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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Lunes, 26  de Junio de 2017

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL LUNES SEMANA IV DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Lunes de la 12ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Génesis 12,1-9

En aquellos días,

1 el Señor dijo a Abrán: -Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, y vete a la tierra que yo te indicaré.

2 Yo haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre, que será una bendición.

3 Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra.

4 Partió Abrán, como le había dicho el Señor, y Lot marchó con él. Tenía Abrán setenta y cinco años cuando salió de Jarán.

5 Tomó consigo a su mujer, Saray, y a su sobrino Lot, con todas sus posesiones y los esclavos que tenía en Jarán, y se pusieron en camino hacia la tierra de Canaán. Cuando llegaron,

6 Abrán atravesó el país hasta el lugar santo de Siquén, hasta el encinar de Moré. (Los cananeos vivían entonces en el país.)

7 El Señor se apareció a Abrán y le dijo: -A tu descendencia le daré esta tierra. Y Abrán levantó allí un altar al Señor, que se le había aparecido.

8 De allí siguió hacia las montañas, al este de Betel, y plantó su tienda, teniendo Betel al oeste y Ay al este. Allí levantó un altar al Señor e invocó su nombre.

9 Después, se trasladó por etapas al Négueb.

 

*+• Dios es el gran protagonista de lo que se cuenta en este fragmento, que contiene la palabra fundadora de toda la historia de la salvación. «Sal» (al pie de la letra sonaría más bien: «Vete») y «por la fe Abrahán, obediente a la llamada divina, salió hacia una tierra que iba a recibir en posesión, y salió sin saber a dónde iba», como dice la carta a los Hebreos (11,8).

La estructura narrativa del fragmento presenta tres momentos: la orden de Dios (w. 1-3), su ejecución (w. 4ss) y una ampliación del viaje que conduce a una nueva revelación de Dios mismo (w. 6-9).

La orden divina suscita una respuesta libre por parte de Abrahán. La Biblia no dice el porqué de tal elección: ésta es insondable, como el plan de Dios. Israel reflexionará ampliamente sobre el misterio de esta llamada que asocia a Abrahán con los grandes mediadores y profetas -más aún, que le convierte en el prototipo de todo creyente-, aunque no encontrará otra respuesta que la proporcionada en su misma elección: «El Señor se fijó en vosotros y os eligió... por el amor que os tiene» (Dt 7,7ss). No hay que preguntar, por tanto, el motivo de esta elección basada en el amor, sino responder a ella también con amor. Y en esta perspectiva se sitúa asimismo el autor sagrado al narrar lo acontecido a Abrahán, el cual, en cuanto nómada, habría encontrado absolutamente normal emigrar a otros lugares, pero su «salida» está leída y expresada con una gran carga de evocación simbólica que convierte su «éxodo» en la expresión de la totalidad de la experiencia humana, en el encuentro con el Dios vivo que le pide el abandono de toda seguridad humana. Poco importa que se trate de dejar la opresora esclavitud de Egipto o la vida fácil en Babilonia; al llamado se le pide que «salga». De este modo, el sabio narrador bíblico siente a Abrahán como contemporáneo suyo, del mismo modo que nosotros también podemos sentirlo ahora como tal.

Junto a la orden está la «promesa» de YIIWII. El término «bendición», repetido hasta cinco veces en los vv. 2ss, se refiere a Abrahán, pero alcanza a su descendencia y llega a todos los pueblos de la tierra. Dios bendice a Abrahán prometiéndole una posteridad y un nombre grande. El nombre que los constructores de la torre de Babel habían intentado construirse en vano, se ofrece aquí de una manera gratuita. Dios estará completamente de su parte, hasta el punto que afirma: «Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan».

Finalmente, esa bendición llegará a incluir a todas las estirpes de la tierra; en efecto, esa promesa tendrá su pleno cumplimiento en Cristo. Abrahán sigue la orden recibida y el Señor le indica como objeto de la promesa precisamente la tierra ocupada por unos habitantes ricos y poderosos, y se la hace recorrer de un extremo al otro, aunque el itinerario de Abrahán concluirá en el Négueb, una tierra árida y sin vida donde se establece, apoyado sólo en la Palabra de YHWH, que le pide que espere contra toda esperanza.

 

Evangelio: Mateo 7,1-5

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No juzguéis, para que Dios no os juzgue,

2 porque Dios os juzgará del mismo modo que vosotros hayáis juzgado y os medirá con la medida con que hayáis medido a los demás.

3 ¿Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo?

4 ¿O cómo dices a tu hermano: «Deja que te saque la mota del ojo», si tienes una viga en el tuyo?

5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la mota del ojo de tu hermano.

 

**• El pasaje del evangelio de hoy empieza también con una orden: «No juzguéis», o dicho de una manera más literal: «Cesad de juzgar». Jesús, que sabe «muy bien lo que hay en el hombre» (Jn 2,25), nos ordena esto, si queremos vivir en relación con los hermanos la experiencia de la paternidad divina, en la que él mismo nos introduce al enseñarnos la oración filial por excelencia: el Padre nuestro. La perícopa propuesta hoy a nuestra consideración nos sitúa, efectivamente, en el corazón del mensaje evangélico, que, revelándonos a Dios, nos invita a abandonarnos de una manera confiada en su paternal providencia. En apariencia, no existe nexo alguno entre el «no juzgar» y tal actitud, pero, en realidad, no podemos pedirle nada a Dios si no nos mostramos nosotros mismos generosos a la hora de dar a los otros. Por lo demás, la petición de la oración dominical, «perdona nuestras ofensas», nos compromete precisamente a esta reciprocidad. El desarrollo del discurso, al considerar la actitud de quien ve la mota en el ojo del prójimo pero no ve la viga que hay en el suyo, va también en la misma línea. No podemos comprender a los otros si estamos llenos de prejuicios y de impedimentos.

La comparación entre la viga y la mota es evidente. Nos mostramos hipócritas y falsos cuando, cegados por nuestros vicios, pretendemos ver bien para corregir un defecto leve de nuestro hermano. Ser hijos del Padre de la luz nos pone al descubierto, pues no queda espacio para ninguna tiniebla.

 

MEDITATIO

Los pasajes que nos propone hoy la liturgia empiezan ambos con una orden: «Sal...» y «no juzguéis». A la primera va unida la misteriosa promesa de una tierra; a la segunda, el no ser a nuestra vez juzgados... Parece que no hay relación entre las dos realidades enunciadas, pero si consideramos desde más cerca los textos descubriremos un nexo profundo, puesto que la promesa hecha a Abrahán -el cual, según la paradójica afirmación de Jesús, «se alegró sólo con el pensamiento de que iba a ver mi día; lo vio y se llenó de gozo» (Jn 8,56)- es la tierra del amor perfecto, ésa en la que sólo se puede entrar a través del camino del reconocimiento del Padre de Jesús, nuestro Señor, que nos hace a todos hermanos.

Todo acto de desamor respecto a los otros nos perjudica a nosotros y a ellos, porque niega nuestra recíproca fraternidad basada en la filiación divina. El Señor nos ha dicho que no juzguemos, porque él no juzga, sino que salva, justifica. Jesús vino, en efecto, a dar la vida, dejándose juzgar y condenar por los hombres. Su verdadero juicio sobre el mundo es la cruz: un amor ilimitado y misericordioso por todos, sin excepción. Todo hombre reviste a sus ojos el valor del amor que Dios tiene por él, y tanto amó Dios al mundo que dio por nosotros a su Hijo amado. En consecuencia, el acto de no juzgar nos hace dar un paso, y un paso de gigante, en dirección hacia esa tierra prometida a la que nos conducen las más humildes manifestaciones de delicadeza, de amor y de respeto a nuestros hermanos. El Señor nos llama, en efecto, a desarraigarnos, a salir de nosotros mismos, sólo para que le encontremos, pero mientras dure nuestra peregrinación terrena sólo podemos verle en esos iconos suyos que son nuestros hermanos.

 

ORATIO

Dios de Abrahán, nuestro Padre en la fe, tú nos llamas cada día también a nosotros por nuestro nombre y nos empujas a lo largo de caminos desconocidos, a menudo misteriosos e imprevisibles. Danos un corazón dócil y obediente, para que nos dejemos guiar por tu voz y salgamos de las seguridades que nos aprisionan, para fiarnos únicamente de ti, que eres nuestro Padre. Enséñanos, a lo largo del camino, a amar a quien pongas a nuestro lado porque es nuestro hermano, para llegar juntos a la verdadera tierra prometida. Por Cristo, nuestro Salvador.

 

CONTEMPLATIO

Hermanos: debemos tratar al prójimo con dulzura, estando atentos a no ofenderlo de ninguna manera. Cuando damos la espalda a alguien o le ofendemos es como si pusiéramos una piedra sobre nuestro corazón. Cuando nos acerquemos a alguien, debemos ser puros en palabras y en espíritu, iguales con todos: de otro modo, nuestra vida será inútil...

No debemos juzgar, ni siquiera si vemos con nuestros propios ojos que alguien está pecando e infringiendo un mandamiento divino. No nos corresponde a nosotros juzgar, sino al Juez supremo. No sabemos durante cuánto tiempo conseguiremos perseverar en la virtud.

Debemos considerarnos a nosotros mismos como los peores culpables, debemos perdonar a nuestro prójimo toda transgresión y odiar sólo al demonio, que le ha tentado. La puerta del arrepentimiento está abierta a todos y no sabemos quién será el primero en entrar por ella: si tú, que juzgas, o el que es juzgado por ti. Para no juzgar es preciso que nos mantengamos vigilantes sobre nosotros mismos. Júzgate a ti mismo y entonces dejarás de juzgar a los otros. No tenemos que vengarnos nunca de una ofensa, sea la que sea; al contrario, debemos perdonar de todo corazón a quien nos haya ofendido, aunque nuestro corazón se oponga a ello. Si te hieren, haz todo para perdonar, «y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames» (Le 6,30). Pensemos en todos los santos que han agradado a Dios, los cuales vivieron ignorando todo rencor. Si también nosotros vivimos así, podremos esperar que la luz divina brille en nuestros corazones y nos despeje el camino hacia la Jerusalén celestial (Serafín de Sarov, Scritti spirituali, Roma 1972, pp. 208-210 passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «No juzguéis, para que Dios no os juzgue» (Mt 7,1).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La historia de Abrahán comienza con una orden: «¡Sal!» (Gn 12,1) y termina con la misma orden (Gn 22,2). En ambos casos, «salió sin saber a dónde iba» (Heb 11,8). Para Abrahán, se trata siempre de volver a comenzar de nuevo, de volver a ponerse en camino hacia lo desconocido, de renunciar tanto a las garantías del pasado como a las promesas del futuro, desde el comienzo hasta el final de su vida... En consecuencia, el tema central de su historia fue éste: ¿cómo empezar? Y lo que hace paradójico este tema es que Abrahán, en el fondo, haya empezado tan tarde. ¿Qué significa esto? ¿Tal vez, que nunca es demasiado tarde para empezar? Yo diría más: que no acabamos nunca de empezar. Abrahán es el hombre capaz de volver a ponerse en camino en todas las edades de su vida.

Dios había hecho una promesa a Abrahán. Y éste, con lealtad, dio crédito a Dios, dio crédito a su Palabra. El verdadero comienzo de una vida espiritual es precisamente esta confianza, esta apertura de crédito, esta «salida» de nosotros mismos que nos hace fiarnos de otro. ¿Cómo se empieza? Con un acto de fe.

Empezar, para ser concretos, significa también levantarse muy de mañana. Tres veces leemos, en la historia de Abrahán, una observación aparentemente muy trivial; a saber: que «Abrahán se levantó muy de mañana». Abrahán, una vez que decide algo, lo hace, y lo hace pronto, con premura. Nosotros no sabemos, como tampoco sabía Abrahán, a dónde nos llevará el camino, pero sabemos qué debemos hacer durante el camino. Hay rostros en nuestro camino que suscitan nuestra premura, nuestra responsabilidad. Sólo si respondemos a las expectativas, a las necesidades de cuantos están a nuestro alrededor y comparten nuestra historia, seremos hombres, mujeres, que «se despiertan muy de mañana». Ahora bien, estas responsabilidades pesan, producen fatiga. Abrahán es alguien que siempre vuelve a empezar, cada mañana. ¿Tenemos nosotros la fuerza para levantarnos pronto, como Abrahán? (A. Mello, Abromo, l'uomo del mattino, en Parola, Spiríto e Vita 36 [ 1997], pp. 37-45, passim).

 

 

 

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

 Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Que canten  de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.


HIMNO
Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.

Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.

Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.

Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.
 

SALMODIA
Ant. 1. Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.

Salmo 89   Baje a nosotros la bondad del Señor
Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día (2P 3, 8)

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.

Ant. 2. Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.

Cántico   Is 42, 10-16   Cántico  nuevo al Dios vencedor y salvador
Cantan un cántico nuevo delante del trono de Dios (cf. Ap 14, 3)


Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el conf
ín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las costas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las costas.

El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.

«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba, aguantaba;
como parturienta, grito,
jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran;
ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.

Ant. 3. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

Salmo 134, 1-12   Himno a Dios, realizador de maravillas
Vosotros sois... un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa (1P 2, 9)


Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
en medio de ti, Egipto
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

 

LECTURA BREVE  Jdt 8, 21b-23
Recordad cómo fueron probados nuestros padres para ver si verdaderamente servían a su Dios. Recordad cómo fue probado Abrahán, nuestro padre; y, purificado por muchas tribulaciones, llegó a ser amigo de Dios. Del mismo modo, Isaac, Jacob, Moisés y todos los que agradaron a Dios, le permanecieron fieles en medio de muchos padecimientos.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Aclamad, justos, al Señor, * Que merece la alabanza de los buenos.
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

V. Cantadle un cántico nuevo. * Que merece la alabanza de los buenos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

PRECES
Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él, diciendo:
Te alabamos, Señor, esperamos en ti.

Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;
continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.

Tú que, con el Padre, sigues actuando siempre en el mundo,
renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.

Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos,
para que podamos contemplar hoy tus maravillas.

Ya que nos llamas hoy a tu servicio,
haznos buenos administradores de tu múltiple gracia en favor de nuestros hermanos.

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo: 


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN
Oh Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra, y creaste la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu luz, trabajemos sin desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo.

     
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porf
ía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana:
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Asegura, Señor, mis pasos con tu promesa.

Salmo   118, 129-136    XVII (Phe)   
Meditación de la palabra de Dios en su ley

Amar es cumplir la ley entera (Rm 13, 10)


Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes;
abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.

Vuélvete a mí y ten misericordia,
como es tu norma con los que aman tu nombre;
asegura mis pasos con tu promesa,
que ninguna maldad me domine;
líbrame de la opresión de los hombres,
y guardaré tus decretos.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes;
arroyos de lágrimas bajan de mis ojos
por los que no cumplen tu voluntad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Asegura, Señor, mis pasos con tu promesa.


Ant. 2. Uno solo es legislador y juez; ¿quién eres tú para juzgar al prójimo?

Salmo 81 Invectivas contra los jueces inicuos
No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor (1Co 4, 5)

Dios se levanta en la asamblea divina;
rodeado de ángeles, juzga:
«¿Hasta cuándo daréis sentencia injusta,
poniéndoos de parte del culpable?

Proteged al desvalido y al huérfano,
haced justicia al humilde y al necesitado,
defended al pobre y al indigente,
sacándolos de las manos del culpable.»

Ellos, ignorante e insensatos, caminan a oscuras,
mientras vacilan los cimientos del orbe.

Yo declaro: «Aunque seáis dioses,
e hijos del Altísimo todos,
moriréis como cualquier hombre,
caeréis, príncipes, como uno de tantos.»

Levántate, oh Dios, y juzga la tierra,
porque tú eres el dueño de todos los pueblos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Uno solo es legislador y juez; ¿quién eres tú para juzgar al prójimo?


Ant. 3. Llamé al Señor, y él me respondió.

Salmo 119   Deseo de la paz
Estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración (Rm 12, 12)


En mi aflicción llamé al Señor,
y él me respondió.
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.

¿Qué te va a dar o a mandarte Dios,
lengua traidora?
Flechas de arquero,
afiladas con ascuas de retama.

¡Ay de mí, desterrado en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo
con los que odian la paz;
cuando yo digo: «Paz»,
ellos dicen: «Guerra».


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Llamé al Señor, y él me respondió.


TERCIA

LECTURA BREVE Lv 20, 26
Sed para mí santos, porque yo, el Señor, soy santo, y os he separado de entre los pueblos para que seáis m
íos.

V. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
R. El pueblo que él se escogió como heredad.

ORACIÓN
Oh Dios, Padre lleno de bondad, tú has querido que los hombres trabajáramos de tal forma que, cooperando unos con otros, alcanzáramos éxitos cada vez más logrados; ayúdanos, pues, a vivir en medio de nuestros trabajos sintiéndonos siempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.
      

SEXTA
LECTURA BREVE Sb 15, 1.3
Tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel,  tienes mucha paciencia y gobiernas el universo con misericordia. Conocerte a ti es justicia perfecta, y acatar tu poder es la raíz de la inmortalidad.

V. Tú, Señor, Dios clemente y misericordioso.
R. Lento a la cólera, rico en piedad y leal.

ORACIÓN
Señor, tú eres el dueño de la viña y de los sembrados, tú el que repartes las tareas y distribuyes el justo salario a los trabajadores; ayúdanos a soportar el peso del día y el calor de la jornada sin quejarnos nunca de tus planes. Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE Ba 4, 21-22
¡Ánimo, hijos! Gritad a Dios para que os libre del poder enemigo. Yo espero que el Eterno os salvará, el Santo ya me llena de alegría, porque muy pronto el Eterno, vuestro Salvador, tendrá misericordia de vosotros.

V. Recuerda, Señor, tu ternura.
R. Y tu misericordia, que son eternas.

ORACIÓN
Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en aquella misma hora en que los apóstoles subían al templo para la oración de la tarde; concédenos que las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcancen la salvación a cuantos invocan este nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   

 

HIMNO
Y dijo el Señor Dios en el principio:
«¡Que sea la luz!» Y fue la luz primera.

 Y vio el Señor
 que las cosas eran buenas:
 ¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Que exista el firmamento!»
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!

y dijo Dios: «¡Que brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:

¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Que el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:

¡Aleluya!

y dijo Dios: «¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:

¡Aleluya!

y dijo Dios: «¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:

¡Aleluya!

Y descansó el Señor el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.

¡Aleluya! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Salmo 135   Himno pascual
Alabar a Dios es narrar sus maravillas (Casiano)

I
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Ant. 2. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

II
Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

El dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación, se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Ant. 3. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

Cántico   Ef 1, 3-10   El Dios salvador

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

 LECTURA  BREVE  1Ts 3, 12-13
Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos.
Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

 RESPONSORIO BREVE
R. Suba mi oración * Hasta ti, Señor.
Suba mi oración hasta ti, Señor.

V. Como incienso en tu presencia. * Hasta ti, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Suba mi oración  hasta ti, Señor.

 CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío. 

PRECES
Llenos de confianza en Jesús, que no abandona nunca a los que se acogen a él, invoquémoslo, diciendo:
Escúchanos, Dios nuestro.

Señor Jesucristo, tú que eres nuestra luz, ilumina a tu Iglesia,
para que predique a los paganos el gran misterio que veneramos, manifestado en la carne.

Guarda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia,
y haz que, después de predicar a los otros, sean hallados fieles, ellos también, en tu servicio.

Tú que, por tu sangre, diste la paz al mundo,
aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.

Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
para que su unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.

Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
para que sean contados entre tus santos.


Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque atardece; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra débil esperanza; así, nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Tú que vives y reinas.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
  

HIMNO
De la vida en la arena
me llevas de la mano
al puerto más cercano,
al agua más serena.
El corazón se llena,
Señor, de tu ternura;
y es la noche más pura
y la ruta más bella
porque tú estas en ella,
sea clara u oscura.

La noche misteriosa
acerca a lo escondido;
el sueño es el olvido
donde la paz se posa.
Y esa paz es la rosa
de los vientos. Velero,
inquieto marinero,
ya mi timón preparo
tú el mar y el cielo claro
hacia el alba que espero.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.
 
 
SALMODIA
Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85   Oración de un pobre ante las adversidades
Bendito sea Dios, que nos alienta en nuestras luchas (2Co 1, 3. 4)

Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que conf
ía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.
 
LECTURA BREVE   1Ts 5, 9-10
Dios nos ha destinado a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por nosotros, para que, despiertos o dormidos, vivamos con él.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 

ORACIÓN
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino, que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy, crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

IV
Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

 

 

SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER. Nació en Barbastro (Huesca, España) en 1902. Recibió la ordenación sacerdotal en Zaragoza el año 1925, y en 1927 se trasladó a Madrid para hacer el doctorado en Derecho Civil; su celo apostólico le puso en contacto con gentes de todos los ambientes y, en particular, con las de las barriadas periféricas. El 2 de octubre de 1928 nació el Opus Dei: durante un retiro espiritual ve la misión que el Señor quiere confiarle: abrir en la Iglesia un nuevo camino vocacional, dirigido a difundir la búsqueda de la santidad y la realización del apostolado mediante la santificación del trabajo ordinario en medio del mundo sin cambiar de estado. Y se entregó en cuerpo y alma a su misión. Comenzaron a seguirle personas de todas las condiciones sociales, en particular, grupos de universitarios. En 1934 publicó su libro Camino. Aunque no faltaron dificultades, la Obra se afianzó, y en 1950 recibió de Pío XII la aprobación definitiva. Se multiplicaron los proyectos: escuelas, universidades, colegios, hospitales, publicaciones, etc. Murió en Roma el 26 de junio de 1975 y Juan Pablo II lo canonizó el 2002.- Oración: Señor y Dios nuestro, que elegiste a san Josemaría, presbítero, para anunciar en la Iglesia la vocación universal a la santidad y al apostolado: concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que, realizando fielmente el trabajo cotidiano según el Espíritu de Cristo, seamos configurados a tu Hijo y, en unión con la Santísima Virgen María, sirvamos con ardiente amor a la obra de la Redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

SAN PELAYO (o PELAGIO), es el mártir de la castidad en el umbral de la juventud. Nació el año 912 en Galicia (España), al parecer en Albeos, provincia de Pontevedra, no lejos de Tuy, donde era obispo su tío paterno, san Hermogio, quien cuidó de su formación cristiana. El año 920 los árabes vencieron a los cristianos en Valdejunquera y se llevaron a Córdoba como rehenes a muchos cristianos, entre ellos al obispo de Tuy. Su hermano, el padre de Pelayo, fue a Córdoba con su hijo para rescatar a Hermogio. No fue posible llegar a un acuerdo con los árabes, y los dos hermanos volvieron a su tierra para reunir el rescate que se les pedía, mientras Pelayo quedaba en Córdoba como rehén. No consiguieron los musulmanes que apostatara de su fe y abrazara la de ellos. El califa Abderramán III se sintió atraído por su figura y, al no poder doblegar su virtud, lo hizo martirizar, a los trece años de edad, el 26 de junio del año 925. Su cuerpo fue trasladado a León, y más tarde a Oviedo, donde se venera en el monasterio benedictino que lleva su nombre.- Oración: Señor, Padre nuestro, que prometiste a los limpios de corazón la recompensa de ver tu rostro, concédenos tu gracia y tu fuerza, para que, a ejemplo de san Pelayo, mártir, antepongamos tu amor a las seducciones del mundo y guardemos el corazón limpio de todo pecado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Ayer 

Domingo, 25  de Junio de 2017

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL DOMINGO SEMANA IV DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al 12° domingo del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 20,10-13

Dice Jeremías:

10 He escuchado las calumnias de la gente: <<¡Terror por todas partes! <<¡Denunciadlo, vamos a denunciarlo!».

Todos mis familiares espiaban mi traspié: <<Quizá se deje seducir, lo podremos y nos vengaremos de él!»

11 Pero el Señor está conmigo como un héroe poderoso; mis perseguidores caerán y no me podrán,

probarán la vergüenza de su derrota, sufrirán una ignominia eterna e inolvidable.

12 ¡Oh Señor todopoderoso, que pruebas al justo, que sondeas los pensamientos y las intenciones,

haz que yo vea cómo te vengas de ellos, porque a ti he confiado mi causa !

13 Cantad al Señor alabad al Señor que libró al pobre del poder de los perversos.

 

• Este texto, sacado de las Confesiones de Jeremías (cf 11,18-12,5; 15,1o-21; 17,14-18; 18,18-23; 20,7-18), transparenta el estado de ánimo del profeta, sometido a escarnio y afrenta. Advierte un ambiente de conjura: falsos amigos aguardando la ocasión propicia para deshacerse de él y estrujarlo por las duras palabras proféticas pronunciadas (v. 1o; cf Jr 19,15-2o,6). Situaciones similares son una constante en la vida de Jeremías (cf Jr 1,18ss), quien le confiesa a Dios su tormento, su injusta persecución (cf Jr 12,1; 15,11.15; Sal 31,12-19); a Dios, fuerte y valeroso (cf Is 42,13), le confía el desenlace final de su estado según la ley del talión (vv, 11.12b; cf Ex 21,23-25; Dt 19,21; Jr 12,1; 15,15).

YHWH es el juez justo, quien conoce la verdad del hombre (v. 12a). El pasaje termina con una invitación a alabar a YHWH, que se hace cargo de la suerte del que se encomienda a él.

 

Segunda lectura: Romanos 5,12-15

Hermanos:

12 Por un hombre entró el pecado en el mundo y, con el pecado, la muerte. Y como todos los hombres pecaron, a todos alcanzó la muerte.

13 Cierto que ya antes de la Ley había pecado en el mundo; ahora bien, el pecado no se imputa al no haber ley.

14 Y sin embargo, la muerte reinó sobre todos desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que había de venir.

15 Pero no hay comparación entre el delito y el don. Porque si por el delito de uno todos murieron, mucho mas la gracia de Dios, hecha don gratuito en otro hombre, Jesucristo, sobreabundó para todos.

 

Pablo, utilizando la figura literaria semítica del paralelismo, reflexiona sobre la condición del hombre liberado del pecado por Cristo. Primero habla de Adán, el primogénito de la humanidad pecadora, ya que con un acto de desobediencia -a Dios- ha introducido en el mundo el pecado y la consiguiente separación de Dios, cuya señal es la muerte. Todos los hombres quedan incorporados de alguna manera al pecado de Adán, bien sea por desobediencias análogas o porque de él heredan una naturaleza herida propensa al pecado (v. 12). Esto también es válido para los hombres que vivieron antes de que Moisés recibiese la Ley, y que no pudieron infringirla culpablemente (vv. 13-14a).

A continuación, Pablo introduce el segundo elemento del paralelismo: Cristo, el primogénito de toda criatura (cf Col 1,15), prefigurado antitéticamente en Adán (v. 14b). También con Cristo los hombres quedan incorporados, pero con una adhesión infinitamente superior al daño ocasionado por el pecado de Adán, y no a la muerte, sino a la vida. En efecto, gracias a la obediencia de Jesús, todos los hombres reciben abundantemente el don de la salvación (v. 15).

 

Evangelio: Mateo 10,26-33

Dijo Jesús a sus discípulos:

26 Así pues, no les tengáis miedo, porque no hay nada oculto que no haya de manifestarse, ni nada secreto que no haya de saberse.

27 Lo que yo os digo en la oscuridad decidlo a la luz; lo que escuchéis al oído proclamadlo desde las azoteas.

28 No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden quitar la vida; temed más bien al que puede destruir al hombre entero en el fuego eterno.

29 ¿No se vende un par de pájaros por muy poco dinero? Y sin embargo, ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre.

30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.

31 No temáis, vosotros valéis más que todos los pájaros,

32 Si alguno se declara a mi favor delante de los hombres, yo también me declararé a su favor delante de mi Padre celestial;

33 pero a quien me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre celestial.

 

Jesús sabe que la misión de los discípulos estará marcada por la persecución; por otra parte, <<el discípulo no es más que su maestro» (Mt 10,24) y el Maestro será rechazado y lo matarán (cf Mt 16,21; 17,22ss; 2o,17-19). Jesús exhorta a los Doce a ser valientes, a no tener miedo (vv 26.28.31), confiando en el Padre, que los cuida y los protege, que los conoce y los ama personalmente (vv. 3oss). La persecución se desencadenará contra los discípulos de Jesús porque la palabra que anuncian es palabra de verdad que desenmascara mentiras, coartadas y componendas, muy preciadas para quienes no quieren convertirse al amor. Sin embargo, tienen que proclamarla a todos, y la verdad prevalecerá, como la luz sobre las tinieblas (vv. 26ss). La misión de dar testimonio de Jesús y anunciar su Palabra no está reservada a un círculo restringido de personas, sino que, de hecho, cada discípulo —uniendo su suerte a la del Maestro- es constituido en testigo y apóstol. Propio del testimonio, y así lo establece Jesús, es la comunión real y la pertenencia reciproca con él (v. 32). Si alguien no da testimonio de Jesús siempre, no será reconocido como discípulo suyo delante del Padre (v. 33).

 

MEDITATIO

Si somos cristianos, actuemos a cara descubierta. ¿Acaso se puede parar la fuerza de la Palabra que quiere transmitirse a través de nosotros?

Es inevitable que el cristiano, fiel a la Palabra, entre en conflicto por una serie de gestos que van a contracorriente del estilo opulento de vida de nuestro mundo; gestos incomprensibles, aparentemente, y que en realidad denuncian un modo de vivir egoísta e injusto. Los cristianos -si realmente lo son- molestan y procuran eliminarlos: atrayéndolos a una vida tranquila, marginándolos, poniéndolos en el punto de mira. ¿Nos sorprende?. Si realmente buscamos vivir el amor experimentaremos el temor de acogerlo y tropezaremos con el rechazo. ¡Antiguo pecado, que anida en nuestro corazón y en el de nuestros semejantes!

Jesús nos ha liberado del pecado. Somos libres si permanecemos en comunión con él, Lo que se opone a la Palabra (la raíz del pecado) esta dentro de nosotros. Procuremos que todo nuestro ser -el cuerpo, el afecto, el pensamiento, la historia— esté reconciliado. Entonces seremos fuertes en la verdad, que es Jesús. Allí donde suframos desprecios y oposiciones llevaremos la Palabra del amor, fiándonos del Padre que a todos protege y salva.

 

ORATIO

¡Hazme testigo de tu Evangelio, Señor!

Dame ánimo para no negar que te conozco cuando se burlen de ti hablando como de un mito y de tus seguidores como de gente alienada.

Dame fuerza para no acobardarme cuando me percato de que ser coherente con tu enseñanza puede significar pérdidas y obstáculos en la sociedad.

Dame la alegría de saber que estoy contigo cuando dejo a los amigos que consideran una pérdida de tiempo la oración y la eucaristía.

Dame el valor de superar los respetos humanos y no avergonzarme del Evangelio cuando ser fiel comporta sentirme <<diferente» de la gente que crea opinión y costumbre.

    ¡Hazme testigo de tu amor Señor!

 

CONTEMPLATIO

[Habla Jesús:] Es normal que as acechen las persecuciones. Si me imitáis predicando el Evangelio y siguiendo la verdad, las persecuciones que me cercan os aguardan: recibidlas con alegría, como preciados distintivos de identidad conmigo, como imitación del Bienaventurados. Soportadlas con calma, sabiendo que si os dominan, yo lo he permitido, y solo os golpearán en la medida que yo lo permita, sin mi permiso ni uno solo de vuestros cabellos cae... Aceptad pacientemente la voluntad de Dios, dándole la bienvenida a todo lo que suceda.

Sufrid con coraje vuestros padecimientos, ofreciéndoselos a Dios como un sacrificio, sufridlos rogando por vuestros perseguidores, ya que son hijos de Dios y yo mismo os he dado el ejemplo de rezar por todos los hombres: perseguidores y enemigos (Ch. de Foucauld, All’ultimo pasta. Ritiri in terra santa (1897-1900), Roma 1974, 40ss).

 

ACTIO

Repite can frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Tú eres, Señor; mi salvador» (cf Jr 2o,13).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

<<La cruz de la Madre Teresa ha sido el primer signo cristiano que se ha vista en la televisión estatal, al menos desde 1967», declaraba un refugiado albanés a su llegada a Italia en l990. La cruz de la que hablaba era aquella cruz negra que la Madre Teresa llevaba en su sarga blanca.

Si a partir de 1944 el régimen marxista había perseguida a los creyentes (católicas, ortodoxos y musulmanes), la situación empeoró en I967. Fue entonces cuando Albania se declaré oficialmente como la única nación atea de la Tierra. La religión fue atacada ferozmente. El modo como fueron tratados los católicos recordaba las persecuciones de los emperadores romanos mas crueles. En los tiempos modernos, la iglesia ha sido reducida como en los años de las catacumbas.

Un hecho sorprendente: mientras los albaneses no tenían derecho a pronunciar públicamente el nombre de Jesús, la Madre Teresa recorría el mundo con el nombre de Jesús en los labios y prodigando obras de misericordia. A un párroco que se encontraba en prisión le pidió un detenido que bautizase a su hijo, en secreto. Cuando las autoridades descubrieron esta desobediencia, el sacerdote fue condenado a muerte. Fue uno de los sesenta sacerdotes que murieron, ahorcados, fusilados o agotados por el rigor de los campos de trabajos forzados. Las persecuciones, como sabemos, se han cebado con el cristianismo. Los perseguidos son llamados <<dichosos>> porque defienden y enseñan la justicia.

La promesa que acompaña a esta bienaventuranza es asombrosa: nada memos que poseer el Reino de los Cielos. Señor Jesús, sabemos que para imitarte tenemos que hacer el bien a todos. Nos has dicho que sufriríamos trabajando por los otros contra la opresión, contra la degradación, contra la guerra.

Cada día encontramos la oposición, la contradicción. Ayúdanos a aceptar nuestros pequeños sufrimientos, porque conocemos su valor redentor. Transforma nuestra tristeza en gozo, mientras nos esforzamos en cumplir tu voluntad (E. Egan — K. Egan, Madre Teresa e le Beafifudini, Brescia 2ooo, 129-131).

 

 

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

 Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Que canten  de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.


HIMNO
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.

Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra;
tú pronuncias el mar como sentencia.

Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.

y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas;
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.

¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.

Salmo 117   Himno de acción de gracias después de la victoria
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4,11)

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío,  yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.

Ant. 2. Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.

Cántico   Dn 3, 52-57   Que la creación entera alabe al Señor
¡Bendito el Creador por siempre!  (Rm 1,25)

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.

Ant. 3. Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.

Salmo 150   Alabad al Señor
Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma (Hesiquio)


Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.

LECTURA BREVE  2 Tm 2, 8. 11-13
Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

 RESPONSORIO BREVE
R. Te damos gracias, oh Dios, * Invocando tu nombre.
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

V. Contando tus maravillas. * Invocando tu nombre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.Dichosos los limpios de corazón,porque ellos verán a Dios.

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

PRECES
Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; aclamemos, pues, su poder y su bondad, abriendo, gozosos, nuestros corazones a la alabanza:
Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.

Te bendecimos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de la verdad;
haz que te sirvamos con santidad y justicia.

Vuélvete hacia nosotros, oh Dios, tú que has querido abrirnos la puerta de tu misericordia,
y haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.

Ya que hoy celebramos la resurrecci
ón del Hijo de tu amor,
haz que este día transcurra lleno de gozo espiritual.

Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza,
para que en toda ocasión te demos gracias.


Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN

Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
Dame, Señor, la firme voluntad,
compañera y sostén de la virtud;
la que sabe en el golfo hallar quietud
y, en medio de las sombras, claridad;

la que trueca en tesón la veleidad,
y el ocio en perennal solicitud,
y las ásperas fiebres en salud,
y los torpes engaños en verdad.

Y así conseguirá mi corazón
que los favores que a tu amor debí
le ofrezcan algún fruto en galardón...

Y aun tú, Señor, conseguirás así
que no llegue a romper mi confusión
la imagen tuya que pusiste en mí.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. El que come este pan vivirá para siempre. Aleluya.

Salmo 22   El  buen pastor
El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas  (Ap 7, 17)


El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. El que come este pan vivirá para siempre. Aleluya.
 
 
Ant. 2. Vendrá el Señor, para que en sus santos se manifiesten su gloria y sus maravillas. Aleluya.
 
Salmo 75   Acción de gracias por la victoria
Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes (Mt 24, 30)


I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.

Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les responden sus brazos.
Con un bramido, oh Dios de Jacob,
inmovilizaste carros y caballos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Vendrá el Señor, para que en sus santos se manifiesten su gloria y sus maravillas. Aleluya.
 
 
Ant. 3. Haced votos y traed tributo al Señor, vuestro Dios. Aleluya.
 
II
Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los humildes de la tierra.

La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es temible para los reyes del orbe.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haced votos y traed tributo al Señor, vuestro Dios. Aleluya.


TERCIA

LECTURA BREVE 1Co 6, 19-20
¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios. No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

V. Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor.
R. Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.


SEXTA
LECTURA BREVE Dt 10, 12
¿Qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.

V. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
R. El que procede honradamente y tiene intenciones leales.


NONA
LECTURA BREVEt 8, 6b-7a
Es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; es centella de fuego, llamarada divina; las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos.

V. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
R. Escudo mío, mi fuerza salvadora.

 

ORACIÓN
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
Cuando la muerte sea vencida
y estemos libres en el reino;
cuando la nueva tierra nazca
en la gloria del nuevo cielo,
cuando tengamos la alegría
con un seguro entendimiento
y el aire sea como una luz
para las almas y los cuerpos,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.

Cuando veamos cara a cara
lo que hemos visto en un espejo
y sepamos que la bondad
y la belleza están de acuerdo,
cuando, al mirar lo que quisimos,
lo veamos claro y perfecto
y sepamos que ha de durar,
sin pasión, sin aburrimiento,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.

Cuando vivamos en la plena
satisfacción de los deseos,
cuando el Rey nos ame y nos mire,
para que nosotros le amemos,
y podamos hablar con él
sin palabras, cuando gocemos
de la compañía feliz
de los que aquí tuvimos lejos,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.

Cuando un suspiro de alegría
nos llene, sin cesar, el pecho,
entonces
siempre, siempre, entonces
seremos bien lo que seremos.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo, que es su Verbo,
gloria al Espíritu divino,
gloria en la tierra y en el cielo. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7   El Mesías, Rey y Sacerdote
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies (1Co 15, 25)


Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.


Ant. 2. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Salmo 111   Felicidad del justo
Caminad como hijos de la luz: toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz (Ef 5, 8-9)

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor;
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.


Ant. 3. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico    Cf. Ap 19, 1-2. 5-7   Las bodas del Cordero

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
 
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

 LECTURA BREVE Hb 12, 22-24
Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

 RESPONSORIO BREVE
R. Nuestro Señor  * Es grande y poderoso.
Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Su sabiduría no tiene medida. * Es grande y poderoso.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Nuestro Señor es grande y poderoso.

 CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
 

PRECES
Alegrándonos en el Señor, de quien viene todo don, digámosle:
Escucha, Señor, nuestra oración.

Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu nombre fuese glorificado, desde donde sale el sol hasta el ocaso,
fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.

Haznos dóciles a la predicación de los apóstoles,
y sumisos a la verdad de nuestra fe.

Tú que amas a los justos,
haz justicia a los oprimidos.

Liberta a los cautivos, abre los ojos a los ciegos,
endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.

Haz que los que duermen ya el sueño de la paz
lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

COMPLETAS

 V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 

HIMNO
I
Gracias, porque al fin del día 
podemos agradecerte
los méritos de tu muerte,
y el pan de la eucaristía,
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza, 
la fe, el amor, la esperanza
y esta bondad en tu empeño
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza.

Gloria al Padre, gloria al Hijo, 
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

II
Nos cubren las tinieblas
con su intangible velo;
nos acosa la noche con sus ojos,
y reza el pensamiento.

Los astros en tus bóvedas, 
Señor del universo,
vigilarán lo oscuro, 
vigilarán el sueño.

Nosotros dormiremos. Amén. 
 
 
SALMODIA
Ant. Al amparo del Altísimo no  temo el espanto noc­turno. 

Salmo 90   A la sombra del Omnipotente 
Os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones (Lc 10,19)

Tú que  habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, 
Dios mío, confío en ti.» 

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día;
ni la peste que se desliza en las tinieblas, 
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
Diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará,

Nada más mirar con tus ojos,
verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio, 
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda, 
porque a sus ángeles ha dado órdenes 
para que te guarden en tus caminos; 

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno. 
 
LECTURA BREVE  Ap 22, 4-5
Verán al Señor cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá más noche, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos. 

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo. 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.  
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. 

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, 
protégenos mientras dormimos, 
para que velemos con Cristo 
y descansemos en paz. 



Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 

 

      O      RACIÓN    
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de las II Visperas de la solemnidades que no coinciden en domingo:

Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén


Antífona final a la Santísima Virgen María

Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

 

 

 

SAN PRÓSPERO DE AQUITANIA. Nació en Limoges (Francia) a finales del siglo IV. Fue un hombre docto en filosofía y letras. Contrajo matrimonio y llevó una vida virtuosa con su mujer. Después se hizo monje en Marsella, pero no sacerdote. Vio que entre los monjes se difundía el pelagianismo, doctrina según la cual el hombre es capaz de querer el bien y de salvarse con su sola voluntad, de suerte que la gracia divina es preciosa, pero no indispensable. Ante el peligro que esto significaba para la fe, se dedicó a defender la doctrina católica tal como la enseñaba san Agustín, autor de varias obras sobre el tema y con quien estuvo en estrecha relación. Mucho tuvo que trabajar para explicar la recta doctrina agustiniana sobre la gracia, la perseverancia, la predestinación, y conseguir que la aceptaran. El año 440 acompañó a Roma al que iba a ser el papa san León Magno, quien lo nombró canciller y escribano suyo. Fue un gran trabajador, que escribió también sobre la historia romana y la salvación de los no cristianos. Murió en Roma en torno al año 463.

 

SANTOS DOMINGO HENARES Y FRANCISCO DO MINH CHIEU. Son mártires de Vietnam, decapitados en Nam Dinh el 25 de junio de 1838, después de sufrir cárceles y torturas, en tiempo del emperador Minh Mang. Domingo nació en Baena (Córdoba, España) el año 1765. Ingresó en los dominicos en 1783 y, después de mucho pedirlo, consiguió que lo enviaran a Manila. Allí terminó los estudios, recibió la ordenación sacerdotal y estuvo ejerciendo el sagrado ministerio, hasta que, en 1790, lo destinaron a Vietnam. En 1800 lo nombraron obispo. Trabajó incansablemente en la evangelización de los infieles y en la consolidación de la comunidad cristiana, sorteando peligros y persecuciones. En 1838 estalló la persecución contra los cristianos y pronto fue arrestado y condenado a muerte. Francisco nació en Vietnam, de familia cristiana, en 1808. Desde su juventud fue fiel catequista y colaborador de su obispo Domingo Henares, al que acompañaba en sus viajes pastorales. En la persecución anticristiana, lo identificaron por no pisar los crucifijos. Compartió la suerte de su obispo.