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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Viernes 22 de Enero de 2021

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL VIERNES SEMANA II DEL SALTERIO  

 LECTIO DIVINA correspondiente al Viernes 2ª semana del Tiempo ordinario o 22 de enero, conmemoración de

San Vicente  

(+304) San Vicente era un diácono español, y su martirio fue tan famoso que San Agustín le dedicó cuatro sermones. Era diácono o ayudante del Obispo de Zaragoza, España, San Valerio (cuya conmemoración se celebra hoy También). Como el obispo tenía dificultades para hablar bien, encargaba a Vicente la predicación de la doctrina cristiana.          

El Emperador Diocleciano decretó la persecución contra los cristianos y el gobernador Daciano hizo poner presos al Obispo Valerio y a su secretario Vicente. Les ofrecieron muchos regalos y premios si dejaban la religión de Cristo. Vicente dijo: "Estamos dispuestos a padecer todos los sufrimientos posibles, con tal de permanecer fieles a la religión de Nuestro Señor Jesucristo". Entonces Daciano desterró al Obispo y se dedicó a hacer sufrir a Vicente las más espantosas torturas. El primer martirio fue un tormento llamado: "el potro", que consistía en amarrarle cables a los pies y a las manos y tirar en cuatro direcciones distintas al mismo tiempo. Vicente, fiel a su nombre que significa "valeroso", aguantó este terrible suplicio rezando y sin dejar de proclamar su amor a Jesucristo. El segundo tormento fue apalearlo. El cuerpo de Vicente quedó masacrado y envuelto en sangre. Pero siguió declarando que no admitía más dioses que el Dios verdadero, ni más religión sino la de Cristo. Y vino el tercer tormento: la parrilla al rojo vivo. Lo extendieron sobre una parrilla calientísima erizada de picos al rojo vivo. Los verdugos echaban sal a sus heridas. Vicente no hacía sino alabar y bendecir a Dios. San Agustín dice: "El que sufría era Vicente, pero el que le daba tan grande valor era Dios". Dios cuando manda una pena, concede también el valor para sobrellevarla.

            El tirano mandó que lo llevaran a un oscuro calabozo cuyo piso estaba lleno de vidrios cortantes y que lo dejaran amarrado y de pie hasta el día siguiente para seguirlo atormentando. El poeta Prudencio dice: "El calabozo era un lugar más negro que las mismas tinieblas; era una noche eterna donde nunca penetraba la luz". Pero a medianoche el calabozo se llenó de luz. A Vicente se le soltaron las cadenas. El piso se cubrió de flores. Se oyeron músicas celestiales. Y una voz le dijo: "Ven valeroso mártir a unirte en el Cielo con el grupo de los que aman a Nuestro Señor". Al oír este hermoso mensaje, San Vicente murió de emoción. El carcelero se convirtió al Cristianismo, y el perseguidor lloró de rabia al día siguiente, al sentirse vencido por este valeroso diácono.

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 8,6-13

Hermanos:

6 Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en promesas mejores.

7 En efecto, si la primera alianza hubiera sido perfecta, no habría sido necesario buscar una segunda.

8 Pero es un reproche el que Dios les hace cuando dice: Vienen días, dice el Señor, en que yo concluiré con el pueblo de Israel y de Judá una alianza nueva;

9 no como la alianza que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto Ellos no fueron fieles a mi alianza, y por eso los deseché, dice el Señor.

10 Pero ésta es la alianza que yo haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

11 Nadie tendrá ya que instruir a su conciudadano ni a su hermano diciendo: «Conoce al Señor», porque todos me conocerán, del menor al mayor.

12 Pues yo perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus pecados.

13 Al decir alianza nueva, Dios ha declarado vieja a la primera; ahora bien, lo que se vuelve viejo y anticuado está a punto de desaparecer.

 

*•• «...éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados». En toda celebración eucarística, en el momento de la consagración, revivimos con estupor conmovido y adorador el misterio de la «alianza superior», cuyo mediador, como dice la carta a los Hebreos, es Jesús.

El pasaje describe detenidamente con una extensa cita, tomada del capítulo 31 del libro del profeta Jeremías, la «nueva» alianza con la que Dios sustituye –declarándola superada- la precedente, estipulada mediante ritos y prácticas exteriores. El vínculo que había establecido con los padres, cuando liberó a su pueblo de Egipto, ha quedado roto a causa de la infidelidad de Israel; sin embargo, Dios no se detiene ante ello y estipula otra alianza, destinada a penetrar en lo íntimo del hombre, en su mente, en su corazón. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que el progresivo cumplimiento del deseo apasionado de Dios de hacerse reconocer y amar por el hombre, criatura pensada y querida en la libertad. El prodigio de esta «alianza nueva» consistirá en que, por fin, cada uno «conocerá» -esto es, amará- al Señor, que, una vez más, se manifiesta como Aquel que es misericordia, perdón (Ex 34,6ss). El lugar en que se consumará tal manifestación será la cruz del Hijo amado, Jesús.

 

Evangelio: Marcos 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús

13 subió al monte, llamó a los que quiso y se acercaron a él.

14 Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar

15 con poder de expulsar a los demonios.

16 Designó a estos doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro;

17 a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno;

18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo

19 y Judas Iscariote, el que lo entregó.

 

*» Como ocurría ya en la primera lectura, también en este pasaje del evangelio vemos desplegarse la iniciativa de Dios, que, deseando vincular de una manera más estrecha consigo a la humanidad, elige a través de Jesús a algunos que experimenten de una manera más profunda su amor y se conviertan en testigos, anunciadores de la nueva alianza entre los hermanos.

Las características de esta llamada responden al criterio de una libertad absoluta por parte del Maestro, que llamó «a los que quiso» (v. 13), es decir, a los que amaba. Con todo, la elección se hace siempre a favor de todos los hermanos. Marcos lo subraya inmediatamente después. Los eligió antes que nada «para que lo acompañaran» (v. 14), aprendiendo así a conocer el corazón del Padre manifestado en Jesús. Sólo a partir del vínculo profundo establecido con él son enviados los discípulos a anunciar a todos la «Buena Nueva» del amor del Padre. Jesús les confiere también el poder de vencer al mal y, por consiguiente, todo miedo, expulsando a los demonios (cf. v. 15).

Los escogidos son doce, número entrañable en Israel; son, por tanto, los patriarcas del nuevo pueblo de Dios, testigos ante todos de todo lo que dice y hace Jesús. El primero es Simón, que recibe el nombre de Pedro-Roca, imagen de la fidelidad de Dios a su alianza (v. 16). Le siguen Santiago y Juan, a quienes dio Jesús, tal vez a causa de su carácter, el sobrenombre de «hijos del trueno» (v. 17), y después todos los otros hasta llegar a Judas Iscariote, el traidor: también él fue elegido por ser amado.

Los Doce son gente normal, sin prerrogativas excepcionales, bien al contrario; y, sin embargo, precisamente a ellos confió Dios dar testimonio de su amor a los hombres.

 

MEDITATIO

Dios creó todo el universo para el hombre y creó al hombre para unirlo a Él en Jesús, su Hijo. Esta certeza está en condiciones de iluminar y cambiar por completo nuestra vida, porque no es posible sentirnos amados sin que esto renueve desde el interior nuestra existencia y cambie nuestras relaciones. El riesgo que corremos es vivir como desmemoriados, dejándonos aplastar por la opacidad de un horizonte en el que no penetra la luz de Dios.

«Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron» (cf. Jn 1,11), pero si lo recibimos, si nos abrimos a la alegría de la fe, entonces también nosotros nos convertimos en hijos, amados, escogidos, elegidos para estar siempre con él y para anunciarlo a los hermanos, con el poder de derrotar al Maligno, que recurrirá a todo para alejarnos de la alegría de este descubrimiento. ¿Dónde podemos alcanzar la fuerza para vivir la memoria de este amor poderoso, sino participando en el sacrificio eucarístico que cada día nos vuelve a llevar a las fuentes del don de Dios y vuelve a proponernos adherirnos a la nueva y eterna alianza entre Dios y el hombre que Jesús ha venido a establecer en su sangre divina derramada por nosotros?

 

ORATIO

Señor Jesús, tú me has llamado también a mí para que esté contigo. Has vencido para siempre mi soledad dándome la plenitud de tu amor, capaz de renovar todas las cosas. Abre mi corazón para acoger cada día la novedad de tu Espíritu, que viene sobre mí y me impulsa a anunciarlo a mis hermanos. Hay una enorme necesidad de alegría, de amor y de paz a mi alrededor, entre todos los que viven más cerca de mí.

Concédeme penetrar en el misterio de tu entrega de amor que renuevas por nosotros a diario sobre el altar, haz que yo llegue a ser un testigo creíble. Hazme comprender que «hay más alegría en dar que en recibir» y vence en mí toda resistencia, toda dureza, para que también yo sea para todos pan partido, sangre derramada, en el misterio de la nueva y eterna alianza entre Dios y el hombre, que tú has venido a sellar con tu sangre.

 

CONTEMPLATIO

El Señor ha prometido a sus santos no sólo estar, sino permanecer también junto a ellos y, lo que es aún más grande, morar en ellos. ¿Qué digo? Está escrito nada menos que el Señor, amigo de los hombres, se une a sus santos con tal amor que forma un solo espíritu con ellos. Es imposible expresar la amistad de Dios por los hombres; su amor por nuestra estirpe supera todo discurso humano y sólo conviene a la divina bondad: en esto consiste, en efecto, la paz de Dios, que supera todo entendimiento.

De modo análogo, la unión del Señor con aquellos a quienes ama está por encima de cualquier unión que podamos pensar, de cualquier ejemplo que podamos poner; por eso ha tenido que servirse la Escritura de muchas imágenes para expresarla, porque una sola hubiera sido insuficiente. Unas veces usa la figura de la casa y del que habita en ella, otras la de la vid y los sarmientos, otras las bodas, otras la cabeza y los miembros, pero ninguna corresponde a la realidad de tal modo que, por las imágenes, sea posible llegar al conocimiento exacto de la verdad. En efecto, la unión debe corresponder al amor, pero ¿qué realidad puede ser adecuada al amor divino?

Las bodas no pueden unir a los esposos hasta tal punto que les haga estar y vivir el uno en el otro, como sucede con Cristo y la Iglesia. Los miembros están unidos a la cabeza, viven de esta conexión y, si son cortados, mueren, pero bastante más que a su cabeza están unidos a Cristo, y viven por él mucho más que por la unión a su cabeza. Y llego así a la realidad más extraordinaria: ¿quién está más unido a otro que consigo mismo? Pues bien, también esta unidad es inferior a la unión de la que hablamos. A buen seguro, cada uno de los espíritus bienaventurados es único e idéntico a sí mismo; sin embargo, está más unido al Salvador que a sí mismo: en efecto, ama al Salvador más que a sí mismo (Nicolás Cabasilas, La vita in Cristo, II [edición española: La vida en Cristo, Rialp, Madrid 1999]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación» (Sal 84,8).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

No parece una cosa tan evidente que los cristianos sean una «estirpe elegida». Pendencieros, vanos, egoístas, petulantes, ingratos, tenaces en el resentimiento, los miembros de esta raza elegida a duras penas se distinguen en el marco de la universal miseria humana. Nada de lo nuestro puede haber motivado, ni de lejos, la elección divina. El único valor que hay en nosotros es precisamente esta elección, que lleva a cabo y explica cuanto de santo, de puro, de generoso, de sabio, de bueno... germina en un terreno tan sórdido y duro. La existencia de una «estirpe elegida» no significa que haya «estirpes excluidas». La estirpe elegida está compuesta por todos los que no se defienden del asalto del amor que está en el origen de todas las cosas que existen. Los «predestinados» son -allí donde se encuéntrenlos que se dejan amar. La Iglesia es la asamblea de los convocados por el amor del Padre.

Somos un pueblo, unificado por la común dignidad y por la esperanza común. Somos un pueblo con la única ley del amor. Con nuestro comportamiento podemos desmentir mil veces esta realidad nuestra, pero no por ello deja de estar arraigada y de ser urgente dentro de nosotros. Somos un pueblo y parecemos una manada de litigiosos sumarios. Ahora bien, nadie debe ironizar ni escandalizarse. Nadie que sea capaz de registrar despiadadamente sus propias derrotas se maravillará de los ideales aparentemente inertes y traicionados por todos, con tal de que cada día se renueve el compromiso. Estoy tan asombrado y soy tan feliz de que me haya alcanzado la misericordia, que no llego a descubrir justamente motivos de indignación y de denuncia.

Somos un pueblo de gente que intenta amar en un mundo donde todo nos invita a atrincherarnos en nosotros mismos; que intenta contemplar la realidad verdadera y eterna, mientras que todos nos exhortan a disiparnos; que intenta orar, esto es, abrirse al diálogo con el Padre, cuando todos están persuadidos de que el cielo es un vacío y el mundo un orfanato. Todos estos repetidos intentos, realizados ¡untos para que nuestro escaso ánimo se multiplique y nuestros abatimientos no se sumen, eso es el pueblo de Dios (G. Biffi, Meditazioni sulla vita ecclesiale, Milán 1972, pp. 129-132, passim).

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO
Por el dolor creyente que brota del pecado;
por haberte querido de todo corazón;
por haberte, Dios mío, tantas veces negado,
tantas veces pedido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido; por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.

Porque es como la hiedra, déjame que te abrace,
primero amargamente, lleno de flor después,
y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace,
y que mi vieja sombra se derrame a tus pies.

¡Porque es como la rama donde la savia nace,
mi corazón, Dios mío, sueña que tú lo ves! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.


Salmo 50   Misericordia, Dios mío
Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana (Ef 4,23-24)

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.


Ant. 2. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Cántico Ha 3, 2-4. 13a. 15-19   Juicio de Dios
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación (Lc 21, 28)


Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala;
En medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto, acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar;
gimo ante el día de angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor,
me gloriaré en Dios, mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.


Ant. 3. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Salmo 147   Acción de gracias por la restauración de Jerusalén
Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero (Ap 21, 9)


Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Glorifica al Señor, Jerusalén.

 

LECTURA BREVE Ef 2, 13-16
Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Invoco al Dios Altísimo, * Al Dios que hace tanto por mí.
Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

V. Desde el cielo me enviará la salvación. * Al Dios que hace tanto por mí.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte
.
 


PRECES
Adoremos a Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ofreció a Dios como sacrificio sin mancha, para purificar nuestra conciencia de las obras muertas, y digámosle con fe:
Nuestra paz, Señor, es cumplir tu voluntad.

Tú que nos has dado la luz del nuevo día,
concédenos también caminar por sendas de vida nueva.

Tú que todo lo has creado con tu poder, y con tu providencia lo conservas todo,
ayúdanos a descubrirte presente en todas tus criaturas.

Tú que has sellado en tu sangre un pacto nuevo y eterno,
 
haz que, obedeciendo siempre tus mandatos, permanezcamos fieles a esta alianza.

Tú que, colgado en la cruz, quisiste que de tu costado manara agua con la sangre,
purifica con esta agua nuestros pecados y alegra con este manantial a la ciudad de Dios.
 


Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

 

ORACIÓN
Señor, Dios todopoderoso, te pedimos nos concedas que, del mismo modo que hemos cantado tus alabanzas en esta celebración matutina, así las podamos cantar también plenamente, con la asamblea de tus santos, por toda la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
I

El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.

Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.

En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.

II
Sólo para Nona:


Se cubrieron de luto los montes
a la hora de nona.
El Señor rasgó el velo del templo
a la hora de nona.
Dieron gritos las piedras en duelo
a la hora de nona.
Y Jesús inclinó la cabeza
a la hora de nona.

Hora de gracia,
en que Dios da su paz a la tierra
por la sangre de Cristo.

Levantaron sus ojos los pueblos
a la hora de nona.
Contemplaron al que traspasaron
a la hora de nona.
Del costado manó sangre y agua
a la hora de nona.
Quien lo vio es el que da testimonio
a la hora de nona.

Hora de gracia,
en que Dios da su paz a la tierra
por la sangre de Cristo. Amén.
 

 

SALMODIA
Ant. 1. Que tu bondad me consuele según tu promesa.

Salmo 118, 73-80    X (Iod)

Tus manos me hicieron y me formaron:
instrúyeme para que aprenda tus mandatos;
tus fieles verán con alegría
que he esperado en tu palabra;
reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,
que con razón me hiciste sufrir.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu voluntad;
que se avergüencen los insolentes
del daño que me hacen;
yo meditaré tus decretos.

Vuelvan a mí tus fieles
que hacen caso de tus preceptos;
sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Que tu bondad me consuele según tu promesa.


Ant. 2. Protégeme de mis agresores, Dios mío.

Salmo 58, 2-5. 10-11. 17-18
Oración pidiendo la protección de Dios contra  los enemigos
Estas súplicas expresan la confianza del Salvador en su Padre (Eusebio
de Cesarea)


L
íbrame de mi enemigo, Dios mío;
protégeme de mis agresores,
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres sanguinarios.

Mira que me están acechando,
y me acosan los poderosos:
sin que yo haya pecado ni faltado, Señor,
sin culpa mía, avanzan para acometerme.

Despierta, ven a mi encuentro, mira:
tú, el Señor de los ejércitos,
el Dios de Israel.

Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar;
que tu favor se adelante, oh Dios,
y me haga ver la derrota del enemigo.

Pero yo cantaré tu fuerza,
por la mañana aclamaré tu misericordia;
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el peligro.

Y tocaré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Protégeme de mis agresores, Dios mío.


Ant. 3. Dichoso el hombre a quien corrige Dios; él hiere y venda la herida.

Salmo 59   Oración después de una calamidad
En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: Yo he vencido al mundo (Jn 16, 33)


Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas;
estabas airado, pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.

Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo;
diste a tus fieles la señal de desbandada,
haciéndolos huir de los arcos.

Para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el hombre a quien corrige Dios; él hiere y venda la herida.


TERCIA

 

LECTURA BREVE Dt 1, 31b
El Señor, tu Dios, te ha llevado como a un hijo por todo el camino.

V. Sostenme, Señor, con tu promesa, y viviré.
R. Que no quede frustrada mi esperanza.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


SEXTA


LECTURA BREVE Ba 4, 28-29
Si un día os empeñasteis en alejaros de Dios, volveos a buscarlo con redoblado empeño. El que os mandó las desgracias os mandará el gozo eterno de vuestra salvación.

V. Del Señor viene la misericordia.
R. Y la redención copiosa.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación, mientras las tinieblas envolvían al mundo, concédenos que tu luz nos ilumine siempre, para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


NONA


LECTURA BREVE Sb 1, 13-15
Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal.

V. Arrancó el Señor mi alma de la muerte.
R. Caminaré en su presencia en el país de la vida.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno, míranos a nosotros, que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también, como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.

Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.

Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.

Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.

Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Salmo 114   Acción de gracias
Hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios (Hch 14, 22)

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.


Ant. 2. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 120   El guardián del pueblo
Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno (Ap 7, 16)


Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


Ant. 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Cántico   Ap 15,3-4   Himno de adoración

Grandes y maravillosas son tus obras
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 

LECTURA BREVE 1Co 2, 7-10a
Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu.

 

 

RESPONSORIO BREVE
R. Cristo murió por los pecados,* Para conducirnos a Dios.
Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

V. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. * Para conducirnos a Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios. 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.  
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.  
 

PRECES
Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y con amor secaba las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:
Señor, ten piedad de tu pueblo.

Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y deprimidos,
pon ahora tus ojos en las lágrimas de los pobres.

Escucha los gemidos de los agonizantes
y envíales tus ángeles para que los alivien y conforten.

Que los emigrantes sientan tu providencia en su destierro,
que puedan regresar a su patria y que un día alcancen también la eterna.

Que los pecadores se ablanden a tu amor
y se reconcilien contigo y con tu Iglesia.

Perdona las faltas de los que han muerto 
y dales la plenitud de tu salvación.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza: 


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Oh Dios, que, de una manera admirable, has manifestado tu sabiduría escondida, con el escándalo de la cruz, concédenos contemplar con tal plenitud de fe la gloria de la pasión de tu Hijo que siempre nos gloriemos confiadamente en la cruz de Jesucristo. Que vive y reina contigo.

 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 

HIMNO
Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gracias por todas las gracias
que nos ha dado tu amor;
si muchas son nuestras deudas,
infinito es tu perdón.
Mañana te serviremos,
en tu presencia, mejor.
A la sombra de tus alas,
Padre nuestro, abríganos.
Quédate junto a nosotros
y danos tu bendición.

Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gloria al Padre omnipotente,
gloria al Hijo Redentor,
gloria al Espíritu Santo:
tres Personas, sólo un Dios. Amén.


SALMODIA
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.

Salmo 87   Oración de un hombre gravemente enfermo
Ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas (Lc 22, 53)

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.

Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.

Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.

Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido?

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi s
úplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?

Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:

me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
 

LECTURA BREVE   Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor; tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor, Dios nuestro.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.



 

ORACIÓN
Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, le imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

II
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

AYER

Jueves 21 de Enero de 2021

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL JUEVES SEMANA II DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Jueves 2ª semana del Tiempo ordinario o 21 de Enero, conmemoración de

Santa Inés

Virgen y mártir. A comienzos del siglo IV, esta noble doncella romana, de doce o trece años de edad, rubricó con su sangre el carisma de su virginidad. La tradición cristiana la convirtió en arquetipo y símbolo de la virginidad hasta la inmolación. Se enamoró de ella el hijo del prefecto de Roma y le ofreció el matrimonio, que Inés rehusó. El padre del joven, enterado de que ella era cristiana, la sometió a crueles tormentos y vejaciones para doblegar su voluntad, pero no lo consiguió. Finalmente la virgen murió a golpe de espada. Sus padres la enterraron junto a la vía Nomentana. La Depositio martyrum es el primer documento donde se menciona el culto a santa Inés en Roma, en la vía Nomentana, el 21 de enero. Su nombre, Inés, que viene de Agnes («agnella», «corderita») y es la transcripción latina del adjetivo griego hagné («pura», «casta»), fue presagio de su mismo martirio. San Ambrosio en el De Virginibus y en el carmen, el papa Dámaso en el célebre epígrafe y Prudencio en el XIV himno del Perístéphanon presentan versiones que contrastan sobre el suplicio que se le infligió, aunque están de acuerdo en la edad y en el doble mérito de la joven santa.- Oración: Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo, concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

      

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 7,25-8,6

Hermanos: Cristo

7.25 puede perpetuamente salvar a los que por su medio se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos.

26 Tal es el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y más sublime que los cielos.

27 Él no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo.

28 Y es que la ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, hace al Hijo perfecto para siempre.

8.1 Esto es lo más importante de lo que venimos diciendo: que tenemos un sumo sacerdote que está sentado en los cielos a la derecha del trono de Dios,

2 como ministro del santuario y de la verdadera tienda de la presencia erigida por el Señor, y no por el hombre.

3 Todo sumo sacerdote, por haber sido instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios, necesariamente debe tener algo que ofrecer.

4 Si sólo fuera para la tierra, Jesús no sería ni siquiera sacerdote, pues ya existen sacerdotes encargados por la ley de ofrecer oblaciones.

5 Estos sacerdotes celebran un culto que es sólo una imagen, una sombra de las realidades celestes, según la advertencia divina hecha a Moisés cuando se disponía a construir la tienda de la presencia: Mira -le dijo- hazlo todo conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.

6 Por eso, Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en promesas mejores.

 

**• Ocupándose de un tema aparentemente lejano y obsoleto, el autor de la carta a los Hebreos nos presenta un pasaje repleto de contenidos que nos afectan de cerca. Jesús es el sumo sacerdote que necesitamos, «santo, inocente, inmaculado» (7,26). En efecto, a diferencia de los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento, Jesús no tiene que ofrecer, antes, nada por sus propios pecados y, después, por los nuestros, porque se ha ofrecido a sí mismo, de una manera perfecta y cumplida, de una vez por todas, inmolándose en la cruz. Estamos en el punto capital de lo que se va diciendo en la carta: Jesús, que ha asumido en plenitud la naturaleza humana, es y sigue siendo para siempre el Hijo sentado a la diestra del Padre, siempre vivo para interceder a favor nuestro. Todo lo que en el Antiguo Testamento era sólo sombra y figura ha encontrado, finalmente, una realización inesperada, porque, en Jesús, Dios mismo nos ha salido al encuentro para acercarnos a él. En Cristo coinciden el que ofrece el sacrificio y lo que se ofrece como tal, y con ello realiza una mediación única y extraordinaria entre Dios y el hombre.

 

Evangelio: Marcos 3,7-12

En aquel tiempo,

7 Jesús se retiró con sus discípulos hacia el lago y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea,

8 de Jerusalén, de Idumea, de TransJordania y de la región de Tiro y Sidón acudió a él una gran multitud, al oír hablar de lo que hacía.

9 Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le preparasen una barca, para que no lo estrujaran.

10 Pues había curado a muchos, y cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle.

11 Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: -Tú eres el Hijo de Dios.

12 Pero él les prohibía enérgicamente que lo descubriesen.

 

*•• El texto se abre con uno de los llamados «resúmenes», esto es, una síntesis de muchos hechos que hace de charnela entre diferentes pasajes. Estas conexiones son importantes porque el autor nos revela en ellas sus intenciones teológicas y nos ofrece la clave interpretativa del relato. En este resumen vemos a una gran multitud que acude a Jesús. Éste se retira con los discípulos junto al mar. La multitud se le echa encima hasta el punto de poner en peligro la incolumidad de Jesús, lo que le obliga a pedir a los discípulos que pongan a su disposición una barca para liberarse del asalto del gentío.

Se trata de enfermos de todo tipo que se le echan literalmente encima (v. 9), casi para arrancarle, tocándole, una energía benéfica y sanadora. La fama de las curaciones que había realizado se había difundido rápidamente por las regiones que Marcos enumera al comienzo del relato. Es el mejor momento para que los espíritus inmundos pongan en escena una gran propaganda sobre Jesús: «Tú eres el Hijo de Dios», proclaman. Es la verdad, pero anunciada de una manera que la hace vana. En efecto, Satanás quiere anticipar la gloria de Jesús para hacerle evitar la cruz, que es lo único que la hace verdadera. También Pedro, más tarde y por una amistad mal entendida, intentará ahorrar al Maestro la prueba suprema y recibirá una dura reprimenda de Jesús: «¡Aléjate de mí, Satanás!» (cf. 8,31-33). También cuando nosotros intentamos huir de la cruz servimos de obstáculo a la realización del designio divino de salvación.

Ahora bien, Jesús quiere ser fiel al Padre, que le llama a convertirse en el Siervo de YHWH; por eso resiste con firmeza a los que le tientan y les impide manifestar su identidad. Y es que todo conocimiento de Jesús sin amor a la cruz se vuelve una mentira tergiversadora.

 

 

MEDITATIO

        Las lecturas que nos ofrece la memoria litúrgica de hoy pueden ser consideradas con toda justicia como los «fundamentos» sobre los que se injertó el breve eje cronológico de la vida de quien sigue siendo hoy la más célebre y popular de las mártires romanas: santa Inés.

    Devotio supra aetatem, virtus supra natura, dice de ella el obispo Ambrosio en el De Virginibus: su consagración fue muy superior a la edad, su virtud fue muy superior a la naturaleza. Es ineluctable, pues, que aparezca la pregunta: ¿cómo es posible apresurarse a tan tierna edad, con seguridad, libertad, coraje y celo ardiente, a comprar el «campo del cielo» sin temer «la persecución, el peligro y la espada»? Pero quien no tenía sitio en su pequeño cuerpo para recibir un golpe de la espada tuvo fuerza para vencer a la espada. La alegría de haber encontrado a Jesús como su tesoro, el descubrimiento de su inefable belleza, suscitó en ella una poderosa proyección que se tradujo en su total entrega con la efusión de la sangre hasta la muerte cruenta. En alguna ocasión, las pruebas pueden alejar de Dios; sin embargo, Inés nos enseña que no es así, que no puede ser así: a quien ha saboreado a Cristo, Señor y Salvador, nada puede separarle de él, ni siquiera la muerte.

    La mirada pura, sencilla y plena de fe permitió a Inés descubrir la Verdad y abandonarse a ella con plena entrega: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios» (Mt 5,8). ¿Qué otro testimonio de amor parecerá tan grande y podrá igualar en una comparación la sublimidad de semejante entrega? En esta pequeña gran santa encontramos una especie de fermento, de método, de camino, que nos llevan más allá de la frontera de toda condición de muerte y nos dan la ocasión de volver a escoger al Señor haciéndonos desear, buscar y pedir que venga el Reino de los Cielos al mundo y a nosotros.

 

ORATIO

        Padre, gracias por haber dado a tu Iglesia a la virgen Inés. Ella, que no se dejó atraer por las fatuas luces de la idolatría, segura de conquistar la «perla preciosa» de la gloria del cielo, hizo frente con coraje a la prueba del martirio y se entregó espontáneamente a sus verdugos.

    Haz que nosotros, sostenidos por su ejemplo, no desfallezcamos en las tentaciones, en las fatigas y en cualquier género de tribulaciones de la vida. Haz firme y cierta en nosotros la fe de que nada ni nadie podrá separarnos de  tu amor, a no ser nosotros mismos. Tú, que para nuestra justificación no perdonaste a tu Hijo, sino que lo entregaste por nosotros, nos lo darás todo en él. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor, muerto y resucitado, en quien has manifestado tu realeza sobre todas las cosas.

 

CONTEMPLATIO

        Hoy es el día del nacimiento de la bienaventurada virgen Inés en el que, consagrada por su sangre, entregó el espíritu al cielo al que pertenecía. Se mostró dispuesta para el martirio cuando todavía no lo estaba para las nupcias. Vacilaba en los adultos la fe y se plegaba también el viejo cansado.

    Aterrorizados por el temor, los padres aumentaron la vigilancia del pudor; mas la fe, que no puede ser contenida, abrió las puertas de la custodia. Podría creerse que se encamina a las nupcias, al ver su rostro sonriente, llevando al esposo una singular riqueza dotada del tributo de la sangre. Quieren obligarla a encender las lámparas ante los altares de la nefanda divinidad. Ella responde: «¡Ah! No son ésas las lámparas que presentaron las vírgenes de Cristo». «Este fuego apaga la fe, esta llama quita la luz; aquí, herid aquí, a fin de que con la sangre que corra pueda yo apagar los fuegos».

    Y, herida, ¡qué decoro mostró! En efecto, cubriéndose toda con el vestido, aseguró el cuidado del pudor a fin de que nadie la viera descubierta. En la muerte estaba vivo el pudor: se había cubierto el rostro con la mano, hincó la rodilla en tierra, cayendo pudorosa.

(Ambrosio de Milán, «Inno per il natale di Agnese», en Inni, Milán 1992, pp. 211ss).

 

ACTIO

        Repite hoy con frecuencia, orando con santa Inés: «Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? » (Rom 8,31).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        La serenidad con la que Inés afronta el martirio [en el himno ambrosiano], como si fuera al encuentro de Cristo, deja intuir su profunda interioridad y el amor al esposo celestial [...]. De la joven mártir encaminada al encuentro con Cristo, su esposo, se exalta la dote constituida no por bienes patrimoniales, sino por riquezas espirituales, así como las virtudes y los valores evangélicos ligados al «tributo de la sangre», la sangre de los mártires, considerada como la herencia más preciosa que pueda ofrecerse a Dios.

    La jovencita «es obligada a encender lámparas ante los altares». Y como respuesta a las absurdas pretensiones idólatras, Inés, apoyándose en sus convicciones personales, se niega a realizar el rito sacrílego y se refiere a las lámparas nupciales de las vírgenes cristianas (cf. Mt 25,1-13). Su resistencia a dejarse conducir ante los altares profanos está atestiguada igualmente en el tratado La vírgenes: «Arrastrada contra su voluntad a los altares, tiende entre las llamas las manos a Cristo e incluso en medio de aquel fuego sacrílego traza el signo del Señor glorioso».

    Al fuego en honor de la divinidad pagana, Inés contrapone la luz de la fe. «La fe es una lámpara -afirma Ambrosio-, una lámpara [que] no puede dar luz si no toma la luz de otra fuente», la Palabra de Dios, aue es el mismo Verbum Dei lux [...].

    Inés apaga con la sangre los fuegos del culto pagano; una actitud semejante anima a la virgen antioquena Pelagia. Sigue, a continuación, la escena de la adolescente dispuesta a desafiar a sus verdugos: «Aquí, herid aquí...», exclama indicando el pecho donde herir [...]. Se exalta, por último, la intrépida confesión de fe de la niña. Dada su joven edad, el testimonio de Inés en el proceso no habría podido obtener reconocimiento jurídico; lo pudo su heroico coraje, que la impulsó a afrontar el martirio. Antes de caer bajo los golpes del verdugo, Inés se cubre con el vestido las partes descubiertas y, nada preocupada por los tormentos y por la muerte inminente, se muestra solícitaa recogerse la cabellera y a tapar los miembros desnudos a las miradas indiscretas [...].

    Inés encuentra en la oración la fuerza para no retroceder frente a la prueba suprema, conservando la dignidad y la compostura propias de una verdadera mártir. La heroína muere de modo ejemplar, como las grandes figuras que la han precedido; apoyadas por la ayuda del Espíritu, no fueron vencidas, sino que se entregaron voluntariamente a los perseguidores, ofreciendo un gran ejemplo de libertad cristiana incluso ante la muerte. La virgen Inés cae casta y reservada. En ella triunfa el casto pudor, y su martirio lleva en sí el germen de la vida nueva (A. Bonato en S. Ambrogio, Inni, Milán 1992, pp. 216-221, passim).

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


HIMNO
Alfarero del hombre, mano trabajadora
que, de los hondos limos iniciales,
convocas a los pájaros a la primera aurora,
al pasto, los primeros animales.

De mañana te busco, hecho de luz concreta,
de espacio puro y tierra amanecida.
De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta
de los sonoros ríos de la vida.

El árbol toma cuerpo, y el agua melodía;
tus manos son recientes en la rosa;
se espesa la abundancia del mundo a mediodía,
y estás de corazón en cada cosa.

No hay brisa, si no alientas, monte, si no estás dentro,
ni soledad en que no te hagas fuerte.
Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro:
Tú, por la luz, el hombre, por la muerte.

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte
dejar tanta hermosura en tanta guerra!
Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte
de haberle dado un día las llaves de la tierra. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Salmo 79   Ven, Señor, a visitar tu viña
Ven, Señor Jesús (Ap 22, 20)


Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.

Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?

Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces
hasta llenar el país;

su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego;
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.


Ant. 2. Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

Cántico   Is 12, 1-6   Acción de gracias del pueblo salvado
El que tenga sed, que venga a mí, y que beba (Jn 7, 37)

Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu irá
y me has consolado.

Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

Aquel día diréis:
«Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
"Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel."»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.


Ant. 3. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Salmo 80   Solemne renovación de la alianza
Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo (Hb 3, 12)


Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
dad vítores al Dios de Jacob:

acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta.

Porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo, soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la boca que te la llene.»

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios;

los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

 

LECTURA BREVE Rm 14, 17-19
No reina Dios por lo que uno come o bebe; sino por la justicia, la paz y la alegría que da el Espíritu Santo; y el que sirve así a Cristo agrada a Dios, y lo aprueban los hombres. En resumen: esmerémonos en lo que favorece la paz y construye la vida común.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Velando * Medito en ti, Señor.
Velando medito en ti, Señor.

V. Porque fuiste mi auxilio. * Medito en ti, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Velando medito en ti, Señor.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte
.

 

PRECES
Bendito sea Dios, nuestro Padre, que mira siempre con amor a sus hijos y nunca desatiende sus súplicas; digámosle con humildad:
Ilumina nuestros ojos, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque nos has alumbrado con la luz de Jesucristo;
que esta claridad ilumine hoy todos nuestros actos.

Que tu sabiduría nos guíe en nuestra jornada;
así andaremos en una vida nueva.

Que tu amor nos haga superar con fortaleza las adversidades,
para que te sirvamos con generosidad de espíritu.

Dirige y santifica nuestros pensamientos; palabras y obras en este día,
y danos un espíritu dócil a tus inspiraciones.

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre, y digámosle:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN

Humildemente te pedimos, a ti, Señor, que eres la luz verdadera y la fuente misma de toda luz, que, meditando fielmente tu ley, vivamos siempre en tu claridad. Por nuestro Señor Jesucristo.          
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

HORA INTERMEDIA

TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.


  
HIMNO
Fuerza tenaz, firmeza de las cosas,
inmóvil en ti mismo;
origen de la luz, eje del mundo
y norma de su giro:

Concédenos tu luz en una tarde
sin muerte ni castigo,
la luz que se prolonga tras la muerte
y dura por los siglos. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Más estimo yo los preceptos de tu boca, Señor, que miles de monedas de oro y plata.

Salmo  118, 65-72   IX (Teth)

Has dado bienes a tu siervo,
Señor, con tus palabras;
enséñame a gustar y a comprender,
porque me fío de tus mandatos;
antes de sufrir, yo andaba extraviado,
pero ahora me ajusto a tu promesa.

Tú eres bueno y haces el bien;
instrúyeme en tus leyes;
los insolentes urden engaño contra m
í,
pero yo custodio tus leyes;
tienen el corazón espeso como grasa,
pero mi delicia es tu voluntad.

Me estuvo bien el sufrir,
así aprendí tus mandamientos;
más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Más estimo yo los preceptos de tu boca, Señor, que miles de monedas de oro y plata.


Ant. 2. En Dios confío y no temo lo que pueda hacerme un mortal.

Salmo 55, 2-7b. 9-14   Confianza en la palabra de Dios
En este salmo aparece Cristo en su pasión (S. Jerónimo)

Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
me atacan y me acosan todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos,
me atacan en masa.

Levántame en el día terrible,
yo confío en ti.

En Dios, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un mortal?

Todos los días discuten y planean
pensando sólo en mi daño;
buscan un sitio para espiarme,
acechan mis pasos y atentan contra mi vida.

Anota en tu libro mi vida errante;
recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío.

Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios.

En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre?

Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la vida.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En Dios confío y no temo lo que pueda hacerme un mortal.


Ant. 3. Tu bondad, Señor, es más grande que los cielos.

Salmo 56   Oración matutina de un afligido
Este salmo canta la pasión del Señor (S. Agustín)


Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Tu bondad, Señor, es más grande que los cielos.

TERCIA

LECTURA BREVE Ga 5, 13-14
Hermanos, vuestra  vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: «Amarás al prójimo como a ti mismo.»

V. Correré, Señor, por el camino de tus mandatos.
R. Cuando me ensanches el corazón.

ORACIÓN
Señor, tú que a la hora de tercia enviaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en oración, concédenos también a nosotros tener parte en los dones de este Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


SEXTA
LECTURA BREVE Ga 5, 16-17
Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu, y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.

V. Tú eres bueno, Señor, y haces el bien.
R. Instrúyeme en tus leyes.

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas; haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos fielmente por tus sendas  con el corazón ensanchado. Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE Ga 5, 22-23a. 25
El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.

V. Indícame, Señor, el camino que he de seguir.
R. Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana.

ORACIÓN
Contempla, Señor, a tu familia en oración y haz que, imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo, no decaiga nunca ante la adversidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo.

Tras la primera música del día,
no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las montañas,
no estoy yo solo.

Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo.
 
No estoy yo solo; me acompaña, en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junto a Dios eternamente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Salmo 71   Poder real del Mesías
Abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra (Mt 2, 11)


I
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.


Ant. 2. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

II
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.


Ant. 3. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a    El  juicio de Dios

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios. 

 

LECTURA BREVE   1P 1, 22-23
Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis vuelto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera.

 

RESPONSORIO BREVE
R. El Señor es mi pastor, * Nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

V. En verdes praderas me hace recostar. * Nada me falta.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes. 
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes. 
 

PRECES
Elevemos nuestros corazones agradecidos a nuestro Dios y Salvador, que ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales, y digámosle con fe:
Bendice a tu pueblo, Señor.

Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al papa
N. y a nuestro obispo N.,
a los que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.

Protege, Señor, nuestros pueblos y ciudades
y aleja de ellos todo mal.

Multiplica, como renuevos de olivo alrededor de tu mesa, hijos que se consagren a tu reino,
siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.

Conserva el propósito de las que han consagrado a ti su virginidad,
para que sigan al Cordero divino adondequiera que vaya.

Haz que los difuntos descansen en tu paz eterna
y que se afiance nuestra unión con ellos por la comunión de los santos.


Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Al ofrecerte, Señor, nuestra alabanza vespertina, te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. 

 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 COMPLETAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
  

HIMNO
Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.

Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.

Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.

Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva. Amén.

 

SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.

Salmo 15   El Señor es el lote de mi heredad
Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2, 24).


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi carne descansa serena.
 

LECTURA BREVE   1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.
 

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

II
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

 

SANTOS FRUCTUOSO, EULOGIO Y AUGURIO. Entre los mártires más preclaros de la España romana destacan el obispo de Tarragona san Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio. Gracias a las Actas de su martirio, excepcionales en su autenticidad y escritas con una sublime sencillez, conocemos detalles primorosos de la organización eclesiástica y de la vida cristiana de la España antigua. Prudencio dedicó a estos santos sus mejores versos. Durante la persecución de los emperadores Valeriano y Galieno, después de una admirable confesión de fe ante el procurador romano Emiliano, fueron conducidos a la cárcel y después al anfiteatro, donde el obispo, con voz clara, ante los fieles que estaban presentes, oró por la Iglesia universal. Seguidamente fueron arrojados a las llamas, donde completaron su martirio orando de rodillas. Era el 21 de enero del año 259. En España su fiesta se celebra el 20 de enero- Oración: Señor, tú que concediste al obispo san Fructuoso dar su vida por la Iglesia, que se extiende de oriente a occidente, y quisiste que sus diáconos, Augurio y Eulogio, le acompañaran al martirio llenos de alegría, haz que tu Iglesia viva siempre gozosa en la esperanza y se consagre, sin desfallecimientos, al bien de todos los pueblos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.