo en odres nuevos.
**• El ayuno no está valorado como una práctica en sí misma, sino en relación con el significado que puede adquirir dentro del contexto de referencia en que se practica. Los discípulos de Juan el Bautista ayunaban para prepararse para la llegada inminente del juicio divino; el pueblo se abstenía de tomar alimento en el "Día de la Expiación" (Kippur) o en el día en que se recordaba la destrucción del templo. Esa práctica devota subraya una actitud interior y ayuda a conservarla. El espíritu religioso que inducía a practicar el ayuno, en ocasiones con cierta frecuencia, como es el caso de los fariseos, impulsa a Jesús a suspenderlo, realizando así un signo profético voluntariamente provocador. Dado que él mismo introduce en el mundo el tiempo glorioso de las nupcias entre Dios, el esposo, y su pueblo, la esposa, no tiene sentido reiterar un signo que recuerda el luto. El signo que conviene aquí, por el contrario, es el del banquete alegre. El ayuno, estrictamente ligado a poner de relieve la fortuna de la presencia de Jesús, ha sido restablecido en el tiempo de la Iglesia. La razón de ello es que la expectativa del Reino exige durante su curso la confrontación dolorosa con las fuerzas del mal, una confrontación que estalló ya, además, en el momento en el que el Esposo fue arrebatado. Las afirmaciones posteriores sobre el vestido y sobre el vino nos invitan a comprender la novedad introducida por el Evangelio y confirman el signo de la suspensión del ayuno.
MEDITATIO La Palabra del Señor nos pone hoy en guardia: !cuidado con administrar la relación "religiosa" según nuestra necesidad particular de seguridad! Podríamos darnos cuenta de que interpretamos la Escritura con el criterio de la racionalidad para protegernos de su propuesta de radicalismo, que nos descoloca. O bien podríamos descubrir que "usamos" el culto como mampara para poner a cubierto una presunta santidad construida a nuestra propia medida. El Señor nos recuerda hoy, de manera inequívoca, que la relación con él sólo es auténtica cuando se modula sobre la obediencia. Ésa es la única seguridad. Obedecer a Dios significa estar con el corazón y la mente abiertos, dispuestos a vibrar con todo soplo del Espíritu, prefiriéndolo a nuestro "sentido común"; disponibles para comprobar la consistencia de nuestras formas exteriores habituales de expresar la fe y para convertirnos a una mayor autenticidad, comprometiendo en ella nuestra vida. Dios se entrega del todo, de modo imprevisible, sorprendente. Somos capaces de mostrarnos acogedores y dispuestos a adherirnos a su Novedad?
ORATIO Señor Jesús, tú que fuiste obediente en todo al Padre, enséñame a no buscar mi voluntad, sino la suya. Hazme comprender que eso no significa abdicar de mi capacidad de elección, sino vivir con libertad y gratuidad el don que soy. Me resulta fácil, Señor, encontrarme a mis anchas en la lógica, incluso religiosa, que me he construido y considerar como "hereje" a quien no la sigue... Que yo madure, Señor, al calor de tu Espíritu, la inteligencia de mi corazón, para no encerrarme en mis razonables certezas y permanecer abierto a las exigencias de tu Palabra, novedad inagotable.
CONTEMPLATIO Los hombres sabios y de gran ánimo ponen su cabeza, con humildad, bajo el yugo de la obediencia, pero los tontos se lo sacuden y no se adaptan a obedecer. Considero más importante obedecer por amor de Dios a quien está por encima de mí que obedecer al Creador mismo, aunque anunciara directamente a alguien su voluntad. Los que han puesto la cabeza bajo el yugo de la obediencia y, a continuación, diciendo que pretenden seguir la vía de la perfección, se lo sacuden, dan signos de que en el fondo de su alma se esconde una gran soberbia (Egidio di Assisi, / detti, Milán 1964, pp. 128ss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "La obediencia vale más que el sacrificio" (1 Sm 15,22).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El Señor no viene a limitarnos, a despojarnos; es más, hace que, adhiriéndonos a él, podamos crecer. Revelándose como el Dios-amor, invita a nuestra libre voluntad para que dé una respuesta que sea obediencia de fe y de amor. [...] El espíritu filial que anida en nosotros nos hace verdaderamente capaces de llamar al Padre y obedecerle. Si en algunas ocasiones nos mostramos como niños caprichosos, no ha de asaltarnos ningún temor: el Padre sabe mostrarse paciente y corregir con amor. Acepta como una gran cosa cualquier pizca de buena voluntad y de santo deseo que vea en el fondo de nuestro corazón, bajo la áspera corteza de nuestra naturaleza indisciplinada y esquiva. A través de los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, se entreteje la voluntad de Dios como una tela. Es preciso que esta tela no tenga desgarros. Si los hay -ningún hombre es justo ante Dios-, éste es el remedio: la penitencia, el sacramento de la reconciliación. [...] Ahora bien, cómo distinguir de manera adecuada la voluntad de Dios de la nuestra? No siempre resulta fácil. La experiencia de los que nos han precedido en el camino de la fe y de la obediencia nos enseña que, a menudo, la voluntad de Dios requiere un sí impregnado de renuncia y sufrimiento, la superación de nuestras propias inclinaciones y un confiado abandono que, para la lógica humana, puede parecer deserción del uso de nuestra propia razón y de nuestras propias capacidades. El paso se da en la oscuridad e incluso en la aridez o la repulsa, aunque podemos estar seguros, por la fe, de que en ese caso cumplimos de manera más libre la voluntad de Dios antes que la nuestra (A. M. Cánopi, Sí, Padre, Milán 1999, pp. 69 y 77ss). |
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Martes de la II semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Samuel 16,1-13 En aquellos días, 1 el Señor dijo a Samuel: - Hasta cuándo vas a estar llorando por Saúl, si yo lo he rechazado como rey de Israel? Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Yo te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque me he elegido un rey entre sus hijos. 2 Samuel preguntó: - Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me mata. El Señor le contestó: - Llevarás contigo una ternera y dirás: "He venido para ofrecer un sacrificio al Señor". 3 Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que tienes que hacer; me ungirás al que yo te diga. 4 Samuel hizo lo que le había dicho el Señor. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron preocupados a su encuentro y le dijeron: - Es para bien tu venida? 5 Respondió: - Sí, he venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio. Él purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrifico. 6 Al entrar ellos, vio a Eliab y se dijo: "Seguramente, éste es el ungido del Señor". 7 Pero el Señor dijo a Samuel: - No te fijes en su aspecto ni en su gran estatura, que yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como la del hombre: el hombre ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón. 8 Después, Jesé llamó a Abinadab y le hizo pasar delante de Samuel, que dijo: - Tampoco es éste el elegido del Señor. 9 Jesé hizo pasar a Sama, pero Samuel dijo lo mismo: - Tampoco es éste el elegido del Señor. 10 Jesé hizo pasar a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel le dijo: - A ninguno de éstos ha elegido el Señor. 11 Entonces, Samuel preguntó a Jesé: - Son éstos todos tus muchachos? Él contestó: - Falta el más pequeño, que está guardando el rebaño. Samuel le dijo: - Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que haya venido. 12 Jesé mandó a por él. Era rubio, de hermosos ojos y de buena presencia. El Señor dijo: - Levántate y úngelo, porque es éste. 13 Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en presencia de sus hermanos. El espíritu del Señor entró en David a partir de aquel día. Samuel se puso en camino y volvió a Rama.
**• Samuel, afligido por el fin miserable de Saúl, representa al hombre desalentado que añora el pasado y se deja dominar por el abatimiento. Dios le anima y emprende con él una nueva historia. El profeta, de manera semejante a Abrahán, debe partir sin saber a dónde va, mostrándose disponible a las indicaciones de la voluntad de Dios que se le manifiesten. El Señor no nos rechaza ni nos vuelve la espalda. Dios actúa con absoluta libertad, suscitando la sorpresa. Sólo Él conoce el corazón de los hombres y los valora con verdad. Y no sólo esto: también puede actuar a través de personas desaventajadas, por motivos sociales, culturales e incluso por motivos morales (como hará con san Pablo).
Salmo responsorial Salmo 88
21
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
22
para que mi mano esté siempre con él
y
mi brazo lo haga valeroso.
27
Él
me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”;
28
y
lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la
tierra.
29
Le
mantendré eternamente mi favor,
y
mi alianza con él será estable.
30
Le
daré una posteridad perpetua
y
un trono duradero como el cielo.
Evangelio: Marcos 2,23-28 Sucedió que 23 un sábado pasaba Jesús por entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas según pasaban. 24 Los fariseos le dijeron: - Te das cuenta de que hacen en sábado lo que no está permitido? 25 Jesús les respondió: - No habéis leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los que lo acompañaban? 26 Cómo entró en la casa de Dios en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la ofrenda, que sólo a los sacerdotes les era permitido comer, y se los dio además a los que iban con él? 27 Y añadió: - El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. 28 Así que el Hijo del hombre también es señor del sábado.
**• Este breve relato pretende resaltar la autoridad definitiva de Jesús. Marcos no se muestra claro en absoluto al establecer el objeto de la transgresión de los discípulos. Quizás no hubieran debido trabajar en sábado para prepararse la comida, sino haber previsto ya esto el día anterior. De todos modos, es a Jesús, más que a los discípulos, a quien se pone en tela de juicio. Por otra parte, aparece una comparación entre él y David. Si, por motivos superiores, el antiguo rey podía pasar por encima de la Ley, mucho más puede hacerlo Jesús. Más aún, Jesús posee una autoridad tal que puede abrogar el sábado y sustituirlo por otro día de fiesta. Todo esto no está precisado con claridad, aunque se capte con claridad en los pliegues del discurso.
MEDITATIO Dios se revela como el Señor del tiempo y de la historia: es libertad absoluta, no reducible a ninguna medida humana, ni siquiera religiosa. La libertad soberana de Dios coincide con su amor, un amor que se manifiesta en la predilección por los más pequeños, en mirar más allá de las apariencias, en el reconocimiento del primado de la persona humana afirmado en la creación y nunca desmentido. Me pregunto si me muestro en mi vida realmente como hijo de este Dios, si acojo su libertad esclava del amor y la hago mía. Las decisiones de Dios me desorientan cuando infringen -o por lo menos ponen en crisis- el statu quo. Es más sencillo referirme a reglas claras y precisas que poner en el centro a la persona, a toda persona, cada una con sus exigencias, con sus características, que pueden resultarme instintivamente desagradables, que puedo considerar inadecuadas... La Palabra de Dios me invita y me provoca hoy a ser capaz de discernir la verdad de las cosas, recordándome que Dios es Señor de todo.
ORATIO Ven, Espíritu Santo. Me confío a tu soplo: enséñame a moverme en los espacios de Dios, donde los pequeños son los mayores, donde la atención al otro vale más que la Ley escrita. Ayúdame a discernir lo que cuenta, más allá de cualquier apariencia, bajo cualquier resplandor inmediato, más allá de cualquier voz seductora o convincente. Espíritu Santo, Espíritu de la verdad, que no me quede prisionero de mis ideas sobre el hombre o sobre Dios, hasta el punto de que, por miedo a tener que modificarlas, pueda dejar de encontrar al hombre, de encontrar a Dios...
CONTEMPLATIO Comprendo que los más pequeños acontecimientos de nuestra vida están dirigidos por Dios. [...] Cuando nuestra buena Madre me propuso convertirme en su ayudante, lo confieso, hermano, me quedé vacilante. Considerando las virtudes de las santas carmelitas que me rodean, me parecía que la Madre habría servido mejor a sus intereses espirituales escogiendo a otra hermana en vez de a mí; sólo el pensamiento de que Jesús no se habría fijado tanto en mis obras imperfectas como en mi buena voluntad me hizo aceptar el honor de participar en sus trabajos apostólicos. No sabía entonces que había sido él mismo, nuestro Señor, que se sirve de los instrumentos más ineptos para llevar a cabo sus maravillas, quien me escogió (Teresa de Lisieux, Lettere, en Gli scritti, Roma 1970, p. 693 [edición española: Cartas, Editorial Monte Carmelo, Burgos 1954]).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El hombre ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón" (1 Sm 16,7).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Todos los movimientos naturales están regidos por leyes análogas a las de la gravedad material. Sólo la gracia constituye una excepción. Es preciso esperar siempre que las cosas sucedan en conformidad con la gravedad, salvo intervención de lo sobrenatural. Gravedad. En general, lo que esperamos de los otros está determinado por los efectos de la gravedad en nosotros; lo que recibimos de ellos está determinado por los efectos de la gravedad en ellos. En algunas ocasiones (por casualidad), ambos hechos coinciden; con frecuencia, no. [...] El hombre tiene la fuente de su energía moral, así como la de su energía física (alimento, respiración) en el exterior. Por lo general, la encuentra, y eso le crea la ilusión -incluso respecto a su propio físico- de que su ser lleva en sí mismo el principio de su propia conservación. Sólo la privación hace sentir la necesidad. Y, en caso de privación, no se le puede impedir dirigirse hacia cualquier objeto comestible. Existe un solo remedio: una clorofila que le permita alimentarse de luz. No juzgar. Todas las culpas son iguales. Existe una sola culpa: no tener la capacidad de alimentarse de luz. Porque, una vez abolida esta capacidad, son posibles todas las culpas. Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envía. No existe el bien fuera de esta capacidad (S. Weil, L'ombra e la grazia, Milán 31 996, pp. 15-17 [edición española: La gravedad y la gracia, Editorial Trotta, Madrid 1994]). |
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Miércoles de la II semana del Tiempo ordinario o 17 de enero San Antonio Abad Antonio nació el año 252 en Qeman, en el Medio Egipto, hijo de hacendados cristianos acomodados. Hacia los veinte años escuchó la proclamación del Evangelio: "Si quieres ser perfecto...". Fulminado por la invitación de Jesús, vendió los fértiles terrenos que recibió en herencia tras la muerte de sus padres y emprendió la vida ascética, primero, junto a su pueblo y, después, encerrándose en una necrópolis durante casi trece años. Tras diversos ataques demoníacos, se comprometió todavía más en la lucha ascética y se estableció en un fortín abandonado, donde se quedó durante otros veinte años. El año 306 dejó su retiro y aceptó tener discípulos. Para huir de la notoriedad, se retiró a la "montaña interior" (el monte Kolzum). Murió el 17 de enero del año 356, a los ciento cinco años muchos de los cuales transcurrieron enseñando a los solitarios, curando a los enfermos, refutando a los herejes con un ministerio carismático y autorizado que le ha convertido para siempre en el padre de los monjes.
LECTIO Primera lectura: 1 Samuel 17,32-33.37.40-51 En aquellos días, 32 David dijo a Saúl: - Que nadie se desanime a causa de ese filisteo. Tu siervo irá a batirse con él. 33 Saúl le respondió: - Tú no puedes ir a batirte con ese filisteo, porque eres un muchacho, mientras que él es un guerrero desde su juventud. 37 Pero David le replicó: - El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las zarpas del oso, me librará de las manos de ese filisteo. Entonces Saúl le dijo: - !Vete, y que el Señor te ayude! 40 Tomó su cayado, escogió en el torrente cinco cantos bien lisos y los metió en su zurrón, y con la honda en la mano se dirigió hacia el filisteo. 41 El filisteo se iba acercando poco a poco a David, precedido de su escudero. 42 Al ver a David, se burló de él, porque era joven, rubio y de buena presencia. 42 El filisteo dijo a David: - Es que soy un perro, para que vengas contra mí con un cayado? 43 Y maldijo a David invocando a sus dioses. 44 Después, le dijo: - Acércate, que yo daré tus carnes a las aves del cielo y a las bestias del campo. 45 David le respondió: - Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien tú has desafiado. 46 Hoy mismo te entregará el Señor en mi poder, te mataré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo daré tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo como pasto a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. Toda la tierra sabrá que Israel tiene un Dios. 47 Y toda esa multitud aprenderá que el Señor no salva con espada ni con lanza; él es el Señor de la guerra y os entregará en nuestro poder. 48 Cuando el filisteo se dispuso a avanzar contra David, éste salió corriendo a su encuentro, 49 metió la mano en el zurrón y cogió una piedra; la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra. 50 Así, con la honda y la piedra, venció David al filisteo. Lo mató de un golpe, sin empuñar la espada. 51 David fue corriendo hasta donde estaba el filisteo, le sacó la espada de la vaina, lo remató y le cortó la cabeza. Los filisteos, al ver muerto a su héroe, se dieron a la fuga.
**• El choque entre los que se desafían es interpretado como una confrontación entre el Dios vivo y los dioses impotentes, de suerte que se pueda reconocer con claridad la presencia activa de Dios e invitar a todos al reconocimiento de su esplendor. La perícopa pone de relieve tres elementos: la fe de David, que hace frente a una situación ignominiosa para el pueblo y para la fe en Dios; la impotencia del muchacho, pero también su fe en la Providencia (experimentada ya en muchas ocasiones); el contenido religioso del desafío que se basa en la confrontación entre los dioses y el único Dios verdadero. De este modo, aparece con toda nitidez que una fe auténtica puede hacer frente y solucionar las dificultades más erizadas.
Salmo responsorial Salmo 143
1
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el
combate,
mis dedos para la pelea;
2
mi
bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos.
3
Señor, ¿qué es el hombre
para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán
para que pienses en ellos?
4
El
hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
Evangelio: Marcos 3,1-6 En aquel tiempo, 1 entró de nuevo Jesús en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano atrofiada. 2 Le estaban espiando para ver si lo curaba en sábado y tener así un motivo para acusarle. 3 Jesús dijo entonces al hombre de la mano atrofiada: - Levántate y ponte ahí en medio. 4 Y a ellos les preguntó: - Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla? Ellos permanecieron callados. 5 Mirándoles con indignación y apenado por la dureza de su corazón, dijo al hombre: - Extiende la mano. Él la extendió, y su mano quedó restablecida. 6 En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para planear el modo de acabar con él.
**• Se nos da a conocer en este texto la quinta y última controversia de Jesús con sus adversarios. El clima ha degenerado: el Maestro parece indignado y amargado; sus interlocutores se muestran obstinados y rencorosos, hasta proyectar la eliminación física de su adversario. Por una parte, Jesús lleva a cabo con una fidelidad extrema su ministerio profético, haciendo frente de manera valiente a la situación (vuelve a entrar en la sinagoga, pone al enfermo en el centro de la sala, continúa proponiendo una institución sabática que esté al servicio del hombre); por otra, se rechaza toda incitación a reconsiderar su figura y a plantear la posibilidad de la autenticidad de su mensaje. El drama vivido en esta ocasión se repetirá más veces hasta el final. Hacer bien al hombre le cuesta a Dios la eliminación de su propio Hijo.
MEDITATIO "Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres" (Mt 19,21). Antonio escuchó estas palabras como pronunciadas por el Señor. Su generosa respuesta procuró vigor en la Iglesia a la maravillosa realidad del movimiento monástico. No podemos, pues, volver a escuchar sin conmovernos las lecturas que nos propone hoy la liturgia. Éstas contienen claramente el itinerario que debemos recorrer si queremos agradar a Dios. Lo esencial, por consiguiente, consiste precisamente en el radicalismo de este deseo. Antonio se dejó conducir dócilmente por el Espíritu... Su vigor aumentó a lo largo del camino. La primera respuesta que le liberó de los bienes terrenos le abrió el camino a un compromiso evangélico cada vez, más enérgico, que le permitió caminar humildemente con su Dios, lejos de las miradas de los hombres. Sólo después de la gran lucha contra las pasiones, Antonio estuvo en condiciones de servir verdaderamente a los otros, convirtiéndose en amigo, hermano y padre de todos. Con una gran audacia, su itinerario pasó de la victoria sobre la tentación a la enseñanza y al cuidado de los hermanos, "inventando" -por así decirlo- un nuevo modelo de vida cristiana, que le convirtió en un maravilloso ejemplo de libertad, de ascesis viril, de fidelidad a la Palabra, de amor a Cristo y al prójimo. No en balde, la tradición ha reconocido siempre en él no sólo al padre de los monjes, sino, sobre todo, al "modelo" del cristiano.
ORATIO Ruego por vosotros, noche y día, a mi Dios que os conceda los mismos dones que me ha concedido a mí por su gracia, no porque yo fuera digno de ellos [...]: el gran Espíritu de fuego que yo mismo he recibido. !Recibidlo, pues, también vosotros! Y si queréis obtener que more en vosotros, presentad antes las fatigas del cuerpo y la humildad del corazón, elevando noche y día vuestros pensamientos al cielo. Pedid con corazón sincero este Espíritu de fuego, y os será dado [...]; cuando lo hayáis recibido, os revelará todos los misterios más altos [...]. Os ruego que abandonéis vuestra voluntad carnal y mantengáis la serenidad en cada cosa, a fin de que, con el apoyo del Espíritu Santo, moren en vosotros las potencias celestes y os ayuden a cumplir la voluntad de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien sea la alabanza eterna por los siglos de los siglos. Amén (Antonio Abad, Carta 8,1.3, passim).
CONTEMPLATIO Les aconsejaba, sobre todo, recordar siempre estas palabras del apóstol: "Que el sol no se ponga sobre tu ira" (Ef 4,26), y considerar estas palabras como dichas de todos los mandamientos: el sol no debe ponerse no sólo sobre la ira, sino sobre ningún otro pecado. Es enteramente necesario que el sol no condene por ningún pecado de día, ni la luna por ninguna falta o incluso pensamiento nocturno. Para asegurarnos de esto, es bueno escuchar y guardar lo que dice el apóstol: "Júzguense y pruébense ustedes mismos" (2 Cor 13,5). Por eso, cada uno debe hacer diariamente un examen de lo que ha hecho de día y de noche; si ha pecado, deje de pecar; si no ha pecado, no se jacte por ello. Persevere más bien en la practica de lo bueno y no deje de estar en guardia. No juzgue a su prójimo ni se declare justo él mismo, como dice el santo apóstol Pablo, "hasta que venga el Señor y saque a luz lo que está escondido" (1 Cor 4,5; Rom 2,16). A menudo no tenemos conciencia de lo que hacemos; nosotros no lo sabemos, pero el Señor conoce todo. Por eso, dejémosle el juicio a él, compadezcámonos mutuamente y "llevemos los unos las cargas de los otros" (Gal 6,2). Juzguémonos a nosotros mismos y, si vemos que hemos disminuido, esforcémonos con toda seriedad para reparar nuestra deficiencia (Atanasio, Vita Antonii, 55).
ACTIO Durante la jornada de hoy, repite y medita con frecuencia estas palabras de san Antonio: "Comenzando de nuevo cada día, aumentemos nuestro celo" (Atanasio, Vita Antonii, 16).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El acontecimiento que supuso Antonio en la historia de la Iglesia tiene una función -casi de matriz- análoga al ciclo de Abrahán en la historia del pueblo judío. Aunque vivida por uno solo, a título de ejemplo, simboliza a la humanidad en camino hacia Dios, una humanidad cuya vanguardia puede decirse que está compuesta por los monjes. En la vida de Antonio podemos divisar la actitud apasionada hacia la persona de Jesús. Antonio nos recuerda que el Reino de Dios está dentro de nosotros, es el tesoro escondido en el campo de nuestro corazón. Lo ha encontrado un hombre? Se va de allí, ebrio de alegría, y vende todo lo que posee. La búsqueda de lo absoluto impulsa al monje al desierto y se esconde en él periódicamente para encontrar ahí recursos: es aquí donde se forma como en un crisol el hombre interior. El desierto, a pesar de esto, no es más que un lugar de paso, y, a menudo, el espíritu que conduce a los monjes a él los lleva de nuevo -transfigurados- a la ciudad de los hombres: revestidos de su poder, se hacen humildes servidores de sus hermanos. Se trata de una dialéctica fecunda, cuyo prototipo nos presenta la vida de Antonio, movimiento de sístole y de diástole que constituye el latido mismo del corazón humano. No se trata de imitar materialmente esta vida, sino de dejarse penetrar por la luz que emana de ella (E. Bianchi, en N. Devilles, Antonio !I Grande, Milán 1973, pp. 1 lss). |
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Jueves de la II semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Samuel 18,6-9;19,1-7 En aquellos días, 18,6 cuando volvían, después de haber matado David al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían cantando y danzando al encuentro del rey Saúl al son alegre de panderos y arpas. 7 Y las mujeres cantaban a coro: "Saúl mató a mil, David a diez mil". 8 Saúl se irritó mucho y, muy airado por estas palabras, decía: - A David le dan diez mil y a mí me dan mil; ya sólo le falta ser rey. 9 Y a partir de aquel día, Saúl miró a David con malos ojos. 19,1 Saúl comunicó a su hijo Jonatán y a todos sus servidores su intención de matar a David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, que quería mucho a David, 2 se lo fue a decir: - Saúl, mi padre, trata de matarte. Así que estáte alerta mañana por la mañana; vete a un lugar oculto y escóndete. 3 Yo saldré y estaré al lado de mi padre en el campo donde tú estés. Hablaré de ti a mi padre para ver lo que piensa, y te informaré. 4 Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo: - !Que el rey no ofenda a su siervo David! El no te ha ofendido; al contrario, sus acciones te han sido muy útiles. 5 Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor dio una gran victoria a todo Israel. Tú mismo lo viste y te alegraste. Por qué has de hacerte responsable de la muerte de un inocente matando a David sin motivo? 6 Saúl escuchó las palabras de Jonatán e hizo este juramento: - !Juro por el Señor que no morirá! 7 Jonatán llamó a David y le contó todo esto; después, le llevó ante Saúl, y David estuvo a su servicio como antes.
*•• Los versículos de la primera parte de la lectura, extrapolados del capítulo 18, narran la irrupción de un agudo sentimiento de celos por parte del rey Saúl contra David. En compensación, surge la gracia divina, que actúa ahora de modo claro en la vida de David; gracias a su valor, se está afirmando como el elegido del Señor. Saúl, por el contrario, se muestra más interesado por su prestigio personal que por el beneficio de la nación a la que debería servir. Los versículos tomados del capítulo 19 presentan, sin embargo, la mediación llevada a cabo por Jonatán ante Saúl. Impulsado por la gran amistad que ha entablado con David, Jonatán consigue superar el espíritu de servilismo y de autodefensa que reina ahora en la corte. Una pasión movida por la envidia arremete al consagrado del Señor y una pasión movida por la amistad lo salva. A través de nuestras pasiones pasan grandes males y grandes bienes. El Señor puede obrar también a través de ellas. Por nuestra parte, es necesario que no las dejemos abandonadas a sí mismas, sino que las pongamos al servicio de un proyecto de amor.
Salmo responsorial Salmo 55 .
4
En el día terrible, yo confío en ti.
5
En
Dios, cuya promesa alabo,
en
Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un mortal?
11
En
Dios, cuya promesa alabo,
en
el Señor, cuya promesa alabo,
12
en
Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre?
13
Te
debo, Dios mío, los votos que hice,
los
cumpliré con acción de gracias;
14
porque libraste mi alma de la muerte,
mis
pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios
a
la luz de la vida.
Evangelio: Marcos 3,7-12 En aquel tiempo, 7 Jesús se retiró con sus discípulos hacia el lago y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, 8 de Jerusalén, de Idumea, de TransJordania y de la región de Tiro y Sidón acudió a él una gran multitud, al oír hablar de lo que hacía. 9 Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le preparasen una barca, para que no lo estrujaran, 10 pues había curado a muchos, y cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. 11 Los espíritus inmundos, cuando le veían, se postraban ante él y gritaban: - Tú eres el Hijo de Dios. 12 Pero él les prohibía enérgicamente que lo descubriesen.
*•• Con el pasaje de hoy se abre una nueva sección narrativa (Mc 3,7-6,6) que tiene como escenario de fondo el espacio abierto, mientras que en la precedente se desarrollaban los hechos en la sinagoga o en zonas relacionadas con ella. La actividad de Jesús se propaga; ya no es en absoluto un desconocido, y suscita sensación. A pesar de este ensanchamiento del horizonte, el entusiasmo acogedor, aunque bastante poco arraigado y profundo, se irá amortiguando hasta convertirse en una actitud de estupor incrédulo (6,6). Entre tanto, Jesús se está preparando una nueva familia compuesta por personas que muestran una disponibilidad más auténtica respecto a él, e inicia una enseñanza particular dirigida a los discípulos. La lectura de hoy presenta un eco de la resonancia obtenida por Jesús, que ahora se ha convertido en el centro de la atención. Tiene que defenderse de su misma fama y, por otra parte, no quiere ponerse al servicio de intereses personales, sino al servicio de Dios. Por eso ordena a los demonios que se callen: no tiene que ser considerado como un curandero, sino como el enviado del Padre, que cuenta, recurriendo a todo tipo de experiencias, lo que Dios da a conocer de sí mismo y lo que pide a los hombres, más dispuestos a buscarse a sí mismos que a Dios, incluso en sus actos más clamorosamente religiosos.
MEDITATIO Pasamos con frecuencia por la experiencia de la incomprensión, del equívoco, de los malentendidos. Alguien dice una palabra, hace un gesto atribuyéndole un significado y el interlocutor percibe otro. Sobre esta base se forma una opinión, emite un juicio, elabora unos criterios de valoración. !Cuánto sufrimiento se sigue de ahí en ocasiones! Nos sentimos interpretados, no nos sentimos reconocidos ni acogidos en nuestra propia verdad, y eso duele. Y todavía más cuando nos damos cuenta de que nos convertimos en objeto de envidia o celos por el simple hecho de ser como somos. La experiencia de David nos muestra la oportunidad, por lo que a nosotros respecta, de buscar un camino adecuado para proyectar luz en los meandros del corazón, allí donde los celos generan incomprensión. El ejemplo de Jesús nos sugiere que no hemos de replegarnos en nosotros mismos, que no hemos de encerrarnos en actitudes de resentimiento y un tanto victimistas. Nos invita, más bien, a continuar recorriendo nuestro camino, sin pretender aclaraciones a toda costa, creyendo que, de todos modos, la verdad acabará triunfando y, antes o después, se impondrá por sí misma. Ahora bien, la Palabra del Señor nos invita también hoy a proyectar luz en nuestro propio corazón; tal vez también nosotros, como Saúl, nos encontremos desviados por el temor de perder prestigio y poder; como la muchedumbre, busquemos a Jesús sólo por obtener ventajas materiales de su presencia. Éste es el momento oportuno para que aparezca la verdad.
ORATIO Hoy no sé cómo dirigirme a ti, Dios mío, y es que me reconozco en el celoso Saúl, aunque también en el ignorante David. Por eso te pido un corazón grande, te invoco para que seas en mí luz de verdad. Sí, Dios mío, tal vez precisamente por eso tengo una gran necesidad de ser como esos discípulos tuyos que van detrás de ti sin otro motivo que aprender a ser como tú eres. Oh luz verdadera, que vea yo el camino justo que he de recorrer y no me desvíe, aunque eso pueda atraerme enemistades. Oh amor de todo amor, que no se me endurezca el corazón, sino que sepa acoger el bien y el éxito de los otros, celebrar su alegría, reconocer en ellos la belleza de tu presencia activa.
CONTEMPLATIO Amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo que se abstengan las hermanas de toda soberbia, vanagloria, envidia, avaricia, preocupación y solicitud por este mundo, de la difamación y la murmuración, de la discordia y de la división. Sean, en cambio, solícitas para conservar siempre, recíprocamente, la unidad de la caridad mutua, que es el vínculo de la perfección (Clara de Asís, Regola, en Fonti Francescane, Padua 31982, 2.262 [edición española: Escritos de Santa Clara y documentos complementarios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1999]).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Enséñame, Señor, a alegrarme del bien" (cf. 1 Sm 19,5).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El temor y la hostilidad no se limitan a los encuentros con los desvalijadores, con los drogadictos o con los anormales. En un mundo invadido por la competición, incluso aquellos que se encuentran muy cerca los unos de los otros, como los compañeros de escuela o de equipo, los actores de una misma compañía, los colegas de trabajo, están infectados por el miedo y por la hostilidad si se sienten, recíprocamente, como una amenaza a la seguridad intelectual o profesional. Muchos de los espacios creados para acercar a la gente y ayudarla a formar una comunidad pacífica degeneran en campos de batalla mental. Los estudiantes en las aulas, los profesores en las reuniones, el personal en los hospitales y los miembros de proyectos comunes se sienten a menudo paralizados por una mutua hostilidad, incapaces de llevar a cabo sus objetivos a causa del miedo, de la sospecha e incluso de una agresión abierta. En ocasiones, las instituciones creadas expresamente para dar vida a un espacio y a un tiempo libres -donde desarrollar las preciosas potencialidades humanas- han terminado siendo tan dominadas por el espíritu de defensa que las mejores ideas y las opiniones más válidas no llegan a expresarse. [...] Una gran parte de nuestro mundo se asemeja a un escenario donde la paz, la justicia y el amor son recitados por actores dispuestos, a continuación, a mutilarse unos a otros con una hostilidad recíproca. No hay acaso médicos, sacerdotes, abogados, asistentes sociales, psicólogos y consejeros espirituales que han empezado su actividad con un profundo deseo de servir y, muy pronto, se han convertido en víctimas de una intensa rivalidad y hostilidad tanto en el ámbito personal como en el social? Ministros del culto y sacerdotes que proclaman la paz y el amor desde el pulpito son, después, incapaces de encontrarse cuando se sientan a la mesa en la casa parroquial. Asistentes sociales que intentan resolver litigios familiares se enfrentan con los mismos conflictos en su propia casa. Cuántos de nosotros no estamos agitados por una aprensión interna porque nos sentimos afligidos por los mismos dolores que quienes piden nuestra ayuda? Sin embargo, precisamente esta paradoja podría proporcionarnos la facultad que nos permitiría curar. Tras haber visto y reconocido, sin posibilidad de duda, nuestras hostilidades y nuestros miedos en los otros, podremos estar en condiciones de sentir, desde dentro, el polo hacia el que nos queremos conducir no sólo a nosotros mismos, sino también al prójimo. [...] Apenas hayamos adquirido la sensibilidad necesaria para entrever los dolorosos contornos de nuestra hostilidad, estaremos en condiciones de identificar lo opuesto, hacia lo que estamos llamados a desplazarnos: la hospitalidad. [...] Hospitalidad significa, principalmente, creación de un espacio libre donde pueda entrar el extraño para convertirse en amigo en vez de en enemigo. Hospitalidad no significa cambiar a las personas, sino ofrecerles un espacio donde pueda tener lugar el cambio (H. J. M. Nouwen, Viaggio spirituale per l'uomo contemporáneo, Brescia 1998, pp. 63-65). |
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Viernes de la II semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Samuel 24,3-21 En aquellos días, 3 Saúl tomó consigo tres mil hombres escogidos en todo Israel y marchó en busca de David y de su gente hasta las Rocas de las Gamuzas. 4 Cuando llegó a los rediles de las ovejas que hay junto al camino, Saúl entró para hacer sus necesidades en una cueva que hay allí. David y sus hombres estaban en el fondo de la cueva. 5 Los hombres de David le dijeron: - Mira, éste es el día al que se refería el Señor cuando te dijo: "Yo entrego a tu enemigo en tu poder; trátale como te parezca". David se levantó y cortó sigilosamente la orla del manto de Saúl. 6 Después empezó a latirle fuertemente el corazón por haber cortado la orla del manto de Saúl. 7 Y dijo a sus hombres: - Dios me libre de hacerle daño alguno, porque él es el ungido del Señor. 8 Con estas palabras, David reprimió a sus hombres y no les permitió lanzarse sobre Saúl. Saúl salió de la cueva y prosiguió su camino. 9 Después se levantó David, salió de la cueva y se puso a gritar detrás de él: - !Mi señor! !Majestad! Saúl miró hacia atrás y David cayó rostro en tierra y se postró. 10 Después dijo a Saúl: - Por qué haces caso a la gente que dice que David busca tu ruina? 11 Hoy mismo puedes ver con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos en la cueva. Me incitaron a matarte, pero yo te he respetado, pues me dije: "No haré daño alguno a mi señor, porque él es el ungido del Señor". 12 Mira, padre mío, mira la orla de tu manto en mi mano. Puesto que he cortado la orla de tu manto y no te he matado, reconoce y comprueba que no hay en mí maldad ni rebeldía y que no he pecado contra ti. Tú, en cambio, intentas a toda costa quitarme la vida. 13 Que el Señor sea nuestro juez y que Él me vengue de ti, pero yo no te tocaré. 14 Como dice el viejo proverbio: "De los malos, la malicia". Pero yo no te tocaré. 15 Contra quién ha salido el rey de Israel? A quién persigues? !A un perro muerto, a una pulga! 16 Que el Señor juzgue y pronuncie sentencia entre nosotros dos. Él examinará, defenderá mi causa y me librará de tu poder. 17 Cuando David terminó de decir estas palabras a Saúl, éste dijo: - Es ésa tu voz, David, hijo mío? Saúl se puso a llorar 18 y dijo a David: - Tú eres inocente y yo no, porque tú me has hecho el bien y yo te hecho el mal. 19 Hoy has demostrado que te portas bien conmigo, pues el Señor me puso en tus manos y no me mataste. 20 Cuando alguien encuentra a su enemigo, lo deja continuar tranquilo su camino? Que el Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo. 21 Ahora reconozco que tú serás rey y que la realeza de Israel será estable en tus manos.
**• El acto de benevolencia ejercido por David respecto a su adversario, más que un gesto de perdón, es un acto de fe en la acción providencial de Dios, justo juez, que intervendrá para defender, a su tiempo y a su modo, a su "pobre" que es ahora perseguido. La comparación entre ambos pone de relieve, con una enorme claridad, la diversa calidad de los personajes y hace aún más evidente el motivo del repudio de uno y de la elección de otro. David, como guerrero y político, ha sentido la tentación de eliminar a su adversario, que ha caído a merced de sus manos, pero se retiene, sabiendo que su vida está guiada por el Señor; no es él quien debe garantizarse su propio futuro a toda costa, incluso cediendo al mal, sino esperarlo pacientemente de Dios. Saúl, por el contrario, quiere tomar las riendas él mismo, hasta el punto de pretender forzar los acontecimientos y planear incluso un crimen, en caso de que le parezca conveniente. Ahora Saúl, observando la diferente calidad de la perspectiva de vida elegida por David con respecto a la suya, puede intuir que es precisamente David alguien con el que Dios puede contar y que la gracia presente en la vida del muchacho héroe le hace capaz de realizar una mejor "justicia" también en las relaciones solidarias entre los hombres.
Salmo responsorial Salmo 56
2
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus
alas
mientras pasa la calamidad.
3
Invoco al Dios altísimo,
al Dios que hace tanto por mí.
4
Desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme;
enviará Dios su gracia y su lealtad.
6
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria. Evangelio: Marcos 3,13-19 En aquel tiempo, Jesús 13 subió al monte, llamó a los que quiso y se acercaron a él. 14 Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar 15 con poder de expulsar a los demonios. 16 Designó a estos doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; 17 a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo 19 y Judas Iscariote, el que lo entregó.
*+• Jesús se constituye una nueva familia (como se sugerirá en 3,35), es decir, según su mensaje, intenta formar un grupo de personas que estén dispuestas a acogerlo, aunque también deba realizar en ellos el milagro de la conversión. Sin embargo, aun cuando al hablar de familia se quiere acentuar la relación personal y afectiva que deberá reinar entre Jesús y sus discípulos, uno a uno, el grupo recibe también de inmediato un valor estructural más amplio: son el nuevo Israel, los que constituirán los fundamentos de la futura Iglesia. El evangelista carga de solemnidad el hecho. Tiene lugar sobre el monte, esto es, sobre el lugar típico de la proximidad con Dios. Todo depende de la gracia, y nada de la buena voluntad de los discípulos: Cristo los llama, los elige con una soberanía absoluta, y también es él quien los "constituye" en comunidad. El grupo es convocado para que sus componentes se dirijan a él (v. 13) y, antes que nada, para estar con él (v. 14). El nuevo pueblo se constituye en torno a la persona del Señor, que se sitúa, de manera escandalosa para un judío, como referencia absoluta, asumiendo la función que debería corresponder a la Ley. Sus discípulos reciben su mismo poder de expulsar los demonios, señal de que podrán ser realmente los ejecutores plenipotenciarios en el ejercicio de la fuerza del Evangelio. Aparece, por tanto, el motivo de la misión como prioridad concomitante a la relación personal.
MEDITATIO No sorprenden ya las faltas de fidelidad, por lo frecuentes que son: se falta a una promesa hecha, se traiciona la confianza y la amistad, y todo ello con desenvoltura, como si formara parte de la naturaleza misma de las cosas. La sospecha casi parece obligada en las relaciones humanas, hasta el punto de qué son noticia los gestos de lealtad, que sorprenden las relaciones que se mantienen a lo largo del tiempo y que despierta admiración quien, aun a costa de sacrificios, no falta a la palabra dada. Si he sido creado a semejanza del Dios fiel a sus promesas, puedo acaso ser diferente de él? Hoy se me pone a David como ejemplo a quien mirar. Los apóstoles, llamados a vivir con Jesús y a compartir su misión, aprendieron que la lealtad y la fidelidad implican la entrega de sí. No son éstas prerrogativas exclusivas del cristiano; son cualidades humanas que hacen al hombre persona libre, no esclavo de los instintos caprichosos, de las emociones pasajeras y fluctuantes. La fe me ayuda en mi formación para la fidelidad precisamente porque me hace conocer al Dios fiel, me hace echar raíces profundas en la roca de los valores que no pasan. Y, de este modo, puedo hacer promesas que duren para siempre. Y así, como los apóstoles, en virtud de la fidelidad de Jesús, puedo comprometerme a permanecer con él para siempre. !Palabras duras en este tiempo de la cultura del instante y de lo provisional! El Señor me invita boy a redescubrir la belleza de quien compromete toda su vida por valores que ha reconocido como esenciales. No haré yo lo mismo?
ORATIO Señor, yo soy de los que están contigo desde hace tiempo, pero me doy cuenta de que mi corazón no late aún en sintonía con el tuyo. Tal vez, repito a veces tus palabras, pero con frecuencia no las pongo en práctica. Hoy quiero reconocer ante ti la lentitud -quizás también la pereza- con la que procedo para vencer al mal con el bien. Los pensamientos y los deseos de venganza me ocupan, tal vez, de una manera sutil y les doy seguimiento "golpeando" con palabras duras y gestos bruscos a aquellos por quienes me siento herido. Si no pongo en marcha la venganza es porque, a veces, no se me presenta la ocasión propicia... Quiero tomar conciencia, Señor, de los proyectos de revancha que formulo de manera silenciosa y convertirlos en magnanimidad. Sé muy bien, Señor, que no los llevaré a buen puerto gracias a mi destreza, sino a tu fuerza, al poder del amor que tú me comunicas y que vence al mal de cualquier modo que se manifieste.
CONTEMPLATIO La opción que hice de sufrir sólo por amor debes hacerla tú también si quieres ser semejante a mí. Así le complace a mi Padre. Fíjate, cuando en Getsemaní salí de la oración tan inflamado de amor, yo mismo fui al encuentro de mis enemigos. Así has de hacer tú también: sal a su encuentro, no temas. Yo fui entregado con un beso de mi amado discípulo. Así tú también debes alegrarte si eres engañada y añigida por quien te quiere bien. [...] Reconoce que tienes que estar mucho más agradecida a los te hacen el mal que a los que te hacen el bien. Aquéllos purifican tu alma, la hacen bella, graciosa, agradable en mi presencia (Camilla Battista da Varano, / ricordi di Gesú, Milán 1985, pp. 59ss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, haz que seamos capaces de hacer el bien a quien nos hace el mal" (cf. 1 Sm 24,18).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Excelencia: Al enviarle el Impegno con Cristo no me esperaba ni un consentimiento ni un cumplido. [...] No pretendo imponer a otros mis puntos de vista personales; es más, gozo con las divergencias de opiniones que encaminan a la discusión y la provocan, si fuera necesario, exponiendo y defendiendo mis ideas con ese calor que sabe a "categórico", dada la poca costumbre, arraigada también entre nosotros, del hablar un tanto franco. Por otra parte, los motivos del libro no son intocables, especialmente ahora que todo es sometido a revisión con tal desconfianza en nuestras consideraciones y con tal radicalismo que nos debería preocupar más seriamente. [...] Su Excelencia sabe bien que no soy ni un desilusionado ni un defraudado y aue mi carrera termina con la misa. Acaso le he pedido algo a lo largo de treinta años? Acaso me he quejado de las tareas que me ha confiado? No sería más lógico pensar que si alguien habla de tal modo que pierde la benevolencia de los de fuera y de los de dentro o es un loco o está obligado a decir, con una voz más fuerte que la que marcan las conveniencias, lo que muchos piensan y no se atreven a decir? [...] No me parece dar mala fama ni a mi diócesis ni a mi obispo; sin embargo, y no una sola vez, he oído decir de mí que "ni siquiera su obispo está contento de usted". Ahora bien, mi obispo no habrá oído que don Mazzolari haya dicho una palabra que no sea afectuosa y de admiración respecto a los suyos y a la diócesis. No tengo tiempo para las murmuraciones y las habladurías. Discuto las opiniones, no a las personas, y a rostro descubierto, en voz alta y con tal pasión que puede parecer "una pretensión de infalibilidad". [...] La pena que me produce no contar con su confianza es grande, pero no por eso disminuye mi veneración, y pidiéndole perdón de rodillas por mi audacia, le beso el anillo con el mismo afecto filial. Su sacerdote Primo Mazzolari (P. Mazzolari, Obedientísimo !n Cristo... Lettere al Vescovo 7077-1959, Cinisello B. 21996, pp. 153ss y 157). |
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Sábado de la II semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 2 Samuel 1,1-4.11-12.17.19.23-27 1 En aquellos días, David, que había vuelto de batir a los amalecitas, estuvo dos días en Sicelag. 2 Al tercer día, llegó un hombre del campamento de Saúl con la ropa desgarrada y la cabeza cubierta de polvo. Al llegar junto a David, se postró rostro en tierra. 3 David le preguntó: - De dónde vienes? Él respondió: - Vengo huyendo del campamento de Israel. 4 David insistió: - Qué ha pasado? Cuéntamelo. Y él contestó: - Los que luchaban se dieron a la fuga; muchos cayeron y murieron. Murieron también Saúl y su hijo Jonatán. 11 Entonces David se rasgó las vestiduras, y todos los que estaban con él hicieron lo mismo. 12 Hicieron duelo, llorando y ayunando hasta la tarde por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, que habían caído a espada. 17 David entonó esta lamentación por Saúl y por su hijo Jonatán: 19 !Ay, Israel! !Tu gloria ha sido herida sobre tus montes! !Cómo han caído los héroes! 23 !Saúl y Jonatán, tan amados y queridos! No se separaron ni en vida ni en muerte, más raudos eran que águilas, más fuertes que leones. 24 Hijas de Israel, llorad por Saúl, que tan lujosamente os vestía de púrpura y recubría con adornos de oro vuestros vestidos. 25 !Cómo han caído los héroes en medio del combate! !Jonatán, sobre tus montes herido! 26 !Qué angustia me ahoga, hermano mío, Jonatán! !Cómo te quería! Tu amor era para mí más dulce que el amor de las mujeres. 27 !Cómo han caído los héroes, cómo han perecido los guerreros!
**• Emprendemos hoy la lectura del segundo libro de Samuel, tras haber leído, de una manera un tanto sumaria, el primero. El texto presenta la derrota de Saúl o, mejor, el sincero lamento de David por este triste acontecimiento. El canto fúnebre parece una elegía guerrera desprovista de elementos religiosos. En realidad, el acontecimiento tiene que ver, en primer lugar, con las vicisitudes del pueblo del Señor, el pueblo liberado de Egipto, constituido por una relación de alianza con Dios y suspendido siempre del hilo de su gracia y su juicio. Todos los hechos que acaecen a este pueblo influyen en su relación con Dios y con su misterio. El lamento de David es la toma de conciencia de la situación irredenta en la que vive Israel en ese momento, dependiente aún del filisteo. Por otra parte, el canto revela la nobleza de ánimo del elegido del Señor: preocupado por el pueblo, capaz de admitir la relativa grandeza de su adversario, capaz de sentir ternura fiel hacia su amigo Jonatán. Toda lamentación del pueblo es releída por el Señor como invocación en una dura prueba de fe.
Salmo responsorial Salmo 79
4
Oh
Dios, restáuranos,
que
brille tu rostro y nos salve.
5
Señor, Dios del universo,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
6
Les
diste a comer llanto,
a
beber lágrimas a tragos;
18
Que
tu mano proteja a tu escogido,
al
hombre que tú fortaleciste.
19
No
nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
20
Señor, Dios del universo, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Evangelio: Marcos 3,20ss En aquel tiempo, 20 volvió Jesús a casa, y de nuevo se reunió tanta gente que no podían ni comer. 21 Sus parientes, al enterarse, fueron para llevárselo, pues decían: "Está fuera de sí.".
*" La presencia y la actividad del Señor, después de las primeras escaramuzas descritas en las secciones precedentes, adquieren una resonancia notable. Con todo, el clamor y la atención de la gente no conducen necesariamente a la fe. Ahora debe hacer frente Jesús a los primeros rechazos serios. En primera fila aparecen los mismos familiares y parientes, que, preocupados por el buen nombre de la familia, emprenden medidas drásticas para resolver una situación que resulta, por lo menos, embarazosa. No basta la consanguinidad para crear una simpatía con el Evangelio; es preciso formar parte de la consanguinidad por la gracia. El amigo de Dios deberá encontrar, necesariamente, aislamiento y hostilidad; a veces, le vendrá la desconfianza de donde menos podía esperarla.
MEDITATIO !Qué doloroso es sentirse juzgados mal por nuestros propios seres allegados! Se hacen añicos las expectativas de los familiares o de los amigos porque somos diferentes de como ellos nos habrían querido y se nos "marca" como personas extrañas, como afectadas por alguna perturbación psíquica... No es raro ser "víctimas" -o "artífices"- de un amor posesivo que no soporta que el amado sea él mismo. Se trata de una experiencia de esclavitud: somos prisioneros de nuestros propios sentimientos infantiles o de los sentimientos infantiles de los otros. !Qué liberadora resulta, en cambio, una verdadera relación de amistad! El amigo se muestra disponible y abierto a hacer suyos las alegrías y los sufrimientos del otro, sin segundas intenciones, sin intereses egoístas. El amigo sabe ver al otro en su verdad y no pretende plegarlo, forzarlo, asimilarlo a sí mismo. El amigo exalta la calidad del otro. El dolor de David por la muerte de Saúl y de Jonatán nos muestra la intensidad del vínculo de amistad que vivía, un vínculo que se había fortalecido a través de las dolorosas o exaltadoras vicisitudes por las que aceptó pasar. La amistad tiene como precio la entrega de nosotros mismos, una entrega continua, reafirmada en cada momento crucial de la existencia. Y tiene una ganancia inconmensurable: la experiencia del amor.
ORATIO Te doy gracias, oh Dios, por todos aquellos que me has dado como amigos y por todos aquellos de quienes me has hecho amigo: hombres y mujeres que, con su presencia fiel, me han hecho conocer algo de mí mismo y algo de ti. Te doy gracias por la alegría que han proporcionado a mis días y también por el dolor que hemos soportado juntos. Con ellos he aprendido que todo lo que comparto resulta multiplicado y que "dar" sin esperar nada a cambio se transforma en un "recibir" rebosante. Te doy gracias por todos y cada uno de mis amigos, cada uno con su particular modo de ser luz de amor y de esperanza en mi historia. Y quisiera pedirte por quienes no han conocido la amistad o ya no consiguen fiarse después de una experiencia de amistad traicionada. Hazte reconocer -siempre- a cada amigo herido tal como eres: como el Amigo. Jesús, haz resonar en el corazón de todos aquellas palabras que dijiste un día a los discípulos: "Os he llamado amigos".
CONTEMPLATIO [Los signos] que brotan de los corazones que aman y se sienten amados, y se expresan con la conducta, con las palabras, con la mirada y con mil gratísimos gestos, funden juntos como una llama los ánimos y de muchos hacen uno solo. Éstas son las cosas que amamos en los amigos, y las amamos de tal modo que nos sentimos culpables en conciencia si al amor no le respondemos siempre con el amor. De ahí el luto cuando muere un amigo, las tinieblas del dolor, la dulzura que se transforma en amargura, el corazón henchido de llanto y el sentido de muerte que arrebata a los vivos por la pérdida de la vida del que muere. Bienaventurado quien te ama y en ti ama al amigo y al enemigo en tu nombre. Sólo él, en efecto, es quien no pierde nunca a ninguna persona querida, porque quiere a todos en aquel a quien no perdemos nunca, a saber: nuestro Dios (Agustín de Hipona, Le confessione, Milán 61993, p. 132 [edición española: Las confesiones, Ediciones Palabra, Madrid 1988]).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Concédeme, Señor, el bien precioso que es un amigo" (cf. 2 Sm 1,26).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL ...Después está la gracia de la amistad, el don, o el drama, de la amistad; el sufrimiento, la cruz, la búsqueda, la necesidad biológica de la amistad. [...] Fijaos en el riesgo de las soledades más pavorosas y sórdidas de los hombres que están en el poder: la soledad que sienten, a veces, los obispos, los sacerdotes... !Dios mío, qué desiertos! Todos los que están en torno al poder son amigos inútiles y enemigos terribles. No hay ni uno que sepa en quién puede confiar y en quién no; ni tú sabes distinguir cuándo son amigos verdaderos. Pensad en la soledad de un pontífice, en la soledad de un emperador... Nadie es verdadero hermano hasta que no se convierte en amigo del hermano. Y es que la amistad pertenece al orden del Espíritu, mientras que la fraternidad, la paternidad, la maternidad, la filiación y cualquier tipo de parentesco pertenecen al orden de la sangre o, al menos, también al orden de la sangre. Nada, nada resulta más insidioso que la sangre, nada resulta más interesado, ambiguo e incierto (al contrario que la amistad). Desconfiad de la sangre, de la familia de la sangre; desconfiad de los instintos, y también de la razón (no desconfiéis nunca de la inteligencia, ni de la sabiduría, ni de la intuición). Los santos son todos amigos: amigos de Dios y amigos del hombre. "!Aquél es un amigo!" "Nadie es más amigo que quien da la vida por el hermano." Lo supo David -para seguir dentro de la corriente de la Biblia- cuando perdió a Jonatán: "Jonatán... tu amistad era para mí más dulce que el amor de las mujeres. Oh montes de Gelboé, que ni el rocío ni la lluvia os bañe ni os riegue..." porque ha muerto el amigo. Lo supo Cristo, que buscó un amigo durante toda su vida y no lo encontró... (D. M. Turoldo, Amare, Cinisello B. 1990, pp. 75-77). |
Domingo III del tiempo ordinario
LECTIO
Primera lectura: Jonás 3,1-5.10
1 Por segunda vez el Señor se dirigió a Jonás y le dijo:
2 -Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama allí lo que yo te diré.
3 Jonás se levantó y partió para Nínive, según la orden del Señor. Nínive era una ciudad grandísima; se necesitaban tres días para recorrerla.
4 Jonás se fue adentrando en la ciudad y proclamó durante un día entero: "Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida".
5 Los ninivitas creyeron en Dios: promulgaron un ayuno y todos, grandes y pequeños, se vistieron de sayal.
10 Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido, se arrepintió y no llevó a cabo el castigo con el que les había amenazado.
**• El texto del profeta ha sido elegido por el liturgista porque la predicación de Jonás y la respuesta de los ninivitas a su mensaje anticipan los motivos presentes en la demanda de conversión que acompaña al alegre anuncio de Jesús. Los ninivitas respondieron a la predicación de Jonás con una fe dócil y con un cambio radical de conducta, gracias a lo cual recibieron el perdón y encontraron el camino de la vida. He aquí, pues, un aspecto de la "señal de Jonás", de la que nos hablará el mismo Jesús (cf. Mt 12,38-40): la llamada a la necesidad de la conversión.
El librito de Jonás sondea de una manera sorprendente este importante motivo. Se trata, en efecto, de una obra intrigante, de una especie de novela corta en la que el primero que debe convertirse de verdad es el mismo Jonás. Éste debe abandonar su propia política de huida ante la Palabra de Dios, que ofrece el anuncio de su misericordia incluso a los enemigos de Israel, para regenerarse profundamente (cf. la estancia en el vientre del pez), a fin de comprender los planes de Dios, hasta aceptar que el perdón alcanza incluso a Nínive, responsable de tanto sufrimiento para el pueblo de Israel. La cosa parece tanto más paradójica si tenemos presente que el profeta Jonás, entendido como personaje histórico, había profetizado exclusivamente a favor de Israel: "Jeroboán restableció las fronteras de Israel desde la entrada de Jamat hasta el mar Muerto, según había dicho el Señor, Dios de Israel, por medio de su siervo el profeta Jonás, hijo de Amitay, de Gat Jefer. Porque el Señor había visto la amarguísima aflicción de Israel, que alcanzaba a todos, esclavos y libres" (2 Re 14,25ss).
Salmo responsorial
Señor, enséñame
tus caminos
Salmo 24, 4-5a. 6-7cd. 8-9
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine
con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace
caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los
humildes.
Segunda lectura: 1 Corintios 7,29-31
29 Os digo, pues, hermanos, que el tiempo se acaba. En lo que resta, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran;
30 los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran;
31 los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo está a punto de acabar.
**• Dos afirmaciones de principio enmarcan nuestro pasaje, dos afirmaciones que permiten aclarar la relación que el cristiano debe mantener con las realidades mundanas: "El tiempo se acaba" (v. 29), "la apariencia de este mundo está a punto de acabar" (v. 31).
El tiempo se acaba. El apóstol habla también en otros lugares del "fin de los tiempos" ante el que se encuentra el cristiano (cf. 1 Cor 10,11). Al decir que el tiempo se acaba, Pablo no piensa en el tiempo en sentido cronológico, considerado como el fluir imparable de los instantes, sino más bien en el momento favorable, en el kairós, como ocasión repleta de nuevas oportunidades. Lo que pretende subrayar, más que una actitud de separación, de indiferencia respecto a las cosas, es que el tiempo ha sido "llenado" por la presencia de Cristo, de suerte que el tiempo de la vida del discípulo aparece concentrado, decisivo. La apariencia de este mundo está a punto de acabar.
También este segundo principio hemos de leerlo en correspondencia con el precedente. Qué es la apariencia de este mundo que está a punto de acabar? El término griego empleado es precisamente "esquema", esto es, una configuración privada de libertad, precisamente "esquemática". Se trata justamente de su configuración del mundo marcado por el pecado y por la muerte. No aparece, por tanto, ningún desconocimiento de la bondad del mundo creado por Dios, sino sólo un juicio dirigido contra esta precisa "configuración" que está a punto de acabar y está destinada a pasar (cf. Rom 8,18-22).
Pablo no habla como un predicador apocalíptico que pretende infundir temor con la perspectiva del fin próximo de todas las cosas; su mensaje quiere ser más bien un mensaje de esperanza y de consuelo: el mundo, tal como aparece a nuestros ojos, con su sumisión al pecado y a la muerte, está marcado ya por la proximidad del mundo de Dios. Al cristiano se le pide que viva, permaneciendo vigilante, todas las realidades de esta tierra, asumiendo la perspectiva del "como si no", que se repite hasta cinco veces. Por una parte, el discípulo de Cristo debe ser capaz de tomar correctamente sus distancias respecto a las realidades en las que está inmerso -cosa que recuerda un tanto las posiciones de los estoicos- y, por otra, debe vivir todas las realidades y todo estado de vida participando en él con un estilo apropiado al señorío que ejerce Cristo sobre él {cf. 1 Cor 7,17-24).
Evangelio: Marcos 1,14-20
14 Después de que Juan fue arrestado, Jesús marchó a Galilea, proclamando la Buena Noticia de Dios.
15 Decía: -Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.
16 Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que estaban echando las redes en el lago, pues eran pescadores.
17 Jesús les dijo: -Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.
18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron.
19 Un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes.
20 Jesús los llamó también, y ellos, dejando a su padre, Zebedeo, en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
**• El primer resumen del segundo evangelio nos brinda las coordenadas espacio-temporales de los comienzos de la misión de Jesús y sintetiza el contenido de la misma; sin embargo, para apreciar lo que Marcos nos dice sobre la predicación de Jesús, es bueno recordar que -hasta este punto de su escrito- el lector sólo conoce de Jesús dos cosas fundamentales: que Dios le ha declarado su Hijo amado en el bautismo en el Jordán y que, durante el período de prueba que ha venido después, Jesús ha permanecido fiel a su propia identidad de Hijo. En esa experiencia de la filiación reside el verdadero fundamento de la alegre noticia que Jesús difunde por los caminos de Galilea: "Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios" (v. 15).
Si antes era la gente la que debía salir al desierto para escuchar al Bautista y hacerse bautizar (cf. Me 1,5), ahora es el mismo Jesús quien se dirige al lugar donde vive la gente, significando asimismo de este modo la venida de Dios a la humanidad. El hecho de que empiece por Galilea no se debe sólo a que ésta sea su tierra de origen, sino a que, dado su carácter de región con población mixta, Galilea representa una especie de puente entre Israel y los gentiles. Intuimos así el horizonte universal al que quiere extenderse el señorío de Dios, ese "Reino de Dios" que, para Jesús, no es ni una teocracia ni una nueva moral o una religiosidad más celosa, sino el encuentro de Dios con la humanidad.
En consecuencia, lo que pide a quienes le escuchan no es tanto la observación de una serie de normas como, antes que nada, creer y convertirse. Creer es la certeza de que la venida de Dios es verdaderamente "Evangelio", es decir, noticia capaz de dar alegría.
Este asentimiento se establece dando una forma nueva al ser y al obrar, como indica el otro verbo: convertirse Esto último supone cambiar no sólo el modo de obrar, sino también el de pensar y desear (metanoéin = "cambiar de mente"). El verbo arameo que subyace (shübh) es más concreto todavía y sugiere la idea de una inversión del camino o, mejor aún, de un "retorno". Viene, a continuación, el doble relato de la llamada de los primeros discípulos (vv. 16-20), de las dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago y Juan. El Reino que anuncia Jesús convoca al pueblo de Dios al tiempo de la salvación. De estos estilizados relatos de vocación se desprende claramente que sólo se pide a los discípulos una obediencia pronta, no una cualidad humana particular. Todo su camino posterior será un seguir a Jesús, descubriendo lo que ha hecho de ellos sin mérito por su parte, aunque exigiéndoles su disponibilidad, que se manifiesta sobre todo en el desprendimiento de todo cuanto poseen y de todo lo que han sido hasta ese momento (vv. 18.20).
MEDITATIO
El Evangelio es la buena noticia de que el Padre nos ama locamente. Qué hemos de hacer entonces? Dios no nos pide cosas grandes, hiperbólicas, sino, simplemente, cambiar de vida, volver a él. Convertirse no es sólo cesar de hacer el mal -como pedía Jonás a los ninivitas-, sino reconocer en nuestras dificultades al Dios cercano a nosotros, que nos ama aun cuando las cosas no vayan como nosotros quisiéramos.
Así pues, para convertirse es preciso saber apreciar nuestro tiempo como el kairós que Dios nos da, como el "tiempo oportuno" que se ofrece a nuestro presente. Todo es provisional, aunque no el sentido profundo de la realidad que la fe nos presenta. Apropiarnos de la gran oportunidad de llegar a ser hijos de Dios es saber hacerse con la ocasión propicia, es creer en el Evangelio del Reino, evitando detenernos en cosas inútiles, transitorias, sin someternos a los "esquemas" mundanos que nos aprisionan.
Jesús también viene hoy, misteriosamente, a buscarnos a nosotros, que nos encontramos con un horizonte de vida comparable al que tenían delante los primeros que fueron llamados, unos hombres encerrados en su trabajo de echar las redes y arreglarlas después. Así pues, también nosotros, como los cuatro primeros discípulos, debemos convertirnos a él, reconociendo su paso por nuestra vida y la invitación incesante que nos hace para que le sigamos. Convertirnos en discípulos suyos supone renovar cada día nuestra opción por él, buscando dentro de nuestra historia esa voz suya que nos llama desde siempre. Así, entramos en la historia de la exaltadora promesa del "os haré pescadores de hombres", que no se agota a buen seguro en la tarea del ministerio eclesial, sino que coincide con la experiencia de todo cristiano auténtico.
He aquí, por tanto, la rebosante alegría de la pesca mesiánica, que supone arrancar a la humanidad de las aguas venenosas del mal, para llevarla al refugio seguro en la vida del Reino. Indudablemente, ninguno de nosotros puede "salvar" a otro hombre, pero todos podemos colaborar con Jesús en el trabajo de echar las redes del Evangelio, a fin de que las personas disponibles se agarren a ellas y renazcan a la vida nueva.
ORATIO
Señor Jesús, tú me llamas a la conversión, a saber aprovechar el tiempo oportuno que se me ha concedido.
No me pides que huya de mis responsabilidades en el presente, sino que dirija mis opciones a lo que es conveniente para mi vida espiritual y me mantiene unido a ti, Señor, sin distracciones.
Con tu ayuda, deseo mantener mi corazón indiviso, consagrado a ti, en el estado de vida en el que me has llamado. En efecto, quiero agradarte, porque comprendo que esto es lo único de lo que verdaderamente vale la pena preocuparse, con la determinación de tender con todas mis energías a ti, Dios mío, mi único fin. La "alegre noticia" de tu venida a nuestra humanidad alegra profundamente mi corazón y me hace vivir la conversión no como un esfuerzo frustrante, sino como la aventura de la reconquista de la verdadera libertad a la que me has llamado.
Señor, deseo llegar a ser verdaderamente libre, para poder recibir tu llamada y responder con prontitud y generosidad, como tus primeros discípulos. Es hermoso poder escucharte, seguirte y servirte. Que tu gracia lleve a cumplimiento la obra buena que has iniciado en mí.
CONTEMPLATIO
Me he sacudido de encima todas las pasiones, desde que me enrolé con Cristo, y ya no me atrae nada de lo que es agradable y buscan los otros: no me atrae la riqueza, que te arrastra a lo alto y te arrolla; ni los placeres del vientre o la embriaguez, madre de la arrogancia; ni los vestidos suaves y vaporosos, ni el esplendor y la gracia de las gemas, ni la fama seductora, ni el perfume afeminado, ni los aplausos de la gente y del teatro, que desde hace mucho tiempo habíamos abandonado a quien los quiera. No me atrae nada de lo que tiene su origen en la pecaminosa degustación que nos ha arruinado.
En cambio, reconozco la gran simpleza de los que se dejan dominar por estas cosas y permiten que la nobleza de su alma sea devastada por tales mezquindades; todos ellos se entregan a realidades fugaces como si fueran realidades estables y duraderas (Gregorio Nacianceno, Alabanza de san Cipriano, 3).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Convertios y creed en el Evangelio" (Mc 1,15b).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Ser cristiano significa prestar atención al kairós, a este "momento especial" de la manifestación de Dios en nuestro aquí y ahora. En él se desarrolla la dimensión auténticamente profética de toda vida cristiana, en la atención [...] a todos los signos de la presencia del Reino en nuestra historia. Acoger el Reino de Dios implica una conducta: "Convertíos", precepto urgente, "el tiempo se acaba" (1 Cor 7,29), que acompaña al don del Reino y engendra una nueva actitud respecto a Dios y respecto a los hermanos. Jonás recibió la misión de llamar a la conversión a Nínive, la capital del imperio enemigo de Israel. El profeta, un judío amante de su patria, se niega a realizar esta tarea, pero al final acepta la voluntad de perdón del Señor, que carece de límites raciales o religiosos. El Reino es gracia, aunque para nosotros es también un deber.
Los primeros discípulos escucharon la "Buena Noticia" y fueron llamados a asociarse a la misión de Jesús (Mc 1,16-20). El Evangelio marcó profundamente sus vidas. Así debe marcar también la nuestra (G. Gutiérrez, Condividere la Parola, Brescia 1996, pp. 170ss).
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Lunes de la III semana del Tiempo ordinario, San Vicente
LECTIO Primera lectura: 2 Samuel 5,1-7.10 En aquellos días, 1 todas las tribus de Israel acudieron a David, en Hebrón, y le dijeron: - Somos de tu misma carne y sangre. 2 Ya antes, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien guiabas a Israel. El Señor te ha dicho: "Tú apacentarás a mi pueblo; tú serás el jefe de Israel". 3 Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel a Hebrón, donde estaba el rey. David hizo con ellos un pacto en Hebrón ante el Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel. 4 David tenía treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. 5 En Hebrón reinó sobre Judá siete años y medio; y en Jerusalén, treinta y tres años sobre todo Israel y Judá. 6 El rey y sus hombres marcharon sobre Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban el país, y éstos le dijeron: - No entrarás aquí; los ciegos y los cojos bastarán para rechazarte. (Era una manera de decir que David no entraría.) 7 Pero David conquistó la fortaleza de Sión, es decir, la ciudad de David. 10 David iba siendo cada vez más poderoso, y el Señor, Dios todopoderoso, estaba con él.
**• El pasaje incluye dos episodios distintos: la unción de David como rey de Israel (w. 1-5) y la conquista de Jerusalén (w. 6ss), con una conclusión recogida en el v. 10. En los w. lss, las tribus de Israel reconocen por propia iniciativa la soberanía de David, mientras que en los w. 4ss se precisan los datos cronológicos de su reinado. El versículo central, con la alianza y la unción del rey, es la cima a la que tiende toda la historia de la ascensión al poder, desde la primera aparición de David en la corte de Saúl. La narración, de una brevedad que frisa en el laconismo, no tiene una intención celebradora, sino que se propone legitimar la subida al trono de David, alejando de él cualquier sospecha de incorrección en la lucha por el poder. La conquista de Jerusalén se imponía por razones políticas: dado que estaba situada entre los territorios de Israel y de Judá, y no pertenecía a ninguno de los dos, sino a los jebuseos, podía ser aceptada como capital por los dos socios del nuevo reino. La ciudad fue tomada por la milicia personal de David. Debemos subrayar que no fue sometida ni a Israel ni a Judá, sino que permaneció -por así decirlo- neutral, como centro autónomo del poder del rey. El v. 10 repite el leitmotiv teológico, y podría representar la conclusión originaria de la historia de David, de su tortuoso camino por Jos pastos de Belén a los dominios de Sión. Lo que sigue, con el tema del reino mesiánico eterno, introducido por la profecía de Natán (2 Sm 7), corresponde a otra mano.
Salmo responsorial Salmo 88
16
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará,
oh Señor, a la luz de tu rostro;
17
tu
nombre es su gozo cada día,
tu
justicia es su orgullo.
18
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y
con tu favor realzas nuestro poder.
21
Encontré a David, mi siervo,
y
lo he ungido con óleo sagrado;
25
Mi
fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por
mi nombre crecerá su poder:
Evangelio: Marcos 3,22-30 En aquel tiempo, 22 los maestros de la Ley que habían bajado de Jerusalén decían: - Tiene dentro a Belzebú. Y añadían: - Con el poder del príncipe de los demonios expulsa a los demonios. 23 Jesús los llamó y les propuso estas comparaciones: - Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. 25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no puede subsistir. 26 Si Satanás se ha rebelado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, sino que está llegando a su fin. 27 Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear su ajuar si primero no ata al fuerte; sólo entonces podrá saquear su casa. 28 Os aseguro que todo se les podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan, 29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás; será reo de pecado eterno. 30 Decía esto porque le acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.
*"• El pasaje refiere una de las disputas entre Jesús y los que se le oponen. Al no poder negar la evidencia de los prodigios realizados por Jesús, sus adversarios atacanla naturaleza misma de su poder, insinuando que expulsa a los demonios en nombre de Belzebú (v. 22). Jesús hace frente de manera abierta a los que lecalumnian: conoce su pensamiento (cf. Mt 12,25) y los llama para rebatir directamente sus acusaciones o, bien, hablando por medio de "comparaciones" (v. 23). Su respuesta, extensa y articulada, es una argumentación típica de escuela que pone de relieve la contradicción en la que incurren sus adversarios. Si fuera Satanás el que expulsa a Satanás, eso querría decir que su poder está llegando a su fin. Con una sutil ironía, Jesús pliega el argumento adverso transformándolo en una profecía inconsciente: el reino de Satanás llega, efectivamente, a su fin porque el Reino de los cielos está cerca; es más, está aquí (w. 24-26). Atar al hombre fuerte y saquear su casa -esto es, liberar al endemoniado del poder de Satanás y a los pecadores de la esclavitud del pecado- constituye, precisamente, el signo del reconocimiento de que obra en nombre de Dios. Confundir, de modo artero, las cosas y atribuir al "espíritu inmundo" (v. 30), en vez de al Espíritu de Dios, la acción liberadora de Jesús es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Una blasfemia que no puede ser perdonada, porque es la negación consciente y voluntaria del amor de Dios.
MEDITATIO La primera lectura subraya la acción unificadora de David, que, asumiendo el poder sobre las tribus del norte y del sur y conquistando Jerusalén, construyó el reino de Israel. En la perícopa del evangelio describe Jesús el "reino dividido" de Satanás, a fin de mostrar el poder del Espíritu. La figura del reino dividido y rebelde, del hombre fuerte atado y desautorizado, se contrapone a la imagen del Reino eterno del perdón, contra el que nadie podrá oponerse con éxito y en el que todos encuentran acogida y salvación: "Os aseguro que todo se les podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan" (Mc 3,28). De esta misericordia sin fin sólo podrá excluirnos el misterio terrible de nuestra libertad: sólo quien "blasfema contra el Espíritu Santo", confundiendo al Hijo del hombre con Satanás, "divide" el Reino de Dios y lo hace en sí mismo insignificante e ineficaz.
ORATIO Tu Palabra resulta hoy, Señor, dura. Nos gustaría encontrar siempre en el evangelio dulzura y perdón, nos gustaría sentirnos comprendidos, aceptados, excusados. Sentimos fuertemente la tentación de cubrir las páginas terribles de la Escritura, de imaginar un dualismo entre un "Dios vengador" que rechazamos y un "Dios misericordioso" que sería el tuyo, Señor Jesús, y que quisiéramos transformar de Padre en "abuelo". Sin embargo, están -también en tu Evangelio, Señor- las palabras de condena. Y es que la conversión que nos propones es seria; no basta con un movimiento superficial del sentimiento. Por eso te invoco: tú, Padre, que te llamas Misericordia, tú que no consideras a nadie un "granuja", sino siempre un hijo amado, encuentra caminos para llegar a nosotros en nuestro escondite y hacernos partícipes de tu mirada sobre nosotros. Tu mirada es una mirada de bondad, una mirada de clemencia, una mirada de comprensión: la única capaz de volver a lanzarnos hacia ti y hacia los hermanos.
CONTEMPLATIO Los fariseos, considerados como especialistas de la Ley, [...] ofrecían sacrificios a los demonios y no a Dios (cf Dt 32,17), diciendo que el Señor tenía un demonio y atribuyendo las obras de Dios a los demonios. [...] Era más bien Belzebú el que hablaba en ellos, haciendo que por los aspectos humanos lo llamaran simplemente hombre, y por las obras que eran propias de Dios no lo reconocieran como tal, sino que en su lugar divinizaron al Belzebú que tenían en ellos, mereciendo así ser atormentados eternamente en el fuego con él. [...] Si tal es la pena que les está reservada, está claro que los verdaderos creyentes en Cristo, esto es, aquellos que lo adoran, ya sea según la carne, ya sea según el Espíritu (cf. Rom 1,3), [...] reinarán para siempre en los cielos (Atanasio, Lettere a Serapione. Lo Spiritu Santo, Roma 1986, pp. 163-170).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Satanás no puede subsistir, sino que está llegando a su fin" (Mc 3,26).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La "buena noticia" del Evangelio es el anuncio de un perdón otorgado de manera indistinta a todos, un perdón gratuito, alegre, preveniente, sin condiciones ni "penitencias", salvo la de abrirse a él y dejarle cambiar nuestros corazones. Pero he aquí que Jesús nos habla de pecados irremisibles y eternos. Existe, pues, un pecado que no puede ser perdonado? ••] El Antiguo Testamento era el reino del Padre, que se revelaba a través de la naturaleza y la historia del pueblo judío; ahora bien, esta revelación era provisional y progresiva y convenció a pocos. [...] El Nuevo Testamento es el reino del Hijo, pero su gloria estuvo velada durante los días de la encarnación e irradió sólo después de la ascensión. Decepcionó, desanimó, produjo descontento entre sus conciudadanos, sus seguidores, su familia, sus discípulos. [...] Ahora bien, el tiempo de la Iglesia es el reino del Espíritu Santo. Se trata del esfuerzo supremo, definitivo, de Dios para manifestarse a nosotros. Ya no es preciso esperar otros, porque no hay una cuarta persona de la Trinidad. A quienes no convenza el testimonio del Espíritu Santo no les queda más esperanza de salvación. En efecto, por continuar esperando, a pesar de todo, una nueva revelación de Dios, terminan por caer en las trampas del Anticristo. Este recogerá a cuantos piensan que Dios no hubiera debido hacerse reconocer a través del amor, sino a través de signos más eficaces, como la fuerza, el prestigio, el miedo, el dinero, la disciplina, la eficiencia. [...] Nuestras iglesias, frías e impersonales, son, con frecuencia, lugares en los que circula poco el Espíritu de amor incluso cuando están llenas de cristianos. Estos se encuentran más yuxtapuestos que reunidos. La indiferencia recíproca que reina entre los presentes desanima el intento de un encuentro fraterno. Por eso el Espíritu de amor no se hace visible, y nadie se convierte asistiendo a ciertas misas dominicales. [...] Nuestro mundo dividido, desfigurado por el odio, por el racismo, por la droga, por la violencia, se convertirá ante comunidades cristianas en que valga la pena vivir, creer, comprometerse. Es fácil convertir al mundo: basta con hacer visible al Espíritu Santo (L. Evely, Meditazioni sul Vangelo, Asís 1975, pp. 154-156). |
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Martes de la III semana del Tiempo ordinario, San Ildefonso
LECTIO Primera lectura: 2 Samuel 6,12b-15.17-19 12b En aquellos días, David se puso en camino e hizo traer el arca de Dios de casa de Obededón a la ciudad de David entre gran alborozo. 13 Cuando los que llevaban el arca dieron seis pasos, se sacrificó un toro y un ternero cebado. 14 David danzaba ante el Señor frenéticamente; llevaba ceñido un efod de lino. 15 Así David y todo Israel trajeron el arca del Señor entre gritos de júbilo y al son de trompetas. 17 Introdujeron el arca del Señor y la colocaron en su lugar, en medio de la tienda que David había hecho levantar para ella, y David ofreció al Señor holocaustos y sacrificios de comunión. 18 Al acabar de ofrecerlos, David bendijo al pueblo en el nombre del Señor todopoderoso; 19 luego distribuyó a todo el pueblo, a los hombres y mujeres de aquella multitud israelita, una torta de pan a cada uno, un pedazo de carne y un pastel de uvas pasas. Después, cada uno se marchó a su casa.
**• Este fragmento forma parte de los relatos que dedican al arca de Dios los libros de Samuel. El arca, símbolo de la presencia del Señor, contenía las tablas de la Ley entregadas a Moisés en el Sinaí. Había seguido la peregrinación del pueblo desde el éxodo a la conquista de la Tierra, y siguió las vicisitudes alternas de la guerra contra los filisteos. Una vez consolidado el reino, establecida la capital en Jerusalén y vencidos los filisteos, David dudó primero en llevar el arca a la ciudad santa, retenido por el temor sagrado que ésta difunde a su alrededor. Decide hacerlo cuando consigue saber que ha descendido la bendición del Señor sobre la casa que custodia el arca (v. 12), signo que transforma el temor en confianza. El traslado del arca es ocasión de fiesta para el pueblo y para el rey: David muestra abiertamente su alegría danzando, ceñido con un efod de lino, vestidura sagrada de los sacerdotes. Todavía no hay ningún templo en la ciudad (será construido por Salomón), y colocan el arca en una tienda (v. 17): ésta, signo de la movilidad del pueblo y del mismo Dios, recuerda a los israelitas que no pueden apoderarse de la presencia del Señor, como si lo hicieran prisionero. Los holocaustos, los sacrificios de comunión y la comida sagrada -el pan, la carne, la uva- distribuida por David a todos sellan la ceremonia. El arca, instrumento de batalla durante la guerra contra los filisteos, se convierte ahora en signo de paz y de prosperidad.
Salmo responsorial Salmo 23
7
¡Portones!, alzad los dinteles,
que
se alcen las puertas eternales
va
a entrar el Rey de la gloria.
8
—Quién es ese Rey de la gloria?
—El
Señor, héroe valeroso,
el Señor valeroso en la batalla.
9
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas
eternales:
va
a entrar el Rey de la gloria.
10
—Quién es ese Rey de la gloria?
—El
Señor, Dios del universo,
él es el Rey de la gloria.
Evangelio: Marcos 3,31-35 En aquel tiempo, 31 llegaron su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 32 La gente estaba sentada a su alrededor y le dijeron: - !Oye! Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan. 33 Jesús les respondió: - Quiénes son mi madre y mis hermanos? 34 Y mirando entonces a los que estaban sentados a su alrededor, añadió: - Éstos son mi madre y mis hermanos. 35 El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
*• En el capítulo 3 del evangelio de Marcos se agrupa en torno a Jesús un movimiento en cuyo interior, con la elección de los Doce, se va caracterizando cada vez más el grupo de los discípulos. Nuestra perícopa va precedida por una clara distinción entre aquellos a quienes elige Jesús y aquellos que se le oponen: sus enemigos, que "le acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo" (Mc 3,30). En los w. 31-35 vienen a buscarlo "su madre y sus hermanos": éste es el único pasaje de Marcos en el que aparece la madre del Señor, a la que ni siquiera se cita de una manera explícita entre las mujeres que estaban presentes en la crucifixión y en el sepulcro. Se habla asimismo, de manera genérica, de "hermanos", un término más bien vago que puede designar simplemente a personas de la misma parentela. La indeterminación de la expresión parece atribuirle un valor especialmente simbólico: poco importa la identificación de los personajes y la historicidad o no historicidad del hecho de que algunos miembros de la familia de Jesús hubieran venido en un determinado momento a buscarlo, no sabemos bien por qué motivo; en cambio, sí importa, y mucho, establecer en virtud de qué características se entra a formar parte de su verdadera familia. Bajo esta luz, la dureza de la respuesta de Jesús (v. 33) se suaviza mucho: no se trata de una ingratitud con su madre, ni de un despego respecto a los afectos humanos. Marcos no se ocupa de estos afectos; se apoya simplemente en ellos para crear una situación paradójica que proporciona mayor relieve a los w. 34ss, cima del episodio. Madre y hermanos de Jesús son todos lo que le rodean; ahora bien, entre ellos hay simples curiosos, discípulos titubeantes, apóstoles que se esforzarán por comprender hasta el final, traidores... Ser hermano de Jesús no es una cuestión de sangre ni de mérito, sino de gracia: "cumplir la voluntad de Dios" es algo que está al alcance de todos y que habilita para convertirse en "hijos de Dios".
MEDITATIO En la primera lectura, la acogida del arca atrae la bendición divina sobre la casa de Obededón, un extranjero, alguien que no es israelita; en la segunda lectura, la acogida obediente y activa del Evangelio da lugar a una familiaridad con Jesús más fuerte que cualquier vínculo de sangre (cf. Jn 1,13). No podemos tener a Jesús encadenado a nuestras categorías. "Oye, tu madre y tus hermanos te buscan": bajo estas sencillas palabras se esconde una visión mezquina y estrecha del anuncio evangélico. Es como si le dijéramos: "Mira, Señor, nosotros somos buenos cristianos, estamos comprometidos con nuestra Iglesia, seguimos los preceptos. Ven, por tanto, a poner un sello de calidad a nuestras iniciativas, autorízanos a poner la etiqueta de denominación de origen sobre nuestros productos". Los papeles que ejercemos en la sociedad y en la Iglesia tienden a endurecerse y a prevalecer sobre todo lo demás. Hemos construido estructuras, necesarias ciertamente para la humanidad, pero corremos el riesgo de olvidar que el Espíritu sopla donde quiere, incluso fuera de las estructuras. La sencillez de corazón de David, que sabe reconocer sin celos el signo de la gracia del Señor descendida sobre la casa de Obededón, y la claridad con que define Jesús a sus familiares, deben hacer que estemos atentos a lo esencial y también disponibles a subvertir los papeles: el rey danza en la calle como un hombre cualquiera, cualquier persona puede ser "hermana, hermano y madre" de Jesús.
ORATIO Señor, líbranos de la presunción de considerarnos siempre justos. Tú nos has convertido en tu familia: que esto no sea motivo de orgullo y de discriminación respecto a los otros. Concédenos un corazón acogedor y una mente limpia de prejuicios, a fin de que seamos capaces de reconocer tu presencia y tu voz incluso fuera del círculo de los "nuestros". Haznos capaces de abrirnos con alegría a la escucha de tu Palabra y de reservar en nosotros el sitio de honor al Evangelio, del mismo modo que David y toda la ciudad festejaron con música, danzas y banquetes la llegada del arca. Ayúdanos, Señor, a reconocer como hermanas y hermanos a todos los que cumplen la voluntad de Dios, sin detenernos en las apariencias exteriores, en los nombres, en los vínculos construidos por el hombre. Los confines de tu familia, de tu Iglesia, están verdaderamente exterminados y no podemos delimitarlos nosotros: enséñanos a ser compañeros de camino hacia la unidad de tu amor.
CONTEMPLATIO !Hijos! !Hermanos! !Amigos! Hombres desconocidos y ya amados por nosotros como ligados recíprocamente -vosotros a nosotros y nosotros a vosotros- por un parentesco superior al de la sangre, al del territorio, al de la cultura; un parentesco que es una solidaridad de destinos, una comunión de fe -ya existente o que debemos suscitar-, una unidad misteriosa que nos hace cristianos, una sola cosa en Cristo. Todas las distancias están superadas, caen las diferencias, se disuelven las desconfianzas y las reservas; estamos juntos, como si no fuéramos extraños los unos a los otros (Insegnamenti di Paolo VI, Ciudad del Vaticano 1968, VI, p. 693).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mc 3,35).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cristo, enviado por el Padre, concede al hombre -de manera individual o en grupos, por categorías de edades, según las distintas épocas, etc.- citas de amor. Ahora bien, para estas citas, es éí quien elige, por medio del Espíritu Santo, lugares y momentos diferentes. Es preciso respetarlos. No le corresponde al hombre elegir, ni siquiera a los teólogos. Si bien es preciso querer con todas nuestras fuerzas encontrar al Cristo total, para llegar a una vida de fe equilibrada y firme, también es preciso respetar los itinerarios de cada uno. [...] Desde hace varias decenas de años estamos admirando a muchos jóvenes y adultos que se han ido poniendo, de manera progresiva, al servicio de sus hermanos, en especial al de los más pobres. Comprometidos en su ambiente social, en su profesión, en su barrio, en los grupos humanos en que estaban insertos de una manera natural, han descubierto poco a poco en el curso de su vida militante al Cristo vivo. Aunque han empleado mucho tiempo en identificarlo, los que han sido testigos de su lucha generosa y de su ascenso espiritual no han tenido la menor duda de que, desde el principio de su actividad y en el corazón de la misma, estaba Cristo misteriosamente presente. Hace falta tener mala fe para no admitirlo, para no arrodillarse delante de ciertas vidas militantes que arden de amor por sus hermanos. "Ahora bien, se trata de verdadera caridad?", se preguntan inquietos algunos, desconcertados al ver florecer rosas fuera de los parterres bien rastrillados. Es cierto que hemos encontrado militantes que no "practicaban" de una manera regular o no practicaban en absoluto al comienzo de su vida militante. Por qué sorprenderse? Debemos cortar el amor a rebanadas? No hay más que un solo amor. Amar es siempre abandonarse, olvidarse, por el otro, por los otros, "Dios está presente en todo amor auténtico" (1 Jn 4). Los teólogos discuten también y estudian la naturaleza de esta presencia: es tarea suya. Pero que se abstengan ellos, y también nosotros, de asignar o negar a sus hermanos carnets de identidad cristiana. El Evangelio nos enseña que es preciso desconfiar de las categorías demasiado definidas. El Amor no sabe qué hacer con ellas (M. Quoist, Cristo é vivo, Turín 91980, pp. 155-157). |
Jueves de la III semana del Tiempo ordinario o 25 de enero
Conversión de san Pablo
Saulo de Tarso, antes de su conversión, era un judío convencido de su religión y totalmente contrario a la nueva fe que empezaba a difundirse por Palestina y sus alrededores.
Tuvo alguna responsabilidad también en el martirio de san Esteban, protomártir, del que se habla en los Hechos de los apóstoles. Saulo encontró a Jesús resucitado en el camino de Damasco y este acontecimiento cambió de manera radical su modo de creer y de pensar. El Señor resucitado se convirtió en el centro de su espiritualidad y de su teología. Una vez apóstol del Evangelio, Pablo estableció en Antioquía de Siria el punto de partida de sus viajes misioneros, donde aparece como testigo infatigable de la fe en Jesús resucitado. Estos viajes le incitaron a escribir diversas cartas a las distintas comunidades cristianas que había fundado. Pablo, verdadero y auténtico apóstol, siempre llevó buen cuidado en "volver" a Jerusalén, con el deseo de confrontarse con los apóstoles de Jesús a fin de no correr en vano.
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los apóstoles 22,3-16
En aquellos días, Pablo dijo al pueblo:
3 -Yo soy judío. Nací en Tarso de Cilicia, pero me eduqué en esta ciudad. Mi maestro fue Gamaliel; él me instruyó en la fiel observancia de la Ley de nuestros antepasados. Siempre he mostrado un gran celo por Dios, como vosotros hoy.
4 Yo perseguí a muerte este camino, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres.
5 Y de ello pueden dar testimonio el mismo sumo sacerdote y todos los miembros del consejo. Después de recibir de ellos mismos cartas para los hermanos, me dirigía a Damasco, con ánimo de traer a Jerusalén encadenados a los creyentes que allí hubiera, para que fueran castigados.
6 Iba, pues, camino de Damasco y, cuando estaba ya cerca de la ciudad, hacia el mediodía, de repente brilló a mi alrededor una luz cegadora venida del cielo.
7 Caí al suelo y oí una voz que me decía: "Saúl, Saúl, por qué me persigues?".
8 Yo respondí: "Quién eres, Señor?". Y me dijo: "!Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues!".
9 Los que venían conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.
10 Yo dije: "Qué debo hacer, Señor?". Y el Señor me dijo: "Levántate y vete a Damasco; allí te dirán \o que debes hacer".
11 Como no veía nada, debido al resplandor de aquella luz, entré en Damasco de la mano de mis compañeros.
2 Un cierto Ananías, hombre piadoso según la ley, bien acreditado ante todos los judíos que allí vivían,
13 vino a verme y me dijo: "Hermano Saúl, recobra la vista". Y en aquel mismo instante pude verlo.
14 El añadió: "El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que conozcas su voluntad, para que veas al Justo y oigas su voz.
15 Porque has de ser testigo suyo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.
16 No pierdas tiempo, ahora; levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre".
*•• Estamos ante uno de los tres relatos de la conversión de Pablo (cf. también Hch 9 y 26) con los que Lucas adorna la historia de la primitiva comunidad cristiana.
En su carácter extraordinario, el acontecimiento de Damasco se articula en tres momentos. En primer lugar, el diálogo entre el Señor resucitado y Saulo de Tarso. Ambos personajes se comunican su identidad y se reconocen recíprocamente. Es un primer paso hacia el acuerdo posterior. Viene después el acontecimiento extraordinario de la conversión, que Lucas resume simplemente en una pregunta: "Qué debo hacer, Señor?" (v. 10). Saulo está ahora subyugado por el poder de Jesús, su salvador y maestro. Y sólo desea configurar por completo su vida según la voluntad y el proyecto del Resucitado.
Al final, se encuentra la misión: el que ha conocido la voluntad de Dios y ha visto al Justo percibiendo la palabra de su misma boca, se vuelve ahora testigo de las cosas que ha visto y oído ante todos los hombres. Ser misionero es ahora el único modo de vivir para Pablo.
Salmo responsorial
Id al mundo entero y
proclamad el Evangelio.
Salmo 116
24
Este es el día que hizo el Señor:
sea nuestra
alegría y nuestro gozo.
25
Señor,
danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
26
Bendito el
que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
27
El Señor es
Dios, él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los
ángulos del altar.
28
Tú eres mi
Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
29
Dad gracias
al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Evangelio: Marcos 16,15-18
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once
15 y les dijo: -Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura.
16 El que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará.
17 A los que crean, les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas,
18 agarrarán serpientes con sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán.
** La liturgia aplica también a Pablo el mandato misionero que Jesús resucitado dirigió a los Once. Aunque Pablo no pertenece a los Doce, es verdadero y auténtico apóstol de Jesús: estas palabras también se dirigen a él.
El Jesús resucitado enuncia, en primer lugar, un mandato: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura" (v. 15). La orden no deja sitio a ninguna tergiversación. Pide sumisión y espera obediencia. Dios ha querido salvar a la humanidad por medio de unos colaboradores y Jesús tiene necesidad de misioneros testigos.
El acontecimiento de la salvación -éste es el segundo dato- es fruto de la predicación y se lleva a cabo mediante el acto de fe del que escucha: "El que crea y se bautice se salvará" (v. 16a). Sin la escucha de la fe no hay ninguna posibilidad de salvarse (v. 16b). Dios, que nos ha creado sin nuestro consentimiento, no quiere salvarnos sin nosotros. Las últimas palabras del Resucitado contienen, por último, una promesa, formulada en futuro (vv. 17ss): los beneficios que recibirán los creyentes, múltiples y extraordinarios, serán los signos a través de los cuales cada ser humano podrá reconocer la presencia consoladora de Dios en medio de nosotros.
MEDITATIO
No acabamos nunca de ahondar en el conocimiento de Saulo-Paulo, incluso después de haber meditado una y otra vez sobre las páginas que hablan de él y las que escribió él mismo. Sin embargo, hay algo que aparece de inmediato con una gran evidencia: su itinerario de fe es símbolo del nuestro.
Creer implica, ante todo, encontrar personalmente a una persona, al Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret. No se cree en una doctrina, en una fórmula, en un sistema, sino en una persona, la única digna de ser creída.
La fe es un encuentro que no se agota en un momento determinado de nuestra propia vida, sino que continúa siempre, hasta la muerte. Quien encuentra a Jesús se da cuenta de que ya no puede vivir sin él y debe profundizar en su conocimiento personal.
Del encuentro se pasa al diálogo: la fe es, precisamente, un encuentro entre personas inteligentes y libres. Por un lado, Dios se da a conocer en lo que es, revela su voluntad, da a conocer sus proyectos. De este modo, entabla el diálogo con todo el que está dispuesto a escuchar y a reaccionar. Por otro, el creyente, en la medida en que presta una escucha sincera y auténtica a la Palabra de Dios, se siente implicado en un diálogo que no se desarrolla sólo en torno a conceptos y verdades, sino que se entrelaza con experiencias, confidencias, comunión de vida. Se trata de un diálogo vital que implica a dos seres vivos y llega a una forma de vida cada vez más elevada.
Ahora bien, la fe cristiana es también obediencia, sumisión, abandono total de la criatura al Creador, del hombre a Dios, del pecador al Justo. Para el creyente, obedecer no significa en absoluto abdicar de su propia libertad, ni siquiera de sus propios derechos; significa captar la infinita distancia que media entre él y su propio interlocutor y, al mismo tiempo, intuir que la adhesión a la voluntad de éste conduce a la plena y más satisfactoria realización de sí mismo. Semejante acto de abandono está sostenido por una promesa que no deja ningún espacio a la duda: cuando Dios promete, se compromete por completo en beneficio de su interlocutor, le llena el corazón de certezas sobrenaturales y abre ante él unos horizontes ilimitados.
Por último, la fe cristiana se traduce en misión: el ejemplo de Pablo es claro y decisivo. No puede privatizarse un bien que, por su propia naturaleza, es comunitario. Quien ha recibido el don de la salvación en Cristo se siente impulsado íntimamente a darlo a los otros.
ORATIO
Oh Padre, Dios de infinita bondad y misericordia, concédenos caminar fielmente, a ejemplo de san Pablo, por el camino que nos has abierto en Cristo Jesús. Haz, oh Dios, que nuestros caminos -como el de Saulo- se crucen con el tuyo, el que nos has indicado en Cristo, tu Hijo, y en el cristianismo. Que, como el apóstol Pablo, queramos caminar con Jesús y seguir sus pasos hasta que lleguemos a ti, meta última de nuestra vida, meta suspirada y esperada.
Concédenos, oh Padre, andar juntos por este camino bendecido por ti, a fin de que ninguno de nosotros se pierda y nuestra comunión eclesial pueda ser, en el tiempo, signo manifestativo de aquella comunión que gozaremos junto a ti en la denudad bienaventurada.
CONTEMPLATIO
"Y me llamó por su gracia" (Gal 1,15). Dios, quiere decir, le llamó por su virtud. Decía [el Señor] a Ananías: "íiste es un instrumento elegido para llevar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes" (Hch 9,15), es decir, es idóneo para ejercer el ministerio y para manifestar una obra tan grande. [El Señor] indica este motivo para la llamada, mientras que el apóstol afirma por doquier que todo deriva de la gracia y de la inefable bondad divina, expresándose en estos términos: "Y si encontré misericordia -no porque fuera digno de ella y la mereciera- fue para que en mí, el primero, manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener vida eterna" (1 Tim 1,16). !Fíjate en su inmensa humildad! Por eso, dice, obtuvo misericordia, a fin de que nadie desesperara, dado que el peor entre todos los hombres había obtenido beneficio de la bondad divina (Juan Crisóstomo, Commento alia lettera ai Galati, Roma 21996, pp. 55ss [edición española: Comentario a la Carta a los Gálatas, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1996]).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy estas palabras de san Pablo: "Para mí, la vida es Cristo, y el morir, una ganancia" (Flp 1,22).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El edificio espiritual construido por san Pablo, con su profundidad profética y sus escarpadas ascensiones, emerge alto sobre el plano de nuestra apacible piedad cristiana. Quién fue este grande, que obró a la sombra de Uno inmensamente más grande que él? Quién fue este atrevido pionero, este "errante entre dos mundos"?
Dos ciudades ejercieron una influencia decisiva en el ciclo de su formación: Tarso y Jerusalén. "Soy un judío de Tarso de Cilicio...": así se calificó Pablo ante el comandante romano cuando fue encarcelado. Dos corrientes de antigua civilización afluían, pues, y se fundían en él: la educación judía en familia y la formación griega que absorbía en la capital de su provincia natal, dotada de universidad. Está escrito, ciertamente, en los designios de la Providencia que este hombre, destinado a que en su vida actuara como misionero en medio de los paganos, debería recibir su primera educación en un centro mundial del paganismo.
Aquel para quien ya no debería existir diferencia alguna entre judíos y paganos, entre griegos y bárbaros, entre libres y esclavos [cf. Col 3,11; 1 Cor 12,13), no debía nacer entre las idílicas colinas de Galilea, sino en el tumulto de un rico emporio comercial donde afluían y se mezclaban gentes de todas las naciones sometidas al Imperio romano.
"Soy de Tarso, una ciudad no oscura de Cilicio".
Parece
que se refleja en esta respuesta un sentimiento de genuino orgullo griego por su
propia ciudad de nacimiento. Tarso competía, en efecto, con Alejandría y Atenas
por la conquista del primado en el campo de la cultura; en ella se elegían los
maestros para los príncipes imperiales de Roma, y es natural que un centro de
cultura tan eminente influyera en la formación de la personalidad del futuro
apóstol... En Tarso dominaban la espiritualidad y la lengua griega junto a las
leyes romanas y a la austeridad de la sinagoga judía (J. Holzner, ['Apostólo
Pao/o, Brescia 21987 [edición española: San Pablo, Editorial Herder,
Barcelona 1989]).
Domingo IV del tiempo ordinario
LECTIO
Primera lectura: Deuteronomio 18,15-20
Moisés habló al pueblo diciendo:
15 El Señor, tu Dios, suscitará en medio de tus hermanos un profeta como yo; a él lo escucharéis.
16 Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando le dijiste: No quiero escuchar más la voz del Señor, mi Dios, ni quiero volver a ver aquel gran fuego, para no morir.
17 Entonces, el Señor me respondió: "Dicen bien.
18 Yo les suscitaré en medio de sus hermanos un profeta como tú; pondré mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que yo le mande.
19 Al que no escuche las palabras que él diga en mi nombre yo mismo le pediré cuentas.
20 Pero el profeta que tenga la osadía de anunciar en mi nombre lo que yo no le haya ordenado decir o hable en nombre de otros dioses morirá".
*"• Una tradición bíblica bien atestiguada, compartida por el Deuteronomio, hace de la "profecía" uno de los tres tipos de comunicación de la revelación divina: Ley, profecía, sabiduría. Profeta no es quien predice el futuro, sino alguien que habla en nombre de Dios, como portavoz de su Palabra, con su predicación y con su propia persona. La presencia del profeta es, por consiguiente, incómoda, puesto que frecuentemente acusa y denuncia el mal, pero precisamente por eso constituye un signo privilegiado de la presencia del Dios de la alianza en medio de su pueblo.
Ésa es la razón de que la iniciativa de hacer surgir un profeta corresponda en exclusiva a Dios y no sea fruto de cualidades particulares o de preparación humana: el profeta surge en el seno de la comunidad por acción directa de Dios: "El Señor, tu Dios, suscitará en medio de tus hermanos un profeta" (v. 15). Éste recibe de Dios un carisma que le separa de los modos de vivir habituales y le pone al servicio de Dios para su pueblo, a fin de realizar el designio divino en la vida concreta del pueblo del Pacto, con una disponibilidad plena a la Palabra de YHWH. Por eso las palabras del profeta son "palabras de Dios"; y de eso es garante el mismo YHWH: "Pondré mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que yo le mande" (v. 18).
Para el Deuteronomio es tan elevada la función de mediación "profética" de Moisés (cf. asimismo Dt 34,10-12) que de él parte la espera -muy presente en el judaísmo medio- de la llegada de "un profeta como Moisés" (cf. Jn 1,21). De ahí que este pasaje deuteronómico sea leído por el Nuevo Testamento como profecía de Jesús, el nuevo Moisés para el pueblo de los tiempos mesiánicos.
Salmo responsorial
Ojalá escuchéis
hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
Salmo 94, 1-2. 6-7c. 7d-9
Venid, aclamemos al
Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Entrad, postrémonos
por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que
él guía.
Ojalá escuchéis hoy su
voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me
pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras».
Segunda lectura: 1 Corintios 7,32-35
Hermanos:
32 Quiero que estéis libres de preocupaciones. Y mientras el soltero está en situación de preocuparse de las cosas del Señor y de cómo agradar a Dios,
33 el casado ha de preocuparse de las cosas del mundo y de cómo agradar a su mujer
34 y, por tanto, está dividido. Igualmente, la mujer no casada y la doncella están en situación de preocuparse de las cosas del Señor, consagrándose a él en cuerpo y alma. La que está casada, en cambio, se preocupa de las cosas del mundo y de cómo agradar a su marido.
35 Os digo esto no para tenderos una trampa, sino para vuestra utilidad, mirando a lo que es decoroso y facilita el trato asiduo con el Señor.
*+• El apóstol empieza diciendo que desearía para todos sus fieles un modo sereno de vivir la fe, hecho a base de adhesión plena al Señor (v. 32). Y en esta dirección se inserta la predilección que muestra por la opción de la vida célibe. Con todo, no hay en Pablo desprecio alguno por la vida matrimonial, a causa de las tensiones que necesariamente impone, ni existe en Pablo un ideal de santidad "en dos planos": uno para los casados y otro para los célibes. Tampoco afirma esas cosas para poner a las personas más ansiosas en su vida de fe, haciéndoles pensar, por ejemplo, que sólo se puede vivir la adhesión al Señor en la vida célibe.
Pablo pretende, más bien, conducir a los corintios a la serenidad de la conciencia y del juicio, como muestra la conclusión de la lectura, en donde Pablo recuerda que todas las indicaciones de vida dadas por él son para su bien, no para "tenderos una trampa" (v. 35a). Desea iluminar positivamente las conciencias para que las opciones de vida de los fieles, sean cuales sean, estén dirigidas "a lo que es decoroso y facilita el trato asiduo con el Señor" (v. 35b).
La única preocupación a la que debe tender el corazón es "agradar a Dios" (v. 32), o sea, buscar la actitud con la que el Antiguo Testamento sintetiza la experiencia de fe de los justos. Esto va dirigido a todos, a solteros y casados; sin embargo, el apóstol recuerda que -siendo realista- el esfuerzo encaminado a agradar a Dios debe compaginarse, en el caso de los casados, con el cumplimiento del deber de atención recíproca de los cónyuges, y esto puede crear objetivamente en ocasiones algunas tensiones (v. 34).
Por lo que respecta al estado de vida célibe, Pablo expresa un aprecio especial por esta vocación en la Iglesia, como ha mostrado ya algunos versículos antes, donde califica a la virginidad con el término de "carisma" (1 Cor 7,7). El soltero está llamado a dar testimonio, con la ascesis y pobreza particular que implica su elección, de la esperanza escatológica en el Reino de Dios y de la necesidad de servir sólo a Dios.
Evangelio: Marcos 1,21-28
21 Llegaron a Cafarnaún y, cuando llegó el sábado, entró en la sinagoga y se puso a enseñar a la gente,
22 que estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los maestros de la Ley.
23 Había en la sinagoga un hombre con espíritu inmundo, que se puso a gritar:
24 -Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? Has venido a destruirnos? !Sé quién eres: el Santo de Dios!
25 Jesús le increpó diciendo: -!Cállate y sal de ese hombre!
26 El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él.
27 Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: -Qué es esto? !Una doctrina nueva llena de autoridad! !Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos le obedecen!
28 Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea.
*•• Jesús empieza a enseñar en las sinagogas de Galilea. Está rodeado, como los maestros de la Ley, de un grupo de discípulos y, como ellos, también les explica las Escrituras durante la liturgia sinagogal del sábado (v. 21); sin embargo, algo sorprende en su manera de hablar, una novedad que no consiste en recursos retóricos y que induce a la gente a afirmar que Jesús no es un maestro como los otros rabinos (v. 22).
La novedad no está sólo en el hecho de que la predicación de Jesús se parezca más a la profecía que a la enseñanza sapiencial, fruto del estudio y de la reflexión sobre el patrimonio de la tradición; la novedad consiste más bien, fundamentalmente, en la irresistible autoridad de la enseñanza (vv. 22.27). La "autoridad" de sus palabras le viene, en efecto, de su experiencia bautismal: Dios es un Padre atento y muy próximo a la humanidad, a pesar de que esté herida por el pecado.
La curación de un enfermo presente en la sinagoga ("un hombre con espíritu inmundo": v. 23) hace visible esa íntima certeza de Jesús y es -según la teología de Marcos- un comentario en acción a su Palabra, que debe comunicar con la fuerza de los hechos la verdad de la venida del Reino de Dios como liberación de la humanidad. El evangelio presenta a este enfermo como un "endemoniado": la cultura de aquel tiempo atribuía con frecuencia las enfermedades psíquicas y físicas al influjo de alguna fuerza misteriosa, diabólica. La atención del relato evangélico no se dirige en todo caso a clarificar la identidad de esa fuerza maligna, sino que se concentra en Jesús y en su firme voluntad de derrotar al mal presente en el hombre. La curación del "endemoniado", más allá de comunicar algo de las extraordinarias dotes taumatúrgicas de Jesús, revela la realidad del Reino que anuncia como victoria sobre el mal en sus diferentes formas, precisamente tal como aparece en el plural usado por el "demonio": "Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? Has venido a destruirnos?" (v. 24). Nótese, por último, que el demonio daría la impresión de tener ventaja sobre Jesús, una ventaja puesta de manifiesto por el "saber": "!Sé quién eres: el Santo de Dios!"; sin embargo, no sabe precisamente lo esencial: Dios quiere comunicar su santidad justamente a la humanidad lacerada y dominada por fuerzas alienantes. Ésta es la "doctrina nueva llena de autoridad" que sorprende y muestra en Jesús al "más fuerte", anunciado previamente por el Bautista (cf. Me 1,7).
MEDITATIO
Un aspecto de la victoria sobre el mal, que anuncia y produce el Evangelio del Reino, es también la superación de los "juicios universales", con los que nos inclinamos a hacer coincidir a los otros y a nosotros mismos con nuestros problemas y fracasos o con el mal que se ha cometido. Ésta era, por lo demás, la tentación que asediaba asimismo a la muchedumbre que se encontraba presente en la sinagoga frente al pobre endemoniado.
Jesús, en cambio, da por sentada una certeza, una certeza para la que ni siquiera los gritos descompuestos y desgarradores del endemoniado suponen un obstáculo: éste sigue siendo un hombre (v. 25), una criatura a la que Dios ha revestido de su gloria. Así, si en nuestro corazón se levantan alguna vez voces descompuestas que nos echan en cara nuestros límites y quieren hacernos perder de vista nuestra dignidad y libertad, aquí está la Palabra de Jesús, que se levanta para hacer callar de nuevo nuestras dudas y la vergüenza paralizadora.
También hoy sigue actuando el poder de su amor, del mismo modo que cuando redujo al silencio al demonio que atormentaba al pobre enfermo en la sinagoga de Cafarnaún. Esa misma Palabra no cesa de recordarnos la verdad celebrada por tantos pasajes bíblicos, en particular por el salmo 8: Dios revela en la humanidad su propia gloria, imponiendo silencio a las fuerzas del caos ("para hacer callar al enemigo y al rebelde"), porque hace de nosotros, hombres y mujeres, sus criaturas amadas. Jesús nos atestigua que Dios está siempre de nuestra parte y no deja que nos arrebate ningún espíritu inmundo. Estar seguros de esta grandeza nuestra, que nos ha sido otorgada por el inmerecido amor divino, y vivir la experiencia de la vida en Cristo nos libera asimismo de la tentación de entender la religión como un perderse en una selva de reglas y preceptos que hemos de conciliar con las siempre cambiantes situaciones de la existencia. Respiramos entonces ese sentido de novedad y libertad que la gente advertía en las palabras y las acciones de Jesús. En efecto, vivir en la libertad a la que nos ha llamado Cristo nos hace reapropiarnos de la economía profética y nos lleva a comprender que también hoy irrumpe la Palabra de Dios con toda su fuerza para consolar y amonestar, justamente como cuando los profetas se levantaban en Israel para hablar en nombre del Dios vivo.
ORATIO
Señor Jesús, te reconozco como el salvador de mi vida y como el único maestro de Sabiduría que tiene palabras de vida eterna. Cuando las fuerzas del mal quisieran reprenderme, mi fe manda nuevamente con el poder de tu Palabra que se callen y se implante la bonanza en mi corazón. Fortalece mi fe para que pueda confiarme siempre a ti, porque no me dejas en manos del Maligno, sino que has venido precisamente para liberarme y para mostrarme que el amor de tu Padre no nos identifica nunca con nuestros pecados, errores y problemas.
Por eso te doy gracias y te bendigo, mientras invoco tu ayuda a fin de que yo sepa apreciar cada día más todo lo que haces por mí y gozar de la novedad de tu Evangelio. Te pido que enriquezcas nuestras comunidades con el carisma de la profecía, suscitando personas que tengan un vivo sentido de tu presencia, que nos ayuden a discernir tu voluntad y nos acompañen en el descubrimiento de la fuerza y de la novedad que tu Evangelio sigue conservando también en nuestro tiempo. Oh Señor, suscita también en medio de nosotros el don de la virginidad, el carisma profético que atraiga a jóvenes y a muchachas fascinados por una vida de plena consagración a ti e impulsados por el ideal de una comunión contigo sin distracciones.
CONTEMPLATIO
Dijo el padre Antonio: "Vi tendidas sobre la tierra todas las redes del Maligno y dije gimiendo: "Quién podrá escapar de ellas?". Y oí una voz que me dijo: "La humildad"" (Vida y dichos de los padres del desierto, vol. I, Desclée de Brouwer, Bilbao 1996, p. 85).
Sin la tentación, no experimentamos las atenciones que tiene Dios con nosotros, no ganamos la confianza en él, no aprendemos la sabiduría del Espíritu, ni el amor de Dios arraiga en nuestras almas. Ante las tentaciones, el hombre ora a Dios como un extranjero; sin embargo, después de que él, gracias al amor que Dios le tiene, ha hecho frente a la tentación sin dejarse desviar por la misma tentación, Dios le mira como a alguien que le ha amado y puede recibir legítimamente de él la recompensa: le considera como un amigo que, por su amor, ha combatido contra el poder de los enemigos, los demonios (Isaac de Nínive, citado en A. Grün, Il cielo comincia in te, Brescia 22000, pp. 57ss).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Haz, Señor, que escuchemos tu voz".
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
"Había en la sinagoga un hombre con espíritu inmundo" (Mc 1,23). Y yo? Cuánto tiempo llevo formando parte de los que asisten fielmente a misa, cada domingo, año tras año...? Pero soy consciente de mi verdadera condición de hombre poseído por un "espíritu inmundo"? Hasta ahora nadie me había hablado de ello, por la enorme facilidad con que podía esconder mi verdadera condición bajo la máscara religiosa. A buen seguro, ha habido horas y días en que me daba cuenta de que "algo no funcionaba"... "Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret?" (Mc 1,24). Advertimos la carga de agresión aue irrumpe desde lo más hondo de nosotros mismos sólo al oír la palabra santo? Esta palabra por sí sola hace añicos nuestra idea de vida que - a pesar de todo- nos ha ayudado bien o mal a hacer frente al orden cotidiano. El "Santo" lo dejamos nosotros a los "santos", quienes, no obstante -fíjate tú - , eran hombres, !y qué hombres! En lo más profundo de nuestro interior advertimos que Jesús, "el Santo de Dios", nos está pidiendo una conversión, un modo de entender la vida completamente nuevo... "!Cállate y sal de ese hombre!" (Mc 1,25). Sólo una cosa es segura: sin la Palabra poderosa de Jesús, nunca podrá ser destrozado el dominio tiránico del "espíritu inmundo". Sentimos entonces toda nuestra impotencia e incapacidad para cambiar las cosas nosotros solos, para denunciar la soberanía del "espíritu inmundo". Jesús pronuncia la palabra poderosa. Señor, nosotros queremos, ayuda a nuestra falta de voluntad (H. Jaschke, Cesü, !I guaritore, Brescia 1997, pp. 254ss, 260, passim).
Santo Tomás de Aquino.- Nació en el seno de la noble familia de Aquino en torno a 1225 y pasó los primeros años de su formación religiosa junto a los benedictinos de Montecassino. Siendo estudiante en la Universidad de Napóles, entró en contacto con los dominicos, que acababan de ser fundados hacía pocos años. Fascinado por el estilo de éstos en Napóles, quiso abrazar este tipo de vida, pero tuvo que hacer frente a resistencias familiares.
En Colonia (Alemania) fue alumno predilecto de san Alberto Magno (1248-1252). Cuando apenas contaba treinta años se le concedió el grado de maestro en Teología por la Universidad de París. Su actividad de rofesor, predicador, consultor de obispos y papas y defensor de la fe fue enorme. Escribió muchas obras comentando la Sagrada Escritura, obras de teología -las más famosas son la Summa teológica y la Summa contra entiles- y obras comentando los principales escritos de Aristóteles y de otros grandes estudiosos del pensamiento filosófico. Estas obras, maravillosa síntesis de armonía entre las conquistas más arduas del pensamiento humano y de la traducción genuino de la fe católica, continúan
orientando todavía hoy el estudio de la teología. Murió el 7 de marzo de 1274 en la abadía de Fossanova mientras iba de viaje para el Concilio de Lyon, en el que iba a tomar parte junto con san Buenaventura, de quien era muy amigo. Fue canonizado el 18 de julio de 1323 por Juan XXII. San Pío V lo proclamó "doctor de la Iglesia" en 1567, y León XIII, patrono de las escuelas católicas en 1879.
Miércoles de la IV semana del Tiempo ordinario o
San Juan Bosco
Nació en Castelnuovo d'Asti en el año 1815, en el seno de una familia pobre. Dio muestras de poseer grandes dotes. Fue educado por su madre en la fe y en la práctica de las virtudes cristianas. A los nueve años intuyó por un sueño que debería dedicarse a la educación de la juventud. Siendo todavía un muchacho, fundó entre sus compañeros la "Sociedad de la alegría" para hacer la guerra al pecado. Ordenado sacerdote en 1841, escogió como programa de vida: Da mihi animas, cetera tolle (Gn 14,21) y dio origen al oratorio bajo la protección de san Francisco de Sales. Su estilo educativo y pastoral se basaba en el sistema preventivo y en la educación en la fe. Fundó la "Sociedad de san Francisco de Sales" (salesianos) y, con santa María Domenica Mazzarello, el "Instituto de las Hijas de María Auxiliadora". Creó también con laicos los cooperadores salesianos. El "padre y maestro de la juventud" murió en Turín el 31 de enero de 1888.
LECTIO
Primera lectura: 2 Samuel 24,2.9-17
En aquellos días,
2 el rey dijo a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: - Recorred todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y haced el censo del pueblo para que sepa yo cuántos son.
9 Joab informó al rey sobre el resultado del censo del pueblo; había en Israel ochocientos mil hombres aptos para la guerra y diestros con la espada, y en Judá, quinientos mil.
10 Después de hacer el censo del pueblo, David sintió remordimientos de conciencia, y dijo al Señor: - !He cometido un gran pecado al hacer esto! Pero dígnate, oh Señor, perdonar el pecado de tu siervo, porque me he portado como un insensato.
11 Al día siguiente, cuando se levantó David, el Señor dirigió esta palabra al profeta Gad, vidente de David:
12 - Vete a decir a David: Así dice el Señor: tres castigos te pongo delante; elige uno de ellos y yo lo llevaré a cabo.
13 Gad se presentó a David y le dijo: - Qué prefieres? Que venga una carestía de tres años a tu tierra, que tengas que huir durante tres meses perseguido por tu enemigo o que haya tres días de peste en tu tierra? Piensa y decide la respuesta que debo dar al que me envía.
14 David dijo a Gad: - Me veo en un gran aprieto. Pero es preferible caer en manos de Dios, cuya misericordia es grande, a caer en manos de los hombres.
15 Y David eligió la peste. Era el tiempo de la siega del trigo. El Señor envió la peste desde la mañana hasta el tiempo fijado, y murieron desde Dan hasta Berseba setenta mil hombres del pueblo.
16 El ángel extendió su mano sobre Jerusalén para exterminarla. Entonces el Señor se retractó del mal y dijo al ángel que exterminaba al pueblo: - Basta; que cese el castigo. El ángel del Señor estaba junto a la era de Arauná, el jebuseo.
17 Cuando David vio al ángel que azotaba al pueblo, dijo al Señor: - Soy yo quien ha pecado y quien ha hecho el mal, pero el pueblo es inocente. Castígame a mí y a mi familia.
**• Los últimos capítulos del segundo libro de Samuel interrumpen la historia de la sucesión de David para insertar, como en apéndice, algunos episodios. El censo dispuesto por David (v. 2) va contra la Ley, según la cual sólo Dios puede cuantificar la consistencia de su pueblo. Por eso David siente remordimientos (v. 10) y el profeta Gad le preanuncia el castigo (v. 13).
David sólo puede escoger entre la carestía, la derrota y la peste: son los castigos previstos por la Ley para la traición a la Alianza (cf. Dt 28,21-26). David prefiere la peste a la guerra, no sólo por su menor duración, sino
porque un castigo de la mano de Dios permite confiar en la misericordia divina (v. 14), lo que no ocurre cuando el castigo lo aplica la mano del hombre.
En efecto, el Señor siente piedad y perdona a Jerusalén (v. 16); también el rey siente compasión e intercede por el pueblo inocente, asumiendo la responsabilidad de lo sucedido (v. 17).
Salmo responsorial
Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.
Salmo 31
1
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
2
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no
hay engaño.
3
Mientras callé se consumían mis huesos,
5
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: <<Confesaré al Señor mi culpa>>,
y tú
perdonaste mi culpa y mi pecado.
Evangelio: Marcos 6,1-6
En aquel tiempo, Jesús
1 salió de allí y fue a su pueblo, acompañado de sus discípulos.
2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La muchedumbre que lo escuchaba estaba admirada y decía: - De dónde le viene a éste todo esto? Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? Y esos milagros hechos por él?
3 No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? No están sus hermanas aquí entre nosotros? Y los tenía escandalizados.
4 Jesús les dijo: - Un profeta sólo es despreciado en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
5 Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo curó a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
6 Y estaba sorprendido de su falta de fe.
**• Esta breve perícopa concluye la sección de los milagros e introduce una serie de peregrinaciones de Jesús dentro y fuera de Galilea. La expresión genérica "pueblo" (v. 1) era suficiente para indicar Nazaret; es más precisa la determinación del tiempo: es importante que la manifestación de Jesús tenga lugar el sábado (v. 2). En Israel, cualquier hombre adulto podía comentar la Escritura en la sinagoga: sin embargo, la enseñanza de Jesús es diferente a la de todos los rabinos de aquel tiempo. Aunque sin citar (entre los sinópticos sólo lo hace Lucas [4,17ss]) los versículos de Isaías comentados en Nazaret, Marcos registra el estupor de los presentes. Tres son los motivos de admiración: el origen de las palabras pronunciadas por Jesús; la sabiduría que posee; los prodigios que realiza. Todo esto parece contrastar con la familiaridad que los nazarenos creían tener con él, dado que conocían a sus padres y hermanos.
La verdadera identidad de Jesús se revela aquí a través de su ser signo de contradicción, piedra de tropiezo, motivo de escándalo (v. 3). Esto mismo constituía ya una característica de los profetas, perseguidos con mayor frecuencia precisamente por aquellos que hubieran debido comprenderles mejor (v. 4). Por esa desconfianza, no pudo realizar Jesús milagros entre sus paisanos: él mismo se muestra sorprendido de esta falta de fe, del mismo modo que los suyos estaban admirados de su autoridad.
MEDITATIO
De este fragmento se desprende la ambigua relación que mantuvo Jesús con su ciudad: los nazarenos, asombrados por sus palabras, se escandalizan de él, y él se sorprende de su incredulidad. Entre líneas parece manifestarse el desconcierto del mismo evangelista: cómo es que los suyos, aquellos que hubieran debido serles más próximos, no creen en él? Cómo es que, precisamente en su ciudad, realiza poco prodigios? Sin embargo, esto no debía sorprender a los israelitas, que conocían bien la historia de los profetas, perseguidos y despreciados a menudo precisamente por su mismo pueblo. Y tampoco debe sorprendernos a nosotros, que nos encontramos, por así decirlo, en la condición de los nazarenos: por qué precisamente las comunidades cristianas se encuentran con frecuencia tan alejadas de la Palabra de Dios? Por qué sucede que los no creyentes conocen mejor la Biblia? Por qué tampoco en nuestros días son escuchadas las voces "proféticas" o, lo que es peor, son marginadas, ridiculizadas, acusadas de herejía?
En el segundo libro de Samuel es el Señor quien sugiere a David el censo (2 Sm 24,1), mientras que el primer libro de las Crónicas atribuye la idea a Satanás (1 Cr 21,1). En realidad, se trata de una lectura teológica especular: Satanás no es más que un instrumento en manos de Dios (cf. Job 1,6), que pone a prueba la fe de los suyos. David cree seguir una sugerencia exterior, pero no hace más que obedecer a su sed de dominio, que quiere hacerle controlar al pueblo; olvida que es sólo el administrador, no el dueño, del pueblo de Dios.
El problema, tanto en el caso de David como en el de los nazarenos, consiste en dejarse llevar por la Palabra de Dios sin pretender saber más que ella o juzgar si en el hijo de un carpintero puede manifestarse o no la sabiduría de Dios.
ORATIO
Señor, perdona el orgullo que me impide leer las cosas por dentro. Pretendo siempre ser capaz de dominar los acontecimientos, y me escandalizo cuando no discurre todo según mis previsiones. Perdona, Señor, mi falta de confianza en ti.
Te acuso de estar lejos, de no escucharme, de no acudir en mi ayuda; sin embargo, soy yo quien no es capaz de hacer el vacío en mi corazón para dejarte espacio.
Señor, no sé rogarte. No sé dirigirte mis peticiones con sencillez y confianza. Sugiéreme tú las palabras, porque tengo necesidad de ellas: soy un ser humano, Señor, y no soy capaz de soportar el silencio.
No haces prodigios para mí porque yo, como los nazarenos, no creo en ti. No tienes piedad de mí como tuviste piedad de Jerusalén porque no sé reconocer mis culpas como las reconoció David. Ayúdame, Señor.
Tú no estás lejos de mí: soy yo el que estoy lejos de mí mismo y de ti.
CONTEMPLATIO
Tiene albugo en el ojo aquel a quien la ceguera producto de su presunción de sabiduría y de justicia no le permite ver la luz de la verdad. En efecto, si la pupila del ojo está negra, ve, pero si tiene una mancha blanca, no ve nada. Está claro que si el hombre se reconoce necio y pecador en su meditación, llega a la experiencia de la claridad interior. Ahora bien, si se atribuye el candido brillo de la sabiduría y de la justicia, se excluye por sí mismo de la luz divina; y tanto menos consigue penetrar en la claridad de la verdadera luz cuanto más exalta su presunción a sus propios ojos (Gregorio Magno, La regola pastorale, Roma 31995, pp. 62ss [edición española: Obras, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1959).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Qué sabiduría es esa que le ha sido dada?" (Mc 6,2).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Al cabo de una inmensa preparación, llena de sangre y de luces, una preparación que orienta toda la historia y tiene su propio eje en el destino de Israel, Dios se ha hecho hombre para cambiar el sentido de la muerte y abrir de nuevo a los hombres la plenitud de su vocación. En Cristo, el hombre ha sido restablecido en su dignidad de persona "a imagen de Dios" y por eso, aunque supera infinitamente al mundo, ha sido llamado a transformarlo en "cuerpo de Dios" a través de la difusión de la eucaristía. La meditación de la Iglesia antigua -que fue sintetizada por la regla de fe elaborada por los siete grandes concilios ecuménicos- ha hecho posible el desarrollo de la ciencia y de la técnica "occidentales". Esta meditación está sellada por la sangre de los mártires y por la luz de los transfigurados. [...]
La historia y el cosmos fueron arrancados así a los dioses y entregados al hombre, aunque sólo en la medida en que el hombre se reconoce criatura y sólo mientras su técnica permanezca al servicio de la celebración. [...] La rebelión moderna constata que "dios" se reduce a unas dimensiones muy determinadas de este mundo: proyección de la lucha de clases en Marx, de la debilidad y del resentimiento en Nietzsche, de una sexualidad reprimida en Freud. En la política, en la medicina o en la psicología se constituyen saberes y técnicas para sofocar la angustia fundamental: reducir las consecuencias destructoras del azar y de la necesidad. Si no hay nada fuera del mundo, el conocimiento de sus leyes, un conocimiento que se pretende total, justifica los regímenes totalitarios. Si no hay nada fuera del placer, es menester producir y consumir hasta la eutanasia final. No bromeaba Solzhenitsin cuando decía que la inflación no tiene otra causa que no sea el pecado.
El más grande entre todos los concilios ecuménicos fue, sin duda, el de
Calcedonia, celebrado el año 453 en la orilla oriental del Bósforo, ese río
marino en el que se encuentran Europa y Asia. El concilio de Calcedonia celebró
la unión de lo divino y de lo humano, sin separación ni confusión, en Cristo.
Pues bien, parece ser que, en el siglo XIX, un cristianismo ampliamente pietista
y moralista, y esto puede decirse tanto de Oriente como de Occidente, se olvidó
del dogma de Calcedonia. Feuerbach, que en este punto sería seguido por Marx,
consideraba que "dios" era la parte mejor del hombre y que éste, a causa de su
impotencia, lo proyectaba en un cielo imaginario. De este modo, anunciaba
oficialmente la carencia de la vocación a la deificación en el cristianismo de
su tiempo. Los dos términos del adagio patrística, tan profundamente
"calcedoniano", Dios hecho hombre, el hombre hecho Dios (es decir, plenamente
hombre en la unión con Dios), están ahora el uno contra el otro. Es el duelo,
descrito por Dostoievski, del hombre-Dios anticristiano contra el Dios-hombre
crístico. Calcedonia ha caído en el olvido, Cristo vuelve a ser crucificado (O.
Clément, La rívolta dello Spiríto, Milán 1980, pp. 18-23).